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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava - Nº 56
Tuesday, 06 February a las 09:27:47

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 56 – 6 de febrero de 2001

SUMARIO

  1. Carta a D. Luis María Anson
  2. Justicia y Juan Pablo II
  3. La intolerancia de los tolerantes
  4. El Banquillo


CARTA A D. LUIS MARÍA ANSON, Presidente de La Razón
Enviada por Ismael Medina y no publicada

Querido Luis María:

Te leo con el mismo interés, igual curiosidad y pareja ironía que a otros columnistas de fuste apegados al sistema. En algunas ocasiones me complace que veas con lucidez. Verbigracia: cuando admitías que tanto daba a los españoles triunfaran Gore o Busch, pues la política exterior de uno y otro seguiría siendo la del imperio. Y del imperio somos colonia con presunción de soberanía limitada. No en vano, el imperio fue un indiscutible muñidor de la constitución que, según muchos encaramados a la cucaña partitocrática, nos hemos dado los españoles. En la reunión extraordinaria del Bilberderg en el Hotel Son Vida, de Palma de Mallorca (septiembre de 1975) ya se decidió que la transición la haría «hombres nuevos», como quería el entonces Príncipe de España. Tampoco fue ajeno el imperio al apaño constitucional de 1978. Si no me mintió uno de los presentes, érais tres los que conocísteis en Nueva York las directrices que traía a Madrid el enlace del monarca y de Suárez con Kissinger. Pero no es este el tema que me mueve a escribirte, sino una falacia deslizada en tu necrológica de Manuel Aznar, la cual sospecho que habrías obviado si no fuera el padre del actual presidente del gobierno.

Copio: «El padre, director de periódicos en España y en Cuba, articulista excepcional, historiador riguroso, dicen que condenado a muerte a la vez por Franco y por Negrín...».

No es admisible ni perdonable que caiga en el maniqueismo del «se dice», sin preocuparse por indigar su veracidad, un periodista de prestigio como tú y académico de la RAE, al que, no sólo por esa condición sino también por edad ya senecta, debería atribuírsele un mínimo de prudencia y de templanza. Y no haré míos los ácidos juicios que a Indalecio Prieto le merecía don Manuel Aznar, abuelo. Pero en evitación de nuevos deslices sí quiero hacerte llegar unos datos de lo que sucedió a éste durante la guerra.

Don Manuel estaba en Madrid cuando estalló la contienda. Valiéndose de amistades hechas entre la izquierda republicana desde la dirección de El Sol, logró emboscarse, vistiendo mono proletario y portando pistolón al cinto, en un puesto directivo de la incautada sociedad de tranvías. Conseguida la confianza de los mandos frentepopulistas, simuló que se precisaban con urgencia nuevos motores y obtuvo permiso para adquirirlos en el extranjero. Una vez fuera de España, embarcó para la Argentina y allí escribió artículos favorables a Franco y a la causa nacional. Con ese aval regresó a España y se instaló en Burgos. Ordenó su detención un teniente coronel que se sentía agraviado, no sé si por agravios personales o discrepancias políticas. Su prisión fue muy breve, ya que de inmediato se movilizaron los mandos superiores del entorno de Franco y se le puso en libertad, con la consecuencia de que el denunciante pidió de inmediato el traslado. Es de sobra conocido que don Manuel siguió poniendo su talento, su habilidad y su pluma al servicio de Franco y del Estado Nacional.

Conocí a don Manuel en la redacción de Arriba, en cuyos talleres imprimía mi grupo el periódico de prácticas de la Escuela Oficial de Periodismo. Llegaba don Manuel a la redacción y Manuel Vázquez Prada le entregaba la información del día sobre la guerra mundial y uno de aquellos mapas del curso de las operaciones que dibujaba con una precisión admirable. Don Manuel tomaba la documentación, la deglutía y escribía aquellas espléndidas crónicas sobre la contienda que tantos hemos admirado. Era una época deslumbrante en que las páginas de Arriba, tan abiertas como las de su redacción, se nutrían con las mejores firmas españolas de aquel tiempo y en que la cotidiana tertulia la presidía Eugenio D´Ors.

