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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 405
Domingo, 23 marzo a las 19:24:20

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 393 –  18 de diciembre de 2007

SUMARIO

  1. Tanatofilia. Aquilino Duque
  2. La preocupación de la excelencia. Martín Quijano
  3. A vueltas con la cultura de Zapatero. Luis María Anson
  4. Apuntaciones sobre el antes y después del día 9. Antonio Castro Villacañas
  5. Dos millones en la plaza de Colón. Javier Compas
  6. Comentarios. Españoleto
  7. ¡Increíbles estos muchachos de IU, vs comunistas!. El Imparcial
  8. Chavez mercader del secuestro. Pablo Victoria


 

El otro vencedor de la jornada:
e
sta porquería «nos» representará en eurovisión

 No merece extenderse más por hoy respecto al resultado de las elecciones del 9 de marzo. Basta con el breve comentario que hemos encontrado en El Manifiesto.

 El domingo eligieron a Zapatero y el sábado eligieron a «Chikilicuatre», el cómico que representará a TVE (a «España») en el festival de Eurovisión. En cierto modo, son dos acontecimientos que guardan entre sí alguna coherencia interna: dos imágenes asociadas de un mismo país. ¡Qué país...!

 

TANATOFILIA
Aquilino Duque

El Manifiesto

Lo que hoy se entiende por «política social» no tiene nada que ver con lo que se llamaba «justicia social», es decir, las justas reivindicaciones del trabajador explotado. Diluidas estas reivindicaciones en la sociedad sin clases de las democracias igualitarias, máxime en las que son los obreros los que, al menos en teoría, detentan el poder político, la economía pierde peso en la retórica revolucionaria a expensas de una cosa que llaman ética, cultura o progreso, según se encarte, y cuya finalidad no es llenar los estómagos, sino lavar los cerebros. La expresión lavage de cerveau (lavado de cerebro) vino a sustituir, en Francia al menos, a la expresión bourrage de crâne (relleno de cráneo), operación en la que rayaron a gran altura las «vanguardias del proletariado», una de las cuales, la china, la llamaría nada menos que «revolución cultural». Esa «revolución cultural» acabaría por imponerse en Occidente a partir del mayo francés de 1968 y hoy se imponen sus dogmas en nombre de la llamada «corrección política». A tenor de la «corrección política» de esa «revolución cultural», la «política social» se reduce a una cultura de la muerte, orientada a mantener a raya la demografía del planeta y a erradicar determinadas culturas; de ahí que la «política social» se cifre en el aborto, la eutanasia y el amor estéril. No señalo a nadie en particular. El Tribunal Constitucional de la República Federal de Alemania, cuya sede está o estaba en Karlsruhe, celebró el cincuentenario de su creación congratulándose de haber legalizado el aborto y hecho retirar el crucifijo de las escuelas.

 


LA PROCURACIÓN DE LA EXCELENCIA
Martín Quijano

 
El análisis de nuestra actualidad española proporciona un panorama plagado de deficiencias. Nuestra actividad económica es incapaz de cubrir con suficiente autonomía nuestras necesidades, las que creemos poder permitirnos, y, consecuentemente, vivimos permanentemente a merced del crédito exterior para neutralizar el permanente saldo financiero negativo en que incurrimos. Nuestra producción cultural aspira, tan sólo, a codearse con las vanguardias mundiales, no tanto para emularlas como para imitarlas, sin más aspiraciones que «estar en la movida». Nuestro panorama moral y espiritual resulta desolador, con nuestra sociedad contagiada a tope de la crisis ideológica de Occidente, torpemente incapaz de mantener un nivel de compromiso con los valores que han sustentado nuestra historia, como lo demuestra la crisis de vocaciones religiosas y el crecimiento acelerado del número de abortos y fracasos matrimoniales. Nuestro nivel educativo nos coloca en los últimos puestos europeos sin que ello parezca preocupar a nuestros actuales gobernantes

