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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava - Nº 402
Lunes, 17 marzo a las 17:20:35

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 402 –  19 de febrero de 2008

SUMARIO

  1. Carencia de ambición.  Martín Quijano
  2. Dos recuerdos del pasado. José Mª García de Tuñón
  3. ¿Se está grapizando ETA?. Fernando José Vaquero Oroquieta
  4. ¿Es sólo feo el «arte» de hoy? ¿O es también criminal?. Javier Ruiz Portella
  5. ¿España se merece un gobierno que miente?. Periodista Digital
  6. Comentarios. Españoleto



CARENCIA DE AMBICIÓN
Martín Quijano

La apetencia de más… lo que sea, poder, dinero, prestigio, honra, bienes, es una tendencia natural en la persona. Desprestigiada por la cultura religiosa y mundana, exaltadoras de la pobreza y la sencillez como virtudes deseables y procurables, es sin embargo una pasión que tiene facetas muy positivas, que conviene reivindicar.

En primer lugar, constituye un componente esencial del progreso humano. Impulsa al hombre a superar situaciones actuales, para transformarlas en situaciones imaginadas como más deseables. El esfuerzo a realizar para lograr esas transformaciones no sólo produce efecto beneficioso, si ha sido fructífero, de mejorar las bases de partida, sino que mejora el potencial del sujeto activo, aumentando su capacidad de acción, capacitándole para enfrentarse a obstáculos que impiden beneficiarse él mismo, los suyos o sus prójimos. La bondad de los fines justifica el propósito de conseguirlos con buenos medios.

Una Nación tiene la obligación de ser ambiciosa, tanto para satisfacer su destino histórico como para mejorar continuamente la situación de sus ciudadanos. Ello supone la obligación de desarrollar capacidades para influir en su entorno. Parece condenable por la corrección política imperante, pero no es otra cosa el empeño, generalmente aceptado, de que se debe desarrollar un papel puntero en la investigación. Se trata de la identificación más común, y aparentemente innocua, del concepto más real que subyace tras ella, la innovación, o creación de valor añadido mediante los cambios oportunos de la realidad en la que estamos inmersos. Como en cualquier actuación humana, la innovación exige necesariamente dos condiciones previas: la imaginación para diseñar la situación futura que deseamos alcanzar y la voluntad de aplicar los esfuerzos requeridos para su consecución. No se dan estas dos condiciones si nos consideramos satisfactoriamente emplazados en nuestra situación actual –es decir, si nos apoltronamos– o si consideramos que los esfuerzos necesarios y el riesgo del fracaso hacen desaconsejable la aventura –es decir, si la pereza o el miedo nos dominan–. O si carecemos de la más mínima sensación de peligro, pensando que nada imprevisto vaya a deteriorar nuestra posición actual.

Ambas facetas negativas, pereza , miedo o inconsciencia,  son superables si la ambición de mejorar la situación nos domina con la fuerza suficiente para impulsarnos a la acción por encima de las dudas, que siempre tenderán a presentarse como razonables, invocando timoratamente la sensatez, la prudencia o la comodidad actual frente al riesgo y la aventura. O a condenar el desperdicio inútil de fuerzas, cuando la timoratez nos hace dudar de nuestro potencial para lograr el éxito. Esa fuerza es la ambición. Algo cuya carencia explica muchas inoperancias actuales en la sociedad española conformista y satisfecha tras una apariencia de autosatisfacción y condena de la agresividad de toda índole.

La historia de España, en sus múltiples facetas, es una sucesión de períodos en los que la ambición ha impulsado a actuar, superando obstáculos aparentemente insuperables y otros en los que ha prevalecido la tendencia a mantener la situación actual, evitando ocasiones de riesgo, con temor a fracasos catastróficos. Como en cualquier actividad humana, las primeras situaciones son las únicas que han generado progresos. En las segundas, el perjuicio está garantizado desde un principio por la actitud timorata y reaccionaria. Prescindo de esbozar aquí un juicio acerca de cuáles han sido unas y otras ocasiones históricas. Me limito a opinar que la situación actual española es roma, con tendencia política a apoyar lo que se considera que tiene aceptación generalizada, ya sea el cambio climático o la actitud frente al Islam. No estamos, ni lo pretendemos, en ninguna posición de vanguardia. Podemos salvar los casos particulares de empresas que sí mantienen actitudes y posiciones de vanguardia en sus campos, pero la política generalizada es la timidez intelectual. El escaso dinero dedicado a la innovación empresarial es una muestra. La tendencia del jurado de los Premios Príncipe de Asturias a galardonar a los ya galardonados por otros es otra, no menos significativa. Nuestra adhesión masiva al malhadado proyecto de Constitución Europea fue otra. El despego generalizado respecto a lo que supuso el Régimen salido de la Guerra Civil ignora una época en la que la Sociedad española se consideraba capaz de todo. La transformación subsiguiente del país en un Estado fuerte y moderno fue una muestra paradigmática de lo que supone la ambición nacional. Algo difícil de entender hoy, cuando predomina esa timidez intelectual y la subordinación mental a la corrección política, hoy en retroceso en el resto del mundo occidental.

