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El Brocal: El Brocal Nº - 70
Martes, 07 octubre a las 18:52:37

El Brocal

REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 70  – 02 de octubre de 2008

SUMARIO



 

EL MÉTODO GARZÓN
Carlos Gregorio Hernandez
Ya.es


Mientras daba mis primeros pasos en la licenciatura de Historia y más allá del maremágnum de asignaturas, la Guerra Civil fue uno de los temas que cautivaron mi interés, porque en ella radicaban buena parte de las claves de la historia contemporánea de España. Desde aquellos tiempos han sido muchas las horas que he dedicado a la lectura e investigación de esta cuestión y especialmente a la represión, que ha sido el caballo de batalla de la historiografía más reciente. Ya por entonces los políticos, con las iniciativas parlamentarias votadas durante las dos legislaturas del Partido Popular, vinieron a inmiscuirse en un tema que en principio había quedado en manos de los historiadores y que ahora, gracias a la providencia del juez Garzón y continuando el trastorno de los pasos lógicos, también se abre a la Justicia.

La intervención de la Justicia en un tema tan polémico como es el de la represión debería ofrecer, al menos a priori, un principio de equidad del que sin duda adolece la extemporánea iniciativa de Garzón. Las manifestaciones del juez en foros internacionales, como hizo durante su estancia en Estados Unidos de 2006, prejuzgando hechos y posicionándose de forma tendenciosa ante los acontecimientos que ahora ha decidido considerar, deberían sin duda inhabilitarle. Si entramos en los detalles de la noticia y observamos el planteamiento de fondo, el juez contribuye a amplificar, tal y como están haciendo los políticos con la cobertura de la Ley de Memoria Histórica, la tesis binaria, sectaria y antihistórica de la historiografía dominante, de la que su acción es una consecuencia lógica. En algunos artículos, con razón, se echa en cara al juez que no contemple los crímenes acaecidos durante la Segunda República, sin los que es imposible entender lo que ocurrió a partir del 17 de julio de 1936, al igual que los crímenes frentepopulistas, que su provisión igualmente omite. Garzón actúa de esta manera tan sectaria porque no juzga sino que sostiene una tesis –un prejucio o juicio previo si ustedes lo prefieren–, dentro de la cual estos y otros hechos carecen de toda relevancia puesto que no se acomodan a ella. Por eso cuantifica nombres, fechas y lugares y no investiga singularmente las causas de cada una de las muertes.

La calificación de los crímenes de los nacionales como de lesa humanidad y no así los de los frentepopulistas le permite situar a unos y otros en planos distintos, llegando incluso a contrariar la expresa voluntad de los familiares, como ocurre en el caso de Federico García Lorca, cuyos descendientes prefieren dejar en paz a los muertos. En sentido contrario y apoyándose en la misma y perversa lógica, mientras perseguía a Pinochet, ya desestimó en 1998 la denuncia contra Santiago Carrillo para procesarle por los hechos de Paracuellos, de los que el socialista fue protagonista. El descrédito del juez ante los españoles debe ser manifiesto por el espíritu sectario y maniqueo que le inspira.
El método Garzón no busca la verdad y, si me lo permiten, es poco serio. La manera de recabar la información de D. Baltasar va a ofrecer un totum revolutum equiparable a obras como la del historiador Santos Juliá, donde se confunde a combatientes con desaparecidos y se hace republicanos a los que murieron siendo nacionales. Los detalles en cada una de las muertes no son una cuestión superflua sino sustantiva a la hora de esclarecer los hechos y dar verdadero sentido a las cifras, que por si solas no dan toda la información necesaria para comprender lo sucedido. Es curioso que entre las organizaciones e instituciones a las que requiere documentación no estén el Archivo Histórico Nacional ni el Archivo de la Guerra Civil. Un historiador –en este caso un juez– con un conocimiento somero de los hechos que se pretenden analizar no podría excluir estas dos instituciones que guardan entre sus fondos material de tanto valor como la Causa General. Aunque sólo estudie los muertos de un bando animo al juez Garzón a solicitar, además de los datos vitales básicos, otros datos adicionales tan importantes como los procesos judiciales, que ayudarían sin duda a desechar la tesis oficial, evidenciando los crímenes que algunos de los represaliados cometieron antes de ser ejecutados por la Justicia del nuevo Estado. No estaría de más que cotejara las piezas del material judicial recopilado en la Causa General para que verificara cuántos de los represaliados lo fueron por haber sido autores o colaboradores de crímenes durante la contienda.

