Bienvenido a la Hermandad del Valle
    Búsqueda


    Menú
· Inicio
· Presentación
· Estatutos
· Conversaciones
  en el Valle

· Convocatorias
· Recomendar
· Contacto
    Publicaciones
· Altar Mayor
· El Risco de la Nava
· El Brocal
El Brocal: El Brocal Nº - 76
Friday, 14 November a las 18:29:32

El Brocal

REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 76 – 13 de noviembre de 2008

SUMARIO



 

DE AMÉRICA HEMOS LLEGADO A ZAPATERO, (que es como no haberla descubierto)
Arturo Robsy

El doce de Octubre me pesa. Aficionado a los futuribles, hace mucho que me pregunto si nos hizo bien o mal. Cuando tenía veinte años escribí y representé en OJE, como teatro leído (en vida de Franco), una cosa llamada «No queremos descubrir América», donde daba razón de una serie de malas diferencias entre España y los Estados Unidos y otros: cantidad de Teléfonos, automóviles, televisores... Seguramente es cierto que la sangría de hombres (colonos, que no muertos) y de esfuerzos bélicos a los que nos obligó la defensa del imperio, nos postraron. Sin América... Pero me consuelo, porque ahora vivimos exactamente como si no la hubiéramos descubierto, humanizado y educado. Ni hizo falta, hoy, no descubrirla: me equivocaba como un leño hace 39 años.

Claro que me gustaría saber qué celebramos de veras. ¿A la Pilarica, Capitana General? ¿Al rey? ¿Al gobierno? ¿A esta España que ya no descubrió América y, en breve, ni a Cataluña y las demás regiones? Porque de la España real y eterna nadie habla porque nadie se acuerda.
Hay que ponerse en serio a descubrir España. Primero, claro, conseguir sus mapas, geografía física y psicológica. Segundo, hallar a algún Colón, venga-de-donde-venga, pero que les plante el estandarte en el puro colon. Y, tercero ir y crear Encomiendas (y encomenderos) en las Autonomías Históricas, para eso mismamente: para que sepan de su deuda histórica y la paguen.

Copio una maravilla que me ha llegado desde las manos de Alberto Torresano, Europa Nación. Es largo y bueno, pero sólo he cogido unos datos de los presupuestos del año, que dicen, ellos solos, más de lo que se me ocurriría:

«Pero veamos las cifras, veamos lo que le importan a Rodríguez Zapatero y a su ministra pacifista los Ejércitos de España, veamos los Presupuestos generales del Estado 2.009.

 
% variación en términos corrientes
% variación en términos reales
Ministerio defensa
-    3’0
-    7’0
Ministerio Igualdad
+ 22’1
+ 18’1
Ministerio Vivienda
+ 16’8
+ 12’8
Ministerio Industria
+ 25’4
+ 21’4
Inst. para vivienda FF.AA.
- 14’2
- 18’2
Infra. Y equipa. Defensa
- 46’2
- 50’2



He utilizado como comparación los Mº de Igualdad y Vivienda, por tratarse de dos Ministerios perfectamente inútiles y prescindibles, el primero es simplemente una vergüenza, pura demagogia zapateril, y el segundo ha demostrado perfectamente su inutilidad. También he añadido el Mº de Industria que incrementa enormemente su dotación para financiar el plan VIVE, 500 millones de euros, una auténtica burla, una tomadura de pelo del Sr. Sebastián para financiar vehículos ecológicos, lo que tiene narices, mientras nuestros soldados se juegan la vida todos los días en sus misiones en el exterior por carecer de vehículos acorazados y del resto del material adecuado. absolutamente inaceptable e indigno».

La clave siempre es la misma, y no sólo se debe a la furia que no cesa por la derrota ni a la necesidad de vengase para poder llegar a ser lo que se imaginan ser. Andan en manos de sueño sin sueños. También a que están transformando –despacio y con ayudas– un ejército nacional en una milicia del estado, o sea, un Ejército Popular. Van muy avanzados ya.

De conseguirlo, volverán a las unidades de defensa orgánica del territrio, DOT, pero, en sus manos, la fuerza real para seguir en el poder y en su estrategia de termitas. Y entonces aparecerá algún Trotsky y la liará.


