Bienvenido a la Hermandad del Valle
    Búsqueda


    Menú
· Inicio
· Presentación
· Estatutos
· Conversaciones
  en el Valle

· Convocatorias
· Recomendar
· Contacto
    Publicaciones
· Altar Mayor
· El Risco de la Nava
· El Brocal
El Risco de la Nava: El Risco de la Nava - Nº 403
Lunes, 17 marzo a las 18:55:16

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 403 –  26 de febrero de 2008

SUMARIO



A GOLPE DE COMICIOS
Aquilino Duque
El Manifiesto


Llamar cobardes a los terroristas me resulta tan grotesco como llamárselo a los matadores de toros, según hacen los enemigos de la fiesta brava. Al fin y al cabo, unos y otros abrazan una arriesgada profesión. De los riesgos que corren saben muy poco los que de modo tan impropio los califican. Los «chicos de la gasolina» se deben de reír bastante al oír o leer ese calificativo y otros por el estilo, mucho más aplicables a los demócratas que aún no se explican cómo encajan ciertas conductas en una democracia en la que, como vulgarmente se dice, «cabe todo». Una «ciudadana» de a pie justificaba en Málaga unas banderas, no ya anticonstitucionales, sino prehistóricas, diciendo que «en la Constitución cabe todo», y otra «ciudadana», ésta de a caballo, decía en Sevilla que, gracias a esa Constitución, en España cabemos todos. Lo cierto es que en España cabemos unos más que otros, y si no que se lo pregunten a las víctimas de la delincuencia política o común, y en cuanto a la Constitución, cualquiera que no sea magistrado del Tribunal Constitucional puede comprobar que cabe todo porque todos se la saltan a la torera.

Si fuera verdad eso de que en la Constitución cabemos todos, no se saldrían impunemente con la suya los que se ponen al margen de ella con el propósito declarado de descuartizar la nación. No pasa un día sin que asistamos impotentes al ultraje de los símbolos que nos debían unir y por lo visto nos separan o a la imposición con el mismo fin de este o aquel dialecto regional. A mí lo que me llama especialmente la atención es la indiferencia de las más altas instancias del Estado ante la interpretación aberrante o el incumplimiento sistemático de las disposiciones constitucionales. Si nos atenemos a las apariencias y a las versiones oficiales, la Constitución estuvo en peligro en febrero de 1981 y fue el «poder moderador» el que salió con éxito en su defensa. No hubo muertos ni heridos; tan sólo prisioneros. En marzo de 2004, los que explotaron el éxito del cruento estrago violaron sin escrúpulos la jornada de reflexión sin que el pusilánime Gobierno se atreviera, no ya a suspender, sino a aplazar las elecciones una o dos semanas. Se tiene la impresión de que la Constitución corre más peligro por parte de quienes la acatan aunque no acabe de gustarles, que por parte de los demócratas que la están dejando hecha unos zorros.

Yo volvería a tomar en serio la Constitución cuando se me demuestre con hechos que es un baluarte de la nación amenazada. Esos hechos serían la aplicación de ciertos artículos consignados en ella en su día en previsión de coyunturas como la presente. Ya sé que la sola mención de esos artículos pone nerviosos a todos los «padres de la patria» sin excepción, y lo triste del caso es que los que creemos en España no tengamos a donde dirigirnos para impedir su balcanización babelizante.

Ahora bien, una España hecha añicos es una amenaza para la estabilidad del Viejo Continente, sobre todo si se tiene en cuenta que sería una España retrotraída a esos convulsos años 30 que tanto añoran los irresponsables que la desgobiernan. Y yo tengo la impresión de que en los centros de poder de Occidente se está llegando a conclusiones parecidas a las que se llegó a comienzos de los 70 cuando a Chile le salió el forúnculo de la Unidad Popular. No sé si eso explica el nerviosismo con que se lanza a la campaña electoral la gente que detenta el Poder.

 

INERMIDAD DELIBERADA
Matías Cordón

 

En los años de la Transición era habitual entre los progres navarros –antifranquistas, por supuesto– manifestar su propósito de hacer desaparecer de la heráldica española «la gallina», refiriéndose al águila de San Juan, y «la lechuga», esta vez refiriéndose a la Laureada de la heráldica particular Navarra. Lo consiguieron. Su lenguaje despectivo y soez tuvo éxito, acobardando a los políticos, tanto nacionales como regionales, que debieran haber defendido la dignidad de esos símbolos, pero que renunciaron a su deber, plegándose con indignidad a esos ataques. No sirvió de nada alegar la altura de miras que supone adoptar la decisión de Isabel la Católica, que escogió el águila de San Juan, sin el menor asomo de imperialismo. Ni que la Laureada premia el heroísmo, no la victoria. Los progres, prototipo de estulticia dogmática y reaccionaria –estas vez, como mera reacción a decisiones de Franco– lograron que los nuevos detentadores del poder se plegaran a sus exigencias.

