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El Brocal: El Brocal Nº - 49
Lunes, 31 marzo a las 13:36:50

El Brocal

REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 49 – 29 de marzo de 2008

Sumario



 

SENTENCIA A FAVOR DE LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA FRENTE A LA ASIGNATURA DE EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA

 SALA DE LO CONTENCIOSO-ADMINISTRATIVO DE SEVILLA

SECCIÓN TERCERA

RECURSO N° 787/07 (DERECHOS FUNDAMENTALES)

Ilmos. Sres.

D. Victoriano Valpuertas Bermúdez, Presidente

D. Eloy Méndez Martínez

D. Enrique Gabaldón Codesido

 

SENTENCIA

En Sevilla, a 4 de marzo de 2008

Vistos los autos citados, seguidos ante esta Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía con sede en Sevilla, en el que ha sido parte actora D. Manuel Flores Unión y Dñ. María Dolores Cano Delgado y demandada Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía, con intervención del Ministerio Fiscal, turnándose la ponencia al Ilmo. Sr. D. Enrique Gabaldón Codesido, se ha dictado ésta de atuendo con los siguientes

ANTECEDENTES DE HECHO

PRIMERO.- Interpuesto el recurso contencioso-administrativo, se presentó la demanda dentro del plazo legal.

SEGUNDO.- Tanto el Ministerio Fiscal como la Junta de Andalucía, en sus contestaciones a la demanda, solicitaron una sentencia confirmatoria de la resolución recurrida.

TERCERO.- Los autos tuvieron la tramitación que consta en los mismos.

CUARTO.- Señalado día para su votación y fallo esta tuyo lugar con el resultado que a continuación se expone.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

PRIMERO. Se recurre resolución de 13 de noviembre de 2007, de la Consejera de Educación de la Junta de Andalucía, que, frente a solicitud de objeción de conciencia el la asignatura Educación para la Ciudadanía y Derechos Humanos, presentada por los demandantes en nombre y representación de su hijo, resuelve: «No reconocer el derecho a la objeción de conciencia respecto a la aplicación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía y Derechos Humanos y en consecuencia, también denegar la petición de alternativa educativa».

SEGUNDO. Exponen los demandantes que la asignatura a la que objetan vulnera sus derechos fundamentales a educar a sus hijos en la formación religiosa y moral que está de acuerdo con sus propias convicciones (art. 27.3 CE) y a la libertad ideológica y religiosa (art. 16.1 CE). Los motivos de ésta vulneración son sustancialmente: se plantea como contenido y fin de la asignatura la formación de la conciencia moral de los alumnos, con los contenidos, objetivos y criterios que fija el Gobierno en el Real Decreto 1631/2996, al margen del derecho de los padres del art. 27.3 CE; supone una «ética cívica», distinta de la personal, creada por el Estado, cambiante, e impuesta a través del sistema educativo; plantea temas, objetivos y criterios de evaluación de alto contenido político, discutible y discutido; y utiliza terminología y conceptos propios de la ideología de género.

tanto el Ministerio Fiscal, corno la Junta de Andalucía se han opuesto a la demanda alegando que no existe el derecho a la objeción de conciencia que se pretende ejercitar.

TERCERO. Según la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, Tribunal Supremo y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, existe el derecho a la objeción de conciencia que se ejercita para la protección de los derechos indicados.

Ciertamente las sentencias del Tribunal Constitucional, 160/87 y 161/87, definen el derecho a la objeción de conciencia del art. 30.2 CE como un derecho constitucional, no fundamental, que puede ser regulado por el legislador mediante ley ordinaria, y ejercido en los términos de ésta. Pero estas sentencias se están refiriendo al derecho a la objeción de conciencia al servicio militar, supuesto de objeción de conciencia expresamente reconocido en el art. 30 CE.

