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Altar Mayor Nº - 141 (16)
Thursday, 19 May a las 15:01:06

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 141 -  mayo / junio de 2011

 

LIBROS



 
Adolfo Suárez. Biografía política
Planeta. Barcelona 2011. 621 páginas.
Juan Francisco Fuentes
 
El año 2005, un hombre de larga, más bien larguísima trayectoria literaria, el editor y autor Rafael Borrás Betriu, iniciaba dentro de Editorial Planeta la colección «España Escrita», ofreciendo una serie de biografías, memorias, estudios, con el fin de contribuir al mejor y más amplio conocimiento de nuestra historia más reciente. Anteriormente dirigió durante años, 1933 a 1995, la muy famosa colección «Espejo de España».

Ahora, primavera de 2011, aparece esta biografía política de Adolfo Suárez, extenso trabajo del profesor Juan Francisco Fuentes, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid. Este libro abarca la totalidad de la vida de Adolfo Suárez González, desde su faceta más íntima y personal hasta la dimensión pública de su figura, aunque con incidencia especial en su etapa como presidente del Gobierno (1976-1981).

Se inicia la obra con la descripción vivida y primera impresión muy bien descrita de Adolfo Suárez, por otro protagonista de la colección «España Escrita», José Miguel Ortí Bordás, y desde esa primera impresión, el autor realiza una larga, detallada y pormenorizada visión de los múltiples avatares de la vida política y de la incidencia sobre la misma en los aspectos familiares de la trayectoria de Suárez.

El autor procede con meticulosidad, que denota un considerable esfuerzo documental muy completo, a la descripción de la misma, sus modestos inicios políticos, sus ascensos y retrocesos en una época a la que se ha dado en llamar el tardofranquismo, apareciendo personajes de primera magnitud en la historia contemporánea de España, como el almirante Carrero hasta su asesinato o Fernández Miranda en el postfranquismo con la demolición institucional decidida por el monarca e instrumentada por Torcuato, a quien tan mal se lo pagaría el protagonista del libro.

El profesor Fuentes que en efecto ha realizado un arduo trabajo de investigación y análisis, valora con magnanimidad a lo largo de la obra, especialmente en las consideraciones la trayectoria y los efectos de la política del protagonista, presentando una gestión que de forma sumamente benévola podría calificarse como muy mediocre, presentándole como el gran estadista artífice de la democracia, lo que exige unas enormes tragaderas y una disposición a la comprensión desde el inicio no ya humana sino beatífica.

A pesar de la descripción que quiere ser aséptica del profesor Fuentes respecto al personaje resalta inevitablemente y de forma prístina una característica básica de Suárez a todo lo largo de la obra: la mediocridad, la inmensa mediocridad aunada a la desmesurada ambición del personaje.

Desprendiéndonos de todo prejuicio y haciendo un ejercicio, costoso eso sí, de objetividad, esas dos peculiaridades de ambición y mediocridad aparecen con tal fuerza que resulta imposible sustraerse a ellas, por mucha simpatía y benevolencia que mereciese el personaje.

A lo largo de muy variadas intervenciones de Suárez recogidas en el libro, bien como gobernador civil, director general de Televisión Española, vicesecretario, ministro y por fin presidente del Gobierno, resaltan esas dos características señaladas. Una incultura manifiesta, no es que tuviese que ser un intelectual ni mucho menos para ser un político, pero que unida a la ambición, y por esa conjunción hacen de él un personaje sumamente parecido por las consecuencias a José Luis Rodríguez Zapatero. Y cuyas consecuencias como la del Estado de las Autonomías, acertadamente calificado de cáncer para España, se están sintiendo de modo inequívoco, como las de Zapatero están arrojando tan nefasto saldo.

Aparecen en el libro, entre otros sucesos menores pero importantes como la trapacería de Suárez en su engaño a los oficiales generales en la legalización del partido comunista, la relación entre el monarca y Suárez en la acometida no de reforma sino de voladura controlada del Estado de las Leyes Fundamentales. Como es habitual en la tradición borbónica, paradigmática en grado supremo en el actual ocupante de la Jefatura del Estado, Suárez una vez ya desgastado, dejó de ser útil al monarca que apremiaba a quien quisiera oír, fuera el que fuese, de la urgencia en sustituirle.

Suárez destapó la caja de Pandora que debería haber quedado precintada y bajo esas siete llaves que Costa quería aplicar al sepulcro del Cid.

En el extenso libro aparecen de forma transparente personajes de nefasta herencia, pero que en la neolengua actual «crean imagen», cual Gutiérrez Mellado, elevado a capitán general y otorgado un marquesado, u otro ejemplo arquetípico de las deficiencias de Suárez, tal Abril Martorell.

El retrato de Adolfo Suárez González, con sus limitaciones intelectuales y políticas, el ex falangista convertido a centrista con veleidades crecientes izquierdistas, protagonista de un periodo crucial en la Historia Contemporánea de España que realiza el profesor Fuentes es benevolente y de simpatía hacia el biografiado y su obra, pero escrita en un estilo ágil y ritmo acelerado.

