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Altar Mayor Nº - 139 (04)
Thursday, 17 March a las 20:28:27

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 139  - Extraordinario -  enero / febrero de 2011

 

POSTMODERNIDAD, RAZÓN CÍNICA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Blanca Muñoz*



 
 
Tratar de establecer los orígenes de la Postmodernidad ha llevado a una serie de polémicas y debates para situar el comienzo de esta perspectiva intelectual, estética y social. Sin embargo, los dos analistas más relevantes en este sentido como son Perry Anderson y Klaus von Beyme se plantean una reflexión sobre los diferentes inicios de esta corriente. Para Anderson se podría considerar que el Modernismo literario de Rubén Darío y las vanguardias históricas del siglo XX (Surrealismo, Dadaísmo, Futurismo) estarían en los principios de la Postmodernidad. Por su arte, Klaus von Beyme considerará que los orígenes de esta corriente estarían en el movimiento arquitectónico surgido en mil novecientos setenta y tres en la ciudad norteamericana de San Luis cuando se derriban las viviendas sociales y se proclama el slogan «Cambiar la ética por la estética». A partir de este momento aparece una interpretación de la realidad en la que el elemento común de una serie de autores y creadores será el rechazo a la Modernidad ilustrada. Pero dentro de este rechazo hay una selección de temas y conceptos. Selección que se resumirá en el ataque a la ética de Kant y su ideal de establecer unos imperativos categóricos comunes para todos los individuos y sociedad, siendo el imperativo según el cual «lo que no quieras para ti, no lo quieras para nadie» se constituye en el criterio de una racionalidad ética universal. Asimismo, se produce una embestida radical frente al modelo de educación ético-estética defendida por Friedrich Schiller en su libro La educación estética del género humano. Educación en la que se busca un desarrollo de la conciencia en la dirección de su perfeccionamiento y mejora de las facultades del individuo en una sociedad al servicio del bien común. Pero no solamente se arremeterá contra la ética y la educación, también, la idea de progreso en su significado de desarrollo de las posibilidades humanas y colectivas de la sociedad, se verá agredida desde los planteamientos de un conjunto de autores que sustituyen las herencias clásicas por tradiciones intelectuales en las que lo instintivo y lo irracional cobran una importancia fundamental. Nietzsche, Schopenhauer o Heidegger, aunque asimismo modificados, sustituyen a los defensores de perspectivas ilustradas y de defensa de planteamientos éticos y justos. Por tanto, la Postmodernidad se definirá como un rechazo radical a los ideales éticos, políticos y culturales de la Modernidad.

Ahora bien, la Postmodernidad podría haber quedado en una simple tendencia estética si no se hubiera extendido rápidamente como una mancha de aceite. En una gran mayoría de ámbitos se difunden unas ideas en las que el combate frente todo lo que signifique bien común o visión ética y moral de la realidad, se adueñarán en una primera etapa del mundo editorial para pasar después a las productoras cinematográficas y televisivas. La variedad de ámbitos en los que encontraremos representantes de la Postmodernidad será determinante. En Filosofía autores como François Lyotard, Jacques Derrida, Gille Deleuze o Gianni Vattimo, en Sociología encontramos a Francis Fukuyama como su teoría del «fin de la Historia», en Pintura la obra de Francis Bacon recoge la estética postmoderna, mientras que en Literatura las novelas de Paul Austen expresan el universo de la nueva concepción del mundo, representando en cine las películas de Tarantino una iconografía muy característica de la nueva época. Pero qué ideas se difunden en estos autores.

Para analizar tales ideas, de nuevo, acudiremos a la obra de Klaus von Beyme. Según Beyme entre las ideas centrales que difunden los autores de la Postmodernidad estarían:

·         El triunfo de la razón cínica definida como aquella que carece de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

·         El pensamiento débil que se consolida como la forma de pensar en la que la banalidad y lo superficial se hacen presentes.

·         La frivolización será una de las constantes tanto del pensamiento débil como de la razón cínica y del humor cínico, y por ello lo intrascendente será la pauta de acción postmoderna.

·         La antiobjetividad y la consideración de que todo es subjetivo y sin ningún criterio de ecuanimidad representa uno de los puntos principales de esta corriente.

·         El cambio de roles en el que la mujer se significa por ser presentada como un sujeto banal, cosificado y potencialmente víctima de todo tipo de violencias y, a la par, el hombre se representa bajo el concepto de competitividad, finalizando en unos comportamientos patológicos en los que hombre y mujer son mostrados por la Postmodernidad como enemigos irreconciliables.

