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Altar Mayor Nº - 142 (08)
Monday, 01 August a las 09:57:37

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 142  - julio / agosto de 2011

 

APORTACIONES GENUINAS DE ESPAÑA AL DEPORTE
Saúl García Blanco*



 
«Si nuestro señor Don Quijote resucitara y volviese a ésta su España, andarían buscándole una segunda intención a sus nobles desvaríos. Si uno denuncia un abuso, persigue la injusticia, fustiga la ramplonería, se preguntan los esclavos ¿qué irá buscando con eso?... algunos creen que lo hace por divertirse, por deporte. ¡Lástima grande que a tan pocos les dé por deportes semejantes!».
 
 
El deporte moderno, siendo un fenómeno característico de nuestra época, hunde sus raíces en las manifestaciones lúdicas de las sociedades más antiguas, cooperando incluso en el desarrollo de las mismas; éste planteamiento está avalado por una pléyade de pensadores y estudiosos humanistas. Nadie puede negar que el gran desarrollo del deporte se produce en el siglo recién concluido, evolucionando en él más que en todos los anteriores; pero este hecho no es exclusivo del deporte, todas las acciones humanas han experimentado el mismo proceso. Incluso se podría esgrimir, que el desarrollo deportivo se ha visto favorecido por el tecnológico, económico y social ¿quién puede cuestionar el papel de la radio, la TV y los medios de transporte en el auge del deporte? Tampoco se puede negar que, desde finales del XIX, la actividad deportiva se ha multiplicado especialmente en los países desarrollados; pero afirmar como hacen algunos, especialmente desde el campo de la sociología, que es en la Inglaterra Victoriana donde «nace» el deporte y que Thomas Arnold fue su creador…, me parece, cuando menos, un planteamiento un tanto simplista y carente de perspectiva histórica.

A medida que la sociedad a la que pertenece evoluciona, el hombre cazador pasa a convertirse en sedentario; entonces, al tener asegurado el sustento diario, dispondrá de tiempo libre y practicará los ejercicios de antaño con una finalidad distinta a la de la mera supervivencia: la de cubrir el tiempo de ocio del que dispone; así los ejercicios se irán haciendo más complejos y evolucionarán como lo ha hecho la cultura de la que forman parte. De tal forma se ha repetido en la historia este proceso, que se puede afirmar que el deporte florece al unísono de los avances culturales del pueblo o civilización en que se encuentre; así, la cultura española a lo largo de la historia ha ido realizando aportaciones propias al mundo de los juegos y el deporte.

Un breve y sencillo análisis filológico nos ayudará a demostrar que el vocablo «deporte» no tiene su origen en ninguna palabra inglesa de finales del XIX, tal y como argumentan los defensores de su nacimiento contemporáneo. Buscando la palabra «deporte» en el diccionario de la Real Academia, nos encontramos con: (De deportar) m. Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre... Siguiendo las indicaciones del diccionario, acudimos a la voz «deportar», y en su tercera acepción leemos: (Del latín deportare) // 3. Ant. Divertirse, recrearse... Continuando la investigación recurrimos a un diccionario latino, y hallamos que «deportare» es el infinitivo del verbo Deporto, are, avi, atum (de, porto); en su acepción de derecho dice: «der.: deporte, placer, entretenimiento». El origen de la palabra es, como vemos, latino; posteriormente pasará a las lenguas romances formando: en castellano depuerto, del antiguo deportarse «divertirse, descansar»; en francés, deport; en italiano deportare; en inglés disport, «juego, jugar». Por tanto resulta incluso una incorrección lingüística, el pretender atribuir al sport inglés el origen del deporte; es más, en los comienzos del castellano ya existía la palabra deporto con la significación de distracción, juego… y no pocas veces, en la literatura española de aquellos tiempos se habla de cómo la gente salía fuera de la ciudad («de puertas para fuera») para divertirse, jugar o realizar ejercicios físico deportivos.

El deporte ya era conocido por los griegos quienes intentaban, por medio de su ejercicio, lograr el ideal platónico de la Kalokagathia; es decir, mediante el esfuerzo y la lucha (agón) lograr el desarrollo máximo y alcanzar la virtud (areté). Es en Grecia precisamente donde aparece el primer español relacionado con el deporte, se trata de Lucius Minicius Natalis nuestro primigenio vencedor olímpico. Posteriormente hay que citar a otro hispano, aunque en este caso gracias a un error histórico propuesto por un gabacho laicista y mantenido por la desidia de los investigadores no queda bien parado, ya que se dice de él que «tuvo que ser un emperador español y además cristiano, quien en el 393 aboliera los Juegos celebrados en Olimpia…». Desmiente lo anterior Conrado Durantez, presidente de la Academia Olímpica de la Historia, quien sostiene que el hispano Teodosio nada tuvo que ver con ello, ya que los Juegos Olímpicos fueron degradándose desde que Roma conquistó Grecia al corromperse sus ideales iniciales, lo que provocó con el tiempo su abandono.

