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Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 139  - Extraordinario -  enero / febrero de 2011

 

EL PROBLEMA DE LA EXISTENCIA DE DIOS EN SAN ANSELMO DE CANTERBURY Y SANTO TOMÁS DE AQUINO
Gonzalo Fernández*



 
 
La Filosofía Cristiana de la Edad Media ha dejado dos grandes tentativas de demostrar que la creencia en la existencia de Dios no repugna la razón. Con ello se prueba que la fe es oscura pero no irracional. El primer intento se debe a san Anselmo de Canterbury (1033-1109). Kant le da nombre de argumento ontológico a la teoría de san Anselmo referente a la existencia de Dios. La segunda tentativa es obra de santo Tomás de Aquino (1224-1274). En sus respectivos cultivos de la Filosofía san Anselmo de Canterbury y santo Tomás de Aquino practican la Teodicea o Teología Natural. La Teodicea es la parte de la Filosofía que estudia la existencia y propiedades de Dios a la luz de la razón natural y no apoyándose en la fe (objeto de la Teología). santo Tomás de Aquino escribe unos argumentos racionales a fin de demostrar la existencia de Dios conocidos por las cinco vías.

San Anselmo de Canterbury

San Anselmo nace en el Valle de Aosta, región italiana de lengua francesa. Primero es abad del Monasterio de Bec en Normandía (1060) y luego arzobispo de Canterbury en Inglaterra (1093). Con san Anselmo empieza la escolástica primitiva. Bastantes escritos nos quedan de su piedad e ingenio. Sus principales libros dedicados a la Teología Natural o Teodicea son tres: Monologium sobre la sabiduría de Dios, Proslogium en torno a su existenciay Respuesta de Anselmo a las críticas del monje Gaunilón al argumento ontológico expuestas en su tratado En favor del insensato.

San Anselmo expone el argumento ontológico en el Proslogium con estas palabras:

Así, pues, ¡oh Señor!, tú que das inteligencia a la fe, concédeme, cuanto conozcas que me sea conveniente, entender que existes, como lo creemos, y que eres lo que creemos. Ciertamente creemos que tú eres algo mayor que lo cual nada puede ser pensado. Se trata, de saber si existe una naturaleza que sea tal, porque el insensato ha dicho en su corazón: no hay Dios. Pero cuando me oye decir que hay algo por encima de lo cual no se puede pensar nada mayor, este mismo insensato entiende lo que digo; lo que entiende está en su entendimiento, incluso aunque no crea que aquello existe. Porque una cosa es que la cosa exista en el entendimiento, y otra que entienda que la cosa existe. Porque cuando el pintor piensa de antemano el cuadro que va a hacer, lo tiene ciertamente en su entendimiento, pero no entiende todavía que exista lo que todavía no ha realizado. Cuando, por el contrario, lo tiene pintado, no solamente lo tiene en el entendimiento sino que entiende también que existe lo que ha hecho. El insensato tiene que conceder que tiene en el entendimiento algo por encima de lo cual no se puede pensar nada mayor, porque cuando oye esto, lo entiende, y todo lo que se entiende existe en el entendimiento; y ciertamente aquello mayor que lo cual nada puede ser pensado, no puede existir en el solo entendimiento. Pues si existe, aunque sea sólo en el entendimiento, puede pensarse que exista también en la realidad, lo que es mayor. Por consiguiente, si aquello mayor que lo cual nada puede pensarse existiese sólo en el entendimiento, se podría pensar algo mayor que aquello que es tal que no puede pensarse nada mayor. Luego existe sin duda, en el entendimiento y en la realidad, algo mayor que lo cual nada puede ser pensado (1979, canals vidal: 67).

