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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 440
Jueves, 11 diciembre a las 17:43:46

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 440 –  08 de diciembre de 2008

SUMARIO



DÍA DE LA CONSTITUCIÓN
Javier Compás Montero de Espinosa

 
Seis de Diciembre, treinta años de la Constitución de 1978, llego al quiosco (no kiosco) de prensa y un titular me salta a la vista: «NO ES LA BIBLIA», a toda página el periódico, portavoz oficioso del zapaterismo, Público, grita desde su portada que ya es hora, que la Constitución actual ha de renovarse, y para reforzar sus pretensiones, refuerza su discurso con los resultados de una encuesta «popular» a pie de página, donde se proclama que una mayoría de españoles piensan que hay aspectos de la Constitución que se deben reformar o, al menos, someterse a consulta popular, entre ellos, dice el periódico, un 58% piensa que la Carta Magna debería introducir la posibilidad de que los españoles decidan entre Monarquía y República.

Fuera caretas, el principal portavoz del poder actual, en el día en que se celebra el treinta aniversario de la Constitución, no sólo no lo celebra, sino que aprovecha la ocasión para ahondar en las pretensiones del socialismo actual; para ellos, esta Constitución es como el periodo histórico llamado Transición, un mal menor al que hubo que adecuarse para llegar a la verdadera ruptura del régimen anterior. Ya lo dijo Carrillo la otra noche en televisión: en aquel momento hubo que adecuarse a las circunstancias, ahora, después de treinta años, es hora de hacer la «verdadera reforma del sistema».

Lo paradójico del caso, es que estos laicistas anticatólicos, para certificar la condición maleable de la actual Constitución, la comparan con el libro sagrado de los cristianos, la Biblia, a la que sí otorgan un carácter irreformable, usan una comparación de origen religioso, «NO ES LA BÍBLIA», sin ser consientes de la condición sacra que otorgan al Libro con ese titular. Claro que dentro de ese ambientillo de alianza de civilizaciones que proclaman, podrían haber titulado: «NO ES LA TORÁ» o «NO ES EL CORAN».

De cualquier forma, nunca pensé estar tan de acuerdo con el panfleto gubernamental. Efectivamente creo que la Constitución debe de ser reformada (ya que su derogación para ser sustituida por otra más a mi gusto es, hoy por hoy, una utopía), pero no en el sentido que pretenden socialistas, comunistas y separatistas, sino más bien, en dirección opuesta, o sea, para recuperar competencias para el Estado central, poner coto al desmadre autonomista, recuperar la educación, la lengua española, poner coto al desbarajuste burocrático de las taifas regionales, la corrupción, el clientelismo subvencionado, devolver la dignidad al Ejercito y las Fuerzas Armadas, armonizar la sanidad, los impuestos, las infraestructuras, volver a unir a los españoles en vez de enfrentarlos (ahora se pelean hasta por el agua), acabar con los terroristas, con las mafias extranjeras, con la inmigración descontrolada, reformar la Justicia, etc. etc.

A todas esas reformas me apunto, pero para la cultura de la muerte (aborto, eutanasia), la destrucción de la familia, la deseducación y desculturización de los españoles, el fomento de la delincuencia a través de condenas de risa, la destrucción de la unidad de España, no sólo no me apunto, sino que pido a Dios que despierte las conciencias dormidas de todos los que podemos evitarlo.

En cuanto Monarquía o República digo lo que otros, de una manera u otra, han dicho antes de mí, lo importante es que los hombres (y mujeres) que detenten el poder sean honrados y honorables; por lo demás, ya nos ha enseñado la Historia que en España las calamidades no se fijan en la corona que cubre la cabeza del gobernante.

EL DOBLE DISCURSO ANTE EL ABORTO
Miguel Ángel Loma

 

Nada más conocerse los tremendos datos del aumento de abortos en 2007, doña María Jesús Montero, Consejera de Salud de la Junta de Andalucía, declaraba que «el aborto siempre es un fracaso social» y reclamaba el apoyo de toda la sociedad para afrontarlo. Y en el mismo sentido se ha pronunciado la ministra de Igualdad que, apoyándose en el desbordamiento de los abortos, justifica la necesidad de reformar la ley para que se evite tener que recurrir «a algo tan traumático como es el aborto».

Unas y otras palabras reflejan una parte importante del discurso utilizado por el PSOE ante el aborto, aunque luego los hechos difieran de lo dicho. Y como muestra, dos botones...

