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El Brocal: El Brocal Nº - 74
Monday, 03 November a las 17:19:31

El Brocal

REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 74 – 31 de octubre de 2008

SUMARIO



 

«ESTO DE LA REFUNDACIÓN DEL CAPITALISMO ES UNA TONTERÍA»
Rafael Nieto - Entrevista realizada al profesor Juan Velarde
DiarioYa.es


Juan Velarde lleva escrita en la cara la sabiduría. Nos recibe en su despacho de Consejero del Tribunal de Cuentas (¡qué poco caso hacen a los consejeros económicos en España…, y en Europa!), que está empapelado de libros, desde el suelo hasta el techo, en una enorme estantería. En su mesa de trabajo, decenas de carpetas, informes y volúmenes que él tiene perfectamente ordenados en su cerebro. Y muchas fotografías familiares. Tras darnos la enhorabuena por haber recuperado el Diario YA en Internet, nos sentamos para comenzar esta entrevista que tiene, como telón de fondo, una noche oscura en la que el frío ambiental se cuela en los huesos de los más humildes, de los que acaso ahora lo estén perdiendo casi todo. Una entrevista en la que, como buen profesor, Velarde nos explica con pequeño gráfico hecho a mano una de sus brillantes exposiciones. Un verdadero lujo.

- Profesor Velarde, hablaba Vd. hace unos días, en un encuentro con antiguos alumnos del CEU, de que todos asumamos la crisis y de la necesidad de tomar medidas desagradables», ¿a qué tipo de medidas se refería?

Toda medida económica acaba siendo desagradable… Pero éstas yo creo que son especialmente desagradables porque, en primer lugar, es imposible poner orden dentro de la casa sin una serie de restricciones muy fuertes en el gasto público, no sólo del Estado sino también de la autonomías. Y ese gasto público tiene ahora mismo un amplio conjunto de beneficiarios, y cortar de pronto todas esas ayudas molesta mucho. Un poco lo que hizo José Barea. Irlanda, por ejemplo, se ha desarrollado fuertemente porque tuvieron lo que ellos dicen un «Mac, el tijeras», un ministro de Hacienda feroz. E Irlanda, que cuando nosotros entramos en la CEE estaba por debajo de nosotros en producto interior bruto por habitante, ahora es el país de la UE con el mayor PIB por habitante (si exceptuamos a Luxemburgo, que es casi una ciudad-estado). Así se consiguen las cosas, ahora desagradable no, es desagradabilísimo. Otra medida necesaria: alterar toda una serie de políticas institucionales relacionadas con las comunidades autónomas. Que el Estatuto de Cataluña sea más bien un reglamento de control de la actividad económica eso perturba y hace caer la productividad. Cortar esto, ¿qué significa?, pues perder apoyo parlamentario, es decir, son medidas antipáticas. Lo mismo ocurre con la energía. España ha apostado a una energía cara. ¿Cuál es la energía barata?, la energía nuclear. Pero eso…, claro, organizaciones como Greenpeace se van a poner en contra. Tenerlos a favor es muy cómodo, y muy desagradable enfrentarse a ellos. Y hay muchos más problemas: hay que replantear el sistema de pensiones, lo que está sucediendo con el Sistema Nacional de Salud, la situación del paro… Y en España no se hace prácticamente nada en materia de ayuda a las familias. Son medidas que hay que tomar inmediatamente, porque cada una de ellas está agravando la productividad, frenando el desarrollo, aumentando el gasto público y la presión tributaria, cosas que son antitéticas respecto a lo que se debe hacer en una depresión. Lo dramático de esto es que, a corto plazo, el resultado no se nota. A medio plazo, el resultado es espléndido, pero al día siguiente de tomar estas medidas no se nota ningún resultado. Por eso se acaban rehuyendo, pero si no se toman, la crisis aumentará.

- Es necesario exigir a las administraciones que actúen eficazmente para paliar la crisis, pero imagino que también los ciudadanos debemos sentirnos responsables de la situación, ¿qué debemos hacer los ciudadanos?

