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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 427
Viernes, 12 septiembre a las 18:03:33

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 427 –  9 de septiembre de 2008

SUMARIO

  1. Apuntaciones sobre la crisis del capitalismo. Antonio Castro Villacañas
  2.  Especie desprotegida. Jesús Flores Thies 
  3.  El día eterno. Arturo Robsy 
  4.  De códigos y cobardía. Miguel Ángel Loma


 

APUNTACIONES SOBRE LA CRISIS DEL CAPITALISMO
Antonio Castro Villacañas

Tenemos que regular mejor el capitalismo. Si no lo hacemos, el sistema se acabará destruyendo y nos destruirá a todos.

Parece que ya está pasando. Los precios del petróleo y de los alimentos básicos están por las nubes. El «Estado del bienestar», con el que tanto han gozado los prohombres conservadores y liberales, está muy enfermo en los países desarrollados. No digamos nada sobre lo que pasa en los países pobres. Cada día se hace más visible que los especuladores están conduciendo al mundo a una gran crisis.

Es verdad que cualquier forma de especulación se basa también en la realidad. Tomemos el ejemplo del petróleo: existen suficientes motivos objetivos para que su precio siga subiendo. Los principales son su demanda, siempre creciente, y su oferta, siempre regulada. Muchos campos petrolíferos son viejos, y su producción se está reduciendo de modo calculado.

Eso sucede en México y en Arabia Saudí, que no por casualidad son los principales suministradores de Occidente. La oferta, pues, se controla por los productores, que prefieren conservar sus reservas bajo tierra mientras aguardan que los precios sigan subiendo. A este control de la oferta debemos sumar la creciente demanda de países como China e India, y añadir que los precios altos ayudan a estabilizar regímenes autoritarios y corruptos, como son los de Venezuela, Irán o Rusia.

Todo ello no quiere decir que los especuladores sean inocentes, pues han creado –o cuando menos utilizado– la burbuja que envuelve y ha hecho crecer todo... Ellos han tirado de los precios hacia arriba con sus especulaciones sobre el hoy y el futuro, creando expectativas inexactas, y con sus calculadas actividades han alterado los precios deformándolos sobre todo en el campo de las materias primas. Tenemos el mejor ejemplo con lo que sucede en caso de hambruna: los especuladores acaparan alimentos para beneficiarse con la segura subida de precios. Esto exige que el Estado y la Sociedad adopten las medidas que sean necesarias. Por ejemplo, la de impedir que los grandes fondos de inversión utilicen sus dineros en el mercado de las materias primas, o por lo menos disponer que cumplan unos requisitos mínimos si quieren hacerlo.

Cualquier observador imparcial de la actual situación económica se da cuenta enseguida de que nos estamos adentrando en la crisis financiera más profunda desde la que azotó el mundo «civilizado» en los años 30 del pasado siglo, la misma que fue causa más o menos directa de la II Guerra Mundial. En los últimos tiempos hemos visto cómo estallaban varias burbujas económico-financieras, como la de las acciones tecnológicas y –más recientemente– la del mercado inmobiliario, todavía sin alcanzar su máxima magnitud según algunos especialistas que nos avisan no haber visto ni la mitad de la previsible caída de precios, empresas y fortunas. Todos somos conscientes de que ya se está produciendo una gran destrucción de patrimonios ricos y pobres, y de que en los próximos años aumentará el número de quienes –pobres y ricos– no podrán pagar sus hipotecas, sus préstamos o sus compromisos financieros, con la natural reducción e incluso destrucción patrimonial que ello significa.

A partir de 1980, cuando se asentó la ideología del fundamentalismo del mercado, comenzó a formarse lo que se ha llamado superburbuja. Según esa ideología son los mercados quienes deben autorregularse, al eliminar cualquier clase de limitaciones y rechazar los intervencionismos estatales. Todo hay que confiarlo a la libre intervención de las fuerzas económicas. Más allá de sus tradicionales raíces ideológicas, esta exaltación del mercado comenzó a manifestarse en Gran Bretaña bajo el gobierno de Margaret Thatcher y se expandió en los Estados Unidos en la etapa presidida por el republicano Ronald Reagan, quien llegó a calificarlo de mágico.

