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Altar Mayor Nº - 142 (20)
Friday, 29 July a las 13:14:28

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº  142  -   julio / agosto de 2011

 

LIBROS



LIBROS DE ANTIGÜEDADES DE ANDALUCÍA
Fundación José Manuel Lara, 672 páginas. 
Asunción Rallo Gruss
 
Anticuario no es sólo el marchante de bargueños. De acuerdo con otro sentido de la palabra, anticuario es también el cultor de un determinado género histórico-literario «hasta ahora muy poco conocido, hasta el extremo de que todavía no tiene un corpus establecido»: el de los Libros de Antigüedades, variedad de ensayo muy cultivada en los siglos XVI y XVII y del que esta miscelánea, precedida por un excelente estudio de Asunción Rallo Gruss, constituye quizá «la primera aportación global y sistemática para el establecimiento del género», un conjunto de obras que invocan como autoridades la Historia General de España del Padre Mariana, a San Isidoro, la General Estoria de Alfonso X… pero también a Homero, los libros de viajes de los clásicos (Filóstrato, Estrabón) y las hagiografías, además de los milagros de la Virgen.

El perfil de los autores parece haberse ajustado al de un hombre con bagaje de estudios humanísticos o en teología, por lo general con un cargo eclesiástico o municipal y, a veces, dramaturgo o poeta. Patrocinado por un mecenas y llevado del propósito de enaltecer la propia ciudad, el anticuario perseguía, a partir de la observación directa del terreno y del descubrimiento de monedas, lápidas, frisos, columnas, estatuas, ruinas y otras «antiguallas», la reconstrucción del escenario de las «antigüedades» (entendidas éstas como las hazañas, gestos y hechos gloriosos de los hombres del pasado) y su vinculación espiritual e íntima a la historia y el destino de la actual urbe. Se trataba, pues, de «dignificarla desde sus orígenes y contemplarla en sus grandezas presentes».

Así, en virtud de escritos como los de Francisco Bermúdez de Pedraza, Pedro de Medina, Pablo Espinosa de los Monteros, Agustín de Horozco y otros, Córdoba, Cádiz, Sevilla, Barbate, Utrera… eran reivindicadas como fundadas por Hércules, o como patria de los Reyes Magos, o como guardianas de la tumba de Gerión. El famoso templo y la contigua tumba de Hércules estuvieron, dependiendo de qué anticuario, en Tarifa, Cádiz, Algeciras, Almuñécar –donde se descubrió la tumba de un gigante egipcio– o Sancti Petri. La antigua Betis alzóse en el solar de la actual Baeza. Jerusalén, en Antequera o Granada. Y los Campos Elíseos, en Ronda.

En la década de 1970, los temarios de historia de España ya no incluían, que yo recuerde, ninguna referencia a Hércules, Osiris, Gerión, Hispán o Túbal… pese a ser Hércules el fundador mítico de España y guardar los otros personajes citados una estrecha relación con él (Hispán fue nieto de Hércules, y Osiris y Gerión protagonizaron la primera batalla conocida en la Península Ibérica). Los manuales se detenían algo –poco– en Viriato y Numancia antes de saltar bruscamente a Don Pelayo y el inicio de la Reconquista. Quizá porque la escritura ibera nunca ha sido descifrada, todo lo anterior a la llegada de los romanos se sobreentendía como un batiburrillo de hechos fabulosos sin importancia histórica alguna. En rigor, la primera noticia referente a ese papel de Hércules en la historia de España me la brindó la lectura, ya en la adolescencia, de Los Toros, la clásica y monumental enciclopedia de José María de Cossío, donde se recoge cómo en el inconsciente colectivo, en la memoria popular, el primer manipulador de toros bravos en España fue Hércules, un «egipciano». Mi memoria, en fin, no guarda ninguna alusión por mis profesores a la pavorosa sequía que –en tiempos de Tarquino El Soberbio, último rey de Roma– asoló la Península durante veintiséis años, obligando a todos sus habitantes a dejarla despoblada, ni a cómo Noé vino a España a visitar a su nieto Túbal, ni a la invasión de la Península por los babilonios. Tampoco, a cómo el romancero atribuyó la caída de España en manos del Islam a la desobediencia a la voluntad de Hércules por Don Rodrigo.