Fundamentalmente, tres cosas; primero, tratar de comprender que en estos momentos es necesario aumentar el ahorro y prescindir de ciertos gastos, como salidas al extranjero, etc. Debe exigir a las autoridades que arreglen la situación, que ellos están dispuestos a sacrificarse, pero que espera que toda la colectividad se sacrifique. Y un porcentaje de la población alto tiene que tender a reconvertirse, el modelo que viene va a ser diferente, y se debe exigir que se le diga con cierta claridad hacia dónde debe reconvertirse. Unos tendrán que aprender inglés, otros estudiarán matemáticas a fondo, otros tendrán que cambiar de domicilio; primero que me orienten, pero yo también tengo que asumir esa orientación, porque si no, no voy a poder salir adelante.

- En las últimas horas hemos escuchado al presidente francés, y de turno de la UE, una expresión que ha dado mucho que hablar, eso de «refundar el capitalismo», ¿qué opinión tiene Vd. al respecto?

Los políticos muchas veces tienen frases que a ellos les parece que son luminosas y van a gustar a la gente, porque no dicen nada pero parece que dicen mucho, les viene bien a los unos y a los otros. Sarkozy tenía dos mandatos muy serios. Al principio de su gobierno, pide a Candessus, que fue Director del Fondo Monetario Internacional, un esplendido economista francés, qué es lo que tenía que hacer. Y el Informe Candessus existe, pero como contenía medidas desagradables, no se ha hecho. Después, encargó a todo un equipo dirigido por Jacques Attali, que le hiciese un dictamen. Attali lo presentó, yo por ejemplo lo he leído, y pone los pelos de punta de los cambios que hay que hacer en la economía francesa. ¿Ha hecho algo Sarkozy? Nada. Bueno, resulta que hay una crisis, en parte porque ni Candessus ni Attali han sido escuchados. ¿Y qué es lo que de repente un gobernante dice? «Vamos a refundar el capitalismo»; mire, ande, siga lo que dos grandes técnicos y economistas le han recomendado, y déjese Vd. de refundaciones. El Estado tiene que hacer siempre cuatro cosas: obligar a los empresarios a competir, evitar que el mercado afecte a la dignidad de la persona, el derecho de propiedad no es absoluto y no puede afectar a bienes que son colectivos, y garantizar la confianza en el mundo financiero. El Estado debe intervenir para que sean limpias las conductas de los bancos, los intermediarios financieros, las bolsas de valores, etc. Tiene que haber reglas para que quienes se metan deben jugar limpio. ¿Reformar esto? «Ah, es que tenemos que ser más escrupulosos en…», pero ¡si esto está desde el principio! «Es que no podemos dejar que se mueran de hambre los pensionistas», ¡eso está desde el principio, mi querido amigo!, si es que esta refundación es una tontería.

- Ha habido también una enorme polémica, a raíz de las medidas tomadas en Estados Unidos por el Gobierno y el Congreso, acerca de la intervención del Estado en la economía, o más concretamente, en el mundo financiero, ¿qué posición mantiene Vd. sobre ese particular?

La intervención del Estado en el mundo financiero y en situaciones de crisis, no hay más remedio, porque en el mundo financiero en el momento en el que se produce un pánico, las consecuencias son espantosas para todo el mundo. Por lo tanto, los pánicos financieros hay que contenerlos, y eso significa no originar un daño tremendo, pero no es arreglar nada. El arreglo tiene que venir por otra serie de medidas. Ahora bien, esa contención del pánico financiero tiene que hacerse siempre con luz y taquígrafos. Claro, esto suele ser siempre a costa del aumento del gasto público, y o se aumentan los impuestos, que empeora la situación, o aumentar la deuda pública, que supone salir al mercado para pedir ahorradores y se quitan los fondos de los ahorradores a la actividad privada, que debe ponerse en marcha. Por tanto, claro que tiene que intervenir, pero no de una manera chapucera.

