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Altar Mayor Nº - 142 (13)
Friday, 29 July a las 14:30:19

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 142  - julio / agosto de 2011

 

ESPAÑA Y SU INFANTERIA DE MARINA
José Mª Adán García*



 
Hablar de la Infantería de Marina Española, es hacerlo de España, pues ha estado presente con honor y gloria en todas las vicisitudes de su historia como ha expuesto en una espléndida síntesis de la amplia bibliografía existente, en su libro Historia de la infantería de marina, el prestigioso General D. José Enrique Rivas Fabal.

Los orígenes de la Infantería de Marina se pierden en la bruma de los tiempos.

Tucídides nos habla de «Hombres de combate» asignados a las naves de guerra.

Los persas ya desembarcaron 10.000 guerreros desde 600 trirremes en la bahía Maratón, en su lucha contra Atenas.

En tiempos del Emperador Galva, Roma tenía una legión permanente embarcada a fin de acudir con presteza a los puntos críticos de su vasto imperio que, precisamente, era una legión Hispana.

Centrándonos en lo que a la historia de España se refiere, se puede afirmar que los episodios más trascendentes se han producido por operaciones anfibias.

El desembarco de Cea Escipión en Ampurias (218 a.C.) cortó la retirada de Aníbal y fue el factor desencadenante de la Romanización de España, la Hispania Romana, una de las cinco diócesis del Imperio, en lo que lo dividió el Emperador Diocleciano (Britania, Germania, Galia, Italia e Hispania) origen de las naciones más antiguas de Europa.

Sisebuto, Wanda y Teodomiro (612-702), evitaron con sus escuadras y hombres de combate los reiterados intentos de invasiones moriscas.

El desembarco en Tarifa de Tarik con 20.000 hombres y de Muza (711-712) con 40.000, dio lugar a ocho siglos de dominación árabe y como consecuencia la reacción Hispana a la reconquista de la unidad perdida.
En Castilla, el gran Rey Fernando III incorporó «Homes de guerra» a la armada a las órdenes del Primer Almirante de Castilla, Ramón Bonifaz, para romper el puente de barcazas que suministraba a Sevilla y rendir la ciudad.

El desembarco de las fuerzas unidas de castellanos y aragoneses, en la retaguardia del invasor musulmán, en la decisiva batalla del Salado (1340), hizo que España quedara incorporada definitivamente al cristianismo y a Occidente.

Alfonso X el Sabio, en la partida II, establecía que las naos de le Escuadra Castellana llevarán a bordo permanentemente «Homes de Guerra» divididos en Proeres, Alieres y Sobresalientes, que deberán ser –cito textualmente– «esforzados e recios e ligeros e cuanto más usados fuesen de la mar, tanto mejor».

Ya en 1371 tuvieron que enfrentarse a la flota inglesa, nuestra tradicional enemiga, en aguas de la Rochela.

Se produjeron incursiones anfibias frecuentes de nuestros infantes sobre suelo inglés, que asolaron los puertos de Month, Rye, Lewes, Clasevend y Folkestones, llegando a remontar el Támesis.
En 1419 se libró nueva batalla a nivel de la Rochela contra la liga anseática, consolidando el dominio de Castilla en el mar del Norte, que duró más de dos siglos.

Mientras tanto, en Aragón, a partir de Jaime I, se institucionalizan los Almogávares, uno de los precedentes más importantes de la Infantería de Marina, aguerridas fuerzas para luchar en la mar y en tierra. Sus caudillos más nombrados fueron Roger de Lauria y Roger de Flor.

La fuerza expedicionaria de los Almogávares realizó contundentes y victoriosos desembarcos en Artaki, Gallipolís, Nápoles, Sicilia, Córcega, Islas Jónicas, Filadelfia, Antioquia, Kamarán, Tracia, Tebas, Atenas, Montes Taurus…

Sus hazañas hicieron decir al poeta:

Ni su escamado lomo
los peces mismos a asomar se atreven
si en él las armas de Aragón no llevan.