EN URUGUAY LA DERECHA AÚN NO SE HA ENTERADO DE QUE EL COMBATE PRINCIPAL ES EL CULTURAL
Diego Díaz- Germán Sainz

ElManifiesto.com


MONTEVIDEO.- Hace cosa de cinco años constituía en Uruguay una quimera el solo hecho de pensar que la hegemonía izquierdista podía presentar una ranura en su muro de contención cultural, era una quimera. La máxima «gramsciana» había gestado, durante décadas y con paciente activismo, un monopolio tan férreo que no pudo sino conducir al predecible triunfo electoral de la izquierda del año 2005. Esta realidad es la norma común en toda Iberoamérica, donde la izquierda ha desplazado del poder a un liberalismo que hoy se muestra desgastado.

El efecto dominó del aplastante triunfo político de los partidos de izquierda en toda la América hispana corroboró la sentencia de Alain de Benoist quien había anunciado ya hace décadas, que: «No hay revolución ni cambio posible en el orden del poder si las transformaciones que se trata de provocar en el terreno político no han tenido lugar ya en las mentes».

La estrategia gramsciana ha sido la catapulta de un panorama político concreto. De hecho, en países como Uruguay o Argentina, en estos últimos tiempos, ha sido la misma izquierda la que, detentando una hegemonía cultural jamás lograda en su historia, genera las tesis y ella misma les plantea objeciones, manteniendo así el círculo vicioso de la prédica ideológico-cultural en el ámbito publico.

Pero en los últimos tiempos, el monopolio obró en conformidad con su misma dinámica. Al carecer de reto, dada la inexistencia de una oposición real, la izquierda se ha tornado vacía, aburrida. Ha caído en lo que Benoist ha definido como la «ideología de lo mismo». No ha podido regenerarse convenientemente, pues su larga y solitaria estancia en el escenario de las ideas le está costando caro.

Así, la familia de la izquierda uruguaya ha visto apagarse prontamente su capacidad de movilización debido al ejercicio concreto del poder, que fue desgastando sus «mitos» movilizadores. Sus bases militantes –pilares vitales de su nacimiento y crecimiento continuo– se han visto reducidas a un vestigio de lo que fueron en el pasado. Por último, en un país de población de origen europeo y marcada por la carga cultural de Occidente, el nuevo discurso «latinoamericanista» de cariz indigenista, al estilo de Hugo Chávez o Evo Morales, no encuentra eco, como también resultan difíciles de aceptar otras iniciativas culturales que la izquierda global intenta imponer.

Ante este panorama de creciente desprestigio, la pregunta es: ¿cómo puede ser que la izquierda mantenga aún la total hegemonía cultural? En lo que a la dimensión política respecta, la caída ha sido mayor, pero es en el plano cultural donde ha sido menos pronunciada, aunque también se perciban signos de cansancio. De haber contado con competidores medianamente posicionados y jugando en torno a las mismas coordenadas que ella, la izquierda cultural estaría en un brete aun mayor. Sencillamente, la población comienza a hartarse de la «cultura progre», pero no hay quien arroje la primera piedra: no porque no haya necesidad ni deseo de hacerlo, sino por falta de quien la lance.

Basta analizar la peripecia histórica del Uruguay para advertir que la izquierda ideológica nunca ha contado con una derecha real con la que alternar, o siquiera rivalizar, en el plano cultural.

Los liberales continúan en su obtuso economicismo, preocupándose simplemente de las tasas de crecimiento del Producto Bruto, impuestos y recortes fiscales. Han tenido un protagonismo importante en la historia uruguaya, pero su ortodoxia y su vanidad no les permiten ver el proceso de hegemonía cultural que la izquierda ha culminado con éxito. Fue interesante presenciar en la Televisión Nacional, una entrevista realizada por el periodista liberal Gabriel Pereira, al presidente socialista Tabaré Vázquez, entrevista publicitada como «audaz», «sin concesiones» y poco condescendiente con el mandatario uruguayo. Como buen liberal, los «aprietos» en los cuales Pereira intentó colocar al Presidente siempre, sin excepción, versaron de temas económicos relacionados con el crecimiento, la tasa de desocupación, la macroeconomía, el impuesto sobre la renta y otras «tecnocratitas» temáticas que nada tenían que ver con los cambios culturales que, desde el gobierno, se intentan imprimir constantemente. A modo de ejemplo, en esa misma semana se votaba en el parlamento una ley que prevé que los menores de edad puedan cambiar de nombre –en cuanto al sexo se refiere– mediante las denominadas leyes de «defensa de género» y «antidiscriminación». El periodista, fiel a su laissez faire liberal, perdió una buena oportunidad de preguntarle sobre éste y otros temas relacionados con la política cultural. Ejemplos de esta índole abundan por doquier.

