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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 407
Lunes, 31 marzo a las 12:54:23

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 407 –  25 de marzo de 2008

SUMARIO

  1. Con Dios a puro huevo. Arturo Robsy
  2. Pase lo que pase el 9-M: Regeneración y Constitución. Aquilino Duque
  3. Sánchez Gordillo, Queipo y la Macarena. Miguel Ángel Loma
  4. El martirio y la esperanza: Persecución contra los cristianos en Irak. José Luis Restán
  5. La ley islámica en Arabia Saudí. Minuto Digital
  6. Ejemplo de cómo manipula la prensa: El Vaticano no ha publicado una nueva lista de los siete pecados capitales. Zenit  


 

CON DIOS A PURO HUEVO
Arturo Robsy

En la prensa vibra la Legión, con su Cristo en vilo, atravesando muros de agua. Es en Málaga. Ni la tormenta, ni el universo todo, no pueden con un Cristo legionario, con un Cristo que capitanea hombres cuyo código tiene una verdad absoluta: La muerte llega sin dolor. Y si duele, te aguantas.

Para dolor, el de Cristo. En la cruz donde sigue después de dos mil años. Crucificado aguarda todos los días y todos los minutos. Larga e impasible guardia, como sin dar importancia al leño en que lo clavaron. Ensangrentado. Y abajo, en aquel Calvario, los legionarios que tiraban los dados sobre su ropa; que le dieron la esponja de agua y vinagre desde la lanza.

Y la tormenta. Eran las tres de la tarde. Expiró Cristo, sacudiéndose el mundo de aquel pecho valiente. Expiró Cristo y se rasgó el enorme velo: el del Templo, sí, y el de los ojos. La lluvia desatada, la temporal tiniebla de la muerte que lloraba la naturaleza sin el pie del Hijo de Dios sobre la tierra.

Juntos, bajo la tempestad universal, Cristo y los legionarios. Desde entonces juntos. Aquel soldado, curtido en guerras, que es traspasado por la luz de la verdad, deja la ceguera fácil y grita, dominando la tormenta: «Este es el Hijo de Dios». Los demás, quietos en la oscuridad pero viendo la lumbre de la vida, el fuego que entusiasma.

¿Estuvo allí el Centurión legionario? El primer gentil que creyó hasta sus límites, un capitán legionario que rogaba por uno de sus hombres: No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará. Palabras que vuelan, que cruzan los muros y las tormentas. Cornetines. Órdenes.

Dos mil años después nuevos legionarios cruzan la tormenta con su Dios en vilo, a pulso. Dios ha de doler cuando te esfuerzas. Como se debe; como la lealtad manda. Señor, no soy digno, pero aquí estoy. Para lo que sea. A puro huevo, Señor. Porque lo he jurado, y jurar es fuego. Porque lo quiero. Porque cuando se cree te sientes más allá de la vida. Porque canto a la muerte amada y tú moriste por mí, lo que te convierte en compañero y hermano; en muerto mío. Y un legionario no abandona a sus muertos. Los recuerda con orgullo, Señor de los Tercios. Porque tienes, Señor, una tercera vida que resplandece el Jueves Santo en Málaga y en todos los sábados de patio, de armas y de agudo toque de oración, metal dorado que se clava.

La Legión avanza con su Dios enorme. No importan ya teologías sutiles. Es Dios y lo llevo en alto. Soy testigo de él y él de mí, caballero legionario con caballero legionario. En alto, Señor, en alto, que el cielo será de quien lo gane, de quien salte la trinchera sin temor. También el cielo a puro huevo. Como está mandado. ¿Qué temer alzándote y cantándote los amores rotos? ¿No soy un hombre a quien la muerte hirió con zarpa de fiera? ¿No lo somos todos? De eso se trata: creo en el corazón gigante del hombre, que siempre quema. Creo en lo que debo. Lo grande con lo grande, Cristo universal de la Buena Muerte, porque creer, a veces, parece una furia, un martirio, un balazo. Parece que la vida se te escapa del pecho, pero no te importa: Un Dios es para siempre.

