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Altar Mayor Nº - 139 (32)
Wednesday, 16 March a las 08:49:24

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 139  - Extraordinario -  enero / febrero de 2011

 

UNA TRIPLE CRISIS
Alberto Miguel Arruti*



 
Son tres las crisis que está padeciendo España. La primera, la gran crisis internacional, que la afecta como a cualquier otro país de Europa. Algo que tiene una relación con la crisis de 1929. Una segunda crisis es la de la construcción. Esta es especialmente grave, porque la construcción da trabajo a millones de personas. No sólo los constructores, obreros o arquitectos, sino una serie de oficios que dependen, más o menos de este sector. Son los carpinteros, vidrieros, fontaneros y muchos más. Y, finalmente, una tercera crisis que es la provocada por las autonomías.

Cabe preguntarse, ¿qué es España?, ¿un Estado federal?, ¿un Estado confederal?, ¿un Estado autonómico? y ¿qué es un Estado autonómico? No es fácil responder a estas preguntas. Pero los datos como se ha dicho tantas veces son tozudos, aunque las interpretaciones sean libres. A mediados de los años 80, el Gobierno gestionaba el 45 por ciento del gasto público total de España. Diez años después, la cifra se reducía al 35 por ciento. Hoy es responsable solamente de 21 de cada cien euros que se gastan en España. En cambio, los gobiernos autónomos han pasado de gestionar el 20 por ciento de los recursos en 1985 al 40 por ciento en este momento. El problema de las autonomías es un problema político en su esencia. No es un problema jurídico, como se quiera encubrir. Cuando surge un problema se lleva al tribunal constitucional, para que éste resuelva. Y éste sólo puede resolver si la norma es o no es contraria a la Constitución. Pero el problema es mucho más complejo. Desde el comienzo de la Transición se ha sostenido, más o menos implícitamente, la teoría de que descentralización implicaba progreso y democracia. Conceptos que nada tienen que ver el uno con el otro. Alemania es un estado federal y Francia un estado unitario. Pero no por eso uno es más democrático que el otro. No se ha querido poner nunca un límite a lo que se podía trasvasar a las comunidades autónomas. Y lo que no se podía. En los estados federales eso está clarísimo. Por ejemplo, en Alemania. Allí, los estados, regiones o «lánder» son competentes en cultura, educación, seguridad interior y tributos y autónomos en cuanto a vivienda y funcionarios locales. Por su parte, el gobierno federal tiene competencias exclusivas en política exterior, defensa, aduana, inmigración, energía, terrorismo y nacionalidad. Así podía decir Jacques Delors: «Cuidado Alemania es Alemania más los 16 lánder». Las autonomías se justificaron en dos principios. En primer lugar, se dijo que la descentralización, al aproximar los gobiernos al ciudadano, disminuía la corrupción, la dificultaba o la hacía imposible. La realidad ha demostrado más bien lo contrario. En segundo lugar, se trataba de defender las particularidades de cada región. Es cierto que éstas existen y que en algunas regiones son particularmente fuertes. Pero de aceptar esta situación, a exagerar, como se han exagerado estas particularidades va un largo camino. En Alemania, por ejemplo, en los 16 «lánder» se habla alemán. En cambio, en España las discusiones por el catalán, el gallego o el euskera, frente al castellano son permanentes. Adema, vivimos en un momento en el que prima la globalización. Y ésta destruye o aminora estas pequeñas particularidades culturales. En definitiva, que un Estado autonómico no es ni tan siquiera un Estado moderno. Y así un catedrático de Filosofía Moral y Política, Aurelio Arteta, ha podido escribir que «el Reino de España se ha vuelto un conjunto de reinos de Taifas». En cuanto a descentralización se refiere, el Estado de las autonomías ha superado al Estado federal. Además, esta descentralización se ha hecho siguiendo los intereses de partidos nacionalistas o de gobiernos nacionales, que no han tenido escrúpulo en ceder competencia para mantenerse en el poder. La Constitución estableció un modelo asimétrico desde el momento de su aprobación. Lo hizo en primer lugar, al diferenciar los cauces para el acceso a las autonomías. Lo hizo también a través de las disposiciones referidas a los territorios forales, al régimen fiscal canario y a la situación de Ceuta y Melilla. También se ha hablado mucho de convertir el Senado en una cámara de las autonomías, algo así como el «Bundesrat» alemán, que está compuesto por «ministros» de los «lánder», que ejercen de senadores. Pero esto en España no se ha llevado nunca a efecto. Al tiempo se perfilan, de día en día, grupos y partidos con tendencia soberanista, en el fondo, totalmente independentista. Por ejemplo, el senador Anasagasti ha escrito un libro que lleva por título Extraños en Madrid. Una república confederal para un España plural en el que afirma que los vascos lo pasan muy mal en Madrid, porque se sienten extraños. Y para que lo pasen mejor, habrá que sustituir la monarquía por una república federal. Pero un vasco, como Jon Juaristi ha escrito que le parece que el senador exagera un poco «porque Madrid está a tope de vascos. Ya no cabe uno más». Todo esto es cómico y a la vez triste. No se afrontan los problemas reales. Los millones de parados siguen. Posiblemente aumentarán. España que había conseguido un cierto grado de bienestar económico, contempla cómo se viene abajo. Si el final del siglo XIX vio el término del Imperio español, ahora se cumplen los 200 años de la independencia de las Repúblicas hispanas, en este momento nos toca tal vez asistir a la desmembración de España. Se desmembró Yugoeslavia, Checoeslovaquia y Bélgica soporta una difícil unión entre flamencos y Valones. El problema está abierto. Y la solución no es fácil. Son multitud los que viven de las autonomías y se defienden con uñas y dientes.

Esta crisis, me refiero en su aspecto internacional, ha demostrado que el mundo tiene que contar con Estados Unidos, como antes de la crisis. Pero antes este país era el único. Ahora hay que contar con alguien más. Los países emergentes tienen cada vez más presencia. Son el BRIC: Brasil Rusia India y China. Hay que tener en cuenta al BRIC o, al menos, a alguno de sus miembros. Pero estos cuatro países representan la mitad de la población mundial, un cuarto del Producto Interior Bruto Global y el 40 por ciento de toda la superficie. Además, según datos de la Organización Internacional del Trabajo y el Fondo Monetario Internacional, en los dos últimos años el paro en el mundo ha aumentado en 30 millones de personas, desigualmente repartidas. Mientras España, que es un trozo muy pequeño del mundo, sigue discutiendo su identidad, ¿Estado autonómico, federal o confederal? El futuro tiene la palabra.


* Alberto Miguel Arruti es doctor en Ciencias de la Información y licenciado en Ciencias Físicas.

 
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