Los Reyes Católicos reiteran la necesidad de disponer en la armada como fuerza fundamental de combate a los Infantes de Marina.

En el edicto de 18 de Enero de 1496, disponen que, para su viaje a Flandes, se embarquen «Homes de Guerra» para combatir en la mar y en la tierra.

El cardenal Cisneros cuenta con su contribución en Oran, Bugia, Argel y Trípoli.

En América el mismo Cristóbal Colón lleva en las carabelas del descubrimiento una dotación de «Homes de Guerra». Al llegar a tierra dirigiéndose a ellos les dice «Aperciban sus armas, vistan sus armaduras y dispongan el ánimo para los acontecimientos que la fortuna les depare».

El resultado fue el inicio de una epopeya increíble, el descubrimiento, la conquista y la evangelización de un continente y la incorporación a Occidente. Evangelización porque desde Recadero que creó el primer Reino Cristiano, el cristianismo es consubstancial con el ser mismo de España, que ha sido grande cuando ha construido su historia sobre los arcos del catolicismo.

Hernán Cortés, Pizarro, Magallanes, como la mayor parte de los conquistadores y descubridores dispusieron de la imprescindible dotación de infantes, siendo estos los que, en cumplimiento de una de sus misiones más importantes, cual es la de garantizar el orden y el ejercicio de la autoridad por los mandos navales, dominaron la rebelión a bordo que hubiera impedido la culminación de la primera vuelta al mundo que terminó Juan Sebastián Elcano.

Actuación en el Mediterráneo

Mientras tanto, en el Mediterráneo se generaliza el peligro mahometano tanto por la acción de los piratas berberiscos como por la expansión del Imperio Otomano, poniendo en peligro la cristiandad.

Ante ésta situación, Carlos I, en 1537, crea las «Compañías Viejas del Mar de Nápoles» ordenando su incorporación a las galeras allí apostadas, disposición que es el origen orgánico de nuestro glorioso cuerpo que acredita ser la Infantería de Marina más antigua del mundo.

En 1566, Felipe II da la orden por la que se crean los tercios de Sicilia, Nuevo Nápoles y de la Armada Real de la Mar Oceana.

Durante todo el siglo XVI los infantes de marina luchan por contener los intentos expansionistas del Islam en Pregio, Toronto, Brindis, Cefalonia, Catania, Siracusa, Nápoles, Palermo, Malta, Tánger, Río Martín, Melilla, Oran, Argel, Bizerta y un poco más tarde en Larache y Mamorra.

Especial relieve histórico tiene la participación de los tercios de Infantería de Marina en la Batalla de Lepanto, en la que el Infante Miguel de Cervantes Saavedra, el Manco de Lepanto, es considerado como el primer mutilado de nuestro heroico cuerpo.

Él mismo nos describe la arriesgada situación del infante de marina, de dicha manera: «Al embestirse las Galeras y quedar trabadas, no le quedan al soldado más que dos pies de la tabla del espolón. Con todo esto y viendo que tiene delante de sí mismo tantos ministros de la muerte que le amenazan y cuantos cañones de artillería se asentan en la parte contraria que no distan de su cuerpo una lanza, ve que al primer descuido de los pies, irá a visitar los profundos senos de Neptuno».

Importante fue también el desembarco y conquista de la Isla Tercera a las órdenes del Marqués de Santa Cruz del cual se dijo: «El fiero turco en Lepanto / y en la Tercera el francés / y en todo el mar el Inglés / tuvieron al verme espanto».

Servicio prestado a Europa y a Occidente

Este enorme esfuerzo de España en la reconquista, la colonización de América y la contención del expansionismo del Islam, salvan a España como también a Europa y a Occidente, en definitiva al cristianismo y aún más profundamente, la dignidad y la libertad del hombre.

Figuraos cuán distinto hubiera sido el destino de Europa de no haber estado en vanguardia de su defensa. España y en la vanguardia de España su Infantería de Marina, frente al Islam, para lo que basta con observar el desarrollo de la libertad, el progreso y los derechos humanos en una u otra área de influencia.