Es fácil encontrar en periódicos y revistas firmas que defienden ese punto de vista: el mercado es una pomada mágica, es sabio, mágico, santo... Lo malo es que tan alabado sistema dio origen a toda clase de excesos, muchos imposibles de controlar. Los bancos, por ejemplo, animaban en los Estados Unidos y en gran parte del mundo a que los ciudadanos cada vez pidieran más dinero prestado, lo que con toda evidencia es algo tan sorprendente como carente de responsabilidad, aunque se hiciera con la confianza de que si las cosas se ponían feas no tendría más remedio que intervenir el Estado. Eso es lo que en definitiva sucedió en Norteamérica en el caso del derrumbe del banco de inversiones Bear Sterns: el Banco Central estadounidense tuvo que inyectar unos cuantos miles de millones en el sistema bancario para impedir que se produjeran nuevos desastres.

De esta manera se le salvó el pellejo, al menos por el momento, al capitalismo yanqui. Eso sí, comprándole su libertad durante algún tiempo. El tan celebrado «boom» acabó convirtiéndose en una crisis. Eso es lo que estamos viviendo ahora: el estallido de un globo, el fracaso de una ideología equivocada. Se quiera o no reconocer, la verdad es que estamos asistiendo al final de la sociedad del bienestar, al final de una era del capitalismo moderno.

La recesión es inevitable. En la práctica, Estados Unidos ha absorbido durante años el dinero de la economía mundial, porque el dólar era la divisa base y una divisa de reserva. Todo el mundo se estaba dedicando a pedir prestado dinero, a consumir más de lo que estaba produciendo, y a endeudarse sin límites fijos en cuantía y en tiempo. Lo malo es que el dólar era cada vez menos válido como divisa de reserva, los precios iban subiendo, y las crisis inmobiliarias y crediticias comenzaron a pender como sendas espadas de Damocles sobre todos nosotros de forma directa o indirecta. Ahora resulta que los capitalistas apenas tienen margen de maniobra. Por ejemplo, Europa ha cometido también errores, como el de subir los tipos de interés por miedo a la inflación. La verdad es que la actual crisis del capitalismo parte de los Estados Unidos, pero el resto del mundo, incluida Europa, la ha importado o está a punto de importarla.

Algunos creen que esta crisis es el legado que nos dejará en herencia la presidencia norteamericana de Bush. La política republicana de Busch es en muchos aspectos ampliamente criticable, pero en este campo parece haber sido simplemente un alumno fiel a los deberes impuestos por sus preceptores, los gurús del capitalismo. Su peor legado, con mucho, es el mal concepto de lo que es y debe ser la democracia, pues con ello los Estados Unidos y la Unión Europea se convierten en un gran obstáculo para conseguir el necesario orden nuevo mundial estable y justo.

Ese tan necesario Orden Nuevo sólo se conseguirá si se parte de este principio: no existe un sólo modelo de sociedad democrática, ni un único camino para lograrla. Los pueblos que se consideran modelos de democracia, en el mejor de los casos deben limitar sus esfuerzos a ayudar a que la encuentren cuanto antes y del mejor modo posible los pueblos que la están buscando. Pero la democracia, por esencia, no se puede imponer. Las potencias democráticas han abusado de los principios de la democracia al tratar de imponer que otros pueblos copien su sistema socio político al pie de la letra...

