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Altar Mayor Nº - 142 (14)
Friday, 29 July a las 14:13:05

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 142  - julio / agosto de 2011

 

MUJERES OLVIDADAS: MÓNICA PLAZA
José Mª San Román



 
Imposible leerlos todos, pero estoy seguro de acertar si escribo que no más de media docena de periódicos españoles dieron la noticia de la muerte de esta mujer que fue una de las precursoras de la política en España. El desconocimiento interesado, de la gran mayoría, de los que manejan e influyen en los medios de comunicación, motivó que ignoraran su fallecimiento el pasado día 12 de diciembre en la localidad palentina de Venta de Baños, a los 94 años. Solamente la revista de la Fundación Francisco Franco –de la que era vicepresidente ejecutivo mi querido amigo el periodista Félix Morales, fallecido el pasado mes de marzo, también olvidado por los medios de comunicación y con el que discrepé en alguna ocasión, pero por quien sentía un enorme afecto y a quien me hubiera gustado acompañarle hasta su última morada–, publicó en su número 123 cerca de cuatro paginas dedicadas a esta olvidada mujer, falangista ella, y de quien Pilar Primo de Rivera escribió que era una «estupenda camarada, con verdadera inquietud social, que ha prestado y sigue prestando muy buenos servicios a la Sección Femenina».

Escribir de la inmensa labor que hizo la Sección Femenina en España, también hoy olvidada, no es materia de este artículo, para eso hay otros momentos y otras publicaciones como la de Luis Suárez Fernández en Crónica de la Sección Femenina y su tiempo, y que aun no perteneciendo a Falange escribió este estupendo libro, en el que, entre otras cosas, cita los nombres de las 37 falangistas de la Sección Femenina que ofrecieron su tributo de sangre durante la Guerra Civil. Llama la atención el asesinato de las hermanas Josefa, Rosario y Sagrario Fernández Alonso; como también las hermanas Ángeles, Matilde y Carmen Soria; sin olvidar a las hermanas Teresa y María Rivera Balsells.

También nos habla Luis Suárez de la ayuda de esta institución en el profundo cambio social y económico que se produjo en España a partir de 1957. La Sección Femenina que compartía todas las preocupaciones, añadía otra que le era peculiar: cual debería ser el papel de la mujer en esta nueva etapa. Por esta razón, las mujeres representantes en el Consejo Nacional y en las Cortes –en la que la labor de Mónica Plaza, fue una pieza clave–, comenzaron a mostrarse más duras, más tenaces, más apremiantes en su demanda. Un verdadero equipo de nombres nuevos que se unían a los antiguos: Mercedes Fórmica, Carmen Salinas, Asunción Olivé, Teresa Loring, la ya citada Mónica Plaza, y un largo etc., formaban la vanguardia de mujeres que iban a enfrentarse, desde sus puestos de responsabilidad, para sacar adelante leyes en defensa de la mujer trabajadora, en unos casos, y de su vida civil, en otros.

La revista Teresa –dice Luis Suárez– se convirtió en portavoz de esta posición. Entre noviembre de 1936 y noviembre de 1956, al cumplirse la muerte de José Antonio Primo de Rivera, y de los orígenes de la Falange Femenina, una serie de artículos publicados en esa revista, fueron los encargados de recordar que el pensamiento del fundador de Falange seguía siendo fuente viva. Pero las colaboraciones que aparecían en Teresa no siempre llevaban la firma de mujer, algunos escritores ilustres como Antonio Buero Vallejo, Vintila Horia, Vicente Aleixandre, Caro Baroja, Juan Rof, etc., también colaboraron en ella.