Mientras tanto en el Atlántico y el Pacífico no cesa la protección de nuestras líneas comerciales y de nuestros territorios de ultramar, contra la piratería inglesa y los sucesivos intentos de otras potencias de asentarse sobre la América Hispana.

Entre ellos debemos citar los de Holanda sobre la costa de Brasil, recuperando San Salvador de Bahía mediante el desembarco de los tercios de la Mar Oceana y de Nápoles.

Este periodo glorioso de casi tres siglos, que ninguna nación ha logrado, se cierra con la desgraciada batalla de Inglaterra en 1588 en la que tanto la Infantería de Marina Española como la Armada, sufre sus mayores pérdidas. Mandaba la «Armada Invencible» Medina Sidonia; a su mando iban los tercios de la Mar Oceana, Sicilia y nuevo de Nápoles, a los que se tenían que unir los que estaban en los Países Bajos a las órdenes del Duque de Parma, hasta un total de 23.000 infantes.

Está muy fundamentada la teoría de que si no se hubiera centrado la operación en la batalla naval y le hubiera dado primicia al desembarco de los tercios, el resultado hubiera sido de victoria para los españoles y quizás el curso de la historia hubiera sido distinto, conclusión a la que llega entre otros analistas Colín Martín y Georfrey Parker.

Declive y reorganización de la Armada Española

Las consecuencias de la derrota de la invencible y los avatares de una desastrosa política, nos lleva al abandono y declive de nuestras fuerzas armadas durante los reinados de Felipe IV y Carlos III, como se relata, muy a lo vivo, en las aventuras del Capitán Alatriste.

Después de la citada crisis en 1717, Felipe IV y su ministro José Patiño, reorganizan la Infantería de Marina sustituyendo los viejos tercios por batallones, inicialmente los de Armada, barlovento, Bajeles, Marina, Océano y Mediterráneo. Cambian de nombre y de estructura, pero no cambia de espíritu, ni el peculiar estilo ardiente y combativo de la Infantería de Marina.

La trayectoria de guerras y victorias al servicio de España, sigue involuta desde 1717 hasta 1800. En el Mediterráneo conquistan Cerdeña, Sicilia, ocupan Tolón y desembarcan en Caguari, Palermo, Caitellamare, Termini, Trapani, Mesina, y liberan Ceuta del cerco de 23 años, Mahón y Menorca.

En América el general inglés Wentworth intenta ocupar Cartagena de Indias en Colombia y son puestos en vergonzosa huida por Blas de Lezo al frente de 400 infantes.

Los ingleses atacan la Habana, nuestros infantes la defienden desde el fuerte del Morro. Se concede a los cabos del Cuerpo, por su heroísmo, el uso de galón dorado.

Recuperamos Pensacola, la colonia de Sacramento en Río de la Plata, la isla de la Roata en México, Buenos Aires y Montevideo.

Así transcurre un nuevo siglo de eficaces servicios a España en la mar y en tierra, manteniendo el ondear de nuestra bandera en todos los territorios donde nunca se ponía el sol.

De Trafalgar al 98

Una nueva desgracia naval se produce en los principios del nuevo siglo con la derrota de la escuadra Hispano-Francesa en la batalla de Trafalgar, que ha descrito inigualablemente Benito Pérez Galdós: «En Lepanto la victoria y la muerte en Trafalgar»dice el himno de la Armada.

La falta de previsión y las marcadas diferencias de maniobrabilidad y de tiro, achacable a la indigencia política y la inhibición de parte de la flota francesa, que no a la falta de valor de nuestros marinos e infantes, fue la causa.

El himno refleja una realidad, 1.022 caídos en combate y 1.383 heridos así lo atestiguan.

La eficacia comprobada en ambas flotas de dotaciones de los infantes, hacen afirmar al almirante inglés Nelson que «cada escuadra debe disponer de un batallón completo de Infantería de Marina».

