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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava nº - 437
Wednesday, 19 November a las 21:23:09

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 437 –  18 de noviembre de 2008

SUMARIO

  1. Apuntaciones sobre la reunión de Washington. Antonio Castro Villacañas
  2. Pepiño Blanco, ese franquista. Javier Compas
  3. Reputada Diputación. Miguel Ángel Loma
  4. Radiografía de un tiempo. Eduardo López Pascual
  5. Un ente apestoso. Jesús Flores Thies
  6. G-20, ¿quién se acordará de los 923 millones de hambrientos?. Zenit (Manos Unidas)
  7. Spain is not América. Francisco José Adán


 

APUNTACIONES SOBRE LA REUNIÓN EN WASHINGTON
Antonio Castro Villacañas


El fenómeno de la corrupción, que de vez en cuando aparece en las páginas de nuestros periódicos, no es una simple anécdota sino una lógica e inevitable consecuencia de las condiciones estructurales e ideológicas que determinan la dimensión fundamental de la sociedad contemporánea. Esas condiciones son las propias del liberal-capitalismo, sistema político y económico propio de USA y demás naciones civilizadas, que hasta ahora (veremos lo que pasa tras la conferencia de Washington) funcionaba bajo la tutela del FMI, el Banco Mundial y los Departamentos de Estado y del Tesoro de los Estados Unidos, lo que explica que tuviera una extraordinaria potencia expansiva.

Esa expansión, y la propia esencia del sistema, lleva más de un año haciendo agua por muchas partes –según nos informan a diario quienes entienden de estas cosas– porque el capitalismo ha acentuado mucho su carácter financiero, convirtiéndolo en desnortado y enloquecido. Todo ello, sumado al furor por la especulación, el hiperconsumismo no controlado y la inflación que no cesa, motiva que los dirigentes políticos y económicos de este mundo no sepan qué carta deben jugar y a qué carta les conviene quedarse. La crisis desencadenada y los contradictorios remedios que hasta ahora se han aplicado, consistentes sobre todo en transfusiones masivas de dinero para dotar de liquidez a los bancos o en nacionalizar algunos de ellos, no parecen garantía suficiente de que con ello se impida el naufragio de este capitalismo inicuo y depredador, caracterizado por la ignominia de algunos repugnantes escándalos empresariales, el aumento de la precariedad laboral y la creciente desigualdad entre una minoría de ricos muy ricos y el resto de los ciudadanos del mundo.

En defensa del liberal-capitalismo se nos dice que el hoy derrumbado nada –o muy poco– tiene que ver con el que Max Weber y Tawney propusieron en los primeros años del siglo XX como explicación teórica y justificativa de la prosperidad experimentada a lo largo del siglo XIX en las naciones más potentes del mundo. El liberal-capitalismo clásico, por estar profundamente ligado a la ética calvinista y en general a la protestante, nos dicen ahora que se vincula con la autodisciplina, el trabajo duro, la austeridad, el ascetismo familiar e individual...

Esas clásicas virtudes de los primeros capitalistas tan divulgadas por las películas inglesas o norteamericanas –herederas de las novelas de igual procedencia–, se han transformado en un irresponsable y creciente despilfarro consumista. Dos ejemplos: en los EEUU, según ciertas estadísticas, el gasto en publicidad supera al presupuesto de toda la enseñanza superior, y el Instituto Worldwatch nos dice que en los cuarenta años que van desde 1950 a 1990 la humanidad ha consumido más bienes y servicios que todas las generaciones precedentes...

Dejando a un lado este tipo de estadísticas, que son difíciles de contrastar y por tanto de asumir, lo que ninguno de mis lectores me podrá negar es que el liberal-capitalismo de nuestros días no tiene como objetivo y motor el producir bienes que satisfagan todas las necesidades populares, sino el de ganar dinero, el de obtener beneficios, los más posibles y cuantiosos, no digo que por cualquier procedimiento y sea como sea, pero casi...

Este fin de semana se reúnen en Washington 37 jefes de Estado o de gobierno de otras tantas naciones para ver si se ponen de acuerdo sobre cuáles son las características y las causas de la grave enfermedad que padece el sistema político, social y económico que rige la mayor parte del mundo actual. ¿Confían ustedes en que después de las inevitables –y muy convenientes– fotos saldrá de esta reunión algo que nos sirva a todos de provecho? Yo no soy ni optimista ni pesimista, pero creo que las ideologías allí reunidas o allí representadas –socialismo y liberal-capitalismo– tendrán en cuenta que los hechos han demostrado su eficacia y su ineficacia. No creo que de ello saquen las lógicas consecuencias: repasar el hoy y el ayer sólo sirve de algo si se hace pensando no en el mañana inmediato sino en el pasado mañana.

