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El Brocal: El Brocal Nº - 73
Martes, 28 octubre a las 13:54:59

El Brocal

REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 73  –  23 DE OCTUBRE DE 2008

SUMARIO



 
 
GARZÓN Y SU PALA DE SEPULTURERO. EL LOBO FEROZ: GARZONERÍAS
Fernando Sánchez Dragó
El Mundo
 
¿Quousque tandem, Garzo, abutere patientia nostra? ¿Hasta dónde y cuándo quieres remontarte, oh doctísimo Kalíkatres de nuestra Audiencia Nacional? ¿Nacional? ¡Qué digo! Será Republicana. ¿Por qué, ya metidos en gastos, no abres diligencias contra Ditalcón, Aulaces y Minuro, que traicionaron a Viriato, aquel Durruti de Ibarra, y lo entregaron a Roma? Zapatero sí paga a traidores. Seguro que los de la Memoria Histórica localizan la sepultura.

«La moza y el garzón –las cabras ramoneando y los puercos hozando– se perdieron, montarral abajo, en busca del áspero y saludable nido de hacer las cochinadas». La cita es del Viaje andaluz de Cela y muy anterior a la última garzonería de cierto juez de universal renombre. Parece, sin embargo, descripción bastante exacta de lo que ese garçon quiere hacer. Sobra la moza, que lo esperará –si la tiene– en su garçonnière, pero las fosas comunes de la guerra civil suelen estar en el monte, entre ellas triscan las cabras y los cabritos o buscan sustento los animales de bellota, y cochinada, aunque no saludable, por serlo de necrofilia, parecerá a media España la intentona de reabrir lo que los sayones del Caudillo llamaban Causa General. El juez en cuestión se cree Jesús de Galilea, pero no el de los evangelios, sino el de la Segunda Venida, que reaparecerá el día del Fin de los Tiempos con la balanza de Osiris en la mano zurda para impartir justicia universal así a los vivos como a los muertos. Quienes pelearon a las órdenes de Stalin se sentarán entonces a la diestra de Zapatero y quienes lo hicieron en las filas de Franco serán definitivamente arrojados a otra fosa común: la de las tinieblas infernales.

La megalomanía, ¿es falta o es delito? Si lo segundo, ¿por qué no se autodenuncia, se autoinvestiga y se autojuzga el juez al que me refiero? Entraría así en el Guinness, lo que aliviaría el mono de su afán de notoriedad. También podría figurar en él por ser ejemplo de juez que se enfrenta a las leyes. No nos vendría mal a los españoles tener en ese libro a otro plusmarquista ahora que el Financial Times nos califica de pigs, y acierta, porque hozar en el fango –son sus palabras– es lo que pretende la iniciativa a la que apunto y contra la que disparo. ¿Quousque tandem, Garzo, abutere patientia nostra? ¿Hasta dónde y cuándo quieres remontarte, oh doctísimo Kalíkatres de nuestra Audiencia Nacional? ¿Nacional? ¡Qué digo! Será Republicana. ¿Por qué, ya metidos en gastos, no abres diligencias contra Ditalcón, Aulaces y Minuro, que traicionaron a Viriato, aquel Durruti de Ibarra, y lo entregaron a Roma? Zapatero sí paga a traidores. Seguro que los de la Memoria Histórica localizan la sepultura.

Señoría: esto es una epístola moral, y moral es la autoridad con que la escribo, pues soy huérfano de guerra, mataron a mi padre los de Franco, no los suyos de usted, precisamente en los días a los que sus pesquisas hacen referencia, he dedicado diez años de mi vida y una novela de setecientas páginas a investigar lo sucedido y, sin embargo, le pido por favor, en nombre de mi padre, y en el de todos los caídos en los dos bandos de aquella guerra inicua, que no se meta en eso, porque no es asunto suyo, ni de nadie ya, por suerte, a estas alturas. No hoce en nidos ajenos. Permita, como dijo Jesús, en usted reencarnado, que los muertos entierren a sus muertos. No haga vudú, no los convierta en zombis. Los mató la guerra. Sea usted justo. Tienen derecho a descansar en paz.
 