·         La mezcla de los niveles culturales en los que la cultura humanista, la cultura de masas y la cultura popular acaban conformando un pastiche en el que se revuelven muy diversos elementos y tradiciones culturales sin lógica ni conexión.

·         La moda se erige en el único cambio social y cultural que predomina en las actuales sociedades y con ello, de nuevo, la banalidad se impone sobre los individuos y los grupos.

·         Entre estas características una de ellas domina con un absoluto despotismo y el triunfo de una visión en la que Sade se impone como «modelo a seguir» no deja dudas de las intenciones de la ideología de la Postmodernidad. La crueldad, el sadismo, la falta de empatía con los otros y, desde luego, el egoísmo «se elevan» a comportamiento individual y colectivo. Sin embargo, con ello se fraccionarán todas aquellas formas de entender la vida en las que la bondad, el bien, la verdad o la belleza tengan el sentido de hacer a los individuos seres auténticamente conscientes de sus responsabilidades ante ellos mismos y ante los otros.

En consecuencia, estas ideas-eje de los difusores de la ideología postmoderna no hubieran tenido excesiva importancia si, al mismo tiempo, entre los ámbitos ya citados en los que se ha impuesto esta ideología no se encontrasen los Medios de Comunicación de Masas. Serán los mass-media los que cumplan un papel esencial en la difusión y extensión de lo que hemos denominado como «las ideas-ejes» de esta corriente. Con los Medios de Comunicación de Masas se pasará de una perspectiva teórica a convertirse en una ideología política y social en la que la población será incorporada como sujeto pasivo y receptivo de tales planteamientos.

Medios de comunicación, pseudocultura y postmodernidad.

Para entender el funcionamiento actual de los Medios de Comunicación se debe ir a los análisis que los teóricos de la Escuela de Frankfurt hicieron sobre la Industria de la Cultura. Para Theodor W. Adorno, basándose en la sociología de Max Weber, en las sociedades contemporáneas se inició un proceso de racionalización en el que aparece una racionalidad instrumental en la que poderosos medios son utilizados para finalidades banales; es decir, magníficos medios de comunicación difunden contenidos en los que la estupidez, la ignorancia o la morbosidad se hacen habituales para una gran parte de la población. De este modo, las Industrias de la Cultura o Industrias Culturales se convertirán en aquellas industrias en las que el beneficio prevalece sobre el resto de criterios de selección. Según Adorno tres características reúnen estos conglomerados industriales: a) Gustos privados de accionistas de tales empresas imponen los gustos públicos. b) Se segmentan a los ciudadanos como receptores-consumidores divididos en función del tipo de cultural que tengan, estableciéndose tres tipos de cultura: alta cultura, cultura de masas y cultura brutal o ínfima cultura. c) Se fraccionan en tres grados «los productos culturales» que serán A (se corresponden estos productos con la alta cultura), B (son los productos típicos de la Cultura de Masas sometida a la moda) y C (serían aquellas producciones en las que los niveles ínfimos culturales, la baja calidad y los contenidos pésimos son dirigidos a un tipo de población despreciada por las Industrias del Audiovisual y de la Comunicación). En estas condiciones, hay una cuarta singularidad de las Industrias Culturales a la que Theodor W. Adorno dedicará un análisis específico: la Pseudocultura.

La Pseudocultura se refiere a los contenidos que se difunden por los mass-media; es decir, para el teórico de la Escuela de Frankfurt, el rebajamiento de los niveles culturales y el empobrecimiento que transmiten los medios comunicativos se sintetizan, al mismo tiempo, con una sobreinformación que acabará generando una desinformación general en la que «se saben muchas cosas», pero al carecerse de un análisis y unas explicaciones causales al final se acabará en unas actitudes en las que la pasividad y el desconocimiento consolidan esa Pseudocultura colectiva. En consecuencia, en las sociedades actuales a la Pseudocultura, estudiada por Adorno, se une la Postmodernidad y la fusión se hará un proceso explosivo, ya que en los dos casos encontraremos en férreo ataque a todo lo que defienda la educación y el bien común.