La siguiente aparición de un español en la historia del deporte es mucho más celebrada. En la Roma imperial las carreras de cuadrigas en el Circo, donde se solían reunir hasta 200.000 espectadores, equivalían a lo que hoy representa el mundo de la Fórmula 1; colores de equipos, escuderías, directores, conductores, apuestas… todo esto, nació allí. La figura más importante de aquel deporte profesionalizado, el que llegó a ser considerado como mejor auriga del mundo, el que obtuvo el record de 124 victorias en un año, aquel al que la historia reconoce por haber vencido en 1.462 carreras, el «antecesor» de Fernando Alonso… había nacido en el año 104 en Mérida y se llamaba Gayo Apuleyo Diocles, y era más conocido por «El Hispano». También fueron muy apreciados en las arenas romanas unos caballos pequeños y toscos, pero fuertes y veloces, de una pura raza española; desde su tierra asturiana, en la cordillera del Sueve, los Asturcones fueron llevados a competir en los principales circos del imperio.

Otro deporte romano en que destacaron los españoles fue la Gladiatoria, donde figuraban los verdaderos y primeros profesionales del deporte que competían en los Ludus Munera. Del elevado número habido de gladiadores españoles baste con señalar que en nuestra península se han reconstruido hasta treinta anfiteatros; de su fama se me permitirá recurrir, aunque no tenga un estricto rigor histórico, a Hollywood, donde se acepta sin problema alguno que el protagonista de la película «Gladiator» se apode «Hispano».

Durante la Edad Media, en los distintos reinos de España se practicaron diversos deportes: justar, jugar cañas, correr lanzas…, teniendo especial interés la Cetrería hasta el punto, según cuenta la leyenda, de que Castilla se cambió por un halcón... En plena oscuridad intelectual europea, un español va a publicar allá por el año 1283 el primer libro que sobre el juego se escribe en el mundo. Se trata de uno de nuestros mejores reyes (hijo del que es Patrón de la juventud española y también del primer instituto de educación física argentino) Alfonso X el Sabio, quien redactó en Toledo su obra El Libro de los Juegos o Libro del ajedrez, dados y tablas. Mientras, el Refranero Español, verdadero catalizador social, hace otro aporte sobre los deportes que practicaba el pueblo llano en la España de entonces: «Juegos de manos, juegos de villanos…».

La principal característica del deporte es que se trata de un producto cultural, y el producto cultural más importante de España, es la Tauromaquia. Aunque el salto del toro practicado en la cultura micénica es considerado como la primera manifestación deportiva de la historia, las prácticas taurinas se desarrollarán especialmente en nuestra patria. Ya en los circos romanos la figura de los Taurarii hispanos, fue algo frecuente. Durante la Edad Media el toreo era práctica ya habitual, tal y como señala Alfonso X en su Crónica General de España al reseñar que en las Cortes convocadas en León en el 815, por Alfonso II el Casto, «…mientras que duraron aquellas Cortes, se lidiaban cada día toros». Durante el Renacimiento las modalidades de toreo estarán relacionadas con la nobleza y la lidia a caballo, con las modalidades de «la gineta», «al estribo», etc. La bibliografía de ésta época es abundante, incluso en los escritos municipales: «dentro del matadero sevillano se corren cada día toros a pié…»; es decir, ya se empezaba en Andalucía a dar los primeros pasos para el toreo moderno, que culminarían con la publicación de la obra La Tauromaquia. Como producto cultural, los toros viajaron con España al Nuevo Mundo donde se jugaron, corrieron y torearon en todos los países del continente hermano dando lugar, a su vez, a nuevos deportes tales como La Charrería mejicana o el Rodeo norteamericano.

Actualmente en todo el mundo existen federaciones de canotaje y de piragüismo, ambos términos son otra de las aportaciones españolas al deporte universal. Fue Cristóbal Colón el primer europeo en usar la palabra canoa cuando escribió: «…vinimos el 26 de octubre, dixeron los indios que a Cuba había día y medio de andadura con sus almadías, éstas son las que llaman canoas». Cuando los españoles alcanzaron el Pacífico, comprobaron cómo los pueblos de aquella zona daban el nombre de piragua a sus embarcaciones «…andan por los ríos en piraguas tan ligeras y ellos son tan diestros, y al remo andan tan recio, que parecen que van volando».

