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El Brocal: El Brocal Nº - 53
Jueves, 01 mayo a las 12:29:07

El Brocal

REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 53 – 26 de abril de 2008

SUMARIO

  1. A propósito del 14 de abril. José Javier Esparza
  2. Mi 28-F. Enrique Hermana
  3. Elecciones paraguayas:
  • Informe de coyuntura. Destaque Internacional
  • Zapatero mandó asesores externos al ex obispo neo-marxista Lugo. LibertadDigital.com


A PROPÓSITO DEL 14 DE ABRIL. La nostalgia de la II República, una patología cultural
José Javier Esparza
El Manifiesto

Uno escucha a los nostálgicos y cree soñar: resulta que un día existió en España un feliz mundo de Utopía donde todos los hombres eran libres y las fuentes públicas manaban limonada. Pero, entonces, ¿cómo pudo ser que se acabara aquella bicoca? Es muy interesante subrayar los argumentos de los nostálgicos de la II República y confrontarlos con la realidad. Es interesante porque uno constata que todos esos argumentos son absolutamente ficticios. Vayan tres ejemplos.

El nostálgico invoca la democracia: entre la oligarquía alfonsina y la dictadura franquista, el régimen del 14 de abril fue un oasis democrático. Ahora bien, la II República fue una democracia extremadamente imperfecta, donde la voluntad popular fue violada desde el primer momento y hasta el final: desde las propias elecciones municipales que dieron lugar al cambio de régimen (y que, recordemos, ganaron los monárquicos), hasta el falseamiento masivo de actas en las elecciones del 36, pasando por la prohibición de gobernar al partido que ganó en 1933 y por la ausencia de sanción a los auténticos responsables del golpe revolucionario de 1934. Como democracia, la II República distó de ser ejemplar. Más aún: no fue realmente democrática.

El nostálgico invoca también la obra social republicana: entre las tiranías de los dictadores, he aquí que al fin alguien se preocupa por la justicia social. Pero la política social de la República fue una calamidad, desde la reforma agraria hasta la regulación de la jornada laboral, hasta el punto de que en 1936, después de cinco años de gobierno republicano, sobrevivían condiciones de explotación objetivamente insoportables. La política social de la República no estuvo inspirada por el deseo de crear una sociedad más integrada, mejor cohesionada, sino que adquirió tintes de venganza de clase y, sobre todo, fue de una incompetencia extrema. El gran drama del movimiento obrero en España, y de la izquierda española en general, es que las dictaduras de Primo de Rivera y de Franco presentan mejor balance social que la II República en materias concretas como la protección del desempleo, la cobertura sanitaria o la evolución de los salarios. Es una verdad dolorosa, pero es así.

El nostálgico, en fin, enarbola la preocupación de la República por la educación: la figura del «maestro republicano» sigue funcionando como tópico romántico, envuelta en el halo sublime de la promoción de la cultura. Pero lo cierto es que la República, más por razones de sectarismo que otra cosa, empezó cerrando centros escolares en masa –los de la Iglesia– y sólo después procedió a crear escuelas y plazas de maestros que, por un lado, se pusieron en marcha a un ritmo lentísimo, y por otro, beneficiaron sobre todo a militantes republicanos con carné de partido que se convirtieron en maestros de un día para otro. Aquí es donde más amargo es el balance republicano, por contraste con el proyecto inicial: las ambiciones eran muchas; los logros, muy escasos.

«No es esto, no es esto»

Son sólo tres ejemplos, pero son ilustrativos. En gran medida, la nostalgia republicana es un puro sentimiento construido sobre la base de tópicos retóricos sin correspondencia con la realidad. La nostalgia de la República es, en rigor, una nostalgia de lo que no fue; la nostalgia de un enorme fracaso.

