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El Brocal: El Brocal Nº - 50
Miércoles, 02 abril a las 11:01:52

El Brocal

REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 50 – 3 de abril de 2008

Sumario



CONVERSIÓN DE ALTO RIESGO
Jesús Colina (Roma)

Alfa y Omega
El Papa bautiza a un famoso periodista, convertido del Islam

No era fácil dar la noticia, pues no sólo se ponía en peligro la seguridad del escritor, de 55 años, sino de la misma celebración, sobre todo si se tiene en cuenta que, pocos días antes, Osama ben Laden, líder de la red terrorista Al Qaeda, había lanzado nuevas amenazas contra Europa por la crisis de las caricaturas de Mahorna, originada en Dinamarca, que, según él, es parte de una cruzada contra el Islam, en la que «el Papa del Vaticano ha tenido un papel significativo». Sólo poco antes de que comenzara en la noche la celebración en la que los cristianos reviven la resurrección de Jesús, el padre Federico Lombardi, director de la Oficina de Información de la Santa Sede, distribuía una nota en la que anunciaba el Bautismo de Allam, junto a otras siete personas procedentes de Italia, Camerún, China, Estados Unidos, y Perú.

Como es sabido, en el Islam la apostasía se castiga con la pena de muerte. Pero Allam ya ha sido condenado a muerte desde hace años por sus escritos. Se han emitido fatwas denunciando que, como musulmán, se había convertido en enemigo del Islam. Vive en Italia desde hace 35 años, adonde vino para realizar sus estudios universitarios, y desde hace un lustro se ve obligado a moverse con protección policial.

El padre Lombardi, al explicar los motivos del Bautismo, aclaró que, «para la Iglesia católica, toda persona que recibe el Bautismo, tras una profunda búsqueda personal, una decisión plenamente libre y una adecuada preparación, tiene el derecho a recibirlo. El Santo Padre administra el Bautismo en el curso de la liturgia pascual a los catecúmenos que le han sido presentados, sin hacer acepción de personas, es decir, considerándolos a todos igualmente importantes ante el amor de Dios y bienvenidos en la comunidad de la Iglesia», añade el portavoz vaticano.

Magdi Allam, que ha asumido el nombre de Cristiano, ha explicado en una carta los motivos de su conversión. Revela los nombres de algunos amigos que le han acercado a la fe cristiana: el español, Presidente del movimiento eclesial Comunión y Liberación, don Julián Carrón; el mejicano, Rector Mayor de los salesianos, don Pascual Chávez Villanueva; el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de Su Santidad; y el obispo Rino Fisichella, Rector de la Pontificia Universidad Lateranense, quien le ha «seguido personalmente en el camino espiritual de aceptación de la fe cristiana». Pero quien ha tenido el papel decisivo ha sido Benedícto XVI, «a quien he admirado y defendido como musulmán por su maestría para plantear el lazo indisoluble entre fe y razón como fundamento de la auténtica religión y de la civilización humana, al que me adhiero plenamente como cristiano para inspirarme con nueva luz en el cumplimiento de la misión que Dios me ha reservado».

En su homilía, el Papa explicó que la conversión no es sólo la decisión de un día, sino una actitud de fondo que debe realizarse diariamente. La conversión –aclaró– consiste en «dirigir nuestra alma hacia Jesucristo y, de ese modo, hacia el Dios viviente, hacia la luz verdadera».

«FINAL DE UN LARGO CAMINO. Decisivo el encuentro con el Papa»
Magdi Allam
Corriere Della Sera, 23 de marzo de 2008. (Traducción al español de Milagrosa Romero Samper)

Carta al Director

Querido Director: lo que voy a referir concierne a una elección de fe religiosa y de vida personal que no pretende de ninguna manera implicar al Corriere Della Sera, al que me honro en pertenecer desde el 2003 con el cargo de vice-director ad personam. Te escribo por tanto como protagonista de la historia, como ciudadano particular. Ayer noche me convertí a la religión cristiana católica, renunciando a mi precedente fe islámica. Finalmente ha visto así la luz, por gracia divina, el fruto sano y maduro de una larga gestación vivida en el sufrimiento y en el gozo, entre la profunda e íntima reflexión y la consciente y manifiesta exteriorización. Estoy particularmente agradecido a Su Santidad Benedicto XVI, que me ha impartido los sacramentos de la iniciación cristiana, Bautismo, Confirmación y Eucaristía, en la Basílica de San Pedro en el curso de la solemne celebración de la Vigilia Pascual. Y he tomado el nombre cristiano más sencillo y explícito: «Cristiano».

            Desde ayer por tanto me llamo «Magdi Cristiano Allam». Para mí es el día más bello de mi vida. Adquirir el don de la fe cristiana en la celebración de la resurrección de Cristo por mano del Santo Padre es, para un creyente, un privilegio inigualable y un bien inestimable. Con casi 56 años, en mi modestia, es un hecho histórico, excepcional e inolvidable, que marca un cambio radical y definitivo respecto al pasado. El milagro de la Resurrección de Cristo ha reverberado sobre mi alma liberándola de las tinieblas de una predicación donde el odio y la intolerancia frente al «diferente», condenado acríticamente como «enemigo», prevalecen sobre el amor y el respeto al «prójimo», que es siempre y en cualquier caso «persona»: así como mi mente se ha liberado del oscurantismo de una ideología que legitima la mentira y el disimulo, la muerte violenta que induce al homicidio y al suicidio, la ciega sumisión y la tiranía, permitiéndome adherirme a la auténtica religión de la Verdad, de la Vida y de la Libertad. En mi primera Pascua como cristiano no he descubierto sólo a Jesús, he descubierto por primera vez el verdadero y único Dios, que es el Dios de la Fe y de la Razón.