 

DOS RECUERDOS DEL PASADO
José Mª García de Tuñón

No es mi intención escribir sobre el encuentro que ambos personajes mantuvieren un Salamanca el 10 de febrero de 1935 con motivo del mitin que José Antonio dio en el teatro Bretón y que un par de horas antes del comienzo acudiera en compañía de Sánchez Maza y del dirigente local de Falange, Francisco Bravo, al domicilio del escritor donde sostuvieron una entrevista en la que salieron a relucir las viejas querellas de Unamuno con el dictador. Después, ya se sabe, tras el mitin, el ilustre vasco tomó parte en la comida que dieron a los oradores en el Gran Hotel. Sin embargo, este contacto sirvió para que más tarde, según dicen algunos, la Academia sueca no le concediera el Premio Nobel, sin detenerse a examinar los méritos literarios que pudiera tener. 

Mi intención ahora es remontarme unos años atrás cuando los dos, por motivos diferentes, ocuparon grandes espacios en la prensa española. Fue en septiembre de 1931 en el momento que se debatía el proyecto constitucional en su artículo 4º que decía: «El castellano es el idioma oficial de la República, sin perjuicio de los derechos que las leyes del Estado reconozcan a las diferentes provincias y regiones». Unamuno, siguiendo el criterio de la Real Academia de la Lengua, defendió el término español y no castellano. «El español es el idioma oficial de la República. Todos los ciudadanos tienen el deber de conocerlo y hablarlo, y en cada región se podrá declarar como oficial la lengua de la mayoría de sus habitantes». Él no creía que unas regiones fueran más vivas que otras, sino que unas sueñan de distinta manera que otras. «Con sangre –terminó diciendo– dejamos marcada en América la impresión de la lengua española. Y todas las lenguas que hablamos son aisladas, cosa de pueblos; y se fundan todas en una que será la que represente el sentir de España».

Por esa misma fecha, fue también noticia José Antonio al tener que declarar ante la Subcomisión de Responsabilidades políticas por el asunto del archivo de su padre que se abrió en su presencia y del que al parecer habían desaparecido documentos importantes acerca del golpe de Estado, actuación del Gobierno de la dictadura y la correspondencia cruzada entre el general y el rey. José Antonio manifestó que esos documentos fueron llevados a París por personas determinadas, cumpliendo órdenes de su padre, y que ignora dónde pueden encontrarse en ese momento tales documentos. Después anunció que para las próximas elecciones parciales por Madrid presentaría su candidatura con el sólo propósito de defender la obra de la Dictadura y ayudar al esclarecimiento del problema de las responsabilidades. La fijación en algunos sitios públicos de carteles anunciadores de su aspiración, dio lugar a que un grupo de socialistas impidiera su colocación teniendo la necesidad de intervenir los guardias de asalto.    

 

¿SE ESTÁ GRAPIZANDO ETA?
Fernando José Vaquero Oroquieta

El pasado 22 de noviembre de 2007 se celebró, en la sede pamplonica de la Fundación Leyre, una nueva sesión de los Talleres de realidad. Dirigida por quien aquí escribe, se analizó la naturaleza de la organización terrorista ETA desde la perspectiva del concepto descriptivo grapización.

Presentamos sus conclusiones.

El término grapización engloba diversas percepciones parciales del fenómeno terrorista en su evolución (degradación social de una organización terrorista, deriva ideológica, pérdida de perspectiva «política»…), de modo que se impone precisarlo.

Los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), brazo armado del Partido Comunista de España (reconstituido), optaron desde 1975 por la vía de la insurrección armada contra el Estado español. Alimentados por una peculiar lectura del marxismo-leninismo-maoísmo, sus dirigentes juzgaron que la situación española de mediados de los años 70 se encontraba madura para una revolución comunista.