El éxito superó sus expectativas porque, al quitar esos símbolos, los que consintieron admitían la ilegitimidad del sistema, los momentos y las generaciones que los habían colocado en la heráldica nacional, en muchos casos sus progenitores, intelectuales o fisiológicos. Y con ello, quedaban inermes ante la pretensión de los ahora vencedores: que éstos representaban la única legitimidad admisible. La derecha pasaba a ser una posición desprestigiada, los falangistas pasaban a ser exclusivamente ultraderecha –mucho más denigrable que cualquier grupo imaginable de ultraizquierda, si es que eso existe en el vocabulario político vigente–, el franquismo ocupaba la posición ínfima en respetabilidad política... Se podría seguir relacionando posiciones descalificadas ab initio en el diálogo político actual en España. Baste decir que la progresía ha conseguido monopolizar el significado de la palabra fascista y la primacía, si no la exclusiva, en el derecho a descalificar con ella.

El tema de la rendición intelectual, o mejor semántica, de la derecha sería admisible si implicara sólo un episodio de la lucha política. Algo que resultaría pasajero y susceptible de ser revertido en un futuro con mayor éxito popular. Lo malo es que la clase política derechista ha asumido de tal forma esa derrota que ya se descalifica entre sí empleando esos términos que la abruman. Con lo que ahondan el pozo en el que están. Los antiguos falangistas, estén donde están ahora –por ejemplo, Polanco y Cebrián– son «vilipendiados» por la derecha como antiguos ultras del Movimiento. El Presidente de La Caixa, amenazado con un boicot en sus agencias, califica como típica del Movimiento Nacional la oposición a la OPA de Endesa. Considera que, con ello, mejorará la simpatía hacia su postura. El PP se negó a emitir un sello postal conmemorando el centenario del nacimiento de José Antonio, y aceptó al primer envite que, tras sesenta años de la nueva denominación, el Puerto de los Leones volviera a llamarse Puerto del León... Son sólo algunos ejemplos de la amplia y entreguista disposición de la derecha a renegar de sus representantes anteriores, presentándose como un grupo que abdica de su historia.

La izquierda ha conseguido, gracias a esa rendición intelectual de la derecha, el gran triunfo de opinión de que se ignore sus salvajadas de todo tipo en la Guerra civil, que ahora son achacadas con apabullante frivolidad a «mera propaganda franquista». Incluso contrarrestan, como cortina de humo, con frecuentes búsquedas de tumbas propias, dentro de lo que han dado en identificar como «recuperación de la memoria histórica». Que, por supuesto, exige precisamente un ejercicio de pérdida de memoria en el pueblo español.

Un esfuerzo nacional de recuperación de una patria degradada, la creación de un Estado con infraestructuras materiales y administrativas como no había tenido nunca España, un apaciguamiento político y transformación de las condiciones materiales de la sociedad, que han permitido aguantar las tarascadas nacionalistas durante décadas, sin apelar a la violencia, son varias de las tareas ingentes realizadas durante cuarenta años que hoy son ignoradas por los descendientes, de ambos bandos, de quienes las protagonizaron.

Han elegido la inermidad para el combate político. Mal planteamiento para un combate en el que, además, el contrario se lo pone tan fácil como, y es sólo un ejemplo, negándose a enarbolar la bandera nacional en sus actos.

 

«LA VIDA DE LOS OTROS»: LOS GENOCIDIOS DE LA IZQUIERDA
Eduardo Arroyo
El manifiesto.com

La película La vida de los otros, del director alemán Florian Henckel von Donnersmarck ha obtenido este año el oscar a la mejor película extranjera de habla no inglesa. Felizmente. Y digo «felizmente» porque ya va siendo hora de que el público conozca también los crímenes de los «buenos».

Es cierto que aún queda mucho para una película sobre el bombardeo de Dresden, para una película que muestre la estrategia de terror sobre la población civil como medio de alcanzar objetivos políticos, esa estrategia que pusieron en marcha los anglo-americanos durante la Segunda Guerra Mundial o sobre la entrega de prisioneros rusos a Stalin. Pero de momento cabría conformarse con ir demoliendo ese mito de que un militante izquierdista es una persona idealista, comprometida con el sufrimiento de los demás, que busca combatir la injusticia allá donde se encuentre. Bastaría con que esa presunta superioridad moral de toda una generación de políticos «progresistas» quedara desenmascarada como una mera tapadera de los mayores crímenes de la historia.

