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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 430
Miércoles, 01 octubre a las 17:52:07

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 430 –  30 de septiembre de 2008

SUMARIO

  1. Ibarretxe y la sentencia del TC. Libertad Digital 
  2. Divar elogia al único presidente del Poder Judicial que fue elegido sin injerencias políticas. José L. Lobo 
  3. La corrupción es más cara que a honradez. ¿Y qué fue de Kasandra?. Arturo Robsy 
  4. Una tarea para Garzón. Luis María Bandieri 
  5. Los «Progres» de la alfombra rosa de San Sebastián. Rosa Díez 
  6. El presidente Ortega, pederasta y violador. Luis Mª Anson 
  7. El científico metido a teólogo. José Luis Restán



 

IBARRETXE Y LA SENTENCIA DEL TC
LIBERTAD DIGITAL

El lehendakari, Juan José Ibarretxe, afirmó este viernes que se llegará a celebrar la consulta «pese a los límites de la alambrada» que el PSOE y PP han puesto a través del Tribunal Constitucional. Tras calificar de «pírrica víctoria» la del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, al «imponer» la suspensión de la Ley de Consulta, aseguró que los vascos reclamarán en Europa el derecho a decidir porque el Estado español «está violando el Convenio Europeo de Derechos Humanos».

Durante su intervención en el último pleno de política general de este legislatura, el jefe del Ejecutivo vasco aseguró que los miembros del Gobierno vasco, «a título personal, junto con otros miles y miles de ciudadanos vascos, van a alzar su voz en Europa con el objetivo de restituir el derecho de opinión y participación política, que injusta e incomprensiblemente ha sido suspendido».

«Si una simple consulta puede poner en riesgo, nada más y nada menos, que la sacrosanta soberanía de la nación española, es que realmente la nación española es muy endeble», aseveró. Tras señalar que sólo podrá existir «una relación de convivencia libre entre el pueblo vasco y el pueblo español» si a los vascos se les permite expresar su opinión al respecto, Ibarretxe aseguró que la decisión del Constitucional es «un ataque frontal al autogobierno político», por lo que apostó «por una respuesta serena y pacífica, pero también firme y contundente».

En este sentido, destacó que la sociedad «le ha quitado a ETA la llave y el protagonismo» porque «ETA jamás decidirá el futuro de la sociedad vasca». Por ello, emplazó a la banda terrorista a que deje de «asesinar y extorsionar, de una vez y para siempre». El lehendakari centró su discurso en asegurar que hay que afrontar tres grandes obstáculos, la ruptura de la tregua por parte de ETA, la suspensión de la Ley de la Consulta y la crisis económica internacional.

Además, ha insistido hoy en que la consulta, «más pronto que tarde, será inevitable» para lograr la solución del «conflicto vasco». La línea en la que «sigo creyendo es un diálogo sin exclusiones», para alcanzar un acuerdo que contemple «el reconocimiento de la existencia del pueblo vasco y el derecho a decidir su propio futuro».

Por ello, ha criticado los recursos del Gobierno y del PP a la Ley de Consulta y la sentencia del Constitucional, en los que se han utilizado «argumentos que me recuerdan a los de la España imperial, una, grande y libre, que esgrimió la dictadura franquista». «Hoy, como entonces, el pueblo vasco no se resigna», ha añadido Ibarretxe, quien ha denunciado que «si una simple consulta puede poner en riesgo la sacrosanta soberanía de la nación española es que realmente la nación española es muy endeble».


DÍVAR ELOGIA AL ÚNICO PRESIDENTE DEL PODER JUDICIAL QUE FUE ELEGIDO SIN INJERENCIAS POLÍTICAS
José L. Lobo
El Confidencial


El anodino y previsible discurso pronunciado ayer por Carlos Dívar ante el Rey durante la solemne apertura del año judicial sólo brindó dos momentos excitantes: su defensa de la independencia judicial, que «debe ser respetada a ultranza», y los elogios a Federico Sáinz de Robles, el primer y único presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) que fue elegido exclusivamente por jueces y juristas, sin interferencias de los partidos políticos.

El gesto de Dívar, que ayer tomó posesión como nuevo presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, no debió pasar inadvertido a algunos de los invitados que abarrotaban el Salón de Plenos del alto tribunal, entre ellos el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, y los vocales entrantes y salientes del CGPJ. Tras exigir «respeto» a la independencia judicial, Dívar concluyó su discurso, en presencia de don Juan Carlos, con estas palabras: «Como hace 25 años proclamó, en este mismo lugar, quien fue el primer presidente del Consejo General del Poder Judicial, Federico Carlos Sáinz de Robles, es la hora de la Justicia».

