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Altar Mayor Nº - 140 (05)
Thursday, 19 May a las 13:45:08

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 140  - marzo / abril de 2011

 

EL VALLE DE LOS CAIDOS Y SU LEYENDA NEGRA
César Alcalá
*



 
 
La Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos fue construida entre los años 1940 a 1958. Con respecto a la ley de la memoria histórica, todos los partidos de la cámara aprobaron, el 17 de octubre de 2007, despolitizar de forma absoluta el Valle de los Caídos. La fundación vinculada con la Abadía tendría, entre sus objetivos, honrar y rehabilitar la memoria de todas las personas fallecidas a consecuencia de la guerra civil y de la represión política que le siguió. El artículo 16 del informe de la ponencia de la ley en la Comisión Constitucional dice:

1. El Valle de los Caídos se regirá estrictamente por las normas aplicables con carácter general a los lugares de culto y a los cementerios públicos.
2. En ningún lugar del recinto podrán llevarse a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas, o del franquismo.
3. La Fundación gestora del Valle de los Caídos incluirá entre sus objetivos honrar la memoria de todas las personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil de 1936-1939 y de la represión política que la siguió con objeto de profundizar el conocimiento de ese período histórico y en la exaltación de la paz y de los valores democráticos.

Tenemos que diferenciar varios conceptos. Según la ley esta Abadía ensalza la figura de Franco. Esto simplifica un poco lo que significa esta construcción. Es plausible y acertado rehabilitar la memoria de la guerra civil y la posterior represión. Más que nada porque ha quedado sesgada en muchas ocasiones. Ahora bien, ese no es el espíritu con el cual se construyó la Abadía. A todas luces es un tema polémico. Ahora bien, si se conoce la verdad histórica de la Abadía, tal vez se suavice esta polémica que, para algunos, puede resultar baldía. Es cierto que en él se ha hecho apología del antiguo régimen. Ahora bien, la actuación de unos pocos no nos debe hacer olvidar el porqué de su construcción. Hay una cifra que no debemos obviar. Si bien es cierto que en él están enterrados José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco, hemos de recordar que la Abadía también es un cementerio. No sólo por los dos personajes citados antes, sino porque en él reposan los restos mortales de 33.847 combatientes de ambos bandos en la guerra civil.

Ahí está la verdad de la Abadía. El entierro de José Antonio fue testimonial. Recordemos que, al finalizar la guerra civil, muchas iglesias de España colgaron de sus paredes los nombres de las personas, de esas ciudades o pueblos, muertas durante la contienda. Un decreto de Franco obligaba que, el primero de la lista, fuera José Antonio. Él era, a todas luces para la dictadura, el muerto más importante, luego venían todos los demás. Por eso se le enterró delante del altar mayor y de ahí que fuera la primera víctima enterrada. De El Escorial pasó al Valle de los Caídos.

La Abadía se encuentra en el municipio de San Lorenzo de El Escorial, en la sierra de Guadarrama. La Abadía empezó a construirse en 1940. En el decreto fundacional, 1 de abril de 1940, podemos leer:

La dimensión de nuestra Cruzada, los heroicos sacrificios que la Victoria encierra y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya, no pueden quedar perpetuados por los sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades los hechos salientes de nuestra historia y los episodios gloriosos de sus hijos.

Es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos que desafíen al tiempo y al olvido y constituyan lugar de meditación y de reposo en que las generaciones futuras rindan tributo de admiración a los que les legaron una España mejor.

A estos fines responde la elección de un lugar retirado donde se levante el templo grandioso de nuestros muertos que, por los siglos, se ruegue por los que cayeron en el camino de Dios y de la Patria. Lugar perenne de peregrinación, en que lo grandioso de la naturaleza ponga un digno marco al campo en que reposan los héroes y mártires del Cruzada. Por ello previa deliberación del Consejo de Ministros;

DISPONGO

Articulo 1º - Con objeto de perpetuar la memoria de los que cayeron en nuestra gloriosa Cruzada se elige como lugar de reposo, donde se alcen la Basílica, Monasterio y Cuartel de Juventudes, la finca situada en la vertiente de la Sierra del Guadarrama con el nombre de Cuelgamuros, declarándose de urgente ejecución las obras necesarias al efecto y siéndoles de aplicación lo dispuesto en la Ley de 7 de Octubre de 1939.
Artículo 2º - Los gastos que origine la compra del lugar y la realización de los proyectos serán con cargo a la suscripción nacional, que quedará, en la parte que le corresponda, sujeta a este fin.
Articulo 3º - Por la Presidencia del Gobierno, se nombrará la Comisión o Comisiones necesarias a fin de dar en el menor plazo, cima a esta obra.

Así lo dispongo por el presente Decreto, dado en el Pardo, a primero de abril de mil novecientos cuarenta.

Los arquitectos responsables fueron Pedro Muguruza y Diego Méndez. En la parte artística fueron escogidos Juan de Ávalos y Santiago Padrós.