Los combates por defender nuestras posesiones de ultramar continúan durante todo el siglo XIX. En 1806, se vuelve a reconquistar Buenos Aires, destacándose nuestros infantes al mando de Liniers. En 1811 frente a la insurrección de México, la Infantería de Marina protagoniza las acciones de Acambaro, Toluca y Tenanco. También en Argentina, en Sacramento, en Colombia y Venezuela (en Arauza, Caracas, La Guaira, Victoria y Puerto Cabello).

En Perú con la sangrienta batalla de Callao, en la que intervienen Méndez Núñez, Topete, Valcarcel, Lobo, Antequera... los infantes contribuyen con 30 bajas. Según el testimonio de Méndez Núñez y el reconocimiento del Almirante inglés Pearson: «Han añadido una gloria más a la infinita de nuestra patria».

Los políticos pactan la concesión de la independencia de nuevas naciones cuyo proceso podría haber sido distinto y manteniendo una mayor vinculación con España y nuestros intereses nacionales en aquel continente. Ya sólo nos quedan las islas de Cuba, Guam, Filipinas cuya exhaustiva defensa constituye otro capítulo de nuestra historia.

En este siglo, desde 1808, nuestro Cuerpo acude con ardiente entusiasmo a la defensa de la Patria contra la invasión francesa. Intervienen con éxito y valor en todos los frentes. Cabe destacar, Reinosa al mando de Riquelme, Ferrol, Vigo, Arapiles, Victoria, San Marcial, San Sebastián, Bailen, Ocaña, Medellín, Zaragoza, Gerona, Tolosa en la que su empuje mereció la concesión del escudo y la corbata de Tolosa, incorporada a nuestra bandera.

Los ascensos por méritos de guerra, recompensas y laureadas concedidas en estas victoriosas jornadas, en las que España vence al formidable ejército de Napoleón, son un testimonio claro de su generosa aportación.

Los generales que tuvieron a sus órdenes unidades del cuerpo, son unánimes a la hora de resaltar su ejemplar conducta.

Blaque, en su informe sobre los dos batallones de infantes a sus órdenes, decía así: «Han acreditado ardiente patriotismo y bizarría en las acciones». El general Copons, informaba que «El 2o regimiento de marina, se ha portado en la batalla dada a los franceses en el campo de Ocaña con todo honor, valor e intrepidez». «Después de los marinos nadie ha hecho más que mi regimiento», decían los demás coroneles.

A continuación de la guerra de la independencia, que debía haber servido de reencuentro con nuestras esencias nacionales y de catarsis para recuperar nuestro destino universal, se sucede un siglo de guerras fraticidas y la pérdida de los restos del imperio, dando lugar a las dos Españas de la que dijo Machado que una de ellas ha de helarte el corazón.

La Infantería de Marina acude presta a defender en el puesto de mayor riesgo y fatiga la corona legítima y al mismo tiempo con un sacrificio que casi es un holocausto consciente a la defensa de los territorios de España.

En este último aspecto hace frente a la insurrección de Cuba. La guarnición de la Infantería de Marina en la isla era en 1861 de 6 batallones. De ellos hubo alguno, como el segundo ferrolano, que estuvo allí destacado diez años consecutivos en campaña. Como curiosidad, la infantería de marina llegó a tener guerrillas montadas para combatir a la caballería rebelde a lo largo y ancho de toda la isla.

Entre otras muchas acciones, la Infantería de Marina, estuvo en el Alto de la Doncella y en Guantánamo, en donde el infante Más alcanzó la laureada; en la defensa de la posición de Holguin, dos infantes contra 1.800 atacantes, dos laureadas; Bañes, Cienfuegos, Cimarrones, Montes del Rosario, Fuerte de Santa Rosa... Abarcando todos los rincones de la isla pues en una guerra de guerrillas cada pueblo, cada monte y cada playa fueron testigos del temple y bravura de nuestros infantes. La entrada de EE.UU. en la guerra con España en abril de 1898 dio lugar al pesimismo crítico de la generación del 98 y al origen de los separatismos disgregadores.

