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Altar Mayor Nº - 124 (1)
Martes, 04 noviembre a las 18:37:07

Altar Mayor saco REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 124 - Noviembre de 2008

 

LO ESTARÁS VIENDO
Emilio Álvarez Frías 


Aunque tú lo abarcas todo, aunque estás al corriente de las andanzas de los hombres, aunque nos conoces a cada uno porque nos has hecho individualmente, aunque lo eres todo y por ende todos somos tú, permíteme, Señor, una pregunta hecha con todo respeto: ¿Te has fijado bien en lo que hacemos, cómo lo hacemos, cuál es nuestra conducta? Perdóname si da la impresión de que dude, pues estoy convencido de que no se te escapa nada sabiendo que todo está en ti y tú estás en todo y en todos, aunque muchos no se den cuenta o no se la quieran dar, cerrando para ello las entendederas a lo obvio. En este empeño de ignorarte, que viene de lejos, un día dijiste los que te rodeaban: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Entonces no se enteraron, y a pesar de que han transcurrido más de 2.000 años, seguimos sin enterarnos, sin saber responder a tu pregunta; y lo que es peor, sin escucharte cada vez que nos la haces insistentemente: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?

Nos ves sumidos en este deambular sin rumbo, y nos dejas hacer porque has querido fuéramos capaces de pensar y decidir nuestras acciones y comportamientos para, así, libremente, poder encontrar la meta del máximo triunfo que es poder estar contigo en la eternidad. Estarás desconsolado porque las únicas metas que intentamos alcanzar son sólo las banales de por aquí, aunque en este mundo de estancia limitada las codiciemos y apetezcamos tanto.

Los países de la tierra a los que enviaste a tus apóstoles a evangelizar andan bastante desquiciados. Todos, no vamos a hacer salvedades, pues todos están inclusos en un no saber lo que hacen aunque aparentemente demuestren una gran confianza en sí mismos y una seguridad de futuro, aunque realmente es incierta. Y en este conglomerado de razas y mentalidades, España se empeña en tomar la cabeza del pelotón de los desorientados con ínfulas de sabelotodo.

¿Dónde está el antiguo bastión de la cristiandad, la tierra de María Santísima?

La cristiandad que configuró a Europa después de que los mártires de Roma pusieran la sangre y la santidad para dar el gran salto hacia los gentiles, sirviéndose de la cultura de Grecia y el derecho romano; la cristiandad que fue llenando cada valle y cada montaña, cada aldea y cada ciudad del amor proclamado por Cristo; la cristiandad que sembró la vida de los hombres con la moral, con la práctica de la justicia, con el conocimiento de la verdad; esa cristiandad que expandió su mensaje por los nuevos territorio descubiertos y llegó hasta los últimos confines…, ¿dónde está?, ¿dónde ha quedado abandonada?, ¿dónde la perdimos? La hemos arrinconado en nuestro interior, sin permitirla que asome porque no queremos que pregone nuestras traiciones, nos avergüence se descubran nuestras indignidades y que se divulguen las mezquindades en las que hemos caído con la voz o con el silencio.

Porque te negamos, Señor, con la voz o con el silencio; rechazamos que tu hálito sea el creador del mundo y de los seres que le pueblan; ponemos en cuarentena que lo excelso esté en las normas que rigen la naturaleza; somos tan necios que queremos ser como tú sin, por nuestra obcecación, atinemos a ver que tú estás en nosotros porque, haciéndonos a imagen y semejanza tuya, nos diste la oportunidad de estar contigo cuando llegue el fin de los tiempos, de nuestro tiempo individual, mediante las conquistas de cada día.

Mientras esto hacemos, al tiempo que rechazamos lo excelente, escuchamos voces confusas que se amparan en una verdad inventada por aquellos que trastocan el orden de la naturaleza, se obstinan en hallar justificación a sus elucubraciones, formulan unas verdades de limitada vigencia; y con esas elucidaciones el mal lo transmiten como bien, lo vulgar lo convierten en progresismos, el arte lo transforman en sancocho; lo perverso consiguen integrarlo en la modernidad, y así van transmutando los valores básicos en comportamientos y actuaciones perjudiciales y nocivas.

En estos planteamientos vemos cómo la concepción de un hijo puede ser truncada por la doctrina que defiende que la mujer es dueña de su cuerpo y por ende ese cuerpo que está diseñado para la maternidad puede ser agredido para suspender la formación del ser que está viviendo en la madre en espera de que su total conformación le permita un tiempo de vida en nuestro mundo y con ello acceder a la vida eterna; o cómo también puede ser truncada la existencia de quien no se encuentre en situación óptima, sea joven o provecto, porque la sociedad, o determinados individuos que tienen en su mano la opción de interrumpirla, consideren que son una traba para las instituciones, desde la familiar a la estatal; o cómo la enseñanza ha de ser impartida a la generalidad de pueblo joven de una determinada forma, dirigida por esquemas que permitan igualar las mentes, de forma que respondan a patrones preconcebidos a través de los que se pueda controlar los impulsos de los individuos;…

No quería, Señor, deslizarme hoy por estos vericuetos. Pero pensando que en el tiempo en que cada año dedicamos a recordar tú encarnación en María para, a través de tú palabra hacernos comprender la verdad y el amor, nuestro comportamiento es francamente negativo; y aunque esos días los llenemos de alegría, cantos, buenos deseos hacia todos, lo cierto es que estamos en otra onda, nos hallamos sumidos en la incertidumbre y nos dejamos influir y llevar por la laicidad que va cubriendo todo lo que hasta el momento era substrato cristiano. No queremos nada con el Niño Dios, sólo con el placebo que pueda proporcionarnos una festividad de cualquier tinte, o un día cualquiera.

Perdónanos, Jesús, pues no sabemos lo que hacemos, no saben lo que hacen los que nos rodean, los que rigen el mundo. Al menos concédenos esperanza y fuerza para enfrentarnos con ese disloque producido por los iluminados y los pérfidos.

 
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