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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 438
Friday, 28 November a las 18:01:53

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 438 –  25 de noviembre de 2008

SUMARIO

  1. Gafas para ver universos. Arturo Robsy
  2. La retirada del crucifijo en la escuela. José Mª García de Tuñón
  3. El PP, p’ayudar; y si es el CAC ni les cuento. Pablo Molina
  4. Garzón, los titiriteros y Cristina Almeida:
    - Cristina Almeida celebra el 20N con ganas de quemar los libros de César Vidal. Libertad Digital
    - Vidal responde agitando el pasado franquista de su padre y su tío. El Semanal Digital
  5. Negras perspectivas para el hombre europeo. Juan Pablo Vitali


 

GAFAS DE VER UNIVERSOS
Arturo Robsy


Muchos se electrizan, como ámbar con insecto antediluviano, cuando oyen o leen cosas que no recuerdan. No han tenido hictus. No han olvidado leer. Tampoco la tabla de multiplicar ni el Padrenuestro, pero demasiadas veces tienen que especular e inducir de qué le están hablando. Y es que no se adaptan a un universo que se menea como en un Baile de San Vito. Mundo coctelera.

Alguien ha dicho, y debo haber sido yo, que cambiar el nombre es cambiar la historia. El nombre sólo. Bastaría con llamar los Papá Noeles a los Reyes Magos para que se acabara definitivamente la memoria de dos mil años. ¿Y si llamamos, a la guerra de los cien años, la Guerra Franco-inglesa? ¿Cómo nos orientamos en tanto la nueva nomenclatura pasa a los libros? ¿Y a Jesús, Josué, que es el mismo nombre?

Las brújulas trastornadas aumentan. Los lapsos crecen, las memorias menguan. No ha mucho que caí en la tentación de ver un Telediario de TV1, con Milá pasando las consignas. «Hoy –dijo– es el aniversario de la "Noche de Los cuchillos largos", cuando comenzó la persecución de los judíos en Alemania y les rompieron los cristales de las tiendas y les sacudieron a modo».

Hasta ayer muchos creyeron que aquélla fue la noche de los cristales rotos. Lo de los cuchillos, o algo por el estilo, fue cuando les dieron fuerte a las S.A. nazis. Pero el caso es que, ya, nadie sabe nada a ciencia cierta y titubea, se hace cruces si no es laico cabezota, o sea, lego, o, sencillamente, ni supo qué fue la Noche de los Cristales Rotos, ni la de los cuchillos largos, ni lo sabrá porque poco le importa.

Como estas cosas pueden ser verdad; como a lo mejor es que nos están normalizando las cosas según se dicen en Europa, que es como convienen decirse, hay que ir con cuidado. Osborne, además de los coñaques que ayudaron a ganar la guerra civil, escribió «Mirando hacia atrás con ira», en otro cuerpo y en otra época.

Pero el caso es que la ira va hacia atrás. Hoy se odia por el ayer, nada inhabitual entre los hombres. Pero cuando es el Estado quien lo hace, las cosas cambian, porque el Estado no es hombre sino máquina y no ha de tener hechos favoritos, ni aunque se los invente. Si se legisla contra 1936 ó 1939 ó 1960, andamos todos tirando piedras a la luna, gastando en mitos lo que debiera ir en cultura y civilización no aconchabada.

Poco satisfecho, el Milá del Telediario, volvió sobre la historia, que es ahora la cháchara preferida de la politicada. Franco creó en 1961, el mayor foco de contaminación del Mediterráneo, porque permitió que la Multinacional Peñarroya, vertiera al mar los desechos de las minas de La Unión, dejando inservible para la especulación una hermosa playa.

Cosas de Franco, sin duda. Catorce años ensuciando el mare nostrum –de ellos– y eso debía decirse, a ser posible en vísperas del 20-N, antifiesta de guardar. ¡Catorce años de guarrería! Sí, pero resulta que enseñaron documentales de finales de los ochenta donde los de Green Peace todavía se quejaban del desagüe de metales pesados «de Franco», aunque entonces llevaba mucho siendo asunto de Felípez. Parece, en suma, que ahora se está arreglando el chorro contaminador, aunque no del todo aún. Pero fue Franco, ¿eh? Que conste.