Si en general la historia de la Transición es una historia mediocre tanto por sus consecuencias como por sus hombres, Suárez lo es por antonomasia.

Ángel Maestro


 
 
Discurso sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria
Editorial: EUNSA
John H. Newman
 
La reedición del libro Discurso sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria, de John H. Newman, con un magnífico estudio previo de José Morales, nos permite introducir una cuña en el acontecer de la historia universitaria. Algo así como reseñar un libro a partir de sus ideas principales, convertidas en imágenes de la historia presente. Un libro que nos permite hablar del primer indicador de calidad, ahora que, en el sistema universitario de la tecnoestructura, todo baila al ritmo de una calidad sin definir, y de las agencias de calidad. Los nueve discursos del texto, que abarcan desde el inicial sobre la teología como rama del saber; la influencia de la teología en las demás ramas y de las otras ramas del saber en la teología, hasta el dedicado al saber como fin en sí mismo, o las relaciones entre saber, cultura y preparación técnica, nos permiten la relación entre pensamiento y acción. Primero, la idea de la universidad. Frente al utilitarismo de la universidad como institución destinada a fabricar profesionales que se sometan al compás de los intereses y de los poderes que sostienen el sistema, la universidad que propone Newman es el lugar de la fecundidad de la verdad. La universidad del saber, no sólo de la ciencia; universidad del conocimiento, no sólo de la información; universidad de la fe y de la razón, no sólo de la práctica instrumental. Escribió Newman que la meta de la universidad, como lugar de la unidad del saber, estaba íntimamente relacionada con la propuesta cristiana, en la medida en que se produce la unidad y la integración de lo humanamente disperso. Así se ha entendido la universidad en el excelente encuentro «La idea de la universidad», organizado por la Universidad Francisco de Vitoria, de Madrid. Segundo, la cuestión antropológica. La formulación, de Alasdair MacIntyre, de que tenemos una deuda masiva con Newman, también lo es sobre la preocupación por la unidad espiritual a partir de una reflexión sobre la concepción de persona. La neutralidad antropológica no existe, por más que nos quieran hacer entender lo contrario. Por tanto, una educación universitaria que parta de una adecuada comprensión de la naturaleza de la persona y de su vocación a la trascendencia tiene una ventaja competitiva. En este sentido, el anunciado Congreso de la Universidad Católica de Ávila sobre la «Identidad y misión de las universidades católicas» se configura como el foro privilegiado para esa reflexión antropológica previa a la acción universitaria. Tercero, el papel de la Teología. Si por algo se caracteriza la idea de la universidad de Newman, es por ofrecer una respuesta a la pregunta sobre si Jerusalén o si Atenas. «Es cierto –afirma Newman– que Jerusalén es más importante que Atenas, pero los cristianos contribuyen a perpetuar la fragmentación causada por el pecado, cuando sostienen a Jerusalén a costa de Atenas». En este sentido, el proyecto académico de los centros San Dámaso se está erigiendo en espacio privilegiado para el diálogo entre Jerusalén y Atenas, en la España contemporánea.

José Francisco Serrano Oceja (А y Ω)


 
 
La Historia sin complejos
Editorial Actas. San Sebastián de los Reyes, Madrid. 2010. 371 páginas.
David García Hernán
 
Publicado por Actas y bajo la coordinación de David García Hernán y dentro de la colección Razón de Historia, dirigida por Jaime Alvar Ezquerra, aparece esta nueva obra, La Historia sin complejos. La nueva visión del Imperio Español, conjunto de documentados estudios en honor de la gran figura contemporánea de la historiografía y humanista, Sir John H. Elliot.

En la introducción el coordinador expone un aserto esencial en la figura y obra de Elliot, el de quitar histeria a la historia, siendo una característica básica de su obra, la ausencia de tintes apasionados o tendenciosos bajo partidismos o intereses.

Elliot, aún reconociendo algunos errores, señala el extraordinario y singularísimo mérito español de la creación de un estado de las Indias, logro extraordinario con consecuciones como la educación de los indígenas y su integración en el sistema español, y no su eliminación o apartamiento, cual la cruda realidad en los EE.UU. donde el mejor indio era el indio muerto, y como ruin alternativa su confinamiento en condiciones horrísonas en míseras reservas.

Elliot ha desarrollado en su extensa obra un aspecto que para nuestra opinión resulta fundamental, un hito decisivo al repudiar la acusación indiscriminada de muchos sectores de los países hispanoamericanos de los que dice que también tienen un gran problema con la falta de asunción de su propia historia contra la herencia española como principal causa de sus problemas y fracasos, no siendo esto nada más que la perpetuación del gran mito de la Leyenda Negra.