Primero: el año pasado, el Foro Andaluz de la Familia a través la Red Madre, tras conseguir con creces el número de firmas exigido por la ley, presentó una Iniciativa legislativa popular al Parlamento andaluz, planteando diferentes líneas de actuación y medidas de apoyo a embarazadas en situaciones problemáticas, pero dicha propuesta ni siquiera pasó a debatirse porque PSOE e IU no aprobaron la tramitación. ¿Es ésta la actitud de quien reclama apoyo de toda la sociedad?

Segundo: empeñado el PSOE en reformar la ley del aborto y habiéndose constituido al efecto una subcomisión parlamentaria, todos los expertos convocados por este partido para ilustrar a sus señorías sobre el tema, o se pronuncian favorables a ampliar la ley o reivindican el aborto como un derecho a la salud (?) reproductiva de la mujer. ¿Alguien que considere el aborto como algo traumático y un fracaso social, recabaría la opinión de quienes pretenden ampliarlo o transformarlo en un derecho?

Pero estas muestras de doble discurso no son privativas del PSOE, también las encontramos en la casi totalidad de políticos del PP, que ahora comparecen preocupadísimos por este grave asunto, cuando durante los ocho años que estuvieron en el Gobierno, no realizaron ni un gesto por frenar un genocidio al que tan eficazmente contribuyeron con sus valerosas actitudes de avestruz.



LOS PADRES, LAS INSTITUCIONES PRIVADAS y EL ESTADO
Prof. Alexander Torres Mega
FlashesCulturales (Montevideo, Uruguay)


Un rasgo característico de los países verdaderamente libres es el reconocer y otorgar garantías a la libre iniciativa de los particulares en materia educativa y, por tanto, asegurar el funcionamiento de instituciones privadas de enseñanza en todos los niveles. Es más: los estados democráticos las estimulan porque reconocen la fecundidad propia de la libre iniciativa y, únicamente actúan en forma subsidiaria o supletoria para atender posibles carencias o evitar eventuales perjuicios.

En las antípodas del mundo libre se ubican los regímenes socialistas, idólatras del Estado, que impusieron el monopolio de éste en materia educativa y cultural. Es el estigma de esos desgraciados países que impidieron toda forma de iniciativa privada y sometieron la educación a las directivas de los respectivos partidos marxistas. En esos estados negadores de libertades y derechos, educadores y educandos fueron convertidos en instrumentos al servicio del único partido existente.

En los estados democráticos se garantizan los principios de libertad de enseñanza y de subsidiariedad y, en consecuencia, se rechaza toda concepción ideológica que –como la marxileninista– propugne la imposición del monopolio estatal en educación.

En suma, digámoslo clara y terminantemente, el principio fundamental que debe regir en materia educacional es el de la libertad de los particulares mientras que al Estado le corresponde cumplir una función subsidiaria o supletoria.

Así lo establece nuestro derecho positivo afiliándose a una concepción del derecho natural como preexistente a la voluntad del estado, anterior y superior a él. Nuestra constitución [la de Uruguay] garantiza la libertad de enseñanza. Reconoce el derecho a elegir libremente la educación que se prefiera y limita estrictamente la intervención del Estado al solo objeto de mantener la higiene, la moralidad, la seguridad y el orden públicos.

En contraposición a esa libertad, los partidarios de la escuela estatal única son, simultáneamente, defensores de regímenes de partido único y de la conversión del Estado en único propietario y único empleador.

En nuestro medio, la intensa propaganda marxista –que apunta con énfasis al campo educacional– ataca injustamente el derecho de propiedad y toda forma de iniciativa particular.

La abolición de la propiedad pretendida por los marxistas supone la negación de la misma libertad del hombre, en la cual reposa y tiene origen el derecho inviolable a la propiedad particular.

Marxistas y filo marxistas –conforme a la estatolatría que padecen– son contrarios a la existencia de establecimientos privados de educación. Sin perjuicio de ello, procuran infiltrarse en ellos con fines de sutil proselitismo. Ellos aspiran al sometimiento de los alumnos a una única y total enseñanza oficial, uniformizadora en el dogma marxista mediante un igualitarismo masificante en la formación ideológica. Pretenden estudiantes robotizados por el estado omnipotente y omnipresente como forma de asegurarse instrumentos sumisos a sus directivas.