En cambio, el Tribunal Constitucional sí que ha manifestado, en recurso de amparo contra denegación de prórroga del servicio militar (STC 15/1982), lo siguiente: «De ello no se deriva, sin embargo, que el derecho del objetor esté por entero subordinado a la actuación del legislador. El que la objeción de conciencia sea un derecho que para su desarrollo y plena eficacia requiera la «interpositio legislatoris» no significa que sea exigible tan sólo cuando el legislador lo haya desarrollado, de modo que su reconocimiento constitucional no tendría otra consecuencia que la de establecer un mandato dirigido al legislador sin virtualidad para amparar por sí mismo pretensiones individuales. Como ha señalado reiteradamente este Tribunal, los principios constitucionales y los derechos y libertades fundamentales vinculan a todos los poderes públicos (arts. 9.1 y 53.1 CE) y son origen inmediato de derechos y obligaciones y no meros principios programáticos; el hecho mismo de que nuestra norma fundamental en su ara. 53.2 prevea un sistema especial de tutela a través del recurso de amparo, que se extiende a la objeción de conciencia, no es sino una confirmación del principio de su aplicabilidad inmediata. Este principio general no tendrá más excepciones que aquellos casos en que así lo imponga la propia Constitución o en que le naturaleza misma de la norma impida considerarla inmediatamente aplicable supuestos que no se dan en el derecho a la objeción de conciencia».

El Tribunal Constitucional, en sentencia 53/1985 (en. recurso previo de inconstitucionalidad contra la Ley que despenalizó supuestos de aborto), reconoce expresamente el ejercido de la objeción de conciencia con independencia de que se haya dictado o no su regulación: «No obstarte, cabe señalar, por lo que se retiene el derecho a la objeción de conciencia, que existe y puede ser ejercido con independencia de que se haya dictado o no tal regulación. La objeción de conciencia forma parte del contenido del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocido en el art. 16.1 CE y, como ha indicado este Tribunal en diversas ocasiones, la Constitución es directamente aplicable, especialmente en materia de derechos fundamentales».

Más recientemente, el Tribunal Constitucional, ha reconocido la posibilidad de invocar las propias convicciones para sustraerse al cumplimiento de deberes profesionales, impuestos a militar, y a policía nacional (sentencia 177/1996, reiterada en sentencia 101/2004), haciendo valer la vertiente negarán del derecho a la libertad religiosa e ideológica: «Antes bien, el recurrente perseguía hacer valer la vertiente negativa de esa misma libertad frente a lo que considera un acto ilegitimo de intromisión en su esfera íntima de creencias, y por el que de poder público, incumpliendo el mandato constitucional de no confesionalidad del Estado (art. 16,3 CE), le habría obligado a participar en un acto, que estima de culto, en contra de su voluntad y convicciones personales.

»El derecho a la libertad religiosa del art. 16,1 CE garantiza la existencia de un claustro íntimo de creencias y, por tanto, un espacio de autodeterminación intelectual ante el fenómeno religioso, vinculado a la propia personalidad y dignidad individual. Pero, junto a esta dimensión interna, esta libertad, al igual que la ideológica del propio art. 16,1 CE, incluye también una dimensión externa de “agere licere” que faculta a los ciudadanos para actuar con arreglo a sus propias convicciones y mantenerlas frente a terceros (SSTC 19/1985, f. j. 2°; 120/1990, f. j. 10 y 137/1990, f. j. 80)».

El Tribunal Supremo, mantiene (sentencia de 23 abril 2005): «También, en el caso de la objeción de conciencia, su contenido constitucional fama parte de la libertad ideológica reconocida en el articulo 16.1 de la CE (STC núm. 53/85 ), en estrecha relación con la dignidad de la persona humana, el libre desarrollo de la personalidad (art. 10 de la CE ) y el derecho a la integridad física y moral (art. 15 de la CE ), lo que no excluye la reserva de una acción en garantía de este derecho para aquellos profesionales sanitarios con competencias en materia de prescripción y dispensación de medicamentos, circunstancia no concurrente en este caso».

Por su parte, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en dos recientes sentencias de 29 de junio y 9 de octubre de 2007 (demandas 1547/2002, y 1448/2004), reconoce el derecho de los padres a que se respete en la educación de sus hijos sus convicciones religiosas y filosóficas, y el deber del Estado de respetar las convicciones tanto religiosas como filosóficas de los padres en el conjunto del programa de la enseñanza publica.