Un apretado plantel de especialistas en distintas ramas de la historiografía desarrolla temas de evidente interés para el conocimiento de la nueva visión del Imperio Español, analizada con arreglo a la solidez de la verdad puesta de manifiesto con la firmeza de los hechos, del estudio de la historia sin complejos.

La obra examina detenidamente y con concreción por medio de notables historiadores de nuestro tiempo aspectos tan diversos e importantes cual la demografía y sociedad del Imperio, el poder militar y diplomático, la economía, la cultura, la leyenda negra, la visión de sí mismo del imperio, etc. Y un interesante estudio: «Elliot ¿el último hispanista, finalizando con unas conclusiones razonadas del propio Elliot en las que resalta algo que confiere indudable valor, valor peculiar a su extensa obra, las grandes diferencias en el tipo de colonización de los Imperios español y británico.

Maximiliano de Lera
 


 
Caza Mayor
Editorial Renacimiento. Sevilla 2011. 248 páginas.
Aquilino Duque
 
Recientemente leía una novela convertida en popularísima obra de una autora últimamente elevada al estrellato por dicha obra, en la que a pesar de la formación universitaria de la escritora, aparecen errores históricos al describir situaciones, alguno de tal tamaño que denota un desconocimiento alarmante de tales hechos, no de conocimiento de eruditos, sino de magnitud y resonancia mundial. Los errores de menor tamaño no bajan de una docena, por lo que al recrear personajes y situaciones aparece de forma nítida la debilidad en que se apoya parte de la descripción argumental.

Vienen a colación estos comentarios al encontrarnos frente a una nueva novela de Aquilino Duque en la que se revelan las características inherentes al autor en tal género literario: rapidez en las descripciones, agilidad, retratos certeros de los personajes y de las situaciones, todas ellas envueltas en la calidad literaria propia del autor.

En su extensa producción literaria resalta la diferencia abismal frente a la mediocridad imperante en gran parte del panorama literario actual, y concretamente, el novelístico, donde obras mediocres de autores mediocres promocionados, eso sí, mediante activísimo apoyo se convierten en auténticos «best Sellers», sin cuyo apuntalamiento pasarían al anonimato.

Esta nueva novela de Aquilino Duque reviste características argumentales diferentes a anteriores del autor. Se trata de una verdadera novela de espionaje y de servicios de información, que se abre en Jerez de la Frontera y se cierra en Doñana, y entre la apertura y el cierre se sigue con fruición y verdadero deleite la apasionante trama en la que se mezclan hechos y celebridades reales con personajes de la obra, inmersos ambos en situaciones auténticas.

Así ocurre primero con la guerra civil española y posteriormente en la contienda mundial, desde el duque de Alba como representante oficioso y posteriormente oficial de Franco en Gran Bretaña, hasta miembros destacadísimos de los servicios de inteligencia británicos a las órdenes de Moscú (de la NKVD, NKGB, MGB, pues el KGB no se fundaría hasta 1954), como Philby, Burgess, Hollis, Liddell Anthony Blunt, penetrando profundamente en los personajes, especialmente Blunt, conservador de las colecciones reales de pintura. La Europa de preguerra y de la contienda, personajes de la trascendencia de Willy Múnzenberg, u otros cual Walter Benjamín y Simone Weil, aparecen en mezcla sutil e ingeniosa con personajes ficticios fruto de la imaginación del autor.

Y también en figuras especiales de los servicios secretos alemanes, cual el almirante Canaris por la Abwher, o Walter Schellenberg por el partido nacional socialista, con especial énfasis en una figura que de haber vivido pudo ser decisivo en las interioridades del final del III Reich, Heydrich, cuyo asesinato aún sigue ofreciendo interrogantes.

La descripción de la Inglaterra prebélica y la de la contienda es acertada en colores y personajes, la personalidad de Eduardo VIII y su renuncia, la del duque de Kent y posterior Jorge VI, los intelectuales rojos de Cambridge, etc. ponen de relieve la preparación de Aquilino Duque en el estudio y conocimiento de los mismos y las situaciones donde se desenvuelven. Así como los retratos de William Donovan, director de la OSS norteamericana y de Allen Dulles, futuro director de la CIA, en su labor en la Suiza neutral. Llegando incluso Duque a tiempos mucho más modernos con personajes como Ames, directivo de la CIA, primero al servicio del KGB, y en la Rusia ya postsoviértica del eficaz SVR ruso actual.

Todo inmerso en la ironía propia del autor, cuando describe el espaldarazo de Eisenhower a la puesta en duda sobre la labor de la «Resístanse», al decir que su actuación había equivalido a la de cuatro divisiones, frase que le gustaba prodigar a Eisenhower, pues también afirmaba que la labor de Harris y del agente español «Garbo» equivalía a una división.

La novela constituye un paradigma de un estupendo relato, muy bien informado, del apasionante mundo de los servicios secretos, combinado con el ingenio y la ironía características de este gran documental del siglo XX que es Caza Mayor.

Ángel Maestro

 
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