Por tanto la estructura del argumento ontológico es la siguiente con arreglo a Johannes Hirschberger:

La razón encuentra en sí misma la idea de un ser, el ser sumo que se pueda pensar. Si este ser existiera sólo en la mente, no sería el mayor ser cogitable, pues se podría pensar todavía un ser superior a él, el ser, en efecto, que no sólo existiera en la mente, sino también en la realidad. Consiguientemente, la idea del ser sumo exige que este ser no sólo exista en la mente, sino también en la realidad (1968, Hirschberger I: 335).

San Anselmo intenta construir un argumento sencillo e irrebatible para demostrar la existencia de Dios. El insensato del argumento se basa en el primer verso del Salmo 13 cuyo texto es «Dijo el necio en su corazón: no hay Dios». Contrariamente a lo que se ha pretendido, el argumento ontológico no es un argumento a priori. Es un argumento a simultáneo. En su desarrollo se halla implícita la existencia de forma que Dios ha de existir por fuerza en virtud del mismo argumento ontológico. Una vez definido Dios, su existencia se tiene que incluir en la Divinidad.

San Anselmo parte del principio enunciado por san Agustín de Hipona según el cual no es posible poseer el conocimiento si no se cree. San Anselmo se fundamenta en tres sentencias de san Agustín:

·         No busques fuera. Vuelve hacia ti mismo. En el interior del hombre habita la verdad. Y si hallas que también tu propia naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo (Sobre la verdadera religión 39, 72)

·         El discurso de la mente no crea la verdad, la encuentra (Sobre la verdadera religión 39, 73)

·         Todo cuanto el entendimiento encuentra ser verdadero, no se lo debe a sí mismo (Sobre el Sermón del Señor en la Montaña II, 9, 32)

San Anselmo piensa que la cualidad racional del conocimiento de Dios; no sólo no excluye la fe sino que se halla en su base. El conocimiento se transforma por tanto en una apoyatura de la fe muy valiosa y totalmente legítima. Los dos ejes del pensamiento anselmiano son el argumento ontológico y las relaciones entre fe y sabiduría. En su opinión la fe revela al hombre unas verdades mientras que el objetivo del conocimiento racional reside en mostrar el absurdo en que incurren los desprovistos de fe. San Anselmo nunca propone el argumento ontológico como un sustitutivo de la fe sino a fin de esclarecer lo absurdo del ateísmo. Y escribe: «Gracias te sean dadas, mi buen Señor, pues lo que yo creía ya como un don tuyo, lo creo ahora por una iluminación». San Anselmo hace surgir el ateísmo del simple deseo de no creer.

En vida de san Anselmo, el monje Gaunilón escribe un tratado En favor del insensato. Allí dice que por mucho que pensemos en una isla maravillosa, ésta no tiene por qué existir. Gaunilón señala que san Anselmo pasa de una concepción imaginaria a otra real. En su Respuesta San Anselmo indica que la observación de Gaunilón tiene pleno sentido dentro de una realidad limitada pero no dentro de un ser infinito. En este aspecto estima que el hombre en su idiosincrasia de ser finito no puede crear un concepto infinito. Si lo igual conoce lo igual lo infinito nunca podrá ser obra de lo finito.

Esto ha hecho que los filósofos posteriores se hayan dividido en torno a la validez del argumento ontológico según adopten las posturas de Gaunilón o san Anselmo. Santo Tomás de Aquino, Pierre Gassendi y Kant la niegan. Éste último manifiesta que la idea de 100 monedas en la mente no supone la existencia de esa misma cantidad en el monedero. Por el contrario consideran válido el argumento ontológico además de Leibnitz (objeto de la tercera parte de este trabajo) Guillermo de Auxerre, el beato Duns Escoto, san Buenaventura, san Alberto Magno, Gil de Roma, Descartes, Espinosa, Hegel, Malebranche y Elizabeth Anscombe quien fue discípula de Wittgenstein en Inglaterra (1968, Hirschberger I: 335 y 337; y 1950, González). El insensato siempre ha tenido partidarios y detractores.

