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Altar Mayor Nº - 137 (04)
Monday, 07 March a las 12:32:45

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 137  - septiembre / octubre de 2010 

 

MERCEDES SANZ-BACHILLER, FUNDADORA DE AUXILIO SOCIAL
José Mª García de Tuñón Aza
*



 
Exageraría un poco si dijera que esta mujer pasó desapercibida para los historiadores, pero no andaría muy lejos de esta afirmación. Sí sorprende bastante que algunos de sus propios camaradas la ignoren por completo en las memorias que nos dejaron escritas: Manuel Valdés Larrañaga, por ejemplo, no habla de ella ni una sola vez; Raimundo Fernández-Cuesta hace otro tanto, aunque la cita en una sola ocasión cuando da la relación de las personas que formaron parte del Primer Consejo Nacional de FET y de las JONS, del que el propio Fernández-Cuesta formaba parte. Sorprende que para José Antonio Girón esta mujer no exista en sus memorias, aunque cita a Javier Martínez de Bedoya, que llegaría a casarse con Mercedes. Éste dice en sus memorias que cuando a Girón le nombraron ministro de Trabajo en cuanto tomó posesión mandó colocar en su despacho un retrato de Onésimo Redondo al mismo tiempo que enviaba un recado a la que había sido su viuda, deseando reparar la injusticia que con ella habían cometido; José Luis de Arrese la ignora también. Otros sí la mencionan: Mercedes Fórmica, por ejemplo, la recuerda en sus vivencias como una mujer «alta, morena, delgada, vestida de luto riguroso, un velo negro sobre los cabellos –signo de dolor vigente en Castilla–, la joven aparecía en los despachos de los personajes envuelta en su desamparo. Llevaba en el vientre un hijo muerto que los médicos le obligaban a guardar hasta el término del embarazo, interrumpido a causa de las penalidades sufridas por la muerte del marido». Pero ahora sigamos con Mercedes Sanz-Bachiller que también se habrá quedado extrañada cuando se enteró de que aquellos camaradas suyos de los años difíciles y que tan altos puestos habían ocupado durante el franquismo, no se acordaran de ella a la hora de escribir sus memorias.

Decía también que poco habían escrito sobre esta mujer la mayor parte de los historiadores. Una excepción fue el hispanista Paul Preston que le dedica varias páginas en uno de sus libros, donde llega a escribir que «Mercedes estaba más próxima a Margarita Nelken que a Pilar Primo de Rivera». No es mala la semblanza que hace de ella, aunque abusa demasiado de preocuparse de Onésimo Redondo que nada tuvo que ver con la labor ingente que después desarrolló su mujer. Habría que achacarle asimismo –siempre que tiene ocasión no deja de subrayarlo–, las criticas que hace de los falangistas, para él causantes de todos los males de aquellos meses previos a la Guerra Civil.

En el año 2006 el diario El Mundo, con motivo de celebrarse el 70 aniversario de la Guerra Civil, publicó una serie de reportajes y entrevistas con personajes que la vivieron; en algunos casos, como es el de Mercedes Sanz-Bachiller, no llegaron a publicarlos en papel sino que lo colgaron en la red. Como cuenta pasajes de su vida de sumo interés, poco o nada conocidos, he creído oportuno mostrar al lector un resumen, aún así un poco extenso, de lo narrado por ella misma, pues por el análisis profundo que hace merece la pena su lectura:

Soy madrileña de Chamberí [nació el 17 de julio de 1911]. Por casualidad, porque mis padres fueron una temporada a Madrid por negocios. Mi historia es francamente triste. Me quedé huérfana a los catorce años. Mi padre murió cuando yo tenía tres años y un poco después murió mi madre. Mis padres estaban separados, algo un poco raro para la época. Mi padre era un hombre de una inteligencia privilegiada y con una imaginación extraordinaria. Debió morir con treinta y pocos años, y ya había ido tres veces a Argentina. Era un espíritu inquieto, un aventurero con ganas de conocer el mundo y de no quedarse en el pueblo. Nació en Montemayor de Pililla, en Valladolid. Mi madre era una mujer de terruño. Muy amante del campo, pero del campo de labrar.

Nos casamos [con Onésimo Redondo] el 11 de febrero de 1931 y el 10 de agosto de 1932 se produjo el movimiento militar de Sanjurjo. A Onésimo le vinieron a buscar y le dijeron: «Vete de España, porque van a venir a matarte». Él no había formado parte del movimiento, porque no era militar, pero sí era simpatizante. Se marchó a Portugal, a Curía, y, poco después, fui yo.