 
CARTA AL JUEZ GARZÓN 
Madrid a veintitrés de Septiembre de dos mi ocho
Excmo. Sr. Magistrado-Juez de la Audiencia Nacional, Don Baltasar Garzón

Muy Sr. Mío y respetado magistrado:

Me llamo J.J.M.G. y soy hijo póstumo del que fuera Juez de Primera Instancia e Instrucción de Villaviciosa de Asturias, D. J. M. de la C. Ganó la oposición con el nº 1 en 1934 y ese fue su segundo destino. Fue asesinado el 31 de Octubre de 1936.

Esto va ser difícil. Muy difícil.
Se me está obligando por presiones externas a recordar sucesos ya dormidos. No olvidados, no. Dormidos. Serenamente dormidos y sosegados. La decisión de abrir determinadas tumbas y fosas, está en los medios, en la prensa, en la radio y en la televisión. Y todo promovido por un compañero de mi difunto padre.

El Juez Salvio D., decía que para tener razón se necesitaban un mínimo de tres circunstancias: 1º.- Tenerla, 2º.- Saberla pedir, 3º.- Que te la quieran dar. Veremos a ver si cumplo con la segunda.

Al Juez M. de la C. le asesinaron, por ejercer su obligación profesional, el día 31 de Octubre de 1936. Fueron algunos miembros del llamado Frente Popular según se dictaminó en Juicio posterior. No se encontró a ninguno de los asesinos, pero tampoco a mi padre.

Y tranquilamente he estado durante años, sin rencores y sin ansias. Y así debería seguir. Sin odios. Sin militancias extremas. Sereno.

Quince días antes de los hechos, mi padre fue detenido por milicianos mientras pasaba el fin de semana junto a mi madre en Comillas (Cantabria). Parece ser que la semana anterior había incoado causas sobre unos asesinatos que tuvieron lugar en su jurisdicción. Quince días después fue fusilado y con una piedra al cuello arrojado al mar. Mi madre estaba embarazada y fue desterrada a 200 km del lugar del asesinato. Se refugió en Santander en casa de unos amigos. Él estaba destinado como ingeniero naval en el puerto de Santander. El 18 de Febrero de 1937, tres meses y medio después, nací yo en el Sanatorio de La Alfonsina, en El Sardinero. Fue en la clandestinidad, pues mi madre estaba escondida tras su destierro.

El hecho de estar un bebé en un piso donde se supone que no había ninguno, estaba poniendo en apuros a los amigos que nos cobijaban, así que madre e hijo lactante embarcaron en un barco de refugiados, se supone que con destino a la URSS. Al hacer escala en el puerto francés de Nantes, mi madre que hablaba muy bien francés bajó sin maleta, ni enseres y se hizo pasar por nacional del País vecino. Pudo llegar a Burdeos y, al parecer, el cónsul español facilitó su regreso a España, concretamente a Valladolid que era donde residían mis abuelos maternos ignorantes del drama vivido por su hija.

Le aseguro, Sr. Magistrado, que la vida de mi madre y la mía no fue fácil. Pero también le digo que nunca jamás fui educado ni en el odio, ni en la animadversión. Hasta los 18 años solo sabía que a mi padre le habían matado los «Rojos». Como a otros los «Nacionales». No se habló nunca de asesinato, ni de los viles y dramáticos momentos vividos por mi madre. Así que crecí en Madrid, donde mi madre trabajaba, con las necesidades que se podían vivir en las grandes ciudades. Creo que fue a partir de los 13 ó 14 años cuando descubrí que en el Tribunal Supremo, entrando por la Plaza de las Salesas, y en el primer piso subiendo por la gran escalinata, había unas letras doradas de molde con los miembros de las carreras de la Administración de Justicia que habían sido asesinados. Allí iba casi todos los meses. Ese era el único lugar que tenía para ver, llorar y rezar a mi padre. Y era un adolescente. Posteriormente con la llegada de la democracia quitaron los nombres y me dejaron sin nada. Pero el odio siguió sin anidar en mi.

Debí de considerarlo una aportación al nuevo sistema. A veces he tenido ganas de dirigirme al Presidente del T. Supremo reclamando unos derechos adquiridos, pero me he contenido. Ahora es distinto. Pienso que su orden de abrir procesos y procedimientos es levantar fantasmas dormidos. Me va hacer ver a quienes no piensan políticamente como yo, como enemigos y hasta ahora solo eran oponentes. Es muy difícil controlar el odio y la animadversión. Se necesita tiempo, mucho tiempo.