Santo Tomás de Aquino

a) Vida

Santo Tomás de Aquino nace en Roccasecca. Pertenece a una noble familia napolitana. Estudia en Nápoles, Colonia y París. En Colonia su maestro es san Alberto Magno. En París es condiscípulo de san Buenaventura. Santo Tomás pertenece a la Orden de Predicadores. Enseña en París, Orvieto, Roma, Vitervo, por segunda vez en París y en Nápoles. En 1274 fallece cuando se halla de viaje entre Nápoles y Lyon para participar en el Concilio de Lyon convocado por el Papa Gregorio X. Sus dos obras esenciales se titulan Suma Teológica y Suma contra paganos.

b) Las cinco vías

Santo Tomás de Aquino intenta demostrar la existencia de Dios partiendo de las realidades concretas. Las cinco vías son por tanto argumentos a posteriori. Santo Tomás las expone en la Suma Teológica (I, 2, 3) y Suma contra los paganos (I, 13). El Aquinatense no admite la validez del argumento ontológico. El Ángel de las Escuelas (nombre poético de santo Tomás de Aquino) no considera legítimo el paso del pensamiento a la existencia que da san Anselmo de Canterbury. En opinión de santo Tomás, san Anselmo comete un salto inaceptable desde el punto de vista intelectual entre el nivel de pensamiento y el nivel de la realidad, pues la existencia real no acarrea enriquecimiento alguno a la existencia de Dios.

Con la salvedad de la cuarta, las cinco vías del Aquinate representan una universalización del concepto del movimiento a partir de un Primer Motor (Dios) defendido por Aristóteles. Santo Tomás de Aquino acepta la respuesta aristotélica al problema de cómo Dios atrae al mundo como el amado atrae al amante, no alterándose pero alterando. Analicemos las cinco vías:

1) Primera Vía. Todo lo que se mueve ha de ser movido por otro motor. Nada puede moverse por sí mismo. Tampoco puede retrocederse hasta el infinito en la dependencia de los motores pues si no existe un Primer Motor no existirá un motor segundo al depender las segundas causas de la Primera Causa. Por tanto ha de admitirse un Primer Motor que no sea a su vez movido por otro y sea por sí mismo fuente de cualquier movimiento (1968, Hirschberger I: 401). Ese Primer Motor es Dios. A partir de la Primera Vía santo Tomás expone tres conclusiones:

·         El Movimiento no puede producirse por sí mismo;

·         Ha de existir un motor último;

·         No puede existir una diversidad de motores.

2) Segunda Vía. Santo Tomás de Aquino mantiene que ha de existir un encadenamiento de causas eficientes dado que la trasformación de cualquier cosa ha de realizarse por un elemento externo. El Ángel de las Escuelas saca otras tres conclusiones de la Segunda Vía:

·         Ninguno ser puede ser causa de sí mismo;

·         Todas las causas intermedias se explican por una causa final;

·         La causa eficiente primera es Dios.

3) Tercera Vía. Santo Tomás de Aquino utiliza las nociones de posibilidad y necesidad. Parte de que no existe realidad humana alguna con necesidad absoluta. Si todas las realidades son contingentes es necesario llegar a un punto donde sólo pueda existir un Ser Eterno y Necesario (Dios), quien no puede caer en la nada. Ese límite no puede ser la nada pues de la nada no podrá surgir el ser al repugnar a la razón y ser imposible que el ser provenga del no ser.

4) Cuarta Vía. Es la única algo modificada en sentido platónico. Santo Tomás de Aquino parte de que al existir una jerarquía de bienes ha de existir un vértice que es el Bien Supremo (Dios).

5) Quinta Vía. El Aquinatense recoge la idea aristotélica de causa final. Si los seres no conscientes actúan de cara a un fin, el fin último les vendrá impuesto por una racionalidad exterior a ellos que sólo puede ser la Racionalidad Divina pues la causa final no se puede deber al mero azar.

