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El Brocal: El Brocal Nº - 69
Viernes, 26 septiembre a las 19:20:58

El Brocal

REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 69  – 25 de septiembre de 2008

SUMARIO



APUNTACIONES SOBRE LA MENTALIDAD OCCIDENTAL Y LA ASTROLOGÍA
Antonio Castro Villacañas


La evolución de la mentalidad humana ha sido siempre impelida por un impulso heroico: su pasión para forjar una identidad humana racional y autónoma, separándola de su unidad primordial con la naturaleza. Es verdad que los griegos no lo entendieron antiguamente así, ni desde hace algún tiempo tampoco lo entienden así nuevas corrientes modernas.

El logos, la razón, era desde el principio de los tiempos la trascendental fuente de todos los arquetipos o esencias primordiales, ya se tratara de formas matemáticas, ya de opuestos cósmicos, ideas, deidades inmortales, entes sacralizados, o personificaciones míticas. En función de dichos arquetipos, y como expresión ordenada de todos ellos, la cosmovisión griega interpretaba el cosmos. Ese logos universal operaba al mismo tiempo en el seno de la mente humana y dentro del mundo natural. No había entonces dualismos de mente y mundo, o interior y exterior. Todo pertenecía a una misma razón arquetípica de universo, la que se reflejaba en la mente humana infundiéndole la capacidad para reconocer el orden cósmico. Dicho de otro modo: la naturaleza humana lo penetraba todo y la mente humana no era otra cosa que una expresión del ser esencial de la naturaleza.

La mente occidental ha peleado durante siglos y con pasión por lo que creía era su independencia y su luz, forjando su yo autónomo individual, la posición epistemológica cartesiano-kantiana que en los últimos siglos ha sido el paradigma dominante del pensamiento moderno. Pero ahora, en este siglo nuevo, vuelve a reunirse con el fundamento de su ser apelando a una perspectiva epistemológica más refinada: los principios subjetivos que determinan nuestro conocimiento del mundo no pertenecen al sujeto humano aislado, son en realidad expresión del ser propio del mundo. La realidad no es ni fenoménica ni objetiva, ni interior ni exterior: es el propio ser del pensar humano. El «a priori» es nuestra pertenencia al cosmos. Casi al mismo tiempo que la Ilustración llegaba a su climax filosófico con Kant, comenzaba a surgir una perspectiva epistemológica completamente distinta, perceptible primero en Goethe con su estudio de las formas naturales, desarrollada en nuevas direcciones por Schiller, Schelling, Coleridge y Hegel, y expuesta sistemáticamente en el siglo pasado por Rudolf Steiner. A la psicología profunda de Freud y Jung le tocó, por fin, el destino y la carga de mediar el acceso de la mente moderna a las realidades y las fuerzas arquetípicas; disolver, con ello, la cosmovisión dualista y volver a conectar el yo con el mundo.

Platón, que fue el teórico defensor más eminente de aquella «peculiaridad asombrosa» con que el mundo griego interpretó el cosmos mediante intuiciones arquetípicas, recomendó el estudio de los astros como particularmente importante para la adquisición de sabiduría en este sentido. Ello ejerció una decisiva influencia sobre la evolución de la cosmovisión occidental; quizá fue su factor más importante, tanto por el dinamismo como por la continuidad que dio a su esfuerzo para comprender el cosmos físico. El «misterio de los planetas», como lo llamaba Platón, y la larga y ardua lucha por desvelarlo, culminarían dos mil años después con las obras de Copérnico y Kepler y con la revolución científica que ellos iniciaron.

