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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº.- 426
Viernes, 12 septiembre a las 17:24:43

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 426 –  26 de agosto de 2008

SUMARIO

  1. Apuntaciones sobre la memoria histórica: el feminismo político. Antonio Castro Villacañas 
  2.  El trágala: los liberales y la derecha. Aquilino Duque 
  3.  A solas con mis cantos patrióticos. Arturo Robsy 
  4.  Despeñaperros laicista. Miguel Ángel Loma
  5. La reforma del aborto. ABC.es
  6. El hijo del líder de Hamas anuncia su conversión al cristianismo. LibertadDigital


 

APUNTACIONES SOBRE LA MEMORIA HISTÓRICA: EL FEMINISMO POLÍTICO
Antonio Castro Villacañas

Nadie logrará entender bien la España de hoy si no sabe lo que fue la España de los años 30. Por ejemplo: nuestro pobre Rodríguez, como de aquella época sólo conoce la parcial e insuficiente visión de una de sus dos abuelas, se empeña en que la España de hoy sea tan insuficiente y parcial como la del único abuelo que reconoce y estima. Para llegar a ese punto de partida utiliza las sendas que le parecen más progresistas, pero no se da cuenta –quiero pensar, pues sería peor para todos el que fuera totalmente consciente de cuanto hace– de que el progreso histórico consiste en superar el pasado entero y verdadero, no en simplemente mejorar una de sus facetas.

Por eso no logra hacer realidad su sueño de conseguir una España más igualitaria: por empeñarse en buscarla haciendo el camino de los aspectos puramente formales. Así sucede con su acreditado afán en pro de que las mujeres tengan la misma presencia pública y el mismo poder político que los hombres. Es muy probable que su abuela paterna le haya dicho más de una vez que si en la España de los años 30 se calificaba a una mujer como «pública» con tal calificativo se la incluía en el gremio de las trabajadoras del sexo. Ignoro si, por el contrario, esa misma fuente de información le dijo alguna vez que en esa época existía un número considerable de mujeres en nuestro país, y en otros países católicos, que por propia voluntad se apartaban de la vida pública y hacían su propia vida individual en régimen de comunidad y clausura. Estuviera o no informado a tiempo de tan contrapuestas maneras de vivir, parece evidente que nuestro asombroso Rodríguez ha demostrado de sobra por dónde van sus preferencias.

En la España de los años 30 los asuntos políticos eran cosa exclusiva de hombres, pero ello no impidió que surgieran unas cuantas mujeres de vigorosa personalidad, capaces por sí mismas de alcanzar puestos públicos de primer rango y gran impacto social. Verdad es que no fueron muchas, pero verdad también que aparecieron casi simultáneamente en todo el arco político, de un extremo a otro, destacando muy pronto en sus respectivos partidos por la eficacia de sus gestiones y actos. Media docena de mujeres merecen un insoslayable recuerdo. Las citaré según el orden alfabético de sus apellidos porque una verdadera memoria histórica no admite discriminaciones ideológicas. Fueron Clara Campoamor, Dolores Ibarruri, Victoria Kent, Federica Montseny, Margarita Nelken, Urraca Pastor, Pilar Primo de Rivera y Mercedes Sanz Bachiller. Es evidente que se trata de personalidades desiguales, pero también es cierto que todas y cada una de ellas representan un hito en la historia del feminismo español y en la historia política de España. Quienes sean amigos de establecer una escala por orden de méritos pueden hacerlo reservando o no el primer puesto a Isabel la Católica. No quiero yo entrar en semejantes berenjenales. Me basta y me sobra con decir que las siete mujeres citadas están a mi juicio muy por encima de las que hoy nos arrullan desde cualquiera de los palomares que adornan el huerto político español. A mi pobre saber y entender, salvo contadas excepciones las mujeres escogidas por Zapatero sólo tienen talla de concejales en ayuntamientos fáciles. Y es que nuestro excepcional presidente se deja llevar por criterios de forma y no de fondo tanto al hacer uso de la memoria histórica como al trabajar en pro de un futuro comunitario.