El punto de llegada

Mi conversión al catolicismo es el punto de llegada de una gradual y profunda meditación interior a la que no hubiera podido sustraerme, visto que desde hace cinco años me veo obligado a llevar una vida blindada, con vigilancia fija en casa y escolta de carabineros cada vez que me desplazo, a causa de las amenazas y condenas a muerte pronunciadas por los extremistas y terroristas islámicos, tanto los residentes en Italia como los activos en el extranjero. He tenido que preguntarme sobre la actitud de los que públicamente han emitido fatwas, sobre los discursos jurídicos islámicos denunciándome, a mí que era musulmán, como «enemigo del Islam», «hipócrita porque es un cristiano copto que finge ser musulmán para dañar al Islam», «mentiroso y difamador del Islam», legitimando de esta forma mi condena a muerte. Me he preguntado cómo era posible que alguien como yo, que ha luchado con convicción y empeño por un «Islam moderado», asumiendo la responsabilidad de exponerse en primera persona a la denuncia del extremismo y del terrorismo islámico, haya terminado por ser condenado a muerte en nombre del Islam y sobre la base de una legitimación coránica. He debido constatar así que, más allá de la contingencia que supone el predominio del fenómeno de los extremistas y del terrorismo islámico a nivel mundial, la raíz del mal es intrínseca a un Islam fisiológicamente violento e históricamente conflictivo.

            Paralelamente, la Providencia me ha hecho conocer personas católicas practicantes de buena voluntad que, en virtud de su testimonio y de su amistad, se han convertido poco a apoco en punto de referencia en el plano de la certidumbre de la verdad y de la solidez de los valores. Empezando por tantos amigos de Comunión y Liberación con don Julián Carròn a la cabeza, por religiosos sencillos como don Gabriele Mangiarotti, Sor María Gloria Riva, don Carlo Maurizi y el padre Yohannis Lahzi Gaid; siguiendo por el redescubrimiento de los salesianos gracias a don Angelo Tengattini y don Mauricio Verlezza, culminado por una renovada amistad con el Rector mayor don Pascual Chávez Villanueva, hasta el abrazo de altos prelados de gran humanidad como el cardenal Tarcisio Bertone, monseñor Luigi Negri, Giancarlo Vecerrica, Gino Romanazzi y, sobre todo, monseñor Rino Fisichella, que me ha seguido personalmente en la trayectoria espiritual de aceptación de la fe cristiana. Pero, indudablemente, el encuentro más extraordinario y significativo a la hora de decidir convertirme ha sido con el Papa Benedicto XVI, a quien admiré y defendí como musulmán por su maestría al plantear el vínculo insoluble entre fe y razón como fundamento de la auténtica religión y de la civilización humana, y al que me adhiero plenamente como cristiano para inspirarme con luz nueva en la nueva misión que Dios me ha reservado.

La elección y las amenazas

Querido Director, me has preguntado si no temo por mi vida, sabiendo que mi conversión al cristianismo provocará una enésima y mucho más grave condena a muerte por apostasía. Tienes toda la razón. Sé a qué me enfrento, pero lo afrontaré con la cabeza alta, de pie y con la firmeza interior de quien tiene la certeza de su fe. Y aún más después del gesto valiente e histórico del Papa, que desde el momento en que conoció mi deseo, aceptó impartirme en persona los sacramentos de iniciación al cristianismo. Su Santidad ha lanzado un mensaje explícito y revolucionario a una Iglesia que hasta ahora ha sido demasiado prudente en la conversión de musulmanes, absteniéndose de hacer proselitismo en los países de mayoría islámica y callando sobre la realidad de los convertidos en los países cristianos. Por miedo. Miedo a no poder proteger a los convertidos de la condena a muerte por apostasía y miedo de las represalias contra los cristianos residentes en los países islámicos. Pues bien, hoy Benedicto XVI, con su testimonio, nos dice que hay que vencer el miedo y no tener ningún temor al afirmar la verdad de Jesús incluso ante los musulmanes.

Basta con la violencia

Por mi parte, digo que es ya hora de acabar con el arbitrio y la violencia de los musulmanes que no respetan la libertad de elección religiosa. En Italia hay millares de convertidos al Islam que viven tranquilamente su nueva fe. Pero también hay millares de musulmanes convertidos al cristianismo que se ven obligados a ocultar su nueva fe por miedo a ser asesinados por los extremistas islámicos que viven entre nosotros. Por una de esas «casualidades» que evocan la mano discreta del Señor, mi primer artículo escrito en el Corriere el 3 de septiembre de 2003 se titulaba «Las nuevas catacumbas de los musulmanes conversos». Era una investigación sobre algunos neo-cristianos en Italia que denunciaban su profunda soledad espiritual y humana, frente a la pasividad de las instituciones del Estado, que no tutelan su seguridad, y el silencio de la misma Iglesia. Pues bien, espero que el gesto histórico del Papa y mi testimonio les convenzan de que ha llegado el momento de salir de las tinieblas de las catacumbas y afirmar públicamente su voluntad de ser plenamente ellos mismos. Si no somos capaces aquí en Italia, en la cuna del catolicismo, en nuestra casa, de garantizar la libertad religiosa para todos, ¿qué credibilidad podemos ofrecer cuando denunciamos la violación de esa libertad en otras partes del mundo? Ruego a Dios para que esta Pascua especial dé la resurrección del espíritu a todos los fieles en Cristo hasta ahora subyugados por el miedo.


 
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