Las cinco vías de santo Tomás de Aquino en el contexto general de su sistema filosófico representa un nuevo esfuerzo por demostrar su hipótesis según la cual todos los conceptos teológicos pueden ser asequibles a la pura razón con la salvedad de los Dogmas. Para el Aquinatense la razón humana es una expresión más o menos perfecta de la Racionalidad Divina. La razón y la fe tienen la misma fuente. Si se da una aparente contradicción entre razón y fe, ello se explica por hallarse mal elaborado el razonamiento. Sin embargo el Ángel de las Escuelas afirma en la Suma contra paganos que existen verdades sólo entendibles por la fe (algunas verdades concernientes a Dios sobrepasan completamente la razón humana mientras que otras pueden ser conocidas a la luz de la razón natural).

E insiste en la necesidad de la fe. En caso de que el hombre sólo tuviera la razón sus conocimientos sobre Dios serían inseguros. La fe es el elemento gracias al cual el hombre puede constatar la verdad o error de su saber. Santo Tomás de Aquino formula tres argumentos para demostrar la necesidad de la fe como coronamiento de la razón:

·         La fe permite al hombre llegar al conocimiento de la Verdad Divina con mayor rapidez;

·         No todos los hombres tienen acceso al pensamiento teórico de la Divinidad por el camino de la razón. Muchos de ellos son iletrados o no tienen la suficiente inteligencia. Para estos hombres la fe es el único camino que tienen para acercarse a Dios;

·         El simple razonamiento natural nunca es seguro por sí mismo al cien por cien y precisa de una norma gnoseológica segura que sólo existe en la Palabra de Dios.

Con la importancia que otorga a la razón humana (siempre subordinada a la fe) santo Tomás de Aquino rechaza dos concepciones filosóficas de su época:

·         La teoría de la Iluminación Divina propia de la Escuela Franciscana. Los franciscanos de la Edad Media piensan que el conocimiento racional humano no es algo autónomo sino que se efectúa por intervención divina. San Buenaventura, condiscípulo en París de santo Tomás de Aquino, parte de que el primer conocimiento del hombre atañe al mundo sensible en su obra Itinerario del alma hacia Dios. El alma ha de arribar a una segunda fase que es el conocimiento del alma misma. En un tercer estadio el alma debe ascender al conocimiento de Dios tras haber visto los elementos divinos que el alma posee. San Buenaventura estima que el universo supone una huella de Dios al hallarse formado el mundo sensible por los vestigios de la Divinidad. Asimismo piensa san Buenaventura que el alma es imagen de Dios y que el conocimiento de Dios se articula en dos etapas. Una primera, intelectual y distante, de Dios como objeto de conocimiento en tanto Ser y visible en el Antiguo Testamento. Una segunda fase que estriba en conocer a Dios en tanto Amor que se hace perceptible en el Nuevo Testamento. Frente a la Escuela Franciscana el Aquinatense piensa que sus corifeos minimizan la idea de Dios. A su parecer, si Dios crea el hombre a su imagen y semejanza, la capacidad creadora de Dios queda en mal lugar si Dios no concede al hombre la capacidad de pensar por sí mismo.

·         La teoría de la independencia del entendimiento agente único que los averroístas latinos preconizan. Los averroístas latinos se vinculan a la Escuela de Artes Liberales de la Universidad de París. Allí la enseñanza dura seis años y pueden enseñar los mayores de 21. Por el contrario, en la Facultad de Teología de la misma Universidad la enseñanza complementa la de la Escuela de Artes Liberales, dura ocho años más y sus profesores han de superar los 35 años. En la Escuela parisina de Artes Liberales sus docentes se vinculan a los comentaristas árabes de Aristóteles sobre todo a Averroes y Avicena. Ambos filósofos árabes consideran que el entendimiento agente, productor de los conocimientos teóricos o científicos, no puede ser obra de una sola persona pues lo producido carecería de universalidad. Averroes y Avicena mantienen que el entendimiento agente estriba en una razón universal y absoluta de la que los individuos no son más que simples manifestaciones.

