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Altar Mayor Nº - 139 (38)
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Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 139  - Extraordinario -  enero / febrero de 2011

 

EL COOPERATIVISMO, VICTIMA DE LA SOCIEDAD CONTRADICTORIA, DE LA SOCIEDAD DISONANTE.
Alfonso Vázquez Fraile*



 
 
Las fundamentales referencias de las conversaciones en el Valle celebradas en octubre de 2010, han sido sobre las contradicciones, las disonancias, las discrepancias, que se dan en la actualidad en todos los ámbitos y niveles de la sociedad española y sus Instituciones. Vivimos en tal confusión, fruto de la pérdida de los valores a que se refería Jaime Suárez en su intervención. «Los valores son las luces que iluminan la existencia y, a medida que el hombre se trabaja a sí mismo, brilla cada vez más intensamente en el horizonte de su vida» (Juan Pablo II). Valores que lamentablemente se van perdiendo en el mundo occidental e incluso en la católica España, que por discrepancias esencialmente generacionales, se van arrumbando hasta el punto de dudar seriamente de la catolicidad de la sociedad española.

Tales contradicciones se dan en todas las entidades sociales, incluso en aquellas que fundamentalmente proclaman su defensa, pero que en la práctica no la practican.

Hace más de 50 años que canalicé mi vocación política y social al servicio del cooperativismo, identificado por mis ideales juveniles, cuyos valores coincidentes en lo económico y social, proclaman los principios cooperativos alumbrados por sus fundadores, los Pioneros de Rochdale en 1844, en Inglaterra, en plena Revolución Industrial, por un grupo de trabajadores textiles, que diseñaron entre otros, la primacía del hombre sobre el capital, el espíritu de ayuda mutua, la limitación de los beneficios, la carencia de ánimo de lucro, el fomento de la educación para perfeccionar la formación de los socios cooperativistas, la participación y control democrático en todas las actividades de la empresa, el servicio al entorno, etc., comportamientos inherentes a las cooperativas y sus socios cooperativistas.

Estos principios, en esencia, siguen actualmente en vigor, y son recogidos por la legislación que regula el cooperativismo en todos los países del mundo, sea cual sea el régimen político que los gobierne. Sin embargo, a pesar de su neutralidad e independencia ideológica, la influencia doctrinal de los Estados, es inevitable.

En España, durante cerca de 100 años, el cooperativismo en todas sus ramas y sectores, ha tenido un desarrollo muy estimable, superando circunstancias económicas como la presente, sociopolíticas a través de numerosos regímenes políticos, etc.; pero la apatía de las Administraciones Públicas es manifiesta hacia un sistema muy alejado de sus objetivos electorales y la paulatina depreciación de los valores morales de los ciudadanos, han conducido a la consideración de que el cooperativismo es una utopía. Tan es así, que no hay más que contemplar el funcionamiento de cualquier sociedad o entidad por simple que sea. Basta con citar el comportamiento de las Comunidades de Vecinos, donde prima el egoísmo individual sobre cualquier otra consideración común o colectiva.

Los veteranos cooperativistas a pesar de todo nos empeñamos en luchar por la utopía. Seguimos creyendo que las personas son portadores de valores eternos, y por ello braceamos contra corriente. En este momento, estamos gobernados por un partido socialista obrero, y sin embargo la promoción de viviendas para los trabajadores es profundamente difícil porque lo impiden los promotores inmobiliarios de signo capitalista.

La burbuja inmobiliaria creada por el mercado capitalista ha generado cientos de miles de viviendas, muchas de ellas vacías. Y los grupos inmobiliarios que se han enriquecido con la especulación del suelo y la vivienda, con el estraperlo de un artículo de primera necesidad, durante casi una decena de años, convence al Gobierno socialista de que no son necesarias más viviendas. Una vez más, el capitalismo influye en las decisiones del Estado, y éste dicta medidas correctoras a la promoción de viviendas sociales para evitar la competencia con las viviendas libres existentes. Así, los cooperativistas que durante años no han podido edificar las viviendas protegidas que necesitaban porque la falta y carestía del suelo no se lo permitía, ahora que se inicia la posibilidad de adquirir terrenos aptos para la edificación de viviendas de protección oficial, se ciegan las fuentes de financiación impidiendo la concesión de los créditos hipotecarios previstos legalmente, argumentando que existen cientos de miles de viviendas vacías, pero que ni por el precio, ni por su ubicación, ni por su superficie, ni por otras circunstancias, son asequibles a las demandas sociales de los cooperativistas (cientos de miles de jóvenes, familias sin un hogar adecuado, migrantes, descolocados profesionalmente, desvinculados familiarmente, etc.), que carecen del poder adquisitivo suficiente para comprar una vivienda de las que existen en el mercado inmobiliario.

Y esta situación conocida y soportada, se multiplica en otros muchos sectores de esta sociedad desestructurada, regida por un Poder disonante, discrepante de lo que debiera ser.

Además, tampoco en las cooperativas de base existe, a pesar de los principios que doctrinal y legalmente las informa, el cumplimiento para coordinadamente actuar frente a tan lamentable situación, produciéndose de todo, desde los advenedizos que aprovechan la crisis y las necesidades que comporta para lucrarse, hasta los ilusos que engañan a sus prójimos con objetivos inalcanzables, todo ello como consecuencia de la pérdida total de los valores morales que debieran prevalecer en un movimiento que se singulariza por unos principios asumidos por todos, dirigentes y asociados y que figuran en las leyes que las regula y los estatutos sociales que especifican con nitidez los comportamientos, derechos y obligaciones, de todos los que lo integran.

Como en todo movimiento social, existe una minoría inasequible al desaliento que pretende, mediante las necesarias depuraciones, instrumentar lo conveniente para que se cumplan los objetivos económico-sociales que preside la doctrina cooperativa, venciendo toda clase de dificultades, para que el sistema sea útil a la sociedad española, actitud basada fundamentalmente en la ayuda mutua, la ejemplaridad y el afán de servicio al entorno comunitario.


* Alfonso Vázquez Fraile es licenciado en Derecho y Graduado Social. Presidente de la Confederación de Cooperativas de Viviendas de España.

 
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