Como siempre, un abrazo de tu perenne contradictor
 

JUSTICIA Y JUAN PABLO II
Por Carlos Divar, Magistrado-Juez Central de la Audiencia Nacional

Como solían hacer los Escolásticos, precisemos los términos del debate antes de desarrollar el discurso: Justicia y Juan Pablo II. Justicia, en la definición de los romanos, consiste en la facultad «de dar a cada uno lo suyo». Algunos han atribuido a la Reina Católica el siguiente concepto de lo que era para ella el Orden: «los Obispos de Pontifical, los Magistrados en el Estrado, los militares en el Campo y los criminales en la Horca». Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, transforma todas las ideas anteriores y en realidad cambia un orden de Derecho por otro de Amor. Él muere por nosotros pecadores para salvarnos, y con la gracia de los sacramentos y por el Bautismo, nos hace partícipes de la divinidad y herederos del cielo. Ciertamente que esto no pertenece a la idea de lo que es justo según los hombres, sino al derroche de ternura y misericordia, que sin merecimiento alguno de nuestra parte, se nos da como Don inefable y gratuito. Hablamos, por tanto, de la Justicia que viene de lo Alto, que Jesús trae a este mundo y que regala a todos los hombres sin excepción, pero que no se impone a nadie. Nunca se olvide esto. Existe libertad plena de aceptar o rechazar lo que el Creador nos da y Jesucristo conquistó para nosotros con su Muerte y Resurrección. Son verdaderas las palabras del Evangelio: «La luz vino al mundo pero los hombres prefirieron las tinieblas».

Cuando hablamos de Juan Pablo II no citamos, simplemente, a un hombre importante que vive y que pertenece ya al patrimonio histórico de la humanidad. Nos referimos al vicario de Cristo entre nosotros. Al «dulce Cristo en la tierra». «Al que hace, aquí abajo, las veces de Dios», como escribió Martín Descalzo. La piedra sobre la que se apoya la Iglesia, y también el hombre de oración permanente y de amor a la Santísima Virgen, como el camino más seguro para estar con Jesús y ser de Jesús. Cuando no se le escucha, se confunden conscientemente sus palabras, se desconoce voluntariamente su Doctrina -como hacen algunos, incluidos eclesiásticos y personas que se dicen de vida religiosa-, no sólo se engañan quienes así proceden, sino que con harta frecuencia ponen en peligro la vida de almas sencillas que se escandalizan ante situaciones como las expresadas. También aquí cabe recordar la severa advertencia del Evangelio sobre el escándalo. Siempre que se oye la voz del Papa el respeto debe ser absoluto. La asistencia del Espíritu Santo le acompaña en todo instante, y aun en aquellos casos en que por la condición humana pudiera equivocarse, existen muchas más posibilidades y probabilidades de error en los críticos que en la palabra de Juan Pablo II; en cualquier caso, los católicos, obedeciendo al Papa, nunca nos equivocamos.

La Justicia de Dios, que antes mencionábamos, es universal e inmutable y se manifiesta en la verdad que es Cristo. Se exige con radicalidad, ya que es un error grave alterar la verdad por complacencias humanas. La misericordia es tener el corazón presto para los hombres, que somos míseros, pero nunca alimentarles de mentira y engaño que les apartan de Dios. El «relativismo» del llamado hombre moderno supone un vivir en la confusión y ambigüedad que le invitan a hacer lo que quiere y no aceptar libremente lo que Dios quiere. «La doctrina de la Iglesia, y en particular su firmeza en defender la validez universal y permanente de los preceptos que prohiben los actos intrínsecamente malos, es juzgada no pocas veces como signo de una intransigencia intolerable. Ésta estaría en contraste con la condición maternal de la iglesia. La obediencia a la verdad que es Cristo, cuya imagen se refleja en la naturaleza y en la dignidad de la persona humana, hace que la iglesia interprete la norma moral y la proponga a todos los hombres de buena voluntad, sin esconder las exigencias de radicalidad y de perfección» (Veritatis Splendor, 95).