PASE LO QUE PASE EL 9-M: REGENERACIÓN Y CONSTITUCIÓN
Aquilino Duque
El Manifiesto

El nunca bien ponderado don Julio Caro Baroja le decía en la Academia de la Historia a un académico de provincias: «Desengáñese, amigo mío, la Academia es un melonar». Otras Academias no le van a la zaga, y en una de ellas, después de escuchar una ponencia sobre el I Concurso de Cante Jondo, celebrado en Granada en 1922, uno de los asistentes comentó que ese Concurso no habría sido posible pocos años después, porque la Dictadura no lo habría permitido. «¿Y cuándo se celebró en Sevilla la célebre reunión de los poetas del 27?», preguntó alguien. No sé qué melonada replicó este idiota, palabra que hay que tomar en la acepción que le daba Antonio de Nebrija, que es la de individuo que «sólo sabe de lo suyo» en lo que puede ser muy bien un pozo de ciencia.

Es frecuente entre los conversos a la democracia echarse a temblar cada vez que oyen la palabra dictadura, a diferencia de lo que ocurre a algunos demócratas de toda la vida cuyos saberes no se reducen a los de su especialidad académica. Uno de éstos es Ramón Tamames, autor de un documentado estudio sobre la Dictadura de Primo de Rivera, del que se desprende que fue bajo este régimen, de seis años de duración, bajo el que España conoció el primer período de estabilidad, prosperidad y justicia social del siglo XX, y cuyas líneas maestras, rotas con el «error Berenguer» y la segunda República, sirvieron de guía a la otra «dictadura», la de Franco, que supo además sacar partido de los errores de la anterior (Ramón Tamames. Ni Mussolini ni Franco: la dictadura de Primo de Rivera y su tiempo. Planeta. Barcelona, 2008). La de Primo empezó modestamente como una «letra a noventa días» que por inercia se renovó hasta el agotamiento. La nueva en cambio afirmó su carácter vitalicio pues, aparte de no venir de un golpe de Estado incruento, sino de una cruenta guerra civil, tuvo entre otros aciertos el de no dejarse «borbonear».

La «víctima» en ambos casos fue una Constitución. A los que le acusaban de ser uno de los enterradores de la Constitución de Weimar, replicaba Carl Schmitt que si él contribuyó a enterrarla, fue porque otros la habían matado antes. La Constitución de 1876 duró lo que duró el inventor de la «fantasmagoría» del «turno pacífico», el «encasillado» y otras lindezas y se produjo la mitosis o carioquinesis de los dos grandes partidos turnantes. Era ya un tejido muerto cuando Primo de Rivera la dejó en suspenso y los españoles se lo agradecieron. La del 31 fue usufructuada desde un primer momento por los republicanos confesionales que hicieron con ella mangas y capirotes, notablemente al destituir a su Presidente. No creo que, ya en guerra, estuviera muy vigente en la zona que, por inercia, se autodenominó «gubernamental» o «republicana».

Las Constituciones en general tienen una duración muy limitada; si se me apura mucho, la vigencia de cada una no va mucho más allá de la generación que le dio el ser. La excepción la constituyen las anglosajonas. La más antigua, la inglesa, es una Constitución no escrita, pues los ingleses saben muy bien que lo permanente es el espíritu de las leyes, por decirlo con palabras de Montesquieu, no la letra, expuesta a infinitas interpretaciones o «lecturas», como se dice ahora. Los norteamericanos, más ingenuos, pero igualmente prácticos, han hecho durar la suya a base de enmiendas sucesivas.

La española de 1978 es un caso patético, y es el símbolo por excelencia de uno de los delitos más populares de nuestra democracia: lo que antes se llamaba «malos tratos» y ahora de denomina «violencia de género». No hay violencia que se le haya escatimado a nuestra Ley de Leyes, y lo más curioso es que a la cabeza de los violadores, por acción o por omisión, figure el Tribunal encargado de tutelar su virginidad. Desde el caso Rumasa al Estatuto catalán, ese Tribunal, reflejo del Poder legislativo, perpetra o refrenda actos de unos «padres de la patria» que consideran, como la cosa más natural del mundo, que quien hizo la ley hizo la trampa.