Significativamente entre las organizaciones que han dado pie a la acción del juez Garzón está la CNT. Si la organización de hoy guarda alguna relación con la de ayer, sus compañeros de viaje en la demanda, en la mayoría de los casos comunistas, fueron los principales asesinos de sus conmilitantes de 1936. Los recientes hallazgos en Madrid de unos supuestos restos de Andreu Nin podrían dar pie a que esta organización quisiera también poner sobre la mesa uno de los hechos más significativos de la guerra civil: en el seno del Frente Popular se dilucidó una segunda guerra, que tuvo su punto álgido en mayo de 1937 en Barcelona. El socialista Negrín y sus aliados comunistas asesinaron a los que hasta entonces habían sido sus aliados en la lucha, haciéndose con el control absoluto de la plaza fuerte del anarquismo y, por ende, del Frente Popular. Pese a quien pese, en España los republicanos también mataron a republicanos. Esas víctimas, que son republicanas, no tuvieron ni siquiera una línea de recuerdo en la ley de memoria de Rodríguez Zapatero porque contravienen la tesis oficial y, por lo que se desprende de la providencia de Garzón, seguirán esperando otra ocasión mejor para ser reconocidas.

En este sentido, su petición incluye otras extrañas anomalías, como es el hecho de solicitar los nombres de las personas que yacen en el Valle de los Caídos. Esos hombres no son represaliados, que son los que supuestamente han suscitado el interés de Garzón, sino que se trata de caídos en combate de ambos bandos y que fueron expresamente enterrados en este lugar bajo un ánimo de reconciliación y paz. Ciertamente sería de desear que la petición a la abadía benedictina, aunque errática en origen, le lleve a profundizar, comprender y, en último término, asumir, el sentido con el que fue erigida esa obra y del que carecen sus actos.


EN UN UNIVERSO CURVO Y RETORCIDO
Arturo Robsy


En un universo curvo y retorcido por el magnetismo, era inevitable que surgieran teorías circulares. Casi fundamental. Me referiré ahora a la Teoría Circular Universal, de la Universidad de Trapisonda, pero hay muchas más.

La sociedad, nuestro verdadero universo, se mueve pero no va ni hacia atrás ni adelante: sigue una órbita circular. Pasamos por los mismos lugares, aunque la ropa y los nombres cambien. Nos asaltan las mismas ideas, desde el eterno retorno nietzschiano a las obras grandísimas de Spengler o Marx. Siempre con la idea de que la historia es la maestra de la vida.

El motor de estos ciclos es también circular: la aparición del mismo tipo de hombres, amos y siervos quizá, pero, sin duda, los que no dicen lo que piensan y los que no piensan lo que dicen, señalamiento por cortesía de D. Francisco de Quevedo.

Hombres originales hay pocos y por eso se repiten los momentos que causan y empujan los de tanda. Incluso los originales lo son únicamente en algunos aspectos. La raza se renueva a veces, pero la idea mucho menos, porque la idea cierra las puertas a las ideas, cuando es insistente.

Educar, desde que hubo humanidad, ha sido conducir, llevar, dirigir el pensamiento del educando hacia los dulces pastos. Hoy lo llamamos socializar, según la costumbre del nombre nuevo para el hecho viejo. Y la educación es el aprendizaje, captura, de lo que todos saben, incluidos refranes y costumbres. No se educa en lo que pocos saben, porque saber lo mismo que los demás nos convierte en «demás»; en aceptables. Y algo alienados, por decirlo en marxista.