La II República, en efecto, es menos sugestiva por lo que fue que por lo que pudo ser. Era verdad que el régimen de la Restauración estaba podrido; tanto que se hundió desde dentro sin el menor gesto de resistencia. Era verdad que España necesitaba un cambio en profundidad. La República pudo aportarlo: hacía falta renovar las elites sociales y políticas, incorporar a las masas a la vida ciudadana (la «nacionalización de las masas», en el lenguaje orteguiano), revitalizar las instituciones populares, corregir una democracia inexistente de puro artificiosa, poner a la Iglesia al paso del tiempo, solventar situaciones de crónico atraso económico en el campo y en las fábricas… Se necesitaba un amplio programa de educación nacional, de participación social en la vida pública, de reestructuración del sistema económico. Pero, en vez de eso, la II República aportó unas elites políticas muy mediocres, una política social y cultural sectaria, una política económica incompetente y perezosa… En ese sentido, la crítica falangista a la II República parece hoy más acertada que la crítica de tipo conservador o tradicionalista: la República no fue tan funesta por lo que destruyó como por lo que no supo construir.

Ortega lo dijo –y muy pronto– con su habitual plasticidad: «No es esto, no es esto». Efectivamente, no era eso. Y lo que hoy rememoran los nostálgicos, envueltos en la bandera tricolor, tampoco es. Nuestros nostálgicos del 14 de abril nos están hablando de una República virtual o, para ser más exactos, espectral. La realidad de la historia fue otra: fue la República que acabó en guerra civil. Y no, por cierto, por culpa de las torvas asechanzas del fascista eterno, sino por culpa del sectarismo, el fanatismo, la irresponsabilidad y la frivolidad de sus líderes.

 

MI 28 F
Enrique Hermana 

Aparecen diversos artículos o comentarios describiendo las vicisitudes de los autores alrededor del amago de golpe de Estado ocurrido hace veinte y seis años. La mayor parte de ellos resaltando las angustias que les produjeron aquellas horas, y el alivio que les supuso el desenlace de los hechos. Una angustia que se trocó en interrogantes acerca de cómo y por qué había sucedió aquello, y en la exaltación de alegría de los manifestantes del día ¿25? Los hechos, descubrimientos y juicios posteriores forman un cuerpo de doctrina de corrección política y un conjunto de interrogantes, sólo parcialmente respondido hoy, que sigue permitiendo producir textos de interpretación y de tergiversación acerca de una sublevación militar que nunca existió. Porque lo que es evidente, por el desenlace, es que el Ejército español obedeció las órdenes de sus superiores, como había hecho en los cuarenta años anteriores.

Mi experiencia personal de aquel día es anodina. Me enteré del golpe, en pleno trabajo, por una llamada telefónica y pasé el resto del día atento a la evolución de las noticias por radio y televisión como la mayor parte de lo españoles. No diré que estaba angustiado, sino decepcionado por la imagen chapucera de mi país que aquello mostraba. No imaginaba que aquello pudiera triunfar en un país moderno, pero como no sabía bien qué pretendía ser «aquéllo» no pasaba a discurrir más. Me alegró el desenlace. Me alegró la sabiduría militar de quien dispuso que la primera línea de cerco a las Cortes estuviera constituida precisamente por efectivos de la Guardia Civil. Me alegró ver el estilo militar de Tejero al despedirse personalmente de cada uno de los suyos, a medida que iban saliendo. Me alegró oír a Luis Solana, entrevistado en la mañana del 24, al salir de su encierro, preguntarse «¿por qué ha sucedido esto? Tenemos la obligación de recapacitar sobre qué hemos hecho mal». Me alegró el desenlace incruento y controlado por las dos partes... Aquello me reconciliaba con el estilo que pido a mi país.

Pero si me he puesto a escribir esto ha sido para referirme a mi 28, no 23, de febrero. Cinco días después, el sábado 28, fui a mi peluquería. Había cinco o seis clientes en espera y tuve que estar allí casi hora y media. Nunca he tenido una experiencia semejante de parlanchinería entre todos, clientes y peluqueros. Aparecieron cerca de treinta chiste sobre el suceso del lunes anterior, que yo intenté recopilar a mi vuelta a casa, en papel que he perdido. Todo el mundo se reía del miedo de los presos y simpatizantes de los terroristas, de algunos políticos e incluso del papel del Rey, protagonista del desenlace, insinuando algún conocimiento previo de lo tramado.