PEPIÑO BLANCO, ESE FRANQUISTA
Javier Compás


«Más Estado, menos mercado» ha proclamado eufórico Don José Blanco, vicesecretario general del PSOE, como conclusión personal de la cumbre del G-20 (+2) que se acaba de celebrar en Washington.

Frente al capitalismo liberal y salvaje, la teoría socialista propone un mayor control estatal sobre los mercados, bancos, entidades financieras, etc. Todo ello lógicamente sin perder el nivel de prestaciones sociales conseguido, donde España es vanguardia mundial y puede dar clases a cualquiera.

A lo mejor si el régimen de Franco hubiese tenido más bohemia y menos Iglesia, más populismo y menos clasismo, el general hubiese sido uno de esos caudillos admirados por la izquierda como Fidel, Chávez, etc.

Y es que el Franquismo llevó a la práctica un plan de regeneración nacional en economía y logros sociales que ya le gustaría haber hecho cualquier socialista.

Tal vez si el régimen del general Franco hubiese profundizado en la línea nacional sindicalista en vez de propiciar el advenimiento de los tecnócratas, si hubiese puesto coto a la corrupción, la especulación y el enriquecimiento de los que, amparados en la inquebrantable adhesión, solo procuraban su medra personal, España podría haber sido un país aún más justo socialmente, si la presión internacional lo hubiese permitido.

Recapitulemos algunas pinceladas:

Se crea la Seguridad Social, con asistencia sanitaria gratuita para todos los españoles y pensiones para su jubilación.

Se crea el Instituto Nacional de la Vivienda para proporcionar casa digna a los españoles. Años en los que se fueron desterrando los corrales de vecinos, accediendo los españoles a pisos modernos, barrios donde aún podemos ver la placa del INV en los portales.

Se crean las universidades laborales, centros de formación integral para jóvenes, con amplios sistemas de becas y formación enfocada al mercado laboral y profesional (o sea, lo que se quiere recuperar hoy).

Se nacionaliza el Banco de España.

Se crea el Instituto Nacional de Industria.

Se crean grandes empresas estatales generadoras de empleo digno y ventajas para el pueblo: RENFE, Tabacalera, CAMPSA, Iberia.

Se crea Educación y Descanso: residencias de verano para trabajadores, escuelas de cuidado y fomento de la cultura y el folclore popular, instalaciones deportivas y recreativas.

Se inauguran numerosos pantanos que remedian los problemas de sequía española. Puertos, carreteras, aeropuertos.

Si a todo ello añadimos la paz, la seguridad ciudadana, la educación en el respeto a los demás, a los mayores, a la familia. Todo queda lejos de ese mundo gris, terrible, pobre y represivo que la «esmemoria histórica» quiere pintar.

 

REPUTADA DIPUTACIÓN
Miguel Ángel Loma


El pasado 30 de octubre, el Pleno de la Diputación de Sevilla aprobó por unanimidad revocar los honores concedidos en su día por esta institución provincial a los generales Francisco Franco y Gonzalo Queipo de Llano.

Con tan arrojado acto, todos los grupos políticos (PSOE, PP, IU y PA) integrantes de este imprescindible organismo, expresaban su rechazo hacia ambos militares por haberse levantado en armas contra el glorioso destino al que alegremente nos conducía una república que manaba leche y miel (bueno, más leches que miel), privándonos así de pertenecer al selecto club de paraísos terrenales que, respondiendo al bonito nombre de «repúblicas democráticas populares», constituyeron tal paradigma de desarrollo en derechos y libertades que, muy a su pesar, se vieron obligados a erigir muros y alambradas para contener a las masas de inmigrantes que, hacinados a sus puertas, pretendían beneficiarse de las conquistas sociales obtenidas en aplicación de las humanitarias doctrinas del padrecito Stalin.

En una época de grave crisis económica y, sin duda, de profunda preocupación para nuestros políticos, es de agradecer la exquisita sensibilidad demostrada por la arriesgada decisión de nuestra reputada Diputación, y que, lejos de distraerse en asuntillos menores como atender las necesidades de las poblaciones a su cargo, hayan sido capaces de aparcar sus elevadas disputas partidistas para enfrentarse, todos a una, contra la sombra de dos generales cuyas apariciones espectrales siempre pueden constituir una viva amenaza para nuestra generosa democracia. Desde una incontenible emoción, felicito a nuestros reputados y reputadas diputados y diputadas; su valiente y unánime gesto difícilmente podrá ser olvidado en los siglos venideros.