«Ante las graves formas de injusticia social y económica, así como de corrupción política que padecen los pueblos y naciones enteras, aumenta la indignada reacción de muchísimas personas oprimidas y humilladas en sus derechos fundamentales, y se difunde y agudiza la necesidad de una renovación personal y social capaz de asegurar Justicia, solidaridad, honestidad y transparencia.

»Sólo Dios, el Bien Supremo, es la base inamovible y la condición insustituible de la moralidad. La verdad de Dios Creador y Redentor, y la verdad del hombre creado y redimido por Él es la única posible sobre la que se puede construir una sociedad renovada y resolver los problemas complejos y graves que le afectan» (Encíclica citada, números 98 y 99).

Resulta asombroso que el Papa, en su Magisterio, llegue a concretar puntos de la vida humana y social que tienen una actualidad permanente. Así, escribe el Pontífice: «en el ámbito político se debe constatar que la veracidad en las relaciones entre gobernantes y gobernados; la transparencia en la Administración pública; la imparcialidad en el servicio; el respeto de los derechos de los adversarios políticos; la tutela de los derechos de los acusados en procesos y condenas sumarias; el uso justo y honesto del dinero público; el rechazo de medios equívocos o ilícitos para conquistar mantener o aumentar a cualquier costo el poder, son principios que tienen su base fundamental en el valor trascendente de la persona y en las exigencias morales objetivas del funcionamiento de los Estados» (30 de diciembre de 1988). «Cuando no se observan estos principios, se resiente el fundamento mismo de la convivencia política y toda la vida social se ve progresivamente comprometida, amenazada y abocada a su disolución» (AP. 18,2-3. 9-24).

Podríamos preguntarnos qué medios tenemos a nuestro alcance para conseguir el imperio de la auténtica Justicia en una sociedad y en un ambiente como el que antes expusimos. Juan Pablo II dijo aquí, en España: «Reflexionar sobre el texto de las Bienaventuranzas. ¿Por qué existe el mal en el mundo? Las palabras de Cristo hablan de persecución, de llanto, de falta de paz y de injusticia, de mentira y de insultos. Y hablan de sufrimiento del hombre en su vida temporal. Pero no se detienen ahí, indican también un programa para superar el mal con el bien. Efectivamente, los que lloran serán consolados; los que sienten la ausencia de justicia y tiene hambre y sed de ella serán saciados; los operadores de paz serán llamados hijos de Dios; los perseguidos por causa de la Justicia, poseerán el Reino de los Cielos. ¿Es ésta solamente una promesa de futuro? ¿Se refieren sólo a la vida eterna, a un Reino de los Cielos situado más allá de la muerte? Sabemos -dice el Papa- que ese Reino está cerca y que ha sido inaugurado, en esta vida con la muerte y resurrección de Cristo» (Madrid, 3 de Noviembre de 1982).

Examinemos ahora algunas ideas del pensamiento de Juan Pablo II sobre temas más concretos de lo que debe ser la Justicia:

Nacionalismos: «el patriotismo es el recto y justo amor a la propia identidad como miembro de una comunidad nacional determinada. El nacionalismo es la negación de patriotismo, pues mientras el patriotismo, amando lo propio, estima también lo ajeno, el nacionalismo desprecia todo lo ajeno y si no logra destruirlo, trata de apropiárselo» (L'obsservatore Romano, 22 de Octubre de 1993). Los nacionalismos han tenido a lo largo de la historia connotaciones de carácter racista, que condena expresamente el Pontífice: «La Iglesia rechaza cualquier forma de racismo como una negación de la imagen del Creador intrínseca a todo ser humano» (Jerusalén, 23 de marzo de 2000).

Dignidad del ser humano: «Me produce una profunda preocupación, cuando observo que algunos grupos quieren imponer a la comunidad internacional puntos de vista ideológicos o modelos de vida que defienden pequeños sectores de la sociedad. Quizá esto sea más patente en campos como la defensa de la vida o la salvaguardia de la familia. Los jefes de las naciones deben tener cuidado para no desbaratar lo que la comunidad internacional y la Ley han elaborado para defender la dignidad del ser humano y la cohesión social» (7 de abril de 2000).