Onésimo murió el 24 de julio en el pueblo de Labajos. Lo mataron una semana después de producirse el alzamiento militar. Yo creo que fue una cosa preparada. No sé. Hay un gran misterio alrededor de esto. No se sabe si hasta lo asesinó alguien casi nuestro... Es una barbaridad decir esto, pero José Antonio estaba en la cárcel, había cierta rivalidad entre las JONS y la Falange, y la verdad es que Onésimo el día anterior había ido y vuelto sin tener ningún problema. Iba al Alto del León a dar ánimo a los combatientes falangistas. Fue en coche con su escolta, bueno, con un chico, porque a él no le gustaba llevar escolta, con el conductor, que era un íntimo amigo, y con su hermano Andrés Redondo, que luego lo sustituyó como jefe de la Falange. Ellos tres se salvaron, se metieron por los trigos y pudieron escapar. Pero él no, porque, además, les hizo frente.

Sucedió así: Al llegar a Labajos les pararon unos individuos que iban en un camión vestidos con camisas azules. Dijeron que eran de la columna de Mangada, pero la verdad es que no se sabe quienes eran. Se detuvieron, porque el camión de los milicianos estaba atravesado en la carretera, de manera que el coche no podía continuar. Entonces empezaron a pegarles tiros.

«¡Al de los cordones! ¡Al de los cordones!», gritaban. Lo decían por Onésimo, que llevaba cordones. Primero le hirieron en las piernas y cayó. Desde el suelo, les decía a sus asesinos: «Estáis confundidos, yo no vengo en contra vuestra. Yo vengo a liberaros de muchas cosas que no son justas. Jamás mataré a un hombre con alpargatas». Eso lo decía siempre, porque la alpargata era el calzado habitual de la gente más humilde. Entonces dijeron: «Dale en la cabeza». Y lo remataron. Lo dejaron tirado en el suelo, cubierto de sangre. La vida es así. Hacía tres días que había salido de la cárcel de Ávila.

Me quedé viuda con 25 años. ¡Era una niña! Y con tres hijos. Había tenido ya un aborto y cuando me enteré de que lo habían matado perdí también el hijo que esperaba […]. En esos primeros días pensábamos que la guerra iba a durar una semana […]. Jamás pensamos en una guerra civil. Yo enseguida me puse a trabajar. Como creíamos que sería una cosa breve, al Auxilio Social le pusimos el nombre de Auxilio de Invierno. Javier Martínez de Bedoya era ya mi más estrecho colaborador, pero no éramos novios ni nada. Viví los tres años de guerra dedicada en cuerpo y alma a Auxilio Social. Después de la guerra, en el año 1939, me casé por segunda vez con Javier. Yo tenía ya 29 años. Mi boda fue muy criticada, porque yo entonces era la viuda de un héroe. En aquel momento, a Onésimo se le consideraba un héroe con una gran exaltación y con un gran reconocimiento. Sin embargo, hoy ya casi nadie sabe quién es Onésimo Redondo.

Javier era un discípulo de Onésimo. Trabajábamos juntos y nos enamoramos. Tenía un año menos que yo y cinco menos que Onésimo [...]. He sido felicísima con él. Hemos cumplido cincuenta años de matrimonio, que ya es raro. Era hijo de un notario y cuando le dijo a su padre: «Mira, me voy a casar con Mercedes», él le dijo: «Ya sabes lo que queremos a Mercedes en esta casa, la queremos muchísimo, pero piensa, hijo mío, que tiene tres hijos, y te quedas con una carga grande». Él dijo: «Eso es precisamente lo que me lleva al matrimonio. Quiero ser el padre de los hijos de Onésimo. La persona que más he querido en este mundo y que más admiro».

El 30 de octubre de 1936 se inauguraron ocho comedores de Auxilio de Invierno. Era tal la fe que se tenía en la guerra y tan grande el deseo de liberarnos del comunismo, que la gente no es que respondiese con toda su alma, respondía con todo su corazón […]. Recibí ayudas y colaboración de todo el mundo. Mi única enemiga, porque fuimos un poco enemigas, fue Pilar Primo de Rivera. Son pequeñas cosas que hay en la vida. Nos queríamos mucho, pero tuvimos problemas porque ella era muy absorbente y yo era mujer y tenía el Auxilio Social y ella quería que todo lo que hiciese una mujer le perteneciera y eso no era así. Yo siempre digo que era más inteligente de lo que parecía. No era tonta y estaba preparada. Era la hija de un dictador y en su casa no se respiraba precisamente un ambiente analfabeto, sino todo lo contrario. Pero era mucho menos humilde de lo que la gente creía porque la veían vestida, no mal, descuidada. Yo consideraba que la mujer debía ser siempre femenina, pero ella no. Tenía un poco de calva la pobrecilla, pero no era tan fea. No era ni tan tonta ni tan humilde. Era descuidada. Es una cuestión de coquetería.