Y sale luego, días después, el ex Solchaga, que se apellida como general fascista, y comete una cita histórica de gran intensidad. Hablaba de la «refundación» del capitalismo y dudaba en segundo plano. «Como dijo Manzoni –soltó– no se puede echar vino viejo en odres nuevos». Puede que lo dijera también Ludovico Ariosto o algún monarca merovingio, meroveando a su modo. Pero no me lo sabía y siempre atribuí el «copyright» a Jesucristo, de donde se deduce que se me han estropeado las gafas de ver universos en decadencia y paraísos artificiales hechos-a-sí-mismos.

Lo más extraño al hombre es el hombre. O sea, sabemos que un gato es un gato. Lo mismo que un hipopótamo, caballo de río. Lo que no sabemos es si el hombre de delante es de la Condición A o de la B, ni qué pretende cuando dice ni qué busca cuando saca la gaita. De ser filósofo lo podría en latín eclesiástico (Hobbes, guaita). «El hombre es el hombre del hombre», si es que se puede entender de algún modo. Pudiera redactarse con más agudeza: «El hombre es el socialista del Hombre». De otro modo además: el hombre enjambra. Pero en su avispero mandan los zánganos, nutridos con jalea eterna. Por eso la tontería es de más larga duración que la sabiduría. Los tontos están en contra.

Para que se sepa y no sorprenda la carga de la brigada internacional contra la historia, ha de saberse que, en origen, en griego, significaba «sabiduría». Y, sabios, no. Están cansados, desde hace siglos, de «tipos listos».

Lo que diga la historia sabia dentro de cien años –si es que ya se han desintegrado– será digno de leerse. A ver si alguien escribe la Historia del Futuro, que bien previsible es. En cualquier caso, Fernando VII y Don Oppas se van a quedar chiquitos.

 

LA RETIRADA DEL CRUCIFIJO EN LA ESCUELA
José Mª García de Tuñón

Acabo de leer una noticia facilitada por la agencia Europa Press que dice que un Juzgado de lo Contencioso-adminitrativo número dos de Valladolid ha ordenado la retirada de símbolos religiosos de las aulas y espacios comunes de un colegio público porque, según el juez, la presencia de estos elementos religiosos vulnera Derechos Fundamentales recogidos en los artículos 14 y 16.1 de la Constitución..
La medida que ha tomado este juez no nos ha sorprendido del todo porque ya el socialista Rodolfo Llopis, director de Primera Enseñanza, en una circular que dirigía del 2 de febrero de 1932 a todos los maestros, prohibía toda propaganda religiosa y mandaba retirar los Crucifijos de las clases, algo que indignó a los católicos.

La voz de Miguel de Unamuno se levantó entonces en contra de aquella medida, tan impopular, que la consideró disparatada, antinacional y antihistórica. Añadía además, que la presencia del Crucifijo en las escuelas no ofendía a ningún sentimiento ni tampoco al de los racionalistas. El quitarlo, decía también, ofende al sentimiento popular hasta el de los que carecen de creencias confesionales. Y preguntaba: «¿Qué se va a poner donde estaba el tradicional Cristo agonizante? ¿Una hoz y un martillo? ¿Un compás y una escuadra? o ¿qué otro emblema confesional?».

De nada servirán, me figuro, las prudentes observaciones de las personas que no compartirán el extremismo de este juez, ni tampoco las alegaciones de quienes más están obligados a criticar el fallo de este togado que no ha tenido en cuenta las creencias cristianas de la inmensa mayoría de los españoles. No hay nada más que ver las esquelas que diariamente publican los periódicos en donde podemos leer que los familiares de todos los que mueren, desean que sus deudos sean enterrados bajo la Cruz de Cristo.

EL PP, P'AYUDAR; Y SI ES AL CAC, NI LES CUENTO
Pablo Molina
Libertad Digital


Alguien debería explicar algún día por qué los gobiernos tienen el derecho exclusivo de autorizar o no el uso del espacio radioeléctrico por parte de una empresa privada. «Porque lo dicen las leyes y la Constitución», dirá el estudiante de primero de Derecho (no, Pepiño, esta vez no iba por ti). Bien, pero no hay ninguna razón lógica para que los gobiernos racionen un bien que existe en gran abundancia.