Lo malo de Rodríguez es que por fas o por nefas lleva unos cuantos años haciendo escuela al poner en práctica cuanto aprendió en las sectarias aulas oscuras del partidismo más radical, antisociable y cruel que ha existido en nuestra Patria. Buena prueba de ello es el muy diferente trato que, por ejemplo, y ya que estamos hablando de mujeres excelsas, se ha dado y sigue dándose en la memoria histórica gubernativa y subvencionada, a las trece rosas rojas de las juventudes socialistas madrileñas y a las siete rosas blancas –madrileñas también– de las monjas salesas. Estas fueron arrancadas de su clausura, violentadas y asesinadas, sin juicio de ninguna clase, para castigar el que simplemente rezaban. Las otras tuvieron alguna oportunidad de defender su vida cuando las acusaron de haberla puesto al servicio de actividades bélicas.

Como es lógico en el sistema zapateril de pensamiento y de acción progres, la memoria de las monjas ha sido social y gubernativamente enterrada, y exaltada la de quienes militaron en organizaciones de combate. Prensa, radio, libros, cine y televisión nos han dicho a los españoles a quienes debemos considerar verdaderas, bellas y buenas rosas. Las otras no merecen ser socialmente tenidas en cuenta para nada.

Un magnífico ejemplo de feminismo político nos ofrecen dos hermanas que los igualitarios Bibiano y Rodrigaz desconocen o al menos silencian. Constancia y Marichu de la Mora son, pese a quien pese, unos fascinantes personajes. Nacidas en el seno de una familia bien dotada en lo económico y lo social fueron educadas en los mejores colegios, como correspondía a dos nietas de don Antonio Maura, el dirigente conservador de más relieve en los primeros años del siglo XX. Ambas eran elegantes y políglotas. La mayor, Constancia, se casó en 1926, muy joven, con un hombre que únicamente vio en ella su dinero y su posición social, razón por la cual Constancia se alejó en seguida de él. Cuando pocos años después la II República estableció en España el divorcio, ella fue una de las primeras mujeres españolas en utilizarlo, lo que produjo que se acentuara el alejamiento de su familia y de su primer núcleo social, iniciado al separarse de su marido y crecido en cuanto poco después se unió sentimentalmente y por derecho con el teniente coronel Hidalgo de Cisneros, también de buena y bien situada familia, que por estas y otras razones se hallaba situado en el ala más radical del Ejército.

Antes del 18 de julio de 1936 el matrimonio Hidalgo de Cisneros había acentuado su clara condición independiente y rebelde. No sé si ya por entonces el marido y la mujer habían llegado a ser militantes comunistas o si tal filiación se produjo a consecuencia del Alzamiento Nacional. Lo que si sé, pues ha sido siempre público y notorio, que Hidalgo de Cisneros ascendió pronto a general y fue el jefe de la aviación roja durante toda la guerra, mientras que Constancia de la Mora asumió la responsabilidad de controlar a los periodistas que procedentes del extranjero querían informar a sus lectores de la situación política, bélica y social en que se encontraba la España republicana. También sé, y por igual razón, que el matrimonio fue bien recibido por Stalin en el Kremlin y por los Roosevelt en la Casa Blanca. Incluso se dice que la relación entre Constancia y Eleanor pasó de lo meramente protocolario a lo amistoso, sostenido y profundo cuando la española se instaló en Estados Unidos, recién terminada nuestra guerra, para trabajar en favor de la República y de los exiliados en México. En esta labor la encontró la muerte el año 1950, en Guatemala, como luchadora infatigable según sus camaradas y beneficiados, o como fanática manipuladora según quienes no reunían tales cualidades.

Si Constancia de la Mora es un claro ejemplo de española roja, su hermana Marichu lo es de española azul, y ambas el mejor símbolo del desgarramiento español, público y notorio desde el mes de julio de 1936. Si Constancia murió joven, Marichu pasó de los noventa años. Si la comunista vivió como activa militante desde su ingreso en el PC, la falangista –sin renegar nunca de su filiación inicial– pasó a ejercer simples labores profesionales como periodista tras haber llevado a cabo una eficaz labor política en la Sección Femenina de la Falange durante la guerra 1936-1939 y después de ella, a las órdenes directas e inmediatas de Pilar Primo de Rivera en la Secretaría Nacional de dicha organización. Fundó y dirigió varias revistas de indudable interés político y feminista. Por último, un también interesante contraste: Constancia sólo tuvo un hijo y fue con su primer marido, mientras que Marichu gozó incluso de nietos y bisnietos...