Dicen que yo copié el Auxilio Social de Alemania. Mi idea original fue dar de comer a los niños de España. Yo no había estado nunca en Alemania, y, además, de julio a octubre no me moví prácticamente de Valladolid. Surgió de una manera espontánea. Yo pensaba: «¿Cómo vamos a permitir que los niños pasen hambre?». Pasaban hambre sencillamente porque sus padres habían sido rojos y estaban en la cárcel o porque sus padres habían muerto en el frente. Entonces pensé: «¿Quién llevará el pan a esos hogares? Nosotros tenemos que sustituir esto por algo que ayude a estos niños a comer». Para mí, entre los niños no hay rojos, ni blancos, ni azules, ni morados. Para mí, el niño es el niño, sea de la clase que sea, y lo mismo me da que proceda de una familia anarquista, que su padre esté en la cárcel o que haya muerto en el frente. Entonces se nos ocurrió la idea de las huchas. Eso sí fue por imitación. Javier lo había visto en Alemania y se le ocurrió copiarlo. En nuestras huchas ponía «Auxilio Social» con unas letras que nos había hecho un dibujante alemán. Parece una bobada, pero era importante que estuvieran bien diseñadas… Con esto se recaudó mucho, pero no era suficiente, de modo que creamos «la ficha azul» […]. Luego, además, tuve una importantísima ayuda del exterior. Eso sí que lo monté yo, con Carmen de Icaza.

Una cosa verdaderamente tremenda fue encontrarme con muchas niñas y jóvenes que se habían quedado embarazadas de los soldados. Unos serían de la parte nacional y otros de la parte roja, daba lo mismo. Entonces hicimos una maternidad. Con esto también tuve problemas con Pilar Primo de Rivera. En aquel momento eso de ser madre soltera estaba bastante mal visto. Los conventos y las instituciones religiosas, de las que también sufrí muchas críticas, no las acogían porque no tenían fondos, y por otros motivos. Entonces, estas mujeres venían a mí, y Pilar se indignaba. Yo le decía: «Piensa que tú eres soltera y que no has pasado por la experiencia de tener hijos. ¡Que yo he tenido cuatro, hija mía! Y entonces, una chica de este tipo, cuando se acerca a mí, me habla, o yo le puedo hablar, de una manera que tú no puedes…». Yo creo que llegó a comprenderlo. Pilar sólo me llevaba dos años, pero no era cuestión de la edad. Eran mi experiencia y la suya, que era nula. Yo era una mujer muy moderna para mi época, quizás porque mi formación era francesa y Francia siempre ha ido un paso por delante.

Al acabar la guerra quedó una simiente comunista. Franco debió estar tres o cuatro años más, hasta consolidar una democracia, y luego debió marcharse. Quizás el poder hace más que la ambición. Era un hombre honrado, pero no cabe duda de que le pudo el poder.

Fue Mercedes una de las mujeres más destacadas en la España de la posguerra, aunque durante esos años, como ella misma reconoció, tuvo «problemas con Pilar Primo de Rivera», y, ésta, en sus memorias, la reconoce como una «mujer dotada de muy buenas cualidades y, muy segura de sí misma, empezó en cierto modo a agrupar a la Sección Femenina» en Valladolid facilitando la ayuda a todas las víctimas fueran del bando que fueran, como así lo reconoce la historiadora Carmen Domingo, cuando escribió: «…los hijos de los odiados rojos no eran merecedores de ayudas por parte del Estado y tan sólo Mercedes Sanz-Bachiller se planteó este problema con miras a solucionarlo». Y así fue como nació el «Auxilio de Invierno» que pasaría a llamarse después «Auxilio Social». La profesora inglesa y periodista Florence Farmborough, que se encontraba en España cuando comenzó la Guerra Civil, se puso al lado de los sublevados y, a través de la radio, hablaba desde Burgos para los oyentes de lengua inglesa. Fue siempre una entusiasta de la labor que desarrollaba el Auxilio Social llegando a escribir:

Las muchachas, todas voluntarias entusiastas, todas seguidoras de la Falange, esperan en grupo; con delantales blancos sobre sus vestidos obscuros, con su insignia del yugo y las flechas que destaca sobre el azul marino de sus blusas; están listas para empezar a servir. Las puertas se abren, y entran los hombres y las mujeres. Tienen cuencos y tazones en las manos. Se reparte comida en abundancia para todos; no se piden documentos, no se pregunta nada personal. ¿Qué importa que sean blancos o rojos? Lo que importa es que están hambrientos –eso es suficiente para los falangistas–. Y, si son rojos ¡mucho mejor! Que aprendan la gran lección de que, aunque aprieten el puño con odio –para tomar a la fuerza–, la Falange lo abre para dar con amor.

