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Altar Mayor Nº - 143 (01)
Monday, 19 September a las 14:26:35

Altar Mayor artículos REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 143  - septiembre / octubre de 2011

 

LOS PROSCRITOS
Emilio Álvarez Frías



 
 
En España, en nuestro país, es frecuente proscribir de hecho a muchos de sus habitantes por la sola circunstancia de no coincidir en pensamiento con la izquierda apalancada en el poder, o por considerar que los actos de esa izquierda son perjudiciales para la salud de la nación, o de la sociedad a la que corrompen, cuando no es ella misma, la izquierda, la que usa de la corrupción para el enriquecimiento personal; sin olvidar las disposiciones que lleva al BOE que suelen deteriorar notablemente la convivencia entre los españoles de los diferentes rincones de las Patria, enfrentándolos, creando odios entre unos y otros…, sacando a relucir viejas querellas para aprovechar la marea que ello origina, etc. Pues bien, continuamente, esa izquierda, en su demagogia inveterada, proscribe a una parte muy importante de la población mediante el uso y abuso de insultos y trato despectivo y con actos que avergonzarían a cualquier persona normal.

Pero, ¿qué es proscribir? De proscrito dice lacónicamente el diccionario de la RAE: desterrado. Respecto a proscribir es un poco más expresivo: 1. Echar a cualquiera del territorio de su patria, comúnmente por causas políticas; 2. Excluir o prohibir una costumbre o el uso de algo; 3. Declarar a alguien público malhechor, dando facultad a cualquiera para que le quite la vida, y a veces ofreciendo premio a quien lo entregue vivo o muerto. Según nos dice el María Moliner: antiguamente proscribir era declarar malhechor públicamente a alguien. Pues bien, entre el segundo sentido que la RAE da a la palabra y el recordatorio que el María Moliner nos trae a la memoria, podemos asegurar, ya sin tapujos ni ambages, que somos muchos españoles a los que la izquierda nos proscribe.

¿Cómo? Echando mano, para vejarlo, de nuestras ideas política, de nuestras creencias religiosas, de nuestras preferencias culturales, del uso de nuestra libertad para opinar, exponer lo que nos gusta o no, poner de manifiesto lo que nos parece una tropelía, o la mala gestión del Gobierno o de quienes detentan el poder en cualquier instancia de la Administración pública, etc. Si no apoyas y aplaudes todo lo que mana de los políticos y gestores de la izquierda eres proscrito, y puedes recibir cualquier epíteto considerado como difamante en este contubernio de mezcolanzas posibles para el desprestigio personal o de instituciones no sometidas a los dictados del poder omnímodo que ejerce la izquierda cuando gobierna o se ha encaramado a cualquier órgano desde el cual ejercer el poder.

¿Y qué nos encontramos en la otra orilla? ¿Acaso lo que la izquierda presenta, las siglas tras las que se cobija, los planteamientos que impone, las personas que encumbra, son lo mejor, lo más recomendable, tiene la etiqueta más limpia y noble que se pueda ofrecer a la ciudadanía? Pues no, justamente no, objetivamente hay que decir que no, honestamente es lícito reconocer que el bagaje que puede presentar no es precisamente lo más digno; aunque con el habitual y consabido cinismo sean capaces de invertir los ciclos históricos, los hechos del pasado, los comportamientos pretéritos para ofrecer, de esta forma, la cara que les conviene presentar para conseguir sus objetivos, que son los mismos de siempre, manipulando las conciencias, ofreciendo todo lo que sea preciso en el convencimiento de que no cumplirán nada de lo prometido sino que seguirán sus líneas maestras de siempre en el camino de llegar a los planteamientos marxistas, tan conocidos.