Podemos concluir que, en el ordenamiento español, la Ley puede regular el derecho a la objeción de conciencia, pero la falta de regulación, de reconocimiento legislativo, no puede impedir su ejercido cuando están en juego derechos fundamentales.

CUARTO.- Alegan el Ministerio Fiscal y la Junta de Andalucía que los demandantes no precisan los contenidos de la asignatura que vulneran su libertad ideológica o de correncia. No es así, basta leer la demanda para apreciar que sí que se indican los aspectos de los que es discrepa. Pero la cuestión es precisamente la contraria. Según el TEDH, es al Estado y a cada centro docente al que le corresponde suministrar a los padres la información necesaria para que puedan ejercer su derecho a educar a sus hijos, incluso ejerciendo el derecho de objetar a la asignatura parcialmente, como preveía la norma noruega objeto de la sentencia de 29 de junio da 2007. En nuestro caso, ésa información no se ha suministrado y, además, los contenidos tienen un alto grado de indefinición, lo que no facilita el ejercicio de los derechos de los padres. Sin embargo, la exposición de motivos de la Ley Orgánica 2/2006, señala como finalidad de la asignatura formar a los nuevos ciudadanos en «valores comunes». Y en tos Reales Decretos 1631/06 y 1513/06, que establecen las enseñanzas mínimas, se emplean conceptos de indudable trascendencia ideológica y religiosa, como son ética, conciencia moral y cívica, valoración ética, valores, o conflictos sociales y morales. Ante esta situación, es razonable que los demandantes, por razones filosóficas o religiosas, que no tiene porqué exponer detalladamente, corno también señala el TEDH y prevé el art.16.2 CE, pueden estar en desacuerdo con parte de la asignatura, y lógico que soliciten se excluya de ella a su hijo, a falta de otras previsiones normativas que permitan salvaguardar su libertad ideológica o religiosa.

Por último, el interés público está en la garantía de los derechos, que al final es la que justifica la existencia del Estado y sus potestades. Entre éstos derechos están la libertad ideológica y religiosa (art. 16.1 CE), y el derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones (art.27.3 CE). La salvaguarda de éstos derechos mediante la objeción de conciencia, no pone en peligro el ordenamiento jurídico democrático, simplemente refleja su funcionamiento. En último caso, corresponde al Legislador crear instrumentes para hacer compatible esos derechos con que la enseñanza básica sea obligatoria y gratuita (art. 27.4 CE).

QUINTO.- El acto impugnado es nulo por vulnerar las derechos de los art. 16.1 y 27.3 CE, susceptibles de amparo constitucional (art. 62.1a) LRJ-PAC), procediendo declarar su nulidad y reconocer la situación jurídica individualizada de los demandantes en los términos solicitados (arts. 31, 114.2 y 121.2 LJCA).

SEXTO.- No se aprecia que concurra ninguna de las circunstancias previstas en la Ley Jurisdiccional para que proceda la imposición de costas.

Por lo anterior,

FALLAMOS

1° Estimar el recurso contencioso-administrativo y anular la resolución indicada en el fundamento de Derecho primero.

20 Reconocer el derecho de los demandantes a ejercer la objeción de conciencia frente a la asignatura Educación para la Ciudadanía; declarar que su hijo no debe cursar la asignatura, quedando exento de ser evaluado de la misma.

No se efectúa expresa imposición de las costas de este recurso.

Así por esta nuestra sentencia lo pronunciarnos, mandamos y firmemos.

