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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 409
Martes, 15 abril a las 14:56:07

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 409 –  8 de abril de 2008

SUMARIO



UNA NACIÓN DESPRESTIGIADA
Millán Riva

 

La revista Time dedica el tema principal de su último número a describir cómo «España revisa sus pautas familiares»; es decir, a pasar revista de cómo se ha degradado la sociedad española en las últimas décadas superando en índice de separaciones matrimoniales exprés, hijos de madres solteras y abortos a los demás países europeos que antes consideraban a nuestro pueblo como ejemplo de valores familiares arraigados. Como dice una irresponsable profesora universitaria española a la que citan, «Hemos tardado en incorporarnos a la democracia, pero estamos procurando recuperar rápidamente el tiempo perdido», con lo cual equipara la democracia a la relajación moral, haciendo un flaco favor a aquélla. Hace unos años se ponía a nuestro pueblo como un paradigma de la vigencia de la moral cristiana. Ahora pasamos a serlo de volatinería moral.

En otro orden de cosas, el presidente de la Nación más poderosa de Occidente no malgasta su tiempo intentando hablar con el de nuestro gobierno, pues no lo considera fiable. Nuestra política exterior es inexistente en la práctica, por falta de sintonía con la de los países de nuestro entorno. Recientemente, la UE nos ha dado un múltiple tirón de orejas advirtiéndonos que nuestro sistemático endeudamiento, por el reiterado déficit de nuestro comercio exterior, no pude seguir amparándose en la fortaleza del euro, porque amenaza a la misma. Y que nuestras regulaciones irresponsables de inmigrantes suponen un perjuicio para el resto de la UE. En suma, que no nos consideran suficientemente responsables para vivir en comunidad con otros, a los que cargamos con la consecuencia de pechar con nuestros actos y sacarnos las castañas del fuego.

Se trata de un considerable cambio respecto a los primeros años del siglo, cuando España, bajo el gobierno de Aznar, molestaba también a sus socios de la UE, pero porque consideraban excesivas sus pretensiones de poder e influencia, que sin embargo tenían que reconocer, como consecuencia de la fuerza, dinamismo y prestigio que tenía entonces nuestra Nación.

Todo ello se ha ido al garete con la jefatura de Rodríguez, el infaustamente reelegido este año. Desde sus primeras decisiones de revisión de nuestros compromisos internacionales hasta la permanente trayectoria al borde del despropósito en cada una de sus decisiones de gobierno, ha conseguido desprestigiar el papel de nuestra Nación como socio apreciable. Y no sólo en la faceta de la escasa fortaleza que aporta, sino en la menor fiabilidad de sus compromisos. Alguien que presume de que con él «la gente puede casarse con quien quiera y descasarse cuando quiera» está mostrando el escaso respeto que representa la palabra dada, algo imperdonable en cualquier tipo de relación.

Quizás sea lamentablemente asociable la degradación moral indicada al principio con la reelección del principal responsable o incitador de la misma. Pero es obvio preguntarse qué ha pasado en nuestro pueblo para que nos regocijemos con el resultado conseguido y lo consideremos un progreso respecto a nuestro estado anterior. Quizás ello sea precisamente lo peor que Nos pasa, que hayamos perdido la apetencia de lo mejor y nos refocilemos con la degradación.

 

EL PROCESO
Francisco José Adán

Es ver entrar al mal por la puerta; al mismísimo demonio en una iglesia. Mientras se le aplica la aséptica justicia, ellos, en una jaula sin barrotes, se regodean en su inmundicia, en su hediondez, en su alma negra.

Mientras, al otro lado del escaparate, una madre y una hermana destrozadas rememoraban, minuto a minuto, segundo a segundo, aquellas cuarenta y ocho horas. ¡Como si no lo hubieran repasado cada día, cada instante desde que dos asesinos decidieron poner fin, de una forma cobarde y ruin, a la vida de Miguel Ángel Blanco!