El pensamiento moderno tiene que abordar la crisis del yo y de su contemporánea cosmovisión, para lo que ha de introducir un corpus de evidencias, un nuevo método de investigación y una emergente perspectiva cosmológica, con lo que esperan poder ayudar a vencer la crisis de hoy. No se necesita tener visión profética para saber que estamos en uno de esos raros momentos de la historia, como el final de la antigüedad clásica o el comienzo de la edad moderna, que a través de gran tensión y lucha alumbraron una transformación verdaderamente seria y fundamental de los supuestos y principios subyacentes como arquetipos a la visión del mundo. Contamos con recursos sin precedentes para abordar creativamente nuestros problemas, pero el gran enigma del momento actual es que parece como si al iniciar ese abordaje se nos negara, sin embargo, algún contexto de mayor alcance o más profundo para hacerlo; como si una fuerza invisible nos negara capacidad y decisión para ello.

En los momentos más creativos de su historia, el mundo occidental siempre ha tenido en cuenta la astrología. Por ella anduvieron Aristóteles, Platón, Dante, Goethe, Yeats, Jung, Kepler... Al propio Newton los astros le condujeron hasta las matemáticas. En el momento actual un pensador norteamericano llamado Richard Tarnas, académico de máxima altura, se ha sentido atraído por un hecho evidente: la correlación existente entre la era axial –así se llama al periodo comprendido entre los siglos VI y V antes de Cristo– y determinadas configuraciones planetarias produjo una formidable eclosión de pensadores que todavía influyen en la personalidad humana. Buda, Confucio, los jainistas indios, Laot Tse, Pitágoras, los profetas hebreos, Sócrates, y Zoroastro, por ejemplo, vivieron cuando Urano, Neptuno y Plutón se alineaban de modo casi perfecto. Según Tarnas, las alineaciones entre dos de estos tres planetas siempre han coincidido con revoluciones de pensamiento y conciencia. Ahora se alinean Plutón y Urano. ¿Será necesario que se alinee Neptuno también para que se produzca una eclosión semejante a la antes citada?

La verdad es que los astros no son causa de nada. Simplemente señalan lo que está sucediendo en el cosmos, igual que las manecillas del reloj no hacen el tiempo aunque marquen las horas más vacuas o más arquetípicas de cada persona. Las cartas astrales indican algo seguro: el momento en que se encuentra el movimiento de una parte del cosmos, aquella que recoge cada carta; y algo dudoso o interpretable: el modo y el grado de transformación psíquica que puede estarse produciendo en esa parte del cosmos. Para Tarnas y sus seguidores no existe una psique dentro y un cosmos fuera, sino una dinámica cósmica integrada por lo que retrata la carta astral y «la procesión» que cada uno de los elementos retratados lleva por dentro y contribuye a crear con los demás hacia fuera. La astrología, según tales pensadores, puede en consecuencia trazar diagramas sobre el ayer, el hoy y el mañana, porque cosmos y psique son dos formulaciones de una misma realidad. Toda la vida que existe en un determinado momento respira si no al unísono sí armónicamente. Hay una dinámica cósmica, una melodía que cada yo, cada ser, entona, reproduce o interpreta a su estilo. Cuál es la entidad de esa dinámica, y cómo funciona, son hasta ahora dos misterios que la ciencia no ha podido desvelar.

Tarnas y los «parnasianos» se empeñan, mediante su «Astrología arquetipal», en descifrar cómo las conjunciones de los astros visibilizan la dinámica cósmica o la arquetípica dinámica de la psique. En ello concuerdan con los actuales enfoques de la psicología transpersonal, la física cuántica, la teoría del caos y de los fractales, la ecología, la teoría de Gaia, la filosofía holística, y todos los demás esfuerzos científicos que hoy se hacen para encontrar una teoría unificada del Cosmos.

La astrología arquetipal sirve para intuir el movimiento profundo de la evolución humana, de igual modo que el buen surfista, al salvar y usar el movimiento, la fuerza y el impulso de cada ola está en condiciones de intuir y utilizar mejor la siguiente. Claro es que la astrología arquetipal no es una ciencia exacta. Pero, ¿quién de verdad puede negar que sea una puerta abierta a un nuevo camino de ilusiones y realidades?