Santo Tomás de Aquino condena esa negativa de los averroístas latinos a admitir la individualidad del hombre y la considera idéntica al viejo panteísmo neoplatónico. El Aquinatense se muestra muy crítico con los averroístas latinos por dos razones:

·         Sus ideas en torno a Aristóteles difieren radicalmente de las preconizadas por los averroístas latinos;

·         Los principios de los averroístas latinos colisionan de manera tan frontal con el Dogma que pueden acarrear una condena eclesiástica del aristotelismo tanto en la faceta radical de los averroístas latinos como la moderada de santo Tomás e incluso pueden inducir a las autoridades eclesiásticas a silenciar cuando no a condenar el propio trabajo del Ángel de las Escuelas.

Santo Tomás de Aquino considera que la Teología es una ciencia susceptible de elaborarse con criterios totalmente científicos. El Aquinatense distingue dos tipos de ciencias. Unas son aquéllas cuyos puntos de partida sean verdades evidentes. Un segundo grupo de ciencias es el constituido por aquellas disciplinas cuyos puntos de partida no se hallen constituidos por verdades evidentes. La Teología es la única ciencia que santo Tomás coloca en el segundo grupo. El punto de partida de la Teología reside en las verdades de la fe. Éstas no son evidentes por sí mismas. No obstante Dios las revela al hombre por la fe y a partir de aquí el teólogo ha de dedicarse a su ciencia con estricta metodología racional. En este sentido santo Tomás de Aquino defiende el conocimiento de los filósofos paganos de la Antigüedad por los teólogos siempre que les den un recto uso.

Santo Tomás de Aquino es un típico representante de la cultura del siglo XIII cuyas notas distintivas son:

·         Auge de las Universidades;

·         Impacto en la Cristiandad de las obras de Aristóteles;

·         Nacimiento y desarrollo de las Órdenes Mendicantes de Dominicos y Franciscanos que proporcionan gran parte de su profesorado a aquellas Universidades y constituyen dos escuelas filosóficas distintas. San Buenaventura (Escuela Franciscana) y santo Tomás de Aquino (Escuela Dominica) tienen en común su empleo moderado de Platón el primero y Aristóteles el segundo. San Buenaventura afirma «Si con Aristóteles podemos encontrar el lenguaje de la ciencia, con Platón podemos encontrar el de la sabiduría». No obstante san Buenaventura tiene la preocupación de no caer jamás en el panteísmo neoplatónico. Santo Tomás de Aquino usa de forma morigerada al Estagirita. En este terreno el Ángel de las Escuelas muestra un cuidado paralelo al de san Buenaventura con el panteísmo neoplatónico a no ser confundido con el averroísmo latino pues el panteísmo neoplatónico y el averroísmo latino surgen de lecturas radicales y extremas de Platón y Aristóteles.

Bibliografía

1950, GONZÁLEZ GONZÁLEZ, V.: «El argumento ontológico en Descartes», Revista Cubana de Filosofía, vol. I, nº. 6, págs. 42-45, reimpreso en
http://www.filosofia.org/hem/dep/rcf/n06p042.htm.
1968, HIRSCHBERGER I HIRSCHBERGER, J.: Historia de la Filosofía. Tomo I. Antigüedad, Edad Media, Renacimiento. Presentación, traducción y síntesis de historia de la Filosofía Española por L. Martínez Gómez, nueva edición ampliada, Editorial Herder, Barcelona.
1979, CANALS VIDAL, F (ed.): Textos de los grandes filósofos. Edad Media. Editorial Herder. Barcelona. Reimpreso en http://www.mercaba.org/DicFI/A/argumento_ontologico.htm#el%20argumento%20ontológic.


* Gonzalo Fernández Hernández es doctor en Filosofía y Letras (Sección de Geografía e Historia) y Profesor Titular de Historia Antigua en la Universidad Literaria de Valencia.

 
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