RADIOGRAFÍA DE UN TIEMPO
Eduardo López Pascual


¿Contará el PP con estas sabias decisiones para ganar las próximas elecciones?

El hombre había nacido para la ciudad en un momento donde no era posible el acuerdo y la concordia; las mismas calles en las que transcurrieron sus años de ilusión y trabajo, aparecían vacías del gesto alegre, de colores sin primaveras y caminos hacia la tarea que trajera el pan de cada día; el hombre se sintió tremendamente triste asomado a la ventana de su tiempo, como adusta era su cara ante los niños huérfanos de libros y escuela, de gentes huyendo a lugares más seguros y pueblos sin violencia. Después de una vida de testigo por el mundo injusto que le acompañó desde el principio, luego de tantos años esperando el momento esperado para la buena aventura y otro futuro, había decidido bajarse al moro, en el decir ordinario, a esas calles donde residía el desamor y la tragedia se eternizaba.

Tuvo que dejar, y lo hizo sin pedir nada a cambio, el calor de habitaciones más ricas, de costumbres doradas por el sino propio y el esfuerzo personal, y aquella suerte de surgir de entre la casa poderosa y la herencia sobrevenida, solo por ser miembro primogénito de familia acrisolada, elegida, en medio de una sociedad todavía sujeta a clases y clanes. Supo y quiso llevar toga e inteligencia sobre sus propios hombros dedicados a los demás, a los hombres y mujeres que mal que bien resistían las inclemencias de un destino oneroso y a veces miserable. Recapacitó sobre lo que vivía y veía en las aceras de plazas y avenidas, en las paredes de la fábrica y el tajo, y aprendió también a buscar una revolución con poesía; tenía a su favor el rostro muy sereno, ojos firmes y una mirada clara y firme. Y dándole sentido, un estilo en la forma y en el modo que cautivó a una gran parte de su pueblo.

Ofreció su misma vida para que de nuevo tres generaciones de españoles intentaran la comprensión, el diálogo; un destino común. Lo había aprendido de su maestro Ortega, quizá involuntario guía para un esfuerzo espiritual, profundo, sincero, y regresar a un pueblo con destino universal, es decir, más allá del ansia de aldea, y el beneficio individualista y nada solidario. Tenía un lenguaje tan expresivo como exacto, tan ético como estético, y quizá una consigna lo hablaba con palabras de poeta. Esas fueron por encima de todo sus herramientas para arar una tierra nueva, un espacio inédito, una sociedad distinta y mejor. La mirada arriba hacia un lugar libre de contaminación social, de seres marginados, de vidas comprometidas y muchas veces en peligro; había inventado la primavera que vendría por izquierdas y derechas, y rezaba por un ciudadano que fuera eje del sistema. Incluso se vistió con la camisa azul mahón del proletario, para estar más cerca de sus carencias, de sus esperanzas, de su verdad.

Hoy casi no suenan campanas en su recuerdo, y aun los que en otro tiempo cantaron su palabra, rezongan ahora acomodados en sillones de butapercha y mítines con adornos en rojo; no importa, porque ese hombre que se llamó José Antonio, ni siquiera murió contra ellos, sino por ellos.


UN ENTE APESTOSO
Jesúa Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado

En el mundillo del tebeo, había un personaje informe y deforme de muy difícil definición al que sus creadores, sin romperse demasiado la cabeza, lo llamaron «la Cosa». Existen organismos, a veces muy poderosos, a los que da la impresión de que es muy difícil darle un nombre adecuado, y entonces se tira por la calle de en medio y se les denomina «Ente», es decir, «Cosa». Pues tenemos una «Cosa», tan deforme e informe como el personaje del tebeo, y es la TVE, a la que se le denomina «ente» y, de esa forma, se acaban los problemas gramaticales.

Pues ese «ente», esa «cosa» deforme y repelente llamada TVE ha acogido con raro entusiasmo las normas dadas por el amo sobre la «Memoria Histórica», sin el menor respeto a la verdad, a la dignidad, a la vergüenza y hasta a la más pura lógica. El amo elige a quien mejor le sirve. Ignoramos quién es el homínido que dirige la «Cosa», pero indudablemente se gana el espléndido sueldo que le pagamos, incluso aquellos que lo despreciamos.

