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Altar Mayor Nº - 142 (17)
Friday, 29 July a las 13:37:37

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 142  - julio / agosto de 2011

 

GUARDIA CIVIL DE MONTAÑA
César Pérez de Tudela
*



 
«Allí dónde está el peligro»

Mi única identidad es la de buscador de quimeras.

Por ello he ido y seguiré yendo a todos aquellos sitios de belleza y de riesgo, buscando en ello la vivencia, la cima de la vida.

Vivir es algo más que estar viviendo. Vivimos en un mundo sin mucho sentido y hay que dedicar la vida a dar el mejor sentido al mundo.

Por ello acudí al homenaje de Bernabé Aguirre, en el Naranjo de Bulnes, un guardia civil de montaña, un extraordinario alpinista rescatador.

Los montañeros que alcanzaban el refugio de la Vega de Urriello quedaban sorprendidos al ver tantos uniformes montañeros de la Guardia Civil.

El motivo era escalar la famosa montaña para celebrar las 500 ascensiones del Naranjo de Bulnes del rescatador de la Guardia Civil, Bernabé Aguirre, instructor de guardias civiles en el difícil oficio de socorrer a escaladores y montañeros en peligro.

Cenamos todos juntos, general, coroneles y guardias, todos alpinistas, hablando sobre montañas y salvamentos en animada conversación, recordando a amigos de las cimas.

Salimos al día siguiente del refugio mirando como siempre la apabullante efigie del Naranjo de Bulnes, envuelta en una ligera neblina que lo hacía aún más irreal. Superamos a paso tranquilo la canal de la Celada hasta alcanzar la base de la montaña y ver el Jou Tras el Pico.

Allí comienza la ruta más rápida y normal del Picu. Unos metros a la derecha de la vía de Víctor, el de Camarmeña, el gran personaje del Naranjo después del marqués Pedro Pidal y del cainejo Gregorio Pérez.

Los hijos de Víctor, Alfonso y Juan Tomás, abrieron años después este itinerario directo, para poder asegurar con mayor seguridad –de arriba abajo– a los montañeros que escalaban la mítica montaña en su compañía, casi siempre guiados por Alfonso Martínez..

Naturalmente la vía normal de la vertiente sur comparada con otras rutas de la montaña es corta y sus pasajes son sencillos.

Esto es cierto, pero no lo es menos que para el que desconoce esta montaña el inicio de la escalada siempre requiere una pequeña dosis de valor y decisión. Hay que saber agarrarse a la roca y poner los pies adecuadamente. El extraordinario equipo de montañeros de la Guardia Civil muy por encima de sus dificultades escalaron junto a nosotros, en cordial compañerismo, saboreando la escalada aérea y elegante, hablándonos y realizando un completo reportaje de video y fotográfico sobre tan singular ascensión. Como invitados civiles estábamos Pedro A. Ortega, el famoso Ardilla, el guarda del albergue de la Real Compañía Asturiana de Minas de Aliva y el que escribe esta crónica, junto al reportero de la Torre.

Cuando nos reunimos todos en la cumbre, el helicóptero de la Guardia Civil realizó un preciso vuelo estacionario en sobre la ante-cima, apoyando uno de sus patines sobre la roca. Abrazos y plácemes. Fotos y emoción montañera. Rescatadores de ayer junto a estos estupendos soldados del salvamento que ejercitan una de las profesiones más humanísticas y bellas: rescatar al accidentado, experto o imprudente, pero siempre en situación dramática para su vida. Rescatadores que exponen su seguridad sin reclamar recompensas, sabiendo que muchas veces sus acciones van más allá del deber.

Descendimos de la cima más compañeros de lo que éramos antes. Y esa noche cenamos juntos para decirle a Bernabé Aguirre que le admirábamos como guardia, como rescatador y como compañero de montaña.
Las palabras del general Hernández, del coronel jefe de montaña y de otros asistentes se refirieron al servicio y a las virtudes de Bernabé.