Sálvense las indudablemente existentes excepciones que quepa encontrar a todo lo anterior, pero parece innegable que el panorama general ofrece escasas facetas en las que podamos enorgullecernos de una posición prominente dentro del mundo en que nos encuadramos. Nuestra nación, nuestro pueblo, «chupa rueda» en cualquier aspecto del mundo moderno. Los puestos prominentes están ocupados por otras sociedades, generalmente la Useña –en la identificación que propugna Pío Moa– como corresponde a una Nación que se ha encontrado con, y asumido el, papel director del progreso, pese a la reticencia con que ese papel es discutido, no ya por las naciones rivales, sino por las teóricamente alineadas con las mismas posiciones que lidera USA, es decir, sus teóricos aliados en el devenir mundial, como es el caso de las principales naciones europeas, entre las que nos encontramos, celosas y resentidas ante la preeminencia general de la gran nación americana. USA marca hoy las cimas de la excelencia en temas culturales, económicos, científicos, militares, etc. Y el resto de los pueblos seguimos, más o menos reticentemente, sus trazas.

La situación no es nueva. Toda nación que ha asumido la hegemonía mundial en algún momento de su historia, ha tenido que potenciar toda su capacidad creativa para encontrar las soluciones nuevas a los problemas que ha tenido que encarar. España lo hizo, en su momento, liderando las innovaciones en navegación, logística, comunicaciones, tácticas militares, derecho internacional y tantos otros aspectos necesarios para mantener su hegemonía.

No significa eso que la búsqueda de la excelencia sea tarea exclusiva de los países líderes. Hoy en día, con la comunicación prácticamente instantánea, hay múltiples aspectos particulares, o solamente nacionales, en los que pugnan los contendientes a nivel sumo. Cualquier empresa sabe que su competencia no tiene límites, y que debe procurar la excelencia en sus productos, si quiere sobrevivir. Lo mismo cabe decir de cualquier profesión o actividad cultural. Si no procuran la excelencia en su ejercicio, los actores de la misma corren peligro de desaparecer del panorama.

¿Qué ocurre en España, donde esa búsqueda o procuración de la excelencia no parece constituir una inquietud para nuestros profesionales, que se conforman con la mediocridad como postura vital? La respuesta más sencilla es que el ambiente se lo permite: No devengan perjuicios como consecuencia de ese conformismo con la mediocridad. La sociedad española tolera y convive con los mediocres, manteniéndoles en puestos desde los que, en el mejor de los casos, expanden su mediocridad. Como fórmula de coexistencia, no critiques, y no serás criticado. No condenes la mediocridad y se te consentirá la tuya. Cómoda forma de coexistencia, pero nociva para el conjunto. La existencia española está plagada de premios a los ya consagrados por la opinión pública, con jurados que huyen de decisiones comprometidas y se conforman con el papel de ensalzadores de los ya prestigiados. No nos gusta admirar la excelencia, y no la procuramos personalmente. Apreciamos la calidad, pero no el esfuerzo necesario para conseguirla con el grado suficiente de excelencia, rivalizando contra nuestros competidores o con nosotros mismos, con nuestra abulia o pereza. ¿Es un mal social, aparte de un pecado personal? Si así fuera, como cabe deducir de la generalización, ¿cómo corregirlo?

Una respuesta a esa pregunta podría consistir en una pretensión incorrecta, políticamente hablando –como todo lo anterior, claro–: recuperar la competencia, en la educación, y en cualquier otra faceta de la vida. Volver a la clasificación jerárquica de los alumnos, a las luchas entre romanos y cartagineses en la escuela, a la potenciación personal por encima de la adhesión al grupo o a la moda. Algo vetado desde que se impuso la convicción de que los traumas personales debido a los fracasos debían ser evitados, aun a costa de difuminar los resultados. Una sociedad adquiere calidad cuando se premia el mérito y se castiga el demérito. Algo que sabe la Humanidad desde los griegos, los que se batieron denodadamente por defender sus convicciones frente a la ola oriental, persa, de subordinación de las personas a la masa, al poder.

 

A VUELTAS CON LA CULTURA DE ZAPATERO
Luis María Anson
El Imparcial

 
A José Luis Rodríguez Zapatero le irritó mucho una canela fina que publiqué en el diario El Mundo y en la que, delicadamente, le recordaba que la cultura española es una pizca más que Serrat, Sabina y Pedro Duque, los tres nombres citados por el presidente como la esencia cultural española, como el no va más de la expresión artística nacional.

