Bienvenido a la Hermandad del Valle

    Búsqueda


    Menú
· Altar Mayor
· El Risco de la Nava
· El Brocal
· Cuestiones sobre la
Memoria

· Notas sobre el
Valle de los Caídos

Altar Mayor T
Altar Mayor Nº - 139 (40)
Tuesday, 15 March a las 15:13:10

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 139  - Extraordinario -  enero / febrero de 2011

 

LA VERDADERA HISTORIA QUE NO HAY QUE OLVIDAR
Pedro Beteta López*



LA RECRISTIANIZACIÓN URGENTE
Ceferino L. Maestú*
 
 
El cristianismo no es individualista sino comunitario.

En las dos oraciones principales, el Padre Nuestro y el Ave María (ruega por nosotros), no se apela al diálogo con Dios a favor de una persona pero sí de una comunidad.

Sin embargo, quienes nos consideramos seguidores de Jesús Dios, el obrero de Nazaret, solemos rezarlas sin apreciar el profundo sentido de la oración.

Desde Pablo VI a Juan Pablo II, pasando por Juan XXIII, los papas han hablado de la recristianización necesaria de los cristianos, de un cambio radical en la Iglesia.

Hay que volver al espíritu de los primeros tiempos, en los que la vivencia religiosa era expresión virtuosa del «amarás a tu prójimo».

Pero ¿quién es nuestro prójimo? ¿El que tenemos cerca, el que comparte con nosotros la misma convicción o todo el género humano?

En el Templo, se reúne la Iglesia, y podría hacerlo en cualquier otro lugar, para oír la homilía y seguir, en la Santa Misa, prácticamente como espectadores, en la mayoría de los casos, y puede observarse fácilmente.

¿Cuál debe ser el objetivo de esa predicación? Desde luego que explicar el Evangelio, su sentido, su aplicación en la vida.

Pero Jesús, que se sepa, no pronunció el discurso magistral, sino la base de un diálogo con los oyentes, que le preguntaban y no sólo le escuchaban.

La pedagogía de Cristo fue la de un educador, que se acercaba a la gente, contándoles historias que ellos habían podido protagonizar, para sacar consecuencias doctrinales que redondeaban su exposición.

Pensar y hacer pensar, contestar a quien oía, para hacer comprender.

Sin embargo, en el tiempo cristiano, el discurso no es un diálogo educacional, considerando a los fieles como público.

Ahora bien: ¿somos los fieles sólo un público? Cuando se nos bautizó, fuimos consagrados, en la ceremonia iniciática de la Iglesia, como sacerdotes, profetas y soberanos.

Sacerdotes porque, en la Iglesia, no somos o no debemos ser, entes pasivos sino colaboradores activos.

Profetas porque todos tenemos la responsabilidad de transmitir el mensaje de Jesús que no fue el de sólo los Mandamientos del Código Civil, que es el Decálogo, sino la grandeza del amor al prójimo, como Dios:

Amarás a los demás, a todos, como a ti mismo.

Es decir, identifícate con los problemas, la vida y el pensamiento del otro, de los demás, como un compromiso de solidaridad.

Y reyes o soberanos porque disponemos de una capacidad autónoma de decisión y, por tanto, de participación voluntaria y libe en la responsabilidad eclesial.

Básicamente, todos hemos sido consagrados por el bautismo como sacerdotes de Cristo, sin distinción de sexos, desde el Papa al recién nacido.

Pero Dios no nos ha hecho iguales y, vocacionalmente, ha escogido a quienes, en la Iglesia de los herederos de Cristo, han de ejercer la función sacramental del perdón y el milagro de la transustanciación eucarística, sin detrimento del carácter y la función sacerdotal de los demás. ¿Se entiende así por nosotros, los cristianos de a pie? Sin duda que es necesario un cambio de mentalidad para que nos convenzamos que la Iglesia somos todos por igual y no, como muchos creen, patrimonio particular de papas, cardenales, obispos, curas, frailes y monjes.

Que la responsabilidad de la fidelidad a Cristo y de la transmisión del mensaje evangélico no es sólo de unos pocos sino de todos los que hemos sido consagrados sacerdotes de Dios, en el bautismo.

¿Estamos preparados para ello? ¿Se nos prepara para ello?

Hay que recristianizar a los cristianos, con vistas a la maduración en el seno de la Iglesia y en toda la vida entera compartida.

El último encargo que Jesús propuso no sólo a los apóstoles, sino a los cientos que asistían a su Ascensión, fue bien sencillo: «Id y predicad a todos los gentiles…».

Para ese mandato no son suficientes los miles de sacerdotes ordenados sino los millones de sacerdotes que tenemos que ejercer, también, nuestra fidelidad.

Ser cristiano no es sólo ir a misa, rezar y comulgar. Ser cristiano es sobre todo: Amar a todo el género humano por amor a Dios y sembrar el mensaje cristiano con el pensamiento, palabra y obra.

Ser cristiano no es dedicarle a Dios unas horas, unos minutos de la vida, sino toda la vida, todos los días, las horas y los minutos, mientras que nos conceda el tiempo para hacerlo, antes de morir.

¿Y qué pasa después? Sólo Cristo y Lázaro han resucitado para contarlo, que yo sepa.

Jesús nos dijo bien claro: «Quienes hagan el bien, vivirán para siempre».

¿Y los demás? Lógicamente, no.

La recristianización es urgente porque el tiempo se acaba sin pensar.


* Ceferino L. Maestú es periodista.

 
    Opciones
· Versión Imprimible
· Enviar a un Amigo
    Otros enlaces
· God
· God
· Más Acerca de Altar Mayor artículos


Noticia más leída sobre Altar Mayor artículos:
Altar Mayor Nº - 132 (6)