En Uruguay no existe –ni ha existido– una derecha consciente de sí misma, que se reivindique como tal y que moldee su silueta a partir de cómo ella misma desea presentarse. Mucho menos que se defina en términos de identidades o valores. Pervive sí –a modo de lastre nefasto– una derecha «patriótica» que se mantiene aún en las coordenadas de la Guerra Fría, ajena por completo a la realidad del siglo XXI. Continúa centrando sus esperanzas en las victorias electorales de los partidos liberales de centro (en Uruguay no existen partidos políticos de derechas), cuando no en un nostálgico rescate del pretorianismo de antaño, sumando a todo ello una serie de otras tantas características poco saludables: no posee la más mínima autocrítica, y es temerosa frente al recambio generacional. Su legado poco «nacional» –aunque no deje de predicar un desorbitante nacionalismo– la acerca al atlantismo de los mejores tiempos de la «pentagonización»; es sectaria y no entiende de estrategias a largo plazo. Cree ciegamente que la política –y no la cultura– es la clave determinante del poder.

Ante este panorama desolador bastaría preguntarse cuál puede ser un escenario alternativo en momentos en que la izquierda cuestionada en sus premisas, permite un espacio que nadie sabe ni desea ocupar.

El aire continúa viciado, aunque las corrientes cambien de dirección. Está lejos de surgir un discurso contestatario real y digno, donde una derecha renovada, transversal en su propuesta y «gramsciana» en su estrategia, comience a hacerse oír y tenga un protagonismo acorde a los tiempos que corren.


EL NACIMIENTO DE LA CIENCIA PREHISTÓRICA
Gonzalo Fernández
Universidad de Valencia

La Prehistoria tiene por objeto la época anterior a la aparición de una escritura descifrada por medio del estudio de los fósiles u objetos materiales. A su vez la Protohistoria analiza las sociedades con escritura aún no descifrada. Los fósiles necesarios en el estudio de la Prehistoria pueden ser físicos o culturales. Fósiles físicos son los restos humanos y los restos de animales que se vinculan a un hábitat distinto del actual. Fósiles culturales son la cerámica, las armas, las construcciones y los tipos de enterramientos.

La Prehistoria arranca de la aparición del homo habilis. El homo habilis es un primate que sabe usar sus manos. Los restos más antiguos de homo habilis se fechan en torno a dos millones de años antes de Cristo. Por el contrario el punto final de la Prehistoria es muy variado. En el Próximo Oriente acaba en torno a 5000 a.C. pues en ese momento aparecen simultáneamente unas escrituras descifradas en Mesopotamia y Egipto sin que pueda precisarse a qué región de las dos corresponde la primacía. En la Península Ibérica la Prehistoria acaba con la aparición de la escritura en la cultura tartésica durante la primera mitad del primer milenio a.C. Sin embargo las civilizaciones tartésica e ibérica (heredera de la tartésica) son estudiadas por la Protohistoria pues no se ha descifrado su escritura. La Protohistoria concluye en la Península Ibérica en 218 a.C. con el desembarco romano en la colonia griega de Emporion (actual Ampurias en Gerona) que inicia la romanización. En el decurso del fenómeno romanizador se cuenta ya con testimonios sobre los pueblos peninsulares que se deben a los escritores latinos. En Escandinavia la Prehistoria llega hasta épocas muy avanzadas del primer milenio d.C. En la Península Italiana la Etruscología pertenece a la Protohistoria mientras que el devenir de Roma desde la mitad del siglo VIII a.C. y la colonización griega de Sicilia y Magna Grecia se inscriben dentro de la Historia. La primera colonia griega fundada en el sur de Italia es Phitekoussai que establecen eubeos calcidios y eubeos erethios hacia 770 a.C. La conquista romana de las Galias (58-51 a.C.) y el sur de Britania (40-61 d.C.) acarrean el fin de la Prehistoria en ambas zonas. En América, África Negra y Oceanía la Prehistoria perdura hasta sus respectivos descubrimientos por los navegantes y exploradores occidentales.