Hacía seis años, desde la muerte de Franco, que no oía chistes políticos, tan abundantes antes. Parecía que la sociedad se hubiera destapado, con el golpe y su desenlace, para divertirse otra vez con la política. Como si las peripecias de la Transición hubiesen apagado el humor social, que había vuelto a reaparecer en cinco días. La mayor carcajada la despertó el maestro peluquero diciendo. «Aquella tarde estaba arreglando a un cliente, mientras escuchábamos por la radio los sucesos, casi en silencio. Al acabar, pretendí colaborar y le pregunté cuál era su chaqueta, para ayudarle a ponérsela. Me respondió, muy guasón: Espere un momento, que me lo piense, porque, visto lo que pasa, es para pensar si no es el momento de cambiarla».

La gente se divertía. O no había estado angustiada o estaba saliendo de una angustia y reaccionaba con humor. Un humor que, prácticamente acabó allí. Los chistes políticos desaparecen cuando la situación se hace incómoda. No hay chistes contra la ETA, porque ésta mata. Ni contra Carod, porque cabrea. Los hubo sobre Morán, porque caía simpático. No hay chistes en sociedades divididas, cuando tu gracia puede molestar al oyente del otro bando. No los hay ahora. Pero sí los hubo aquella semana.

Que algún sociólogo del chiste profundice sobre eso.

 

ELECCIONES PARAGUAYAS
 

Destaque Internacional - Informes de Coyuntura

San José de Costa Rica - Responsable: Javier González 

Estimados compatriotas paraguayos y hermanos iberoamericanos: les envío un nuevo texto que me pareció importante sobre la realidad de mi país. Aguardo vuestros comentarios.

El desencadenamiento, en el Paraguay de monseñor Lugo, de un proceso político de izquierdización y desintegración es una perspectiva preocupante porque pasaría a ser una nueva pieza del dominó desestabilizante que está tomando cuenta de varios países de la región 

1. A poco más de una semana de las elecciones nacionales paraguayas, que se realizarán el 20 de abril, las encuestas indican que el nuevo presidente con 30% a 35% de las preferencias, podrá ser el populista de izquierda monseñor Fernando Lugo, 56 años, un ex obispo católico entusiasta de la teología de la liberación, que encabeza la «Alianza Patriótica para el Cambio» (APC).

En el segundo lugar de las preferencias, con aproximadamente un 26%, está colocada la ex ministra Blanca Ovelar, candidata del gobernante Partido Colorado, que representa una agrupación política profundamente desgastada por 60 años de gobierno, por las numerosas acusaciones de corrupción y de clientelismo y por la falta de soluciones para enfrentar los problemas paraguayos.

En tercer lugar, con un porcentaje poco menor, se sitúa el ex general Lino Oviedo, un populista de centroderecha. Otros cuatro candidatos presidenciales reúnen pequeños porcentajes del electorado.

2. La base política de la «Alianza Patriótica para el Cambio» (APC), que apoya a monseñor Lugo, es sumamente heterogénea, con un abanico que incluye a liberales, a descontentos con el partido gobernante, a comunistas, a «chapistas» declarados y disimulados, y a todo tipo de ONGs de izquierda católica y de izquierda política. Se trata de una olla de grillos o, si se prefiere, de una bolsa de gatos.

3. Otro detalle que hace recordar al cuadro político boliviano es el de las pesquisas electorales que conceden la victoria presidencial a Lugo, pero que indican que simultáneamente éste podrá quedar en minoría en la Cámara de Diputados y solamente ganaría en un reducido número de los 17 gobiernos regionales, con lo cual aflora el espectro de un desmembramiento institucional y geográfico.