Le explicaba al presidente que, además de Sabina, Serrat y Pedro Duque, alguna significación tenían los catedráticos de las universidades españolas, los académicos de la Real Academia Española y demás academias, los investigadores de los centros científicos públicos y privados, los millares y millares de artistas, cantantes y músicos.

Así es que, un poco atribulado, ordenó que se sumaran a sus candidaturas nombres ilustres y que se les convocase a todos en el Círculo de Bellas Artes. ¡Qué fracaso! Los agentes zapaterescos se desplegaron en miríadas empleándose a fondo, y al final, en ausencia de los grandes nombres de la cultura española, consiguieron el respaldo de un argentino, un portugués y un mexicano, ciertamente ilustres, que ni siquiera acudieron a la cita presidencial del Círculo de Bellas Artes. Allí estuvieron los de siempre, incluso menos que los de siempre. La verdadera cultura, salvo excepciones, no se deja instrumentar políticamente.

 

APUNTACIONES SOBRE EL ANTES Y EL DESPUÉS DEL DÍA 9
Antonio Castro Villacañas

Espero no escandalizar demasiado, pero a mi juicio estas elecciones, las del próximo domingo día 9 de marzo, tienen una importancia semejante, tanto en el plano cultural como en el político, y lo mismo para España que para el resto de Europa, e incluso para todo el mundo, que la importancia de las elecciones republicanas, esas habidas en 1931, 1933 y 1936... Con ello quiero decir que a mí me parecen muestras de una especie de ensayo o tanteo sobre la fuerza de dos posiciones políticas y culturales diametralmente opuestas y por ello de muy difícil convivencia. Esos dos bloques aprovechan cualquier ocasión, sobre todo si tiene amplia repercusión pública, para probar sus diferentes armas dialécticas y poner a punto nuevas estrategias capaces de darles victoria o predominio.

No creo que se me pueda tachar de pesimista. De hecho, la confrontación de referencia se viene dando desde el comienzo de la mal llamada «transición». Es obvio que tras la muerte de Franco España pasó por un difícil periodo político, de necesaria adaptación al escenario y los modos predominantes en la vida pública europea y americana. Lo malo para nosotros fue que quienes dirigieron y protagonizaron esos años no se dieron cuenta de que tan indispensable empresa política debía realizarse en medio de una guerra de índole cultural, nunca declarada pero sí claramente efectiva, que desde varios decenios antes, afectaba a los diferentes pueblos componentes de eso tan eficaz y complejo que suele llamarse Occidente. Esa guerra, permanentemente efectiva, que se desarrolla sobre más de mil escenarios concretos, podemos definirla como el conflicto establecido entre el relativismo y la certeza. Los protagonistas y dirigentes de nuestra transición creyeron que la mejor manera de consolidar su «status» personal –sin poner del todo en peligro el «status» socioeconómico alcanzado con tan gran esfuerzo por España en los anteriores decenios– era la de someterse a la dictadura del relativismo establecida en el llamado «mundo libre» a partir de esos mismos años.

Sin pretender llevar a cabo un análisis total de ese conflicto, pues pienso que el hacerlo se escapa de los naturales límites de mis apuntaciones, sí quiero dejar constancia de que a mí me parece evidente la existencia de un amplio campo de actuación cultural, política y socioeconómica entre los definidos por los lemas «sólo existe una verdad, y esa es la que yo poseo» y el «todo es relativo y por tanto igual da esto que lo otro»... No sólo de pan vive el hombre, y menos aún de una sola clase o especie de pan; pero tampoco es cierto que dé lo mismo comer pan negro que pan blanco, pan de Alcalá, francesillas o vienesas...