Lo que Dívar no dijo, pero quiso decir, es que Sáinz de Robles, fallecido en 2005, ha sido el único presidente del CGPJ en la historia de la democracia elegido íntegramente por jueces y juristas. Todos los demás, incluido el propio Dívar, fueron seleccionados por las fuerzas mayoritarias con representación parlamentaria en función de cuotas partidistas y afinidades políticas, circunstancia que ha lastrado desde hace casi un cuarto de siglo la supuesta independencia del Poder Judicial.

El propio ministro de Justicia ha cuestionado abiertamente el vigente sistema de elección del CGPJ, que, a su juicio, debe ser reformado para evitar su instrumentalización por los partidos políticos. «Hay que darle una vuelta profunda a su regulación», señaló Fernández Bermejo hace poco más de dos semanas, e inmediatamente fue desautorizado por la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, que advirtió de que modificar el mecanismo de elección del órgano de gobierno de los jueces haría necesaria una reforma de la Constitución.

Antídoto contra el corporativismo

Sáinz de Robles ejerció el cargo de presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo entre 1980 y 1985. La legislación vigente en aquella época establecía que los 12 vocales del CGPJ de procedencia judicial –jueces y magistrados– debían ser elegidos exclusivamente por los miembros de la judicatura en servicio activo, sin intervención alguna de los partidos políticos. Y esos vocales, a su vez, designaron a Sáinz de Robles como su presidente.

Pero en 1985, tras el cese de Sáinz de Robles, el Gobierno de Felipe González, que gozaba de mayoría absoluta, modificó la ley y cambió el sistema de elección, despojando a los miembros de la judicatura de esa prerrogativa. A partir de entonces, los 12 vocales de procedencia judicial fueron elegidos íntegramente por el Parlamento –seis por el Congreso y los otros seis por el Senado–, como ocurre en la actualidad. Los socialistas justificaron su decisión con el argumento de que el nuevo sistema serviría como antídoto contra el corporativismo de los jueces. Pero lo que no pudieron evitar es que ese mecanismo degenerase en un instrumento de contaminación partidista que alimentó la subordinación del poder judicial al político.

La alusión de Dívar, en el acto de ayer, a la figura de Sáinz de Robles no debió ser casual. Sobre todo porque, mediado ya su discurso, de marcado carácter institucional, el nuevo presidente del CGPJ afirmó: «La independencia judicial, que en nuestro sistema se define como la sola sumisión del juez a la ley y al derecho, debe ser respetada a ultranza, debiendo soslayarse cualquier riesgo de verse menoscabada».
Uno de los nuevos vocales del CGPJ, considerado muy próximo al PSOE, rechazó ayer las feroces críticas que el órgano de gobierno de los jueces ha recibido estos días por su sumisión a los partidos políticos mayoritarios. Al término del acto celebrado en el Tribunal Supremo, señaló a El Confidencial: «Si el sistema actual no gusta, habrá que cambiarlo».

¿Y QUÉ FUE DE KASANDRA?
Arturo Robsy

La corrupción es más cara que la honradez.

Kansandra era la hija rara de Príamo y Hécuba; la hermana extraña de Héctor y de Paris, o sea la cuñada de Helena de Troya. Antes mujer de Menelao.

Bien pronto se dedico a la profecía. Eran, más o menos, los tiempos de las jeremiadas, y los augurios no solían ser ventajosos para nadie. Y en eso la insuperable era Kasandra, que acertaba todas las calamidades, pero. En este asunto los dioses griegos, tan marrulleros como sus fieles, cometieron con ella la mayor salvajada: veía el futuro, o sea la verdad, pero nadie podía creerla. Una maldición que le echó Apolo porque Kasandra, mocita y la más bella de las hijas de Príamo, domador de caballos, consintió en tener un lío con el dios a cambio del don de la profecía. Consentimiento que no llegó a nada y Apolo, como era costumbre en el Olimpo, se vengó. Y de modo sutil.

Kasandra fue llamada también Alexandra y, terminada la guerra de Troya, se la llevaron los vencedores, concretamente Agamenón, que navegaba hacia la muerte. Kasandra se lo predijo pero, como era mujer increíble, Agamenón acabó asesinado por su mujer, Cliptemnestra, famosa adúltera griega.