Si tenemos en cuenta las nuevas tecnologías de transmisión de información (cable y TDT), la capacidad de albergar emisoras de todo tipo se multiplica por un factor de muchos ceros hasta casi el infinito, por lo que racionar su uso a los ciudadanos y a las empresas es como si Zapatero nos impusiera cuotas para regular el número de veces que podemos respirar al cabo del día. Una absurdidad, aunque mejor no seguiremos dando ideas.

No se trata por tanto de que los políticos mangoneen en exclusiva las licencias de radio y televisión para evitar el caos que indefectiblemente llegaría en caso de que la sociedad civil se organizara de forma privada para establecer los términos de uso de un bien común, sino de que el hecho de que cualquier empresa de comunicación tenga que obtener el plácet del gobernante para empezar a transmitir información y opinión otorga a los políticos una cuota de poder a la que no van a renunciar, aunque sea a costa de lógica y la eficiencia más elementales.

Es muy revelador que el título jurídico que autoriza a una empresa a montar un medio de comunicación se denomine «concesión». El Estado concede a una entidad privada el privilegio de utilizar algo que no pertenece al poder político, pero ni siquiera lo hace de forma indefinida, sino por un plazo tasado, de forma que expirado éste todos los operadores tengan que pasar de nuevo el examen de buena conducta previsto por los políticos para poder seguir explotando un negocio al que tienen legítimo derecho.

Y como en todos los exámenes, hay alumnos que aprueban con excelentes calificaciones, otros a los que se les baja la nota para que mejoren durante el siguiente periodo y otros, ay, que indefectiblemente son suspendidos y expulsados, y en consecuencia su plaza se le ofrece a otros aspirantes con aptitudes más prometedoras. En esto no tiene nada que ver el grado de aceptación de los clientes ni el número de usuarios que disfrutan del servicio prestado por esas empresas, sino que lo determinante es si la filosofía con que hacen su trabajo conviene o no a los intereses de los políticos en ejercicio.

Lo del CAC de Cataluña llama la atención porque sus integrantes han actuado sin el disimulo habitual en otros organismos, pero el caso se repite en todas y cada una de las administraciones que deciden un buen día ordenar el espacio radioeléctrico de su ámbito. Y en la pomada están todas las fuerzas políticas, faltaría más, hoy por mí y mañana por ti (u «hoy por mí, mañana por mí y al otro por Zapatero, en el caso de que los partidos sean el PSOE y el PP), como hemos visto precisamente en el caso de las emisoras de radio de Cataluña, en el que, forzoso es decirlo, el partido popular ha vuelto a estar heroico.

Los chicos de Mariano en la comunidad catalana se han batido el cobre para que no le quiten emisoras… a la cadena SER, precisamente el medio de comunicación que contribuyó de forma decisiva a expulsarles del poder tras los atentados de Atocha y, como es notorio, el preferido por sus votantes. Es que le preguntas a cualquier simpatizante del PP qué emisora escucha por las mañanas, y no hay ni uno que no te diga que escucha la SER, como Gallardón. De ahí que el PPC haya decidido darle gusto a sus votantes para que puedan seguir escuchando la radio de sus amores (sí, la de los terroristas suicidas y el golpe de estado preparado por Aznar el 13-M; la misma).

El Partido Popular de Cataluña tenía que haber peleado para que no se cancelaran las licencias que tiene la COPE en la región, les guste más o menos a sus dirigentes el tono de los programas de la misma. No sólo por una cuestión ética, que también, sino por pura inteligencia. Un partido político debe defender los intereses de quienes le votan. Eso hacen la izquierda y el nacionalismo. Y, con todo el dolor de Mariano y Gallardón, resulta que la mayoría de los votantes del PP en Cataluña y el resto de España escucha la COPE. Es una desgracia, sí, pero es que la gente es muy suya y selecciona en el dial la emisora que le sale de las narices, aunque moleste al peperío obamo-gallardonista-marianil. De lo contrario, en las próximas citas electorales muy probablemente esos mismos votantes darán a su vez la réplica a los dirigentes de su partido, en justa correspondencia a los desvelos que los líderes del PP tienen constantemente por actuar siempre de forma contraria a las aspiraciones de quienes les otorgan su confianza.