Blanco sobre negro. Ahora este juicio, que engloba en sí casi mil muertos, heridos y secuestrados, contrasta con el inmaculado «proceso», una palabra insípida, escogida quirúrgicamente para la anestesia del pueblo.

Pero el dolor es más grande, la anestesia no funciona, ¿Proceso? ¿Qué proceso? ¿Dialogo? ¿Con quien?

El presidente Rodríguez quiere pintar un cuadro de blanco sobre negro, el blanco de la paz sobre el negro de la muerte. Contraste de la paz, de la paz donde no hay guerra, con la impunidad, donde hay sed de justicia.

No, Zetapé, no. Los españoles no queremos paz a cualquier precio; esto no se trata de ningún proceso, se trata de que los terroristas dejen las armas, se rindan, pidan perdón y, los que han delinquido, paguen por sus crímenes y en concreto, estos dos que tiñeron de rojo a Blanco, que se pudran en la cárcel y que no salgan más.

Contraste; contraste del PSOE que negocia con terroristas mientras que el compañero suyo cae abatido por las balas. Que no sepa mi mano derecha lo que hace la izquierda. Eso quieren, que no se entere la derecha. Que no se entere el corazón del pueblo.

No, Rodríguez, no. El apoyo de los fariseos no sirve, el apoyo de los partidos que recogen las nueces no es válido; el apoyo de quienes han mirado más por los presos etarras que por sus víctimas, de quien se reúne con los asesinos para negociar, no vale; los halagos de los necios sólo le sirven al necio.

¿Cómo se explica que se negocie con los terroristas cuando al mismo tiempo cae abatido un compañero de filas? Infamia. Eso es lo que es, traición e infamia. Que se enteren. Pero al final sale a la luz la verdad. La luz que Ortega Lara no vio en dos años; la luz que Miguel Ángel Blanco no verá nunca; la luz que Pagazaurtundua no verá más… es seguro que estén viendo otra.

Mientras se firma el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo y la Ley de Partidos Políticos, se negocia con los asesinos. Silencio.

Mientras, alzadas al aire, millones de manos blancas pedían paz y justicia, pues no puede haber justicia sin paz y verdadera y duradera paz sin justicia. ¿Quizá no busque eso el ambidextro?

Silencio, eso es lo que quiere el ambiguo. Silencio sobre el 11M y silencio sobre la negociación con los asesinos ¿Por qué se tiende la mano a los asesinos?

Manos blancas que chocan con un proceso negro, viciado desde sus inicios; con el terrorismo no se negocia, se combate. Ahora más que nunca, hay que decir que es el nacionalismo intolerante (valga la redundancia) el que apoya el proceso, por eso lo apoya, y que Rodríguez tiene que decirle a ETA-Batasuna, que ha de limpiar el negro y el rojo para que se vea el Blanco y así poder escribir en la pared, justicia, libertad y paz. Porque eso es lo que quiere el presidente, ¿no?

 

APUNTACIONES SOBRE EL CATOLICISMO ESPAÑOL
Antonio Castro Villacañas

Félix arbolí, con su habitual agudeza, ha planteado el trascendental problema de si España ha dejado de ser católica o permanece en la fe que tanto sentido ha dado a su historia. Difícil es contestar a semejante cuestión, porque España –como todo sujeto histórico– no ha sido siempre la misma persona a lo largo del tiempo. ¿Cuándo nació? ¿Era ya España –una forma de España– el pueblo, más o menos romanizado, que en esta península vivía antes de ser bautizado? ¿O se hizo España a partir de que, como símbolo, la Virgen del Pilar se apareciera en carne mortal al apóstol Santiago en Zaragoza? ¿Dejó de ser España la parte de España que desde el año 711 hasta 1492 fue musulmana, y volvió a serlo aquella otra parte que desde Covadonga y San Juan de la Peña hasta Granada tardó siete largos siglos en recuperar e implantar la fe perdida o por fuerza desalojada? ¿La España roja era –históricamente hablando֪ una España menos España que la España nacional?