 

ROBINSON CRUSOE ERA ESPAÑOL: LA INCREÍBLE AVENTURA DE PEDRO SERRANO
José Javier Esparza
El manifiesto

El cine español aún no le ha hecho una película

En la historia de España hay dos Pedro Serrano realmente desconcertantes, ambos heroicos. Uno es el jinete que murió en 1808 repartiendo por todas partes el bando de Móstoles, aquel que dio la señal para la sublevación contra los franceses. El otro es un marino que naufragó en el Caribe hacia 1526 y que estuvo ocho años, ocho, aislado del mundo en un banco de arena, hasta que un barco que pasaba por allí le rescató. La aventura de este Pedro Serrano, relatada años después por el Inca Garcilaso, causó sensación en su momento. Se da por seguro que Daniel Defoe se inspiró en este Pedro Serrano para escribir su Robinson Crusoe. De él, del náufrago Serrano, hablaremos hoy. No es sólo una historia curiosa: es sobre todo un testimonio muy vivo de cómo era el carácter de los españoles en el siglo XVI y de las enormes dificultades que tuvieron que superar en la conquista de América.

Pongámonos en 1526. Los barcos españoles cruzan el mar Caribe en todas direcciones, pero América todavía es un continente mal conocido. Núñez de Balboa ha descubierto el Pacífico en 1513. Cortés conquista México en 1521. Pizarro ha comenzado su expedición al Perú en 1524. En el sur, en lo que hoy es Colombia, acaba de fundarse Santa Marta en ese año de 1526; Cartagena de Indias no nacerá hasta bastante más tarde, en 1533. Los mayores esfuerzos se concentran precisamente en el norte de Colombia, lo que será el virreinato de Nueva Granada: un territorio muy hostil de selvas inextricables, donde hasta entonces ha sido imposible mantener una base estable. Los españoles mandan continuamente barcos desde Cuba para abrir esa región. Han de atravesar un mar inseguro: los mapas aún no ha cartografiado más que las costas y unas cuantas rutas seguras; fuera de ellas, acecha el peligro. Uno de aquellos barcos, un ligero patache de exploración, ha partido de La Habana con destino a Santa Marta. Lo manda el capitán Pedro Serrano.

El naufragio

A mitad de camino, en medio del Caribe, un fuerte temporal sorprende al patache. El barco zozobra; demasiado temporal para tan poca embarcación. Naufragan. Entre enormes dificultades, los tripulantes intentan ponerse a salvo. El mar se los traga. Sólo tres hombres logran sobrevivir. Entre ellos, Serrano. A nado, llegan a un banco de arena, un atolón que no figura en mapa alguno. El lugar es un infierno: en 50 kilómetros de largo por 13 de ancho, sólo hay arena y sol, sin apenas vegetación, sin fuentes de agua dulce. Esos tres hombres han sobrevivido, pero han quedado aislados en un paraje donde la muerte parece inminente. No saben dónde están. No saben cómo alimentarse. Tampoco saben si algún barco pasará por allí. Comienza una carrera contra la muerte. De los tres náufragos, uno muere a los pocos días. Sólo quedan dos. Serrano sabe que sólo sobrevivirá si aprovecha al máximo los exiguos recursos que la isla ofrece. El inca Garcilaso, que conoció la historia, lo relató así:

Luego que amaneció volvió a pasear la isla, que es despoblada; halló algún marisco que salía de la mar, como son cangrejos, camarones y otras sabandijas, de las cuales cogió las que pudo y se las comió crudas, porque no había candela donde asarlas o cocerlas. Así se entretuvo hasta que vio salir tortugas; viéndolas lejos de la mar, arremetió con una de ellas y la volvió de espaldas; lo mismo hizo de todas las que pudo, que para volverse a enderezar son torpes; y sacando un cuchillo que de ordinario solía traer en la cinta, la degolló y bebió la sangre en lugar de agua. Lo mismo hizo de las demás; la carne puso al sol para comerla hecha tasajos, y para desembarazar las conchas para coger agua en ellas de la llovediza, porque toda aquella región, como es notorio, es muy lluviosa.

Serrano y su compañero protagonizan un auténtico alarde de ingenio. Para aprovechar el agua de la lluvia, recolectan caparazones de moluscos y maderas del naufragio y fabrican un pequeño depósito. Para protegerse del ardiente sol tropical y de los fuertes vientos, y a falta de árboles, recogen rocas, conchas y corales, y construyen una especie de túmulo que les sirve de cobertizo. Hacen fuego con pedernales; como no hay vegetación, lo que utilizan como yesca son los jirones de sus propias camisas.