LA PÉRDIDA DE ESPAÑA
Pío Moa

LibertadDigital.com




Mientras en España el reino hispano-godo proseguía su vida, cambios de la mayor trascendencia histórica estaban en marcha en Oriente Próximo y el norte de África: en menos de treinta años, desde 632 –tiempos de Sisenando–, unos ejércitos poco numerosos de gentes del desierto arábigo habían destruido el imperio sasánida, una verdadera superpotencia de la época, que pasaba por dificultades internas, pero no mayores que las superadas en otras ocasiones.

Habían conquistado también gran parte del imperio bizantino, incluyendo Jerusalén y Palestina, y se habían extendido por Egipto y la actual Libia. Expansión asombrosa y catastrófica para los cristianos, de la que tuvieron que llegar bastantes noticias a España, a través de los bizantinos, de Roma y de gentes del norte de África, aunque no tenemos constancia de ello ni de su efecto sobre las elites políticas. En 661, reinando Recesvinto, la amenaza se hacía mucho más inminente, al apoderarse los árabes de Bizerta, en Túnez; en 665 emprendieron el asalto al Magreb, aunque solo desde 683 esa invasión cobraría verdadero impulso. Según tradiciones posteriores, Wamba habría vencido un intento de invasión árabe de 270 barcos, y otras fuentes hablan de incursiones y razzias musulmanas en la costa sureste de España. De ser así, los ataques provendrían de la no lejana Túnez, aunque quizá se mezclaban con incursiones berberiscas, no infrecuentes desde los tiempos de Roma. En todo caso, está claro que había en puertas un nuevo enemigo, excepcionalmente peligroso.

El año 700 finó Witiza, no se sabe si de muerte natural o asesinado, y quizá intentó antes la sucesión de alguno de sus hijos, de muy corta edad aún. Pero la nobleza retornó, una vez más, al principio electoral y votó por otro noble, Roderico o Don Rodrigo, duque de la Bética y renombrado experto militar. La elección no fue reconocida por los nobles vinculados a Witiza, la cual se agrupó en torno a Agila, jefe de la facción y muy improbable hijo del rey difunto, como a veces se ha creído. Los witizanos fraguaron una rebelión desde el valle del Ebro hasta la Septimania, acaso concertándose con francos y vascones, como había ocurrido en otras revueltas. Y también parece normal, dentro de esa tradición, que recurrieran a los musulmanes, ya presentes al otro lado del estrecho, hasta Ceuta, y preparados para saltar a la península. El gobernador de Ceuta, llamado Julián o Don Julián, cuya hija Caba habría sido violada por Rodrigo, según la leyenda, pertenecía al bando witizano, y debió de ser quien, junto con Oppas, obispo de Toledo, fraguó los tratos con Tárik ben Siad, lugarteniente moro del general árabe Muza o Musa ben Nusair, conquistador del Magreb.

Los musulmanes eligieron muy bien el momento de atacar, cuando Rodrigo se hallaba guerreando lejos, en el noreste peninsular, contra witizanos o vascones. Sin haber alcanzado allí una decisión clara, el rey juzgó prioritaria la amenaza del sur, quizá llegó a un acuerdo aparente con los witizanos y marchó hacia el mediodía con un ejército estimado en cifras tan divergentes como 100.000, 40.000 ó 25.000 soldados. Ejército suficiente, en cualquier caso, contra unos enemigos estimables en unos 12.000 hombres, en su mayoría beréberes recién islamizados… pero minado por la facción witizana. En torno al 19 de julio de 711 tuvo lugar la batalla decisiva, junto al río Guadalete o algún otro punto próximo. Los witizanos desampararon a Rodrigo en el momento culminante del combate y su traición decidió la victoria muslim.
Es imposible que el acuerdo entre witizanos y Tárik incluyese la cesión del control político de España, pero los invasores, habituados a explotar sus éxitos sin demora, percibieron la debilidad esencial del reino español. Sin dejar tiempo a que la facción rodriguista se reagrupara, la remataron en Écija y continuaron sin detenerse su avance por el valle del Betis, la región más rica del país, para subir desde Córdoba a Toledo. Encontraron la capital desierta por haber huido apresuradamente la población y los magnates, y capturaron allí el fabuloso tesoro de los visigodos, privándoles así de recursos financieros. Destruidos sus centros de poder y dispersas sus fuerzas militares, el reino quedó incapacitado para reaccionar, con el bando de Rodrigo prácticamente liquidado o disperso y la facción de Witiza desconcertada, a la espera de que sus aliados o mercenarios moros le transfirieran el poder. Los invasores se vieron ayudados, además, por los judíos, que les abrían las puertas y quedaban a veces como gobernadores de las plazas mientras Tárik proseguía su ofensiva. Esta situación en extremo confusa facilitó la ocupación de otros centros clave del país.

