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Altar Mayor - Nº 114 (03)
Jueves, 07 junio a las 23:10:08

Altar Mayor

REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 114 – Mayo / Junio de 2007

PADRE JESÚS ESTÁ CON NOSOTROS.
PLEGARIA
Ignacio Fernández García

Las nubes quisieron ofrecer su tributo y, pensando en la sed de la Pasión, lloraron las calles antes secas y los hombres se acordaron del Padre y sintieron doble pena.

Alguien creyó que la procesión no saldría, pensando mal de las nubes, pero éstas se fueron lejos a seguir llorando su amargura, tal vez eterna.

Las estrellas se alzaron en la noche y roncas trompetas, sonaron a torturas, por calles en que sus balcones se besan en flores comunes.

El grande y el más pequeño se agolparon en las jambas del Templo, pues hombres débiles ayer, hoy fuertes como la esperanza, hacen de sus brazos ruedas para llevar en andas al mejor de los nacidos.

Si mucho pesa, más grande es la fe, y estos hombres hacen que como siempre el Señor salga a sus calles.

Enmudecen las gargantas, las orbitas se irritan y rezando habla el alma, mientras Él en silencio pasa.

Tus hijos malos y buenos, como Tú les dejaste ser, se hacen niños para estar más cerca de Tu agonía que es vida, y mirando tu amargura, piensan en lo pobre de sus almas y prometen lo que no han de cumplir y Tú en tu pena, sonríes y tal vez este reflejo de tu mirada única ha abierto la confianza en quien, llorando, te canta en saeta rezada. Creo que Te ha gustado este grito del alma, pues Te has detenido, mientras quienes te llevan, resoplando, han cobrado fuerzas y pronto Te han levantado y habéis caminado.

El Sayon inmóvil ha dejado de golpear y está mirándote asombrado, ya duda de quienes te condenaron y quisiera esconderse y Tú dejas que así sea, y nadie le mira a él, sino a Ti. Seguro estoy de que cuando vuelva al Templo, el sayón se hará cristiano

Sigues por la calles y plazas y mientras el pueblo te reza, los cargadores te bailan y tu les dejas y miras como sólo Tú sabes.

En una de las paradas viste a Nuestra Madre y Señora que lo es por serlo Tuya y quisiera poder definir tu gesto. Tu rostro hablaba de pena, abnegación, cariño sublime, deseos humanos y razones divinas y Ella, la más hermosa, lloraba estrellas de madrugada, alumbrando el mundo que se hizo valle de penas.

Ella te seguía guapa con su tremenda amargura por esas calles nuestras y su mirada aclaraba la noche, haciendo todo más bello y a los hombres buenos como el primer día del Paraíso, soñando sin mancha ni pecado y pidiendo que no entres en el Templo, que te quedes en las calles, pues si Tú, estás en ellas, la noche se marcha, la soberbia se amansa, la avaricia se funde en generosa entrega, la lujuria se purifica y Satanás, solitario, se torna al Averno y no vuelve a la tierra...

Padre Jesús camina con nosotros.


 
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