Desde el PCE (r) también intentaron desarrollar diversas organizaciones de «masas», caso de la ODEA y de la todavía existente AFAPP. Pero el liderazgo de la lucha insurreccional recaería en su frente armado. Sin que existiera, realmente, una división nítida entre tales entidades, pues integraban una única organización, se lanzaron a una carrera terrorista salvaje, desatando una feroz campaña de asesinatos, secuestros, sabotajes…

La persecución policial, sus propios errores, y la pérdida sucesiva de sus dispersos núcleos de apoyo, fueron transformando progresivamente la ambiciosa organización inicial en unas bandas aisladas, errantes y obsesionadas en los golpes de efecto; derivando finalmente en un grupúsculo más preocupado en su supervivencia económica, mediante atracos y secuestros, que en el desarrollo coherente de un proceso revolucionario.

El acoso policial, judicial, mediático, político, etc., que sufrió, le aisló de sus escasos apoyos sociales; limitándose sus posibilidades de supervivencia. Que persistiera durante varios lustros, siendo su realidad material análoga a la de cualquier otra banda criminal de pequeña dimensión, únicamente puede explicarse por la persistencia de un liderazgo carismático –análogo al ejercido en las sectas– y un estilo de vida más propio de una mafia que el de una comunidad revolucionaria.

Desde esta perspectiva, ¿ETA se está grapizando? Consideraremos varias circunstancias.

1.    El GRAPO nunca se alejó de su rudimentaria ortodoxia marxista- leninista; lo que le imposibilitó cualquier aproximación a partido político o movimiento social alguno. Tanto el histórico PCE, las numerosas facciones comunistas entonces existentes, así como las restantes izquierdas, se esforzaron en mantener las distancias de este dañino residuo marxista-leninista. Por su parte, ETA nace del nacionalismo vasco, compartiendo algunas de sus tácticas comunes; caso de la implantación del euskera como una herramienta de la «construcción nacional». Pero pronto asumiría ciertas tácticas marxistas-leninistas de la conquista armada del poder político: la «guerra popular prolongada». De este modo combinará el terrorismo con diversos movimientos de «masas», la lucha institucional, presencia mediática, acuerdos parciales de «Frente Nacional» con fuerzas afines tácticamente…, logrando disputar el liderazgo del nacionalismo vasco al mismísimo PNV en el contexto del Pacto de Estella-Lizarra.

2.    Abierta a los instrumentos técnicos de la globalización, ETA ha demostrado una gran capacidad de adaptación a los cambios políticos, culturales y tecnológicos, nacionales e internacionales; tanto a nivel de discurso, como a nivel organizativo.

3.   ETA desarrolló, desde sus inicios, un complejo y activo entramado social, el autodenominado MLNV, que sigue manteniendo una importante capacidad de movilización. ETA, por ello, no puede concebirse separado de su movimiento social. De este modo, su implantación, en contraste al alcanzado por el PCE (r) - GRAPO, fue y es incuestionable.

4.   A pesar de la sucesión de golpes desplegados desde el Estado de Derecho, ETA ha sabido aprovechar todas las oportunidades derivadas de nuevos escenarios políticos (el más reciente, el diálogo con el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero) para el mantenimiento de su cohesión interna, alcanzando buenos niveles encuadramiento, formación y movilización de sus bases. Los GRAPO jamás tuvieran tales oportunidades.

Las condiciones anteriores permiten a ETA el reclutamiento de nuevos militantes, el desarrollo de nuevas fuentes de financiación, y la adaptación de sus «aparatos» a las exigencias coyunturales de la «lucha armada»; y siempre considerando el impacto de las diversas expresiones del MLNV en el contexto político general.

Es incuestionable que ETA está integrada, en la actualidad, por un número de activistas y estructuras muy inferior al que organizó en los años 70 del siglo XX. No obstante, incluso perpetrando una actividad terrorista notablemente más reducida, obtiene un eco mediático y político enormes; multiplicado por el deslizamiento hacia posturas beligerantemente soberanistas de las formaciones nacionalistas «democráticas»: PNV, EA y Aralar.

Que ETA sobreviva, de una u otra manera (nuevos tiempos, nuevas necesidades, nuevas estructuras), o que se esté grapizando en alguna de sus dimensiones –acaso la más visible–, no depende únicamente de ETA y su entorno; sino, ante todo, de la respuesta de la democracia española y su Estado de Derecho, y de la de sus posibles aliados (ciertos nacionalismos, algunos movimientos antiglobalización…).