El 30 de octubre de 1936, como ya dijo Mercedes, se inauguró en Valladolid el primer comedor para poco más de cien huérfanos. En pocas semanas los comedores se extendieron por otros lugares de la ciudad y también por otras provincias. Según datos oficiales se abrieron 711 que al año siguiente se aumentaron en 1.265 «donde se alimentaban casi cien mil personas». Un artículo publicado por el escritor sevillano Manuel Halcón, después de su paso por Valladolid, hizo que Mercedes tuviera que trasladarse hasta la capital andaluza para contribuir a que su trabajo tuviera la base de una escala más nacional. En esta capital Pedro de León le hace una larga entrevista donde habla mucho de Ónésimo Redondo, al final, refiriéndose a su trabajo, dice: «…estamos ahora ocupadísimas con la labor del Auxilio de Invierno. Tenemos instalados ya entre la capital y la provincia diez comedores, y esperamos tener doscientos entre todos». A mediados de diciembre se puso a punto la segunda institución que consistía en llevar alimentos para las víctimas de la guerra, principalmente viudas sin trabajo y ancianos. Los alimentos se llevaban en tarteras a las casas donde debían de ser consumidos.

Después de tres meses escasos de duros trabajos, comenzaron las primeras dificultades. Una de ellas con Pilar Primo de Rivera que entendía que se estaba metiendo en terreno que pertenecía a la Sección Femenina. En vista de lo cual, pidió entrevistarse con Manuel Hedilla, como jefe de la Junta de Mando Provisional de Falange que era. Éste recibió a Mercedes el 10 de enero, acompañada de Javier Martínez de Bedoya, su más fiel colaborador. «Hedilla decidió que la iniciativa de Mercedes Sanz Bachiller fuese ampliada, desarrollada y extendida a toda la zona nacional. La obra debía comenzar en Salamanca, cuartel general, centro político, residencia de agentes diplomáticos y de periodistas extranjeros. Sería un manifiesto de la Falange que, de modo permanente, llamaría la atención a todos sobre sus obligaciones engendradas por la tremenda guerra. También constituiría –lo que era esencial para Hedilla– una ratificación de fe y de obras cristianas. Que la fe, sin obras, muerta es…». Y como consecuencia, Hedilla extendió dos oficios, uno para Mercedes y otro para Martínez de Bedoya en los que les nombraba responsables de los servicios de Auxilio de Invierno, pero debajo del texto había dos líneas escritas a mano, con letra picuda de mujer, que decían: «Como jefe de la Sección Femenina, encargada de Auxilio de Invierno, Pilar Primo de Rivera». Ambos vieron que Hedilla estaba en manos de los primorriveristas porque al mismo tiempo era destituido, como jefe Territorial de Castilla, Andrés Redondo, sustituyéndolo José Antonio Girón; no obstante, consideraron que no debían meterse en enredos políticos y siguieron con su labor haciendo caso omiso de lo que ocurría ya que contaban con suficientes recursos económicos para no depender de nadie.

El abril los sucesos políticos de 1937 se precipitaron de forma rápida. Debido a lo ocurrido en aquellos días en Salamanca entre grupos falangistas, Franco publicó el día 19 el Decreto de Unificación. Esto dio motivo a que Martínez de Bedoya y Mercedes se presentaran de nuevo en aquella ciudad castellana para ver a Ramón Serrano Súñer, a quien transmitieron sus proyectos. Prometió hablar con Franco y «pocos días más tarde conseguimos nuestro objetivo y Mercedes apareció nombrada delegada nacional de Auxilio Social, como servicio independiente y con sus fines bien señalados y reconocidos. Había acabado la etapa de Auxilio de Invierno con las interferencias de la Sección Femenina». A partir de ese momento y con arreglo a los proyectos que tenían, comenzaron a abrir guarderías para los niños que utilizaban las madres trabajadoras, también hogares para huérfanos, etc. Aun siendo abundantes los donativos que recibían, no eran suficientes como para atender tantas necesidades. Fue entonces cuando Mercedes tuvo la feliz idea de constituir los amigos de Auxilio Social en otros países. El primero que visitó fue Portugal y aquí dejó a la enfermera de la Cruz Roja portuguesa, Clarita Lloret, con la responsabilidad del trabajo que la había llevado hasta el país vecino. Luego fue Francia donde conectó con la hija de los marqueses de Villavieja, Pomposa Escandón Salamanca, y con la marquesa de Casa-Pizarro, con el resultado de la formación de un comité presidido por el mariscal Petain. Más tarde, con la experiencia que ya tenía, logró conectar con otros países, incluso de América, que poco a poco le fueron facilitando las ayudas que le eran necesarias.

