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Altar Mayor Nº - 132 (6)
Wednesday, 03 March a las 21:32:26

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 132  - Nº Extraordinario. Diciembre - Enero de 2010

 

ESPERANZA EN EL FUTURO
Luis Suárez*



 
 
Confieso que las «Conversaciones» que hoy terminan me han dado una impresión de pesimismo. No me sorprende. Creo que estamos viviendo una etapa durísima en la historia de España y se ve muy difícil el camino de salida. Pero si hay alguno, no deberíamos olvidar las frases de don Marcelino Menéndez y Pelayo: España fue martillo de herejes, cuna de san Ignacio, creadora de Imperios. Esta es nuestra grandeza y nuestra unidad. Nos ponemos al pie de la cruz, como en el Valle, o no tenemos salida. Lo que se persigue es a todos los signos de la Cruz. ¿Por qué la Cruz? Porque ahí es donde está el secreto fundamental del cristianismo. Porque Cristo, trascendencia, se incardina en la inmanencia, comparte con nosotros todo el dolor y el sufrimiento en el más terrible de todos: el de la muerte, y muerte de cruz. Porque sólo así se podía llegar a la reparación y al restablecimiento.

Luis Buceta empezó explicándonos las consecuencias que vienen de la memoria histórica. Yo quisiera completar su discurso, que no tiene desperdicio, con una experiencia personal. A mí me explicaron lo que es la memoria histórica dos grandes personajes soviéticos a los que me referí en la primera sesión. Un polaco, miembro de la Academia Soviética, nos lo explicó a un grupo numeroso de historiadores en el Congreso Internacional de Estocolmo, y quien presidía la sesión que celebrábamos en otro Congreso, mucho más numeroso todavía, en el salón de actos del Soviet Supremo de Moscú. La memoria histórica es la sustitución radical de la conciencia histórica. En la conciencia, los historiadores tratamos de comprender y explicar cómo fueron las cosas sin emitir juicios de valor. Eso corresponde, después, a los lectores según la opinión de cada cual. En la memoria se invierten los términos y lo que se hace es un juicio previo. Y de acuerdo con ese juicio previo, esto debe ser enaltecido y esto debe ser silenciado.

Y ha habido algo importante que todavía ahora estamos viendo reflejado en esta sociedad española que aquí nos han descrito los importantes intelectuales que han intervenido en estas «Conversaciones». Y agregaron aquellos interlocutores: ¿cuándo se conseguirá ese mundo feliz con el cual sueñan los hombres? Cuando el partido pueda hacerse dueño de los tres elementos fundamentales que constituyen la sociedad: la persona, la enseñanza y la religión. En España hoy estos son los tres dominios que ejerce el partido.

Hablamos de democracia. ¿Democracia? Yo siento un profundo desprecio hacia la democracia quizá porque me lo influyera aquel gran historiador del siglo II antes de Jesucristo, que se llamaba Polibio –al que hice mención en la primera sesión de las «Conversaciones»–, y decía «la desgracia es la etapa final en la vida de una polis. Después de eso, la muerte. Ya no hay cabida, ya no hay escape. Porque la democracia no lleva a otra cosa sino al gobierno y predominio de los peores».

Hoy estamos viviendo en España precisamente esa situación. Nos preocupa la juventud. ¿Pero es que no se está haciendo de una manera sistemática la destrucción de esa juventud? ¿No nos estaban explicando en la segunda de las ponencias que en el orden de valores que la juventud tiene construidos las diversiones lo primero y la religión es lo último, lo que ya prácticamente no tiene valor? ¿Por qué? Porque la democracia moderna, la que ha nacido para sustituir al liberalismo –yo me siento muy liberal, eso es otra cosa completamente distinta– en esa democracia el término de que la mayoría es el sistema más aceptable para la elección de los representantes, eso es algo que el liberalismo, primero la iglesia, introdujeron en la vida y luego se ha sustituido por una afirmación que parece ser lo mismo pero que nada de eso: la mayoría tiene razón. Y es la mayor falsificación que se puede dar. La mayoría nunca es razón, nunca ha tenido razón. El progreso no depende de las mayorías, que se equilibran en el disfrute, en aquello que han logrado otros antes para ellos, y de esa manera establecen una nueva situación en la que las palabras deber o abnegación u obediencia son palabras malditas que deben ser destruidas. Son siempre las minorías las que crean el progreso y hacen lo importante. Minorías son los sabios, minorías son los artistas, minorías son los santos. Si invertimos los términos entonces qué encontramos. Un mundo de ignorantes, un mundo de pecadores, un mundo de utilitarios, un dominio del placer sobre lo que es el ser humano. ¡Qué duda cabe! Esto es lo que se está estableciendo.