4. Monseñor Lugo ha transformado los reclamos contra el Brasil, especialmente en el plano energético, en una de sus banderas electorales. Mas allá del mérito de las reivindicaciones, y parece existir en ellas un real fundamento, por causa del bajísimo precio que ese país paga al Paraguay por la energía excedente de la central hidroeléctrica de Itaipú, el tono demagógico adoptado por el obispo-candidato Lugo es similar al que enarboló en Bolivia Evo Morales.

5. Con similar tono demagógico, monseñor Lugo ha enarbolado la bandera de la reforma agraria, que afectará especialmente a grandes productores agrícolas de origen brasileño.

6. En el caso de una eventual victoria presidencial de monseñor Lugo, no será fácil la coexistencia del obispo-presidente populista e izquierdista con los demás poderes del Estado y con sectores importantes de una sociedad atávicamente conservadora como es la del Paraguay.

7. La «bolivianización» del Paraguay, o el desencadenamiento de un proceso político similar de izquierdización y desintegración, es una perspectiva preocupante no sólo por el futuro de esa nación hermana, sino también porque este país pasaría a ser una nueva pieza del dominó desestabilizante que está tomando cuenta de varios países de la región.

ZAPATERO MANDÓ ASESORES EXTERNOS AL EX OBISPO NEO-MARXISTA LUGO
LibertadDigital.com 

¿Está implicado el gobierno Zapatero con la estrategia antinorteamericana de Chávez en Sudamérica? Lo cierto es que tanto en Bolivia, Ecuador, como Nicaragua, Chávez ha ayudado económicamente a Evo Morales, Rafael Correa o Daniel Ortega, para posibilitar su ascenso al poder.

Fernando Lugo, partidario de la llamada Teología de la Liberación y suspendido ad divinis por Roma, ha sido acusado durante la campaña de contar con supuestos apoyos e injerencia extranjera de los presidentes Hugo Chávez de Venezuela y Rafael Correa de Ecuador, del gobernador del Estado de Paraná de Brasil Roberto Requiao, e incluso de tener vinculaciones con las FARC, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Lo que es cierto es que la Internacional Socialista ha estado muy interesada en destronar al partido Colorado para colocar a un candidato, que quieren moldear a imagen de la chilena Bachelet, para que no caiga de lleno en las manos del imprevisible e incontrolable Chávez. Y ha sido el PSOE de Zapatero quien más ha aportado desde Europa, mandando dos asesores, y se ha nombrado como embajador a Miguel Cortizo, militante socialista y antes embajador especial para América Latina.

Los asesores españoles son José Alonso, experto en comunicación, ex redactor de la agencia Efe, que ya trabajó para Evo Morales y con el ecuatoriano Rafael Correa y Lino Xavier Valencia i Montes, que se ocupó de la valoración de datos durante la campaña del ex obispo.

Lugo ha mostrado sus simpatías por los regimenes que crecen a la sombra de Chávez, pero también ha querido poner cierta distancia. «Si bien valoramos los procesos democráticos de los gobiernos progresistas de la región, cada vez estamos más convencidos de que Paraguay tiene que hacer su propio proceso. Hay elementos comunes en la región, desafíos comunes, pero también procesos diferenciados. Nosotros queremos hacer nuestro propio proceso, con una identidad propia».

En España, el entramado de apoyo al neomarxismo de Chávez está representado en Valencia por la Fundación CEPS, a cuyo cargo se encuentra Viciano Pastor, un profesor catalanista de la Universidad de Valencia, habitual colaborador del régimen comunista cubano, donde ha organizado diversos cursos de doctorado con la Universidad de Camagüey, pagados con fondos de la Universidad española, y que también participó como asesor en la redacción de Constitución Bolivariana de Venezuela. Ha publicado, junto a otros activistas, Cataluña y el País Valenciano frente a la Revolución Bolivariana, publicación en la que han participado, entre otros, Rubén Martínez Dalmau también profesor de la Universidad de Valencia; Josep Manel Busqueta, economista y Pascual Serrano, periodista y coordinador de la revista ultraizquierdista en internet Rebelión.


 
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