Independencia judicial: «La independencia es un valor al que debe responder, en el foro de la conciencia, un vivo sentido de rectitud y, en el ámbito de la investigación de la verdad, una serena objetividad de juicio. La Justicia debe esforzarse por asegurar la rapidez del proceso, pues una excesiva lentitud es intolerable para los ciudadanos y puede convertirse en una verdadera y propia injusticia» (1 de abril de 2000).

Justicia de los hombres que viven en el siglo: El Papa dice: «A los laicos, sed testigos valientes del evangelio en vuestro hogar y en la sociedad. A las madres y los padres, enseñad la dignidad de toda vida y el valor de la fe de la plegaria y de la bondad. A los jóvenes, construir el futuro sobre el fundamento sólido del Amor de Dios. A los niños, Jesús es vuestro mejor amigo» (21 de marzo de 2000).

Refugiados y emigrantes: «No penséis que por vuestra situación actual sois menos importantes a los ojos de Dios. En Belén, el Hijo de Dios fue recostado en el pesebre de un establo y fueron los pastores de los campos cercanos los primeros en recibir el mensaje de paz y de esperanza» (Belén 22 de marzo de 2000).

Familia: «El matrimonio es una comunión de amor indisoluble, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exige plena fidelidad conyugal y de indisoluble unidad» (Gaudium et spes, 48). «Por ello cualquier ataque a la indisolubilidad conyugal, a la par que es contrario al proyecto original de Dios, va también contra la dignidad y la verdad del amor conyugal. Hay otro aspecto, aún más grave, que se refiere también al amor conyugal como fuente de la vida; hablo del respeto absoluto a la vida humana, que ninguna persona o institución, privada o pública puede ignorar. Por ello, quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida, aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de una sociedad» (2 de Noviembre de 1982).

Quiero terminar estas reflexiones, ciertamente muy incompletas, sobre el pensamiento del Papa actual respecto a lo que es auténticamente Justo, recordando, en palabras del Pontífice, el derecho más primario y fundamental que existe y del que casi nunca se habla: me refiero al derecho de Dios. «Ciertamente es justo y necesario afirmar y defender los derechos del hombre, pero antes es preciso reconocer y respetar los derechos de Dios. Descuidando los derechos de Dios se corre el riesgo, ante todo, de anular los del hombre. Cuando, por el contrario, faltan ese fundamento divino y esa esperanza de la vida eterna, la dignidad humana sufre lesiones gravísimas. Es hora de volver a Dios, en quien a menudo se cree poco, a quien se adora poco, y a quien se ama y obedece poco» (L'obsservatore Romano, 12 de Marzo de 1983).

Es muy importante que los hombre y mujeres que miran al Señor no se desalienten porque existan injusticias en el mundo. No hay que dejar de hacer nuestra parte, por pequeña que sea, aunque no podamos realizarlo todo. Miremos a la Santísima Virgen firme al pie de la cruz. Estemos preparados, como San José, para huir de los peligros del mundo, para salvar el interés de Jesucristo. Dichosos los que saben ver la bondad de Dios, incluso en el momento de la Cruz. El Papa dice: «Si el Padre manda la cruz existe un porqué. Y puesto que el Padre es bueno, ello no puede ser más que para nuestro bien. Esto nos dice la fe. Esto nos enseña Cristo en su Pasión» (30 de Marzo de 1988).

La conclusión final nos parece muy clara: sólo en Amar a Cristo y hacerle Amar, en una vida coherente y cabal, se encuentra la única y verdadera JUSTICIA.
 