El 24 de abril de 1958, se aprobó la reforma de 66 artículos del Código Civil, a favor de la mujer, la mayor sufrida por este Código, desde su promulgación en 1888. Fue el primer paso hasta conseguir la Ley de igualdad de la mujer, pocos años después. Para ello fue necesario reforzar el poder económico de la mujer dentro de la familia, pues las deficiencias, tan acusadas en el siglo XIX, procedían sobre todo de que el marido asumía la plena propiedad y disposición de los bienes materiales adscritos a la unidad familiar, haciendo con ellos lo que quisiera. La primera recomendación, que todavía sonaba a escándalo en los oídos de la burguesía, era establecer la separación de bienes. Se comenzó a hablar, muy tímidamente, de la conveniencia de establecer un salario familiar y de una remuneración para las mujeres que decidían hacer de su trabajo de amas de casa y madre de sus hijos una dedicación exclusiva. Por otro lado, en marzo de 1954, la Sección Femenina había realizado una encuesta en torno al hecho de que los salarios percibidos por las mujeres eran menores que los de los varones, preparándose para reclamar, a través de las Cortes, una legislación más adecuada. Al año siguiente, en el Congreso de los trabajadores, para superar la injusta situación económica en la que se encontraba la mujer en el servicio doméstico, presentaron una ponencia: Carmen Isasi, Carmen Salinas y Mónica Plaza de Prado.

Esta última, nació el 18 de mayo de 1920 de Cervera de Pisuerga (Palencia) y, con 22 años, es elegida concejal del Ayuntamiento de Palencia, años 1942-1947. Después, Regidora central de trabajo de la Delegación Nacional de la Sección Femenina, Fundadora visitadora y asesora de Montepío Nacional del Servicio Doméstico, miembro de las Comisiones de Extensión Agraria y Central de Ordenación Agraria del Ministerio de Agricultura, miembro de la Comisión Interministerial para la organización de la artesanía española, y miembro de la Confederación Europea de Agricultura. Consejera nacional por la provincia de Palencia y procuradora en Cortes representando a la misma provincia. En este último cargo, su labor fue muy destacada defendiendo siempre los derechos de la mujer. Por ello, vamos a referirnos sólo a unos ejemplos de su participación en las Cortes Españolas en homenaje a la memoria de esta mujer olvidada.

El 28 de marzo de 1969, Mónica Plaza se dirige al ministro de Trabajo sobre la prestación económica que la Seguridad Social concede a la mujer trabajadora en los periodos de descanso que proceden en caso de maternidad y para que el Ministerio reconozca en dicha prestación el carácter de subsidio a la maternidad en cuantía equivalente al total del salario base de cotización de la trabajadora beneficiaria ya que hasta ese momento los periodos de descanso voluntario y obligatorio que proceden en caso de maternidad de la mujer trabajadora al fijar las prestaciones económicas para tales situaciones, establece que ésta consistirá en un subsidio equivalente a un tanto por ciento sobre el salario base de cotización, es decir, equivaldría al 75 por 100 del salario base de cotización. Esta situación, pues, al dar al acto y a los periodos obligados de descanso, que proceden en caso de maternidad, la calificación general de enfermedad a todos los efectos y por consecuencia el de estado constitutivo de incapacidad laboral transitoria, y la mujer trabajadora que va a ser madre y que va a cumplir la más alta y transcendental función de vida, que en la familia y en la sociedad tiene encomendada y, por tanto, se encuentra en unas circunstancias de mayor necesidad de protección, ve disminuidas sus posibilidades económicas al ser reducidos sus ingresos durante dichos periodos de descanso obligado al 75 por 100 del salario base de cotización, y, en muchos caso, al 50 ó 60 por 100 del salario real.

Por todo lo expuesto y por creer  que estas mismas preocupaciones y aspiraciones son compartidas desde hace tiempo por el propio Ministerio de Trabajo, rogamos del excelentísimo señor Ministro la posibilidad de conocer lo que este orden de cosas y para dar plena satisfacción a tan importante problema tiene previsto o en estudio, rogando al mismo tiempo, que el camino iniciado desde hace años por el Ministerio de Trabajo, de decidido avance en materia de la seguridad social, alcance a tan importante problema que hemos expuesto, en relación con la acción protectora de la seguridad social en los casos de maternidad de la mujer trabajadora, adoptando las medidas necesarias para una más adecuada y plena consideración de ésta y por consecuencia de los periodos obligados en tal estado, y de la prestación económica, que a tales efectos concede la Seguridad Social, para hacerlo como un subsidio a la maternidad, en cuantía igual al salario real o al señalado como salario base de cotización de las trabajadoras beneficiarias.  