Llevamos unos meses, y aún nos quedan septiembre y octubre, en que el mundo entero especula sobre quién será el sucesor de Busch. Si dependiera de los autoproclamados dueños y señores de la verdadera democracia, los demócratas por excelencia, está claro que Barack Obama sería elegido por mayoría absoluta. Es posible que esa sea una buena elección para los Estados Unidos, lo que no quiere decir que sea igual de buena para el resto del mundo. No se puede dudar de que Obama es una personalidad digna de ser muy tenida en cuenta, ni de que ha sido lanzado y está siendo defendido por un grupo de intereses muy concreto. Su carrera política, desde sus inicios hasta el momento actual; su ejemplo de ciudadano negro en una sociedad blanca; su esfuerzo por conciliar religiones, razas, clases, etc., nos dicen que tiene capacidad para afrontar los graves problemas de su país y del mundo.

Pero quienes han de elegir el próximo noviembre al Presidente de los Estados Unidos, y por ello en cierto modo al presidente mundial, aunque tendrán muy en cuenta su puesto de trabajo, su posibilidad de vivienda y su sueldo, no condicionarán del todo su voto a la economía. La economía, el capitalismo, es algo muy importante, pero no es siempre el factor más decisivo. Lo de verdad decisorio es la visión del futuro. Electores y elegibles han de respetar su historia, la de su pueblo, la del mundo... Pero ni los unos ni los otros pueden anclarse en el pasado. Todos ellos, también todos nosotros, necesitamos dirigentes adecuados para esta nueva época: la del post-capitalismo.

ESPECIE DESPROTEGIDA
Jesús Flores Thies. Coronel de Artillería-retirado

El español es una de las especies más desprotegidas del planeta. Parece algo exagerado y reconocemos que, hasta cierto punto, así lo es, porque hay españoles muy bien protegidos, de los que citaremos, para no aburrirnos, sólo a unos pocos.

Protegidos están los políticos «estatales» (no digamos «nacionales», término bastante desprotegido), y también los de taifas y locales, a los que arropan una legión de guardias, jurados o sin jurar, que pagamos todos; y están protegidos los chorizos que roban menos de 400 € cada vez; los tironeros, roba-móviles, los genios del «alunizaje» (algunos han delinquido más de cincuenta veces); los «ocupas», «antisistema», grafiteros, o los del botellón; los ilegales de las pateras… Por supuesto que están protegidos por un sano nepotismo los familiares de muchos políticos, porque la familia, ya no será el fundamento de la sociedad, mas para ellos por supuesto que sí. La familia propia, claro. Y hay otros protegidos que no citamos para que no nos reviente el título de este artículo. Los demás, desprotegidos a tumba abierta, y lo de «tumba abierta» resulta a veces una triste realidad.

Estamos desprotegidos ante las tarascadas de las miserables leyes de «inmersión lingüística»; ante el «trágala» de la «Educación (¿) para la Ciudadanía»; ante los precios de los libros de texto, zona en la que empezó su imperio un tal Polanco; ante el fisgoneo sucio y rufianesco de los programas «bragueta»; ante las inicuas e ilegales leyes de «Memoria Histórica»; ante los periódicos que nos niegan respuesta o defensa ante falacias que ellos han publicado; ante la justicia (con minúscula por méritos propios), capaz de resoluciones increíbles, cuando no de retrasos casi seculares; ante la escalada de precios; ante la invasión pornográfica bien calculada para meterla en nuestros hogares a cualquier hora del día o de la noche, de la que es buque insignia la 6ª Cadena de la archimillonaria PRISA; desprotegidos ante la apestosa propaganda maricona, denominada «gay», que lo invade todo, apoyada institucionalmente en actos que hubieran avergonzado a los pecadores bíblicos de Sodoma y Gomorra, como en ese Día del Orgullo Gay; y está protegido el degenerado travestido…

Está desprotegido el no-nacido al que se le puede asesinar con cargo a nuestros bolsillos de forma industrial, matanza institucionalmente programada que es el cáncer que va a acabar con esta sociedad occidental por dos razones: por la degeneración moral de la sociedad, y por la denominada «bomba islámica», el vientre de las mujeres islámicas, cuyos hijos acabarán por ocupar los sitios que han dejado vacantes los millones de no-nacidos gracias al apoyo de la «progresía» más vil y de una derecha estúpida y suicida.