Micenas presumió de guardar la tumba de la profetisa, pero no parece cierto. Kasandra casó con comerciante y acabó en España, cuando los griegos substituyeron a los establecimientos cretenses de la costa. Es más que probable que aquí formara una familia, a condición de no profetizar cosas peligrosas, como que la dracma bajaría de valor, aunque daba igual porque los paletos ibéricos tampoco la hubieran creído.
Pero quedó la estirpe y la constancia histórica y diga quién no haya dicho, al menos, una vez, que nadie es profeta en su tierra. Va por Kasandra. La hermosa troyana no consiguió que la entendieran aquí tampoco, pero se acabó formando un coro de profetas malditos, apedreados las más veces como si anduvieran locos por esos caminos. ¿Quién, si no, le dijo a Viriato que anduviera con cuidado al andar por el campamento? ¿Quién llamó a Numancia «la segunda Troya que también perecería por el fuego»?

De hecho, el idiotismo del profeta en su tierra llegó, de lo profundo del tiempo, acompañado por la constancia de que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y España es tierra rica en sordos voluntarios que acaban dándonos tan mala vida a los demás. ¿Cómo Carlos IV y Godoy no oyeron los planes napoleónicos de invasión de España? No, si sólo venimos a zurrarle a Portugal. Ya. Hitler, que sabía historia y sabía que los españoles no solemos, le colocó a Franco la misma excusa: Sólo es ir a Gibraltar. Sólo que Franco era uno de los raros españoles que sí sabía nuestra historia negra y Don Adolfo no pasó el Pirineo.

¿Cómo tantos españoles no oímos a Largo Caballero ni a Indalecio Prieto dando discursos advirtiendo que «vamos a la guerra civil». Así de claro. Algunos años después hicieron lo que amenazaban y la gente, hasta los rojos, andaba por las calles preguntándose «¿quién lo iba a decir?». Y en lo moderno de la transición sólo unas gentes de un pueblo de Teruel, al ver llegar una caravana de coches con las banderas rojas al viento, echaron a correr gritado: esconded las gallinas, que vienen los rojos. Es cierto.

Luego llegó Felípez prometiendo un millón de puestos de trabajo y de uno pasamos a dos millones de parados y a una crisis con inflación que saltaba los ojos. Por incrédulos. Y, además, lo de los grandes del PSOE en las cárceles y otros acarreando dinero en bolsas de deportes.
Cuando hubo que votar «No» a Zapatero, muchos profetizamos sin esfuerzo que no hay socialismo sin crisis y paro. Debíamos descender todos de Kasandra, porque el aún gobierno del PP ni siquiera usó ese argumento que, por cierto, tampoco le hubieran creído a Rajoy.

En la segunda ocasión de votar que no a Zapatero, la crisis ya enseñaba los colmillos, pero los socialistas, en un alarde de control informativo, dijeron algo como ¿Qué crisis? Esta de aquí, ya ven ustedes, señores españoles, que es que –otra cosa casandrina– nadie escarmienta en cabeza ajena. Y ya llevamos más de un millón de parados nuevos mientras que el profeta oficial y ministro de economía, Solbes le dicen, da orden y contraorden, todo en uno, y así andamos nosotros en puro desorden.

Un ejemplo sencillo: En las Baleares, sumándose todos los partidos a falta de un Consejero para tener mayoría absoluta el PP, gobierna el PSOE desde hace año y poco. Los que entronizaron al rojo Antich, cuyo apellido no es todo lo moderno que reclaman para sí los socialistas, han contraído una deuda de sordera ante las profecías. Porque también se veía venir.

De este modo se acaba de saber que la deuda de Baleares ha crecido un 27 por cien en el último año. Y los socialistas y sus aliados separatistas, impasibles. Nadie –ya cuidan de ello– les echará la culpa. Socialismo es inmunidad, ya se sabe. Crisis e inmunidad. Quinientos millones más de deuda durante un año, y nadie pude decir que se tengan más atenciones. Al contrario: la enseñanza y todo lo demás, como el fracaso escolar, aumenta más que en ningún otro sitio. Y las empresas públicas, socialistas de pro, deben 673 millones de Euros: un 36% más que antaño, hay que ver cómo se disuelve el dinero en manos de estos tíos.

No les importa porque la gente es muy refractaria a los números. Y porque la misma gente sabe que esto de ahora no es crisis sino ligera flojera. Se lo han dicho los jerarcas. Y eso que todos estábamos avisados de cuánto se endeudaron los socialistas en la anterior ocasión en que gobernaron sobre las islas. Uno de estos días, con su maña, hundirán alguna en el fondo del mar.