En otra ocasión, y siempre defendiendo los derechos de la mujer, trasladó al presidente del Gobierno una serie de ruegos y preguntas referidos a la Ley de Contrato de Trabajo pues, en su opinión, desde la época en que entró en vigor había quedado superada en la actualidad, incluso estaba en contradicción, en cierta manera, con el espíritu y letra de las disposiciones legales posteriormente aprobadas, y aun con la destacada presencia y participación responsable de la mujer en el mundo laboral. Para ello señalaba varios artículos que eran anacrónicos y vejatorios para la mujer, basados única y exclusivamente en las discriminaciones por razón de sexo o estado civil y en total contradicción, e incompatibles, con los propios modos de la vida actual, y con la espléndida realidad de su presencia en la vida profesional y laboral de nuestro país. Para ella la incorporación de la mujer en el mundo del trabajo constituía uno de los fenómenos sociales más destacados de los últimos veinticinco años de la vida nacional y en la que más de tres millones y medio de mujeres colaboran a su pleno desarrollo. La mujer, consciente del momento que le había tocado vivir, aspiraba al ejercicio de los más plenos derechos que deben corresponder a la mujer sin discriminación de ninguna clase y aspiraba a una legislación adecuada para realizarse en el mundo laboral.

Por todo ello rechazaba una serie de artículos, por ejemplo, el que decía: «Será válido el pago hecho a la mujer casada de la remuneración de su trabajo si no consta la oposición del marido». Tampoco veía con tranquilidad el artículo que condicionaba la admisión de la mujer al trabajo en una empresa a la presentación de un certificado de vacunación. Así, pues, por todo lo expuesto, rogaba y deseaba un tratamiento de los problemas expuestos en relación con el trabajo de la mujer, y en especial de la mujer casada, y la Ley de Contrato de Trabajo para esa más plena participación e integración social de la mujer, es por lo que con el máximo respeto ruega al Gobierno realice con la mayor urgencia posible los trámites oportunos para proceder a la revisión de la Ley de Contrato de Trabajo y modificar o derogar, en su caso, aquellos artículos que, afectando al trabajo de la mujer, producen discriminación por razones del sexo o estado civil y son incompatibles no sólo con el ejercicio de los derechos que corresponden a la mujer, sino también con la realidad social actual.

Al mismo tiempo, teniendo en cuenta que la futura Ley Básica de Trabajo, además de ser fundamental para España y pudiendo hacer realidad muchas de las aspiraciones de la mujer en orden a todo lo expuesto, preguntaba Mónica Plaza:

¿Podríamos saber en qué fase de avanzado estudio se halla el anteproyecto de dicha ley y cuál es la actitud del ministro de Trabajo respecto a la contemplación de los problemas expuestos en nuestro ruego? Caso de retrasarse en demasiado tiempo la elaboración de dicho anteproyecto de la Ley Básica del Trabajo, ¿el Ministerio acometería en plazo breve la revisión y reforma de la Ley de Contrato de Trabajo?

Sirvan sólo estas líneas como homenaje y recuerdo a esta mujer que, como ya hemos repetido, falleció sin que nadie de los de la tan cacareada memoria histórica, haya tenido el más mínimo recuerdo y que ahora cuando sus papeles, que su sobrina y heredera universal, Carmen Plaza, ha entregado a la Diputación de Palencia, sean revisados y ordenados debidamente, esperamos que algún historiador escriba la biografía que se merece esta falangista que tanto luchó por los derechos de la mujer.
 

 
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