Está desprotegido el agricultor ante el especulador; el currante, ante la rapacidad de los Bancos, uña y carne del sistema; y está desprotegido el matrimonio, que recibe hachazos institucionales que lo convierten en una parodia, cuando se inventa la coyunda maricona, la adopción por parejas de degenerados, o se entrega a los recién casados la papeleta de divorcio exprés para adornar la tarta de boda; desprotegidas están la paternidad y la maternidad, desaparecidas de los Libros de Familia, y sustituidos por eso de «progenitor A y B», que hay que borrar «padre y madre» que son, desde tiempo inmemorial, la base de nuestra sociedad al crear el núcleo de la familia.

Está desprotegido frente a las obligatorias y carísimas inspecciones (Gas, ITV,…), ante impuestos desorbitados, ante el «redondeo» de €uro (se dice que el «huevo Kinder es el símbolo de esta desprotección ya que pasó de costar 100 pts, a costar 1 €…); ante las subidas espectaculares del pan, frutas, verduras y de otros alimentos imprescindibles…

Estamos desprotegidos ante los terroristas, arropados por leyes inicuas que le permiten el lujo de poder matar a veinticinco seres humanos por el precio de uno, además de ventajas carcelarias, subvenciones de sus conmilitones «legales» del PNV y libertad para vivir como reyes al salir de prisión sin pagar las indemnizaciones a las que fueron condenados en un arranque de humor de los jueces.

Está desprotegido el Ejército ya que Defensa defiende todo y a todos, menos a los militares. La mariconería y el travestismo se han institucionalizado y ha entrado en los cuarteles, buques y «aeronaves» donde campan a sus anchas y largas. Algún desprotector nos amenaza con la igualdad de género en las FF.AA., sin que se exija esa igualdad en las minas, en la construcción o en los bomberos, por citar sólo tres actividades profesionales «des-generadas», o ¿por qué no? en los equipos del fútbol, profesional, como en los emblemáticos Madrid o el Barça.

Y así, hasta mil.

Hay que reconocer, sin embargo, que algo se hace por el medio ambiente, al que se protege con verdadero amor. Por eso, deja de tener importancia la desprotección del votante pagador de impuestos, ante el hecho real de que están protegidas, bajo pena de importante multa, los sapos, las ranas, los cangrejos de río (los supervivientes), los buitres leonados, o sin leonar, la manzanilla, los lagartos, las sabandijas, los linces, los osos y hasta el escarabajo de la encina o los grandes simios (¿por qué no los pequeños?)… El currante paga-impuestos y votante sólo está protegido para eso, para pagar impuestos y para votar. Menos da una piedra.

La obligación, no ya constitucional, que nos resbala, sino la lógica y natural que tiene el gobernante de proteger a los ciudadanos, es una broma de mal gusto. Aznar felicitaba, en su época gloriosa de Presidente del Gobierno, a sus PPeros vascongados por el valor de resistir, sin huir, en aquella desgraciada tierra ante las amenazas hasta de muerte por parte de terroristas y para-terroristas, cuando la obligación ineludible y no traspasable a otros, de un jefe de gobierno, es evitar que eso suceda. Y como Aznar, el capo de turno del «partido de los trabajadores», que ha dejado el campo abierto y la calle, a los criminales, por supuesto que criminales protegidos.

Estamos desprotegidos incluso en nuestro patriotismo, ya que éste depende de que Casillas pare o no un penalti. Si el bueno de Iker no hubiera parado aquel penalti y los correosos italianos hubieran ganado el partido, los niveles de patriotismo español habrían alcanzado los mínimos históricos. Hasta en eso estamos desprotegidos o, dicho de otro modo, Casillas es uno de los pocos protectores de esta sociedad drogada. Pues que le den, como a Ceucescu, la «Cruz de Carlos III».