Diego Méndez, que se encargó de la continuación de las obras y del proyecto y construcción de la Cruz, tras la renuncia, por enfermedad, de Pedro Muguruza, afirma en su obra El Valle de los Caídos. Idea. Proyecto. Construcción, lo siguiente:

Para las generaciones venideras debería ser además recuerdo tangible de una tragedia. Lección perenne de nuestra historia. Y al Soldado Desconocido se levantaron monumentos en todas las ciudades, emocionado homenaje, sí, pero estéril y triste, porque el Soldado Desconocido no reposa bajo la sombra de una Cruz. El Monumento que España levantaba a sus Caídos debería tener un acento cristiano. Nuestros soldados tenían que reposar en tierra sagrada, en un templo santo. Cuando el tiempo pase y las generaciones futuras digan, aquí están enterrados unos héroes que lucharon y murieron cuando fue preciso luchar y morir, pero de los que nada sabemos, el Monumento habría pasado a ser una tumba gloriosa. Tumba, osario, panteón que sólo se visitase por curiosidad o con frío espíritu arqueológico, cuando no con una frívola inconsciencia del turista. Por eso la mente del Fundador lo concebía, no como uno más de los que a lo largo y ancho de España inmortalizan una acción guerrera, sino que en él debía de latir el pulso de la Patria con una profundidad y con un símbolo espiritual superior de un episodio, por muy alta que fuera su grandeza.

Con respecto a su construcción existe una leyenda negra, que incluso avala el historiador Paul Preston en Franco, caudillo de España (RBA, 2005). Según esto, se afirma que se empleó en su construcción a miles de presos republicanos que, de esta manera, redimían parte de su condena. También afirman que muchos de estos presos no llegaron nunca a gozar de la libertad, pues los accidentes eran diarios y en muchos casos mortales. La segunda leyenda negra es que el Valle de los Caídos se erigió como faraónica tumba de Francisco Franco. Ambas afirmaciones carece de fundamento.

No podemos negar que durante su construcción trabajaron presos políticos. Negarlo sería falsear la verdad. Ahora bien, también hubo presos comunes. Ambos fueron al Valle de los Caídos de forma voluntaria. Esto ha quedado enmascarado y se ha preferido explicar todo lo contrario. El Gobierno de Franco dio la opción que un preso, fuera el carácter que fuera, esto es, común o político, pudiera acogerse a redimir pena por el trabajo. Quienes se acogieron a esta opción contaron 6 días menos de condena por día trabajado. De esta manera todos pudieron reducir su condena a un tercio. Además recibieron un sueldo por el trabajo allí realizado. Llegaron a percibir 7 pesetas diarias más la comida. Esto suponía que ninguno permaneció como preso más de cinco años, siguiendo después la mayoría como trabajadores libres. En 1950 ya no quedaban penados en la construcción del Valle de los Caídos. También los trabajadores podían llevar a residir a sus familiares junto a ellos en las viviendas rústicas del poblado.

Se han dado muchas cifras con respecto a las personas que allí trabajaron. Algunos historiadores han afirmado que 200.000 presos políticos habían sido obligados a trabajar forzosamente en la obra. La realidad es otra. A lo largo de los 17 años que duró la construcción trabajaron un total de 2.643 personas, y no todos al mismo tiempo. De todos estos sólo 243 eran presos.

Uno de los presos que estuvo trabajando en el Valle de los Caídos, para redimir su pena fue el doctor Ángel Lausín. Fue destinado al dispensario. Llegó en 1940 y se marchó al finalizar las obras. Según su propio testimonio:

Como médico del Consejo de Obras del Monumento me ocupé de todos los obreros de las diversas empresas que trabajaban allí. Allí hubo accidentes, enfermos, partos, en fin, de todo. Pero para los heridos graves se organizaba el traslado en ambulancias [...] Los traían a la Clínica del Trabajo, que está en la calle de Reina Victoria [...] Hubo catorce muertos en todo el tiempo de la obra, porque yo he estado allí prácticamente todo el tiempo.

Esto desmiente la afirmación que la construcción del Valle de los Caídos causó miles de muertos. El escultor Juan de Ávalos, republicano y afiliado al PSOE, con el carnet número 7, aseguraba que
gané un concurso para hacer unas estatuas con un equipo donde no había esclavos y que fue una obra hecha con la vergüenza de haber sufrido una guerra increíble entre hermanos y para enterrar a nuestros muertos juntos.

Damián Rabal, cuyo padre y él mismo trabajaron como obreros libres, contratados por la empresa San Román, a Daniel Sueiro, autor de El Valle de los Caídos. Los secretos de la cripta franquista, explica que la cripta se comenzó a perforar a finales de 1941 con diez o doce obreros a los que pronto se sumaron trabajadores procedentes de Peguerinos, El Escorial y Guadarrama, y que los presos llegaron a finales de 1942. Además afirma:

Allí mucho más suave que en las prisiones. Todos (los obreros profesionales) procurábamos echar una mano [...] porque los presos no eran útiles para aquella clase de trabajo; se lesionaban, no sabían ni podían. Muchos iban solos a El Escorial o a Guadarrama, y no se fugaban, sino que volvían. Además podían tener allí a sus mujeres. Ellas iban allí y ya se quedaban.

