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El Brocal: El Brocal Nº - 48
Lunes, 31 marzo a las 11:59:53

El Brocal

 

A veces indigna que se nos pasen de listos, que los poderes sean, verdaderamente, El Poder y que se rijan, por corporaciones, moderno fascismo acaparador, por las leyes del máximo beneficio. Detrás de eso está la voluntad de tener un mundo sólo para ellos.
Basta con mirar un poco y desconfiar un mucho. Y la osadía de mirar al fondo del horizonte y descubrir qué bestias habitan allí.

 

HASTA LA MENTIRA ES MENTIRA
Arturo Robsy

 El mundo –y esto es un éxito de la propaganda roja– se divide realmente entre buenos y malos. Como en el juego de dar vueltas alrededor de las sillas, el que se sienta primero gana. Y ganaron ellos al atribuirse y certificarse el papel de buenos. Tenían causa justa, algo así como la redención del mujik y la santificación del batelero del Volga. Tenían objetivo amplio, o sea, misión histórica: fructificar y ocupar el mundo conocido. Y tenían a los despiadados necesarios.

Las armas, fáciles: el tiro en la nuca y la mentira a gran escala. O sea que, hasta las últimas patadas recibidas del sistema, estaba absolutamente de acuerdo con la versión del disimulado resurgir rojo: la mentira es el arma de los débiles y los rojillos siguen creyendo en el dominio mundial: Imagina si los falangistas dijéramos algo por el estilo. Seríamos terroristas. De la mente, si no nos daba por defendernos de una vez.

Pero a raíz de volver a mirar el funcionamiento de la sociedad y de las instituciones –que casi es universal hoy– he encontrado varias contradicciones, empezando por esa filantropía de oficio: la salud, la vida, la tripa de los desfavorecidos, contra el hecho de que la vida individual les importa un pito.

Me puse a fumar, que es cosa prohibida y por lo tanto me estimula y me dije que si en la vida diaria no me creo nada de lo que dicen los social-comunistas, no había ninguna razón válida para creerme lo demás, o sea, los derechos H, que están ahí hasta que los necesitas; el método de representación o el valor de las cosas y de las ideas. La pervivencia de las Inquisiciones.

No hay que olvidar que marxismo y cloroformo nacieron por los mismos años ni que tanto izquierda como derecha hegeliana fueron darvinistas de nacimiento y que tuvieron la costumbre de dar por verdades las teorías y por teorías las verdades.

Volví sobre una vieja idea que apenas esbocé en su momento: ¿Qué diferencia hay entre unos medios de producción (que lo son de dominio) en manos exclusivas de las sociedades anónimas coaligadas o en manos exclusivas de un estado total que se mueve por lo mismo: el máximo beneficio, que es el máximo poder?

En otras palabras: Las revoluciones liberales, ya la americana, ya la francesa, nacieron hace tres siglos para dominar, para conseguir el poder más absoluto posible. De esas revoluciones viene el liberalismo, con los neocons actuales, y la justificación de la explotación del hombre, y del liberalismo, como secta disidente, vienen los marxismos, menos productores de bienes pero mejores generadores de mundos falsos.

Para pensar y descubrir conviene cierta dosis de osadía: la montas sobre algunos hechos bien visibles y descubres cosas claras en las que no se repara. Por ejemplo, que basta con leer y seguir la evolución desde 1930 para comprender que este es el universo de las «corporaciones» y el poder de las corporaciones. De otro modo: el fascismo corporativo es más antiguo en Estados Unidos y en Inglaterra que en Italia, y que quizá fuimos a la guerra porque Mussolini descubrió algo que ya se estaba usando a gran escala por las fuerzas más totales de los años 20: USA y UK. En estos mismos momentos las corporaciones casi han terminado la mundialización, el gobierno mundial, a través de lo que ya es entelequia y no responde a ningún valor objetivo: el dinero.