Aunque lo que compartimos se convierte en común, en lugar común, y pierde consistencia y convicción. Se trata de lo que algunos han confundido con ciclos históricos que son imposibles: La Historia, aún la buena, no piensa. No decide. Se refieren al carácter de la especie, que resiste la escasez pero no la sobreabundancia, porque sucede a menudo que la riqueza es la puerta de la decadencia.

Eliminar esta tendencia es necesario para el poder, de ahí que le sea preciso crear alarmas, crisis periódicas, carencias a tiempos, para estimularnos, para que nadie pueda sentirse tranquilo: El miedo guarda la viña. Se trata a la humanidad como a las gallinas, que ponen más huevos y engordan más de prisa si tienen luz por la noche y no duermen. O como a las vacas que dan más leche con música: tienen alma de artista.

Aristóteles ya se dio cuenta de que la figura perfecta es la esfera. En el espacio; en el plano, el círculo. Para Parménides el ser era esférico e indestructible. La esfera abarca las dimensiones que percibimos y bastantes de las que escapan a nuestros sentidos. Se trata de una unidad sin quiebras; sin ángulos, porque contiene todos los posibles.

El universo, por definición, es sólo el que vemos, aun con máquinas, y el que imaginamos. Hay demasiado que, aunque bien conocido, no percibimos, como el proyectil que, cuando se dispara, pierde la visibilidad en una especie de no existencia: la velocidad del proceso. Lo muy lento y lo muy rápido se nos escapa.

Lo que no vemos y no medimos sigue siendo real y nos afecta como lo demás. Hubo humanidad que no vio los átomos. Tampoco nosotros sin máquinas, pero los sabemos. Ni vio los microbios, las vidas imperceptibles. Ni el magnetismo, del que conocemos sólo algunos de los efectos. Una alineación de átomos que simulan una estructura. Una organización que, sin que sepamos por qué, provoca un flujo de electrones y genera energía aunque no se recargue. De hecho, y con alguna imaginación, es lo más próximo a los motores inmóviles. Al medir sus efectos con limaduras se observa algo esencial: que sus líneas de energía tienen forma esférica o circular en el plano.

La vida física es circular también: ¿Hay alguna razón para que el hombre envejezca y muera? A partir de un punto ya no se crece, se decrece, y es el propio cuerpo quien interrumpe las funciones de regeneración que antes hacía con regularidad. El cuerpo nos mata: lo sabemos pero aún estamos tratando de comprenderlo, porque la muerte, salvo accidente, es suicidio. Es el ciclo básico en el mundo: lo que sube, baja, lo que vive, muere.

Sabemos hacer ratones de vida larga y de vida breve. Y hombres, aunque no se diga tanto. No se ha dicho «hacer» por casualidad: el ratón que vive más, y el que menos, han sido hechos por un pensamiento superior a partir de un ratón normal preexistente. La vida ex novo no la podemos reproducir. Algunos añaden «aún».

También la inteligencia es cíclica. Cualquier verdad descubierta, destapada, la podemos aprender los demás. Lo que no podemos es descubrirla, mirar más allá, salvo algunos privilegiados.

Inteligencia –no «La inteligencia»– pertenece a una ancha familia de palabras que nace de la vieja costumbre de colectar o recolectar, aquella necesidad durante cientos de miles de años. Basta con ponerse a buscar para saber lo difícil que es dejar de hacerlo: huella del hábito del pasado. Cuando se recolecta, se habla, se advierte a los demás, como cuando se caza, que es otra recolección. Inteligencia fue hablar. Inteligencia fue decir palabras mágicas que daban más eficacia. Y de ahí la curación, el médico, a menudo brujo.

En origen la palabra inteligencia abarca «escoger», «recoger», «leer». También «sacrilegio» (leer lo sagrado) y «sortilegio», leer o decir la suerte: la profecía, en suma; un ejercicio de previsión que sólo con inteligencia puede hacerse. Los antepasados remotos procuraban que cada palabra describiera a su modelo real y que se asociara a lo ya conocido, de modo que lo especial de ella es el sentido de búsqueda y hallazgo. Es, pues, «coger», «ley», «leal», «legítimo»: actos inteligentes.