Lleva la TVE varias jornadas ordinarias mareándonos, además del tema con las fosas, con los ancianitos de las Brigadas Internacionales que nos visitan a golpe de dieta. Estos visitantes son desechos de tienta, residuos miserables de aquellos pobres engañados enviados a España por los sicarios de Satalin, personaje hoy odioso, menos en lo referente a España. Y decimos residuos miserables, sin ningún respeto a la ancianidad de esos visitantes del pasado «pasionario», porque al parecer forman el residuo más vil de aquellos voluntarios enviados por el Komintern soviético, engañados y carne de cañón. Aquellos otros ingenuos voluntarios que quisieron dar marcha atrás cuando se dieron cuenta de la mentira sangrienta, acabaron en los paredones y cunetas, tan amadas por Rodríguez y, sus pasaportes enviados a la Lubianka, junto con los de los caídos en combate o enfermedades.

Nadie ha permitido en el «Ente» una crítica o estudio histórico digno y documentado sobre la realidad de aquellas Brigadas manipuladas brutalmente por los comunistas, personajes que desde la caída del Muro de la Vergüenza, tienen definitivamente mala prensa en el mundo, menos en España. Y como saben que en sólo medio minuto se podría echar abajo la falacia de los «luchadores por la libertad», se blindan y cercan con toneladas de acero y cemento para que al pueblo soberanamente dopado no les llegue ni una brizna de la verdad.

Resulta hasta divertido, si no fuera dramático, ver a estos dirigentes del «Ente», con coche de lujo, dietas de infarto, despachos palaciegos y langostinos para desayunar, cantando hipócritamente motetes progresistas, Posiblemente serían los primeros en ser desalojados de sus paraísos si surgiera una revolución del tipo que defendían los «luchadores de la libertad», enviados por el señorito moscovita de la Pasionaria y de su corneta de órdenes Carrillo Solares.

Solamente en un país sin pulso, con una izquierda política rencorosa, poderosa y millonaria, con los dirigentes de sus sindicatos amarillos comprados si rebozo alguno, y con esa derecha que también se va pareciendo cada vez más a la «Cosa», el personaje del tebeo informe y deforme. Solamente en un país con una clase política degradada y una sociedad descerebrada se puede dar el caso de que jamás se haya proyectado en las pantallas del «Ente» un reportaje sobre la matanza de Paracuellos que merecería toda una serie de programas; que no se haya hecho un solo programa para hablar de forma detallada y documentada de la mayor persecución religiosa de la Historia; que se echen toneladas de silencio y de oscuridad sobre las terribles y legales checas; que nada se diga sobre el mayor robo, saqueo y expolio de la Historia de España, cometido desde el poder por el Frente Popular y por taifas como Cataluña, una de las regiones que más sufrió de la rapacidad de las llamadas autoridades; que no se haya hecho ni un minuto de programación sobre la tremenda destrucción de ese Patrimonio, miles de templos, iglesias, conventos, museos, puentes y edificios históricos, archivos parroquiales y civiles, laboratorios, bibliotecas, obras de arte…

Los españoles actuales, llamados así por costumbre aunque a muchos no les gusta esa denominación, nada saben de aquellos hechos terribles ni, por supuesto, de las causas que motivaron el Alzamiento nacional que nosotros llamamos glorioso, como se hacía en otras épocas, porque lo fue. Lo ignoran todo. Los niños sienten un raro rechazo a la simple palabra Franco, mientras que los mayores, si pronuncian esa palabra lo hacen en voz baja como si temieran que alguien les pudiera oír y peligrara su futuro profesional.

Y en este país sin alma, la Pasionaria, Marx, Quico Sabaté o Carrillo Solares, tienen calles y plazas, sin que a los vecinos a los que les tocó la china les importe una higa tales denominaciones. Si les preguntaran sobre las biografías de esos pendejos, se encogerían de hombros y dirían: «¿y yo qué sé? pues antifranquista creo…».

Y el «Ente» televisivo, la «Cosa» deforme y con perfiles de rufián, obediente a la voz de su amo, seguirá terne, sin descanso y cobrando millones por envilecer a eso que llaman sociedad española, a la que no llamamos «ente» todavía, pero que se vayan lavando.

 

G-20 ¿QUIÉN SE ACORDARÁ DE LOS 923 MILLONES DE HAMBRIENTOS?
ZENIT.ORG (MANOS UNIDAS)

Han pasado ya ocho años desde que en Nueva York, en la Cumbre del Milenio del 2000, se adoptasen ocho ambiciosos compromisos, conocidos como «Objetivos de Desarrollo del Milenio», tendentes a terminar con el hambre y la pobreza en el mundo. Nada hacía presagiar que hoy los ojos de la opinión pública iban a dirigirse a una reunión extraordinaria que aglutinará en Washington a los más importantes mandatarios del mundo. ¿El motivo? El mundo, de repente se ha visito envuelto en múltiples crisis.