- Hablamos de causas «materiales» de la crisis, pero ¿qué transfondo moral hay en todo esto?

Hay un doble transfondo moral. Keynes, en una conferencia que da en la Residencia de Estudiantes de Madrid, en 1930. Él dice que entramos en una civilización de masas y esto es muy peligroso, porque las masas acaban lanzándose a exigencias y demandas denigrantes para el conjunto de la sociedad. Y hemos entrado en España en una sociedad de masas de «nuevos ricos», que adora el chirimbolo, situaciones bastante ridículas de adquisiciones, de movimientos, de exigencias y demandas. Nos hemos vuelto locos como consecuencia de ese cambio radical que hubo a partir de 1959, del Plan de Estabilización, a partir de ahí cambia todo. Es otra España en lo económico, es una sociedad que se ha perdido, porque no se ha mejorado desde el punto de vista intelectual, moral, cultural…, solamente ha aumentado el nivel de renta ciudadano. La España anterior a esto admitía el sacrificio y el esfuerzo…, si había que trabajar más se hacía, trabajaba toda la familia que además se reunía para hablar en vez de dejar que los hijos se fueran de fiesta. Ahora no, ahora es una sociedad opulenta, con sus coches, con sus cosas… Además, se han perdido una serie de valores relacionados con la Iglesia. Lo dijo Enrique Fuentes: «La base de la moral había venido a la sociedad española de la Iglesia católica». Y cuando se perdía esa base de la moral, no se perdía para una cosa, sino para todas. La moral tradicional se ha hundido, y por lo tanto puede ocurrir cualquier cosa.

- ¿Supondrá esa situación mundial el fin de la economía especulativa?

Eso es imposible, la economía especulativa existirá siempre. La especulación la hacemos todos los días, cuando pensamos si comprar una cosa ahora o hacerlo mañana que costará menos, es decir, «miniespeculación» estamos haciendo constantemente, la vida económica en sí es una pura especulación. Y por lo que se refiere al conjunto de la actividad financiera, que es esencialmente especulativa, se han conectado los mercados financieros de todo el mundo, y eso ya no hay quien lo desconecte. Los mercados de todo el mundo están continuamente operando y especulando. Eliminar eso es imposible.

- Le agradeceríamos unos consejos para pequeños accionistas, ahorradores, economías domésticas y trabajadores..., ¿es un buen momento para ser «conservadores»?

El mejor consejo es tener en situación de la mayor tranquilidad posible lo que se tiene. Los bonos de los tesoros es lo más seguro…, no va a quebrar Alemania, ni EE.UU., ni España… En empleo, la flexibilidad laboral tendría que aumentar en tiempo de crisis para solventar esa situación, ahora bien: en tiempo de crisis lo que sucede es que aumenta el desempleo y los ciudadanos deben mantener su puesto de trabajo. El desempleo golpea desde fuera. El desempleo es exógeno, uno puede tratar de mejorar su posición hacia el futuro, pero como le llegue el mazazo al pobre hombre… Y digo lo mismo de los empresarios a los que se les viene abajo la empresa. Es horrible ver cómo las ilusiones se destrozan.


LOS SEPARATISTAS: LOS PEORES ENEMIGOS DEL PAÍS VASCO, DE CATALUÑA Y DE GALICIA
Jesús Láinz
ElManifiesto.com


Ninguno de los problemas que estamos tratando aquí hoy ha surgido del suelo, como la hierba. Todos tienen causas muy concretas. O, para ser más exactos, son los síntomas de una patología política muy concreta: la llamada construcción nacional, que consiste en una enorme campaña de ingeniería social dirigida a dos objetivos. El primero, desconectar a gallegos, vascos y catalanes de los demás españoles. Y el segundo, desconectar a los mismos gallegos, vascos y catalanes de hoy de todas las anteriores generaciones.

Y para ello, siguiendo las enseñanzas de Orwell cuando advirtió de que «quien controla el pasado controla el futuro», las dos herramientas fundamentales son la sustitución de la historia de verdad por una historia de ciencia ficción, junto con la conversión de la lengua en un medio de incomunicación.