Sólo una respuesta, hasta ahora, ha demostrado su eficacia frente a ETA: la unidad de los demócratas en un discurso y una estrategia comunes; la colaboración consciente y responsable de los medios de comunicación; la conjunción de la acción policial y judicial, nacional e internacional; la movilización ciudadana; su total aislamiento, en suma. Una respuesta que ya se desarrolló frente los GRAPO con notable éxito.

Por todo ello, todavía no es posible hablar de la grapización de ETA.


¿ES SÓLO FEO EL «ARTE» DE HOY? ¿O ES TAMBIÉN CRIMINAL?
Javier Ruiz Portella
El Manifiesto


«Pues a mí no me gustan nada estas sillas». «¡Qué feas!» «¡Menuda chorrada!» «¡Para desternillarse, oiga!» «O para llorar»… Así dicen todos (toda la gente decente, quiero decir). Pero ahí se acaba todo –y ahí empieza el drama–. Porque el drama, lo verdaderamente angustiante, no está entre quienes destruyen el arte, asesinan la belleza. ¿Qué angustia pueden éstos despertar? Sólo la de no tener bastante fuerza para acabar con tanta impostura (cerrando por ejemplo ARCO, ni que decir tiene). Lo realmente inquietante no son ellos, sino quienes ven estas sillas y, haciendo una mueca, exclaman: «¡Uy, qué feo!»… pero nada más. Lo que de verdad es inquietante es toda esta gente (¿usted mismo, tal vez?) que detesta sinceramente semejante inmundicia, pero jamás se lanzaría a la calle para acabar con toda la mucha que nos ahoga.

Porque no les ahoga: éste es el problema. Sólo les molesta. Porque les parece que la degeneración del arte está muy mal, sí…, pero tampoco es lo esencial, ¡vamos a ver! La gente decente está convencida de que, por más que se acabe el arte, tampoco se acaba el mundo; cree que hay cosas infinitamente más importantes contra las que sublevarse, cosas que realmente ahogan. Como el paro, por ejemplo, o los precios de la vivienda, o el separatismo que aniquila a España, o la destrucción de la naturaleza, o la estupidez de la publicidad, o todo este ingente Supermercado en que se ha convertido el mundo… Males obvios, grandiosos (¿los negaré yo, que no hago otra cosa que denunciarlos?), males derivados en últimas de la misma causa de la que arranca la muerte de la belleza; pero males al lado de los cuales la destrucción del arte, la liquidación de toda gran cultura, no estremece el corazón, no arranca la indignación, la ira, la rabia de nadie. Sólo ese rechazo: «¡Uy, qué feo!».

 ¿Por qué? ¿Por qué ninguna persona decente mueve un dedo (o casi: pienso, por ejemplo, en Fernando Sánchez Dragó y otros amigos con quienes nos manifestamos una vez contra el «Cubo» de Moneo)? ¿Por qué nadie mueve un dedo? Por la sencilla razón de que todo esto «son cosas de intelectuales y artistas», se cree… Porque el arte y la cultura están muy bien, ¡oh, sí!, ¡es tan bonito!…, pero lo que hace vivir –piensa la gente decente– no es el arte o la cultura –salvo si ésta aporta saberes técnicos–.

Principio primero del mundo moderno: ni el arte ni la cultura son fundamento de la vida, pilar del mundo. Sólo constituyen su adorno, su embellecimiento –exquisitos, excelsos, eso sí–. Todos –derechas, izquierdas, curas, comecuras, ateos, creyentes, agnósticos, gentes de orden, gentes de desorden, dogmáticos, demócratas, conservadores, socialistas, liberales, indiferentes…– todos se llenan la boca proclamando la grandeza del arte y la cultura. Quieren decir: la grandeza «estética» del arte; la grandeza «intelectual» de la cultura: estas cosas que, emplazadas ahí, en una franja dorada de la sociedad, nadie considera que estén o deban estar clavadas en su corazón mismo.

Nietzsche (Heidegger también) es uno de los pocos que las ve clavadas ahí, en el ser más hondo de las cosas. «Tenemos el arte –dice– para no perecer a causa de la verdad». ¿Qué «verdad» es la que nos hace perecer? La pretendida verdad de la ciencia, de la razón (o, desde otro punto de vista, de la religión). No sus verdades puntuales, concretas: su pretensión, en cambio, a la Gran Verdad; su convencimiento de que el mundo está fundado en Razón (o en Revelación). Lo que nos hace perecer es la idea del mundo como esa intrincada pero implacable telaraña de causas y efectos que, emanando de un Principio primero, da causa y razón de todo cuanto es.