Pero lo malo es que renace rápidamente. Toda esta situación es un problema de índole moral, anímica. No jurídica. Y no estoy seguro de que usted sea el más idóneo para tratar asuntos del alma. Recapacite, porque me está haciendo daño y por lo tanto, también le puede ocurrir a otros con casos parecidos al mío.

Por necesidades de mi profesión me he visto obligado a saludar a políticos en cuyos partidos militaban los asesinos de mi padre. Le aseguro que no fue fácil, pero la democracia que nos dimos al votar la Constitución me obligaba a ello; el vivir todos en paz y sin rencores; el caminar todos juntos buscando el bien común de una nueva sociedad, merecía la pena. Y ahora, de nuevo, DE NUEVO, se pueden empezar a remover ocultos fantasmas. Fomentar odios. Abrir viejas y cerradas heridas.

¿Cómo encuentro a mi padre en medio del Mar Cantábrico, Sr. Garzón?, ¿Cómo le encuentro? Después de la Guerra Civil, se buscaron sus restos infructuosamente en la fosa del Mar Cantábrico donde fue arrojado y ahora vaciarlo no parece lógico, por lo que la solución por usted propugnada no parece equitativa.

Maduré muy pronto. Nunca me quejé, ni pedí trato o consideración especial. Los sufrimiento de mi madre y míos durante niñez, pubertad y juventud conforman mi acervo. La profesión que escogí la gané por oposición sin tener ninguna ventaja. Ni entre mis compañeros lo comenté.

Muchos de mis amigos no conocen muchas de las vicisitudes vividas por mi, ni las dificultades para sobrevivir dignamente. Y ni lo he dicho, ni lo aireo. Pero esto es diferente.

Cuando acabé el bachillerato, mi abuelo paterno me consideró lo suficientemente maduro como para entregarme unos documentos con la historia de mi padre. Conocí así todos los pormenores de su asesinato. Creo que tenía 18 años. Ese verano de 1955 me fui en auto-stop a Francia intentando encontrar a los asesinos de mi padre. Nunca pensé para qué.

Pero no podía permanecer inactivo. En el Suroeste francés medité y debí llegar a la conclusión de que en una guerra fraticida siempre mueren inocentes. Y continué mi camino a Inglaterra en la idea de aprender inglés sin coste para mi madre. Hacía poco que se habían abierto las fronteras que durante años estuvieron cerradas. En los «Albergues de la Juventud» me miraban como a un bicho raro. Pero jamás alardeé de situación alguna. Todo me lo gané a pulso. Como muchos otros. Nada debo y nada me deben, pero no me saque usted de quicio, ni revuelva el pasado. ¿Qué quiere? ¿Qué malmeta a mis hijos y a mis nietos?. NO PUEDE VOLVER A HABER DOS ESPAÑAS. NO LO PROMUEVA, POR FAVOR.

Me hice mayor de repente. Ingresé sin Plaza de Gracia y por oposición en la Academia General del Aire en 1958 y fui aviador profesional.
Solo los íntimos sabían algo más de mi historia. Los sacrificios de mi madre para hacer frente a los gastos fueron ímprobos. Pero lo hizo. Y permitió que su único hijo estuviera en una profesión de riesgo. Habían sido muchos los miedos y temores superados, como para asustarse. Y no fue a ningún periódico ni a radio alguna, a rogar o pedir algo.

Once años después pedí la excedencia de la carrera militar (en el año 1969), para ejercer como piloto civil en Líneas Aéreas. Pero mi corazón está en esa Institución. En esa ignorada y nunca suficientemente apreciada Institución. Donde todos son iguales sin distinción de credo, raza o procedencia. Y desde siempre.

Usted no se puede imaginar la formación humana que hay que llegar a tener para aceptar con estoicismo, que un pariente cercano llegara a obtener el sueldo de coronel, debido a que acabó la guerra como Teniente del Ejército Republicano y le pagaran 40 años de atrasos. A mi madre, viuda también de un funcionario, pero asesinado, nunca le fueron subiendo la pensión de viudedad como se pudiera suponer que hubiera ido ascendiendo mi padre. A mi pariente que por fortuna estaba vivo, sí se le reconocieron ascensos; a mi padre que estaba muerto, nunca. Todo lo extra que pude conseguir para mi madre fue en los Tribunales de Justicia, pero a veces tuve incluso que recurrir.