Los institutos privados de educación no están a salvo de la penetración ideológica marxista, sea encubierta o desembozada. Pero, como con toda razón se ha sostenido, cuando se ofrece un servicio o un producto en un mercado libre, los potenciales usuarios o consumidores tienen el derecho a ser correctamente informados. Esa información no debe ser retaceada o burlada y es legítimo que el Estado intervenga para asegurar la veracidad de esa información, manteniendo –de esa manera– el orden público. Por ejemplo, algunos establecimientos religiosos de educación, buscando atraer consumidores, ofrecen determinado modelo educativo que luego resulta deformado. Ello ocurre cuando un instituto proclama –hasta en la misma denominación que adopta– su adhesión a un determinado credo religioso, el cual supone rechazar toda concepción atea y materialista «intrínsecamente perversa» como la marxista y, sin embargo, contrata docentes afiliados al materialismo ateo y liberticida con las consecuencias obvias que ello supone. De ese modo se traiciona la libertad de elección.

Padres: primeros educadores

La enseñanza debe ubicarse en un sistema de libertad al alcance de todos, con reales posibilidades de libre elección sin determinismos económicos.

La libertad es un derecho inherente a la persona y la educación constituye un derecho-deber de los padres, primeros educadores naturales, encargados de custodiar la orientación que se imprima a la enseñanza de sus hijos. Ellos tienen que poder elegir libremente los institutos (públicos o privados) que deseen para educar a sus hijos conforme a sus propias convicciones filosóficas, ideológicas, religiosas, etc. Se debe rechazar, por tanto, toda imposición de un modelo educativo estatal único que elimine la libre elección de concepciones educativas.

El estado debe respetar la actividad privada en materia educativa e intervenir con mucha prudencia en ella. La monopolización estatal en lo cultural lesiona libertades básicas y derechos naturales. Las libertades de opinión, de cátedra y de asociación son pisoteadas cuando el Estado se erige en único educador. El sano pluralismo ideológico desaparece cuando la educación estatal es la única que existe.

Los estados que impiden la libre iniciativa privada en la enseñanza monopolizan la instrucción y logran la deformación filosófica sin tolerar cuestionamientos a sus dogmas. Así, en los regímenes totalitarios la orientación materialista, atea, masificante y liberticida se ha impuesto sin discusión. Las concepciones espiritualistas han sido ignoradas o despreciadas mientras procuran que la doctrina marxista, antinatural e injusta, se apoderara de las almas.


APUNTACIONES A UN TEXTO DE ARCADI ESPADA
Antonio Castro Villacañas
 


A mí me sucede lo mismo que a Arcadi Espada: no soy relativista. De ahí que considere que la explicación del origen del mundo ofrecida por la religión tiene mucho más valor que la ofrecida por la ciencia. ¿Puede tomarse en serio que la Nada un buen día explote y produzca materia en cantidad suficiente para ir evolucionando hasta dar origen al espíritu y todas sus consecuencias? ¿No es mucho más sensato creer en que el Todo decidió, llegado el momento, de algún modo fragmentarse y compartir su entidad, o darla a conocer, de modo que la creación culminase con la llegada al mundo del hombre, y sobre todo con la venida del Dios hecho Hombre? Esta conclusión no es en absoluto sofisticada y está al alcance de cualquiera capaz de reconocer lo que aprendió cuando estudiaba y rezaba y lo que aprendió cuando dejó de persignarse. A diferencia de las personas ateas, laicas o agnósticas, yo estoy siempre dispuesto a revisar mis convicciones científicas o materialistas con tal de que las nuevas, mejores por ello que las antiguas, no pretendan reemplazar a las espirituales y religiosas, sencillamente por saber que éstas y aquéllas pertenecen a dos planos diferentes del entendimiento humano.

Por ejemplo: está claro, por evidente, que ningún avión despega de la tierra a base de avemarías; pero también me parece que cuando un avión se estrella –por desgracia– contra el suelo de nada vale la más o menos acertada aplicación simultánea de determinadas fórmulas matemáticas, y sí vale algo, poco o mucho, eso sólo Dios lo sabe, el rezo individual de sus tripulantes.

Hasta tal punto no soy relativista que considero al cristianismo, y dentro de él a lo que llamamos catolicismo, muy superior a cualquier otra variante de la religión y, por supuesto, a cualquier superstición científica.