Pues no es otra cosa su oferta aunque la decoren y la vistan con ropajes nuevos. Ofrecen un socialismo de honradez a lo largo de un centenar y pico de años cuando la historia real y verdadera, que está ahí a disposición de todo el que la quiera leer, habla a gritos de revoluciones que subvierten el estado, que rompe la nación que se ha ido construyendo a lo largo de siglos, que entierra el sentimiento de la patria, que veda las creencias religiosas en aras de ofrecer una creencia civil por ellos elaborada, que deshace la familia en la forma que viene existiendo desde que se encontraron por primera vez mujer y hombre, que favorece todo lo negativo que es más llevadero que lo positivo donde hay que renunciar a todas las ocurrencias posibles, pues es preciso pensar en los demás; con el macabro complemento de que, si para el cumplimiento de sus objetivos, necesitan llegar a la muerte del que consideran como contrario a sus planteamientos, se provoca la desaparición del oponente, ya sea persona física, institución, creencia, orden social, etc., justo lo que señala la acepción 3ª de la RAE.

Y con mayor desparpajo e insolencia si cabe, el comunismo, cualquiera sea la etiqueta con la que se presente intentando confundir al ciudadano, encubre su negra y macabra historia atacando a los demás con conceptos e ideas que son la base de su pensamiento y actuación, enfundándose en el manto de lo que no son para engañar y desorientar a los incautos. Siendo pocos los embrollados que se preguntan por los millones de muertos originados por todos los medios imaginables a lo largo de más de cien años y buena parte de países; o por la destrucción de naciones que han sucumbido a causa de las ideologías comunistas en sus distintas versiones; o por los cientos de guerras provocadas por el envenenamiento de las gentes y que subsisten en numerosos lugares de la tierra, con limpiezas étnicas horribles, provocando las miserias que a diario nos ofrece la televisión, etc.

Mientras tapan los desmanes del pasado, ocultan los actuales, engañan a la población prácticamente indefensa ante la propaganda constante con permanentes ofertas que cubren con el oropel de la mentira cuando son la resultante de aplicar todo lo negativo de los planteamientos marxistads, los otros, los que no asumen el seguimiento de los dictados de la izquierda, son proscritos, somos proscritos.

Lo somos por muy diversos motivos: porque creemos en el Dios de los cristianos que ofrece el amor, la libertad entre los seres por Él creados, y la trascendencia frente a la inmanencia, y por ello tienen que eliminar la Cruz símbolo de aquella en la que murió el Cristo hijo de Dios; y ha de ser proscrita la cultura occidental en todo aquello que está impregnado de cristianismo, eliminándolo de la sociedad, de las leyes, de la enseñanza, de la justicia, de la autoridad, de las instituciones; y han de ser proscritos los valores fundamentales que rigen la vida de los individuos: el honor, la honradez, la honestidad, el amor a la tradición, a la nación, a la patria, a los semejantes, así como la generosidad, la belleza, lo excelso…; ha de ser proscrito todo el pasado que proceda de actuaciones ajenas a su ideología, es decir toda la historia que no esté escrita por ellos mediante manipulación de los hechos reales, atacando y calumniando a quienes dieron lugar al avance social de las personas, a la creación de instrumentos, a fomentar la enseñanza, a promocionar una sólida clase media, a dotar de puestos de trabajo para toda la población…; somos proscritos todos los que no comulgamos con esa izquierda que, en el pasado mediante unos procedimientos, y en el presente mediante otros, nos presentan unas ofertas con las que no estamos de acuerdo, tenemos ideas propias y diferentes, queremos libertad auténtica para todos los españoles, orden, justicia y enseñanza, confesar nuestra fe y nuestros ideales, conocer la verdadera historia para juzgar, desde la comprensión, a todos cuantos la han hecho, respetando todos los símbolos bajo los que se han cobijado los que han muerto por España, en cualquier aventura, en cualquier batalla, entendiendo que obraban de buena fe y entrega, aunque fuera con pasión, y perdonando los desmanes cometidos, en la creencia de que fueron fruto de las circunstancias.

Deseamos que en España, en nuestra patria, desaparezcan los proscritos porque sea posible llegar al entendimiento entre todos los españoles, sin mirar con odio el color de una camisa, la idea que se mantiene si es con honradez, la fe que se profesa si es para la paz y el amor, de forma que todos puedan sentirse orgullosos de sus arquetipos y, en todo caso, con honestidad y humildad, se puedan presentar los historiales de unos y otros ante el juicio universal en plena libertad.


 
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