En las democracias liberales, que se imponen con tan buenos cañonazos como se impusieron las Demos Populares, el sistema básico es liberal y organiza la explotación y el dominio del hombre con muy buenas artimañas. Y la educación misma. Por eso sorprende que en España gobierne repetidamente el marxismo suavizado y subrepticio: todos lo niegan pero nadie deja de verlo funcionar.

Si fueran de verdad rojazos como sus antepasados, no se puede ni soñar que las corporaciones los dejaran actuar en contra de sus intereses universales. En otras palabras, ni González ni los suyos, o Zapatero y los de ahora, son lo que dicen: eso cuadra con sus métodos. Se apuntan al «lado rojo de la fuerza» por aprovechar los sentimientos torpes de quienes fracasaron en la República y no deglutieron la derrota con provecho. Pero se apuntan de mentirijillas. Cosas como «todo pal pueblo» y somos los descamisados, gustan y sirven de pantalla para que no se perciban los manejos subterráneos.

La osadía me ha hecho pensar que, en el caso de España y de los otros lugares donde manda la socialdemocracia, estamos frente a un doble engaño: es el régimen liberal el que domina y quien lo maneja es liberal con independencia de los colorines. Un doble engaño entra dentro de las capacidades corporativas, que ya no necesitan golpes de estado ni demasiadas invasiones sino manejar bien los infinitos medios de información y adoctrinamiento, con constancia y presión crecientes.

Véase que tanto unos como otros, liberales y marxistas, comparten objetivo: un sólo mundo bajo su poder, a su disposición, sin apenas disidencias, porque esta vez andan invadiendo memorias, entendimientos y voluntades; esta vez están comiéndose las almas a gran escala y mintiéndonos sobre cómo funciona el mundo ahora y cómo lo hizo antes.

Hay que prevenirse contra las cosas más peregrinas y tratar de anticiparlas. Es normal leer sondas en pequeños recuadros de la prensa. En un periódico tan de derechas y de tanto prestigio centenario como el ABC, he leído maravillas: que un historiador afirmaba que la época Carolingia –edad oscura– es una invención. Que Carlomagno nunca existió y que se trata de una fabulación tramada quién sabe si por los Papas. He leído que las mujeres, el sexo femenino y productivo del hombre, existieron más de 80.000 años antes que el hombre.

Y no he notado reacciones de ningún tipo, aunque está claro que estas noticias no son prédicas en el desierto. También es común asistir a la aparición de una noticia que, al día siguiente desaparece como si hubiera sido una alucinación: El descubrimiento en el pico de las provincias de Huelva, Badajoz y Ciudad Real, zona minera, de un formidable filón de oro. Inconmensurable. La constatación de un mar de petróleo entre el sur de Francia, Córcega, Cerdeña y Baleares. El propio Lobby del Agua no puede separarse del inminente uso del hidrógeno como combustible. El agua es «nulla res», pero nos la venden ya, y ahora se necesita monopolizarla para que nadie pueda cargar el depósito de su coche sin pagar.

Todo conduce a un comunismo corporativo: el universo propiedad de las corporaciones, desde el agua al aire, del pensamiento a su difusión, en una sociedad donde se emplea cada vez más el miedo –como en las Revoluciones y los comunismos– como elemento de control. Y ya están prometiendo cosas de la pura religión: todos les hemos oído decir que, en breve, se vivirá el doble y que no se puede descartar la vida eterna. Desde luego, la «Verdad Eterna» sí parece que la tengan preparada ya.

Hay una corporación de la verdad en alguna parte y hasta una de la Izquierda, que es negocio del sector de la anestesia. Pero más cierto que es la industria química la que lleva la voz cantante. Lo que no es cierto es el «Gobierno de España» ni lo demás que le acompaña, como no fue real el mando del PP de Aznar. A esta gente, cuando se encumbran, los llevan a levantar una punta del Velo de Isis. Esto es lo que hay. Y les parece bien, o sea, un proyecto de progreso, y por fin el hombre en paz, pisado por un sólo pie que huele, eso sí, a masonería enloquecida de codicia.