Parece obvio pensar, si se tiene un mínimo de inteligencia y otro tanto de buena voluntad, que cualquier democracia digna de tal nombre se construye sumando las creencias de sus ciudadanos tras haber eliminado de ellas cuanto puede ser ofensivo para las de los otros. El problema radica entonces en determinar qué es de verdad ofensivo en las ideologías y en las creencias. Hoy están en la primera línea de la atención pública, por lo menos en España, dos espacios que afectan a derechos fundamentales de la persona: su salud y su educación. Que determinadas parcelas de esos espacios –los colegios y los hospitales privados– no se gestionen con dinero público, de ninguna manera quiere decir que sus dueños o financiadores puedan actuar en ellos como les da la gana, pues parece evidente que tanto los centros de enseñanza como los de atención sanitaria están y deben estar sujetos al ordenamiento público en cuanto afecten a derechos de los ciudadanos y al buen orden social. Pongamos un ejemplo sencillo: el bien común exige que en ningún centro escolar se enseñe a pilotar aviones o conducir coches a base de avemarías. Pero también es cierto que los hospitales y los colegios financiados total o parcialmente con dinero público no pueden dejar de tener en cuenta los fundamentales derechos de sus discípulos o pacientes a mantener vivas sus ideas y creencias, sobre todo aquellas que constituyen patrimonio común, histórico y actual, de la gran mayoría de ciudadanos. Quiero decir, y lo digo, que por muy público que sea un hospital o un colegio quienes lo administran o dirigen no tienen ningún derecho a impedir o a dificultar que quienes reciben en ellos enseñanza o cuidados crean y practiquen que el rezo de tres avemarías o cuatro padrenuestros es un eficaz complemento –nunca un suplemento– de su educación y de su salud corporal. Es evidente que ningún colegio, sea público o privado, tiene derecho a enseñar que Cartago venció a Roma o que la suma de dos y dos no es siempre cuatro, pues todo depende de las circunstancias de lugar, tiempo o entidad de los sumandos...

De igual modo me parece incomprensible que la enseñanza de la religión, y en concreto la enseñanza del catolicismo en España, pueda considerarse inconveniente en los centros públicos cuando es evidente que la mayor parte de la cultura y la historia del mundo occidental, y en concreto las españolas, son fruto de una cierta religión y no pueden entenderse sin ella. Cierto es que la enseñanza de la religión no puede tener como máximo objetivo pedagógico el oponer el Arca de Noé a Darwin, como según parece hacen en Norteamérica algunas iglesias no católicas, pero no veo inconveniente en que alguna vez se enseñe lo mucho y muy válido que cada religión ha hecho en su lugar y a su tiempo para las respectivas convivencias, y en concreto lo que el cristianismo ha hecho en España, Europa y América, y sigue hoy en día haciéndolo en todo el mundo. Un ejemplo actual y práctico: ¿alguien puede entender el fenómeno Obama y las elecciones de Norteamérica prescindiendo de lo que el cristianismo ha significado para los Estados Unidos desde su nacimiento hasta nuestros días?

No estoy de acuerdo con los teístas más apasionados. Tampoco con Arcadio Espada. La fe es un sentimiento, pero puede enseñarse a sentirla antes, mejor, o del modo más adecuado o conveniente. ¿Qué hacen, si no, los predicadores, los misioneros o las madres de familia? Cualquier Estado, de verdad social y democrático, no puede dejar en manos de cualquier colegio, y mucho menos en las manos del padre de un alumno, o en las de un juez, lo que se debe hacer con los crucifijos.


RECETARIO
Arturo Robsy

Cójase lo que se recuerde del Contrato Social y de aquel buen salvaje corrompido por la civilización y por el plumaje de adorno. Espolvoréese con recortes del bigote de Hegel que hayan recibido la inspiración de que el pensamiento se piensa solo, mediante una dialéctica que ni siquiera Sócrates osó. O sea, diga usted blanco y, luego, negro, y obtendrá, automáticamente la síntesis gris.

Remueva largamente y apoye en la tapa del Origen de las Especies, papelín farragoso del que algunos sacaron que nada es permanente, que se nos cayeron las escamas y el pelo y que la capacidad de entender fue, quizá, un error evolutivo. Nada hay cierto, o que dure, dijo el doctor Darwin, que no lo dijo. Eso sí: no olvide, al apoyar la mixtura en la tapa, ponerle un lecho de auténtico pelo de orangután: rojizo.

Diríjase al nido, mientras va cociendo sobre el Origen de las esas, en términos entusiásticos y tórridos. Dígale, casi franciscanamente, «hermano primate. Hermano simio». Y recítele, con el fin de escarmentarlo, el Paraíso Perdido, del Ciego Milton, de donde se derramaran miles de nombres de demonios, que siempre ayudan como conservante. Si no obrara Milton, úsese «¿Qué piensan los poetas andaluces de ahora?».

Para que espese, añada conceptos nominalistas y un pellizquito de Berkeley, obispo de carrera. El bebedizo se verá reforzado y transmitirá la clara idea de que nuestros sentidos no pueden percibir casi nada elevado, ni Dios, ni rey ni roque. Y que, caso de percibirlo, no podría entenderlo por defecto en la silla turca.

