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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 410
Miércoles, 16 abril a las 19:29:32

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 410 –  15 de abril de 2008

SUMARIO

  1. El verdadero estado de la Nación. José Javier Esparza
  2. ¿Adaptación a nuestras costumbres?. Matías Cordón
  3. El papel de los intelectuales. Antonio Castro Villacañas
  4. No saben que es real, los bobos. Arturo Robsy
  5. Comentarios. Españoleto
  6. Guerra contra el islamofascismo. Thomas Sowell


EL VERDADERO ESTADO DE LA NACIÓN
José Javier Esparza
el manifiesto

Hoy algunos se preguntan de qué ha servido toda esa movilización, visto que Zapatero ha vuelto a ganar; cierto que por un estrecho margen de votos (menos de 900.000), pero suficiente para mantenerle en el poder. Pues bien: esa movilización ha servido de mucho. Primero, desde un punto de vista táctico. A nadie le quepa duda de que Zapatero habría ido mucho más lejos si no se hubiera encontrado con una oposición tan viva en la sociedad. Porque, además, esa oposición civil no la ha movido el PP. Eso lo saben en el PSOE y, sobre todo, lo saben en el propio PP, que en todo este tiempo ha ido, en general, a remolque de los acontecimientos. Y por encima de ese valor táctico, la movilización civil ha servido también para marcar una serie de principios, de ideas-fuerza, de materias que no son negociables y que, en consecuencia, constituyen excelentes plataformas para definir un espacio afirmativo: ya no sólo por qué hay que protestar, sino, sobre todo, qué es lo que hay que defender.

Nación, libertad, comunidad, identidad

¿Cuáles son esos principios? De momento, enunciémoslos. Primero: la nación española, la convicción de que España debe sobrevivir como nación histórica, lo cual es más importante que la forma político-administrativa que el Estado adopte. Segundo: la defensa de la libertad real de las personas, lo cual pasa por respetar la autonomía de la gente en materias concretas, carnales, como la educación, la cultura, la memoria histórica, etc. Tercero: la defensa de las instituciones naturales, ajenas a la presión del Estado, y en particular de la familia, que es un ámbito de libertad constructiva, una instancia intermedia, comunitaria, entre un Estado absorbente y un individuo náufrago. Cuarto, la identidad española, una identidad que no es sólo nacional, pero donde lo nacional también cuenta, y cuya primera línea de combate debe ser la preservación de los rasgos culturales propios de nuestro legado, de lo que nosotros somos.

Hay que subrayar dos cosas importantes. La primera es que todos estos principios, que conforman un espacio doctrinal de oposición al zapaterismo, no se identifican necesariamente con el PP. Bastantes de estos asuntos los hemos visto en los programas y en la declaraciones de la UPD de Rosa Diez o de Ciudadanos. Si el PP quiere encarnar este espacio de ideas, tendrá que demostrar que es capaz de hacerlo. La segunda cuestión importante, y aún más significativa, es esta otra: en un momento en el que por todas partes se habla de la banalización de la política y de la ausencia de grandes apuestas ideológicas en la vida pública, estos principios que aquí enunciamos como lo que hay que defender constituyen una apuesta de enorme calado: se trata de materias en las que literalmente nos jugamos la continuidad de la nación tal y como la hemos conocido en los planos político, cultural, social… Es un proyecto extraordinariamente sugestivo.

Nación, libertad, comunidad, identidad… Se trata de principios capaces de movilizar a todos, lo mismo a los intelectuales que al pueblo. Sería muy bueno que también movilizara a los políticos.

 

¿ADAPTACIÓN A NUESTRAS COSTUMBRES?
Martín Quijano

Sarkozy y Rajoy han coincidido, con expresiones similares, en exigir a los inmigrantes –pensando particularmente en los islámicos– una adaptación a las costumbres del país receptor. El motivo principal de discrepancia es el uso del velo en las mujeres, pero es evidente que la inadaptación es más amplia que la de ese aspecto particular. Su cultura es lo suficientemente fuerte, o exigente, como para provocar un distanciamiento general y duradero respecto a la sociedad cristiana moderna en la que pretenden ganarse la vida. El resultado es la formación de guetos incrustados en la sociedad de fondo cristiano que ha creado esas condiciones de vida que les ha resultado tan atractivas como para forzarles a emigrar hacia ellas.