Y he vivido feliz y contento y he intentado ser un buen profesional, tanto en el ámbito civil como en el militar. Y un buen compañero. E incluso moderador de excesos políticos.
Pero no me remueva usted ahora 60 años de mi vida, que estoy contento con ella y no quiero recordar y llorar y odiar; y maldecir. Deje a los muertos tranquilos. No remueva usted el peral que las peras pueden estar podridas. Podridas de odio y venganza.

Nunca a ninguno de mis tres hijos les inculqué ningún tipo de odio. Se han criado libres. Escogen su opción política libremente. Nunca he hecho leña del árbol caído. Saben de refilón, la historia de su abuelo pero quizás descubran ahora algún dato al leer estas líneas.

Estoy a su disposición para ampliarle todo lo que quiera. Para enterarle de lo difícil que es pasar dos postguerras (la II G. Mundial también cuenta), cuando no hay un hombre en la familia y se vive en el segundo y tercer tercio del siglo XX. Cuando la lucha por la supervivencia pudo ser el factor principal de todos y cada uno de los meses del año. ¿O es que cree usted que la mitad de los españoles, durante la época del franquismo estaban enchufados y viviendo del Régimen? Todos luchamos lo nuestro en la paz. No estropee esos años.

Por y para crear una nueva España, hemos vivido sin rencores y sin odios. Intentando romper los moldes preestablecidos en que se supone que uno debía desenvolverse y siempre intentando conseguir lo mejor.

Quizás tuviera usted razón muchos años atrás, pero cuando los españoles nos dimos (sin imposiciones. Nos dimos) una nueva forma de vivir en el futuro, ya no. Usted no puede romper esa armonía que nació entonces. No debe de hacerlo. Aunque Yo nadie soy para ello, le ruego que recapacite.

Estamos sufriendo los españoles unos momentos desconocidos de violencia verbal entre los partidos políticos, que están empeñados en volvernos a dividir otra vez en dos Españas. Es un «machaca» continuado y la ciudadanía de una y otra opción política, está picando el anzuelo de la irritación, del desasosiego, de la crispación. Todo el mundo cabreado. Pero usted es un profesional que quiere estar alejado de la arena política. Que debe comprender cuál es el momento adecuado para las cuestiones extraordinarias.

Le llamo a lo cordura Sr. Garzón. Es usted un magnífico profesional de la Administración de Justicia. Es listo y sagaz y así lo ha demostrado en múltiples ocasiones. Use su calma y su razón, por favor. Se lo pide el hijo póstumo de un antiguo compañero de carrera.
Atentamente le saluda y espera su reflexión,

J. J. M. G., DNI xxxxxxxxx
Calle xxxxxxxx, MADRID 28xxx
 
 
SAVATER IRRACIONAL BARCELONA
M. Medina
Páginas Digital.es
 
Estas cosas se saben. Estas cosas son el Premio Planeta. Savater sabía desde hace tiempo que este miércoles por la noche en Barcelona le iban a dar el Premio Planeta por La Hermandad de la Buena Suerte. Y es que en Barcelona se encargan muchas cosas últimamente y al final, pasa lo que pasa, que la ciudad acaba dando el nombre a creaciones muy malas. Ejemplo: Vicky, Cristina, Barcelona, la peor película de Wody Allen.

Savater sabía que el premio era para él. Planeta, su televisión, su radio y su periódico necesitaban «un filósofo». El Grupo Planeta necesitaba asociar su marca a algo que le diera prestigio cultural. Solución: ponga un Savater en su vida. Y Savater sabía que los medios de Planeta le iban a dar la portada hoy. Por eso ha escrito en El País, no en los medios de Planeta, algo parecido a lo que ha hecho el último Wody Allen: el genio de Manhattan cuenta una mala historia, nuestro filósofo se muestra irracional.