Y hay un campo en el que estos dos caminos, el de la historia y el de la lengua, se cruzan de modo especial: la toponimia. Porque también con ella se lleva treinta años marcando las diferencias y los límites.

Con el rebautizo de los nombres de lugar nuestros separatistas patrios creen que se puede cambiar la esencia nacional de las personas.
Mediante la eliminación del topónimo en lengua española, la alteración del existente según reglas creadas para cada caso o la simple invención de nuevos términos nunca hasta entonces imaginados, nuestros voluntariosos separatistas, empeñados en la acción nacionalizadora sobre territorios y habitantes mediante las mágicas potencias del nombre, avanzan todos los días, sin obstáculo digno de mención ni a izquierda ni a derecha, en su delirante plan.

Ejemplos los hay a miles, y muchos son tan conocidos como la eliminación, no sólo para las regiones afectadas, sino para toda España, de palabras como Lérida, Gerona, La Coruña, Orense o Fuenterrabía, que en todas las cadenas de televisión de ámbito nacional, en las que, evidentemente, se habla la lengua de Cervantes, son siempre mencionadas como Lleida, Girona, A Coruña, Ourense y Hondarribia. Sin embargo, este criterio no se extiende a Alemania, Francia, Londres, Burdeos, Colonia o Amberes, que, para ser coherentes, debieran ser llamadas en el telediario Deutschland, France, London, Bordeaux, Köln y Antwerpen. Evidentemente, en TV3 la capital de Aragón es Saragossa.

La hipocresía de los alquimistas del topónimo no tiene límites: el artículo 10 de la Ley Básica de normalización del uso del euskera, norma de 1982, se estableció que «la nomenclatura oficial de los territorios, municipios, entidades de población, accidentes geográficos, vías urbanas y, en general, los topónimos de la Comunidad Autónoma Vasca, será establecida respetando en todo caso la originalidad euskaldún, romance o castellana con la grafía académica propia de cada lengua», lo que ha venido siendo incumplido sistemáticamente desde hace un cuarto de siglo sin que ningún partido político haya protestado.

Para conseguir la unidad de destino en lo euskaldún se ha hecho de todo. Por ejemplo eliminar de un plumazo la citada Fuenterrabía, topónimo impuesto por el franquismo allá por el año 1203, momento en el que la fundó Alfonso VIII de Castilla con ese nombre.

También están las traducciones para imponer un nombre eusquérico a lugares que desde siempre sólo lo tuvieron romance. Por ejemplo, la comarca vizcaína de las Encartaciones, el tercio oriental de Vizcaya, lindero con las vecinas Burgos y Cantabria, donde jamás se habló vascuence y donde, evidentemente, no hay un solo topónimo en vascuence. Pues bien, ahora le ha surgido un absurdo Enkarterri que es una pura invención, así como un Valle de Carranza al que le ha crecido una k y una tx, y una cuevas de Pozalagua rebautizadas Pozalaguako kobak.

Curiosamente, en el sentido contrario no sucede. A nadie, ni en tiempos de Recaredo ni en los de Felipe II ni en los de Franco, se le ocurrió jamás adjudicar un topónimo castellano postizo. A nadie se la ha ocurrido jamás rebautizar al Goyerri como «Tierras altas», ni a Azcoitia «Sobrelapeña», ni a Azpeitia «Bajolapeña», ni a Lizarza «Fresneda┌, ni a Urrechu «Avellaneda». Pero a Salinas de Añana ahora se le llama Gesaltza, a Villanueva Uribarri, a Ribera Alta Erribera Goitia y a San Román de San Millán Durruma Donemiliaga para pasmo de sus vecinos, incapaces de encontrar sus pueblos cuando han de buscarlos en la guía telefónica.