En Mesoamérica, los soldados de Hernán Cortés quedaron maravillados viendo cómo aztecas y mayas disputaban partidos de ullamaliztli, juego al que pronto se aficionaron ellos: «…a este juego llevaba el Moctezuma a los españoles y mostraba holgarse mucho en verlos jugar». Lo que más les llamó la atención de aquel deporte era «la pelota, del tamaño de las viento castellanas, aunque más pesada, porque la hacían de cierta goma que sale de unos árboles […] y corren y saltan tanto que parece que traen azogue dentro de sí». Hasta entonces en el mundo no se conocían pelotas que botaran, la primera vez que se vieron fue en la visita que hizo Cortés al emperador tras la conquista de Nueva España, ya que el extremeño había traído consigo indígenas profesionales de éste deporte, y con ellos organizó partidos de exhibición ante la Corte española e incluso ante Su Santidad y el Sacro Colegio Cardenalicio en el Vaticano. Fue por tanto España, quien dio a conocer en Europa la pelota de hule, origen de todos los deportes modernos con balón.

En la marcha efectuada desde Veracruz hasta Tenochtitlan, el ejército de Cortés acampó en Cholula, a las faldas del Popocatepelt. La inmensidad y altura de la montaña atrajo el interés de uno de los capitanes, Diego de Ordás, quien solicitó permiso para escalar su cima. Sólo le movía el afán por ser capaz de dominar aquella naturaleza, por superar un reto, por demostrarse a sí mismo que era capaz de hacerlo; es decir, inició la ascensión sólo por deporte. Cuando logró pisar su cumbre se encontraba a 5.452 metros de altitud, su nombre debería de figurar en todos los manuales de alpinismo, ya que su record de altura sólo fue superado varios siglos después al iniciarse las ascensiones a la cordillera del Himalaya.

Durante el Renacimiento, España era considerada en Europa como «el emporio de toda suerte de Juegos, del arte de la esgrima, de la equitación, de la danza y de la caza…»; de entre todos ellos, como aportaciones genuinas hispanas al deporte moderno hay que señalar: la esgrima y la equitación. El único deporte olímpico al que actualmente se le reconoce su origen español es la esgrima, ya que fue potenciada y difundida en el siglo XVI gracias a las obras publicadas por los grandes Maestros españoles como Luís Pacheco de Narváez. En cuanto a la equitación, hay que destacar el hecho de que el estado español fuera el primero del mundo en sufragar los gastos para la enseñanza de un deporte, haciendo de España la primera nación que contase con «centros de alto rendimiento», en éste caso ecuestres, que recibieron el nombre de Reales Maestranzas, fundándose la primera en Ronda en 1570. Las Reales Maestranzas darían lugar posteriormente a las Escuelas de Equitación Españolas, de las que perviven en la actualidad Viena y Jerez.

Gracias a la imprenta y las universidades, los conocimientos son divulgados durante el Renacimiento mediante frecuentes publicaciones. Desde el punto de vista del ejercicio físico, siempre se ha considerado la obra De Arte Gimnástica escrita por Jerónimo Mercurial en 1569, como la primera publicación del mundo al respecto. No obstante, recientes investigaciones han demostrado que dicho honor le corresponde a un médico jienense, Cristóbal Méndez, quien en 1553 (dieciséis años antes que el italiano) publicó El Libro del Ejercicio Corporal y de sus provechos, primigenia obra habida en el mundo sobre la sistemática del ejercicio físico y deportivo.

La aportación española a las artes relacionadas con el actual deporte de la navegación, especialmente desde el XV al XVIII, dejó huella profunda en el mundo durante siglos. Quizás por ello, la más importante colección mundial de obras impresas sobre náutica esté depositada en el Museo Naval de Madrid; entre ellas se encuentra una publicada en Sevilla en 1551 por un coetáneo del anterior médico jienense, Martín Cortés Albacer, conocida como El Arte de Navegar que constituyó el manual utilizado por los marinos de todas las naciones durante mucho tiempo. Otras muchas publicaciones fueron escritas por pilotos y marinos españoles, de alto espíritu deportivo, cuya nómina sería interminable: Elcano, los Pinzones, Legazpi, Malaespina, Torres, Ladrillero, Urdaneta…

Mientras que Pedro de Valdivia luchaba contra los Mapuche (única nación indígena con la que España tuvo que firmar la paz) su Cronista describía, además de las batallas, la cultura y prácticas recreativas de aquellos pueblos. Si El Quijote es considerado la cumbre de las Letras españolas, La Araucana lo es, sin duda, del mundo hispanoamericano. Si se quiere conocer el deporte prehispánico, resulta imprescindible deleitarse con la lectura de las distintas disciplinas atléticas practicadas por los mapuche en sus Juegos Nacionales, tal y como las describe Alonso de Ercilla y Zúñiga en su grandioso poema.