Antes se habían producido traicioneras acciones por parte de USA, como campañas calumniosas, apoyo a los insurgentes, desembarco de armas interferidas violentamente por nuestros infantes de marina, e incluso algún conato de desembarco como el de la playa de Cárdenas rechazado también por nuestro Cuerpo.

El acorazado «Maine», sufrió una explosión frente a la Habana, que luego se ha probado que fue provocada. Ello fue el principio oficial de la contienda. Los norteamericanos desembarcaron en Daiquiri para la toma de Caney, 3.500 marines se enfrentan al general Vara del Rey con 520 hombres y 250 infantes desembarcados de la flota para reforzar la defensa. Los actos de heroísmo son inauditos.

La flota recibe orden de salir de la bahía y conscientes de que van a la muerte, obedecen. Sus buques son hundidos o embarrancados, 323 caídos y 451 heridos son nuestras bajas. Los norteamericanos, un muerto y dos heridos, su superioridad naval y artillería son enormes, el sacrificio supremo se ha consumado.

Algo semejante ocurre en Filipinas ocupada por España desde 1774.

En 1806, la guarnición del arsenal y de las estaciones, está constituida por «las milicias disciplinadas de granaderos de marina».

Los sultanes moros de diversas islas, empiezan a revelarse y los piratas que aún hoy día subsisten, comienzan a actuar entre las más de mil islas del archipiélago. Ello nos obliga a contínuas expediciones de castigo y recuperación. Para mayor complicidad, los nativos incorporados a nuestras unidades se sublevan. Todo ello da lugar a continuas acciones en las que la Infantería de Marina, lleva la mayor carga.

Entre cientos de ellos, las de Balanquingui, Tonkil, Tawi-Tawi, Parani, Jólo, Mindanao, Cebú, Fuerte Vito, Boal, Palos, Imus. Siempre los primeros en la extrema vanguardia y los últimos en la retirada como exige el privilegio de nuestras particulares ordenanzas.

En 1898, la escuadra americana al mando de Dewey, se sitúa frente a la bahía de Cabite. Otra vez la honra sin barcos, suplidos con sangre y heroísmo.

La batalla se reduce a un intenso bombardeo sobre una escuadra cuyos disparos no alcanzaban al enemigo y un arsenal defendido por 90 infantes con fusiles; de estos hubo 65 bajas en combate.

El general Blanco se refiere a nuestras unidades así: «Es imposible describir el heroísmo de nuestros batallones de la Infantería de Marina, su instrucción, su disciplina, la uniformidad y precisión en el ataque, sus cargas a la bayoneta (parecidas a la de los antiguos abordajes) las presentan como ejemplares en el mejor de los ejércitos, nunca mandé soldados, ni mejor instruidos, ni más bravos».

Después de más de un siglo, tuvimos que retirarnos, no por falta de acrisolado patriotismo y arrojo impertérrito, sino por la falta de previsión y espíritu de servicio de nuestra clase dirigente, Cánovas y Sagasta fueron sin duda los máximos responsables. «Nunca la clase política de una nación se ha mostrado más frívola, incompetente e imprevisora».

Igual ocurrió con las islas Carolinas en 1526, vendidas ignominiosamente a los alemanes y con las Malvinas descubiertas por Magallanes.

No podemos silenciar la ayuda de nuestra Infantería de Marina a Pío Nono en Italia contra Garibaldi, o la intervención en Conchinchina aliados con Francia, desembarcando en la desembocadura del río Turana y ocupando Saigón lo que valió al alférez del Cuerpo, Pedro Mayalde, la legión de honor.

Participación en las Guerra de África y Carlistas

Parece imposible pero es cierto. Al mismo tiempo con esfuerzo formidable, la Infantería de Marina lograba mantener la antigua proyección de España en África.

En Guinea Ecuatorial, enfrentándose a los Bubis en Eukuku, Benito o Furi, en Fernando Po, en Ebor, Boroitanga Songola Illiza, Río Utongo.