Pero, como siempre, la mayoría de los medios concentran su preocupación en la crisis económica y financiera, relegando a un segundo plano la crisis de los alimentos, la crisis de la energía, la crisis del clima, la crisis de la seguridad y, la no menos importante, crisis de credibilidad de organismos internacionales, como la ONU, el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial.

La reunión del G-20 en Washington no puede ser una escenificación más del despilfarro y la palabrería de una amalgama de veinte países cuyas economías y sistemas políticos padecen vicios muy particulares. Mucho nos tememos que vamos a asistir a un debate centrado en cómo deshacer los desvaríos de las economías ricas basadas en la especulación financiera desbocada. Y quizá luego, si sobra algo, para arreglar un poco la vida de los pobres y los hambrientos, que son las víctimas de siempre. Lo fueron antes, cuando las cuentas bancarias se engordaban con la especulación financiera invirtiendo en materias primas (en productos alimenticios) y lo son hoy ante el desmoronamiento de la euforia especulativa.

Desde Manos Unidas miraríamos con esperanza la reunión del G-20 si no intuyéramos que iba a servir únicamente para que el G-8 busque la manera de salvar el crecimiento de los países ricos, a costa de adelgazar aún más las economías de los países pobres a base de planes restrictivos, privatizaciones y reducción de la cooperación al desarrollo. Hace ocho años, el número de personas hambrientas iba disminuyendo; hoy son 923 millones, 75 más que en el año 2006.

Existen motivos sobrados para esperar de los mandatarios reunidos voluntad política para exigir que se retomen los compromisos de Desarrollo del Milenio y para que los gobiernos pongan orden en un sistema financiero y económico lleno de problemas de codicia e injusticia. Pero, realmente ¿se acordará alguien de esos 923 millones de hambrientos?

 

SPAIN IS NOT AMÉRICA
Francisco José Adán


Obama ha ganado en EEUU y, ahora, todos los progres anti-yanquis, se apresuran a vestirse de «Tío Sam» y a pasear un renovado americanismo para ocultar ese particular resquemor y envidia del sistema americano. Un resquemor y una envidia que ejemplifica y sintetiza toda la teoría de Nietzsche referente a la mentalidad del «esclavo».

EEUU ha sido capaz de enterrar viejos prejuicios raciales para dar un paso hacia la integración, el mestizaje que, a fin de cuentas, es lo que sustenta toda norte-América, un conjunto de diferentes nacionalidades que conviven bajo unos ideales, un territorio unido, una bandera, es decir: una NACIÓN, la norteamericana.

El Tribunal Supremo norteamericano puso en solfa lo acaecido en Guantánamo, tal como por ejemplo, no respetar algo tan básico en los derechos del detenido como el «habeas- corpus». También el sistema político-legislativo del Congreso funciona; los propios republicanos no aprobaron de primeras las medidas económicas de Bush contra la crisis.

EEUU tiene claro que, la defensa de los ideales «ius naturalistas» reflejados, no solo en la Carta del Buen Pueblo de Virginia, sino, además, en la Declaración de Independencia y sintetizados en su bandera, están por encima de los gobernantes y por encima de sus políticos.

En España, no tenemos claro que tuvimos una historia común desde antes de la Edad Media, de hecho, renegamos de nuestra historia, de nuestro pasado y eso nos hace ser negativos en el presente y pesimistas en el futuro. Un papel en la historia que hace que, hoy, más de cuatrocientos millones de personas hablen castellano, mientras que en Cataluña se multa a quien pone el rótulo de su tienda en castellano, o se persigue al que lo habla en Galicia. En Estados Unidos, defienden su historia (hasta casos indefendibles), son optimistas en su futuro y, sobre todo, saben y son conscientes de lo que representan en el presente, aprenden de su historia y superan juntos antiguos prejuicios.

Nosotros, mientras tanto, abrimos la tumba del pasado, por si estábamos unidos; los separatistas- nacionalistas siguen chupando del bote sin aportar nada más que división, odio, separatismo y analfabetismo y, sobre todo, tenemos un presidente, Zatapé, que más le valdría no haberse sentado ante la bandera americana insultando a toda una nación; más bien, debía haber tomado nota de cómo llevar un país y, nosotros, de cómo aprender a elegir a nuestros dirigentes. Un negro en la Casa Blanca y un blanco que nos conduce hacia un túnel negro. En efecto, Spain is not America, ya nos gustaría.


 
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