Ya casi terminado el año 1938, Mercedes dirige un mensaje a los delegados provinciales donde les hace ver la necesidad de organizar la solidaridad social de los españoles, necesaria como nunca en aquellos instantes de guerra para mejor servicio de la unidad nacional y expresión del espíritu que animaba a Falange. Las consecuencias lógicas de la actividad constante del trabajo que todos vienen realizando, no sólo son conocidos por su divulgación, sino que las miles de personas que diariamente son atendidas, mejor que nadie han venido proclamando la verdad y las ventajas de la obra de Auxilio Social.

Cuando a últimos de enero de 1939 Barcelona cae en poder de los nacionales se instala allí el Auxilio Social. Se encuentran nuevamente en esta ciudad, Martínez de Bedoya, al que le habían encargado de la Dirección General de Beneficencia casi un año antes, y Mercedes. Es cuando el primero cuenta en sus memorias que se declara a la viuda de Onésimo que a ella le pareció una locura por lo que «supondría la boda de la viuda de un héroe de la cruzada, recién terminada la guerra». No obstante a este recelo, el día 3 de noviembre de 1939 se casan en la capilla del Obispo donde sólo asistieron unos pocos familiares de los contrayentes; la boda no cayó bien en determinados grupos falangistas; «su alergia antijonsista –dice Martínez de Bedoya– se disparó de nuevo, sin conformarse con la pieza que en mí habían cobrado; ahora querían la cabeza de Mercedes. El núcleo más visible de la maniobra se condensaba en torno a la Sección Femenina que reclamaba el Servicio de la Mujer, esa organización que para movilizar a las mujeres hacia ciertos trabajos necesarios en las instituciones benéficas habíamos conseguido de Franco». Sí sale en defensa de esta boda Dionisio Ridruejo, quien ha dejado escrito que «aunque para algunos sentimentales y legitimistas aquella segunda boda fuese causa de escándalo, como si se tratase de la violación de un mito. Y fue, en efecto, una desmitificación que devolvía a la heroína su estatura humana, lo que, a mi juicio, es siempre cosa positiva».

Ya finalizando el año tuvo lugar el Congreso Nacional de Auxilio Social que inauguró el general Agustín Muñoz Grandes, como ministro general del Movimiento: «Para que sea una realidad esta esperanza y emprender el camino de grandeza de nuestros muertos, es preciso que nuestro espíritu no decaiga, que vibre el alma de nuestra raza, que siempre responde cuando se la llama al combate y el combate no ha cesado, ni mucho menos». Ramón Serrano Súñer tenía reservada la clausura. Es entonces cuando Mercedes comenzó a sospechar que éste trataría de enviarla a casa y reducir el papel de Auxilio Social al mínimo entregándolo, además, al grupo primorreverista. En el teatro Español aquella mañana del 21 de diciembre estaba todo el cuerpo diplomático, el Nuncio Cicognani, altas personalidades del Estado y los congresistas. En el escenario, era la clausura, solos Ramón Serrano Súñer y Mercedes Sanz-Bachiller. Ante cientos de personas, el primero les dijo que Auxilio Social «se trata de una función pública ejercida por delegación de la Administración, ésta debe reservarse la dirección: la apreciación de la necesidad de establecimientos, normas generales, etc. Aun sin llegar a atribuirse un monopolio a Auxilio Social, debe tenderse, resueltamente, a que el Partido vaya regentando la mayor cantidad de obras sociales nuevas». Mercedes aguantó el chaparrón como pudo, mientras que para Javier Martínez de Bedoya todo estaba muy claro. Así lo dejó escrito en sus memorias:

Se daba cauce a todos los resentimientos que en ciertos sectores había provocado Auxilio Social con su éxito, con sus recursos propios, con su estilo nuevo y alegre, con su enfoque de que la madre de niños necesitados pudiese trabajar sin dejar de verlos todos los días, sin renunciar a ellos. Se quería absorber todo por el Estado, se recomendaba plantear la acción otra vez a través de la vieja beneficencia oficial, y se pretendía suprimir el eco y la influencia sobre las mujeres trabajadoras que soñaban con guarderías infantiles y jardines de infancia donde pudiesen dejar a sus hijos durante su jornada laboral. Para casos extremos de pérdida del padre y de la madre, Auxilio Social tenía hogares infantiles, pero era absurdo montar una política social auténtica sobre la base parcial y reducida de los orfanatorios, olvidando el amplio espectro de la madre que trabaja por necesidad –máximo en aquellos momentos– para la cual no solo las instituciones aludidas, sino los comedores colectivos, representan un alivio.