El practicante, Luis Orejas, condenado a nueve años, quedó en libertad poco después de su llegada al Valle de los Caídos, pero prefirió quedarse allí donde empezó ganando quinientas pesetas mensuales. Llevó a su mujer y allí nacieron sus cuatro hijos. Tras la inauguración del Valle de los Caídos logró una plaza de practicante en el servicio de urgencias de La Paz. Gonzalo de Córdoba, el maestro, había sido condenado a la última pena, conmutada por treinta años. Cobraba, al llegar al Valle de los Caídos, en mayo de 1944, mil cien pesetas mensuales. Gregorio Peces-Barba del Brío, padre de Gregorio Peces-Barba, condenado a muerte, también le fue conmutada la pena de muerte en 1942, llega al Valle de los Caídos a comienzos de 1944 y en abril recibió la libertad condicional, con lo que pudo abandonarlo. Durante esos meses le acompañaron su mujer y su hijo. Gregorio Peces-Barba declaró sobre el Valle de los Caídos:

El ahondar entre las dos Españas no ha sido fruto de los vencidos. Yo quiero resaltar eso, que a los vencidos, que hemos hecho la Guerra Civil y somos supervivientes de la Guerra Civil, no se nos puede ni se nos debe tachar de revanchistas ni de marcados. Los que hemos hecho la Guerra Civil hemos sido desde el primer momento los más interesados en educar a nuestros hijos en el respeto y en el amor al prójimo; en educarles en el sentido de que su vida y su actividad y sus vivencias políticas vayan encaminadas a que de una vez para siempre vuelva a haber paz entre los españoles y aquello no vuelva a producirse.

La segunda afirmación es que Franco se hizo construir esta obra faraónica para ser enterrado en él. También es falso. El sitio de honor de la Basílica, para proceder a un enterramiento, es delante del alta mayor. De haber querido Franco ser enterrado allí se lo hubiera reservado. Sin embargo, allí descansan los restos mortales de José Antonio Primo de Rivera. Franco está enterrado detrás, en un sitio poco preferente.

¿Quién decidió enterrarlo allí? La familia de Franco deseaba enterrarlo en el cementerio de El Pardo, en el panteón familiar. Fue el nuevo jefe del estado, esto es, el rey Juan Carlos de Borbón quien decidió enterrarlo allí. El siguiente documento, publicado por el periódico Minuto Digital, el 13 de diciembre de 2006, atestigua lo que acabamos de afirmar:

Y así os encarezco los recibáis y lo coloquéis en el Sepulcro destinado al efecto, sito en el Presbiterio entre el Altar Mayor y el Coro de la Basílica, encomendando al Excmo. Señor Ministro de Justicia, Notario Mayor del Reino, Don José María Sánchez-Ventura y Pascual, que levante el Acta correspondiente a tan Solemne Ceremonia. Palacio de la Zarzuela, a las dieciséis horas del día 22 de noviembre de mil novecientos setenta y cinco. Yo el Rey.

Las 33.847 personas enterradas allí lo fueron por decisión voluntaria de sus familiares. El gobierno dio facilidades para ello. Se les pagaba el viaje y el traslado de los restos mortales. Los que quisieron así lo hicieron. Los que no, fueron libres para no hacerlo. En el monasterio se encuentran en 19 archivos las fichas con los datos de aproximadamente la mitad de los allí enterrados. De la otra mitad se desconoce la identidad, existiendo varias hipótesis, y siendo casi seguro que fueron recogidos de fosas comunes de Brunete, Grado, Gandesa, Tarragona, Badajoz y Teruel. El periplo de los restos mortales enterrados en el Valle de los Caídos fue lento. Pocos saben que el último entierro se realizó el 3 de junio de 1983. Era un ataúd procedente de Villafranca del Penedes (Barcelona). Esto pasaba durante el primer gobierno de Felipe González.

Así pues, el Valle de los Caídos fue construido como simbólico enterramiento indistinto de víctimas de una guerra de ambos bandos. Los dos combatieron para defender unos ideales que consideraban justos. La Abadía es un lugar de reconciliación y no de luchas políticas. Como dijo el Papa Juan XXIII, después de visitarlo, convino que España era la única nación que erige un monumento a los caídos de ambos bandos, vencedores y vencidos. Exclamando: «¡En Francia sólo se hacen en honor de los vencedores!».

La obra costó 1.086.460.331,89 pesetas. Tuvo un coste humano de 14 personas y la muerte lenta de otra cincuentena al contraer, durante los años que trabajaron en el Valle, la silicosis. Desde su inauguración, en 1958, hasta la muerte de Franco, en 1975, el Valle de los Caídos fue visitado por 70.000.000 personas.


* César Alcalá es Historiador y escritor.

 
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