No quiero contestar tales preguntas, al menos por ahora, pero sí pretendo hacerlo a otra que considero implícita en el acertado artículo de Arbolí: ¿desde cuándo ha dejado España de ser católica?

Mi respuesta –discutible, por supuesto– es que a partir de los años sesenta del último siglo se fueron transformando radicalmente todas las estructuras de España. En aquellos tiempos del franquismo se abrió un «tiempo» fundamental en cuanto se refiere a la evolución del «ser» español. Bajo la tutela o el mandato de unos valores espirituales claramente católicos, en esos años se produjo en España un desarrollo económico y material sin precedentes en toda su historia. El fenómeno –muy sintetizado y por ello sujeto a errores– podemos describirlo así: en aquellos años se agudizó la desintegración material de la España rural y agraria; los trabajadores del campo pasaron en muy buena parte a serlo de la ciudad; como consecuencia, se incrementó de forma muy considerable el proceso de concentración urbana en toda España, sobre todo en muy concretas zonas de nuestro país; ello supuso un específico reparto de la población, que incrementó –y disminuyó– la relativa importancia de unas y otras regiones; en paralelo, la estructura económica y social de unas regiones se modernizaba y desarrollaba –por medio de la industria y el mundo de los servicios– mientras se atrasaba y se anquilosaba la estructura de otras...

El desarrollo y la modernización de buena parte de España no se limitó a cambiar la infraestructura material de nuestro país, sino que trajo también consigo un cambio en la estructura cultural, que poco a poco se fue apartando –cada vez con más intensidad– de la tradicional influencia católica, hasta entonces considerada pilar básico de la identidad española. A partir de entonces, el laicismo y el secularismo se extendieron y consolidaron como factores de progreso y bienestar: lo que importa es «vivir bien», lo mejor posible, desde el punto de vista material; el "vivir bien" la vida espiritual o trascendente queda para luego o para otro plano.

Sería un error semejante al denunciado, pero visto desde otra perspectiva, creer que en este proceso de cambio tan solo influyeron factores de carácter socioeconómico: también lo hicieron otros culturales y religiosos. Especialmente graves fueron las repercusiones en España del Concilio Vaticano II, ese «aggiornamiento» eclesiástico que intentó responder a las exigencias políticas, sociales y económicas del mundo moderno.

Desde mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX predominó en la Iglesia Católica la estrategia de criticar y condenar la modernidad. En consecuencia, el catolicismo fue durante mucho tiempo, al menos en cierta medida, un sinónimo de conservadurismo político. Los organizadores y los protagonistas del Vaticano II se propusieron todo lo contrario. Por eso la situación creada por el Concilio fue enormemente problemática para la sociedad española, y sobre todo para su sistema político, porque desde muchos siglos antes, el catolicismo no era en España solamente una religión, sino también un sistema de creencias y de costumbres que había configurado a un país y a un pueblo, a sus ideas, a su política... Un sistema objeto de luchas internas y externas.

Por eso la crisis del catolicismo tradicional, revelada en el citado Concilio y en la práctica cotidiana, resultó en España de especial importancia: se convirtió en una crisis auténticamente nacional y sobre todo política. Las modificaciones introducidas por el Concilio conmovieron a toda la Iglesia por lo largo y lo ancho del mundo, provocando una auténtica crisis en la teoría y en la práctica del catolicismo tradicional, pero en pocas partes conmovieron como en España a toda la vida política nacional. No es una exageración decir que desde el Vaticano II un sector importante del catolicismo español comenzó a luchar contra el Estado entonces existente, en muy buena parte creado bajo la inspiración y la guía de la Santa Madre Iglesia, y terminó enfrentándose de modo abierto con el mismo al amparo y en defensa de lo que hasta entonces se venía considerando por todos los católicos contrario a la profunda esencia de su fe y de su Iglesia.