Mercedes, aconsejada por su marido, fue a ver al general Muñoz Grandes para que transmitiera a Franco su preocupación por las palabras que había pronunciado Serrano Súñer en la clausura del Congreso. A los dos días recibe una llamada del general dándole cuenta de la conversación mantenida con Franco que después de escucharle sin interrumpirle un momento, comentó: «Estimo mucho a Mercedes por sus cualidades y por lo que hace, sin embargo ha concitado muchos enemigos a la vez. Vamos a tratar de ganar tiempo». No fueron estas palabras las mejores que Mercedes esperaba escuchar, pero mientras Franco resistiese ella esperaba resistir. Ganar tiempo para Franco fue firmar un decreto de traspaso a la Sección Femenina del Servicio Social de la Mujer. Pero esto no contentó a los que habían comenzado a maniobrar para quitar del medio a Mercedes y un editorial del diario Arriba echaba por tierra las pocas esperanzas que aún le quedaban. Se entrevistó con Pedro Gamero del Castillo, ministro sin cartera, y vicesecretario del general Muñoz Grandes, para exponerle lo absurdo de la situación. Su respuesta fue: «Nada práctico puede hacerse cuando la parte más oficializada del Partido se ha declarado beligerante en la cuestión». Efectivamente, el 9 de mayo de 1940 la Junta Política recibió de Franco luz verde para proceder a los nombramientos de la nueva etapa de Auxilio Social. El abogado Manuel Martínez de Tena sustituyó a Mercedes, y Carmen de Icaza ocupó la Secretaría Nacional; ambos procedían del equipo inicial de Valladolid, es decir, habían sido sus colaboradores. Pero a Mercedes aún le quedaba el Consejo Nacional; la maniobra no había conseguido del todo sus objetivos.

Aquel deseo de José Antonio Girón de querer reparar el daño que se había cometido en la persona de Mercedes, surtió efecto cuando por su mediación Serrano Súñer la nombra del Consejo de Administración del Instituto Nacional de Previsión, órgano promotor de la Seguridad Social. Desde este nuevo cargo, la mayor preocupación de Mercedes fue porqué razones no llegaban al campo los seguros sociales. Llegó a la conclusión de que el obstáculo principal era la falta del censo que diera el número de trabajadores agrícolas. Después de mucho cavilar se acordó de los cientos de delegados locales de Auxilio Social ligados a ella. Estaba a punto de comenzar con el censo cuando la llamó Álvarez de Sotomayor, secretario nacional de Sindicatos, para pedirle que trabajase en Sindicatos en este campo de la previsión social donde nada tenían hecho. Aceptó de buen grado y pronto redactó una circular fundacional de la Obra Sindical de Previsión Social en el que uno de los puntos era lograr su extensión a la vida rural. Pidió a todos sus antiguos colaboradores de la España del campo, la ayuda necesaria para conseguir el ansiado censo nominativo de todos los trabajadores agrícolas; tardó algo más de un año en hacerse con él, pero por fin los sufridos trabajadores del campo podían disfrutar de unas ventajas sociales que antes no tenían. Al mismo tiempo, fue nombrada procurador en Cortes por los Sindicatos.

En enero de 1947 con motivo de la visita a España de Eva Duarte de Perón, tuvo que atenderla cuando mostró su interés en conocer directamente realizaciones sociales entre las que estaban la visita a guarderías infantiles. Una de las preguntas que se le ocurrió a la mujer del presidente argentino fue dónde más mortalidad infantil había, si entre los hijos de los obreros acogidos en una de esas guarderías o entre los que se quedaban en casa aguardando el regreso de sus madres del trabajo. Obviamente la respuesta fue que morían más, según las estadísticas, los que se encontraban en la última situación porque los primeros tenían mejor asistencia sanitaria, sobre todo preventiva, y su alimentación estaba más racionalizada. Este mismo año, Mercedes tuvo que trasladarse hasta Granada para ver a su delegado de la Obra de Previsión Social y hacer frente a varias cuestiones, entre otras: resolver los problemas que tenían con los maquis quienes en alguna ocasión desvalijaron «los fondos que los corresponsales traían del Instituto Nacional de Previsión para el pago de los seguros, los cuales, en definitiva, a manos de los más necesitados iban a parar». Incluso en cierta ocasión se llegó a dar el caso que algunos de esos corresponsales llegaron a pagar con sus vidas la defensa de aquel dinero destinado para socorrer a los más pobres. Al año siguiente, en el mes de julio, víctima de un cáncer, fallecía Onésimo Redondo Sanz-Bachiller.