Alfonso XIII, acusado de perjuro por las Constituyentes republicanas, le confesó a su biógrafo Julián Cortés Cavanillas: «Acaso de lo único que tenga que arrepentirme es de haber observado escrupulosamente los artículos de la Constitución en aquellos años», es decir, todos aquellos en que la Carta Magna hacía agua por todas partes. Su nieto, el monarca actual, no corre el riesgo de que se le acuse de lo que acusaron a su abuelo por la sencilla razón de que él no juró la actual Constitución, sino que se limitó a sancionarla, dado que fue la Monarquía la que trajo la Constitución, no la Constitución la que trajo la Monarquía.

No se me interprete mal, que de sobra sé que la Historia no se repite. Ni otra dictadura ni otra república iba a hacer otra cosa que agravar los males de la patria, y es que, en los tiempos que corren, una dictadura sería todo lo contrario de lo que fueron las de Primo de Rivera y de Franco; sería una dictadura caribe, y ya saldría alguien dispuesto a recoger la antorcha que aún arde en el puño agonizante de Castro. Tampoco sería muy distinta esa república presidencialista con que sueñan muchos ingenuos.

No soy, pues, partidario de abolir la Constitución, sino de ponerla a salvo de los que abusan de ella y le han perdido todo el respeto. También soy partidario de sanearla y desintoxicarla, pues con ella en la mano es aún perfectamente posible evitar el desguace de la nación.

SÁNCHEZ GORDILLO, QUEIPO Y LA MACARENA
Miguel Ángel Loma

 El recién electo diputado del Parlamento Andaluz por IU, Juan Manuel Sánchez Gordillo (alcalde de Marinaleda, Sevilla), ha anunciado que su primera iniciativa parlamentaria será instar al Gobierno de la Junta de Andalucía para sacar los restos del general Queipo de Llano de la basílica de la Macarena, donde reposan por la banal razón de haber sido el propulsor de su construcción. De estas declaraciones hay que alegrarse, además de por el gesto de inusitada valentía que supone enfrentarse a un militar que lleva enterrado casi sesenta años, por la innovadora actitud que significan tales palabras en un comunista, instando una tramitación parlamentaria sobre un asunto que, sus antepasados ideológicos, hubieran resuelto mediante el saqueo e incendio de la basílica (con la Virgen incluida), sin necesidad de molestar a sus señorías parlamentarias.

Está claro que dicha iniciativa aborda una urgente demanda social reclamada por una multitud de andaluces y, especialmente, por los de Izquierda Unida que, como es sabido, andan siempre muy preocupados por los enterramientos habidos en suelo sacro. Pero lo que quizás resulte excesivo es iniciar un trámite parlamentario para tal finalidad, cuando en la misma federación política del señor Sánchez Gordillo cuentan con un personaje de habilidades casi mágicas, como es el concejal del Ayuntamiento de Sevilla, don Lolo Silva. Si don Lolo fue capaz de borrar de la faz de la tierra toda una mastodóntica cubierta de la Copa Davis (cuya mayoría de piezas todavía no se han localizado), lo de hacer desaparecer unos cuantos huesos debe resultarle una fruslería. Para lo de Queipo bastaría con nombrar a don Lolo depositario de los restos del general.

Una vez desaparecidos éstos, la fosa podría aprovecharse para albergar el cuerpo de Santiago Carrillo o, si se quiere darle al asunto un alcance más universal, del mismísimo Fidel Castro; pero, obviamente, sólo cuando tuvieran lugar los desgraciados óbitos de ambos, que tampoco es cosa de enterrar a la gente en vida, ni esta es actividad en la que los comunistas dispongan de experiencia.