La democracia liberal, el socialismo, e incluso en más de un caso el marxismo, fueron las luces que alumbraron y guiaron a partir de entonces a muchos intelectuales católicos, quienes a su vez pasaron sus ideas y sus prácticas a buena parte de la población tradicionalmente cristiana. Tras la experiencia del Concilio, la vida pública española dejó de ser una expresión homogénea y en bloque del secular modo de entender entre nosotros el catolicismo.

Mientras en el Estado gobernaban personas netamente católicas, fuera de él surgían y crecían las que bien podemos considerar representantes de una izquierda cultural menos ortodoxa y día a día más influyente. La tradicional teología política española fue poco a poco sustituida por una teología política izquierdista cuyos profetas fueron y siguen siendo José Luis López Aranguren, Ignacio Ellacuría, José María González Ruiz, Alfonso Álvarez Bolado, Adolfo González Montes y varios otros de menor alcance...

Casi al mismo tiempo, aunque sus orígenes podríamos fijarlos en la crisis universitaria y política de 1956, se fue desarrollando en España un movimiento de disidencia cultural de notables intelectuales «del Régimen», como Pedro Laín Entralgo, Antonio Tovar, Dionisio Ridruejo, José Antonio Maravall y el propio José Luis López Aranguren, que iniciaron el proceso de desligitimación de los fundamentos religiosos, doctrinales y políticos del Estado nacido tras el 18 de Julio, sustituyéndolos por otros procedentes de distintas perspectivas políticas e ideológicas, tales como el liberalismo, la democracia cristiana, la socialdemocracia, el socialismo, el marxismo...

Fruto de esas doctrinas y de la abierta legislación liberalizadora cultural, social y económica de los años 60 del pasado siglo, fueron la aparición y la difusión de ciertos órganos de expresión y de ciertas editoriales. Los nombres de Cuadernos para el diálogo, Triunfo, Revista de Occidente, Cambio 16, Anagrama, Ariel, Ayuso, Seix y Barral, Fontanella, Fundamentos, "Península", Siglo XXI, etc., saltan en la memoria de cuantos se hayan preocupado algo por estos temas.

A mí no me caben dudas de que España comenzó a dejar de ser católica hace ya medio siglo: curiosamente, en cuanto la «democracia cristiana» y el «opusdeismo» entraron en el gobierno.

 

BEATERÍA DEMOCRÁTICA
Matías Cordón

Se desprecia como beatería la adhesión rutinaria a unos usos o modos sin consciencia profunda de su validez o calidad. Unos días antes de las elecciones preguntaron a ZP qué ocurriría si, contra pronóstico, el PP ganaba las elecciones. Respondió, como era de esperar, que acataría el resultado «porque el pueblo no se equivoca y elige lo mejor». No se trata de un absurdo; no dice que, al votar así, el resultado sería malo en su opinión, por ser contrario a lo que piensa él sino que ejerce de beato democrático, como cabe esperar de un político en ejercicio. No pienso yo correctamente si no pienso como la mayoría que, de acuerdo con la beatería imperante, detenta el usufructo de la verdad. Según esa deformación mental que impone que, como sustitución de la Verdad, no hay otro criterio válido de calidad que el de la mayoría, la opinión personal debe subordinarse a la general, de la mayoría. Algo establecido como mera fórmula de convivencia, para evitar confrontaciones, se erige como criterio intelectual, e incluso ético.

No se trata de una deformación de la izquierda, cuya adhesión ferviente a elucubraciones teóricas es habitual. También la derecha habitual incurre en ello. Rajoy, cuyas convicciones morales están avaladas por su vida familiar y personal, se cuida mucho de expresar su opinión de que el aborto es una salvajada, porque piensa que la mayoría de sus conciudadanos, potenciales votantes suyos, no opina lo mismo; por ello prefiere aparentar indiferencia sobre el tema. Incluso acata, sin inmutarse, el criterio generalizado, impuesto muy eficazmente por el señor usufructuario del talante, de que él crispa la relación política. Ya se ha dicho, por un gran forjador de mentiras como era Goebbels, que una mentira, si es aceptada generalmente, se convierte en verdad. La democracia se impone como el supremo Oráculo dictaminador y establecedor de citerior de calidad, acatado por todo el espectro político.