Quizá, como señala Rallo Gruss, exista un fuerte componente de fantasía en muchas de estas afirmaciones. No obstante, y sin arrogarnos una cualificación académica de la que carecemos, no creemos defendible de oficio la atribución de nulo valor histórico a esta clase de obras, que, por cierto, recientemente han inspirado también, en cierta medida, un libro de tan notable poder evocatorio como El Reino del Ocaso, de Jon Juaristi, y, en muchos respectos, son las únicas que pueden rellenar en parte los vacíos señalados. No se entiende muy bien por qué, por ejemplo, San Isidoro de Sevilla, quien, con mayor o menor fidelidad, no dejaba –al fin y al cabo– de seguir una tradición viva, no podría ser considerado una autoridad en historia, cuando se concede sin pestañear tal rango a paleoantropólogos que, a partir de un fragmento de molar, supuestamente «reconstruyen» toda una era prehistórica en base a poquísimo más que delirantes especulaciones.

Estos libros hallaron aún un espléndido epígono en el último cuarto del siglo XIX, con los estudios histórico-mitológicos de Moreau de Jonnés. Los autores de los Libros de Antigüedades estudiados por Asunción Rallo Gruss se habrían quedado de piedra, sospecho, de haber podido leer que, según Moreau, Tartessos no estuvo ni en Sevilla, ni en Cádiz, sino… ¡en el mar de Azov!

Joaquín Albaicín
 


 
LOS ZAPADORES DE LA DIVISIÓN AZUL: Rusia 1941-1942
Editorial Actas 
Guillermo Díaz del Río
 
Los Zapadores de la División Azul, Rusia 1941-1942 fue escrito por el General de División Guillermo Díaz del Río Jáudenes en 1979 con carácter estrictamente familiar, si bien la proximidad del 70 aniversario de la entrada en combate de la División Azul, y la excepcionalidad de los hechos que en el se relatan, aconsejan una difusión más amplia con el fin de que no caigan en el olvido.

Los hechos narrados, a la vez que describen con minuciosidad el día a día de la 3ª Compañía de Zapadores mandada por el entonces Capitán Guillermo Díaz del Río Jáudenes, enmarcan con referencias más globales el conjunto de la participación de la División Azul en el crudo invierno de 1941-1942, dentro del amplio despliegue que constituyó, el Grupo de Ejércitos del Norte en el Frente del Este.

Las fotografías que acompañan los textos proceden, en su mayoría, de las enviadas al autor por el Capitán Hüderche de Ejército alemán que actuó como enlace entre la 3ª Compañía de Zapadores y el Ejército Alemán. En el libro, el autor destaca el valor y entrega de una juventud que supo sacrificarse y dar lo mejor de sí misma por unos ideales y que en las más difíciles condiciones siempre supo responder con ilusión y entrega al esfuerzo que se le solicitaba.

R.
 


 
¿ES INCONCILIABLE LA IDENTIDAD LAICA DE LOS CIUDADANOS EUROPEOS CON EL MONISMO ISLÁMICO?
Editorial: EDICEP
 Libero Gerosa
 
La lección de Benedicto XVI en Ratisbona marcará, no sólo el diálogo interreligioso, sino el de la cultura laica occidental y la cultura política islámica.

Hay quienes sostienen que esos diálogos están abocados al conflicto, que sería inevitable y, por tanto, no hay más remedio que caminar hacia la confrontación entre el sistema jurídico monista islámico y el dualismo típico de la cultura laica de matriz cristiana. Las dificultades conceptuales e históricas de esos diálogos requieren, si cabe con mayor urgencia, unas líneas rectoras.

