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Altar Mayor Nº - 137 (13)
Monday, 07 March a las 10:17:13

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 137  - septiembre / octubre de 2010

 

LA EXTREMA DERECHA Y «EL BRUCH»
Francisco Caballero Leonarte*



 
 
No ha mucho tiempo que me llamó por teléfono un historiador catalán que estaba terminando un libro sobre la «ultraderecha» en Cataluña. Quería mantener una conversación conmigo para completar un capítulo de su obra. Al principio tuve mis dudas. Luego pensé que mejor sería facilitarle yo la información y evitar que tuviera que recurrir a otras fuentes, quizás dudosas o malévolas. Lo cierto es que accedí. Nos vimos en un popular café de la Ciudad Condal y al comienzo de la conversación, como es lógico, le pregunté sobre la intencionalidad de su trabajo histórico. El hombre me informó que se trataba de reflejar en él la actuación de los distintos grupos políticos de extrema derecha, en Cataluña, durante la época franquista, entre los cuales se encontraba –a su entender– el falangismo. No pude por menos que responderle, con intención aclaratoria, y aun a sabiendas de su ociosidad: «Mire usted, su propósito de demostrar que la Falange fue de extrema derecha choca de lleno con mi empeño en demostrar lo contrario. Ya en la época a la que usted se refiere en su trabajo existían en toda España, y especialmente en Barcelona, grupos de falangistas que, al margen de las estructuras del Movimiento, o utilizando éstas algunas veces como instrumento, se manifestaban y –más importante aún– realizaban acciones que si merecían alguna clasificación, hubiera sido necesariamente la de «izquierdistas». Quienes se hayan molestado en leer el contenido doctrinal de la Falange saben perfectamente que éste no es encuadrable en ese casillero llamado convencionalmente «extrema derecha». Pero lo cierto es que el poder maniqueo es muy grande. Deshacer ese entuerto, muy difícil.

Dada mi afición a remover papeles viejos, me encontré hace unos días con varios ejemplares de la revista El Bruch. Me puse a ojearlos y fui descubriendo cosas interesantes. Esa revista, paradójicamente amparada por la Jefatura Provincial de FET y de las JONS de Barcelona, me fue dando a conocer cosas que ya sabía o intuía, pero que desconocía en su plenitud y concreción. Su lectura me sirvió de manera magnífica para reafirmarme en mi tesis y mi propósito clarificador. Pero hablemos de El Bruch. Esa revista, casi ignorada hoy, nació el mes de mayo de 1953 por impulso de un grupo de jóvenes falangistas barceloneses, procedentes la mayoría de ellos de las filas del Frente de Juventudes. Figuraba como director un ente, no una persona, concretamente el Servicio Provincial de Prensa y propaganda del Movimiento. El Bruch tuvo tres épocas diferenciadas. Durante las dos primeras, de mayo de 1953 a enero de 1957 y de febrero de 1957 hasta diciembre de 1958, salvo pequeños matices de forma, la revista mantuvo su carácter social y reivindicativo. La tercera época, que va de octubre de 1959 a noviembre de 1960, y que finalizó con el número 81, se caracterizó, primero, porque había perdido su distribución pública y se había convertido en una publicación de circulación interna, exclusiva para militantes del  Movimiento, retórica, vacua y anodina, cuyos ejemplares se podían encontrar en los distritos del Movimiento en montones porque nadie los leía.

Pero, creo que a nosotros lo que más nos interesa es conocer el contenido y los artífices de esa publicación. Cuando apareció el primer número ya se hizo en él una especie de declaración de intenciones:

                        […] al nacer esta publicación, denominada El Bruch, evocación españolísima de la unidad de destino de todos los españoles…

                         Lo que interesa es, simplemente, continuar difundiendo […] el sentir íntimo de nuestros ideales.

Nacía, como vemos, con la clara pretensión de conjugar los sentimientos de catalanidad y españolidad, sin orillar, evidentemente, «el sentir íntimo de nuestros ideales»; es decir, la misión moral, social y económica transformadora de España.

Desde un principio El Bruch se convirtió en un arma fustigadora de los poderes capitalistas. Constantes fueron sus ataques dialécticos a grandes sociedades, como las eléctricas, transportes públicos, la banca privada –de la cual se pedía, como primer paso, la cooperativización total–. También se hizo eco de los problemas vitales de aquel tiempo: escolarización, vivienda, sanidad, sindicalismo… sin olvidar los aspectos culturales, como: literatura, cine, teatro, toros… y el deporte. Especial atención merecían en sus páginas las noticias del SEU, Sección Femenina y Frente de Juventudes. A título ilustrativo trascribimos algunos titulares y «sueltos» aparecidos en sus páginas: «La labor social actual no es la revolución social que ambicionamos. Nuestra revolución social consiste en desmontar el sistema capitalista en que vivimos» (Nº 41, 15.04.56). Abundando en la idea anterior se pregunta: «¿Qué diferencia existe entre la organización económica anterior y posterior a la revolución? ¿Hay que desmontar o no hay que desmontar el sistema capitalista?» (Nº 47, 15.07.56). «Ganar la calle significa, entre otras cosas: elevar el nivel de vida del pueblo. Repartir justamente la riqueza. Instrumentar la llegada al poder político del pueblo» (Nº 47, 15.07.56). Para algunos, esto es «ultraderechismo».