No debiera resultar extraño al menos a nosotros, españoles. La guerra de los moriscos, mantenida en las Alpujarras granadinas durante los años1568 a1570, se originó por los enfrentamientos de los moriscos, teóricamente conversos al cristianismo, antiguos pobladores del Reino de Granada con los nuevos pobladores cristianos. Estos reprochaban a aquéllos divergencias de costumbres que les resultaban insufribles: Entre las más aireadas, el baño frecuente, con el gasto consiguiente, que las mujeres continuaran veladas en público y su resistencia a mantener abiertas durante el día las puertas de sus viviendas, uso habitual en todo cristiano viejo. Ese enfrentamiento originó el levantamiento liderado por Aben Humeya, nuevo nombre adoptado por el renegado Fernando del Valor, que sólo fue sofocado, tras cruenta guerra, cuando el propio D. Juan de Austria se hizo cargo de la Jefatura cristiana. Aquello demostró la insinceridad de la conversión de aquellos españoles, que fueron dispersados en los reinos de Murcia y Valencia hasta su expulsión definitiva, treinta y nueve años después.

No puede caber duda de que, con aquella expulsión, la sociedad española se libró de los conflictos que aquejan hoy, por ejemplo, a los países balcánicos en los que el dominio turco ha dejado importantes residuos musulmanes. Independientemente de la apreciación que hoy se tenga de tal limpieza étnica, los resultados produjeron una paz social incontrastable. Además, aquella limpieza se hizo sin sangre, con una operación logística ejemplar, e incluso elogiada por los historiadores actuales, de transporte de centenares de miles de personas al Norte musulmán de África.

La situación actual de la sociedad occidental es diferente a la de aquella España. No porque no existan ciudadanos musulmanes en las Naciones antes cristianas, pues los hay en gran porcentaje, sino porque nuestras sociedades han perdido la anterior seguridad en su propia cultura, y están perplejas acerca de cómo reaccionar ante los problemas que la heterogeneidad cultural plantea. Los musulmanes actuales se muestran inflexibles en el aferramiento a su propia cultura, pero además, dispuestos a imponerse y prevalecer sobre los inseguros cristianos que les hospedan, beneficiándose de la tolerancia que rige las leyes de sus anfitriones. Parece ser que ya hay barrios ingleses en los que los musulmanes predominantes vetan toda manifestación cristiana, lo que dice más de la resignación de los cristianos que lo consienten que de la presión insaciable de los musulmanes. En estos momentos hay tensión en la Iglesia Anglicana porque su primado, el Arzobispo de Canterbury, se pronuncia favorablemente sobre la inevitabilidad de tener que aceptar la vigencia de la ley Sharia en el Reino Unido. Ello supone la renuncia a la lucha contra el avance musulmán. Posiblemente en nombre de la Caridad Cristiana, pero indudablemente en perjuicio de la cultura cristiana de su pueblo.

En cualquier caso, es un indicio paradigmático del conflicto cultural con el que se enfrenta Europa: La inseguridad cultural religiosa de nuestras sociedades nos está abocando a un conflicto en el que, si no estamos dispuestos a combatir, perderemos los rasgos característicos de nuestra idiosincrasia. La única reacción parece ser la de exigir el acatamiento de los musulmanes, de los inmigrantes, en general, a nuestra normativa legal o a nuestros hábitos laicos. Pretendemos dominar una cultura religiosa, esencial, con reglamentos fríos y desapasionados. No parece difícil vaticinar cuál será el triste resultado.

 

EL PAPEL DE LOS INTELECTUALES
Antonio Castro Villacañas

Ante cualquier orden social y político, quienes sean o se crean intelectuales han de adoptar una de estas tres actitudes básicas, según distinguió en una de sus obras más célebres y lúcidas el celebrado Raymond Aron:

1) La de mantener una posición de «crítica técnica» ante las inevitables deficiencias que todo tipo de régimen sociopolítico tiene, sugiriendo medidas que las atenúen y siempre dentro del respeto general a las leyes propias del orden existente, a la tradición que lo encuadra desde hace tiempo, y las servidumbres propias de cualquier clase de acción política, social o económica;

2) La de sostener una posición de «crítica moral», que denuncia y rechaza los males del «status quo» vigente, pero ignora de modo voluntario o por mera indiferencia los medios de traducir el rechazo y la denuncia en actos prácticos, y se despreocupa del todo o en gran parte de las posibles y lógicas consecuencias de sus denuncias y rechazos; o

3) La de adoptar y propagar una postura de «crítica ideológica o histórica», que esencialmente consiste en considerar el orden sociojurídico presente desde el punto de vista de una sociedad futura, perfecta para los críticos, que teorizan y especulan en torno al esbozo de un orden político, social y económico imaginario, donde todos y cada uno de los hombres encontrarán satisfacción material y espiritual.