La muerte de su hijo la tuvo apartada prácticamente de la política; ni tan siquiera la concesión de la Y de plata que le impuso el ministro secretario general del Movimiento, José Solís, sirvió para animarla; aunque su interés por los asuntos sociales y políticos seguían presentes en sus sentimientos. En 1967, por ejemplo, escribió un artículo titulado La representación sindical en las Cortes no tiene a ninguna mujer: «Creía –dice Paul Preston– que era absurdo que la excluyeran a ella personalmente, pero era igualmente absurdo que no hubiera otras mujeres. Fue una prueba de que su prestigio perduraba en la España franquista que, en cuestión de horas, su artículo provocara por parte de las autoridades sindicales una respuesta que de forma cómica se mostraban dolidas». La seguridad social en la mujer en todos los órdenes, fue también una de sus mayores y grandes preocupaciones. En el Congreso Internacional de la Mujer celebrado en Madrid en 1970, Mercedes presentó una interesante comunicación: se refirió a las mujeres que al casarse abandonaban el trabajo que venían realizando y quedaban excluidas de la protección personal de la Seguridad. Por eso terminaba preguntando: «¿Qué se hicieron con sus cuotas?». «¿A quienes beneficiaron?». Finalmente dejó toda acción política y su figura y su obra pasaron casi al olvido. Revistas de la Sección Femenina como, Medina, Y, Teresa y Consigna, apenas la recordaban, ni tan siquiera publicaban fotografías suyas.

El 24 de marzo de 1991 fallecía su esposo Javier Martínez de Bedoya. Con esta muerte, el luto volvía a empañar su corazón muy debilitado desde que muy joven perdió a su primer marido Onésimo Redondo y más tarde al hijo de ambos, sin olvidar la pérdida del que traía en el vientre cuando en Labajos matan a uno de los fundadores de las JONS, con quien se había casado pocos años antes. Esta nueva desgracia, que hundía un poco más su vida, hizo que tuviera que vestirse otra vez de riguroso luto y, sobre sus cabellos, tuviera que volver a poner un velo negro. Pocos días antes pasaba por otro trago amargo cuando el día 17 muere Pilar Primo de Rivera con la que había tenido muchas diferencias en el campo social y político. Cuando se entera de esta desgracia, en un momento en el que su marido se encontraba gravemente enfermo, aún pudo sacar fuerzas para enviar esta emocionada carta al director del diario Abc:

Señor director: Ha muerto Pilar: luchamos juntas muchos años, discrepábamos en algunos aspectos, pero teníamos los mismos ideales.

Nadie podrá decir de ella más que entregó toda su vida y su trabajo a una España en la que creía y a la que amaba con la misma pasión que su hermano.

Su vida fue austera y hasta de una modestia extremada, sin olvidar nunca la dignidad de una Primo de Rivera.

Pilar realizó a través de la Sección Femenina (tan injustamente olvidada hoy) una gran labor de formación de la mujer, y aun dando la valoración necesaria al papel que ésta tiene que desarrollar en la familia, impulsó y alentó siempre la participación femenina en la vida política, social y cultural de España.

Disentimos muchas veces, Pilar, pero siempre nos sentimos unidas en comunes ideales. Descanse en paz.

Fdo. Mercedes Sanz-Bachiller.


Desde ese año su silencio se vuelve más profundo. No se la ve, no se la oye, no sale en los periódicos ni en ninguna revista, hasta que un día a Francisco Umbral se le ocurre publicar una novela titulada Capital del dolor, que cita a Onésimo Redondo olvidando lo que un día escribió Camilo José Cela: «En literatura no hay que decir verdad, es cierto, pero se debe evitar decir mentira». Y esto es lo que precisamente no cumplió Umbral porque su libro está lleno de falsedades y la verdad hay que buscarla aunque se encuentre oculta, cosa que no hizo porque de haberlo hecho su sucio juego carecería de sentido. Ello dio origen a que Mercedes le enviara una carta a la que le acusa recibo en uno de sus artículos: «…tengo que decir que me escribe mi querida Mercedes Sanz Bachiller, paisana sentimental y viuda del mítico Onésimo Redondo, haciéndome algunas puntualizaciones sobre la hombría de bien de su marido. Todas las acojo, admito y difundo, pero no olvides Mercedes que Capital del dolor es una novela y no un libro de Historia, aunque los historiadores coinciden en lo ajustado de mis datos. Un abrazo».