Termino ya. La historia de España es mucho más compleja e interesante de cómo la cuentan, interpretan y reviven los que pertenecen al gremio zapateril que no da puntada sin hilo... ¡Y cuánto se aprende de ella revisándola de frente, bien abiertos ambos ojos, sin prejuicios ni aversiones!



EL TRÁGALA: LOS LIBERALES Y LA DERECHA
Aquilino Duque

ElManifiesto.com

Una de las razones que en cualquier democracia, cuya razón de ser sea la ley del número, explican la superioridad de la izquierda sobre la derecha, es que aquélla no admite enemigos a su izquierda. Yo, que soy un ingenuo, propuse hace años a un dirigente centro-derechista que sabía francés, tránsfuga por cierto par la suite, que a la consigna izquierdista pas d’ennemi à gauche, la derecha debería oponer una consigna que hiciera pendant con ella, a saber: pas d’ennemi à droite. No se me hizo caso y mi corresponsal acabó por dejar su remilgado partido y pasarse a un partido con menos escrúpulos y más sentido de la realidad y la aritmética. La izquierda no distingue entre izquierda moderada y extrema izquierda, a diferencia de la derecha, que la mayor parte de las veces actúa como pidiendo disculpas por ser lo que es y con el miedo de que si afirma con excesivo énfasis aquello que se supone que defiende, se le cuelgue el sambenito de «extrema derecha». La «extrema derecha» es una necesidad de la derecha vergonzante para hacerse aceptar y, cuando no la hay, se la inventa. Al hacer tal cosa, la derecha no hace más que polemizar consigo misma, con gran regocijo del adversario. No voy a decir que algo de esto no haya ocurrido alguna vez a la izquierda, pero ha sido en situaciones extremas en que la extrema izquierda lo hizo tan mal que acabaría llegando a las manos con la izquierda menos extrema. Tal ocurrió en Madrid en las semanas finales de la guerra civil, cuando los frutos del disenso los recogió una derecha que si ganó la guerra fue porque, contra su costumbre y por fuerza mayor, no estaba dividida.

Ha costado trabajo conseguir que los liberales reconocieran que eran de derechas, pero una vez producido este reconocimiento, se autodenominarían «derecha civilizada», equivalente política de la denominación de «marido civilizado» en la novela galante o sicalíptica, para distinguirse de la «derecha cerril» y, una vez asegurada su presunta respetabilidad (en democracia todo es presunto), hacerse llamar «centro» y fulminar todo cuanto caiga a su derecha. Y es que este neoliberalismo, al igual que el paleoliberalismo decimonónico, de signo izquierdista, sigue siendo el liberalismo del Trágala. Conviene recordar que lo que los liberales de todas las épocas y todos los signos han obligado a los demás a tragarse es una pócima llamada Constitución. La Constitución es el aceite de ricino del liberalismo, y el hecho es que todas y cada una de las Constituciones que la nación se ha tenido que tragar, empezando por la de Cádiz, si no han sido de aceite de ricino, lo han sido de hígado de bacalao.

Los actuales males de la patria tienen su origen en La Nicolasa o Constitución del 78, que yo me negué a votar porque había que estar ciego para no ver sus vicios ocultos. Esa Constitución, que hoy la clase política está desguazando a cencerros tapados, es tan calamitosa como todas las demás, empezando por La Pepa, obra de unos señores que sólo se representaban a sí mismos, y pasando por el Estatuto Real de María Cristina y la tira de efímeras cartas magnas, incluida la no tan efímera de Cánovas, en avanzado estado de senilidad cuando Primo de Rivera la mandó al asilo. Y conste que ésta era la menos mala. En cuanto a La Nicolasa, baste decir que fue fruto del espíritu de la Transición, lamentable como todas las transiciones, de las que tan mala opinión tenían, entre otros, Galdós y Dostoyevski. El propósito de la Transición no podía ser más plausible: hacer que se sintieran cómodos en España todos aquellos españoles a los que España resultaba incómoda. En la Constitución cabemos todos los españoles, se nos decía y se nos dice. La que no cabe por lo visto es España, de ahí que yo llegara a comparar a La Nicolasa con el lecho de Procusto, pues para que España cupiera en ella, era preciso amputarle dos o tres regiones. En ello estamos, por más que los liberales de la nación una e indivisible y del Trágala constitucional se suban por las paredes mientras tratan de convencerse a sí mismos de que la Historia de España culmina en la Transición de la Segunda Restauración igual que se congratulan de que en el Iraq reine por fin «sin traumas» la democracia fukuyámica.