También está el cambio de ortografía, que ha llenado el País Vasco de bes por uves, de kas por ces y de tx por ches hasta el delirio.
Ahora Santurce se llama Santurtzi, es de suponer que porque los nacionalistas creen haber recuperado con ello algún antiquísimo topónimo eusquérico. Pero el problema es que Santurce es un nombre latinísimo, derivado del santo patrón del lugar, San Jorge, como el San Jurjo orensano, el Santiurde montañés o el Santurde riojano.

«Desde Santurtzi a Bilbo vengo por toda la orilla».

Por cierto, todo esto obligará a cambiar hasta las letras de las canciones que los vascos han cantado durante siglos, porque es de suponer que ahora lo correcto será «desde Santurtzi a Bilbo vengo por toda la orilla»…

Y ya que hemos llegado a la muy abertzale capital del Nervión, rebautizada por el PNV con tan tolkieniano nombre de «Bilbo», quizá conviniese recordar que se llama Bilbao desde su misma fundación en el año 1300 por Don Diego López de Haro, mediante, por cierto –sarcasmos de la historia…– acta fundacional emitida en Valladolid otorgando a los bilbaínos el Fuero de Logroño.

Uno de los casos más interesantes es el de Pedernales, localidad vizcaína en la que reposa el cuerpo incorrupto de Sabino Arana. Pues bien, tan castellano nombre no podía ser aceptado, sobre todo para tan simbólico lugar, así que se dedujo que ya que un pedernal es una piedra (harri) con la que se hace fuego (su), el nombre vascamente puro de la localidad habría de incorporar esos dos elementos. Y de este modo Pedernales fue eliminado y quedó en Sukarrieta, lo que provocaría el asombro hasta del propio Sabino si levantara la cabeza.

Curiosamente, este afán por recuperar hasta cosas que nunca existieron no se da para el nombre más importante, el de toda la región, perdón, nación: Euskadi, disparate lingüístico de primer orden que ha sustituido a los viejos nombres con los que castellanohablantes y vascohablantes han llamado a su tierra desde hace muchos siglos: Euskalerría, Vasconia y Provincias Vascongadas.

Es muy significativo que este fenómeno no se da en otras partes, sobre todo en la imperialista y opresora Castilla, donde a nadie jamás se le ha ocurrido eliminar la Urria o la Artieta burgalesas, el Valdezcaray riojano, el Bascuñana conquense, o el Garray soriano en nombre de una identidad castellana a recuperar. Pero en la liberada Euskadi sabiniana, no sólo se persigue a las personas. También a las palabras.
Los mismos problemas de psiquiátrico se dan en Galicia, donde el peso de la responsabilidad por la eliminación de los topónimos castellanos, que han convivido con los gallegos desde siempre (Fisterra-Finisterre, Puentedeume-Pontedeume, Orense-Ourense, La Coruña-Coruña –sin la A–), recae no sobre los separatistas, sino sobre los gobiernos del PP antes y del PSOE ahora.

Pero no me extenderé en ello, pues, para continuar con la canción, termino «deprisa y corriendo porque me aprieta el corsé».

Pero no quiero terminar sin señalar un detalle: los vascos, catalanes y gallegos tienen que darse cuenta de que mediante estas absurdas políticas no se está haciendo ningún favor ni a sus lenguas, ni a sus culturas, ni a sus identidades históricas. Todo lo contrario. En primer lugar, porque la imposición lingüística y las obsesiones palabreras sólo puede conducir, y lo estamos viendo ya, a la fobia hacia esas lenguas por parte de muchos ciudadanos. En segundo lugar, porque muy difícilmente se puede defender y potenciar lenguas, historias y personalidades colectivas falsificándolas, adulterándolas y eliminándolas sistemáticamente.

Nunca, en toda la historia, se ha perpetrado un ataque más devastador contra la lengua, la historia y la cultura de esas regiones. Los supuestos defensores de las esencias vascas, catalanas y gallegas han demostrado ser sus principales enemigos, pues lo único que han conseguido son ridículas parodias de aquello que pretenden defender.