En la España franquista, la primera actitud fue defendida por quienes se sentían críticos del sistema pero participantes –por creadores o herederos– del mismo; la segunda, por quienes partieron de esa situación pero en un determinado momento llegaron a la conclusión de que debían asegurar su futuro; y la tercera, por cuantos –habiendo sido antes franquistas o no habiéndolo sido nunca– llenaron su alma y su cerebro de utopías, o aceptaron la que les pareció mejor o más conveniente como estrella polar de su navegación personal hacia el futuro.

Reto a mis posibles lectores a que pongan –en sus cuadernos íntimos o en sus comentarios públicos– nombres y apellidos de escritores y políticos que se hayan distinguido en alguna de las actitudes aludidas, tanto en los tiempos del pasado franquismo como en los de la monarquía vigente. No es un reto difícil de superar. Basta un normal conocimiento de nuestra historia contemporánea para situar en ella la postura de personajillos y personajes. Y que cada palo aguante su vela...

 

NO SABEN QUE ES REAL, LOS BOBOS
Arturo Robsy

Uno de los grandes problemas de los regímenes socialistas es la dificultad de todos para distinguir la realidad del programa político. Anduvieron los del Bloque Socialista, antes de reventar de miseria y estupidez, con sus planes quinquenales: lo que no estaba en ellos sencillamente no sucedía. Y los planes tampoco, claro está.

Ver cómo se repite la historia, pero esta vez a nuestra costa, es algo doloroso, algo que todos pudieron prever a tiempo, pero prefirieron el arte social de la hipocresía, la pelotilla y el chivateo: son mucho más responsables los que callaron que los que llevaron a cabo esta sociedad que, como se ha dicho, no distingue la realidad y, por lo tanto, está incapacitada para actuar sobre ella.

Los piernas que tienen el poder y lo usan en beneficio de las grandes corporaciones, se atienen a las instrucciones. Consigna: todo va de perlas. Las cosas son como dice el plan. Las cosas son –quizá– como nos las han pagado. Pero ellos siguen de piernas, de giliecos, de pollisecos, de euriplastas. Tuertos para ciegos y voceros para sordos.

Para un buen socialcomunista, la realidad sólo figura –a veces– en el BOE. Nada podrá torcer lo que ponen en marcha. Ni la naturaleza. Y así es como cuando el Ebro se desborda e incluso inunda las obras de la Expo y manda al mar millones de metros cúbicos muy necesarios para todos menos para las empresas de agua que, con la abundancia deberían bajar los precios, los topos de Barcelona –mayoría socialista reforzada por comunistones de la vieja Joven Guardia–, siguen actuando como en otro mundo. Quizá verdaderamente en otro mundo: el de la secta y la chulería, y Barcelona empieza a multar los riegos y se obstina en recibir y pagar barcos cisterna de Marsella, Tarragona y Almería.

Tienen el agua cercana y barata: para Barcelona y los demás necesitados, pero optan por gastar más en complicadas operaciones que, salvo agua, deben dejar buenos beneficios. ¿Que hay sobrante de agua? No importa: Aquí dice que la democracia ha decidido traerla de fuera, pagara, y vetar la abundancia a las otras regiones. La naturaleza de la lluvia no es real: mejor emular el ruego aunque las aguas anden desbordadas.

Y esa es la verdad de todos los fracasos socialistas: que no son capaces de adaptarse a lo que hay. Que viven en un mundo aparte, afectos de psicosis esquizofrénica (alma partida) o de codicia pública.

Ya sabes por qué se extinguieron los dinosaurios, incluso esos que deseaban comérselo todo: No se adaptaron al cambio. Ni al climático ni al mental. Hasta un ratoncillo mamífero tenía mejor cerebro que un «velociraptor».

Hablan mucho de todo, pero no hacen nada por remediarlo. Si antes la felicidad era ser tonto o llegar a serlo, la felicidad actual, del que no siente ni padece, es ser socialista y aplaudir pase lo que pase.