En la película de von Donnersmark queda perfectamente captado el ambiente lúgubre y deprimente del terrible estado totalitario forjado por el «socialismo real» de la DDR, tal y como el autor de estas líneas lo vivió con poco más de veinte años. El «soplo», la delación, la desconfianza incluso hacia los vecinos que, a su vez, por miedo a un aparato represor inmisericorde, no vacilaban en entregar a sus seres allegados, queda muy bien plasmado en la película. Este infierno, por el que nadie fue juzgado y cuyos responsables se reciclaron perfectamente en la época posterior, constituía el modelo del bloque «progresista» occidental que entonces creían tener razón y que hoy pretenden seguir teniendo razón sin el más mínimo ajuste de cuentas con el pasado. Así, por ejemplo, el mismo día en que Pinochet fue detenido por orden del Juez Garzón en Londres, Markus Wolf, el todopoderoso jefe de la Stasi, responsable de muchos más «desaparecidos» que Pinochet, presentaba un libro en la cadena «Crisol» de Madrid. Años más tarde, cuando Pinochet moría para regocijo de los bienpensantes del planeta, Erich Honecker, dueño de una cárcel infernal de 17 millones de personas, había escapado ya al proceso de las autoridades de la Alemania Federal, alegando razones humanitarias, para fallecer en la cama de Santiago de Chile, en medio de cuidados sanitarios y después de haber sido Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid con un rector de derechas.

Incluso la ONU, pretendida «conciencia moral» de la humanidad, ha negado a Ucrania el derecho legítimo de declarar «genocidio» los 7 millones de víctimas de la política de exterminio llevada a cabo por el Partido Comunista de la Unión Soviética durante los años 30, con el fin de implementar en aquella tierra los dogmas de la ideología marxista. Para la moral universal, los ucranianos muertos en los altares de Kart Marx son asesinados de segunda para los que no cabe ni recuerdo ni reconocimiento. Y es que, contra lo que divulga la ideología dominante, el déficit de «memoria histórica» está precisamente en el campo de los que reclaman esa «memoria histórica». Hace unos años, el brillante analista político norteamericano Eric Margolis expuso la espinosa cuestión de la tolerancia para con los genocidios de la izquierda en su demoledor artículo «The 20th century´s worst crime goes unpunished» (El peor crimen del siglo XX queda impune).

Esta doble moral, que hoy permite al capitalismo depredador hacer pingües negocios con la mano de obra esclava en China, no tiene otra explicación que una inmensa podredumbre de las conciencias, que sirve para escamotear a la «opinión pública» millones de víctimas desde Pekín a Madrid. Y solo hemos citado unos pocos ejemplos concretos porque, en realidad, la casi totalidad de los políticos «progresistas» que operaba en tono hipercrítico y moralista en occidente, tenía su base de operaciones en el mayor infierno político que ha construido el hombre sobre la tierra. Sus reuniones tenían lugar en Bucarest o en Praga al amparo de unos tanques que se ocupaban de que no se pudiera comprar ni una máquina de escribir sin permiso del partido. Desde Ramón Tamames y Willy Brandt hasta Felipe González y Santiago Carrillo, todos fueron cómplices –en uno u otro momento, por acción, omisión o abierto colaboracionismo– del derramamiento de sangre de millones de inocentes. Por si fuera poco, encima tuvieron el cinismo de presentar como «combatientes por la libertad» a los que luchaban por convertir a otros países en un experimento fracasado más, al precio de la destrucción física y moral para la cual el comunismo era –y es– una receta segura.

Hoy, cualquiera que estudie un poco en las hemerotecas averiguará que ni Salvador Allende ni la «revolución de los claveles» luchaban –y tampoco lo pretendían– «por la democracia» o «la libertad» en sus respectivos países, sino que más bien, combatían para hacer de aquellos lugares algo parecido a la Albania de Enver Hoxa o a la Rumania de Nicolae Ceaucescu, de donde obtenían fondos e inspiración. Sin embargo, para la mayoría de la gente, sigue siendo necesario que películas como las de von Donnersmarck inviten a la reflexión a una juventud que, entre la intoxicación de «Cuéntame» y de la «memoria histórica», carece de los elementos necesarios para conocer el verdadero rostro de ideas fracasadas a un precio demasiado caro en sangre y sufrimiento.