Savater, que ha pensado, ha dicho y ha escrito cosas muy interesantes, tenía desde hace días dos espinas clavadas: el discurso de Benedicto XVI en París sobre el origen de la cultura europea en los Bernardinos y el diálogo en torno a la laicidad positiva con Sarkozy. Le ha dolido que el mundo laico francés, sin abandonar su laicidad, haya exaltado la altura intelectual de Ratzinger. Primera irracionalidad: el muy ilustrado Savater, respirando por la herida, en lugar de contestar con argumentos llenos de luz y de tolerancia, hace uso de la oscura tendencia a la descalificación personal y asegura que es un ejercicio de «salud mental» no entender el discurso del Papa. Lo considera una «proclama obligada», aliñada de «pedantería parroquial». Segunda irracionalidad: Savater se niega a debatir con el Papa y lo hace con Sarkozy. «El verdadero problema no es el papa Ratzinger, que dice aquello para lo que fue elegido».

Concedamos que fuera así, que todo lo que dice el Papa alemán es pura consecuencia de una serie de causas que ya conocemos. Y a pesar de todo ello: ¿no sería una muestra de irracionalidad no entrar a considerar el hecho mismo del que estamos hablando? ¿No es irracional negarse a tomar en consideración el discurso? Estamos seguros de que Savater no está dispuesto a utilizar el argumento de autoridad para decir que una proposición es falsa. Pero ése es el argumento que utiliza con el Papa, a la inversa, para no considerar sus afirmaciones.

Tercera irracionalidad. Después de los insultos y las descalificaciones, Savater decide entrar en el fondo de la cuestión. Pero se niega a debatir lo que se ha planteado y crea una imagen de laicidad positiva caricaturesca que nadie está defendiendo. Nadie ha defendido que laicidad positiva signifique privilegiar a una religión. Savater postula que mientras el Estado no sea neutral es confesional. Pero su neutralismo es ya un confesionalismo. Hay un hecho: hay personas que creen, otras que no. Tanto las que creen como las que no creen actúan en el espacio público de un modo o de otro. El Estado que pretenda hacer tabla rasa de este hecho ya ha dejado de ser neutral.
Con Wody siempre podremos volver a Match Point. ¿Con Savater, a qué?
 
 
LA FECHA DE REDACCIÓN DEL LIBRO SOBRE LOS EMPERADORES  DE SEXTO AURELIO VÍCTOR
Gonzalo Fernández
Universidad de Valencia
 
Sexto Aurelio Víctor vive entre los años 320 y 390 d.C. como fechas aproximadas. Es oriundo de África pues muchos manuscritos de su obra le mencionan como Víctor el africano. Además Sexto Aurelio Víctor se jacta de ser paisano del emperador Septimio Severo quien había nacido en Leptis Magnaque está situada cerca de Trípoli (Libia). Probablemente su padre fuera un labriego libre pero acomodado cuya situación económica permite cursar estudios a su hijo. Algunos autores han pensado que Sexto Aurelio Víctor es un abogado por sus críticas a los funcionarios fiscales. Pero esas críticas se hallan muy generalizadas en el Bajo Imperio y no se circunscriben a personas de formación jurídica. Además resulta muy extraña, si Sexto Aurelio Víctor fuese abogado, su confusión entre el emperador Juliano «elApóstata»y el juriconsulto Salvio Juliano quien fallece hacia 130 d.C.El antedicho emperador Juliano honra a Sexto Aurelio Víctor al confiarle en 361 el gobierno de la provincia consular de Panonia Segunda magüer el antimilitarismo de Sexto Aurelio Víctor que tanto choca con la formación castrense de Juliano. Juliano alaba en Sexto Aurelio Víctor la religión pagana que profesa, su vocación a las letras y la «sobriedad» que practica. En el siglo IV d.C. la «sobriedad»lleva implícita la virtud de la continencia y la posesión tanto de una voluntad firme como de un temperamento sano y enérgico. Muerto Juliano en 363 Sexto Aurelio Víctor ejerce la prefectura de la Ciudad de Roma poco antes de su muerte. Lo demuestra el epígrafe de una estatua que se eleva en el Foro de Trajano en honor de Sexto Aurelio Víctor. Esa inscripción se dedica entre junio y agosto de 389. Su texto muestra que Sexto Aurelio Víctor es el prefecto de la Urbe de aquel año.