En 1423 Enrique de Villena (1384-1434) alude al uso antediluviano del cuchillo en el Arte Cisoria. Villena preludia al médico y humanista italiano Michele Mercati (1541-1593) quien afirma por vez primera que las piedras del rayo del vulgo son hachas de piedra pulimentada fabricadas por el hombre. En 1534 el humanista valenciano Pere Antoni Beuter (1490-1554) recoge el hallazgo de una tumba en Aragón que contiene huesos grandes y armas de pedernal. El inmortal dramaturgo Félix Lope de Vega Carpio (1562-1635) constata las pinturas rupestres de unas rocas en Las Batuecas (Salamanca). En la Historia de la Milicia Española Joaquín Marín y Mendoza (1725-1782) piensa que antes de inventarse el hierro debieron usarse armas de pedernal colocadas en el extremo de palos de madera como en su tiempo hacen los americanos.

En la Europa Reformada la Prehistoria sufre un retroceso en 1642-1644 y 1648 cuando el vicecanciller de la Universidad de Cambridge John Lightfoot (1602-1675) y el arzobispo de la Iglesia de Inglaterra James Ussher (1581-1656) defienden que:

• La creación comienza el atardecer próximo al equinoccio de otoño de 3929 a. C. (Lightfoot)
• El mundo fue creado a las 9 de la mañana del domingo 23 de octubre del año 4004 a.C. (Ussher)

El Catolicismo jamás acepta ideas tan peregrinas. Sin embargo las cronologías de Lightfoot y Ussher hacen surgir la hipótesis del catastrofismo entre los científicos protestantes. Sus principales representantes son Carlos Linneo (1707-1778) y Georges Cuvier (1769-1832). Ambos aceptan la cronología de Ussher. Por tanto, si la Tierra no es mayor de 6000 años, el relieve se formaría por medio de catástrofes de las que la última es el Diluvio Universal. De 1830 a 1833 Sir Charles Lyell (1797-1875) demuestra la falsedad de la hipótesis catrastrofista. Lyell impone en el mundo científico el uniformismo ya formulado en el siglo XVIII por James Hutton (1726-1797). El uniformismo preconiza que la Tierra se ha formado lentamente, a lo largo de extensos períodos de tiempo y a partir de las mismas fuerzas físicas que hoy rigen los fenómenos geológicos como erosión, terremotos, volcanes, inundaciones, etc.

La Prehistoria científica empieza con Jacques Boucher de Perthes (1788-1868). Entre 1844 y 1860 Boucher de Perthes excava las terrazas de Menchecourt-les-Abbeville en el Valle del Somme en la región francesa de Picardía. En 1860 Boucher de Perthes presenta las primeras conclusiones de sus trabajos arqueológicos en el discurso titulado De l'Homme antédiluvien et de ses œuvres:

• El Hombre es contemporáneo de ciertos animales desaparecidos antes del Diluvio que narra la Biblia con lo que el género humano aparece en la Tierra al menos 200.000 años antes de Cristo en base a los depósitos del Somme.

• Los climas han cambiado al haberse encontrado huesos de elefantes e hipopótamos en el Valle del Somme.

• En el Valle del Somme se distinguen desde la Prehistoria hasta el siglo XIX un período tropical, otro glacial y un tercero templado.

De 1863 a 1868 Eduard Lartet (1801-1871) excava las cuevas de Le Moustier en el Perigord y La Madeleine en Dordoña. Ésta última es importantísima al atestiguar la existencia del arte prehistórico. Lartet idea una división paleontológica con base en las sucesivas edades del hipopótamo, oso de las cavernas, mamut y reno. No obstante esa teoría es sustituida por la del danés Christian Jürgensen Thomsen (1788-1865) con las modificaciones de Sir John Lubbock (1834-1913). En 1836 Thomsen había expuesto en su Guía de las antigüedades nórdicas la existencia de tres Edades prehistóricas: Piedra, Bronce y Hierro. El alejamiento de Dinamarca hace que su teoría quede olvidada hasta que en 1865 la divulga Sir John Lubbock en su libro Prehistoric Times con la variante de dividir la Edad de Piedra de Thomsen en Edad Antigua de la Piedra o Paleolítico (con utensilios tallados por toscas percusiones) y Edad Moderna de la Piedra o Neolítico (con herramientas de piedra pulimentada).

En Prehistoric Times Lubbock divulga tres ideas anteriores:

• La teoría de la evolución de Darwin, incluyendo sus hipótesis sobre el origen y la evolución humana.

• Las ideas sobre la evolución geológica uniforme de la Tierra de Charles Lyell, sus leyes de la estratigrafía y la negación tanto de las teorías catastrofistas como la del Diluvio Universal.