Y especialmente en Marruecos en el Aduar de Siddina conquistando Wad-Ras en cuya acción se nos concedieron tres laureadas individuales; en Tetuán, el asalto a Ketan, el desembarco en Larache y Arcilla... y principalmente en el definitivo desembarco de Alhucenas en el que nuestras unidades fueron en vanguardia desembarcando un batallón en la playa de los Frailes.

La Infantería de Marina Española, ha regado con su sangre los cinco continentes.

Pero aún la patria exigía más, bajar de las cubiertas de los barcos y regresar de las tierras de ultramar, para que siguieran luchando con su habitual bravura sobre las tierras ensangrentadas de la vieja piel de toro. Se trata de las guerras Carlistas y la sangrienta guerra civil. En ambas, nuestro cuerpo, estuvo presente de forma decisiva a lo largo y ancho de nuestra geografía.

En las guerras Carlistas defendiendo el orden institucional en San Sebastián, Cádiz, Puente de la Alcolea, Morella, Gandesa, Sitio de Bilbao, Somorrostro; San Pedro de Abanto donde el Batallón del Primer Regimiento atacó a la bayoneta y pierde un tercio de sus efectivos concediéndoles la laureada colectiva; asalto al paso de las muñecas en Bilbao, Viana, Tolosa, Tafalla...

Fue tal el reconocimiento general a la acción de la Infantería de Marina que en la entrada a Madrid del Rey Alfonso XII, y en el desfile de la victoria, la escolta del rey y el puesto de honor fue para nuestro Real Cuerpo.

Destacada fue también su actuación frente al cantonalismo separatista de Cartagena y Cádiz, por cuya acción se otorgaron dos laureadas más.

Segunda República y Guerra Civil

Con la república de 1931 se produce el declive de la Infantería de Marina. Se suprimen los cuerpos subalternos y los sargentos, se declara a extinguir su oficialidad y por lo tanto el Cuerpo.

A partir de 1934 se fragua el asalto a la república de la izquierda radical. Contra ese intento se levanta una parte del ejército y se produce la enconada guerra civil del 36 al 39.

La intervención de la Infantería de Marina en las bases navales de El Ferrol y de Cádiz, logra su incorporación y la de una parte de la flota a la zona Nacional. La neutralización del Cuerpo en Cartagena desencadena el asesinato de la oficialidad.

El cuerpo sigue los destinos que le marca la historia y participa en vanguardia entre otras muchas acciones en Lugo, Avilés, Bárcenas, Teruel, Celia, Córdoba, Cerro de San Cristóbal, Cambrils, Gandesa...

Se hunden con el Baleares en el que había una dotación de 139 infantes cantando la «Salve marinera» y el «Cara al sol», donde una vez más, por un acto de heroísmo consciente y sobrehumano, se concede la laureada al cabo Manuel Lois.

Dos medallas militares individuales, una colectiva y el tributo de sangre de más de 5.000 caídos, es nuestra contribución a la contienda.

En la zona republicana cabe señalar el desembarco en Baleares de más de 9.000 soldados en dos columnas. Una al mando del capitán Bayo organizada por la generalidad catalana, con el fin de incorporar Baleares a Cataluña al margen del gobierno central, que cediendo a las presiones nacionalistas, autoriza la operación. Otra desde Valencia al mando del capitán Uribarri, quien denuncia la maniobra anexionista de los catalanes, es desautorizado y se le ordena regresar a Valencia. No son infantes de Marina sino milicianos y carabineros que inicialmente ocupan Menorca, Formentera e Ibiza, pero encontrando fuerte resistencia en Mallorca, pese a su superioridad y apoyo aéreo y naval, tienen que retirarse y desalojar las posesiones conquistadas.

En 1939 el ministro de marina Salvador Moreno asigna a la Infantería de Marina sus misiones esenciales, devolviendo la denominación y estructura de los antiguos tercios.