Pero para este «bravo mundo», o mundo feliz (como dice D. Juan Luis Calleja) habrá que deshacerse de mucha humanidad sobrante. Directamente si es preciso, como es el caso del aborto: derecho a matar al indefenso, gran libertad que se ha llevado a mil millones de inocentes del lugar que les esperaba en Occidente. Con Oriente serán más duros si cabe, porque parece que el andamiaje básico de todo esto se aproxima a la República de Platón: La clase dirigente, la guerrera y la productiva, que comprará lo mismo que produce. Como hoy.

Asusta pensar que en la Guerra de Troya todavía no se había inventado el dinero. Ni entre los Faraones. Ni aquel salvaje de Subiluliuma.

Si se dijo y se mantuvo –por alguna razón– que Hitler seguía vivo, no veo por qué no hacer igual con Stalin. Stalin alive, demonios. Y Attle, si es necesario. Y Negrín en plan doméstico. Y las bombas atómicas que, según Giral, fabricaban los alemanes en La Mancha.

Doble engaño, pero no se puede descartar que pronto lleguemos a ver que es triple. La libertad decrece. La justicia es palabrería. Y lo legal sólo es «lo que conviene». De modo que muchos de nosotros estamos a punto de pasar a fósiles, quizá en zanjas y fosas, quizá en el olvido bien merecido por ser hombres de bronce, de la edad del bronce en la Edad del Humo.

  

LA OTRA MUERTE DE DIOS
José Francisco Serrano Oceja
Libertad Digital

La Semana Santa ha tomado ya las calles de los pueblos y de las ciudades de España. La muerte de Dios se convierte, una vez más, en escándalo.

Hemos vivido confundidos por diferentes muertes de Dios. No es la muerte de Dios que propugnaron los profetas de la radical secularización del hombre y de la sociedad la que sobrecoge; no es la que defendían quienes han querido llevar al hombre a la dimensión de la humanidad plena sin trascendencia, la que atrae. Es la muerte de Dios hecho hombre, de Jesucristo, única e irrepetible la que produce estupor.

No son pocas las personas que ante la representación estética, plástica, de los últimos momentos de la muerte de Jesús se topan con un acontecimiento, con una persona, con la evidencia divina en lo humano; es algo que ha fundado gran parte de la cultura occidental, escándalo de una estética que salva al mundo. Una estética que no obvia la más radical interioridad del hombre, el dolor, el sufrimiento como anticipo de la muerte.

La muerte de Dios no es la muerte de la vida. La muerte de Dios es la muerte del impulso vital de la Historia. Dios, al vivificar al hombre, vivifica también la historia. Algunas de las exclamaciones de quienes asisten, más o menos expectantes, a las procesiones de Semana Santa nacen de ese lenguaje del yo articulado en la naturaleza, de la conciencia del hombre contemporáneo. La muerte de Dios, anunciada en las décadas pasadas por tantos intelectuales, cede el lugar a un culto estéril del individuo, ha dicho recientemente Benedicto XVI. Muriendo Dios muere la conciencia del hombre sobre el hombre. Resucitando Dios resucita la conciencia del hombre sobre el hombre.

La conciencia ha sido uno de los grandes ejes de la historia reciente de la humanidad. Desde la conciencia de clase a la conciencia autónoma, pasando por la conciencia social, el hombre ha ido dando tumbos por entre las veredas de la historia. El cristianismo, desde la muerte y en perspectiva de resurrección, había resuelto las relaciones entre conciencia y vida. ¿Es la conciencia la que determina la vida o es la vida la que determina la conciencia? Quienes han pretendido erradicar la conciencia del hombre, alienar al hombre por la ideología, se han empeñado, en los siglos últimos, por erradicar la conciencia en la historia y de la historia.