EL DÍA ETERNO
Arturo Robsy

La izquierda es, por naturaleza, una anormalidad: por ejemplo sólo un diez por ciento de la gente mundial es zurda, que no quiere decir que vaya a la contra. Pero casi.

Más anormal es cuando la izquierda se refiere a la política porque, añade al permanente «ir en contra», el hecho de que se llamó así por geometría parlamentaria: los partidos zurdos, resentidos, se sentaban a la izquierda, y en eso se quedaron: en una posición en las bancadas.
Dicho esto, hay que añadir que el partido de los pobres no lo fue en virtud de pobres sino de resentidos. Se comprende que el hombre con hambre, que no puede criar ni bien ni mal a los hijos, tenga resentimientos, pero en el PSOE se pregonaba y se pregona más la revancha que la justicia, véase la Memoria. Además, llegan a las izquierdas otros miles de resentidos casi de alto estanding, por así decir. Zapatero no viene de la pobreza, ni de ella vino Felípez. Ya ven. Nuestra vice de la Vega, es hija de un falangista que se fue a la División Azul para devolver la visita flamígera a Stalin y sus rusos acongojados...

Dentro de esa tradición, el señor (y exmilitar) Gabriel Cardona Escanero, hijo de otro voluntario de la División Azul, tras pasar por la Academia General Militar fundada por Franco, se resintió. Puede que empezara resintiéndose del tobillo a causa de alguna marcha, o de los dientes, de tanto apretarlos. Dijo, hace ya mucho, que perteneció a la UMD (Unión Militar Democrática), aunque los diferentes filtros del Ejército no lo localizaron seguramente porque ser «umedo» por su parte fue un ejercicio de fantasía cuando Franco ya estaba muerto y los riesgos, cualquier riesgo, casi estaban desaparecidos.

Luego se resintió de la izquierda y, de brinco en brinco en torno al socialismo, fue profesor de alguna universidad de Barcelona, jefe de la policía municipal de otro lugar catalán y, por aburrimiento, historiador intelectualizado, bien tratado por el régimen felipista, con el que accedió a series televisivas y a libros teledirigidos. La España de los Milagros volvía a existir. «A Pepe lo han hecho ministro. Te lo juro».

Su último libro trata de lo mismo que los anteriores: A golpe de sable, y sostiene –por el título se dice– que la historia se hizo a sable, lo que es de una inocencia encantadora. Pero el historiador no ceja. No debe cejar. Y en una entrevista en La Vanguardia, recuerda su salida del Ejército de esta guisa (porque un intelectual no tiene modo sino guisa): «El 23-F de 1981 sentí tanta vergüenza. Habíamos luchado por ser militares dignos y auténticos y no reincidentes golpistas. No lo soporté más».

Cosas de la moral y de la verecundia. Lo raro es que, tras abandonar voluntariamente la profesión militar, que exige mucho, publique libros para castigar a los militares. No parece, pues, que se fuera por vergüenza torera sino más bien por odio africano.

El autor recuerda bien la cara del historiador a la carta, y la tenía de pocos amigos. Jamás le vi reír y su aspecto general era el de un «esaborío», de esos incapaces de disponer de un rasgo de humor en la vida. O sea, que se toma muy en serio y le gusta el ceño de no cejar.
Algo quiero remendar en las visiones catastróficas de la misión y los hechos de los ejércitos, que parece que los militares no estén pensando más que en matar, destruir y ponerse las botas altas para mejor pisotear al pueblo, que es de izquierdas por definición.

Al borde de los años sesenta mi padre era capitán, hermoso empleo. Había hecho la guerra y, luego, acudió a la Academia. En torno a la Patrona o, quizá, del 18 de Julio, el Coronel del Regimiento (al que llegó a pertenecer el Sr. Cardona), con su oficialidad, fueron a comer por esos mundos. Compañerismo acorde con la fecha, o sea, sin estridencias.