Este tipo de asuntos relativos a los límites de la sociedad civil suele desbordarse cuando gobiernan los socialistas, porque estos tíos no tienen mucho cerebro, pero complejos... menos aún. Dan las concesiones a los suyos, es decir a los buenos, sin preocuparse de que les llamen autoritarios. Total, la crispación siempre es cosa de la derechona, fabuloso argumento que el centrorreformismo español ha integrado en su psicología, hasta el punto de que no es ya que los populares no critiquen los excesos sectarios de los gobernantes, sino que ellos mismos contribuyen decisivamente, con su apoyo expreso, a que la cacicada se consume por unanimidad.

Da igual. En las próximas elecciones les seguirán acusando de haber asesinado a García Lorca. Precisamente desde la emisora que les debe el haber obtenido una concesión de radio en algunas de las ciudades catalanas más importantes. Si esto no es tener inteligencia, que baje el Gran Arquitecto y lo diga.


 

GARZÓN, LOS TITIRITEROS Y CRISTINA ALMEIDA


CRISTINA ALMEIDA CELEBRA EL 20-N CON GANAS DE QUEMAR LOS LIBROS DE CÉSAR VIDAL 
Libertad Digital

Cristina Almeida no tuvo que llamar hijos de puta a los votantes del PP, o acusar a este partido de golpista para convertirse en la reina del enésimo aquelarre izquierdista que se celebra en el Círculo de Bellas Artes. Le bastó con admitir que al ver los libros de César Vidal y otros historiadores que no se pliegan a la ortodoxia izquierdistas en El Corte Inglés le entran ganas de quemarlos.

Con estos argumentos tan sólidos han defendido el esperpento de Baltasar Garzón, motivo por el que se convocó este acto, celebrado deliberadamente el 20-N, aniversario de la muerte del dictador. Estaban los habituales Pilar Bardem, José Saramago o Ian Gibson.

Pero fue la ex diputada de IU y PSOE, quien tomó la palabra para calificar de «encomiable» el disparate jurídico perpetrado por el juez millonario, convertido en icono de la extrema izquierda. El momento cumbre de la perorata de Almeida fue el siguiente: «yo cada vez que voy y veo todas las cosas que hay en el Corte Inglés de historiadores, y claro ves al Vidal al otro al otro y tal, dices dios mío, si sería como prenderle fuego a todo el stand este, porque la verdad es que los ponen todos juntos».

César Vidal no fue el único atacado. También se refirió Almeida a «Pío Moa o toda esa gente que se está inventando una historia que no ha existido nunca, que sabemos que es la contraria a la que existió. Se están diciendo verdaderas burradas». En ese momento interrumpe otro contertulio y dice: y desde la radio de los obispos. Claro, responde Almeida. Pero como el protagonista era Garzón había que alagar: Ese auto debería ser un anexo a la Constitución española. La abogada llegó a proponer «un juzgado especial para esto».

No se libró ni la monja Sor Maravillas: «Gracias a Dios que no vamos a tener a la Madre Maravillas en el Congreso. No está Azaña e iba a estar la Madre Maravillas».

Entre el grupo de autodenominados «intelectuales y artistas» figuran los de siempre, eso sí, cada vez más entrados en años: José Saramago, Juan Goytisolo, Suso de Toro, Manuel Rivas, Ernesto Sabato, José Luis Sampedro, Paco Ibáñez y Pilar Bardem. El documento, que tiene también entre sus promotores a Ian Gibson, Emilio Lledó, José Vidal Beneyto y Fanny Rubio, celebra «el trabajo encomiable» del titular del Juzgado de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional «por lo que implica de reparación pendiente por nuestra democracia».

Todo en un 20-N en el que hemos oído a Zapatero abogar por no mirar el pasado. El mismo presidente del Gobierno que ha utilizado la llamada «memoria histórica» para dividir a los españoles y que no pierde oportunidad para recordar que uno de sus abuelos –el otro era franquista– fue fusilado por republicano.