Es cierto que la modernidad llevó hasta las últimas consecuencias la reflexión sobre la conciencia hasta creer, en manos de Hegel, en un espíritu absoluto encadenado al ser y al tiempo del hombre. Mientras separaban a Dios de la historia y le convertían en una hipótesis alejada del día a día, de la vida, la conciencia engordaba de un vacío de sí misma. La relación del cristianismo con la modernidad ha pretendido recuperar no sólo la razón y la razón de la presencia de Dios en la vida del hombre; ha pretendido su plena integración en la existencia, la plena relación entre conciencia y vida, vida y conciencia.

Uno de los más escalofriantes síntomas de la pérdida de la conciencia de Cristo, del significado de su muerte en los cristianos, ha sido esa soterrada guerra desencadenada contra Cristo en el interior de la civilización cristiana, esa cristofobia cultural que ha nacido cuando los cristianos nos hemos convertido a los credos terrestres. Credos sin conciencia de Dios y de divinidad; credos que confiesan la necesaria secularización. Benedicto XVI pronunció hace unos días un discurso al Plenario del Pontificio Consejo para la Cultura en el que recordaba cuáles son las consecuencias de esa radical secularización de la conciencia cristiana y de la cultura contemporánea.

Esta secularización no constituye sólo una amenaza externa para los creyentes, sino que se manifiesta ya desde hace tiempo en el seno mismo de la Iglesia. Desnaturaliza desde dentro y en profundidad la fe cristiana y, en consecuencia, el estilo de vida y el comportamiento diario de los creyentes.

Luego se refirió a una deriva hacia la superficialidad y un egocentrismo que perjudica la vida eclesial. La muerte de Dios nos despierta, en estos días, del sueño de la superficialidad. Miremos a la cruz; esperemos la luz.

 

LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO EN LA LEGISLACIÓN ESPAÑOLA
Zenit.org
 

La ideología de género se ha introducido fuertemente en el ordenamiento jurídico español en los últimos cuatro años, más que en otros países occidentales, con una subversión de los valores cuyos efectos negativos serán visibles pronto.

Es la tesis de María Lacalle, profesora de Derecho Civil de la Universidad Francisco de Vitoria, expuesta durante la Jornada sobre Ideología de Genero organizada el pasado 16 de febrero por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de esa universidad de Madrid.

Leyes como la del «matrimonio homosexual», la ley contra la violencia de género, e incluso regulaciones que han tenido menos repercusión como la del «cambio de sexo» en el Registro Civil, suponen una implantación formal de esta ideología en España, que previsiblemente se reforzaría con una introducción de los «derechos reproductivos» si se modificara la ley del aborto.

La ideología de género, nacida del feminismo radical, se impuso a nivel mundial en la Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Pekín en 1995: los lobbies «consiguieron imponer a los países miembros el compromiso de incorporar la «perspectiva de género» en todas sus políticas y medidas legislativas», afirma María Lacalle.

Según esta investigadora, la ideología de género ha logrado imponerse en España en tres ámbitos legislativos clave: la identidad personal, la familia y la educación.

La ideología del género «parte del convencimiento de que la mujer ha sido explotada por el hombre a lo largo de la historia mediante la imposición de roles y estereotipos sociales totalmente injustos y arbitrarios que la han mantenido apartada de la vida pública, privada de derechos y recluida en el ámbito familiar», afirma.

La «deconstrucción» de la identidad personal

Según María Lacalle, la ideología de género «pretende instaurar una sociedad en la que todos los individuos sean iguales, una sociedad sin diferencias entre los sexos en la que cada uno, independientemente de las características biológicas con las que nazca, escoja su propia identidad de género y su propia orientación sexual».

La investigadora cree que esta ideología está detrás de varias de las leyes aprobadas en los últimos años, como la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, en el apartado en el que regula el cambio de sexo en el Registro Civil cuando «no se corresponda con su identidad de género».