De regreso, el Coronel, hombre serio, hizo parar las furgonetas en la carretera, frente a una peña que tenía forma de vieja: nariz ganchuda, pañuelo casi moruno sobre el pelo. También parecía la cabeza de un indio bravo con su penacho. El coronel, siempre serio, se plantó ante el peñasco, rodeado por sus oficiales, que no estaban muy seguros de lo que iba a pasar.

–El sultán tenía una pipa de oro y plata –cantó, levantando los brazos al cielo.
No dudaron los oficiales: alzaron las manos con el aire moruno más estricto y siguieron:
Con cien mil incrustaciones de hojalata
Y cien mil incrustaciones de coral.
¡Juanita que te mueres por verle la pipita al moro sultán!
A partir de aquí no tengo las cosas claras del todo, pero creo que se continuó con otra canción moruna e insistente, elegida por el serio coronel:
–Ya viene la caravana –y el coro se sumaba– ¡Uhu, uhu, uh!

Luego, el recuento: Pasa un camello, pasan dos camellos, etcétera, hasta llegar a un número elegido de antemano, el cinco por ejemplo, cuando una voz tenor se alzaba y decía «¡Dámelo sultana!», y el coro respondía con toda lógica: «No me da la gana, uhu, uhu. Uh».
¿Y qué decir de aquel capitán que hacía desfilar a su gente cantando la Polca del Barril de Cerveza, o el otro que había enseñado a su compañía una canción que rezaba: «Uno, dos, esto va bien: uno, dos, esto va mal. ¿Quién ha sido el animal que ha roto la formación?». Bien entrenado, un recluta respondía con voz tiple: «He sido yo, mi capitán, que se me ha roto la escopeta». La compañía respondía, muy viril: «¡Qué escopeta ni que puñeta! O me cumple el reglamento o lo expulso del campamento».

No sé si el historiador Cardona, tan rojo, llegó a percatarse de la alegría de ser soldado y reírse, en paz o en guerra, del medio mundo desagradable y que sobra.

 

DE CÓDIGOS Y COBARDÍAS
Miguel Ángel Loma

El avispado Dan Brown dio el pelotazo con El Código Da Vinci, novela con más de 80 millones de ejemplares vendidos y traducida a 44 idiomas; llevada al cine y protagonizada por uno de los actores más caros de Hollywood, lo que no impidió que la película constituyera un bodrio. La trama es una injuria manifiesta contra le fe cristiana y contra la Iglesia, y para ello no le importó a Brown cometer en su novela errores culturales, geográficos, religiosos, y afirmaciones gratuitas sobre hechos supuestamente históricos sin más pruebas que su imaginación, aunque parece que tampoco ésta se la tuvo que currar demasiado porque idéntico argumento tenía otra obra publicada en 1985, lo que le costó algunos juicios por presunto plagio. Pero ya digo, no le importó a Brown porque, cuando se trata de darle caña al Cristianismo y a la Iglesia, el éxito está casi asegurado. Por cierto, la novela fue publicada por primera vez en 2003 por la editorial Random House.

La periodista Sherry Jones acaba de escribir la novela La joya de Medina, inspirada en Aisha, la esposa favorita y más joven de Mahoma tras la muerte de Jadiya. Aisha tenía seis años cuando fue prometida al profeta (que entonces contaba 54), aunque el matrimonio no se consumó hasta que ella tuvo nueve. Esto no es ficción, sino un hecho admitido como histórico por la mayoría de los seguidores de Mahoma. La autora dice haber escrito su novela con todo respeto sobre el Islam y sobre el profeta, sin ofensa alguna y después de haber estudiado historia árabe durante varios años, creyendo que con ella contribuye a acercar posiciones. Pero su editorial le ha rescindido el contrato que tenía para publicarla, animando a Jones a que se busque otra fuera de EE.UU., «por seguridad de la autora, de los empleados de la editorial, de los libreros y de todos los implicados en la distribución y venta de la novela». ¿Aciertan el nombre de la tan exquisitamente «respetuosa» editorial? ¡Exacto! Random House: la mismita de El Código Da Vinci. «No comments».


 
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