LA INTOLERANCIA DE LOS TOLERANTES
Por Álvaro Fernández Texeira-Nunes

Tomado de Arbil

La intolerancia de los tolerantes, es fruto de la extrema tolerancia de los supuestos intolerantes. Porque quienes somos acusados de tales, hemos cedido terreno sin preocuparnos de enfrentarlos en el plano ideológico, donde con la verdad, con la razón, y el apoyo de la ciencia, tenemos todas las de ganar. La tolerancia parece ser uno de los valores más cotizados en el mercado de la posmodernidad. En una época donde el relativismo ético se impone con una fuerza tan brutal como embrutecedora, la tolerancia -gran paradoja- parece ser el bien absoluto que debe buscarse y defenderse a toda costa. Siempre y cuando el sujeto de la tolerancia, sea «políticamente correcto»…

En la teoría, todo se puede tolerar; en la práctica, no se tolera que se pongan límites a la «libertad». Todo se puede tolerar, siempre y cuando no se critique el mal uso -el abuso- de la democracia. Todo se puede tolerar, pero se discrimina a las familias numerosas, a los que no siguen las normas contraceptivas «socialmente aceptadas», a los que se empeñan por vivir la castidad, o formar una familia basada en los valores tradicionales. Todo se tolera, salvo aquello que los tolerantes no están dispuestos a tolerar.

No se tolera el orden, ni la autoridad, ni la jerarquía, ni nada que ponga obstáculos a la «libertad». Todos gritan a coro que el valor absoluto a defender, es la «libertad»; y olvidan que ésta, para ser verdadera, debe estar cimentada en la Verdad, y ordenada al Bien. No se toleran las críticas al laicismo -que no es lo mismo que laicidad-. Los liberales y «librepensadores», los ateos, los agnósticos, los marxistas y los anticristianos de cualquier signo, se han confabulado para imponer el relativismo moral en la educación, rebajando la verdad en nombre de una falsa libertad.

No se tolera que se diga que las mayorías se pueden equivocar. La democracia -que tiene grandes virtudes, por cierto-, como todo sistema político, tiene también sus defectos y puede por ello, ser mal utilizada. Hoy la mayoría dice que hay que aumentar las jubilaciones y mañana, al cambiar las circunstancias, la mayoría dice que hay que bajarlas. ¿Cuál de las dos mayorías tiene razón? Claro, que cuando los problemas se reducen a aumentar y bajar jubilaciones, o asuntos por el estilo, las distintas opciones son perfectamente opinables. Pero cuando se habla de leyes de aborto, de permitir la adopción a parejas homosexuales y otras aberraciones que atentan contra la vida, la familia, el bienestar psicológico de los niños y contra las mismísimas comprobaciones de la ciencia, el problema se ve con mayor claridad: la democracia puede ser utilizada en contra de la verdad. Pero esto, no se puede siquiera mencionar sin ser tildado de fascista, porque es… sencillamente intolerable.

No se tolera que los niños y los adolescentes, sean educados por sus padres en los valores que ellos recibieron de sus ancestros. No se tolera, y se impone un modelo de conducta liberal desde todo tipo de instituciones, incluso desde aquellas a donde la gente acude buscando apoyo frente a la avalancha mediática. Quien lea entienda. La información sobre métodos artificiales para combatir el SIDA y los embarazos no deseados, es abrumadora. Los métodos naturales -que aparte de ser más seguros, implican cambios en la conducta-, no se mencionan; tal vez porque el principal interés de los ecologistas, es salvar a las ballenas…

No se tolera que alguien exprese un pensamiento opuesto a lo «políticamente correcto»: a quien lo haga, se le trata de intolerante, trasnochado, conservador, oscurantista, fundamentalista, retrógrado, cavernícola y otros motes que sólo tienen por objeto denigrar a la persona. Cuando se carece de argumentos para atacar las ideas, se ataca a las personas que las expresan…

No se tolera que quien piensa distinto, lo diga públicamente. Sólo los tolerantes pueden expresar sus pensamientos en los medios, que siempre están a su disposición -aun aquellos que se consideran «buenos»-. Critican violentamente a quienes no se guardan sus discrepancias para su fuero interno, para el ámbito privado de la conciencia. No sea que influyan negativamente en el «nuevo orden mundial», sobre la «aldea global» que están intentando construir, sobre el gelatinoso cimiento de la tolerancia.