No es buen asunto hacer artículos con números por todas partes, porque la gente les huye. Nadie obliga a saber algo de cuentas. Ni Garzón. Por eso lo diré en términos históricos: Algo así, como la suma de los 10 presupuestos generales de los gobiernos de Franco.
Multiplique el curioso la deuda absoluta de 17.800.000.000 euros, por las ciento sesenta y tantas pesetas que vale cada uno y sabrá cuánto es de verdad la cantidad. Una abrumación. Y téngase en cuenta que el último presupueto nacional en tiempo de Franco no llegó a los 700.000 millones de pesetas.

Apenas un grano de anís.

Decirlo, de todos modos, es competir con Kasandra y saber que nadie pedirá explicaciones: unos por no sumar y otros porque no se sepa que saben.

UNA TAREA PARA GARZÓN
Luis María Bandieri

 Remontemos nuestro recuerdo al Paleolítico superior. Por entonces, en Europa, con vestigios que se encuentran desde España hasta Ucrania, convivían dos especies de hombres, afines pero distintos. Uno es el que llamamos Hombre de Neanderthal. Otro, el que llamamos Hombre de Cromagnon. Los neandertales eran más pequeños de estatura, de lóbulo frontal prominente, nariz ancha y mentón huidizo. Poseían una elevada capacidad craneal, enterraban a sus muertos, cuidaban a los heridos y enfermos, demostrando en ello habilidad, fabricaban herramientas y desarrollaban su arte. Los cromañones tenían una conformación craneana parecida a la nuestra, eran más altos y nos han quedado también restos de sus herramientas y de sus manifestaciones artísticas. Se supone que esta cohabitación pudo durar unos diez mil años. Seguramente se comunicaron y hasta comerciaron entre ellos. Los estudios genéticos actuales demuestran que eran dos especies con genomas diferenciados en sus secuencias. Si se unieron entre ellos, pues, sólo pudieron nacer de allí híbridos. En algún momento del Paleolítico superior, los neandertales desaparecen y sólo señorean a partir de allí los cromañones, antepasados directos del homo sapiens sapiens, es decir, de nuestra especie. Se han ensayado diversas explicaciones sobre la desaparición de los neandertales. La más probable es que hayan sido exterminados por los cromañones, que desarrollaron armamento y técnicas guerreras superiores. A veces se utiliza el circunloquio de «perdedores en la competencia ecológica» para señalar por qué unos sobrevivieron y otros no. Pero, con esto, sólo estaríamos explicando el exterminio de los neandertales atribuyéndolo a una lucha por los recursos. Por un lado, abonan la teoría del exterminio los procederes violentos a que el linaje de los cromañones ha echado mano repetidas veces desde el paleolítico hasta aquí: el arma más peligrosa que el homo sapiens ha inventado es el propio homo sapiens. Por otra parte, si se examinan las descripciones que a lo largo de la historia se han realizado de los neandertales, se verá que se los pinta como Untermenschen, subhombres, cuyo destino era desaparecer (sabemos muy bien adónde conduce este tipo de discurso). En definitiva, parece que nuestra especie viene de un genocidio inicial: el cometido por los cromañones, nuestros antepasados, respecto de los neandertales, nuestros primos genéticos, de los cuales no ha quedado descendencia que por ellos hable. Un crimen imperdonable e imprescriptible, casi perfecto, porque los únicos que podemos plantearlo somos los descendientes de los asesinos, con cierta natural tendencia a pasar por alto, disimular o justificar torcidamente la mano airada de nuestros antepasados. Somos jueces y parte, y nos inclinamos a autoabsolvernos, porque ya dice gráficamente el refrán español: quien a sí mismo se capa, buenos c… se deja. Tan sólo una persona, en la presente humanidad, me parece que puede, con libertad íntima e independencia práctica, tomar sobre sus hombros la tarea de enjuiciar lo que pasó allá lejos, en el Paleolítico. Me refiero al juez de la Audiencia Nacional de España, don Baltazar Garzón (en cuya jurisdicción territorial, por otra parte, se encuentran suficientes vestigios, como los de la Cueva del Castillo, por citar alguno). Ello le permitiría, llegado el caso, procesar a la entera humanidad, siquiera por encubrimiento en sus integrantes actuales, lo que podría considerarse el culmen insuperable de la actividad de un juez del crimen. Y quizás llegaría hasta ordenar su captura, lo que presenta no pocos inconvenientes prácticos, aunque a don Baltazar ya algo se le ocurrirá al respecto.