Sucede todo lo contrario con el arte (hablo del arte: no de la basura). El arte no busca ninguna Causa última, ningún Fundamento, Razón o Revelación. El arte deja que, entrecruzándose sensaciones, entreverándose emociones, las cosas fluyan, se manifiesten en todo su lujurioso aparecer… ¿En su «aparecer»? ¿En su apariencia, pues, inmediata y superficial? No, todo lo contrario. Nada tiene que ver el arte con la apariencia anodina, fútil, de las cosas. Si algo no es el arte –si algo no era…–, es superficial, frívolo, vano. La hondura constituye, por el contrario, su estremecida ley. Toda su grandeza, en últimas, consiste en mostrarnos a la vez, entrelazadas, la apariencia y el trasfondo mismo de las cosas.

Pero ¿cómo explicarlo? ¿Qué pueden decir las palabras, si alguien se planta ante Las Meninas, ante el Partenón, ante el David de Miguel Ángel; si alguien escucha la Novena de Beethoven; si alguien lee la Ilíada… y sólo siente un exquisito «placer estético»? ¿Qué hacer si, ante el impacto de la «belleza» (llamémosla así), si ante ese puñetazo que te asesta ahí, en medio del corazón, la cabeza y el vientre, alguien no se estremece, no siente que todo –todo lo esencial– se encuentra de pronto ahí, como condensado en su esencia misma… y como escabulléndose, sin embargo, sin cesar? Todo: dichas y desdichas, vida y muerte, luces y sombras; todo el sentido y el sinsentido de esa embriagadora tarea de hombres –sólo a nosotros está dada– consistente en existir cara a la muerte.

El arte: lo que infunde aliento y fuerza a la vida, lo que hace que ésta no se reduzca a un biológico vegetar. Y nosotros, ¡maldita sea!, precisamente nosotros que, para vivir, tenemos más necesidad del arte que nadie; nosotros que –muerto Dios– somos los primeros que, desde hace dos mil años, podríamos volver a vivir embriagados con grandeza cara a la muerte; nosotros que, caídos los velos, sólo tenemos el arte y la grandeza de nuestra estirpe para no diluirnos en la nada…, ahí estamos: tan desgraciados, que no se nos ocurre mejor cosa que repudiar la idea misma de estirpe, devastar toda grandeza, aniquilar el menor hálito de belleza… (O regodearnos «estéticamente» en la belleza muerta, enterrada en museos, del pasado: hoy ya no queda otra).

Ahí estamos nosotros, los primeros hombres (¿tenemos aún derecho a llamarnos «hombres»?) que en el lugar de la belleza –dejémonos de eufemismos– colocamos… la mierda. Jamás nadie había perpetrado nada igual. Jamás: desde que hace unos quince mil años, allá en las cuevas del Paleolítico, empezó la gran aventura. Pudo haber períodos, es cierto, en que la gran llama creadora de Occidente menguó considerablemente: pero a nadie, ni en Occidente ni en Oriente, se le ocurrió jamás destrozar expresa, sistemática, empecinadamente el arte. ¿Se entiende ahora que las mamarrachadas expuestas en ARCO o donde sea no constituyen en absoluto un asunto de «belleza» o «fealdad»? ¿Se entiende ahora que constituyen un asunto de vida o muerte?

Cuando ésta acecha (pero sólo ocurre con la muerte que amenaza al cuerpo), la policía suele tomar cartas en el asunto, cerrar las guaridas de los criminales, impedir que éstos perpetren sus fechorías. Ni en sueños (salvo en caso de negociar la rendición ante ciertos terroristas) se les ocurre a las autoridades subvencionar sus crímenes. Con los asesinos de los que aquí hablamos –los del arte– sucede, sin embargo, exactamente todo lo contrario. Ni siquiera la gente decente los considera tales.

P. S.: Y para dar fe de que, minoritario, marginalizado, ninguneado, aún existe, pese a todo, un auténtico arte en el mundo contemporáneo: Una reivindicación del arte figurativo, contra la tiranía de la abstracción

 

¿ESPAÑA SE MERECE UN GOBIERNO QUE MIENTA?
Rubalcaba intentó desbloquear la negociación con ETA tras el atentado de la T-4
PeriodistaDigital

El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se reunió con los miembros de la Fundación Henry Dunant en Madrid tras el atentado contra la T-4 de Barajas perpetrado por ETA. Revela Ángeles Escrivá en El Mundo que una delegación de esta organización, intermediaria entre el Gobierno y ETA, «se desplazó hasta la capital para informar de qué es lo que había ocurrido para que la banda hubiese perpetrado un atentado en pleno proceso y cuál era la situación generada por unos terroristas que se negaban a romper oficialmente la tregua».