Sexto Aurelio Víctor escribe el Libro sobre los emperadoresentre 355 y la muerte de Constancio II en 361 pues el último acontecimiento que recoge es la proclamación de Juliano como césar en 355. El Libro sobre los emperadores de Sexto Aurelio Víctor se fusiona después de la muerte de su autor con otros dos escritos anónimos para ser la tercera parte de una trilogía con el Origen del linaje romanoy el Libro sobre los hombres ilustres de la Ciudad de Roma. El Origen del linaje romano se ocupa del principio de la Historia de Roma pero admitiendo todo tipo de leyendas. El Libro sobre los hombres ilustres de la Ciudad de Roma narra las biografías de los romanos más coruscantes desde la Monarquía a la crisis de la República. Estimo que la fusión de las tres obras se realiza muy poco después del deceso de Sexto Aurelio Víctor. Unos manuscritos del Libro sobre los emperadores presentan 23 capítulos y otros 26. Sin embargo, desde la edición príncipepor el jesuita flamenco Andreas Schott en 1579, el Libro sobre los emperadores de Sexto Aurelio Víctor se divide en 42 capítulos de los que cada uno corresponde más o menos a un único emperador.
 
 
¿POR QUÉ EL ODIO CONTRA ESPAÑA?
 Javier Orrico
Periodistadigital.com
 
¿Qué llevó a los españoles a odiar a España? ¿Qué hondísima frustración originó, como defensa, la percepción de que España era algo distinto de los españoles mismos? Una interpretación ya clásica sostiene que los movimientos separatistas no son sino hijos de un rencor exculpatorio: al apartarse de España, al inventarla como ajena, también la culpa de su hundimiento era ajena a aquellos que, a partir del desastre de 1898, se declararon igualmente colonias interiores, territorios tan sometidos como la Cuba recién perdida, naciones abortadas por el imperialismo castellano que ahora se levantaban para reclamar su lugar en la Historia.

Todo el siglo XIX, la larga guerra civil que nos dejó como herencia el cretino de Fernando VII –del que ZP es reencarnación–, los intentos por construir un Estado liberal que nos devolviera la autoestima por la pérdida del Imperio y nos sumara a la modernidad, saltan hechos añicos ante la evidencia, aquel 98, de la incapacidad y el estado cadavérico de una nación sin pulso. La desbandada necesitaba justificarse de alguna manera: las lenguas regionales o vernáculas se convertirían así en la seña de identidad de los nuevos proyectos nacionales, el instrumento para acabar con la lengua común, el español, cuya mera presencia recuerda los lazos con ese pasado culpable.

Pero todo esto, siendo cierto, me parece insuficiente. Olvida lo más simple y, casi siempre, lo más cercano a la verdad: el factor humano, el resentimiento pequeño-burgués y la pura xenofobia de unos territorios que soñaban con haber sido imperios mediterráneos o pueblos elegidos, cuando no habían pasado de fabricar calcetines o boinas.

Lo que ha resultado novedoso en el proceso de disgregación español ha sido el silencio de la derecha (sin olvidar las nefastas políticas de Fraga, Matas y la UPN en Navarra) y el apoyo de la izquierda a estas curiosas dictaduras de chapela y porrón. Apoyo que, con Zapatero, se ha convertido en mucho más: aliento, asunción, complacencia, impulso decidido, proyecto propio, estatut. […] Y así, sólo unas pocas personalidades, mayoritariamente del ámbito de Rosa Díez, se han atrevido a redactar un manifiesto de denuncia contra la política lingüística de los nuevos regímenes. Manifiesto, insuficiente y tímido, que al menos ha conseguido remover el aborregamiento de una nación otra vez sin pulso, y situarnos frente a la evidencia de lo que no hemos querido ver.

Nada nuevo, por otra parte. Desde la filología más comprometida, hace ya muchos años que se combaten las mentiras sobre las que se ha fundamentado todo este proceso. Si quieren algunas referencias esenciales, lean Lengua española y lenguas de España o Política lingüística y sentido común, de Gregorio Salvador; o toda la serie (bastaría con El paraíso políglota) que nos dejó su discípulo predilecto, Juan Ramón Lodares, desdichadamente desaparecido en el momento en que su combate y sus libros eran más necesarios. Ambos han sido satanizados por la lingüística nacionalista precisamente porque venían a destruir el correlato lengua-nación que sacraliza el predominio de casta que encierran las políticas lingüísticas. No se engañen, lo que se esconde detrás –cada vez menos, recuerden a Rubianes y a la ministra Chacón apoyándolo– es el odio a España como filtro de acceso a la condición de lacayo de la clase dominante.
Sólo cabe, en el espacio de un artículo, aludir a algunas de las falsedades con las que se aplasta a los ciudadanos de lengua materna española en regiones que nunca fueron otra cosa que España:

1)      España es un país bilingüe. En sentido estricto, falso. En España hay una lengua común, el castellano (denominación errónea hoy), que además se hizo para eso, para ser «lingua franca». Las demás son lenguas de España, pero no son la lengua española por antonomasia, la única oficial porque es la única que puede serlo. Y para ignorantes de las nuevas izquierdas zapateras aclararemos que fue la II República la que la declaró oficial por primera vez. Las que sí son plurilingües son las regiones españolas con dos lenguas oficiales, precisamente las que pretenden dejar de serlo, las que niegan a las personas el derecho a educarse o a usar en la vida pública la lengua oficial de su elección. Un país plurilingüe es, pues, aquel en el que varias lenguas se hallan implantadas en todo el territorio (Cataluña, País Vasco, Galicia, Baleares...), o en el que existen distintos ámbitos monolingües. Es decir, en el que –como Suiza– no existe lengua común. Pero ni Francia (bretón, vasco, occitano, catalán), ni el Reino Unido (gaélico, inglés), ni Italia (italiano, francés, alemán, más su fuerte presencia aún de verdaderos dialectos), ni Finlandia (finés, sueco), aun con varias lenguas, son países plurilingües. O, entonces, lo somos todos, salvo las tribus más primitivas, y el término carece de valor.

En suma, con el plurilingüismo lo que quieren es colocarnos ante una simetría entre las lenguas españolas que jamás existió, y hoy menos que nunca, para extender el catalán, vasco y gallego a unos ámbitos a los que son completamente extrañas. Y, sobre todo, a las instituciones, donde quisieran compartir un estatuto de cooficialidad con el español, tal y como hace poco les consintió escenificar la Audiencia Nacional a los independentistas que quemaron fotos del Rey y no quisieron declarar más que en catalán con intérprete. Algo absurdo, contando como se cuenta con una lengua común, a los ojos de cualquier persona que no esté carcomida, como los nacionalistas, por ese rencor de que hablábamos al principio.

2)      El español se impuso políticamente. Falso. El castellano nació ya como lengua de frontera, con vocación criolla, con un sistema vocálico sencillo y fácilmente asimilable, tomado del vascuence, y una capacidad de evolución y absorción de cambios lingüísticos incomparable con cualquier otra lengua romance. Por eso se hizo español lo que nació castellano, y se extendió imparablemente porque todos se incorporaron naturalmente a él y le aportaron su savia. Bajo la denominación de español caben todas sus variantes, toda su riqueza popular y universal. Es la lengua de comunicación y cultura propia de todos los españoles desde hace más de quinientos años, y de unos casi cuatrocientos millones de hispanohablantes hoy. Sólo un dato: en el siglo XVI se editan en Cataluña más libros en «castellano» –que ya entonces el emperador Carlos, flamenco de nación, llamaba mi lengua «española»– que en catalán. Por eso, llamarlo castellano es ya aceptar un reduccionismo, negarle su condición centenaria de lengua común, mayoritaria como materna en todas esas regiones que la proscriben. Los más beneficiados, impulsores históricos de la universalización de la enseñanza del español, fueron precisamente los que sin su conocimiento no hubieran podido nunca salir de Matadepera, Porriño o Mondragón.

En fin, como se dice en el manifiesto, no hay peligro alguno para el español, qué mas quisieran. Los que sufren son los catalanes, vascos, gallegos, mallorquines o valencianos –ojo con los inicios de deriva nacionalista de la derecha valenciana– que desean educar a sus hijos o atender en sus negocios a la gente en la lengua que les dé la gana. Han sido reducidos a la condición de minoría perseguible. La Constitución ha sido traicionada una vez más y los españoles comienzan nuevos exilios forzosos. Esto, al parecer, es lo que Zapatero llama la extensión de derechos. Firmen el manifiesto. Al menos daremos por saco.

 
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