Como Umbral no da los nombres de los historiadores que dice coinciden con él, vamos a señalar algunas de las falsedades que escribe. En la página 16, por ejemplo, se despacha de esta forma: «Onésimo Redondo, un buen estudiante de Quintanilla que trabajaba de oficinista y había estado en Alemania visitando de cerca el nazismo». Eso es mentira, y grande, porque de todos es sabido que Hitler llegó democráticamente al poder en el mes de enero de 1933 cuando es nombrado canciller del Reich, y Onésimo llega a Alemania, después de obtener una beca (como dicen sus biógrafos) en le mes de octubre de 1927 para asistir a las clases de español en la Escuela Superior de Comercio de la Universidad de Manheim, regresando definitivamente a España en agosto de 1928. En la página 18 le llama «señorito con fincas», cuando sus padres eran gente sencilla, labradores humildes que vivían en un pueblo castellano que sólo tenía modestas casas, campos de trigo y eras donde los sembradores amontonaban el grano recogido. Se lo recordaba su hija, que sentía verdadera pasión por su padre a quien apenas había conocido, en el diario Abc en la carta que envió al director:

Sr. director: Onésimo Redondo era abogado y no poseyó nunca ninguna finca. Empezó a defender a los agricultores de su provincia como asesor jurídico del Sindicato Remolachero, antes de iniciar cualquier lucha política. Estos agricultores estaban oprimidos por los créditos usurarios y las condiciones impuestas por una sola fábrica de azúcar. En sus años de lucha política no había «caudillos» en Valladolid. Ledesma Ramos vivió siempre en Madrid y Girón de Velasco era un estudiante más entre los jóvenes jonsistas. Es afirmación grave por calumniosa, decir que Onésimo fundó la «brigada del alba». Para aclarar si esto fue posible reivindico sus «éxitos» frente a los «socialistas perdedores: Agosto 1932-enero 1934: Onésimo está exiliado en Portugal. Febrero 1936-19 julio 1936: Prisión en Valladolid y luego en Ávila. 24 julio 1936: Muerte en Labajos». Este es, pues, su «triunfo», morir a las 31 años.

A los sesenta años de su muerte inventar un personaje literario llamado Onésimo Redondo no me parece legítimo. Pido para él respeto a la desnudez de su entrega. Ninguna mentira podrá quitarnos a mi hermana Pilar y a mí el honor de la memoria de nuestro padre.

Fdo. Mercedes Redondo.


El once de agosto de 2007 fallece en Madrid Mercedes Sanz-Bachiller Izquierdo, «viuda de D. Onésimo Redondo Ortega y de D. Javier Martínez de Bedoya y Martínez-Carande», así reza la esquela que le pusieron sus hijas Mercedes, Pilar y Ana. Su muerte pasó casi inadvertida para la casi totalidad de los medios. Un homenaje a su memoria, firmado por quien estas líneas escribe, divulgado en la revista digital El Risco de la Nava, nº 385, yuna extensa necrológica publicada en Abc, que firmaba Manuel Penella, fueron, casi con seguridad, unas de las excepciones habidas. El periodista del diario madrileño, terminaba su escrito con estas palabras:

En mis trabajos de campo, he sido depositario de muchas confidencias informales, unas sonrojantes por la arrogancia de mis comunicantes, otras penosas por referirse a paseos al amanecer. Diré que las relativas al Auxilio de Invierno, de personas que no habían olvidado la ayuda recibida, fueron, por contraste, muy consoladoras para mí. Los beneficiarios anónimos no me hablaron de Mercedes Sanz-Bachiller sino de su obra, a la que se podía acudir sin miedo a las represalias; de allí el agradecimiento. Me llamaron la atención, claro es, sobre la ironía de haber sido realmente ayudados por «los mismos que les había arrebatado a sus padres o maridos. Que esa ironía fuese posible se lo debemos a Mercedes Sanz-Bachiller. Descanse en paz».

Y así terminaba la vida de una mujer cuyo camino no fue precisamente un camino de rosas y que ahora envidiosos personajillos, salidos de las más obscuras cavernas, tratan de mancillar su nombre y su trabajo.


* José Mª García de Tuñón Aza es licenciado en Ciencias Económicas y escritor.

 
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