A SOLAS CON MIS CANTOS PATRIÓTICOS
Arturo Robsy
 

Ayer volví a los cánticos patrióticos. Legionarios y falangistas, soldados y héroes vibraban por todos los rincones de casa y el eco devolvía la situación de España en aquel tiempo, trasteada, robada y quemada por los mismos partidos que hoy están en el candelero.
Si hubiera existido un modo de razonar con aquellos salvajes –cosa que se intentó–, quizá hubiera pasado de nosotros el cáliz. Pero socialistas y comunistas –los socialistas, más– desde la campaña electoral de Febrero, pedían la guerra civil, la anunciaban y proponían la terapéutica de los baños de sangre. Y se los dieron.

Si esos partidos, con los mismos nombres que hoy, regresaron y si se les «devolvió» lo que habían incautado, como si hubiera sido suyo, y no tuvieron que devolver cuanto destruyeron, quemaron y se robaron, indica la clase de flojera de memoria y de razón que se ha apoderado de nosotros.

En este 18 me ha parecido que el socialismo, más viejo y con un par de trucos nuevos, tampoco quiere hablar con nadie. Hay un autismo de RodríguezZ que, por amor al jefe, comparten electores, votantes y administraciones. Hay una falta de ideas, unas negaciones de la realidad hasta que el jefe dice «sus», y un fallo general en la estructura de España, ya política, ya social, ya económica.

A imitación del amo, nadie moverá un dedo por arreglar tantísimos despropósitos ni, por supervivencia, intenvendrá el mercado para evitar los salvajes precios y la inflación. O la ruina de tantísimos atrapados por la helada maquinaria de los bancos.

De donde se deduce que, como en 1936, el socialismo se siente seguro con sus telementiras y sus gestos de cabra alegre, y que no ve necesario arreglar nada sino consolidar sus palancas sociales, como eso de hacer un consejo consultivo para la UIB a base de sindicatos y patronales. Consejo que asesorará qué deben estudiar los españoles para ser rentables para la empresa y el estado. La idea napoleónica de la Universidad con cromados marxistas.

De ahí también se deduce un aforismo lógico impepinable, que o no se saben u ocultan: las mismas causas producen los mismos efectos. Lo de menos es si antes llevaban alpargatas y ahora coches. Lo grave es que están cometiendo justo las mismas calamidades mientras dejan de escuchar a las personas. Y, por supuesto, interviniendo en el mercado sólo a favor de los que cuentan con su aprobación o de los que les mandan las Corporaciones.

Por ahí se acaba mal como sociedad y como persona. El último artículo de Palomino, publicado tras morir, decía «Huele cada vez más a Febrero del 36». No huele: apesta. Sabemos que los seres vivos, que aprenden por el ensayo y el error, si dan con algo que les funciona, tienden a repetirlo. Está en la especie.

De modo que, frente a la repetición de los rojelios (que ganaron el terror pero perdieron la paz), no se puede olvidar que hay media España o más, amordazada, vejada, mentida a través de las Memorias Históricas, explotada desde el poder asociado con la banca, que también pensará en el método que permitió vencer y expulsar al marxismo ladrón y asesino. Porque a estos sí les funcionó.

Los únicos que pararon, vencieron y expulsaron a los marxistas asilvestrados come-curas fuimos los españoles. Las demás naciones invadidas y esclavizadas y empobrecidas, tuvieron que aguantar hasta 1989, en que se demostró que el Socialismo Real no funcionaba sino para matar, atropellar y esclavizar. Y aún eso no sabían hacerlo. repartían miseria y miedo.

O sea que, ya puestos, si el socialismo con un líder de diseño, comete la insensatez de repetir las maneras que le llevaron a mandar desde Febrero de 1936, y acorrala, como hizo y hace, a las gentes que están regresando a los estados de necesidad, sin preocuparle lo que puede suceder o deseoso de que suceda porque ahora manda en un ejército de paz y de bomberos, que recuerde que en el 36 la mayor parte de las fuerzas armadas estaban con ellos, y todo el dinero y todos los centros fabriles. La insensatez, a la sombra de una memoria que sólo es fantasía –eso de las barbaridades «en los dos bandos», ja– puede salir muy cara. A ellos no: la mayoría de los rojos de marca, todos los cabezas de sus partidos, huyeron sin morir como prometían en sus discursos.