El estudio de los procesos pseudoculturales conllevó una reflexión sobre cómo actúan los medios comunicativos y, especialmente, cuáles eran sus efectos fundamentales sobre la población. Entre estos efectos los teóricos del pensamiento críticos subrayaron: la selección tajante de mensajes y valores hasta el punto de desaparecer aquellos que ponían, incluso de forma mínima, en duda los contenidos difundidos comunicativamente. La homogeneización de los públicos rentabilizando lo más posible las inversiones realizadas por las cadenas mediáticas y televisivas. Esta homogeneización suponía a la par la uniformidad de los mensajes, creándose una interrelación entre homogeneización y uniformidad de los mensajes. Al mismo tiempo, la moral del éxito se convierte en una constante de la programación dirigida para una audiencia deseducada y con enormes carencias de formación intelectual y cultural. Todo lo anterior finaliza en unas psicologías colectivas dominadas por la irracionalidad y la incapacidad para comprender su entorno. En definitiva, años después en la etapa de la Globalización los planteamientos que sobre la Pseudocultura hicieron los analistas de la Escuela de Frankfurt se van a agravar cuando las ideas postmodernas sean el auténtico caldo ideológico de los Medios de Comunicación de Masas. Pero este «caldo ideológico» se divulgará con unas técnicas de persuasión y manipulación entre las que estarán las técnicas hipodérmicas basadas en la continúa repetición de los mismos valores, tópicos e incluso prejuicios; las técnicas de silenciamiento en las que desaparecen y se omiten todos aquellos valores que permitan un análisis crítico y objetivo de la realidad; y desde luego, la técnica de contraargumentación con la cual se socavan y ridiculizan a personajes, acontecimientos o creencias, utilizándose el humor cínico como mecanismo básico para socavar valores en los receptores-consumidores que de manera pasiva reciben una programación que suele ir contra ellos mismos y su dignidad ética, moral y social.

¿Son posibles algunas conclusiones?

Diferentes estudiosos de la Postmodernidad y de los Medios de Comunicación han formulado una serie de críticas a la situación que estamos viviendo en la que el triunfo de la razón cínica se ha apoderado de conciencias y psicologías. Para Friedrich Jameson la Postmodernidad se resume en la alteración de los mapas cognitivos de los ciudadanos y de la misma manera que se necesita un mapa al visitar una ciudad extranjera para orientarse, la difusión de las ideas postmodernas equivocan y desorientan a los individuos, dejándoles sumidos en la equivocación y el caos. Pero no únicamente se alteran los mapas cognitivos también se debilitan el concepto de historia e historicidad y se deconstruyen los lenguajes nacionales con la intención de vulnerar las tradiciones intelectuales de los países y de los grupos. A este análisis hay que unir el llevado a cabo por Gilles Lipovetsky para quien estamos ante la era del vacío y el imperio de lo efímero. El narcisismo se impone como la psicología dominante que sigue la moda como si su existencia dependiera de ella. En una época en la que la falta de empatía con los otros acaba generando «una ética indolora» en la que, para Lipovetsky, todo estará sometido a la banalización. Más centrado en el análisis político y sociológico Pierre Bourdieu considera que el pensamiento basura nos ha sumergido en una Geopolítica del Caos y de la desigualdad e injusticia internacional. Esta perspectiva coincide con la mantenida por Jürgen Habermas para quien estamos siendo sumergidos en un peligrosísimo ataque a los conceptos de universalidad de la razón y, sobre todo, una enorme confusión intercultural en la que se ha perdido la distinción entre cultura y civilización. Distinción esencial para entender el uso ideológico malsano que se está haciendo de un multiculturalismo folclórico en esta fase de la economía globalizadora.

En conclusión, la pregunta es, otra vez, qué hacer en esta fase de desconcierto postmoderno generalizado. Ante esta cuestión sólo es posible reflexionar sobre algunos aspectos que nos ayudan a defendernos de la confusión difundida cotidianamente por los mass-media y por la ideología dominante en la que estamos sumidos. La defensa y la necesidad de restaurar una educación ética que devuelva el valor de la herencia intelectual clásica y moral que nos va siendo arrebatada día a día y, asimismo, la obligación que ante las nuevas generaciones tenemos de enseñar a entender los mensajes y contenidos de los medios de comunicación para que sepan defenderse de las agresiones comunicativas en las que se les introduce malignamente de forma cotidiana, se hace cada vez más esencial en un tiempo en el que la Postmodernidad y su razón cínica no nos arrastre por el pantanoso e insalubre territorio de la Geopolítica del Caos contemporáneo.


* Blanca Muñoz es Doctora en Filosofía, Ciencias Políticas y Sociología; profesora titular de Teoría Sociológica Contemporánea, Sociología del Conocimiento, y Sociología de la Cultura de Masas en la Universidad «Carlos III» de Madrid.

 
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