En la contienda preelectoral de los comicios del día 9, tanto los partidarios de José Luis Rodríguez como los de Mariano Rajoy o –si ustedes lo prefieren así– igual los seguidores del PP que los del PS(OE), se han limitado a cumplir con su papel... Al margen del tono más o menos brutal de ciertos discursos, que han rebajado el tono del debate político, populares y socialistos han hecho y siguen haciendo lo que les piden que hagan quienes en ellos mandan: por abajo, la masa de sus seguidores; desde arriba, los ocultos poderes vivos y muertos de sus posturas tradicionales o simplemente pasadas. Ferraz y Génova –utilizo como símbolo de los dos principales partidos políticos los nombres de las calles donde PS(OE) y PP mantienen sus respectivos «cuarteles generales»– saben muy bien como se juega a «buenos☼ y «malos». Ambos creen que el pueblo español es tan inocente o tan atontado como para poder ser convencido de que con distintas apariencias ambas pandillas son equivalentes o bastante iguales. Si Felipe, Rubalcava o Bermejo –o Pizarro, Arenas o Gallardón– asumen un especial protagonismo en ciertas ocasiones, la verdad debemos buscarla en que Zapatero o Rajoy aprecian y utilizan su especial combatividad para determinados momentos.

Los populares son personas, en general, de ideas conservadoras. Creen, por ejemplo, que la homosexualidad es una tendencia hacia un mal moral intrínseco, pues así lo calificó Benedicto XVI cuando todavía era el cardenal Ratzinger. Su patrimonio cultural lo conciben como base de desafío o defensa frente a las ideas predominantes en los ámbitos socialistas. Con ello no reeditan, no reavivan, pero sí reviven, el clásico enfrentamiento entre derechas e izquierdas, conservadores y «progresistas»...

Al pueblo español, me atrevo a pensar, le da igual que el sector eléctrico sea público o privado. Lo que de veras le importa es que funcione lo mejor y más barato que pueda hacerse. Es otro ejemplo. Y otro más el desconocimiento y la minusvaloración que la mayor parte de ese mismo pueblo tiene respecto de la teoría social y económica marxista, a pesar de los esfuerzos que para divulgarla hacen muchos socialistas, o gracias precisamente a ello. La triste verdad es que, mas allá de esos y otros muchos posibles ejemplos, en las elecciones del domingo 9 de marzo se libra una batalla que trasciende las ideologías que en simple apariencia la protagonizan. A un lado están situadas las fuerzas que en el fondo representan la dictadura ideológica; al lado opuesto, las que de una u otra forma representan la libertad. No es verdad –a mi juicio– que las ideas y las personas «populares» sean por sí y ante el mundo identificables al cien por cien con la libertad exacta y pura, pero con toda evidencia está claro que el PP y cuanto representa se sitúa en el lado de la libertad dentro del campo de batalla antes citado.

No es ningún delirio afirmar que quienes voten a los candidatos socialistas están seguros de que con ello contribuyen de modo notable a que España progrese, pues para ellos representan un notable avance social y cultural tanto el aborto como la eutanasia, por ejemplo. Para la gran mayoría de los populares y para un buen número de otros españoles tales prácticas constituyen la muestra del abandono de los principios morales en favor de la utilidad y la comodidad... No debe olvidarse que también la esclavitud, el racismo y la esterilización forzosa de algunas personas fueron consideradas en determinados momentos como prácticas progresistas por quienes las propugnaban y con ellas se favorecían.

En 1981 el estadounidense Alastair MacIntyre publicó After virtue, uno de los ensayos que dieron contenido intelectual a la revolución conservadora de Ronald Reagan. En él su autor establece paralelismos entre la decadencia del Imperio Romano y la actual situación euroamericana, y sostiene que en ambos casos puede observarse la existencia de una profunda crisis moral. Para salir de ella, MacIntyre propugna tener por modelo a San Benito, el fundador de los monasterios que preservaron la cultura greco-romana y los valores judeo-cristianos (es decir, Europa) a lo largo del tiempo de la barbarie.

Para mí está claro que la solución de los problemas españoles y mundiales no se encuentra en que minorías inteligentes se encierren en ninguna clase de torres defensivas o de monasterios espirituales, sin que por ello debamos menospreciarlos. No, la solución no está en que nos recluyamos en ninguna especie de cenobios apartados. No debemos proponernos abandonar el mundo a nuestros contrarios, sino desafiar a éstos mediante la creación inteligente y constante de minorías aptas para su persistente ataque.