En la segunda de las ponencias el panorama no podía ser más doloroso ni más triste. Sin embargo, yo me atrevo a decir algo que me parece que responde a la experiencia de todos nosotros. Fijémonos, por ejemplo, en la Iglesia. Ha perdido en cantidad, sin duda alguna; ya no son las masas que antes tenía, pero ha ganado infinitamente en calidad. Hoy, después del Concilio Vaticano II, la inversión de valores es completa. El Concilio Vaticano II aceptó un principio que en 1928, un personaje muy extraño que andaba por las calles de Madrid, había tratado de infundir a la gente, la llamada a la santidad es una llamada universal. El Concilio tomó eso y trató de hacer una Iglesia en la que el laicado tenga un papel de protagonista. Y luego entramos en la Universidad San Pablo CEU, porque este es uno de los productos fundamentales de aquella manera de pensar que se gestó hace tantos años, pero que cuajó a través de personas tan singulares como Ángel Herrera, por ejemplo, creando una Asociación Católica Nacional de Propagandistas, que no es una asociación clerical, sino laical. En este momento hay 248 organizaciones laicales reconocidas dentro de la Iglesia. Ahí está, sin duda, una de nuestras razones de la esperanza. Pero hay otra más fuerte. Es cierto que entre los jóvenes se han dado todas estas posturas negativas, y que no podemos prescindir de ellas, pero son posturas de la mayoría, no de la minoría. Y no olvidemos, las minorías son las que pueden construir el futuro. Las mayorías no. Se van a gastar, no van a hacer nada. Estas minorías son las que están preparando, poco a poco, este futuro.

El mundo vivió una situación semejante en la caída del imperio romano. Qué curioso. El otro día se metía un poco conmigo el ponente diciendo que la historia no se repite. ¿Cómo que no se repite? Los acontecimientos no, no volveremos a usar la túnica, de acuerdo, pero el mundo occidental está incidiendo en este momento en los mismos errores en que incurrió el Imperio Romano, exactamente los mismos. No faltaba nada más que uno: el incremento de la deuda pública que nos iba a arrastrar a una descompensación económica que no veo pueda tener remedio, porque con más de cinco millones de obreros sin trabajo, ¿qué medios podemos emplear para remediar una situación así?

Cuando España empezó a entrar por el camino de la estabilización que anunciaba y preconizaba el desarrollo, hubo una entrevista entre López Bravo, Mariano Navarro Rubio y Franco. En aquel momento a Franco le habían pasado una notita diciendo que se había llegado a ciento cuarenta mil parados en el país. Y dio un puñetazo sobre la mesa y se asustó: esto es lo que no puede ser. No me vengan ustedes con planes económicos que signifiquen la pérdida de empleo. Sobre la marcha –lo explicaba Mariano Navarro Rubio– tuvieron que modificar todo el plan que traían para eliminar aquello de las facilidades en el despido porque había que volver otra vez a la política de pleno empleo que fue uno de los grandes éxitos del régimen, lo que permitió crear una clase media.