El inquilino de La Moncloa dice ahora que la mayoría de los españoles «ya ni nos acordamos de lo que representa el 20-N» y que «es absolutamente marginal, testimonial, que ese día murió el dictador Franco». Zapatero, tras azuzar en los últimos años todo lo que ha podido la Guerra Civil, ha añadido que «los residuos que quedan irán desapareciendo poco a poco. Como es lógico, habrá gente con más disponibilidad a que eso suceda, y otros, con menos. Pero no hay prácticamente ninguna añoranza después de comprobar lo bien que se vive en libertad, en democracia y juntos».

Son los mismos que cuando la guerra de Irak. Los mismos que cuando los cordones sanitarios. Los mismos que cuando la ceja famosa. Los mismos que cuando el doctor Montes. No se aburren de verse. Son los mismos, igual de pesebreros, igual de aburridos, igual de rencorosos.[…] No se cansan de proclamar siempre las mismas soflamas. No se ruborizan por decir cursilerías. Son los mismos y siguen mostrando su mismo perfil intolerante, suficiente, insufriblemente sectario.
Carlos Herrera


VIDAL RESPONDE AGITANDO EL PASADO FRANQUISTA DE SU PADRE Y TÍO
El semanal digital.com


La linterna de este jueves tuvo un nombre propio: el de Cristina Almeida. Las palabras que pronunció contra César Vidal en un acto celebrado esa mañana en el madrileño Círculo de Bellas Artes encendieron al historiador y locutor de la COPE, que dedicó buena parte de su programa a la ahora abogada laborista. «Para satisfacción de Cristina Almedia es el tema estrella de esta noche. Yo creo que no tenía un arranque de popularidad así desde hace 30 años aproximadamente», afirmó con sorna Vidal.

Al presentador de La linterna le llamaron esa misma mañana para contarle lo que Almeida había dicho de sus libros. Lo primero que sintió, dijo, fue «absoluto asombro». «Primero porque he descubierto que Cristina Almeida todavía vive. Yo después de la derrota con Gallardón en 1999 no había vuelto a saber de ella y la daba por muerta, pero vive».

Vidal la acusó de haber pertenecido siempre «a la izquierda bastante extrema» y le recordó el pasado franquista de su padre Manuel y de su tío Antonio para refrescarle la memoria. «Su padre Manuel fue, no sólo una de las personas clave en el alzamiento del 18 de julio en Badajoz, que pasó por una checa del Frente Popular de la que se escapó por un pelo, sino que además participó en la represión del Ejército Nacional en Badajoz».

Al hilo de esto, leyó una frase que Manuel Almeida declaró para el periódico Hoy, recogido en su edición del 26 de febrero de 1936: «Las banderas del socialismo son de odio, destrucción y sangre», y le definió como un hombre «pero que muy muy de derechas» que se presentó por Acción Popular a las elecciones de febrero de 1936.

De su tío, Antonio Almeida, César Vidal recordó que había sido oficial del ejército de Juan Yagüe y que jugó un papel extraordinario para que los sublevados pudieran entrar en Badajoz.

El locutor de COPE acabó advirtiendo a Almeida que la gente que empieza quemando libros «acaba quemando a las personas», antes de leer en antena más de una decena de mensajes de oyentes que le apoyaban.

 

NEGRAS PERSPECTIVAS PARA EL HOMBRE EUROPEO
Juan Pablo Vitali

El Manifiesto.com

Oswald Spengler, ya sabía lo que iba a pasar. Lo decía con un tono, que a pesar suyo, era profético. Y digo a pesar suyo porque Años decisivos es un libro que ha sido escrito con descarnada objetividad. No nos impone nada, no nos quiere convencer de lo que dice, lo sabe cierto, no necesita un esfuerzo retórico para convencernos de lo que el autor sabe que será real, sino sólo decirlo bellamente. Los que lo pueden entender lo entenderán, los otros, no lo entenderán nunca. Todo está escrito allí, en 1933. Así son los sabios, los magos, los profetas.

Me resistí a la tentación de citar algunos pasajes del libro. Hubiera sido una falta de respeto, porque todo el libro es una sola cita. Confieso que me corrió un frío por la espalda al releer algunos párrafos. Una cosa es aventurar que algo va a ocurrir, y otra cosa es verlo frente a nuestras narices, exactamente como alguien lo anticipó, hace ya setenta y cinco años.