O sea, el Ebro baja lleno y desbordándose y en Cataluña se multa a los que riegan. En breve multarán al propio río por desbordarse y regar de balde algunas tierras.

Esas multas socialcatalanas demuestran lo alejados que andan los piernas actuales de lo que pasa por su lado. Y los sub-piernas que aplauden, o sea, que escriben aplausos

COMENTARIOS
Españoleto

Polémica interna

En el PP por la pretensión de Rajoy de atribuirse los éxitos, pero no los fracasos de las últimas elecciones. Como si los que gobiernan los graneros de votos del partido no pudieran atribuirse esos éxitos. Malo. Tanto por la existencia de la polémica como porque el que ha fracasado dos veces ante un mindundi de contrincante se atribuya méritos de otros

Vendedor de lo que no le pertenece

El mentiroso por excelencia prometió a la Eta un órgano común ejecutivo para el País vasco y Navarra, asumiendo un poder inconstitucional, rindiéndose al terrorismo e incumpliendo su Juramento de defender la Constitución y la Unidad Nacional. ¿Se enfrentará algún día a un juez por ello?

Demandas de igualdad

Han motivado la huelga de los funcionarios de Justicia de la Administración Central, irritados porque sus colegas autonómicos cobren más por las mismas funciones. Que cunda el ejemplo, a ver si así recuperamos la sensatez de la igualdad.

Infanticidio encomiado

Los secuaces del Dr Morín provocaban el parto de fetos de ocho meses, «recogían el feto con un plástico y, procurando no verlo, lo echaban a la basura», según se oía en el video clandestino de Antena3.Y aún piensan despenalizarlo totalmente. La progresía, que no el progreso, nos detiene.

Ocho de cada diez

nuevos presos en las cárceles españolas son extranjeros, dando así razón a quienes denostan la inmigración incontrolada, y dando motivo para reclamar la corrección del indudable efecto llamada que nuestras leyes y jueces provocan con su lenidad en el castigo. Pero los políticos no sufren el problema en sus propias carnes y, como no existe comunicación de abajo arriba en este sistema partitocrático, ni se enteran.

Al fin, pillado

Según Eslava Galán, en su libro Los años del miedo, sobre la posguerra española, Franco «observaba pícaramente las estatuas de mujeres desnudas». Es decir, hacía lo que cualquier otro varón español. No se le conoció ningún lío extraconyugal, pero al fin se conoce la sórdida verdad. Era un picarón reprimido. Sobre ello puede erigir por fin la izquierda progre una base sólida de descalificación moral.

Más de lo mismo

ZP promete regalos a porfía, sin decir de dónde va a sacar el dinero para ello. Rajoy sigue dando muestras de no tener sangre en las venas, en su respuesta. Qué hubiera sido de ZP si le hubiese tocado un Alfonso Guerra en la réplica? El País celebra el talante de Rajoy, lo cual debiera preocupar seriamente a éste.

«Dignos» representantes de su electorado

Esperanza Aguirre, a fuer de liberal, apoya el aborto legal y las uniones homosexuales. Rajoy, emplea el mutismo para alinearse con ella en esas cuestiones; algunas de sus colaboradoras más destacadas, Soraya, la portavoz del PP, alardea de que está casada sólo civilmente y afirma en una entrevista que no va a Misa; Cospedal, la casi triunfadora en Castilla-La Mancha, es madre soltera. Estos son los mimbres que se nos ofrece para hacer el cesto contenedor de los valores que sostienen los votantes del PP. ¡Ah, la Partitocracia y sus misteriosos mecanismos de selección!

Ana Iribar, la dignidad frente al encanallamiento

Su denuncia de Ibarreche con ocasión de un falso homenaje a su asesinado marido es un ejemplo de dignidad, que el PNV, sumido en su encanallamiento, ha denunciado como partidismo, claro. Quien está hundido en su miseria no distingue el aire claro y limpio.

¿Cobardía, o villanía?

La negativa del Ministerio español del Interior a proteger al converso italiano es una clara sumisión al Islamismo rampante, o una gruesa villanía de incapaz de cumplir con sus deberes y sumisión a los matones. Cada vez nos alejamos más de la dignidad europea. Elegir a este Presidente tiene sus consecuencias. Y la Oposición, en el centro. De sí misma, claro.