Ahora, don Julio Iglesias nos ha llamado la atención sobre otros aspecto que afectan más directamente a la sociedad, pero sobre los cuales debemos pensar muy detenidamente. ¿Cómo se presenta la nueva ley del aborto? ¡Ah!, como una defensa de los derechos de la mujer. Es la ley más machista que se haya podido jamás imaginar. Cuando una niña de quince o dieciséis años queda embarazada, es porque ha tenido relaciones sexuales con un varón. La responsabilidad de ese tremendo drama de una menor de edad que va a tener un hijo, ese terrible anuncio de que ese hijo va a ser destruido, no es una responsabilidad únicamente de la mujer, debe ser una responsabilidad compartida. En eso la ley no quiere entrar. El varón no, el varón puede hacer lo que le de la gana, él ha sido el triunfador, el que ha sacado el gran provecho en la situación y no tiene que tener responsabilidad.

Estamos viviendo un mundo sumamente difícil y al mismo tiempo un mundo sumamente esperanzador. Pero que nadie se engañe. Probablemente tendrá que vivir la generación actual las mismas experiencias por las que pasaron aquellos que vieron caer el Imperio Romano.

El otro día les recordaba que Benito de Nursia, llamado a ocupar altos cargos en la sociedad, contempla un día, desde una distancia corta, cómo la ciudad de Roma está ardiendo. odoacro ha entrado en ella y los bárbaros triunfan. En este momento se derrumba todo el mundo. ¿Qué hago? Marcharme al fondo de una cueva que hay ahí al lado del río y, allí, en soledad, acabo los últimos días de mi vida porque ya no hay esperanza. Pero Dios no le dejó ir por ahí. Le cogió, le dijo: tú vas ahora a crear el gran movimiento que va a hacer la renovación revolucionaria de Europa, y así hacen los benedictinos a los cuales nosotros estamos vinculados precisamente por el Valle de los Caídos.

A fin de cuentas detrás de todo está Dios, y en la medida en que seamos capaces de conservar estos valores profundos que Dios ha venido a traer a este mundo en un proceso larguísimo, y mientras tengamos en cuenta esos valores no nos puede abandonar la esperanza.

La Hermandad del Valle no pretende otra cosa sino ser fiel a la misión que un día le fue encomendada a esta institución, ahora perseguida, que es el Valle de los Caídos: lograr la reconciliación entre todos, evitar el odio, y darse cuenta de que sólo el amor al prójimo, el amor a los enemigos puede construir un futuro digno de nosotros, valga la pena.

Dos hombres que pasaron por el Valle lo entendieron muy bien. El primero era un nuncio en París, Roncalli, que había hecho unas declaraciones muy poco oportunas acerca de España y de su régimen. el Papa Pío XII, cuando le ascendió para que entrara en una congregación como cardenal y pasara a desarrollar otras tareas, le recomendó: Viaje usted por España hacia Roma y vea de cerca cómo son las cosas. Entonces, don Ángel Herrera y don Alberto Martín Artajo le acompañaron al Valle y se quedó admirado: Esta es la gran idea cristiana, la de la reconciliación. Por eso, cuando llegó a Papa, Juan XXIII, envió al Valle de los Caídos un trozo del lignum crucis y le concedió la única indulgencia plenaria que se puede ganar en España el día de Viernes Santo. Y el otro fue el actual Papa, Benedicto XVI, cuando no era más que el cardenal Ratzinger, que vino a uno de los cursos de verano de la Universidad Complutense en El Escorial y pidió subir al Valle, que le produjo una profunda admiración. De Roncalli recibimos, en aquella oportunidad, un grupo de catedráticos de universidad, una lección profunda y sumamente importante, en una sala en la Universidad Complutense: no olvidemos nunca que Galileo no tenía razón. Es verdad que se equivocaron los jueces porque no tenían que haberse metido en este lío en que se metieron, pero no es menos verdad que la equivocación capital de Galileo, que es la que ahora estamos arrastrando, consiste en decir que la ciencia produce las únicas certezas válidas. No es verdad. La ciencia produce evidencias, revisables, y la experiencia demuestra que cada cierto tiempo tenemos que cambiar las cosas porque nuevos descubrimientos nos obliga a enriquecerlas. Sólo la palabra de Dios tiene la certeza absoluta a la cual nos tenemos que guiar.


* Luis Suárez es catedrático y académico de número de la Real Academia de la Historia.

 
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