Todo lo que se gesta en la historia es algo que los adelantados a su época dicen que va a pasar, y casi nadie los escucha. Luego, los hechos aparecen en la realidad, y todos se miran entre sí sin saber qué hacer.

Vemos que la mayoría de la descendencia europea son personas por lo general más preocupadas por el modelo de sus automóviles que por sus propios hijos, si es que los tienen, ya que tener hijos afecta su nivel de vida y a su hedonismo. Son unos soberbios desagradables, convencidos que su tarjeta de crédito es el pasaporte al paraíso.

Las clases medias son todavía, en Europa o en América del Sur, en su mayoría de origen europeo, y ésa es la trampa, el vaciamiento y la traición, porque se han convertido en gente sin voluntad de nada que no sea consumir y girar en la rueda de la economía capitalista, porque piensan que ellos van a girar siempre con ella.

Abandonaron toda la historia de sus antepasados, por la tarjeta de crédito y un automóvil, y por otras cosas peores; pero hay algo que ellos no saben, y es que aún para conservar ciertos beneficios materiales, se necesita la capacidad de defenderlos, y esa capacidad, ya casi ningún descendiente de europeo la conserva. Tienen el dinero vacío que el sistema les da, pero lo perderán como perdieron todo lo demás. Sólo les funciona la cabeza para hacer unos numerillos que en el fondo los angustian, porque están llenos de incertidumbre, y para alejarla, se despiertan un día, enamorados de Obama, repitiendo que un mundo mejor ha llegado, y que a ellos nunca les va a pasar nada.

Ellos están siempre prontos a convertirse en cualquier cosa, para mantenerse a flote, pero para eso, uno tiene que ser admitido, por esa otra cosa en que se ha convertido.

Sudamericanos más blancos que muchos europeos actuales se convierten en indios, se arrastran, se disfrazan, pero quizá los indios no los quieran como amigos, sino como esclavos.

Los españoles pueden disfrazarse de «subsaharianos», como se les dice ahora culposamente a los negros, pero puede ser que los negros no quieran, sino vengarse de los blancos, aunque los esclavistas fueran empresas mixtas de cazadores negros y corsarios blancos, que operaban en común, con la misma mafia comercial que luego explotaría a los obreros blancos.

Los franceses pueden ser todos progresistas, pero los descendientes de argelinos musulmanes no quieren progresistas, sino mandar ellos según sus propios principios.

Todos los europeos y su descendencia tendrán que pagar caro ser lo que son. No importa que un grupo de financieros y capitalistas de diversas razas –y no ellos– hayan sido siempre el real motivo de la explotación del hombre por el hombre.

Cuando los mercaderes vivían en Europa, eran llamados opresores, cuando trasladaron sus bases a otros continentes, y no tienen nada que ver con la verdadera Europa, todo parece estar bien. La injusticia de otros, puede considerarse parte de la revancha de las razas oprimidas, porque el racismo ha establecido que la raza blanca es deleznable en su conjunto.

No es el caso analizar ahora si los mercaderes y banqueros de la historia fueron negros, semitas o asiáticos, además de blancos, el caso es que el nuevo racismo está instalado, y es el más viejo del mundo, es el racismo de los revanchistas y de los resentidos, al servicio del poder global.

Pero recuerden los descendientes de los antiguos europeos que si bien pueden usufructuar todavía las bondades del capitalismo, no es eso lo que los diferencia de otros hombres; claro que viviendo bajo el igualitarismo de la ideología dominante lo habrán olvidado.

En el futuro, seguramente otros disfrutarán en su lugar del capitalismo, por ser más ordenados y eficientes, más astutos, o mejores esclavos, o simplemente por mantener una voluntad de lucha, incluso mediante la violencia desnuda, como la vemos hoy en las calles de cualquier ciudad del mundo.

En el futuro, los vacíos, los blandos, los consumistas progresistas, los blancos defensores de la ideología del automóvil último modelo, de la tarjeta de crédito, de los racismos ajenos, y de la revancha de los pueblos oprimidos, tendrán por fin su merecido por haber abandonado su destino trascendente, pero ya será tarde para reaccionar: perecerán del mismo modo materialista, vacío y miserable en que han elegido vivir.

 


 
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