Yo solo dije:

El salvamento en montaña requiere valores, capacidades y adiestramientos.
Rescatar a un montañero es un honor, además confirmar un titulo de coraje y fortaleza.
Al encuentro de las tormentas vuela audaz el espíritu –sentencié, recordando a Hölderlin.
Admiro a quien derrocha su alma en favor de los demás.
Admiro a quien de su virtud hace su destino.
Admiro a todos cuantos celebran, una y otra vez, la victoria contra sí mismos.

La Montaña y el Rescate es un fulgor para el alma

Pasaron los treinta años del 23 F, en la que los medios, siempre poco originales, volvieron a informar una y otra vez de aquél estrafalario hecho, en el que un numeroso grupo de guardias civiles irrumpieron en el Congreso arma en mano, en abierta rebeldía antidemocrática.

Y hoy he vuelto a escalar con los guardias civiles la montaña del Aspe, una de las más bellas cimas pirenaicas, un triángulo de luz como el sagrado Kailas, que le hace frente al Midi d`Ossau, el grandioso edificio volcánico entre Francia y España.

Y he visto su alta cualificación como alpinistas, lo que ya conocía por sus increíbles empresas. Están fuertes y ágiles, y son técnicamente muy competentes.

Todos los días, haga el tiempo que haga, la Guardia Civil está en la montaña, subiendo por difíciles corredores de nieve y de hielo, escalando arriesgadas rocas y atravesando territorios nevados por laderas de gran pendiente. Así a lo largo de diez meses. Patrullando, ejerciendo de samaritanos en ayuda de los imprudentes y de los que hacen del riesgo su idealismo. También los alumnos del Centro de Adiestramiento de Candanchú estudian un master de la universidad de Zaragoza referido a la medicina de montaña para salvar vidas de montañeros en peligro, cuando han logrado estabilizarlos en alguna repisa esperando el helicóptero.

La Guardia Civil de Montaña no persigue el cumplimiento de la letra pequeña, pero sí ejercita los mandamientos bíblicos de ayudar al semejante en la ilimitada libertad de las montañas.

No multan ni ejercen con gesto hosco la autoridad del Estado.

Solo salvan y socorren a quiénes han perdido la esperanza.

Con ellos, con cinco guardias civiles de diferentes graduaciones, tuve el honor de escalar la arista de los Murciélagos al monte Aspe, ese Kailas de los Pirineos, una preciada actividad en un día espléndido de inverno, y como dije al día siguiente públicamente en una improvisada alocución, nunca me había encontrado más seguro que con aquellos compañeros responsables, que se trataban entre ellos con respeto y confianza, dos virtudes difíciles de compaginar.

El servicio de montaña de la Guardia Civil honra y distingue al Instituto mostrando la faz salvadora de protección y ayuda. Y cada año son varios centenares las intervenciones de sus miembros en concurso con el servicio de helicópteros, cuyos pilotos llevan decenas de años demostrando su alto nivel técnico y sus aptitudes en las peligrosas misiones.

Montañeros ocasionales perdidos en la montaña, alpinistas agotados en alguna difícil escalada, o accidentados gravemente en lugares casi inaccesibles, víctimas de alguna caída desde altos acantilados, o a dos terroristas vascos también montañeros y accidentados…

En el verano, en julio y agosto solamente en el Pirineo central, lugar de máxima concentración de accidentes, las patrullas de rescate de la Guardia Civil realizan centenares de servicios con los mejores resultados.
Y a pesar de la gran espectacularidad y dificultad de cada una de las misiones, éstas no constituyen noticia alguna y solamente queda constancia del hecho en un estadillo de servicio, sin que los poderosos medios de información puedan dedicarle por su reiterada frecuencia la trascendente importancia que estas acciones conllevan y que tanto han contribuido a realzar la imagen de una moderna institución policial que tantas vidas salva, recordando el verso de Hölderlin: «Allí donde está el peligro nace también lo que salva».

Hoy me ha parecido de justicia que llegue este modesto artículo a una mayoría de lectores españoles en limpia alabanza a la Guardia Civil de Montaña.


* César Pérez de Tudela es Abogado, doctor en Ciencias de la Información  y explorador de montaña.

 
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