Un día, después de varios meses de aislamiento, sucede algo extraordinario: aparecen dos hombres en un bote. No vienen a rescatarles, por desgracia: son también náufragos. El compañero de Serrano partió en ese bote con uno de ellos, en la esperanza de llegar a las costas de Nicaragua. Ambos se perdieron para siempre. Serrano queda con el otro recién llegado.

La vida en el banco de arena es una lucha diaria por la supervivencia. No hay más madera que la que llega, azarosa, arrastrada por las olas, producto de otros naufragios. Con esas maderas hacen fuego. Hay que dosificar el combustible con extremo cuidado: no sirve sólo para asar la carne de las tortugas y los moluscos, sino, sobre todo, para hacer señales de humo en caso de avistar algún barco. Pasan los años. Serrano y su compañero no se dan jamás por vencidos. Desde su atalaya divisarán algún barco español; ninguno los verá a ellos. Podemos imaginar la desesperación de los náufragos al ver cómo la salvación se les escapa por el horizonte. Mucho más nos cuesta imaginar así la vida, día tras día, hasta ocho años. Sin embargo, un día… Dejemos que lo cuente el Inca Garcilaso:

El rescate

Durante años vieron pasar algunos navíos y hacían sus ahumadas, mas no les aprovechaba, por lo cual ellos se quedaban tan desconsolados, que no les faltaba sino morir. Pero al cabo de este largo tiempo acertó a pasar un navío tan cerca de ellos que vio la ahumada y les echó el batel para recogerlos. Así los llevaron al navío donde admiraron a cuantos los vieron y oyeron sus trabajos pasados. El compañero murió en la mar viniendo a España.

El compañero de Serrano, en efecto, murió a bordo; no llegó a ver tierra firme nunca más. Triste destino. Serrano, sin embargo, sobrevivió. Era 1534. Su historia dio la vuelta a España, que en aquel tiempo era como decir la vuelta al mundo. No es exageración. Tanto impresionó su gesta que las autoridades resolvieron llevarlo a Alemania, donde se hallaba entonces el emperador Carlos, para que Serrano se la contara personalmente. El náufrago llegó a la corte imperial con la pelambre tal y como la tenía cuando fue rescatado, para dar mayores visos de veracidad a su historia. Podemos imaginar el pasmo del emperador al ver aparecer a aquel hombre, con la salud ya recobrada, pero con los cabellos y las barbas de ocho años de aislamiento.

Serrano se convirtió en un hombre famoso. Fue llamado a decenas de reuniones cortesanas, donde la nobleza se aprestaba a escuchar su relato. Él mismo lo escribió en una viva narración que se conserva en el Archivo de Indias. Después, recompensado por la Corona, marchó a Panamá. Allí terminaría sus días. Así lo cuenta el Inca Garcilaso:

Algunos señores le dieron ayuda de costas para el camino y la majestad imperial, habiéndole visto y oído, le hizo merced de cuatro mil pesos de renta. Yendo a gozarlos murió en Panamá, que no llegó a verlos.

Se da por seguro que Daniel Defoe, cuando escribió Robinson Crusoe, en 1719, tuvo como fuente de inspiración la historia de Pedro Serrano en su inhóspito banco de arena. Hoy ese islote, aquel infierno en forma de atolón, se llama Isla Serrana, o Serrana Bank, en honor precisamente al náufrago Pedro Serrano. Está a unas 220 millas náuticas (unos 360 kms.) al este de la costa de Nicaragua. El escenario sigue como estuvo en 1526, con la salvedad de que los norteamericanos montaron allí una base militar temporal durante la crisis de los misiles con Cuba.

Hacia 1990, unos cazadores de tesoros encontraron el túmulo de rocas, corales y conchas que los náufragos construyeron para protegerse del sol. Tesoros, desde luego, no encontraron ninguno. El único tesoro es el inmenso esfuerzo de supervivencia del capitán Pedro Serrano y sus compañeros. Esa era la gente que daba la España del siglo XVI.

 

SENTENCIA A FAVOR DE LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA FRENTE A LA ASIGNATURA DE EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA


 
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