 

ZAPATERO, DISPUESTO A NEGOCIAR LA COSOBERANÍA DE CEUTA Y MELILLA
Pedro Canales (Rabat)
El Imparcial

El presidente Rodríguez Zapatero tendría decidido abrir negociaciones con Mohamed VI para diseñar el futuro de Ceuta y Melilla en el caso de ganar las elecciones del 9 de marzo, aseguran a El Imparcial fuentes marroquíes cercanas al Palacio Real. La estrategia diseñada por Zapatero estaría motivada por dos cuestiones cruciales: garantizar la permanencia y los intereses de los españoles residentes en ambas ciudades, y resolver definitivamente un «problema» que arrastran los diferentes gobiernos desde el comienzo de la Transición democrática hace 30 años.

La abrupta respuesta de Marruecos a la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla, con la llamada a consultas de su embajador, demuestra, a juicio de fuentes diplomáticas españolas con experiencia en los entresijos de las relaciones entre Madrid y Rabat, que «el colchón de intereses económicos y diplomáticos creados por España no ha servido para congelar las reivindicaciones de la monarquía alauí sobre ambas ciudades de soberanía española»".

La idea de resucitar la «célula de reflexión» propuesta por Hassan II en la década de los 90 y bien vista por el entonces Presidente Felipe González, ya está en marcha. Se trata de un plan que se ha venido gestando desde que el PSOE ganó las elecciones en marzo de 2004 y Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa. Uno de los primeros pasos en esta dirección lo dio el presidente del Gobierno cuando, aun Secretario general del PSOE, nombró a dos diplomáticos para reforzar al entonces responsable de Relaciones Exteriores del Partido Socialista, Manuel Marín.

La designación para esta misión de Miguel Ángel Moratinos y de Máximo Cajal, fue acogida con evidente satisfacción por Rabat. No sólo porque se hizo en plena crisis hispano-marroquí por la decidida intervención del presidente Aznar en Perejil, sino porque ambos diplomáticos eran considerados en el Palacio Real alauí como «excelentes amigos» de Marruecos.

El primero desde los años en los que estuvo destinado en la representación diplomática española en Rabat, y el segundo cuando publicó su libro Ceuta, Melilla, Olivenza y Gibraltar, ¿dónde acaba España? (editorial Siglo XXI, 2003), en el que se mostraba partidario de las tesis marroquíes. El entorno de Mohamed VI entendió que el mensaje de Zapatero era claro: «cuando llegue el momento, hablaremos de Ceuta y Melilla». Y Rabat tomo buena nota de las palabras de Cajal cuando escribía: «hay que remediar una situación que me parece básicamente injusta. Una situación colonial que es una afrenta a Marruecos y un elemento de desasosiego y mala conciencia nacional para España, que se agita en cuanto se menciona el tema. Hay que reintegrar la integridad territorial a Marruecos».

La «solución» que proponía el embajador Cajal era, ni más ni menos, que devolver las dos ciudades a «su dueño legítimo, que es el Reino de Marruecos» en un plazo de 20 años. La astucia de Marruecos para arrinconar a Rodríguez Zapatero y ponerle ante la obligatoria disyuntiva de relanzar la «célula de reflexión», ha sido la de recordar, en todos los foros que ha podido, así como en los medios de prensa especializados y en trabajos académicos, que las voces que en España han pedido que se negocie la restitución de las dos ciudades, vienen desde el momento mismo de la Transición política, e incluso antes.

El PSOE ya lo incluyó en su programa

En sus memorias, Verstrynge señala (pág. 0) que «en el Libro Blanco para la Reforma Democrática elaborado por Godsa, en un capítulo dedicado a la política exterior, la comisión ad hoc preconizaba el retorno de Ceuta y Melilla a Maruecos».

Rabat también se ha preocupado por recordar que en el programa electoral diseñado por Alfonso Guerra para las elecciones de 1982, en las que el PSOE ganó por mayoría absoluta, se contemplaba la negociación entre España y Marruecos sobre Ceuta y Melilla. El entonces número dos socialista estimaba que el crecimiento demográfico de los musulmanes de las dos ciudades, superior al de los españoles, traería la solución por sí misma.

El Palacio Real alauí ha diseñado una «hoja de ruta» de las negociaciones que quiere emprender con España una vez que Rodríguez Zapatero ganase las elecciones. Dicho documento, al que ha tenido acceso El Imparcial, se marca como objetivo la creación de una «comisión técnica» bilateral que solucione los problemas económicos y sociales en los entornos de ambas ciudades, antes de abordar la «negociacion política» para la que Rabat preconiza, entre otras alternativas, la «cosoberanía hispano-marroquí» de Ceuta y Melilla. Esta fórmula permitiría a Mohamed VI plantar junto a la española la bandera del reino en las dos ciudades y los Peñones de Alhucemas, Vélez de la Gomera y las Islas Chafarinas, y aprovecharse de las ventajas económicas y fiscales que la UE otorga a las dos ciudades. De ahí que el aparato de poder marroquí haya decidido apostar por la continuidad de Rodriguez Zapatero al frente del poder.