 

GUERRA CONTRA EL ISLAMOFASCISMO
Thomas Sowell

Libertad Digital

Se ha hablado de «parálisis moral» a la hora de describir la inacción de Francia, Inglaterra y las demás democracias europeas durante la década de 1930, mientras contemplaban cómo Hitler movilizaba las fuerzas que más tarde empleó para atacarlas. Por desgracia, quizá fuera conveniente resucitar tal expresión y aplicarla al momento presente.

En la década de los 30, los Gobiernos de los países democráticos sabían lo que estaba haciendo Hitler; y sabían que tenían la fuerza militar suficiente para pararle en seco. Pero no lo hicieron. Lo que hicieron fue recurrir a las «negociaciones», ese mantra que aún hoy se sigue entonando con denuedo.

Jamás hubo un líder democrático más popular que el premier británico Neville Chamberlain a su regreso de la Conferencia de Múnich (1938). Agitando en la mano el acuerdo que había suscrito con Hitler, afirmó: «[Representa] la paz para nuestro tiempo». En la Cámara de los Comunes lo jalearon tanto los suyos como sus adversarios políticos.

Ahora sabemos qué poco duró ese «tiempo»: la II Guerra Mundial estalló en Europa un año después, y acabó extendiéndose por todo el planeta. Se cobró la vida de decenas de millones de personas, y redujo a escombros numerosas ciudades de Asia y el Viejo Continente.

«Nunca hubo una guerra más fácil de evitar con una acción oportuna», dijo después Winston Churchill. Cuanto antes de hubiera actuado, menos habría costado. De hecho, aseguraba Churchill, pudo haberse parado a Hitler sin disparar «una sola bala».

¿Cuándo? En 1936, es decir, tres años antes de que estallara la guerra. Cuando Hitler, en violación de dos tratados internacionales, mandó sus tropas a Renania. En ese momento Francia era, por sí sola, tan poderosa que los generales alemanes tenían órdenes de retirarse inmediatamente en cuanto tuvieran el menor atisbo de que los franceses se disponían a intervenir. El propio Hitler confesó más adelante que sus fuerzas se habrían tenido que retirar «con el rabo entre las piernas», pues no estaban en disposición de oponer siquiera una resistencia simbólica.

¿Por qué no actuaron los franceses? Se habrían ahorrado, y habrían ahorrado al mundo, los horrores que trajeron consigo las ulteriores agresiones de Hitler. ¿Por qué no actuaron? Pues porque tenían los medios, pero no la voluntad.

La «parálisis moral» obedecía a varias razones. Entre ellas se contaban las consecuencias de la Gran Guerra: los millones de soldados franceses que perdieron la vida en ella y el desencanto que trajo consigo la paz hicieron estragos sobre toda una generación. El pacifismo se adueñó de la intelligentsia y de las instituciones educativas. Recurramos de nuevo a Churchill; esta vez, a unas palabras que pronunció en... 1932: «Francia, aunque armada hasta los dientes, es pacifista hasta la médula». Estaba moralmente paralizada.

Puede que la historia sea interesante. Pero lo que nos preocupa es el presente y el futuro. ¿Es la América de hoy como la Francia de aquel entonces?

Sabemos que Irán está avanzando a marchas forzadas en su programa nuclear, pero las Naciones Unidas hacen muy poco –si es que hacen algo– por detener a los ayatolás. Que haya alguien que espere que la ONU consiga algo no es sino una muestra de nuestro irresponsable utopismo.

La historia de la ONU –y la de su predecesora, la Liga de las Naciones– demuestra una y otra vez que acudir a instituciones de este tipo no es más que una manera de que los líderes débiles de las democracias hagan como que hacen algo, cuando lo cierto es que no hacen nada.

Los iraníes no van a parar a menos que alguien les ponga freno. Y, al igual que Hitler, no creen que tengamos agallas para hacerlo. Allá por los años 30, Hitler pronunció algunas de las mejores declaraciones pacifistas. Sabía que eso era lo que las democracias occidentales querían escuchar; y que así las mantendría moralmente paralizadas, mientras él continuaba poniendo a punto su maquinaria militar... para atacarlas. Hoy, los ayatolás dicen que están construyendo instalaciones nucleares «pacíficas»; pero resulta que Irán es uno de los mayores productores de petróleo, por lo que no necesita la energía nuclear para generar electricidad...

Irán y sus aliados terroristas con armas nucleares: he ahí una amenaza mucho peor que la que representó Hitler jamás. ¿Somos como aquella Francia? ¿Estamos aquejados de una mortífera parálisis moral?


 
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