• La teoría de Boucher de Perthes sobre la gran antigüedad del ser humano.

• Henry Testot-Ferry (1829-1869) excava el yacimiento de Solutré durante los tres últimos años de su vida. Gabriel de Mortillet (1821-1898) supone la culminación de la ciencia prehistórica en la Francia Decimonónica. A G. Mortillet se ocurre la idea de clasificar las facies de la Prehistoria según los lugares epónimos. Mortillet divide la Prehistoria en 14 facies de las que la actual nomenclatura conserva los nombres de Achelense, Musteriense, Solutrense, Magdaleniense y Turasiense. Sin embargo Gabriel de Mortillet comete dos errores:

• Describe el Auriñacense como una fase de transición entre el Solutrense y el Magdaleniense porque los útiles de hueso son raros en el Solutrense, se hacen presentes en el Auriñacense y se hallan muy elaborados en el Magdaleniense. Ya en el siglo XX el sacerdote y prehistoriador francés Henri Breuil (1877-1961) coloca al Auriñacense con plena exactitud como una fase anterior al Solutrense y al Magdaleniense.

• Piensa en la imposibilidad por el Hombre del Paleolítico de ejecutar un arte parietal y enterrar a sus muertos pese a admitir la existencia en el Paleolítico de un arte mobiliario al que considera empero primitivo y mal ejecutado. Mortillet se equivoca por su fe en el evolucionismo lineal que le hace insistir en la negativa de que esas industrias líticas tan primitivas sean contemporáneas de actividades más complejas como el arte parietal y las tumbas. El evolucionismo lineal de Gabriel de Mortillet le lleva a defender que los ritmos evolutivos del arte, técnica y religión han de ser por fuerza idénticos y coetáneos. Los descubrimientos arqueológicos del siglo XX han atribuido con completa justeza al Hombre del Paleolítico la capacidad de hacer arte parietal y la costumbre de sepultar a sus difuntos

 
EL USO POLÍTICO DE LAS LENGUAS
Horacio Vázquez - Rial
LibertadDigital

El perverso uso político de la lengua ha llevado a invertir el sentido de su función. De instrumento de comunicación, han pasado a serlo de separación. En el mundo, y no sólo en nuestro limitado espacio nacional, donde el vascuence, el catalán y el gallego han venido subvirtiendo todo el entramado de relaciones que componen una nación.

Hace años la Crida, una esperpéntica organización parapolítica de los nacionalistas catalanes radicales, difundió un mapa, un planisferio, en el que aparecían señalados todos los países y regiones en los que, según ellos vendían, había «lenguas oprimidas». Como por entonces yo era joven y tenía ánimos para la discusión de lo inmediato, me detuve en una parada callejera en la cual se regalaban esos mapas, y en la que había uno expuesto. Le pregunté al muchacho que se encargaba de aquello por qué habían señalado el Paraguay, conociendo de antemano la respuesta: me dijo, como era de esperar, que el guaraní era una lengua oprimida por el español invasor, y que los indígenas tenían todo el derecho del mundo a expresarse en ella.

Era la época, todavía, de Stroessner, un militar sin guerras, primera generación en Paraguay, hijo de alemanes o alemán él mismo, que gobernó el país con mano de hierro durante largo tiempo. Stroessner promovió ampliamente el uso del guaraní en los medios de comunicación, sobre todo en el más influyente entre las grandes masas de analfabetos: la radio. Había más emisiones en guaraní que en cualquier otro idioma: tal vez el dictador no lo supiera designar así, pero hacía ingeniería social mediante la inmersión lingüística.

¿Qué se proponía el hombre con aquello? Pues evitar que los paraguayos escucharan las radios en español y en portugués que, desde Argentina, Uruguay y Brasil, emitían sus programas con serias críticas al régimen. Fue un proceso de aislamiento, un cordón sanitario lingüístico, que le permitió sobrevivir como último dinosaurio de la región. Desde luego, la cosa fue promovida como preservación cultural, pero poco tuvo de preservación, puesto que Paraguay había sido arrasado en el siglo XIX, durante una guerra que se convirtió en uno de los verdaderos genocidios previos al siglo XX (los otros fueron el de la Vendée y el del Congo): «No debe quedar vivo un paraguayo mayor de diez años», sentenció un prócer argentino, y así se hizo, dando lugar a lo que, generosamente, cabría calificar de interrupción en el desarrollo histórico del guaraní, que quedó como lengua residual de las mujeres indígenas sobrevivientes y que no creció en la escritura.