«Esta ley banaliza de una manera alarmante la cuestión de la identidad sexual. En primer lugar, no requiere un estudio psiquiátrico en profundidad, sino que permite que se cambie la inscripción registral con un simple informe psicológico; no exige cirugía de reasignación sexual, y tampoco establece como estrictamente obligatorio el haber seguido un tratamiento médico para acomodar las características físicas a las correspondientes al sexo reclamado».

Para Lacalle, esta ley muestra «una concepción del ser humano según la cual la identidad sexual es una variable subjetiva de cada persona. Es como si cada uno pudiera «inventarse» a sí mismo: la naturaleza no cuenta, cada uno hace lo que quiere porque la libertad se concibe como una fuerza omnipotente y autocreadora. El deseo de cada uno se convierte en motivo suficiente para pretender alterar la realidad».

Esta concepción del hombre proclama la libertad absoluta como liberación de lazos y condicionamientos, aún aquellos naturales como la relación paterno-filial. Como consecuencia, todas las instituciones sociales quedan minadas y se subvierte el orden social, con consecuencias que los expertos participantes en la jornada prevén desastrosas para la sociedad.

El tabú de la maternidad

La maternidad, como realidad fisiológica exclusiva de la mujer, es una de las cuestiones más atacadas por las feministas de género: los nuevos derechos reproductivos y sexuales «tienen por objeto que la mujer controle por completo la fertilidad, y que tienen como núcleo central el acceso al aborto sin restricciones de ningún tipo, como algo imprescindible para que la mujer pueda ser auténticamente libre», afirman.

«Más que de “derechos reproductivos” deberían hablar del “derecho a no reproducirse”, que es lo que realmente quieren. Por eso buscan formas para liberar a la mujer de la “tiranía” de su naturaleza biológica, permitiéndole escapar de la “barbarie” del embarazo. Reclaman una solución técnica que les permita alcanzar el objetivo último que es la liberación de la maternidad», denuncia Lacalle.

Como detalle que expresa esta concepción, María Lacalle explica que los términos «maternidad» y «procreación» están siendo sustituidos en los textos internacionales por «trabajo reproductivo». «Este término fue acuñado por Carolyn Hannan, que fue Directora de la División para el Avance de la Mujer de la ONU, y desde entonces se utiliza profusamente. Es un término que indica claramente la concepción que tienen de la maternidad. La consideran como una maldición, una carga pesada que la sociedad ha impuesto a la mujer para someterla y recluirla en el ámbito privado, para que no pueda prosperar profesionalmente. Todo lo que sirva para liberar a la mujer de este trabajo reproductivo debe ser promocionado social y jurídicamente», añade.

Esta concepción explica el renovado interés por la modificación de la ley del aborto, reclamada desde las organizaciones feministas cercanas al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de manera especial en los últimos meses.

La «guerra de los géneros»

Otra de las leyes en las que el feminismo radical ha logrado imponerse es la Ley Orgánica 1/2004, de medidas de protección integral contra la violencia de género. En ella, la relación entre el hombre y la mujer se define como «necesariamente conflictiva». De hecho, en el preámbulo se afirma que «la violencia se dirige contra las mujeres por el hecho de ser mujeres y que es consecuencia de la desigualdad histórica de la mujer en la sociedad».

«La concepción de las relaciones entre el hombre y la mujer en términos de lucha, de rivalidad, de antagonismo, provoca un desquiciamiento de la propia identidad tanto de la mujer como del hombre», afirma Lacalle. Además, esta ideologización no lleva realmente a la solución del problema, pues no se tienen en cuenta otras causas directamente relacionadas con el aumento de la violencia, como la drogadicción o las rupturas familiares.

Para la investigadora, se están manipulando los datos: «desde los años noventa han ido aumentando las muertes de mujeres a manos de sus parejas y ex-parejas pero también las muertes de hombres a manos de sus parejas y ex-parejas, los suicidios de unos y otros, la muerte de niños, la violencia de los adolescentes contra sus padres y las agresiones a las personas de mayor edad dentro del ámbito doméstico. Por no mencionar la violencia en parejas de lesbianas, que es mucho más elevada que la que se produce en parejas heterosexuales. Pero todos estos datos no se difunden a través de los medios de comunicación, y si no se difunden, no existen».