No se tolera que los hombres y las mujeres se comporten como tales: que se enamoren, que se casen, que tengan hijos -muchos hijos- y que a su naturaleza les resulte repulsiva la idea de la homosexualidad. Es algo «natural», dicen; entonces ¿por qué no se reproducen? Si alguien osa expresar estos pensamientos, se le discrimina. Y encima... ¡se le acusa de discriminación!.

No se tolera que hombres y mujeres, asuman los mismos «roles» que sus padres, que el marido trabaje y que la mujer se dedique a las tareas del hogar. Cuando esto sucede, a las mujeres se les margina, y se les hace creer que en sus hogares no hay esperanza alguna de realización personal.

No se tolera la austeridad. Está mal visto oponerse al consumismo y a la posesión desenfrenada de bienes materiales, o a la experimentación de placeres diversos. ¿Cómo es posible que alguien prefiera tener un hijo más, en lugar de un auto mejor? ¿Cómo es posible que alguien piense siquiera en trabajar voluntariamente para otros, cuando trabajando por dinero se puede adquirir más confort personal, viajar por el mundo, «comprar felicidad»?

No se tolera que se critique el aborto: la madre tiene «derecho» sobre su propio cuerpo, -dicen- y hay que respetarlo. Cuando se invocan los derechos del embrión, para quitarle su protección legal se le niega su condición humana, aunque está comprobado científicamente que la vida comienza en la concepción. Cuando se destrozan los argumentos prochoice por la vía científica, acuden a la conciencia, al «mal menor», al malthusianismo, y a todo tipo de argumentos que de racionales, no tienen nada: no importa, la verdad científica es un valor sacrificable en nombre de la tolerancia.

No se tolera, por parte de los directivos de algunos importantes medios masivos de comunicación, que se publique la foto de un niño no-nato tomando con su manita, el dedo del médico que lo estaba operando. Tampoco informan sobre el escándalo que desató la prohibición de publicar esa fotografía y los juicios que se sucedieron -demandas a cargo de «tolerantes» de la primera hora-; mientras tanto, dedican buena parte de su tiempo a llenar espacio con noticias intrascendentes.

No se tolera que en los talk-shows, haya mayoría de gente «normal». Siempre ponen alguno, claro -hay que ser tolerantes-, pero la multitud de estrafalarios invitados, casi no le deja hablar: apenas dice una palabra, los «tolerantes» se le echan encima como cuervos hambrientos, y aparentando confrontaciones inexistentes, ocupan más del 90% del programa argumentando en contra del pensamiento normal del hombre común. Hasta que normalizan sus ideas aberrantes e insensibilizan a la opinión pública a fuerza de repetir barbaridades. Así operan los manipuladores de masas; así abusan de las libertades que nos brinda la democracia.

No se tolera que quienes deben decir la verdad por su oficio, la digan con claridad. Se les presiona para que «doren la píldora»…; algunos sucumben ante la tentación de que la opinión pública les palmee el hombro; pero aún son muchos los corajudos que no se callan «ni que vengan degollando». A estos valientes, que dicen la verdad pese a quien pese y duela a quien duela, los calumnian, los difaman, los ensucian, tergiversan sus dichos; todo, con el único objetivo de silenciar la verdad.

No se tolera que se practique el cristianismo ni que se construyan catedrales en algunos países árabes: a los cristianos se los persigue, se los encarcela y se los mata, como en tiempos de Diocleciano; mientras tanto, no faltan quienes, en nombre de la tolerancia, festejan la erección de mezquitas en países tradicionalmente cristianos. Sólo algunas agencias católicas hablan de estos hechos. Curiosamente, tampoco se tolera que se reclame un trato más humanitario para el pueblo palestino por parte de los israelíes. Si alguien se atreve, corre el riesgo de ser acusado de antisemita. Los medios masivos de comunicación, eluden el tema, y los palestinos son sistemáticamente silenciados, porque hay quienes no saben separar la religión de la política.