Conseguidos sus objetivos principales, Tárik esperó la autorización de Muza para continuar. Al año siguiente Muza, con un nuevo ejército, esta vez árabe, avanzó sobre Mérida, que le resistió durante un año, y continuó hasta tomar Astorga y Amaya, bases de contención de astures y cántabros.

Entre tanto, debió de producirse un embarazoso episodio al reclamar el reino Agila, jefe de los witizanos. Tárik lo remitió a Muza, y este lo envió a Damasco, sede del poder árabe, para que el califa decidiera. Agila y los suyos parecen haber sido acogidos con grandes honores, pero solo pudieron obtener una cuantiosa recompensa por su traición, convirtiéndose, Agila y sus hermanos, en los mayores terratenientes de España, con las 3.000 fincas adscritas a la realeza desde antaño. El acuerdo acabaría de desmoralizar a unos y alentaría a otros jefes witizanos a concluir tratos semejantes, como ocurrió con Teodomiro de Orihuela y varios más, mientras algunos, puestos ya al servicio de los invasores, animaban abiertamente al entreguismo, sacando de él la mejor tajada posible: después de todo, los triunfadores eran demasiado pocos y atrasados, y necesitarían una elite de colaboradores a quienes sólo podían tratar privilegiadamente. Así, los musulmanes habían conquistado la mayor parte de España en sólo dos años, y al siguiente vencieron la resistencia de Zaragoza, ocupando el valle del Ebro y el noreste, asegurándose el conjunto de la península y la Narbonense en otro par de campañas. En apenas cinco o seis años la conquista de España quedó completada, aunque su dominio sobre la Cordillera Cantábrica y el Pirineo Occidental debió de ser precario, como en los últimos tiempos de Roma y con los godos.

Este esquema, extraído de diversos relatos y prescindiendo de numerosos elementos legendarios, puede considerarse bastante probable, aunque el modo preciso como transcurrió la invasión permanecerá para siempre oscuro, dada la escasez de las fuentes, las contradicciones entre ellas y los datos fantásticos que suelen adornarlas.

Los triunfantes invasores llamaron a España Al Ándalus, término de incierto significado: se lo ha asimilado a «tierra de vándalos», lo cual tendría cierto sentido para Túnez o Argelia, pero no para España. En cualquier caso, no se trataba de un mero cambio de nombre, pues implicaba una radical transformación de la cultura en todos sus aspectos, desde la religión a la administración o el idioma… Toda la construcción cultural desde la llegada de Escipión, nueve siglos antes, parecía a punto de desplomarse y perderse en las brumas de la historia, como sucedería en el norte de África y Oriente Próximo.

Dada la relativa rapidez de la caída hispano-goda, se le buscaron explicaciones moralizantes, exagerando con ese fin los pecados de todo género y la degradación moral en que habría caído el gobierno godo. De modo similar, en épocas muy posteriores se ha querido explicar el suceso suponiendo que el reino se hallaba carcomido en su interior y al borde del derrumbe; o incluso que no existió la invasión, sino una especie de «implantación»: ocurrencia próxima a la simple sandez, algo muy frecuente, por lo demás, en la España actual.