¿El fin de la familia?

Según Lacalle, uno de los objetivos del feminismo de género es acabar con la familia, a la que considera «la principal fuente de opresión de la mujer»: «Estamos asistiendo a una transformación radical del Derecho de Familia, que ya no la protege, sino que la crea, la inventa. Es la ley, sin ninguna consideración a la realidad natural, la que decide qué es el matrimonio, qué es la familia y qué es la paternidad».

Esta ideología subyace en las leyes 13/2005 (por la que se modifica el Código civil en materia de derecho a contraer matrimonio para dar cabida a las uniones homosexuales), 15/2005 (por la que se regula el divorcio unilateral y sin causa), y 14/2006 (sobre técnicas de reproducción humana asistida), así como en la supresión del apartado 3 del artículo 154 del Código Civil, que reconocía la facultad de los padres de corregir moderada y razonablemente a los hijos, y la polémica asignatura de «Educación para la Ciudadanía».

Para la profesora de Derecho Civil, las últimas reformas de Derecho de Familia «han suprimido el matrimonio. El matrimonio, en cuanto unión de un hombre y una mujer abierta a la vida y con vocación de permanencia, ya no existe en nuestro ordenamiento jurídico». Con la ley 13/2005, «se contempla el matrimonio como un invento social que va cambiando y adaptándose a las circunstancias históricas».

«Parece claro que el inusitado interés en aprobar esta ley no se debía simplemente al deseo de dar entrada al pequeño número de homosexuales que quiere contraer matrimonio –desde la entrada en vigor de la ley hace dos años y medio unos 4.500– sino de obtener el reconocimiento social para la homosexualidad y redefinir radicalmente el matrimonio, privándole de sus elementos esenciales», añade.

Por otro lado, la ley del «divorcio exprés» «encaja perfectamente en la ideología de género, pues si cada uno se construye y se “inventa” a sí mismo, y puede construir su relación como quiera, también se le debe reconocer la capacidad de destruirla a capricho».

«El concepto de matrimonio que se maneja en esta ley se basa en el mero afecto, prescindiendo de cualquier función social, y se pone todo el énfasis en la satisfacción emocional, psicológica y sexual que proporciona a sus participantes. La ley se fija en el deseo y en la libertad individual. Si uno de los cónyuges desea romper su matrimonio, su deseo ha de hacerse realidad sin más consideraciones. No hay que tener en cuenta al otro cónyuge, ni tampoco hay que pensar en el daño, a veces irreparable, que se produce en los hijos. Sólo el deseo es importante», añade.

Para María Lacalle, «lo que se le está diciendo a la sociedad es que el matrimonio no es importante, que el contrato matrimonial vale menos que cualquier otro contrato civil o mercantil».

Padres sin hijos, hijos sin padre

Otra de las claves del desarrollo legislativo en cuanto a identidad personal se refiere, es la Ley 14/2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida, en la cual se redefine la paternidad y la maternidad como un «derecho» que la sociedad debe satisfacer.

Lacalle explica que la ley reconoce el derecho de acudir a estas técnicas a toda mujer mayor de edad independientemente de su estado civil y orientación sexual. Si es una mujer casada con un hombre, la ley «presume» que el padre es el marido de la mujer; si es una mujer casada con otra mujer, la ley las considera a ambas «progenitoras»; y si es una mujer sola, el niño legalmente no tiene padre, porque según la ley el donante no es un padre sino «el lugar» donde se ha producido el material genético. «No es que su padre no lo quiera reconocer, es que, legalmente, no tiene padre, y no se le permite buscarlo, ni conocerlo, ni relacionarse con él en manera alguna». Por la misma razón, al ser la paternidad y la maternidad un rol social y nada más, se defiende la adopción por parte de homosexuales.