Sirva la comparación con los fundadores de Falange Española de las JONS, que sí dieron la vida todos. Que no corrieron. Que no se quejaron. Que entendieron lo que se esperaba de ellos.

Hasta ahora no ha pasado nada irremediable, salvo los dos advenimientos del socialismo desde 1978. Pero ha sido porque los vencedores, hoy humillados, vencidos, insultados y discriminados, sí han pensado en lo terrible de repetir la batalla contra las furias. Pero si las cosas no cambian, ¿cómo pedir sensatez a media España acosada si la otra media anda ya por el monte y cree que le urge vengarse de cosas de hace 70 años. O por los cerros de Úbeda al menos. Distraídos de lo real y miserable?



DESPEÑAPERROS LAICISTA
Miguel Ángel Loma

Dentro del objetivo del PSOE de transformación laicista del Estado, Ramón Jáuregui intervenía en el pasado 37 Congreso Socialista justificando la excepcionalidad de excluir por ahora los funerales de Estado, porque «no hay liturgia alternativa solemne como la que tiene la Iglesia para la despedida de un ser querido».

El argumento es similar al utilizado por quienes, jactándose de no ser creyentes y que se pasan la vida despotricando de la Iglesia, son los primeros en acudir a ella para matrimoniarse, porque queda más bonita la ceremonia. Todo un ejemplo de coherencia al que nos tienen acostumbrados muchos políticos progresistas que tampoco se cortan un pelo en presidir romerías, procesiones y actos religiosos de la más diversa índole, siempre que su presencia les otorgue un bañito de masas y «conecte» con el sentir popular.

En este asunto viene al pelo la anécdota de Manuel Ortega (padre de Manolo Caracol) y la locomotora, que recordaré por si alguien la desconoce. Había viajado Ortega de Andalucía a Madrid en una de aquellas viejas locomotoras a las que costaba Dios (con perdón) y ayuda cruzar los repechos de Despeñaperros, cuando, una vez llegado a su destino y apenas se había bajado del tren, la «triunfante» locomotora le soltó encima un estruendoso y traicionero chorro de vapor que a poco le tumba. Volviéndose Ortega hacia la máquina, le espetó: «¿Ahora me sales con ésas? ¡Esos cojones, en Despeñaperros!».

Nuestros aguerridos laicistas de salón, que tan ufanos se muestran a la hora de quitar crucifijos de las aulas infantiles y desterrar símbolos cristianos de los actos oficiales, no se atreven con los funerales públicos, porque no han encontrado ceremonia que los sustituya. ¡No hombre, no, señor Jáuregui! ¡Ese laicismo tan valiente, en los funerales de Estado! Y no se preocupe por la liturgia: su partido cuenta con creativos suficientes como para apañar un ritualito progresista, pluralista y multicultural que nos convierta en la envidia de las vanguardias intelectuales del planeta.

LA REFORMA DEL ABORTO
ABC.ES

No figuraba en el programa electoral del PSOE, ni formó parte de los objetivos para esta legislatura del discurso de investidura del presidente del Gobierno. Sin embargo, los socialistas quieren llegar hasta el final con la reforma de la actual Ley del Aborto. Será en el inicio del próximo periodo de sesiones del Congreso de los Diputados, en el mes de septiembre, cuando los socialistas empiecen a dar los primeros pasos para llevar a cabo esta polémica iniciativa.

La estrategia ya está planteada, según han informado a ABC fuentes socialistas, al confirmar que esta reforma se llevará a cabo a través de una doble vía. Dos frentes de actuación que tienen como objetivo que el Gobierno socialista no se quede sólo frente a una cuestión que abrirá un duro debate en el seno de la sociedad española.

El primer frente será el parlamentario y se abrirá en septiembre. El Grupo Parlamentario Socialista tiene previsto pedir la creación de una subcomisión dentro de la Comisión de Justicia para estudiar las modificaciones que consideran necesarias hacer en esta Ley, en la que quieren que estén presentes todos los grupos parlamentarios. Se trata, pues, de hacer participe a todos los partidos a través de una fórmula que ya fue planteada por IU.

El segundo frente se refiere a la determinación que podría tener el Ejecutivo socialista, al presentar un proyecto de ley que sería debatido posteriormente en el Parlamento.