LA HORA DEL «NO A ETA»  EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN
Juan Cruz Osta

Periodista Digital



No hay excusa. ¿O sí? ETA ha truncado por la mitad la vida de una persona, el brigada Luis Conde. A toda España se le ha encogido el alma al ver a su hijo en televisión gritando a los asesinos que no se van a salir con la suya. Es el momento. San Sebastián está plagada de artistas españoles del cine. Siempre con las causas justas, seguro que ya están preparando una valiente clausura del Festival Internacional de Cine contra ETA. ¿O no?

Javier Bardem ha acudido a la capital guipuzcoana al Festival Internacional de Cine a recoger su premio. El hijo de Pilar Bardem, reconocido actor, no olvidó la causa saharaui a la hora de alzar el premio que reconocía su trayectoria.

No han escondido el grupo de actores, actrices, directores y demás artistas del mundo de la cinematografía en España sus reivindicaciones. Algunos destacaron por el accidente del Prestige, sumándose a la iniciativa Nunca Mais. Pero la gran mayoría saltaron a la calle, y de ahí, incluso, a la tribuna de invitados del Congreso de los Diputados, para solicitar al Gobierno de Aznar que no apoyara la Guerra de Iraq.

Su «no a la guerra», a la de Iraq, copó unos de los soporíferos espectáculos que preparan en la televisión pública para repartir goyas a unas producciones que en su inmensa mayoría no reciben ningún tipo de respaldo del público. «No a la guerra» en camisetas, en pegatinas y en los discursos. Y, subvencionada siempre, prepararon su fiesta reivindicativa.

Pero tampoco ha sido lo único. Antes de las elecciones de 2004, unos cuantos directores y demás personas del mundo del cine se unieron para hacer una película recordando los problemas que había creado el gobierno que por aquel entonces dirigía José María Aznar. Con el sugestivo título de «Hay motivo», la iniciativa no recabó el respaldo del público, como buena película española que era. Entre otros motivos, ahí estaba el problema de los parados. ¿No hay motivo ahora? Sospechoso.

Ahora contra ETA

Mucho se les ha sugerido que den su apoyo popular a una de las causas que más turba la vida en España desde hace ya 50 años: el terrorismo de ETA. Pero poco –o nada– han hecho.

O más bien sí. Aunque se hayan mantenido silentes durante décadas, en los últimos años, obedientes, cuando la ciudadanía comenzaba a ver preocupante el comportamiento de Zapatero y su Gobierno con la banda terrorista –y sus ataques a las víctimas de esta misma banda terrorista– no dudaron en echarse a la calle a defender la política del gobierno socialista.

Cuando el gobierno y su coro mediático trataba de hacer ver a los españoles que fruncían el ceño al decir que Otegui, De Juana Chaos y otros terroristas se habían convertido en hombres de paz, cuando analistas políticos alineados con el Ejecutivo de Zapatero trataban de poner el foco de la culpabilidad en todo el que decía que ETA hizo, hace y hará lo único que sabe, los conocidos como «titiriteros» cerraron filas con el poder.

Para la memoria reciente de este país queda la imagen de la actriz Pilar Bardem, feroz militante anti-PP, entregándole una rosa blanca a Jone Goirizelaia, ex diputada de Batasuna-ETA y abogada de etarras. Las víctimas de ETA, cabizbajas, pidieron a las actrices que lleven esas rosas a las tumbas de los asesinados por la banda. No hay constancia de que aceptaran la proposición.

A pocos días de poner fin al Festival de Cine de San Sebastián –y cuando el Gobierno ha vuelto a la senda de la derrota de ETA–, el grupo de artistas del cine tiene una oportunidad de oro para acallar a todos aquellos que les acusan de no ser valientes contra el terrorismo.

Seguro que ya están preparando las camisetas con un simple ETA No. No hay duda de que las pancartas están de nuevo dispuestas para mostrar su repulsa a la banda terrorista. La clausura del Festival se convertirá –incluso con el apoyo de la organización– en una fiesta por la libertad y contra los actos asesinos de una panda de mafiosos que no deja vivir en paz a una parte de la sociedad vasca. Es la hora de la verdad, chicos.


 
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