La memoria histórica en Sevilla es una maravilla

EL MARTIRIO Y LA ESPERANZA. PERSECUCIÓN CONTRA LOS CRISTIANOS DE IRAK
José Luis Restán
Libertad digital

 No parece fácil la Alianza de Civilizaciones, el entendimiento entre culturas, la comprensión entre las religiones, el abandono de la violencia.

La región de Mosul, al norte de Irak, conserva algunas de las iglesias más antiguas del mundo. Conserva también la memoria dolorida de la ancestral comunidad de los católicos caldeos que todavía hoy celebra la liturgia en arameo, la lengua que habló Jesús. En vísperas de la Semana Santa, esta probada comunidad ha visto cómo le arrebataban a su pastor, monseñor Paulos Faraj Rahho. Ante el peligro inminente podría haber elegido un camino más cómodo, el camino del exilio, pero él prefirió cargar con la cruz y seguir junto a su pueblo.

El pasado 29 de febrero, precisamente tras celebrar el ejercicio del Vía Crucis en la Iglesia del Espíritu Santo, monseñor Faraj Rahho era secuestrado en un acto de violencia inusitada en el que fueron asesinados su chófer y dos acompañantes. El demoníaco sello de Al Qaeda estuvo claro desde el primer instante: no se trataba sólo de la rapiña habitual que encuentra entre los cristianos a las víctimas más desguarnecidas, sino de una operación para extirpar la semilla cristiana de la tierra de Irak.

El propio monseñor Rahho había denunciado la existencia de un proyecto para la eliminación de los cristianos, que incluye desde los ataques con bombas a numerosas iglesias hasta la presión asfixiante que se practica contra ellos en la vida cotidiana, sin olvidar las extorsiones y secuestros que son el amargo pan de cada día para los cristianos de Irak, mientras el mundo guarda silencio.

Catorce días después de exorbitantes exigencias de dinero, armas y liberación de presos, el cuerpo del arzobispo caldeo de Mosul aparecía sin vida entre el llanto de su pueblo y la conmoción de buena parte de sus vecinos. A pesar de la espada que pesaba desde hace años sobre su cabeza, monseñor Rahho no dejaba nunca de recorrer sus parroquias y de visitar a sus fieles, y había puesto en marcha varias iniciativas de caridad y de diálogo con los musulmanes. Estaba enfermo del corazón y precisaba medicación diaria, pero todos recuerdan su actividad incesante marcada por la bondadosa sonrisa que asomaba tras la espesa barba blanca típica de los obispos orientales. «Han querido golpear el corazón de nuestra Iglesia en esta ciudad», afirmaba un de los fieles que participaron en la celebración del funeral, «él nos daba el coraje para seguir adelante, pero ahora no sabemos dónde encontraremos fuerza».

La desesperanza y la pesadumbre son magnitudes bien presentes estos días entre los cristianos de todo el Medio Oriente, y se comprende la duda sobre si merece la pena seguir en esa tierra que es su casa desde tiempo inmemorial, pero en la que ahora se les niega casi el derecho a respirar. Es preciso acoger la duda sobre si ha tenido sentido el sacrificio de monseñor Rahho. El Domingo de Ramos, Benedicto XVI explicaba el sentido del evangelio de San Mateo sobre la expulsión de los mercaderes del templo: casi todos centramos nuestra atención en la dureza de las palabras de Jesús y su acción de volcar las mesas de los cambistas, pero el Papa advierte que después, se acercaron los ciegos y los cojos que estaban en el templo, y Él los curó, mientras los niños exclamaban «Hosanna al hijo de David».

A la inmundicia de aquellos mercaderes (a su perversión del orden querido por Dios) Jesús contrapone su bondad que sana todas las dolencias, y esa, dice el Papa, es la verdadera purificación del templo. Y Benedicto XVI insiste en una de sus ideas centrales: «Él no viene como destructor, no viene con las espada del revolucionario, sino con el don de la curación... muestra a Dios como Aquel que ama, y así nos indica en qué consiste en verdadero culto a Dios, el curar, el servir, la bondad que sana».