No se tolera que la gente no sea «tolerante», entendiendo la tolerancia como pasiva aprobación -¿resignación?- de cuanta aberración moral se le pueda ocurrir al ingenio humano. No se tolera que se juzgue, no ya a los individuos, sino a las mismas ideas que orientan su conducta: no se tolera la verdad.

La intolerancia de los tolerantes, es fruto de la extrema tolerancia de los supuestos intolerantes. Porque quienes somos acusados de tales, hemos cedido terreno sin preocuparnos de enfrentarlos en el plano ideológico, donde con la verdad, con la razón, y el apoyo de la ciencia, tenemos todas las de ganar. Pero nos hemos dormido en los laureles por temor al qué dirán, por temor a no ser «progresistas». Es hora de redoblar los esfuerzos, es hora de trabajar con fortaleza y paciencia, en la erradicación de la mayor hipocresía de la Historia, ante la cual palidece el mal ejemplo farisaico; buscando por todos los medios, devolver a la tolerancia, tanto su verdadero significado, como su verdadero lugar en la escala de valores de la sociedad.
 

EL BANQUILLO
...donde sentamos a algunos titulares de la semana (del 29 de enero al 4 de febrero).
Por El Mistert

Lunes 29:

· El PP pide el procesamiento de Arzalluz (La Vanguardia). Y pensar que PP y PNV se apoyaban en la pasada legislatura...

· Cossiga califica de nazi a quien equipara nacionalismo y terror (El Periódico). Los del PNV a través de la Fundación Sabino Arana nos traen a un intrépido «intelectual» italiano, que de paso aprovecha para darnos lecciones de democracia. Cossiga ¡que se te ve la barriga!

· Juan Pablo II eleva a 185 el número de cardenales de la Iglesia Católica (ABC). Como se enteren los progres denuncian al Papa por malos tratos.

· Jean Paul Gaultier apuesta por un hombre «muy femenino» (ABC). Que es lo habitual en los modistos homosexuales: feminizar al hombre y masculinizar a la mujer o convertirla en un adefesio anoréxico. Lógico.

· El foro de Davos trata de presentar el rostro humano de la globalización (La Vanguardia). Que se lo encarguen a Gaultier verán que cosa más monísima les hace.

Martes 30:

· ETA disponía de un informe policial que detalla cómo se investiga un atentado (El País). Pues que se lo pasen a la Ertzaintza; a lo mejor aprenden algo.

· Vacas locas. La UE prohíbe el chuletón español y el francés pero considera sano el británico (El Mundo). Así de justa es Uropa.

· Un consorcio privado de médicos lanza una iniciativa para clonar un ser humano para «fines terapéuticos» (ABC). Bajo la etiqueta «terapéutica» nos van a vender todo lo más truculento. Atentos.

· El BSCH ganó 375.723 millones y dedicará este año a consolidar las inversiones (ABC). Sin comentarios.

· Chrysler anuncia el despido de 26.000 trabajadores (El Mundo). ¿Quién buscaba el rostro humano de la globalización?

Miércoles 31:

· La aprobación del Plan Hidrológico Nacional divide a las Comunidades socialistas (ABC). Lo cual refleja que en esto carecen de un proyecto de Estado.

· Aznar advierte en Sintra que está dispuesto a reformar la Justicia con o sin consenso (El Mundo). Aznar: lo de la Justicia ya no se cura con reformas.

· Consuelo Ordóñez llama «sinvergüenza» al provincial de Loyola (ABC). Consuelo Ordóñez es una mujer valiente, sincera y digna de admiración. Se queda corta en la calificación de Ignacio Echarte que le negó una Misa a su hermano Gregorio. Conductas como la de este sacerdote parece que pretendieran «echarte» de la Iglesia.

· Pinochet afirma que sus enemigos no pararán hasta verle hundido (El Periódico). Lo cual confirma que Pinochet no anda bien de la azotea. Pero ¿qué creía que buscaban sus enemigos: pagarle un crucero a las Malvinas?

· La gran banca ingresó 1,5 billones por comisiones en (el) 2000 (Cinco Días). Esto sí que son comisiones y no las CC.OO.