Yo no creo que la mayoría siempre tenga razón, y me afirmo en tal creencia por haber sido testigo presencial de fervores populares de muy diferente signo, pues los tuve republicanos ingenuos –al principio– en mi misma calle, y acto seguido –en la pantalla del cine– extraordinariamente populosos en favor de Hitler, Mussolini o Stalin... De esta clase me los tropecé, siendo todavía niño, en el Madrid rojo. De entonces para acá he tenido ocasión de ver multitud de manifestaciones populares de muy diversos signos, e incluso he participado en varias de ellas, prácticamente compuestas por la misma clase e igual número de personas, que aclamaban o atacaban este o aquel objetivo político según lo aconsejasen las circunstancias o las conveniencias del momento. Ello me ha llevado a pensar que el pueblo español, como todos los pueblos, se deja llevar por impulsos o razones que unas veces están por encima y otras por debajo de los racionales alineamientos políticos.

Vuelvo al hecho de las elecciones del domingo 9. Me parece que ya todo está decidido. Cada uno de los electores sabe ya si va a ir a votar, si se va a ir a otro sitio, o si va a quedarse en casa. También sabe a quién votará –PS(OE), PP, preferentemente– o si lo hará en blanco. Por eso me parece inútil recomendar intenciones o actitudes de voto. Por eso no quiero que esta apuntación termine siendo un pronóstico, sino una advertencia. Gane quien gane el escrutinio del domingo, sea Rajoy o Rodríguez quien venza en la posterior elección que ha de celebrarse en el salón de sesiones en el Parlamento, España continuará «en pie de guerra», por fortuna solo dialéctica. La brecha abierta por la «tra(ns)ición» no se cierra con la victoria de uno u otro de los partidos enfrentados el domingo que viene. Por eso yo les digo a cuantos me piden consejo u orientación en este tema que voten al partido que les parezca más útil o menos malo...

El dilema «relativismo o certeza» seguirá existiendo.

Las reflexiones íntimas sobre el bien y el mal, sobre la buena y la mala política, seguirán siendo cada vez más necesarias. Ni el PP ni el PS(OE) tienen futuro.

Nos hace falta «otra cosa».

 

DOS MILLONES EN LA PLAZA DE COLÓN
Javier Compas

Concapa, Profesionales por la Ética, Hazte oír, Familia y Vida, etc., etc., gente que lucha por sus principios cristianos, por una España con valores para la educación de nuestros hijos, organizaciones que, con pocos medios y mucha imaginación y trabajo, llenan autocares para realizar en Madrid las manifestaciones más multitudinarias de los últimos tiempos, ¿dónde están los votos de esas personas?, patriotas, católicos, defensores de la Iglesia y ¿seguidores de las orientaciones de la Conferencia Episcopal?, pues sus votos están en el PP.

AES, la alternativa social cristiana, ha conseguido 7.078 votos en toda España; Familia y Vida, 8.912. El total de los partidos digamos «nacionales» han sumado, más menos, 60.000 votos, y eso incluyendo opciones como el Partido Carlista (2.080 votos) y Falange Auténtica (4.842 votos), ésta forma parte de la mal avenida familia falangista, por cierto, FE de las JONS se coloca como el partido de este grupo más votado, 13.413 votos, siendo significativo el descalabro de un nuevo proyecto de Frente Nacional, sólo 1.427 votos en toda España. El segundo partido más votado de los denominados patriotas es Democracia Nacional, con 12.588 votos. Por último, citar los 7.474 votos de España 2.000, los  2.780 de Alianza Nacional y los testimoniales de la Comunión Tradicionalista Carlista, 211 votos, y el Movimiento Falangista de España (solo presentado en Asturias), 60 votos.

¿A qué se debe el fracaso de todos estos partidos?, superados todos individualmente por partidos coyunturales como el antitaurino, grupos verdes y otros partidos más o menos peculiares. El PP no hizo nada contra el aborto, ni Rajoy tenía intención de cambiar la ley de haber ganado; tampoco era previsible que el PP diese marcha atrás en el divorcio express o en las uniones homosexuales. Tampoco es muy creíble la defensa de la unidad de España por el PP tras ver sus actuaciones en los estatutos valenciano y andaluz. ¿Le ha importado todo esto al votante católico y/o «nacional»? Parece que no.