Excepto por los minoritarios que, resignados a no tener eco en sus pretensiones políticas, se permiten el lujo de expresar inequívocamente sus opiniones, con desdén por la corrección política impuesta por la mayoría, los políticos en ejercicio se ajustan a esa tiranía de la supuesta mayoría; en tanta más medida cuanto menor control tengan de los medios de expresión, encargados de transmitir sus mensajes, pues éstos son a la postre, los intérpretes, sacerdotes y creadores del Oráculo. Y los principales interesados en mantener la credibilidad del tinglado. Es la aceptación, prácticamente institucional, de las consecuencias de la rebelión de las masas.

Frente a esta situación, opresiva para la persona que quiera mantener un nivel mínimo de lucidez, sólo cabe la lenta reconquista cultural de la opinión pública mediante predicación constante por personas prestigiosas, de la jerarquía permanente de la calidad y la autenticidad. Algo muy difícil de conseguir cuando el prestigio social está tergiversado, con los publicistas erigidos en mentores de ideas e interesados en sofocar cualquier foco creador que no se atenga a sus criterios o directrices actuales.

La recuperación para la sociedad española de la cultura básica mínima, imprescindible para la regeneración intelectual de esa sociedad, es tarea. Más después de la pérdida de la antes disponible, despilfarrada por la Iglesia en unas décadas de lamentable confusión que han dejado la cultura religiosa de nuestra sociedad bajo mínimos. Y con una Universidad española, teórica cuna de las ideas, desbaratada por dos siglos de esquizofrenia partidista y alejada de criterios de excelencia. Mal remedio cabe esperar de una Asociación de Alumnos y Profesores adheridos al simple criterio de aplaudir y apoyar a los míos y denostar y zaherir a los otros. Pues eso es, desgraciadamente, la Universidad española desde que se impuso el criterio de la división política partidista por encima de la adhesión a la calidad. Un criterio que hoy es dominante en la sociedad española, atenta sólo a determinar si el juzgado es de los míos o de los de enfrente.

No se puede construir una vida de calidad en base a criterios partidistas, y menos si éstos obedecen a directrices simplonas de izquierdas o derechas. Pero eso es lo que está haciendo desde hace dos siglos la sociedad española. No cabe en nosotros la búsqueda de lo mejor, sino la búsqueda de lo que favorece a los míos y perjudica a los otros. Y así nos va. En temas tan dispares como la energía nuclear, o las renovables, o la productividad o incluso la creación artística, se adopta las posiciones que nos enfrentan a los otros, antes que las derivadas de un análisis desapasionado de sus pros y sus contras. Y rechazamos al que intenta imponer serenidad en nuestras actuaciones. Ya se sabe que el sentido común es lo primero que se pierde cuando uno entra en la senda de la locura.

 

COMENTARIOS
Españoleto

Un político que dice lo que piensa

Afirmándose en la corrección de su decisión en Las Azores irrita a todos los que exigen un mínimo de corrección política y ajuste a sus directrices. Al ambiente viciado en que vivimos le repugna un político que pretenda mantener su independencia de criterio, ajeno a los gurús políticos. Inconcebible, para los que se autoproclaman oráculos de la progresía.

Las cuentas menores son reveladoras

Con un total de votos menor en 0,64M que el de hace cuatro años, IU y los diversos nacionalistas se han dejado en la cuneta 1,043 M de votos, de los que el PSOE sólo ha recogido 0,176 M. El PP, en cambio, mejora en 0,56 M sus resultados. No es tan mal resultado como indican las cuentas globales. El resto, 0,303M, es lo que se ha llevado Rosa Díez. Dado que la abstención ha sido prácticamente igual que en el 2004 y el censo electoral no ha variado significativamente, tenemos más de medio millón de votantes que parece haberse quedado en casa, indiferentes ante lo que nos jugábamos. Suspendiendo así a los políticos.