Además, la legislación se entromete también en el derecho de los padres a educar a sus hijos. Para la investigadora «es una intromisión bastante sorprendente, teniendo en cuenta las circunstancias, pues parece que el panorama generalizado no es precisamente de autoritarismo de los padres hacia los hijos, sino todo lo contrario. La mayor parte de los padres han tirado la toalla, han abdicado de su autoridad y consienten todo a sus hijos. Y sin embargo, parece que existe un interés en minimizar la autoridad de los padres, en lugar de en reforzarla».

Lacalle recuerda que en la Ley Orgánica de Educación «no se menciona para nada la autoridad de los padres. Esto ya fue denunciado por el Consejo de Estado en su informe, que recomendó al Gobierno que incluyera algún párrafo que hiciera hincapié en la autoridad de padres y profesores, pero el Gobierno hizo caso omiso».

Por otro lado, el rebajamiento de la edad de consentimiento para mantener relaciones sexuales ha provocado que muchos padres no sepan nada –ni tengan derecho a ello– de la vida de sus hijos. «Según la legislación vigente, a los trece años se puede consentir en mantener relaciones sexuales, sea con personas del mismo o de distinto sexo, incluso con un adulto. Las propias administraciones fomentan la precocidad de los adolescentes en materia sexual, como queda demostrado en los folletos de sexo infantil que se reparten en los centros escolares de algunas comunidades autónomas».

Por otro lado, la Ley Orgánica de Educación 2/2006, «está impregnada de ideología de género, lo cual queda claro desde el mismo Preámbulo, donde se dice que son fines de la educación, entre otros, el desarrollo de las capacidades afectivas del alumnado, el reconocimiento de la diversidad afectivo-sexual, así como la valoración crítica de las desigualdades, que permita superar los comportamientos sexistas».

«En la asignatura Educación para la Ciudadanía esta ideología está presente en todas las etapas, especialmente en la Educación Secundaria Obligatoria. Se rechaza cualquier diferenciación entre varón y mujer, llegando a identificar diferencia con discriminación, se insiste machaconamente en la diversidad afectivo-emocional, en la posibilidad de elegir la propia identidad y orientación sexual», añade.

¿Quién gana?

María Lacalle afirma que el ataque a la familia «es una constante de todas las ideologías totalitarias que han pretendido un control de la persona. En todo este proceso de ingeniería social o deconstrucción de la sociedad, la familia es un obstáculo. Minar la autoridad de los padres es necesario para manipular libremente a los niños y configurar sus conciencias y su visión del mundo y de las cosas».

Para el padre Luis Garza, vicario general de la congregación de los Legionarios de Cristo, de estas legislaciones no se benefician las mujeres, ni los niños, ni la sociedad: «es un hecho comprobado que la desatención de los padres de familia suele crear en los hijos personalidades débiles, incapaces de pensamiento crítico, sujetos siempre a la moda imperante y con temor de enfrentar el status quo y reducidas a una máquina de consumo».

«Esto sin duda es algo cómodo para algunos grupos que quieren adquirir y mantener el poder político por generaciones y sería ya suficientemente malo, pero además es el preludio para manipulaciones de gran envergadura como las que experimentamos en el siglo XX».

Para el padre Garza, doctor en Derecho Canónico, la estrategia de estos grupos es o bien «conseguir un control político para obtener el poder». «Estamos ante la reivindicación más clara de Gramsci y su estrategia para la obtención del poder».

«Si lo que se busca es cambiar la cultura por motivos ideológicos, porque se piensa que esto es lo correcto y porque hemos vivido siglos engañados debido a lo reaccionario de la Iglesia y sus postulados, estamos ante un experimento de ingeniería social que puede tener tremendas y nefastas consecuencias ante el que debemos estar todos alerta y oponernos decidida e inteligentemente», afirma.


 
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