Se dice que las bases del PP son más de derechas que sus dirigentes, que muchos votan al PP con la nariz tapada, que la prioridad era echar a Zapatero. A todo esto se une el radicalismo de estética seudo violenta y «antigua» de algunas de estas formaciones, el silencio mediático en torno a ellos, la falta de recursos y, en muchos casos, de líderes de verdadera entidad, cuando no las disputas irreconciliables entre ellos.

El PSOE achaca un desplazamiento del PP a la derecha; sin embargo ellos no tienen complejo en radicalizarse hacia la izquierda y captar los votos de comunistas e independentistas como así ha sido. No obstante el PP se empeña en «centrarse», en llevar un camino ambiguo y sin ideología concreta, no queriendo perder votos por la derecha, pero haciendo guiños a los desencantados del PSOE que añoran un socialismo más español y moderado; erre que erre siguen estrellándose contra ese muro. La gente de izquierda o centro izquierda nunca votará al PP, si acaso se abstendrá o votará proyectos como Ciudadanos (bluff ya desinflado) o Rosa Díez. Mientras que por la derecha, es incapaz de sacar un millón de votos probables que están en la abstención. Entonces, si no quiere derechizarse ¿por qué no «permite» un partido por su derecha que recoja esos votos y le apoye luego en el parlamento? Quizás porque su soberbia le ciega y piensan que todos esos votos los tienen ya.

Pero ¿tienen todos estos pequeños partidos una base sólida común? Quizás ni eso. Fijémonos en unas ideas básicas y veamos si son compartidas por todos:

     - Unidad de España: Parece que esto es común e irrenunciable en todos ellos, una España unida, donde el Gobierno ampare el derecho de los españoles a ser educados en nuestra lengua común, donde haya unos contenidos educativos mínimos comunes, una sanidad igual para todos los ciudadanos se encuentren en el lugar de España donde se encuentren, que todos paguemos los mismos impuestos y exista una verdadera solidaridad entre regiones, con similares recursos e infraestructuras.

    - Seguridad ciudadana: Una policía nacional común, con los recursos necesarios y amparada por leyes que castiguen el crimen. Un control de las mafias internacionales que pasa por un mayor control de la inmigración. Parece que esto también sería común a todos ellos.

    - Política exterior y Defensa: También aquí habría un consenso común en cuanto al papel de España en el mundo, recuperando el esplendor perdido e intentado potenciarnos como cabeza de la Hispanidad y puente entre Hispanoamérica y Europa. También existiría consenso en dignificar a nuestro Ejército. Donde ya empezarían las diferencias sería en las relaciones con la Comunidad Europea y el acatamiento de sus directrices en muchas materias donde se ha perdido la soberanía nacional. Creo que en la cuestión de Gibraltar también existiría consenso.

    - Bases cristianas: Quizás aquí pueden empezar a surgir divergencias, pues nos encontraríamos desde partidos que basan su ideario en la doctrina católica hasta otros donde esto no es tan prioritario, separando claramente su ideario político de la espiritualidad de cada individuo.

    - Sistema económico: Otro punto conflictivo, pues nos encontraríamos desde liberales capitalistas de matiz cristiano, hasta nacional sindicalistas que aún piensan en la nacionalización de la banca y la vuelta a determinados monopolios.

    - Superación del discurso del pasado: Clasismo, «apellidismo», franquismo bueno y franquismo malo, «guerra civilismo», parafernalia estética. Aquí empiezan las dificultades irreconciliables, precisamente en asuntos que poco importan ya al resto de los ciudadanos. Viejas rencillas, personalismos cuando no actitudes seudo mesiánicas, creerse en posesión de la verdad absoluta o ser depositario de la «herencia verdadera», disputas de «familia» que hacen reír al resto de los españoles. Aquí se naufraga, marcados por la espera del «líder carismático» que nunca llega, porque, aunque llegase un líder con carisma y recursos, siempre habrá un sector que no lo reconocerá o que dirá que es otro el que ha de llegar.

    - ¿Rey o República?: Si bien estos partidos no simpatizan, por decirlo suavemente, con los borbones, la República es una palabra que levanta sarpullidos en estos grupos. El discurso antimonárquico asusta a ciudadanos de ideología cercana y pedir la república asusta hasta a los afines.