Lo cierto es que un sector importante de falangistas se debatía, en aquel entonces, entre el encorsetamiento de las estructuras políticas del Movimiento y del Estado y el deseo ¿utópico? de realizar la revolución social. Hemos de señalar, sin temor a equivocarnos, que el impulso de los avances sociales del Régimen lo llevaron principalmente los falangistas aislados o pequeños grupos, no las instituciones como tales. El Movimiento, cuajado de Generales, Obispos y otras «dignidades» en su Consejo Nacional, nunca pudo suscribir nada parecido a lo que decía El Bruch. Esa revista era como una piedra dentro del zapato del sistema. Algo incómodo que, de alguna manera, se tenía que silenciar. Los responsables de ésta lo sabían. No en balde les habían censurado repetidas veces sus trabajos. Como muestra reproducimos, la página 7 del número 47, correspondiente al 15.07.56.

 
Vista desde la perspectiva histórica no tenemos por menos que convenir que aquella situación resultaba, por lo menos, traumática: unos falangistas, en teoría adictos al Caudillo –Jefe Nacional–, se veían coartados a la hora de expresar sus ideas respecto a la doctrina contenida en los 26 puntos del Movimiento. Pero, ellos, todavía creyentes en la fuerza de sus razones ante las presiones ajenas y con intención de defensa, expresaban, de vez en cuando, alguna bravuconada como esta que apareció en el número 39, de fecha 15.03.56: «La Falange ¿león enjaulado? Todos sabemos hasta los que nos miran con ojos de torva enemistad, que bastaría con el hecho de romper los barrotes de la jaula, para que se produjera el milagro de que el león se volviera a sentir león y las ratas, ratas». Lo cierto es que el enemigo a batir era cada vez más poderoso. En el número 48, de 01.08.56, apareció un pequeño editorial titulado «¿Ladran? Luego…». En él se hacía eco de las presiones sufridas: «De un tiempo a esta parte, y en reducidos y concretos círculos, se ha levantado una obsesiva preocupación por El Bruch. Por los hombres que hacemos El Bruch. Obsesiva y malsana preocupación traducida en lamentables intentos que prueban una vez más, que la envidia, el resentimiento y la mala sangre siguen siendo consejeras de quienes se debaten en la vida con incapacidad y cobardía […] pero es que en muchas ocasiones y en determinados círculos el anónimo vil y canalla tiene un cauce burocrático, oficinesco y repugnante. Porque esta vez, los ladridos que acompañan nuestro cabalgar son de perros más gordos y rollizos que otras veces». Es digno de resaltar este texto casi críptico, propio de la famosa revista La Codorniz, cuyo subtitulo rezaba: «La revista más audaz para el lector más inteligente». Aquello era una pugna constante en la que no estaban ajenos otros medios de difusión. Le achacaban a El Bruch que era beligerante y radical en sus planteamientos porque formaba parte de la Red de Prensa del Movimiento, olvidando que esa revista, como todos los periódicos y emisoras del Movimiento, seguían los mismos trámites, ante el Ministerio de Información y Turismo, que el resto de la prensa española de la época. Es decir, cualquier otro periódico que quisiera decir lo mismo que El Bruch, podía hacerlo.

Como se ha dicho, los articulistas de esa revista eran en su mayoría gente joven procedente del F. de J. o del SEU, pero ello no impidió que pudieran contar con una extensa nómina de colaboradores de notoria categoría literaria o profesional. Así, nos encontramos en sus páginas, entre otros, nombres tan conocidos como: Juan Velarde Fuertes, Rafael Borrás Betriu, Luís Ezcurra, Adolfo Muñoz Alonso, Pascual Maisterra, Julio Manegat, Luys Santamarina, Maximiano García Venero, Luís Romero, José Mª Fontana, Carmen Kurtz, Tomás Salvador, Antonio Castro Villacañas, Mercedes Salisachs, Juan Segura Palomares, Mª del Carmen Sarrión, Vicente Talón, Antonio Álvarez Solís…

En definitiva, nuestra combativa revista, que terminó sus días traumáticamente, después de la defenestración de su director, Francisco Segarra Estampa, el 1958, nos ha venido como anillo al dedo para contribuir a demostrar, una vez más, que los falangistas, y aún más, la doctrina de la Falange, no se puede honradamente clasificar en la denominada extrema derecha. Pero, como dijo el clásico, vae victis!.





* Francisco Caballero Leonarte es  Técnico Superior de Relaciones Industriales. Graduado Social.

 
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