Jueves 1:

· La UE admite que ha agotado los fondos para hacer frente a las «vacas locas» (La Vanguardia). Que se vayan preparando todos los que estaban acostumbrados a recibir subvenciones comunitarias.

· Dos guardias civiles salen ilesos de un atentado en Pasajes (El Mundo). Un nuevo disgusto para Arzallus.

· El PP acepta que el DNI sea bilingüe si el interesado lo pide (El Periódico). Faltaría más.

· Bruselas expedienta a España por las ayudas a los pescadores (El Periódico). El único oficio que Bruselas nos permitirá será el de camareros.

Viernes 2:

· Artur Mas asegura que no superará el nacionalismo de Pujol al frente de CiU (El Mundo). Ni falta que te hace; os va de maravilla en la actual situación.

· Casi un 20 por ciento de las españolas ha sufrido acoso sexual en el trabajo (ABC). Curiosamente en la misma información nos ilustran que también han sufrido acoso casi un 9 por ciento de españoles.

· El Congreso de EE.UU. abre una investigación sobre el indulto al «español» Marc Rich (El Mundo). Parece que hasta nuestro monarca, guiado por su natural bondad y celo humanitario, medió personalmente ante Clinton para favorecer el indulto del estafador. Ya se sabe lo que pasa con la gente «very rich».

· General Electric podría despedir a 75.000 personas, el mayor ajuste laboral de la historia (La Vanguardia). Con un «General» como éste empiezo a comprender lo del pacifismo.

Sábado 3:

· Fusión de Endesa e Iberdrola: El PSOE afirma que el Gobierno consolida una situación de «monopolio injustificable» (La Vanguardia). Receta neoliberal: primero se denuncia el monopolio estatal; acto seguido se privatiza y se reparte entre amiguetes y afines; luego se fusionan las empresas privadas, y al final, obtenemos un bonito monopolio o similar, pero eso sí, «privado».

· Dos mil miembros de la universidad vasca se rebelan contra la «opresión terrorista» (La Vanguardia). Pregunta ingenua: Y si los asesinos etarras hubieran continuado matando únicamente a guardias civiles, policías y militares, ¿habría surgido toda esta «rebelión» que estuvo tan calladita durante tantos años?

· Felipe González niega que vaya a renunciar a su escaño en el Congreso (ABC). ¿Dónde van a pagar mejor la siesta?

· El Gobierno usará los polvorines del Ejército para almacenar las harinas cárnicas (El País). Hay que ver la variedad de usos que admite el Ejército (siempre humanitarios, claro).

· Extranjeros de El Ejido exponen su marginación a eurodiputados (El País). Han elegido muy bien: no hay profesional de la política más sacrificado con los marginados que un eurodiputado en celo.

Domingo 4:

· Francia sólo entregará a España etarras que tengan reclamaciones de extradición (ABC). La presión política ejercida por el responsable de cuestiones jurídicas del PCF (muy próximo a los abogados franceses de ETA) ha conseguido restringir las expulsiones sumarias de etarras a nuestro país. ¿Fraternitè?

· Gil arremete contra el Tribunal de Cuentas, que le imputa un «agujero» de 63.000 millones (El Mundo). El resto de ayuntamientos tiembla ante la posibilidad de que el Tribunal de Cuentas prosiga con este tipo de investigaciones.

· Jordi Pujol: «En casa no hemos reducido el consumo de ternera» (Entrevista en El Periódico). Lo mismito le ha pasado a muchos otros españoles, que por ser «económicamente débiles» ni probaban la ternera.

· México sienta un precedente histórico y entrega a España al torturador Cavallo (El País). Conociendo nuestra prevención con las vacas, nos ofrece «Cavallo».

· Una delegación europea critica duramente la situación de los inmigrantes en El Ejido (la Vanguardia). Con lo cual, podemos dar por solucionado definitivamente el asunto de El Ejido; no hay nada más efectivo que una delegación de europarlamentarios en visita turístico-solidaria. (¿A que se nota mi debilidad por los europarlamentarios?)


 
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