Pero ha de tenerse en cuenta que todo esto no tiene nada que ver con la lengua, sino con la política. La persecución a la lengua no es más que un instrumento. Todo esto no surge del odio a la lengua española, sino del odio a España


UNA NOTA SOBRE TÁCITO
Gonzalo Fernández

Universidad de Valencia

Tácito nace hacia 55 d.C. y muere entre 117 y 120. En su Diálogo sobre los oradores Tácito dice que ha estudiado leyes y que en su juventud ejerce la abogacía. Llega al consulado en 97 y en torno a 111-112 desempeña el proconsulado en Asia. Hoy se recuerda principalmente a Tácito como historiador de la Antigüedad. Sus escritos fundamentales son Germania, Agrícola, Historias y Anales.

Germania

En esta obra Tácito estudia el conjunto de pueblos que viven más allá de la frontera renano-danubiana en el espacio geográfico conocido por los romanos como Germania libera. El topónimo Germania libera responde a ser la parte de Germania no sometida a las leyes romanas. Se contrapone a la Germania capta que ocupa la orilla izquierda del Rhín dominada por Roma y donde se hallan las ciudades de Colonia Agripina (Colonia) y Argentoratum (Estrasburgo).

En la Germania Tácito contrapone los pueblos germánicos con los romanos quienes habían caído en un proceso de decadencia con los dinastas julio-claudios y flavios. Tácito observa ese declive en que a raíz de la instauración del Principado el Pueblo Romano ha dejado de ser el protagonista de su historia al ser los césares quienes adoptan las decisiones políticas.

Tácito contrapone las costumbres pervertidas de los romanos a los usos de los germanos quienes no admiten el mestizaje y respetan al máximo la fidelidad matrimonial. Los maridos germánicos castigan de forma tan severa el adulterio que antes de repudiar a la esposa infiel la cortan el pelo y la pasean desnuda por toda la aldea. Además el adulterio tiene tal censura social entre los germanos que la mujer repudiada por adúltera no vuelve a encontrar esposo por muy rica que fuese.

Como buen patriota, pese a lamentar la decadencia de sus coetáneos, Tácito se congratula al indicar la ayuda de la Fortuna al Pueblo Romano por las rivalidades tribales de los germanos que les impiden atacar Roma. Tácito estima que el Pueblo Romano no podría rechazar a los germanos si éstos superasen sus disensiones internas e invadieran el Imperio. La Germania de Tácito supone un precedente de las descripciones geográficas y etnográficas y de la idea dieciochesca del buen salvaje. Sin embargo Tácito es etnocentrista al considerar al Mediterráneo el centro de la geografía, cultura e historia. En sus descripciones de las morigeradas costumbres germánicas Tácito se ve influido por el aprecio de los filósofos cínicos de Grecia hacia la sencilla vida de los pueblos primitivos a causa de su contraste con los sofisticados y decadentes usos helénicos por más que los filósofos cínicos sean también etnocentristas.

Agrícola

Es la biografía de su suegro Julio Agrícola a quien Tácito considera asesinado por Domiciano en el año 96. Con Agrícola Tácito vuelve a tomar el género biográfico que se había olvidado en Roma desde el reinado de Tiberio. Desde el reinado de ese emperador los césares se muestran hostiles al cultivo del género biográfico pues la exposición de las virtudes de los biografiados podía representar una crítica a los vicios imperiales. Agrícola de Tácito reúne los dos caracteres de biografía en sentido estricto y laudatio fúnebre. La laudatio fúnebre consiste en un discurso encomiástico de las hazañas y virtudes del fallecido que alguno de los deudos pronuncia en Roma desde lo alto de una tribuna antes de la cremación o sepelio.