En definitiva, las diferencias desde partidos «descafeinados» que pretenden constituirse en la derecha del PP, hasta los radicales neonazis de otras formaciones, hacen muy complicado crear una fuerza aglutinadora que pueda arrastrar una masa mínima de votantes. Quizás la solución pase porque cada proyecto siga su camino, haciendo análisis de esta situación, intentando romper el guetto mediático en el que se encuentran y poner al día sus idearios, adaptándolos a los tiempos que corren sin renunciar a sus raíces. Esto sólo puede ser un proyecto a largo plazo que vaya sumando voluntades e intentando que algún día, si no nuestros hijos, nuestros nietos puedan vivir en la España que queremos.

 

COMENTARIOS
Españoleto

 La guerra de nunca acabar

Rodríguez recurre otra vez a la guerra de iraq para atizar su fuego. no se ha enterado aún de que no la hubo nunca, de que españa no estuvo en ella ni de que ya esta prácticamente liquidada la insurgencia, por parte del gobierno allí instituido. sus dogmas le impiden ver la realidad, como de costumbre en la izquierda

Un compromiso formal

Rajoy promete una ley para garantizar la enseñanza en español (él dice castellano, cayendo en  la trampa separatista, claro) a todo el que lo desee, en cualquier parte de españa. ¿por qué no sueña con una enseñanza común para todos los españoles?

Libertad sin fianza

Así ha dictaminado el juez para los dos últimos detenidos de la eta, por parte de la policía vasca. ¡estos jueces matan la escasa afición de esa gente a detener etarras!

Francia asume un problema

Al distribuir fotos de los terroristas de la eta, francia da un paso significativo admitiendo que el terrorismo vasco es también un problema suyo, no algo de una nación vecina, con la que hay que colaborar. un nuevo retroceso para los asesinos, que viejos aquellos tiempos en los que cruzar la raya era refugiarse en sagrado.

Rosa Díez habla claro

Manifiesta su propósito de retirar las competencias en educación a las autonomías. es decir, corregir lo que cedió aquella ensalzada, pero funesta, generación política que hizo la transición, cediendo en lo que el pueblo español no quería ceder.

El falsario se crece

Rodríguez, el que no sabía nada del pacto del tinell, promete un libro blanco con las realizaciones de su gobierno. cuando al final aparece en la web del psoe; resulta que sirve para desvelar nuevas mentiras del presidente, que se crece sobre su propia inmundicia verbal. ¿se librará la sociedad española de este personaje?

 

¡INCREIBLE ESTOS MUCHACHOS DE IU, VS COMUNISTAS!
El Imparcial

 
 
En la localidad de Rivas-Vaciamadrid ya se puede apostatar

El Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid (IU) pone en marcha el primer servicio municipal que tramitará solicitudes de apostasía en España, una iniciativa gratuita que prestará asesoramiento y asistencia jurídica «a los vecinos que vean vulnerados sus derechos fundamentales», según han informado este miércoles fuentes municipales.

Este servicio se prestará en la Oficina de Defensa de los Derechos y Libertades Públicas del Ayuntamiento de Rivas. Su característica más novedosas es que gestionará las apostasías, esto es, la petición para ser borrado de las listas de católicos que maneja la Iglesia española.

El alcalde de Rivas, José Masa Díaz, adelantó en un acto público que se pondría en marcha esta vía que permitirá a quien esté interesado «superar el intrincado laberinto de gestiones que permite dejar de ser un número más en las cifras que maneja la Conferencia Episcopal». Fuentes municipales han confirmado hoy que una vecina de la localidad será la primera en solicitar asesoramiento para apostatar en la oficina municipal.

El Consistorio ha explicado a través de un comunicado que un equipo de abogados atenderá además las reclamaciones que hagan referencia a toda discriminación por origen étnico, género, opción sexual, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, dentro de los ámbitos penal, administrativo, civil y laboral del Derecho».

La misma oficina prestará asesoramiento y defensa judicial ante casos de racismo y xenofobia y a todo aquel que entienda que se han conculcado otros derechos fundamentales que recoge la Constitución.