Las dos vías de actuación son complementarias, como así lo indican las fuentes consultadas, que precisan que «la petición para la creación de una subcomisión puede ser compatible con la presentación de un proyecto de ley por parte del Gobierno». Una afirmación que deja abierta la puerta a que el Ejecutivo no descarta hacerse oír en este debate y exponer claramente qué quiere hacer con la reforma de la Ley del Aborto.
Por lo tanto, de esta estrategia se deduce una cierta cautela del Gobierno a la hora de abordar esta cuestión en solitario. Dejando en primera instancia el debate en manos del Parlamento, pero descolgándose, cuando considere que el momento es el oportuno, con sus propias ideas en esta materia.

Este procedimiento no viene más que a confirmar lo que la propia vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ha venido dejando caer en varias ocasiones: la necesidad de crear un grupo de expertos para que revisen el funcionamiento de la ley y hagan las propuestas para «mejorar la legislación», según sus palabras. Pero el pistoletazo de salida para iniciar esta reforma se dio en el 37 Congreso Federal del PSOE, celebrado el pasado mes de julio. Los socialistas desvelaron sus cartas al introducir una enmienda transaccional a la ponencia marco, en la que se apoyaba la creación de un grupo de expertos para actualizar la ley del aborto, recogiendo «las experiencias más innovadoras de las leyes europeas de indicaciones y plazos». El propio presidente del Gobierno llegó a comprometerse en el sentido de plasmar en leyes las resoluciones aprobadas en el último cónclave socialista.
El PP, en contra

La respuesta a este desafío socialista no se hizo esperar. No quiso hacer el anuncio en campaña electoral, porque sabía que podía restarle votos, y lo hacía después de ganar las elecciones generales. Los populares se postularon en contra de esta reforma y ya advirtieron que el debate abierto por los socialistas es «artificial» y trata de desviar la atención sobre la grave crisis económica. Lo dijo Rajoy: «Se equivocan los socialistas si planteando reformas en la Ley del Aborto va a conseguir que se reduzca el pesimismo que genera la crisis económica».

 

EL HIJO DE UN LÍDER DE HAMAS ANUNCIA SU CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO
LIBERTADDIGITAL.COM


Un presentador de un telediario de la televisión de todos los españoles dice al despedirse algo así como que espera que al día siguiente haya alguna noticia buena. Hoy nosotros incluimos una buena noticia, que celebramos profundamente

Masab Yousef, hijo del líder de Hamas Sheik Hassa Yousef, reveló en una entrevista exclusiva al diario israelí Haaretz que ha abandonado el Islam y se ha convertido al cristianismo. Nadie de su familia sabía nada acerca de su conversión antes de que se hiciera pública la semana pasada. Su primer contacto con el cristianismo tuvo lugar hace 8 años en Jerusalén. Desde entonces ha leído la Biblia en secreto diariamente. Las palabras de Cristo «amad a vuestros enemigos» le tocaron el corazón y aunque en un principio quiso mantenerse como musulmán, finalmente se convirtió a la fe cristiana.

Yousef afirma en la entrevista que fue educado durante toda su infancia en el odio a Israel. A los diez años de edad su padre fue arrestado por el ejército israelí y él mismo fue hecho preso en 1996, cuando contaba con 18 años, al ser la cabeza de un grupo fundamentalista islámico en su instituto. Precisamente fue durante los 16 meses en que estuvo en prisión cuando Yousef pudo «conocer la verdadera cara de Hamas». «Es una organización nefasta. Así se simple. Una organización fundamentalmente malvada. Sus líderes no tienen principios morales ni integridad», asegura Yousef, aunque reconoce que «no son tan necios como los líderes de Al Fatah, que practican la corrupción de forma pública y notoria».

El nuevo converso asegura que nunca ha sido terrorista aunque ha vivido rodeado de ellos. Advierte a Israel que nunca alcanzará la paz con Hamas ya que la mera existencia del estado israelí contradice la sharia y el Islam según la visión de los fundamentalistas de dicha organización terrorista. Yousef asegura que la sociedad palestina santifica mayoritariamente el terror provocado por los terroristas suicidas, a los que elevan a la categoría de héroes. El hijo del líder de Hamas cree imposible la creación de un estado palestino ya que su pueblo sufre un enfrentamiento constante entre diversas facciones.


 
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