También inteligencia es, en parte, la palabra que define el «logos», tan usado por los primeros filósofos. La «analogía», que es la relación de semejanza entre cosas distintas, y la que nos ha permitido hacer un mundo humano basado en los parecidos. La «lógica», seguramente «la lectura o el habla del «logos». Y la peligrosa «Tautología», la repetición variada de la misma idea. Pregunte a los publicitarios y a los partidos.
Y el círculo, omnipresente: de la búsqueda diligente al hallazgo inteligente, con su extremo final que es la «negligencia», que es nointeligencia. Nosotros, con la complejidad de la vida actual, como sociedad circular hemos entrado en la negligencia. Pocos cumplen. Pocos buscan. Nadie halla ni recoge de lo cubierto y oculto. Una pobreza y una pereza en parte efecto de las barreras excluyentes que suelen levantar los lugares comunes: impiden salir e impiden entrar.

Si alguien quiere ser inteligente, que busque entre lo desconocido, que es más el hombre que la cosa. Que esquive la herramienta de la negligencia que es la tautología: con ella nos someten a una presión fortísima de lo que, por ambición, desean algunos que se convierta en verdad no discutible.

Porque nos hace falta hallar, lograr, un mundo nuevo y distinto, original y vigoroso, en el que España empezó a pensar en los años treinta del siglo pasado. Sin éxito. Todos están muerto.



EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DEL 68: ¿UN MITO MÁS EN LA INTERPRETACION DE LA HISTORIA NACIONAL?
Austreberto Martínez


Sin duda el trabajo que ofrecemos de nuestro colaborador en México se sale de las versiones conocidas en España hasta el momento, pues la «imagen» que tenemos en la retina y en el sentimiento es la de una masacre en la Plaza de las Tres Culturas.

En estos días a través de los medios de comunicación, con motivo del 40 Aniversario de los acontecimientos denominados en su conjunto «movimiento estudiantil del 68» se han venido presentando una serie de entrevistas, artículos de opinión, reportajes y notas periodísticas para recordar lo que se presenta usualmente como un movimiento de respuesta juvenil e idealista frente los esquemas «autoritarios» tanto políticos como sociales, que eran predominantes en la época. Sin embargo es necesario aclarar diversos puntos acerca del autentico significado de estos acontecimientos y enumerar algunos de los factores que hoy son soslayados en aras de edificar un nuevo mito alrededor de la juventud «idealista» de la época.

En la década de los 60 del siglo pasado, el mundo vivía bajo la amenaza soviética de extender el comunismo a diversos países, pues una vez consolidado el avance de este monstruoso sistema económico-político con media Europa bajo su poder, se veía cada vez mas cercano el «sueño de la revolución proletaria mundial» lo cual requería de una estrategia renovada por parte de Moscú para extender su influencia en varios puntos del orbe incluyendo nuestra América Hispana.

Su primer éxito fue la isla de Cuba, la cual con Fidel Castro en el poder a partir de 1959, se convertiría en la base desde donde se extendería la influencia marxista por el resto del continente. Nuestro país desde luego no fue la excepción, la ideología comunista penetraba lentamente, no solo en los medios obreros y campesinos, sino también en el ambiente estudiantil. Se difundía la imagen de una Cuba «libertaria y progresista» que se iba consolidando como un supuesto ejemplo a seguir por el resto de los pueblos hispanoamericanos. A pesar de que en esos años México vivía uno de los mejores momentos de su historia en cuanto a desarrollo económico se refiere, los ideólogos marxistas envenenaban a los jóvenes estudiantes manejando hábilmente la ilusión y el entusiasmo propios de esta edad para aprovecharlos en favor de sus propósitos subversivos y desestabilizadores los cuales tenían como fin ultimo, lograr las condiciones necesarias para el estallido de una revolución que estableciera un régimen marxista en nuestra patria.