Rajoy promete una oposición firme

Pues entonces… ¿Qué ha hecho en estos cuatro años?

Ni siquiera ahora, al final

Presta una atención Bush a nuestro pobre presidente. Ni él ni otros líderes de la OTAN, que parecen preferir las opiniones de Merkel y Bush a la Alianza de las Civilizaciones. La foto de Bucarest es patética. ¿Y aún nos queda caer más bajo en estos próximos cuatro años?

Todo se desmorona

Los indicadores económicos advierten de la crisis que se avecina. La crisis que la Lumbrera que nos gobierna negaba, y de la que pretende que va a librarnos. ¿no se le cae la cara de vergüenza a Rajoy, por no haber sido capaz de barrer a tan endeble contrincante?

El vencedor se lo piensa

Pese a todo, se ve que el vencedor le ha visto las orejas al lobo, e instruye a los suyos evitar veleidades con los nacionalistas. Veremos en qué paran ahora sus mentiras.

 

LA VIUDA DE GREGORIO ORDOÑEZ MUESTRA SU «MÁS SINCERO DESPRECIO» A IBARRETXE
El confidencial

La viuda de Gregorio Ordóñez, Ana Iribar, pidió este sábado a la presidenta del Parlamento vasco, Izaskun Bilbao, que traslade al lehendakari, Juan José Ibarretxe, el «más profundo desprecio» que siente por él. La mujer del parlamentario del PP asesinado por ETA el 23 de enero de 1995 realizó estas declaraciones en un homenaje a Ordóñez en la Cámara vasca.

En el acto estuvieron presentes, entre otros, el consejero de Justicia, Empleo y Seguridad Social, Joseba Azkarraga; el presidente del EBB del PNV, Iñigo Urkullu; el grupo parlamentario del PP acompañado de los dirigentes, Jaime Mayor Oreja y Carlos Iturgaiz; y los socialistas José Antonio Pastor y Miguel Buen.

La viuda de Ordóñez aseguró que la placa descubierta, con el lema «Gregorio Ordóñez luchador por la libertad», «sólo tendrá sentido cuando el PNV rompa con quienes encubren, alientan y participan, bajo las siglas que sean, los objetivos políticos de ETA del tiro en la nuca» y subrayó que «no se trata de organizaciones políticas, sino de aparatos terroristas que no son pasado, que son presente».

En este sentido, pidió a la presidenta del Parlamento vasco que traslade al lehendakari el «más sincero desprecio por su deslealtad, hipocresía y por la cobardía con la que actúa en contra de la memoria de Gregorio Ordóñez, y de los principios democráticos de miles de ciudadanos, en contra de las razones por las que Gregorio fue asesinado».

Reproches por no desalojar a ANV del Ayuntamiento de Mondragón

Asimismo, muy emocionada, lamentó que tras trece años de la muerte del parlamentario no se haya realizado antes este homenaje, «lo que evidencia por parte del Gobierno vasco y del PNV la falta de sensibilidad, sinceridad, credibilidad y de un compromiso auténtico para estar del lado de las víctimas de ETA y de sus derechos». «Esta placa sólo tendría sentido si detrás el PNV hubiera accedido a desalojar del Ayuntamiento de Mondragón a ANV», reprochó.

Además, consideró necesario que «el PNV, o cualquier otra fuerza política con responsabilidad de gobierno asuma como primer compromiso derrotar a ETA en todos sus frentes». «No es suficiente condenar un atentado, es necesario estar a la altura de las exigencias democráticas en cada momento», reprochó, porque, de otra forma, «esta placa es un simple pedazo de bronce sin valor alguno, símbolo de una herida abierta que no deja de sangrar».


 
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