Como afirma nuestro autor, «una cosa es el diálogo interreligioso en el ámbito teológico, y otra el esfuerzo encaminado a determinar con rigor científico sus posibles implicaciones jurídico-institucionales, centradas en la tutela integral de los derechos humanos, a fin de promover de una manera eficaz el bien común de la sociedad civil y la paz entre los pueblos». No debemos olvidar que el problema más importante en relación con las implicaciones jurídico-institucionales de la pluralidad de religiones que tenemos en nuestros días es doble: la necesidad de «reaprender a conjugar una fe vigorosa con una razón también vigorosa, a fin de evitar que el relativismo y el nihilismo destruyan la experiencia democrática europea y, con ella, su insustituible aportación a la construcción de la paz; y, por otra parte, de redescubrir que, en el núcleo de toda religión, de toda sed de absoluto, está grabado el otro gran binomio relanzado por el Papa en Ratisbona, a saber: religión-amor».

El profesor Libero Gerosa, destacado canonista que, además de director del Instituto de Derecho Canónico y Derecho comparado de las religiones en Lugano, es uno de los intelectuales que mejor conocen el pensamiento de Joseph Ratzinger, y se nota en este libro, fruto de los tres Coloquios organizados, en Ceresio, por el citado Instituto. Estos textos buscan contribuir a que el gran público se forme una opinión fundada sobre los temas jurídico-institucionales que plantea el pluralismo religioso en los países europeos. Los títulos de los capítulos dan buena cuenta de ello: Religiones y orden público en la Europa de hoy; El papel de los binomios fe-razón y religión-amor en la construcción de la paz; Repercusiones jurídico-institucionales de la enseñanza del Concilio Vaticano II sobre las relaciones Iglesia-mundo; La identidad cívica múltiple en Europa; y Otros instrumentos jurídicos para la construcción del bien común y de la paz religiosa en Europa. Destaca en el libro su reflexión sobre el concepto de laicidad. Hace falta una concepción positiva de laicidad del Estado, elaborada desde la perspectiva canonística, según la cual, ésta «significa autonomía del orden temporal respecto al espiritual y viceversa y, por otra parte, implica la subsistencia en el ordenamiento estatal de un cierto favor a las religiones, no como privilegio de ellas y disfavor de los no creyentes, sino como una orientación del ordenamiento jurídico hacia la consideración de los valores religiosos como magnitudes de signo positivo, dignos de ser considerados en la protección jurídica del derecho a la libertad religiosa».

José Francisco Serrano Oceja (А y Ω)
 


 
FRANCO Y LA IGLESIA
Editorial Homolegens 
Luis Suárez
 
El profesor don Luis Suárez no necesita acreditarse como historiador del máximo prestigio. Como en todos sus libros anteriores, en éste, titulado Franco y la Iglesia, que acaba de editar Homolegens, ofrece un resumen de todo lo que se refiere a las relaciones entre Iglesia y Estado, con Franco en el poder. En estas casi mil páginas está prácticamente lo esencial de cuanto el profesor Suárez ha enseñado en numerosos volúmenes. Ante las divergencias programadas que diversos autores suscitan en sus libros sobre ese período de nuestra historia, en detrimento de la objetividad de los hechos reales, el autor ofrece los imprescindibles documentos que un historiador debe proporcionar; sin juicio de valor alguno, dejando al lector la tarea de extraer las consecuencias correctamente.

Conocer las relaciones entre la Iglesia y el Estado durante los cuarenta años del franquismo es, sin duda, importante para cualquier intelectual que se precie de serlo dignamente, para cualquier ciudadano que desee estar bien informado y, como escribe en la introducción el autor, «de modo especial para la Iglesia, que está muy necesitada en nuestros días de que se diga y se enseñe la verdad». El lector atento se encontrará con más de una significativa sorpresa, especialmente en los años correspondientes al pontificado de Pablo VI y al Concordato. En la primera parte analiza el trazado de unas relaciones completas, y en la segunda estudia los caminos hacia la separación.