Historias

El propósito de Tácito se ve en el capítulo 1 del libro I Las hazañas del Pueblo Romano, que se desarrollaron durante los ochocientos veinte años desde la fundación de la Urbe hasta el final de la época republicana, fueron narrados por los historiadores con una elocuencia pareja a la libertad; sin embargo cuando se llegó a la batalla de Actium, y todo el poder vino a converger en una sola persona, todos aquellos grandes ingenios desaparecieron al mismo tiempo, y la veracidad se vio quebrantada por dos motivos fundamentales: por el afán de agradar a los dominantes, y por el odio o la antipatía del escritor respecto al emperador y a los que detentan el poder. Yo voy a narrar los reinados de Galba, Otón, Vitelio, Tito, Vesapasiano y Domiciano ni por amor y sin odio.

Aquí se percibe el mismo sentido de decadencia de Roma tras la instauración del Principado que se aprecia en Germania. La pérdida de los valores cívicos por los romanos lleva a Tácito a enjuiciar de manera muy cruel la actitud de la plebe romana en 69 ante la lucha de los partidarios de Vespasiano contra los simpatizantes de Vitelio (Tácito, Historias, libro III, capítulo 83). Afirma que entonces se celebraban en Roma las fiestas conocidas por saturnalia y la plebe de la Urbe considera la guerra civil un espectáculo más de aquellas celebraciones, aplaude de forma indiscriminada a ambos grupos y se aprovecha del botín que queda sin dueño. Tácito afirma sobre este particular en las calles de Roma estaban presentes todos los crímenes que son propios en medio del lujo y del ocio, hasta tal punto que se podía creer que la ciudad era presa de la locura y la lujuria.

Tácito tiene esperanzas de que la instalación de un régimen moderado con Nerva y Trajano cambie las cosas al ser el historiador partidario de un gobierno equidistante entre la libertad completa y la esclavitud total. Originariamente las Historias de Tácito constaban de 15 libros. Sólo conservamos los cuatro primeros y algunos fragmentos del quinto. Las Historias de Tácito finalizan con la conquista romana de Jerusalén durante la Primera Guerra Judaica. Es una lástima que falte su relato de los años de Diocleciano por el aprecio que Tácito sentía por esa parte de su obra.

Anales

Tácito pretende historiar la trayectoria de Roma desde Augusto a Nerón. Los Anales han llegado asimismo en estado fragmentario. Se conservan enteros del libro 1 al 6 y del 11 al 16. Por tanto pueden leerse en su integridad los reinados de Augusto, Tiberio y Nerón y parte del de Calígula aunque falta por completo el de Claudio I.

La visión historiográfica de Tácito

Tácito plantea continuamente en sus escritos dos cuestiones que atañen al Principado: la relación del césar con sus súbditos y la pérdida de la libertad ciudadana, la paz y el bienestar en los ciudadanos romanos que el Principado ha traído consigo. Tácito atribuye los hechos históricos a la casualidad en contra de Tito Livio quien influido por el estoicismo reputaba a los hombres los instrumentos de los dioses para realizar sus fines. Tácito añora la República Romana y se presenta a manera de un censor del Principado.

Tácito analiza las conductas de los individuos dado que el Pueblo Romano no es el gestor de la historia de Roma desde el gobierno de Augusto. De aquí la importancia de sus etopeyas donde contrapone virtud contra vicio y bien versus mal. Tácito practica una historiografía moralista, psicológica y dramática. Por lo que se refiere a su actitud ante las mujeres siente compasión por las féminas desgraciadas como Octavia, la primera esposa de Nerón, pero se muestra reticente no sólo a la participación sino al influjo de las mujeres en política. Tácito piensa que la influencia femenina en política agudiza los problemas. Son muy críticas las etopeyas que efectúa de Livia, Agripina la Mayor y Plancina. Ésta última es la mujer de Pisón y la verdadera inductora de la conjura que su marido maquina contra Nerón en 65. Descubierta la conspiración Plancina abandona a su suerte a Pisón quien se suicida.

Tácito emplea como fuentes: 
     - Historiadores anteriores principalmente Tito Livio y Fabio Rústico 
     - La tradición
     - Crónicas contemporáneas
     - Documentos como las semisecretas Actas del Senado y las públicas Actas del Senado y el Pueblo


 
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