Lo importante es lavar de una buena vez nuestro maltrecho honor de hijos de cromañones. Tarea, únicamente, para Garzón.


LOS «PROGRES»  DE LA ALFOMBRA ROSA DE SAN SEBASTIAN
Rosa Díez

Un año más han sido desoídas las peticiones de que el Festival de Cine, en su sesión de clausura –o en otra, que lo mismo hubiera dado ya– hiciera una declaración oficial de rechazo a la acción terrorista de ETA y una proclama de solidaridad con la familia de su última víctima mortal, el brigada Luis Conde. Unión Progreso y Democracia envió una carta al Director del Festival solicitando formalmente un minuto de silencio; inútil intento. El Festival, con su flamante alfombra rosa, acoge todo gesto de solidaridad con víctimas lejanas y premia películas comprometidas, siempre que el compromiso y el denunciado queden a cientos o miles de kilómetros de su alfombra rosa. Los actores como Bardem recogen merecidos premios a su carrera recordando al sufrido pueblo saharaui; pero no pronuncian nunca jamás la palabra ETA. Los saharauis y los marroquíes están lejos; hablar bien y mal de unos y otros, respectivamente, otorga una pátina de progresía tan bien recompensada en el llamado mundo progre-civilizado. Ni siquiera les pasa factura frente al gobierno de Zapatero que ha roto el tradicional apoyo de España al cumplimiento de la resolución de Naciones Unidas respecto de la autodeterminación del Sahara; porque la familia «progre» del cine español visita los campamentos en los que los saharauis se sienten traicionados por el Gobierno socialista a la vez que firman manifiestos de apoyo electoral a ese mismo gobierno. Es una actitud de compromiso ante los débiles que no sólo resulta gratis: es retribuida por el poder.

Y cada septiembre vienen a San Sebastián. Y hacen discursos progres, hablando de las guerras y de las injusticias del mundo. De todo el mundo menos del mundo cercano, del que pisan, del que les alimenta, del que les ha financiado algunas de las películas con las que empezaron su carrera y con las que se han dado a conocer fuera de nuestras fronteras.

Vienen a San Sebastián y nos dan lecciones de progresía y de ética comprometida. A veces, incluso, regalan rosas blancas a quienes hacen el discurso de los terroristas. Nunca hablan de ETA; ni de sus víctimas. Hablan de paz en el mundo; y de alianza de civilizaciones. Pero no tienen un momento para hablar sobre los crímenes que se cometen a dos horas de coche de la terraza en la que toman el aperitivo. ETA hace estallar tres coches bomba en un fin de semana en el que ellos pasean por la alfombra rosa y no tienen ni un segundo para condenar la muerte y el terror cercano. No huelen la pólvora; ni sienten el dolor de las víctimas. Nada les inquieta su conciencia fuera del «marco incomparable» del Festival que les llena de halagos. Están inmunizados contra el dolor de sus compatriotas. Pagan así –con su silencio y su sonrisa perenne ante el drama provocado por el terrorismo nacionalista vasco– su seguridad. Su indiferencia es su escolta. Pero para defender la libertad y la seguridad de los mudos y de los indiferentes de la alfombra rosa, de los progres de salón, muchos ciudadanos anónimos tienen que seguir llevando escolta. Y nuestros escudos siguen arriesgando su vida mientras los artistas pasean por la alfombra rosa. Una alfombra rosa que cuidan hombres de uniforme dispuestos a arriesgar su vida para defender la de aquellos que nunca tuvieron hacia ellos ni el más mínimo gesto de solidaridad.

Esta es la historia vergonzosa de un Festival de Cine y de sus protagonistas. Quizá algún día alguien la lleve al cine. Será cuando ETA ya no exista. Y quizá los protagonistas serán los mismos que ahora hacen mutis por el foro. Ojala cuando eso ocurra quede alguien para contar la verdadera historia.

 

EL PRESIDENTE ORTEGA, PEDERASTA Y VIOLADOR
Luis María Anson

El Imparcial


Mario Vargas Llosa, un intelectual puro, siempre al servicio de la verdad, ha denunciado con el valor y la claridad que le caracteriza al déspota de Nicaragua. Daniel Ortega ha vuelto al poder al frente de su banda gansteril, gracias, en parte, a su alianza con otra banda de las mismas características: la del ex-presidente Arnoldo Alemán, un delincuente que cumple condena por ladrón tras esquilmar las arcas del macilento Estado nicaragüense.