M.A.V.
 


 
HIJOS DE MATRIX
Obelisco, 2011 
David Icke
 
Uno de los recurrentes mediáticos que más poderosamente han llamado siempre mi atención son esas acusaciones de «satanista» regular y sañudamente vertidas por cierta prensa contra el Príncipe Carlos de Windsor. Teniendo en cuenta que el así vilipendiado quizá sea el único heredero de una Corona europea que, frente a los desmanes de la industria y la usura del poder financiero, reivindica respeto para los valores tradicionales e impulsa proyectos en pro de la prevalencia de los mismos, uno diría que los «satanistas» serían, más bien, aquellos que le tildan de tal. De lo que, hasta no leer este libro de David Icke, jamás habíamos tenido noticia era de que Carlos de Windsor y, claro, toda su familia, pertenecen a un linaje extraterrestre e interdimensional de reptiles, dotados del don de mutar de forma física y gobernantes del mundo a través de la magia negra. Un supuesto testigo afirma, incluso, haber visto con sus propios ojos a la Reina Isabel mostrar su verdadero rostro –es decir, metamorfosearse en un gran lagarto– antes de asesinar ritualmente y devorar las entrañas a un niño en el castillo de Balmoral.

Esta clase de revelaciones son de las que verdaderamente escaman, dicho sea esto sin afán de sugerir que mi piel o la suya oculten una de lagarto…

¿Qué clase de reseña puede escribirse de un libro en el que se afirma que Diana de Gales, fallecida al colisionar su vehículo en carretera, fue asesinada en un «ritual satánico» por haberse rebelado contra los designios de los Grandes Lagartos?

La obra de Icke es, como el lector habrá supuesto, el previsible batiburrillo de leyendas urbanas y sal gorda cibernética, a tenor del cual los Illuminati, la masonería y la familia Rotschild encarnarían la cúpula de esa colonia de protervos lagartos extraterrestres y serían, pues, los culpables de cuantos desmanes suceden en el mundo. No vamos a detenernos en las tonterías que suelta Icke a chorros a propósito de las religiones como tapaderas de ese culto satánico-reptiliano. Sí, para apuntar que, si bien sobrevuela cuestiones importantes y muy reales, como las abducciones y las redes de pederastia, lo hace echando mano de argumentaciones… diría uno que deliberadamente escogidas para mover a risa. El tono delirante sitúa al autor, claro, más allá de la indignación de los aludidos y, por tanto, de la ley. Esta es la razón de que nadie haya denunciado aún por difamación a Icke y de que, tras sus pretendidas revelaciones, ningún padre de un niño violado haya descerrajado dos tiros a cualquiera de las personalidades por él señaladas como corruptores de bebés. Desde el punto de vista literario, no nos encontramos más que con un excelente ejemplo de megarrefrito de internet cuyas (escasas) fuentes son casi siempre artículos colgados en su web por el propio autor. En cuanto a los «testigos», todos echan invariablemente mano de esa jerga mediática característica de las publicaciones de ufología, y transparece que conocen muy bien los tics del público al que quieren llegar. Muy poco, en fin, para justificar tan tajantes afirmaciones como que George Bush es un «reptiloide metamórfico» y «uno de los pedófilos y asesinos de menores más famosos del mundo». O que los reptiles llevarían milenios inseminando a centenares de miles de humanos y semi-humanos con semen de la familia Rotschild (incluso Hitler, leemos, habría nacido de tal semilla, pues su abuela, sirvienta en casa de un Rotschild, fue seducida por uno de los más temibles dragones de dicha saga).