Al leer esta explicación del Papa he pensado inmediatamente en la vida del arzobispo Paulos, que se desgastó en el servicio a su pueblo, que con su testimonio y sus obras contribuyó a crear oasis de paz en un país afligido por la violencia y la mentira, que cargó sobre sus espaldas el cuidado de los más pobres, los disminuidos y los abandonados. De esta forma, su vida aparentemente destrozada ha creado espacios de verdadera humanidad, ha protegido a los débiles y ha sembrado una semilla justicia y reconciliación que difícilmente podemos pesar y medir, pero que ciertamente contará para el futuro.

Aun así, nuestro escepticismo es grande, y nos preguntamos si todo esto no serán sino bellas palabras que devorará la orgía de una violencia sin fin, desatada por el islamismo radical que utiliza y veja el santo nombre de Dios para justificar su proyecto de dominio sobre todo el Medio Oriente, y más allá. La encíclica Spe Salvi viene en nuestra ayuda cuando afirma que la esperanza en el Dios que nos ha amado hasta el extremo, que ha aceptado sufrir en la cruz, y cuyo poder sigue presente en el mundo, «nos da valor para ponernos de parte del bien aun cuando parece que ya no hay esperanza, y conscientes además de que, viendo el desarrollo de la historia tal como se manifiesta externamente, el poder de la culpa permanece como una presencia terrible, incluso para el futuro».

La historia de Paulos Faraj Rahho no es la de una vana ilusión frustrada definitivamente por los poderes oscuros de la historia, sino la de esta esperanza firme que sabe de quién se ha fiado y que ha experimentado ya su victoria. Toda una encarnación de cuanto vamos a celebrar en estos días.

 

LA LEY ISLÁMICA EN ARABIA SAUDÍ
Minuto digital

Dicen que Arabia Saudí es miembro de la ONU y hasta puede que haya firmado la Declaración de los Derechos Humanos. ¿Será verdad? ¿Es a esto a lo que debemos apuntarnos los fieles y decididos promotores de la Alianza de Civilizaciones?

La estricta aplicación de la sharia o ley islámica en Arabia Saudí, donde son decapitados con sable los condenados a muerte, es defendida por ese país como una forma de garantizar la paz en la sociedad, pese a las críticas en Occidente.

«La muerte es el castigo del traficante de drogas», una frase que uno puede leer en varios lugares en ese conservador pero muy rico reino árabe, incluidos algunos de sus consulados, aparentemente para intimidar a los millones de extranjeros, sobre todo asiáticos, que llegan al país para trabajar o visitar los santuarios islámicos.

Pero esa ley no sólo se le aplica al narcotraficante, ya que son también decapitadas en público aquellas personas condenadas a la pena capital por asesinato, violación, brujería, sodomía o robo a mano armada, entre otros delitos.

Bajo el sable del sayyaf (verdugo) son iguales hombres y mujeres condenadas a muerte por uno de esos delitos, llamados en la religión islámica hodud (límites), que no debe cometer ningún mahometano.

Decenas de personas de distintas nacionalidades han sido ejecutadas de esa manera por delitos similares en 2007, al menos quince de ellas en mayo pasado, incluida la etíope Jadiya bin Ibrahim Musa, condenada por haber apuñalado hasta la muerte a un egipcio.

La amputación de manos también es frecuente en el caso de los condenados por atraco sin el uso de armas. El saudí Fayez bin Bashir fue el último en perder su mano derecha el último viernes de mayo en Riad por haber robado en una casa.

Todos los castigos se aplican en una plaza pública, donde centenares de personas pueden ver cómo es traído el mozneb (culpable), rodeado de policías, y cómo con un sólo golpe con la espada del sayyaf pierde para siempre su mano o, en el peor de los casos, su cabeza.

Varios de los que han visto una ejecución así afirman que sólo en el caso de los condenados a muerte por asesinato, las autoridades intentan retrasar la aplicación de la sentencia en espera de que el asesino sea perdonado por los parientes más cercanos de la víctima.