Son los ingleses grandes practicantes de la pesca fluvial para la que utilizan diferentes clases de señuelos, e incluso cuentan con tratados antiguos al respecto como el mundialmente conocido libro de Izaak Walton titulado El Perfecto Pescador de Caña, del que se han hecho más de 400 ediciones y publicado en 1635. No obstante, aunque no tenga tanta fama internacionalmente, la primera vez que en el mundo alguien se dedica a escribir sobre pesca deportiva, en concreto sobre qué color deben de tener las plumas de gallo que se montan sobre los anzuelos para imitar a distintos mosquitos en función de la época del año, ocurre en tierras del reino de León en 1624, y es el maragato Juan de Bergara quien publica el Libro de adereçar y adobar plumas para pescar truchas, popularmente conocido como el Manuscrito de Astorga.

Desde los tiempos de la Grecia clásica, la práctica de ejercicios físicos recibía el nombre de Gimnástica (actualmente todavía hay quien, erróneamente, utiliza dicha denominación). La primera vez que aparece el término de «Educación Física» acaece en 1790 y ello es debido a una española: Josefa Amar y Borbón, quien publica el libro titulado Discurso sobre la Educación Física y Moral de las mujeres. Poco más tarde, otro español logra que, por primera vez, un gobierno europeo considere preciso el titular profesores en éste campo, aunque luego los políticos ignoren dicha propuesta de Ley; su autor, el asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos.

De la misma época que los anteriores, tildado de afrancesado, razón por la que se tuvo que expatriar, un militar valenciano será el creador de una de las más importantes Escuelas Gimnásticas habidas en el mundo: la Escuela Francesa. Idolatrado en Francia aún hoy en día, por su aporte al deporte, y desconocido en España…, éste fue el sino del Coronel Francisco de Amorós y Ondeano, marqués de Soleto, quien aportó al actual deporte de la Gimnasia la mayor parte de los aparatos que se usan en su práctica.

De vacaciones en París, se entera casualmente de que se han organizado unos eventos deportivos (se trataba de la II de las olimpiadas modernas), no se lo piensa y decide participar en la prueba de Tiro donde logra la medalla de plata, que será la primera medalla obtenida por España en unos juegos olímpicos. Cuatro años después, concretamente el 5 de agosto de 1904, se convierte en un referente mundial para el montañismo e inaugura dicho deporte en nuestro país al lograr escalar por primera vez el mítico Naranjo de Bulnes. Se trata del asturiano Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, quien culminó aquella hazaña en compañía de un pastor de Picos de Europa, Gregorio Pérez el «Cainejo».

También en la citada olimpiada dos españoles van a obtener una medalla de oro, aunque no se contabilice en el medallero por ser el suyo un deporte de exhibición; se trataba de los pelotaris Amezola y Villota, quienes se imponen en la modalidad de Cesta Punta por parejas. La Cesta Punta o Jai-alai, practicada en Iberoamérica, Filipinas y muy popular en Miami, es la más antigua de las variantes de este deporte, la más genuina de la pelota vasca, y otra aportación original de España al deporte universal.

Auténtica polideportista ya que practicó esquí, alpinismo, equitación, billar y automovilismo, entre otros deportes, Lilí Álvarez, mucho antes de que Arancha o Nadal brillasen en las canchas de distintos países, fue una de las pioneras del tenis femenino en Europa. Ganadora de numerosos torneos, entre 1926 y 1928 participó en tres finales consecutivas en Wimbledon y alcanzó la victoria en dobles en 1929, siendo considerada como la segunda mejor jugadora del mundo en aquella época. Ya retirada del profesionalismo, se dedicó a promocionar el deporte entre las mujeres españolas asesorando a las profesoras de la Sección Femenina del Movimiento.