Junto a esto, los apuntes sobre los orígenes del mormonismo o las llamadas de atención sobre Kindercare y otras instituciones de cuidado infantil sospechosas de servir como tapadera a redes satánicas y pederastas son muy pertinentes. Sin embargo, tanto los acentos como los contenidos recuerdan sospechosamente aquellos panfletos antimasónicos puestos en circulación, en el siglo XIX, por Leo Taxil. Contra lo que las apariencias invitaban a creer, el verdadero fin de esos escritos fraudulentos era dirigir la atención de la gente hacia ámbitos diferentes de aquellos en los que realmente tenían lugar aquellas aberraciones.

La misma foto de Icke que ilustra una de las solapas del libro –risueño, desenfadado, con gesto de buen rollo y aire de cachondo mental– no parece, la verdad, la más apropiada para tomar en serio a quien asegura estar advirtiéndonos del inminente adviento de una dictadura fascista mundial implantada por reptiles extraterrestres que llevarían milenios manipulando nuestro ADN.

Acerca del mundo de las abducciones, si se quiere leer una obra verdaderamente seria, yo recomendaría Las grietas en la Gran Muralla, de Charles Upton, que he tenido el placer de traducir al castellano y está, por cierto, disponible para cualquier editor interesado. Hijos de Matrix, es, no obstante, un libro de lectura imprescindible. La razón es que se trata de una monumental chorrada, una chorrada de seiscientas cincuenta y ocho páginas, nada menos. Pero es una chorrada nada inocente, no sé si me entienden. Una chorrada que sirve a unos fines que no son, precisamente, los que aparenta el texto y declara su autor. Es lo que René Guénon habría llamado una obra de trasfondos contrainiciáticos. Y es, indudablemente, lo que viene… por no decir que lo que ya hay. Eso sí: sospecho que con escasa colaboración del mundo de los reptiles.

Joaquín Albaicín
 
 
EL LIBRO NEGRO DE LA IZQUIERDA ESPAÑOLA
Criteria Club de Lectores, 512 pág.
José Javier Esparza   y Juan Carlos Girauta, Pío Moa, Isidre Cunill, José Carlos Rodríguez, Ricardo de las Heras, Juan Antonio Tirado, Gustavo Morales, Ángel Monzón, José Mª Zavala, Francisco Olaya Morales, Ángel David Martín Rubio, Fernando Paz
 
La izquierda española por su dogmatismo, por su escasa talla política, fue la responsable directa de que el sistema de la Restauración no cuajara en una democracia moderna. Fue la responsable de que se asentara la dictadura de Primo de Rivera –que contó con el PSOE entre sus apoyos– y a la vez de que ésta terminara fracasando. Fue la responsable del marasmo de la II República, dominada por las querellas del bloque republicano-socialista. Fue la responsable de que la vida republicana se convirtiera en un infierno político con golpes como la revolución del 34. Fue la responsable de que aquí hubiera una guerra civil después de episodios tan siniestros como el asesinato de Calvo Sotelo a manos de policías socialistas. Fue la responsable de que el bando republicano en la guerra civil terminara cayendo en manos de la Unión Soviética de Stalin. Fue la responsable de un terror ciego en la retaguardia. Fue la responsable de un robo a gran escala contra el patrimonio de los españoles. Fue la responsable de una inepta política de oposición a Franco, y después a punto estuvo de dar al traste con la transición, una vez más por su sectarismo, por su dogmatismo y por su escasa talla política. Contra lo que dice la propaganda, lo cierto es que la mayor parte de los logros colectivos de los españoles en materia de libertades no ha sido obra de la izquierda, sino más bien de la derecha. Y en la época más reciente, la izquierda española nos ha llevado a todos a las simas más siniestras de la peor política con episodios como el terrorismo de Estado, la negociación con ETA, la vinculación del PSOE en el golpe de Estado del 23-F o su papel en el atentado del 11-M, el laicismo llevado al extremo, la corrupción y la utilización del poder en beneficio propio. Esta es la realidad de la izquierda en España que varios historiadores, periodistas e investigadores de primera línea analizan en esta obra que desenmascara sin cortapisas de ningún tipo la verdad de los daños producidos por la izquierda en la historia de España desde el siglo pasado.

R.

 
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