Una riña entre estudiantes de la Vocacional No. 5 y una preparatoria privada que fue reprimida por la policía, fue aprovechada como pretexto para iniciar una serie de protestas durante agosto y septiembre de 1968, las cuales muchas veces degeneraron en actos vandálicos, enfrentamientos con las fuerzas del orden e inclusive en auténticos sacrilegios como el de hacer ondear el trapo rojinegro del socialismo en el asta de la Catedral Metropolitana. En estas movilizaciones, los jóvenes se sentían dueños de la calle y bajo el eslogan de «pidamos lo imposible» planteaban no solo afrentas al orden publico y a las instituciones gubernamentales, sino a todo aquello que representara el orden tradicional de la sociedad mexicana.

Sin embargo esas ansias juveniles no eran mas que la expresión del control que agentes comunistas tenían sobre lo que se denominaba el Consejo Nacional de Huelga, organismo coordinador de todas las movilizaciones, de esta manera los marxistas pretendían que a los estudiantes se les unieran campesinos, obreros, profesionistas, amas de casa, para que en un momento dado fuera posible un levantamiento generalizado a nivel nacional que fuera capaz de derribar al régimen de Gustavo Díaz Ordaz. La ocasión parecía perfecta, pues los ojos del mundo estaban puestos en México debido a la proximidad de los Juegos Olímpicos, circunstancia que parecía una vitrina inigualable para dar un aura de «martirio» al movimiento en caso de que este fuera masivamente reprimido.

Sin embargo esta serie de acontecimientos culminarían el 2 de octubre, cuando un mitin en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, fue disuelto ante un enfrentamiento entre el ejercito y francotiradores no identificados siendo estos últimos quienes iniciaron los disparos para provocar a los soldados y de esta manera crear el ambiente propicio para sus fines, lo cual sin embargo no sucedió como se esperaba, pues nuestras fuerzas armadas y el gobierno de Díaz Ordaz actuaron con la eficacia necesaria para desarticular el Consejo Nacional de Huelga y terminar así con la amenaza de subversión comunista que este representaba.

Ciertamente es lamentable la muerte de estudiantes ocurrida en estos sucesos, sin embargo es necesario aclarar que estos no fueron asesinados por un gobierno sediento de sangre inocente como suele creerse, sino que eran utilizados como carne de cañón de los marxistas quienes ya sea a través del Partido Comunista Mexicano o por medio de las embajadas cubana y soviética coordinaban una revuelta generalizada que tenia la intención de implantar «la dictadura del proletariado» y así destruir los cimientos de todo orden moral, político y económico en nuestra patria.

De no haber actuado el ejercito y el gobierno con la eficacia que demandaban las circunstancias, nuestro país quizás seguiría gobernado hasta la fecha por un tirano comunista, por lo cual es necesario reconocer la valentía y decisión de nuestras fuerzas armadas, las cuales conservaron la libertad de nuestra nación.

Es preciso también reconocer la actuación de diversas organizaciones que se opusieron a la actuación de la subversión comunistoide, entre las que destaca el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO) el cual aglutino a la juventud verdaderamente consciente y patriota de aquellos años, y que si bien muchas veces utilizo la violencia como medio de lucha, lo hizo en un contexto en el cual la dictadura marxista se levantaba como una amenaza latente en el horizonte y en consecuencia la legitima defensa, aun por medios físicos, era necesaria.

La verdad histórica debe ser conocida, por lo cual es necesario levantar la voz, aun cuando esta sea al parecer solo una diminuta isla en el mar de la desinformación y la manipulación. El «movimiento estudiantil del 68» apunta a ser una versión falsificada más de los acontecimientos históricos, presentando a los marxistas y a la izquierda en general como los paladines de la libertad y la justicia; cuando en realidad no son mas que los más infames opresores de los pueblos, de su libertad económica y de su derecho de creer en Dios.


 
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