Debe subir de la cochura un olor a «no sabemos nada, pero lo vamos a disimular», y un humazo como de barba rizada y poderosa. La palabra –hay que decir entonces– es viento y se la lleva el viento. La inteligencia es una mutación no aceptada por el PCUS, que prefiere la baba concentrada. Lo cierto es sólo suspicacia o sospecha. Óyeme mejunje –se añade–: todo es relativo, salvo la relatividad; no hay verdad que dure cien años ni cuerpo que la resista emparejado; momento en el que se añaden, dos ojos de sapo y escrófula de monicongo. De no haberlo, puede intentarse con babita rosácea de metemuertos.

Por último, para terminar la cochura, deje caer una pulgarada de arena de paraíso terrenal, hoy liberado en el Irak. Aquel verdor es este desierto; aquel hombre preternatural es este beduino. Ni lo que Dios hizo duró, porque sólo la Madre Naturaleza sabe hacer la vida siempre que se le den algas verdes y sopa primigenia. Porque más allá del mono desnudo sólo hay otro mono desnudo y el doctor Desmond Morris, amante de los gatos por cierto. Adviértase al cocimiento, por animarlo e ilustrarlo, que el mono desnudo es el simio con el pene mayor y con las orejas más chicas, lo que le ayudará a no oír ni críticas ni aquellas famosas cuatro verdades, que tampoco existen.

Échense, tras lavar al chorro, no menos de cinco páginas ni más de diez de las Leyes de la Materia y una medallita de aluminio cuya leyenda sea, más o menos, «El paraíso en la tierra y catapún, chin, chin, salvo Big Bang». No ponga dos porque es un anestésico demasiado potente
Espolvoréese el conjunto con genes de lombriz moderna, parecidos a los de la rata marxistera, menos en el almizcle, para igualar las especies en apariencia y en derechos. Póngase extracto de platillo volante, saliva de Malthus para cuando haya que hacer cálculos y un Diario Oficial, llamado ahora gaZeta, en bilíngüe vasco-catalán. Retírese del hornillo de la Evolución de las Especies, cúbrase con billetes falsos y déjese reposar.

Sólo se aconseja un recato más: No suministrar a mayores de treinta si es que no son funcionarios o jueces de puerta trasera. Confíe en que Natura obre y el cuerpo evolutivo, sorprendido, cate el humo de Satán Calumbo y no devuelva el bolo.

JOAN TARDÁ
Miguel Rivilla San Martín


 
El ciudadano de a pie espera qué sanción le caerá, y por parte de quién, al diputado republicano Joan Tardá, quien al concluir su discurso independentista en Barcelona dio el grito, coreado por sus cachorros, de «Muerte al Borbón».


Cualquier ciudadano normal juzga intolerable la actitud de este diputado. La libertad de expresión ha de tener un límite para toda persona civilizada y máxime para un diputado, representante del pueblo, con deber de ejemplaridad. Si hoy públicamente se dejan pasar estos o parecidos exabruptos, propios de energúmenos acalorados, no es de extrañar que algunos piensen que aquí vale todo y que esto no es una democracia, sino una anarquía donde impera la ley de la selva.

Nadie se rasgue las vestiduras si tras la quema de banderas nacionales y retratos del rey en Cataluña por parte de republicanos, se mande luego a la Guardia Civil al Valle de los Caídos a prohibir el acceso a la Basílica de un grupo de derecha a un acto religioso en memoria de Franco, en el aniversario de su muerte.

Doble medida, injusto rasero o cuando menos, agravio comparativo se ha de llamar esta actitud del actual Gobierno.

MEDALLA DE ORO AL MÉRITO EN EL TRABAJO AL GENOCIDA DE PARACUELLOS
Minuto Digital

El Consejo de Ministros ha concedido 31 Medallas de Oro al Mérito en el Trabajo, galardón que, en el caso del mundo del espectáculo, ha recaído en los artistas Sara Montiel, Alfredo Landa y Concha Velasco, y en el de la política al genocida de Paracuellos, Santiago Carrillo
Este reconocimiento del Gobierno tiene como objetivo premiar y destacar el mérito de una conducta socialmente útil y ejemplar en el desempeño de los deberes que impone el ejercicio de cualquier trabajo, profesión o servicio.

En esta edición 30 medallas han sido concedidas a título individual a trabajadores pertenecientes a distintos sectores de actividad y la restante al Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI).

¿Habrá considerado ZP «conducta socialmente útil y ejemplar» el homicidio indiscriminado de inocentes producido en Paracuellos?


 
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