La Infantería de Marina hoy

En 1958 se asigna como misión principal «llevar a cabo acciones militares en la costa, iniciadas en la mar», lo que se reitera por decreto en 1968.

Seguimos el pulso y las necesidades de España. De 1957 a 1976 operamos en Sidi Ifni; Sahara Occidental; evacuación de los súbditos españoles de Guinea; en las operaciones preventivas para dar una respuesta adecuada a la Marcha Verde, que una vez más por razones políticas no llegó a producirse, dejando una deuda histórica con el pueblo Saharaui y un riesgo para España pues el Sahara es la espalda estratégica de las Islas Canarias.

Incorporada España a la ONU y a la OTAN y contribuyendo activamente a los compromisos internacionales, actualmente vienen participando con la eficacia y rigor de siempre, en las situaciones de crisis y restablecimiento de la paz en Bosnia, Herzegovina, Afganistán, Irak, Líbano, Haití... Y así seguirá siendo al servicio de España y de la Armada.

Lo importante de todo esto, es que éste intenso quehacer histórico, ha creado un estilo propio, lo que se llama espíritu del cuerpo, que nos proyecta hacia el futuro «valientes por tierra y mar». Se fundamenta en el ejemplo de los que nos precedieron en la estela brillante que deja el sacrificio de la vida cuando en paz o en guerra se está al servicio de una empresa grande y no hay empresa más grande que la España inmortal.

Una estela que dejaron 20 laureadas, desde Félix Angorto a Manuel Lois, o las colectivas en la toma de Castro Urdiales de Murrieta. Laureadas muy significativas en proporción a la plantilla del cuerpo.

Una estela como la de los sargentos Pablo Morillo, Tomás Pío o Fernando Matamoros y otros muchos, que estuvieron más de 30 años guerreando sin parar en ultramar o en el suelo de la patria, participando en más de 30 batallas en condiciones adversas, pero poniendo siempre a España y al honor, que nunca perdieron, por encima de sus propias vidas.

Una estela en la que brillan los miles de infantes anónimos caballeros del servicio desinteresado a España sea cual sea la coyuntura, sin regatear esfuerzo. «Todos ellos no quisieron servir a otra bandera, No quisieron andar otro camino, No supieron morir de otra manera».

Hoy la Infantería de Marina se ha hecho imprescindible como fuerza flexible de actuación rápida y contundente: «El puño de hierro de la Armada», y a la vez por su disciplina, tradición y especialización, apta para acciones disuasorias, humanitarias y de paz.

Muchas consideraciones podríamos hacer al respecto, pero me voy a referir a la más significativa, siguiendo el autorizado criterio de dos distinguidos jefes de la armada, el General Abel Gamundi y el Vicealmirante Ricardo Álvarez.

De la capacidad disuasoria de las operaciones anfibias da idea el que la amenaza de desembarco en Normandía, obligó a Alemania a retirar 40 divisiones de Rusia.

De las consecuencias de la no utilización a tiempo de las operaciones anfibias, es ejemplo entre otros el que la elección de Italia y Normandía como prioritarios, en vez de desembarcar en el mar del Norte, hizo que el avance de las tropas aliadas sobre Alemania fuera más lento y que el lugar de encuentro de aliados y rusos fuera el Elba en vez de ser mucho más al Este, lo que han pagado durante 40 años los ciudadanos de la Europa Central.

Hoy, como siempre, en Irak, Líbano o en la lucha contra el terrorismo, hay que tener en cuenta, como dijo Churchill, «que en la conducción de la guerra, debe preservarse siempre la situación que se creará una vez reestablecida la paz».

Todo ello nos lleva a la conclusión que las actuaciones de la Infantería de Marina, en orden a la seguridad y defensa nacional como respecto a las que se derivan de nuestra integración en el orden internacional, especialmente en lo que concierne al control de las fronteras Sur de Europa, la disuasión ante riesgos previsibles, la superación de situaciones de crisis y acciones humanitarias, siguen siendo imprescindibles.