Los intentos de convencer a la familia de la víctima pueden durar varios años y en numerosos casos llega el perdón un minuto antes de que el sayyaf actúe.

A cambio del perdón, los parientes de la víctima reciben el deya o dinero de sangre, una suma acordada por las dos partes, y que oscila entre unos 30.000 y 150.000 dólares, y que en algunos casos llega a varios millones, dependiendo del estatus social de la víctima.

Samira al Shahrani, condenada a muerte desde hace ocho años por haber asesinado a un saudí que aparentemente intentaba violarla, fue puesta en libertad el 26 de mayo pasado, tras haber sido perdonada por la familia de la víctima.

La aplicación de los hodud en Arabia Saudí, pese a ser denunciada por numerosas organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos, sigue sin perder el apoyo de la mayoría de la población, al ser una parte fundamental de su religión, según los clérigos islámicos.

Los hodud son aplicados de forma estricta sólo en el reino wahabí, aunque la mayoría de los Estados islámicos respetan la sharia en casos personales, como el matrimonio, el divorcio y la custodia de los menores.

El reino wahabí, cuya Constitución es el propio Corán –su principal fuente de legislación–, defiende los hodud como la mejor forma de garantizar la seguridad y la paz en la sociedad, siguiendo así el principio de ojo por ojo, diente por diente.

Con la aplicación de esos castigos, muy en especial la Al qasas (ley del talión), que condena al culpable a ser castigado de la misma forma que cometió el crimen, sobre todo en el caso de asesinato, Riad se apoya en numerosos versículos del Corán, el libro sagrado de los alrededor de 1.300 millones de musulmanes del mundo.

Los comunicados para anunciar la ejecución de personas se refieren habitualmente a versículos del libro sagrado, uno de ellos en el sentido de que «aquellos que combaten a Alá y son corruptos en la tierra deben ser ejecutados, crucificados, deportados o sus manos y pies amputados».

Otros aseguran a los fieles que «el talión os da vida», en el sentido de que castigar al culpable por el Gobierno evita que la familia de la víctima intente vengarse y asesinar a uno o a varios miembros del otro clan.

 

EJEMPLO DE CÓMO MANIPULA LA PRENSA
Zenit

Días atrás los medios de comunicación social lanzaban la noticia de que el Vaticano había ampliado el número de pecados capitales. Ello no es cierto, como podemos ver en la noticia enviada por Zenit.org

El Vaticano no ha publicado una nueva lista de los siete pecados capitales

La Oficina de Comunicación de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, ha emitido un comunicado para hacer esta aclaración en respuesta a varios artículos de prensa.

«No existe ningún edicto vaticano nuevo», aclara el comunicado, explicando que la confusión se ha debido a la interpretación que han hecho algunos órganos informativos de una entrevista publicada en la edición italiana cotidiana de L'Osservatore Romano, con fecha del 9 de marzo.

El entrevistado es monseñor Gianfranco Girotti, obispo regente del tribunal de la Penitenciaría Apostólica. El penitenciario mayor es el cardenal estadounidense James Francis Stafford.

El periodista Nicola Gori ha preguntado al prelado: «¿Cuáles son, según usted, los nuevos pecados?».

«Hay varias áreas dentro de las cuales hoy percibimos actitudes pecaminosas en relación con los derechos individuales y sociales», responde monseñor Girotti.

«Ante todo el área de la bioética, dentro de la cual no podemos dejar de denunciar algunas violaciones de los derechos fundamentales de la naturaleza humana, a través de experimentos, manipulaciones genéticas, cuyos efectos es difícil prever y controlar».

«Otra área, propiamente social, es el área de la droga, con la que se debilita la psique y se oscurece la inteligencia, dejando a muchos jóvenes fuera del circuito eclesial».

Está también «el área de las desigualdades sociales y económicas, por las que los pobres se hacen cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos, alimentando una insostenible justicia social, el área de la ecología, que reviste hoy un importante interés».


 
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