Como factor de división y, por lo tanto, de debilitamiento institucional de los Estados en los que el conflicto prospera actúan hoy el flamenco y el valón en esa Bélgica que se mantiene milagrosamente junta, que no unida, solo por alojar en su territorio la capital de la Unión Europea. Lo mismo cabe decir del inglés y el francés en ese Canadá que Francia quisiera seguir viendo como colonia propia en América: aún tengo presente la visita de De Gaulle a Canadá, y su pomposo discurso oficial que terminó con una provocación a sus anfitriones: «¡Viva Québec libre!», se permitió proferir Le General (no sé si Leclerc, el verdadero héroe de la resistencia francesa, superado políticamente por el militar alto al que Churchill despreciaba con toda su alma, hubiese hecho algo parecido).

Por otra parte, tengo que concluir que no es en vano que Alemania y Francia ocupen el puesto que ocupan en nuestros destinos, vista la claridad con la que han enfocado históricamente la identidad de lengua y nación. Alemania, desde Lutero. Francia, desde la revolución de 1789, que encontró un país lingüísticamente disperso e impuso a sangre y fuego el francés, hasta entonces privativo de la Île de France y algunas otras zonas.

Resulta curioso constatar que son los progres los que más se inquietan por el destino de las lenguas minoritarias, cuando hubiesen sido de todo punto imposibles algunos de los avances de los que tan orgullosos están: por ejemplo, los procesos de descolonización y el nacimiento en África de nuevos Estados, que en algunos casos han llegado a adquirir entidad de naciones. Véase Argelia: cuando los franceses colonizaron el territorio se hablaban allí veintinueve variantes del árabe, mutuamente ininteligibles (como lo eran hasta la impostación del batua las ocho lenguas que ahora se quieren «integradas», desde el vizcaíno hasta el bajo navarro, según bien explica Gregorio Salvador en Lengua española y leguas de España): la independencia de Argelia no era posible sin una lengua que permitiera organizar a los distintos sectores étnicos y culturales (aún hoy con enormes conflictos entre ellos), y esa lengua fue el francés, difundido y asumido por la omnipresencia de la escuela pública de los colonizadores. En francés se estructuró el Frente de Liberación Nacional y en francés se rigieron los prostíbulos con que se financió en buena parte su guerra. También en francés tuvieron que entenderse los torturadores de la OAS, de muy diversos orígenes, aunque en la dirección se encontraran los cuadros croatas de la escuela ustacha de Pavelic, que más tarde, una vez servidos los objetivos de De Gaulle, se sometieron al inglés para montar la tristemente célebre escuela de monstruos de Panamá.

Cuando Perón regresó a la Argentina y tuvo lugar la matanza de Ezeiza, en la que cayeron cientos de ingenuos militantes que iban a recibir a su líder, las órdenes de fuego se dieron en francés, aunque la proporción de croatas fuese similar a la que había en la OAS, puesto que se trataba de la misma gente: Pavelic fue protegido por Perón y sólo más tarde cooptado por De Gaulle, pero sus hombres venían de la experiencia argelina. En la última exposición de World Photo Press, que acabo de ver, está la imagen de un animal con forma humana, al que el hipócrita redactor de los textos de acompañamiento designa como «general disidente» en el Congo, un tipo siniestro, con unos ojos sin fondo, con un secuaz armado hasta los dientes a cada lado, y la pared que le guarda las espaldas se ve cubierta de pintadas con el nombre de su movimiento, de liberación, por supuesto, todas en francés. Tampoco esa guerra eterna y sin sentido se podría librar en las lenguas locales, ni se podría hacer propaganda o amenazar universalmente valiéndose de ellas. Hasta las más hondas desinteligencias requieren para realizarse que los enemigos se entiendan.

Pues bien: para los nacionalistas de todo pelaje, guaraníes o flamencos, catalanes o quebequeses, las lenguas han dejado de ser un instrumento de comunicación y han pasado a ser un objeto de identidad colectiva, cosa que está más allá del sentido común y de la prueba histórica. Nada sorprendente en una época en la que el derecho a la igualdad ha sido sustituido por el derecho a la diferencia. Nada menos.
 

 
    Opciones

 Versión Imprimible Versión Imprimible

 Enviar a un Amigo Enviar a un Amigo

Disculpa, los comentarios no están activados para esta noticia.