La aviación española, en sus orígenes, va a protagonizar varias hazañas deportivas de repercusión internacional. Así, en 1926, un año antes de que Charles Lindbergh a los mandos del «Spirit of St. Louis» cruzara de Estados Unidos a Francia, un hidroavión español, el «Plus Ultra», logra sobrevolar por primera vez el Atlántico. La tripulación que voló desde Palos de la Frontera a Buenos Aires, estaba formada por el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada. Ese mismo año, recién concluida la gesta del Plus Ultra, un equipo constituido por tres pilotos (Esteve, Gallarza y Loriga) y tres mecánicos (Calvo, Arozamena y Pérez) forman la denominada «Escuadrilla Elcano», logrando ser los primeros en efectuar un raid desde el aeródromo de Cuatro Vientos en Madrid, hasta la capital filipina de Manila. Poco después, en 1929, se consigue un nuevo record en vuelos trasatlánticos esta vez sin escalas, desde el aeropuerto sevillano de Tablada hasta el brasilero de Bahía; los pilotos Ignacio Jiménez Martín y Francisco Iglesias Brague, a los mandos del «Jesús del Gran Poder», lograron como deportistas alcanzar una etapa más en la superación de los límites humanos.

En 1931, uno de nuestros más grandes pensadores de reconocimiento internacional, José Ortega y Gasset, elevó el deporte a categoría universal para la especie humana al considerar que las actividades físicas y lúdicas practicadas por los jóvenes de las civilizaciones antiguas, fueron lo que permitió el nacimiento de los Estados. Analizando los valores del trabajo y del ocio, llegó a la conclusión de que el más enriquecedor para el ser humano era aquel que le permitía crear y desarrollarse: «La actividad original y primera de la vida es siempre espontánea, lujosa, de intención superflua […] esto nos lleva a invertir la jerarquía secular y a considerar a la actividad deportiva, como la actividad primordial y creadora, la más elevada seria e importante de la vida; y a la actividad laboriosa, como derivada de aquella, como una mera decantación y precipitado. Es más, vida propiamente hablando es sólo la de cariz deportivo, lo otro es relativamente mecanización y mero funcionamiento».

Dionisio de la Huerta, catalán afincado en Asturias, humanista partidario de las ideas de Coubertín sobre el deporte, va a crear en 1932 lo que él llamó la Fiesta de las Piraguas y que actualmente constituye el considerado mundialmente como más importante descenso de río en piragua: el Descenso Internacional del Sella. Del primer descenso-excursión de carácter lúdico deportivo protagonizado por Dionisio y dos amigos, realizado entre las localidades asturianas de Infiesto y Arriondas, se pasaría posteriormente a los de carácter eminentemente deportivo donde los palistas compiten entre la capital parraguesa y la desembocadura en Ribadesella. En el presente año tendrá lugar la edición LXXV, en la que participarán alrededor de 1.200 piraguas de más de veinte países.

Quizás el español de mayor prestigio internacional en el ámbito de la educación física, haya sido José María Cagigal. Humanista de renombre, fue autor de una prolija colección de libros y artículos deportivos. Creador, fundador y director del primer centro universitario del deporte español, gozó de reconocimiento mundial ocupando numerosos cargos y recibiendo diferentes distinciones internacionales, entre los que cabe señalar, a modo de curiosidad y desde una perspectiva estelar, el otorgado por el International Star Registry consistente en denominar con su nombre a la estrella Centaurus Ra 12h. 58 m. 18 seg.

Actualmente, la mayor organización mundial, la que cuenta incluso con mayor número de países socios que la propia ONU, es de carácter deportivo. El Comité Olímpico Internacional creado por Coubertin en 1892 en París, en una reunión celebrada en la universidad de La Sorbona a la que asistieron, curiosamente, dos profesores de la universidad de Oviedo, ha sido dirigido durante veinte años (1980-2001) por otro español: Juan Antonio Samaranch. Llegó a tal cargo después de haber ocupado otros muchos en España, como el de Procurador en las Cortes de Franco o el de embajador en la URSS. Español y humanista, partidario del carácter educativo del deporte, se enfrentó con la concepción materialista del mismo: «El objeto del Olimpismo es poner el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre, alentando el establecimiento de una sociedad pacífica, preocupada por conservar la dignidad humana».

Ante el peligro apuntado por Samaranch sobre la deriva de los valores del hombre, siempre habrá deportistas españoles que realicen acciones que permitan recuperar la esperanza en el ser humano. El último y excepcional caso al respecto, es el protagonizado por la guipuzcoana Edurne Pasaban, quien se ha convertido en la primera alpinista de toda la historia en ser capaz de coronar las catorce cimas con más de 8.000 metros existentes en el mundo.

Quizás se encuentre en el futuro deporte el rescoldo que avive las llamas de una deseada regeneración social, y quizás sean españoles los encargados de llevarla a cabo fieles a la vieja consigna, propuesta por otro gran y joven humanista español, de que «quien acierta con la nota misteriosa de cada época, no puede eximirse de terminar la melodía…».


* Saúl García Blanco es doctor por la Universidad de Salamanca. Profesor de Historia del Deporte en la facultad de Educación Física de León.

 
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