El director de la Fundación, Martin Griffiths, fue uno de los interlocutores del titular de Interior quien, una vez más, actuó prácticamente como cogestor –junto al presidente del Gobierno– de un proceso cuyo capítulo final se inició con dicho encuentro y finalizó a mediados de mayo con las reuniones infructuosas entre los enviados del Gobierno y los de ETA.

Una vez se reanudaron los contactos entre el Gobierno y la banda, semanas antes de las elecciones autonómicas del 27 de mayo de 2007, el titular de Interior quiso, incluso, que un hombre de su máxima confianza, perteneciente al mundo jurídico, participase en las citadas reuniones para estar informado de manera precisa de cada uno de los pasos que se daban.

Lo que dijo el ministro del interior tras el atentado de la T-4

2 de enero de 2007. Tres días después del atentado en la T-4 de Barajas, afirma que el proceso de negociación está «roto, liquidado y acabado», y certifica que es «insalvable». En una rotunda declaración, dice: «La violencia es incompatible con el diálogo en cualquier democracia y esto el Gobierno lo va mantener a capa y espada».

9 de enero de 2007. En respuesta a un comunicado de ETA en el que la banda anuncia más atentados si el Gobierno no cumple sus «compromisos», manifiesta: «Una vez más lo repito y no me cansaré: con violencia no hay diálogo, y violencia es poner una bomba, y desde luego poner una bomba como la de Barajas es violencia extrema».

2 de marzo de 2007. En plena polémica por la excarcelación de Ignacio de Juana Chaos y con acusaciones diarias del PP de que el Gobierno mantiene el proceso de paz, repite que «el llamado proceso de paz está roto» y explica que «quien la puso [la bomba en la T-4] tendrá que hacer lo que tenga que hacer, desde luego algo muy serio, para volvernos a convencer a los demócratas de que está seriamente interesado en que acabe la violencia».

 

COMENTARIOS
Españoleto

Fini propone a Aznar

El dirigente de la Alianza Nacional italiana y anterior Vicepresidente del Gobierno, Giann Carlo Fini, propone a José María Aznar como presidente del Consejo de la UE. El italiano demuestra así su fino instinto político, reconociendo el valor de un político que no debiéramos desaprovechar en tareas académicas, como las que le ocupan ahora. Es probable que la propuesta no prospere, pero ahí está.

Visión progre del futuro

Chavez propone en el programa electoral desarrollar la enseñanza del catalán, euskera y gallego en Andalucía, para preparar a los jóvenes andaluces en la búsqueda de un empleo en esas regiones. ¡Eso es progresismo y confianza en tu tarea de desarrollo del futuro! Pura progresía.

Rajoy se aferra a la economía

En la mayor parte de sus intervenciones critica las desventuras económicas actuales españolas. Piensa que los españoles votarán pensando en su estómago, más que su corazón. No se si sería más deseable que se equivocara o que acertase.

Solbes frente a Pizarro

El primero procura eludir el posible enfrentamiento con su rival, y recurre a su descalificación a distancia. Al segundo se le ve con ganas de pelea. Mientras Rubalcaba esté en el poder, no habrá debate. Es tan listo como malvado

El bobo se deja retratar

Circula por Internet una foto en la que aparece nuestro inefable presidente, cuando erá aún aspirante, junto a Hassan II ante una foto del gran Marruecos, ambicionado por este último, en la que no solamente está incluido el Sahara antes español, sino ¡Canarias y Andalucía! Y ZP sonríe con su estúpida expresión que pretende ser comprensiva. ¿qué males hemos cometido como Nación para haber merecido esta plaga?

Nuestros mentores intelectuales

El director de la película premiada con el Goya, del que felizmente he olvidado el nombre, aprovecha su momento de micrófono, al recoger el premio, para pedir la abolición de «esa cosa denominada Conferencia Episcopal». Con la autoridad que le confiere haber dirigido una película ignorada por el público, nos alecciona sobre lo que ignora, como supino ignorante. Es el antecedente de lo que se avecina, consecuencia del monopolio del «poder artístico» por la progresía rampante
 
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