 

COMENTARIOS
Españoleto

 

Quien propugna el inglés, es español

Los dos candidatos principales anuncian su propósito de potenciar el inglés en el sistema educativo español. En una situación de carencias importantes, con nuestro idioma prohibido en significativas zonas de España y  un aborregamiento generalizado, la solución resulta ser imitar a los anglosajones por su lengua, no por sus actitudes ante la vida. Mal panorama.

El despropósito europeo en Kosovo

La independencia autoproclamada de Kosovo ha sido apoyada por USA, la Nación que sacrificó un millón de vidas para evitar la secesión de los Estados Confederados del Sur. Y por irresponsables naciones europeas, responsables de atizar la hoguera balcánica. España, por una vez, ha mostrado sensatez al negarse a otorgar licitud a esta nueva chispa.

900.000 euros

Es lo que, según la policía francesa, recauda la Eta a los empresarios. ¿Cuántos activistas tiene la Eta? ¿50 ó 100? No es un mal sueldo. Es comprensible que les cueste disolverse. ¡Menudo chollo se han buscado los expertos en la mentira y el tiro en la nuca! Y la sociedad vasca, tan terne. ¿Hasta cuándo?

Prohibido, de nuevo, el ¡Viva España!

El Ministro de Defensa ha prohibido el Himno Nacional y la conocida jota –que Miguel Fleta cantó en San Rafael, al pié del Alto del León, para animar a las primeras  tropas nacionales que pretendían ocuparlo en julio del 36, marcando el final de un periodo en el que las autoridades militares prohibían también a sus subordinados ese grito frente al ¡Viva Rusia! con que les zaherían– ¿Volvemos a las andadas?

¡Sorpesa, existe la extrema izquierda!

A Rosa Diaz le agreden estudiantes de la extrema izquierda, según los comentaristas. Resulta que, por primera ve desde hace años, existe públicamente la extremosidad en España. Hasta ahora, sólo existía en la derecha. Es una novedad importante, como es que a los nacionalistas socialistas les titulen de nazis, y simultáneamente, de izquierda. Llamar a la cosas por su nombre, identificar el problema, es el comienzo de la solución.

El PSOE se pone nervioso

Y sube su nivel de insultos, ante la evolución de las encuestas. Y no es para menos. ¿Alguien puede imaginar un futuro medianamente cómodo para ZP, si pierde? ¿Sobre qué prestigio se va a asentar, si queda fuera del poder político que le permite alimentar bocas aduladoras?

 

Sardá se arrodilla para pedir el voto para el PSOE
Libertad Digital

 

En un nuevo episodio de la animadversión que los populares despiertan entre los autodenominados artistas e intelectuales, el presentador Xavier Sardá pidió el pasado jueves ante las cámaras de Cuatro que no se votara al PP en las próximas elecciones.

 El presentador empleó las mismas palabras que utilizó el pasado mes de octubre en un programa de TV3 de Julia Otero, en el que, dirigiéndose a los niños, proclamó "no votéis a Acebes". Con la misma frase, Sardá pidió a la audiencia de Cuatro que votara, en lugar del PP, al PSOE. "Coño, votad al PSOE, hostia", llegó a decir el presentador entre las risas de Boris Izaguirre, miembro de la Plataforma de Apoyo a Zapatero, y Ana García Siñeriz.

 Sardá, arrastrándose por el plató mientras Izaguirre, que presentaba el último programa de Channel Número Cuatro, le sacaba fotos, evocó también las palabras de Zapatero a Iñaki Gabilondo en los informativos del mismo canal. "Ahora viene la época de dramatismo", gritó el presentador. Izaguirre, mientras, asentía a sus palabras: "estoy totalmente de acuerdo".

A nadie extrañará este vulgar comportamiento de personaje tan ridículo, rastrero y miserable. Daña nuestra sensibilidad publicar lo que antecede, pero lo consideramos aconsejable para que el pueblo español, y cuantos nos siguen, comprueben la calaña de los «intelectuales» que apoyan a Zapatero. Una vez más hemos de clamar: ¡Dios nos libre de esta caterva de individuos!


 
    Opciones

 Versión Imprimible Versión Imprimible

 Enviar a un Amigo Enviar a un Amigo