Recoge Vargas Llosa el testimonio de Zoilamérica, la hija que el déspota adoptó tras casarse con Rosario Murillo. En 1998, esta mujer sandinista declaró: «Fui acosada y abusada sexualmente por Daniel Ortega desde los 11 años y este abuso se mantuvo por casi 20 años de mi vida». La hija adoptiva de Daniel Ortega ha denunciado las prácticas sexuales a las que el glorioso comandante se entregaba con ella.
Si abusos como los de Daniel Ortega hubieran sido cometidos por un presidente de la derecha, hasta las ranas del estanque del Retiro clamarían hoy contra él y el juez Garzón habría puesto en marcha los mecanismos judiciales internacionales para procesarle. Pero se trata de un amigo de Fidel Castro, de un compadre del caudillo bufón de Venezuela, Hugo Chávez, y, por lo tanto, la Prensa de la izquierda cobarde ha corrido las cortinas del silencio, mientras los progres-caviar callan como putas.

 

EL CIENTÍFICO METIDO A TEÓLOGO
José Luis Restán
PáginasDigital


Stephen Hawking ha recalado en Santiago de Compostela, y en un lugar donde tantos hombres y mujeres buscan desde hace siglos la respuesta a los interrogantes y exigencias fundamentales de su existencia ha formulado una sentencia tan pretenciosa como ramplona: según él, la ciencia está a punto de responder a todas las preguntas que hasta ahora habían sido dominio de las religiones. «Queda ya poco espacio para los milagros y para Dios», sentencia el científico metido a teólogo.

Hay un primer error de bulto que extraña en alguien tan inteligente como Hawking: la idea de que la pretensión de las religiones ha sido responder a las preguntas sobre el cómo de la creación del mundo. Por lo que se refiere al cristianismo, ha sido precisamente en el ámbito de la fe vivida donde se ha sentido la urgencia de investigar y comprender con los instrumentos de la razón, la estructura y la dinámica de la realidad creada. La fe no pretendía responder a esos interrogantes (por el contrario urgía a desplegar la inteligencia de los científicos) sino que ofrecía una respuesta a las preguntas, exigencias y deseos que constituyen radicalmente lo humano. El teorema de Pitágoras, la constitución de la Vía Láctea o la estructura genética del guisante han sido hallazgos de esa ciencia que penetra continuamente en la realidad, pero no responden a la exigencia de sentido con la que nace todo hombre (Hawking incluido), ni a la pregunta por el amor, el dolor o la muerte. Ciertamente el esfuerzo de la ciencia responde al ímpetu de la razón humana, pero no lo agota, porque ésta plantea cuestiones que desbordan el ámbito del conocimiento que puede alcanzar la ciencia.

Con razón se ha fustigado la pretensión de algunos eclesiásticos de convertir la Biblia en un libro de ciencias naturales, pero no menos patética es la figura del científico que pretende derivar de su ciencia el significado de la vida humana, que no puede ser escrutada simplemente con el telescopio o el microscopio. Al contrario de lo que piensa Hawking, el sorprendente desarrollo de la ciencia no ha restado un milímetro de espacio a la pregunta por el Misterio, más aún, como afirmaba su admirado Einstein, la hace aún más acuciante. ¿Qué es la vida, qué es el amor, qué es la muerte, por qué merece la pena construir y sufrir? Es tremenda la pretensión de hacer irrelevantes estas preguntas, como es ridícula la idea de que los hombres alcanzarán la felicidad y la plenitud que ansían una vez que se aclare el big-bang o se desentrañe la última incógnita del genoma humano. La «salida» de Hawking, uno de los científicos más mediáticos del momento, pone de manifiesto la urgencia de ensanchar la razón, como pedía Benedicto XVI en Ratisbona, y muestra el peligro de una ciencia autosuficiente que desprecia las grandes cuestiones a las que desde siempre se han dedicado la filosofía y la teología. La propia ciencia, con su fulgurante desarrollo, está planteándonos preguntas que exceden su propio método. Eludir esto se traduce en una brutal reducción de todo lo humano.
Otro hombre que miraba a las estrellas, el pastor errante de Asia en la célebre poesía de Leopardi, se preguntaba: «cuando miro en el cielo arder las estrellas, me digo pensativo: ¿para qué tantas luces? ¿Qué hace el aire sin fin, y esa profunda, infinita serenidad? ¿Qué significa esta soledad inmensa? ¿Y yo, qué soy?».


 
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