Ante esta realidad es necesario potenciar sus posibilidades, dotarla de los medios humanos y materiales (barcos anfibios, vehículos anfibios de colchón de aire, aviones de despegue vertical, sistemas de comunicación e información...) a fin de que sus necesarias acciones al servicio de España sigan siendo las que por su voluntad de servicio, capacidad de reacción y profesionalidad le son exigibles.

Respecto a la oficialidad de complemento

Para terminar, quisiera referirme brevemente a qué podemos aportar la oficialidad de complemento de Infantería de Marina.

En 1943 se crea la oficialidad de complemento de la Armada y en 1950 la de Infantería de Marina. Desde entonces y hasta 2001, unos tres mil jóvenes universitarios han cumplido su servicio militar en sus filas alcanzando, previo los cursos y pruebas de selección establecidas, el cargo de oficial o suboficial de la Armada Española.

Llegamos a la escuela de suboficiales de San Fernando con la ilusión de haber logrado el ingreso de la milicia naval «por su espíritu preclaro la mejor» y los infantes por ser herederos de tan formidable historia.

Los cursos de formación en las Escuelas de Suboficiales y de Aplicación de Infantería de Marina, los Minadores Marte o Vulcano, las Islas de Tambo, las Cíes o la Playa de San Mauricio, la Escuela Naval Militar de Marín y terminada la carrera civil y ser declarado apto para teniente, las prácticas en los buques, tercios y dependencias de la Armada.

Todo ello dejó en nuestro espíritu virtudes esenciales de disciplina, compañerismo, espíritu de servicio, caballerosidad... que han constituido ya para siempre parte de nuestra forma de ser, de nuestro estilo.

Sentimientos que se funden con viejas canciones como aquella que ha tenido especial influencia en los avatares de la vida que decía: «En paz o en guerra / en calma o en tormenta / hay que navegar».

Así se fusionó con el orgullo de ser español, el de ser oficial de la Infantería de Marina española, un sacramento que imprime carácter permanente.

Algunos de nosotros nos hemos integrado en las Asociaciones de Oficiales del cuerpo de la Infantería de Marina, o de las Milicias Navales Universitarias; a su vez colaboramos con un abanico asociativo más amplio con nuestros compañeros de tierra y aire en la Federación de Oficiales de la reserva de España.

Por medio de ella participamos en la CIOR (Confederación Interaliada de Oficiales Reservistas), que aglutina en la OTAN, a cuya estructura pertenecen, los oficiales de complemento y similares de los países miembros. En ella he tenido el honor de formar parte de la representación española durante once años consecutivos.

Creemos que en nuestro paso por las filas de la Infantería de Marina hemos aportado, junto con nuestra entrega al servicio de las armas, nuestro espíritu universitario, y hemos puesto y seguimos ofreciendo al servicio de la armada un abanico multidisciplinar (de ingenieros, marinos, jurídicos, médicos...) hoy tan necesarios para la seguridad y la defensa y especialmente útiles en situaciones de crisis de paz. Además participamos a nivel nacional e internacional en la promoción de los fundamentos de la convivencia en Occidente, cuales son los derechos humanos, la paz, la ayuda humanitaria, la libertad y el pluralismo democrático.

Mantenemos, en nosotros mismos, vivo el sacramento que un día nos confirió el carácter irrenunciable e inasequible al desaliento de ser defensores de la unidad, la integridad territorial, la plena soberanía de España y de la bandera que la simboliza, que un día espléndido juramos.

Seguimos unidos a la Armada colaborando en todo para lo que se nos requiera y potenciando su historia, sus valores y sus tradiciones.

Colaboramos en la proyección del espíritu de defensa sobre la sociedad civil, a través de estudios, conferencias, publicaciones...

Creo firmemente que la historia de España no estaría completa sin la aportación de su Infantería de Marina y que su futuro nos sigue emplazando a su ineludible servicio, a fin de que España siga cumpliendo sus singladuras como Patria común e indivisible, en la mar de la historia.


* José Mª Adán García es Capitán de Infantería de Marina (EC).

 
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