 

CHÁVEZ, MERCADER DEL SECUESTRO
Pablo Victoria (Colombia)
elmanifiesto.com

 
Los colombianos tenemos todo derecho a pensar, con base en fundamentadas evidencias, que los supuestos buenos oficios que ha interpuesto el Sr. Chávez para la liberación de ciertos secuestrados han sido producto del pago directo a las FARC en dólares estadounidenses que, a su vez, han servido para fortalecer militarmente a la guerrilla. No de otra manera se entiende la suma tan crecida de 300 millones de dólares que, según documentos incautados al narco-terrorista alias Raúl Reyes, Chávez entregó a la organización guerrillera.

Véase de la siguiente forma: la popularidad del gorila venezolano había venido decayendo en los últimos tiempos hasta verse frustrado el referendo que el año pasado convocó para instituir una constitución comunista en su país. Urgentemente necesitaba, pues, de un respiro político que le diera nuevo aliento a su proyecto bolivariano de expansión sobre el Continente. Dos fueron sus estrategias para conseguirlo: primero, posar de mediador para la liberación de secuestrados por la insurgencia comunista y así poder reclamar una cierta estatura continental y, segundo, ocasionar un conflicto con Colombia que uniera a su pueblo en torno a él y a su esfuerzo bélico. Todo dictador necesita de una guerra para convocar la solidaridad perdida. Es esto último tan evidente que cualquier persona en su sano juicio tendrá que preguntarse por qué la reacción suya frente a un problema que se circunscribía enteramente al Ecuador, pues fue en este último país donde Colombia violó el territorio para liquidar a un terrorista que durante años había derramado sangre inocente y depredado su territorio y para demostrarle al mundo cómo aquel país vecino era refugio de terroristas, consentido por su gobierno izquierdista.

La guerrilla no iba a liberar secuestrados sin nada a cambio, máxime cuando sus finanzas y estructura bélica habían sido seriamente vulneradas por las fuerzas del orden y la política del presidente Uribe. El canje por dinero fue la manera más fácil que Chávez encontró para resarcir su perdido prestigio tras el fiasco del niño de Clara Rojas y la cancelación de los planes de liberación que sobrevinieron. Fue por este motivo que se hizo urgente buscar una salida a la frustración y descrédito, y esa salida fue pagar por la liberación de los rehenes en poder de los terroristas.

Mucho dinero

Mírese bien: 300 millones de dólares, 125 de los cuales pagaron los 50 kilogramos de uranio para Irán y 175 millones para el tráfico de secuestrados. Operación redonda que iba a enmarcar el próximo encuentro de Tiro Fijo, Evo Morales y Rafael Correa con Hugo Chávez en la cumbre de los que las propias FARC llamaría «son todos patria o muerte con Chávez», según los documentos encontrados, encuentro de bandidos que auspiciaría el reconocimiento internacional al grupo terrorista como «fuerza beligerante». Es por esto que tampoco tienen mucho asidero las argumentaciones de Correa en el sentido de que la acción militar de Uribe dio al traste con la posible liberación de Ingrid Betancourt, pues ya los guerrilleros también habían dicho, según los mismos documentos incautados, que al liberar a Ingrid ellos se quedarían «sin carta que jugar».

El hecho cierto es que tanto Chávez como Correa son los que se están quedando sin ella, pues la demanda ante la Corte Penal Internacional que ha anunciado Uribe contra el primero puede, perfectamente, cobijar al segundo, pues ambos son socios del mismo negocio de auxilio a terroristas y genocidas en sus respectivos territorios. Ambos se han movido al unísono contra Colombia y la amenazan moviendo tropas a la frontera; ambos comparten la ideología totalitaria, disfrazados de demócratas, y ambos simpatizan con las acciones guerreristas de Tiro Fijo para imponer en Colombia un régimen marxista. El minuto de silencio que el gorila venezolano consintió por la muerte del asesino dado de baja y el no reconocimiento del títere chavista a las FARC de ser una organización terrorista son muestras palpables de su simpatía por su causa.

No podemos llamarnos a engaño: Chávez negocia y paga y Correa trafica y negocia con las víctimas que en sus manos se convierten en simple moneda de cambio para los fines de desestabilización de todo un continente. Correa es un traficante de iniquidades. Chávez un mercader de secuestros. Ambos, dos mascarones de proa de unas ideologías fallidas.


 
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