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El Brocal: El Brocal Nº - 80
Jueves, 08 enero a las 18:52:53

El Brocal

REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 80  – 12 de diciembre de 2008

SUMARIO



PAREDES DESNUDAS, LAICIDAD VACÍA
José Luis Restán

Páginas Digital

La sentencia de un juzgado de Valladolid que obliga a retirar el crucifijo de las aulas del colegio público Macías Picavea ha suscitado una curiosa disparidad en el campo socialista. Mientras la ministra de Educación Mercedes Cabrera apuesta por dejar estas decisiones en manos del Consejo Escolar de cada centro, el vicesecretario del PSOE Blanco y el portavoz en el Congreso Alonso han postulado que dicha sentencia, que no es firme y que se refiere tan sólo a un colegio, se convierta en doctrina de aplicación general a todo el ámbito educativo español.

La apuesta de Cabrera parece sensata, y de haberse aplicado en el centro en cuestión habría permitido que los crucifijos siguieran en las aulas, porque allí la mayoría de los padres es partidaria de su permanencia, y ha sido el empeño de una minoría laicista el que ha llevado el asunto a los tribunales con el desenlace ya conocido. Pero hay que temer que la doctrina unificada del PSOE sea la que encarnan Blanco y Alonso, que ya advirtió la semana pasada, con motivo del affaire de la Madre Maravillas, que su partido pretende despojar paulatinamente el ámbito público de todo símbolo religioso. No podían recibir los socialistas mejor regalo que esta sentencia, que produce estupefacción al señalar que la presencia del crucifijo viola la libertad religiosa y atenta contra el artículo 16 de la Constitución.

La cuestión del crucifijo en la escuela se ha planteado ya en otros países europeos y ha dado lugar a diversas soluciones políticas y judiciales. En Francia se apostó por la vía laicista de suprimir los símbolos religiosos en las aulas (llegándose incluso a regular la vestimenta) mientras que en Italia se ha reconocido que el crucifijo es un punto de referencia de la cultura común sobre la que se basa la laicidad de la República, y por tanto puede ser colocado en las aulas. La ley del Estado de Baviera va más allá y reconoce en el signo de la cruz la voluntad de realizar los valores constitucionales inspirados en valores cristianos y occidentales. Como se ve, la gama de soluciones es amplia y ofrece motivos para un debate en profundidad.

En una entrevista concedida en noviembre de 2004 al vaticanista Marco Politi, el entonces cardenal Ratzinger abordaba el asunto explicando que pueden existir países en los que el crucifijo no expresa una herencia y una orientación moral común, porque la presencia cristiana no ha marcado su historia. Sin embargo para otros, entre los cuales se encuentra España, el crucifijo permanece como un punto de orientación que puede ser reconocido tanto por creyentes como no creyentes, como punto de referencia esencial del tejido ético-cultural compartido por la mayoría de la sociedad. A continuación el cardenal Ratzinger explicaba el significado del crucifijo: «la Cruz nos habla de un Dios que se hace hombre y muere por el hombre, que ama al hombre y lo perdona; y ésta es ya una visión de Dios que excluye el terrorismo y las guerras de religión en nombre de Dios».

Toda la cultura occidental (la filosofía, la política, la ciencia y el derecho) hunde sus raíces en la concepción de Dios y del hombre que representa de manera suprema el crucifijo. Es precisamente esa concepción la que está en la raíz de la laicidad, que sólo ha podido desarrollarse en este sustrato. Sin la presencia de lo que significa y refiere el crucifijo, la laicidad será un vacío tan desolador como las paredes desnudas de los centros que pretende el PSOE de Zapatero. En un libro recientemente publicado por Ediciones Encuentro, Dios salve la razón, el filósofo ateo Gustavo Bueno explica por qué el Dios de los cristianos ha salvado a la razón humana de sus diversos delirios a lo largo de la historia de Occidente, y hasta qué punto tiene sentido decir que la seguirá salvando en el futuro, ante las amenazas del nihilismo, de la prepotencia del Estado o del fundamentalismo islámico. Para Bueno, que no profesa precisamente la muerte del Dios hecho hombre en la cruz, la noticia llegada de Valladolid sólo puede significar un empobrecimiento de las defensas de nuestra ya débil y acomplejada cultura.

La presencia de la cruz, como signo y brújula de la gran aventura de la cultura occidental, no viola los derechos de nadie ni provoca coacción o merma de libertad, sino que ofrece un punto de encuentro, una memoria de lo mejor de nuestra empresa común y un anclaje seguro con la historia. Por el contrario, la supresión de los crucifijos a golpe de decreto o de sentencia judicial significa el empeño de vaciar a una sociedad de su sustancia, de provocar una ruptura traumática y de excluir la dimensión religiosa de la construcción de la ciudad. Ésta parece ser la senda elegida por el socialismo español: no se atiende a la realidad social, que en la mayoría de los casos reconoce el valor de convivencia que supone la cruz y que puede resolver de manera pacífica las desavenencias que puedan surgir, sino que impone una ruptura y pretende dar forma a esa misma realidad social de acuerdo con sus parámetros ideológicos.

Por otra parte, en aquella misma entrevista el cardenal Ratzinger ya advertía que podría suceder en el futuro que un pueblo pierda su sustancia cristiana, de modo que el signo de la cruz deje de tener una relevancia que avale su presencia en el espacio público. Es una sabia advertencia porque el proceso en marcha apunta en esa dirección, y eso no se frena con recursos judiciales ni con acalorados discursos. Es indiscutible que la raíz de España es cristiana (y el crucifijo es el signo más elocuente de ese hecho) pero hace falta que esa raíz pueda nutrir la vida de los hombres y mujeres de esta generación, y eso nos lleva una vez más al desafío de una nueva misión, de un testimonio y de una educación que permitan experimentar en el presente la verdad y el bien que representa el signo de la cruz. Ésa es la única respuesta vencedora frente a cualquier laicismo.

VENEZUELA: UN CIELO ENCAPOTADO
Manuel Luna Rodó
ElManifiesto.com

Chávez en su laberinto
En días anteriores a la celebración de las elecciones del pasado 23 de noviembre, Hugo Chávez pisaba el acelerador de su verbo exaltado y proponía «darle en la madre» al adversario, es decir, al enemigo al que había que someter a un acorralamiento sin clemencia «para que sepan de qué somos capaces los revolucionarios».

Tras el resultado electoral se va despejando la incógnita acerca de lo que el líder bolivariano es capaz para relegar el importante avance logrado por la oposición en puntos neurálgicos de Venezuela. Por de pronto, en previsión de que el descenso de popularidad signifique un pesado lastre para su obsesión de perpetuarse en el poder, se apresta a forzar una enmienda constitucional a la medida de su ambición. Todo ello haciendo caso omiso de que el 2 de diciembre de 2007 le fue adverso el resultado del referéndum en el mismo sentido.

Chávez lleva diez años en la presidencia y le quedan cuatro, ya que la previsión constitucional establece la toma de posesión del sucesor para el 10 de enero de 2013. Ello significa que, en aquel momento, habrá detentado el poder por espacio de 14 años. Despreciando el hecho de que la propuesta de reelección fue rechazada en el referéndum constitucional de 2007, el chavismo lanza la consigna coreada de «Uh, ah, Chávez no se va» con el beneplácito del caudillo bolivariano que se autoproclama como indispensable para el afianzamiento de la revolución cuya meta es el socialismo del siglo XXI.

Ante el cuestionamiento de que la propuesta de la enmienda se efectúe en tiempos navideños, alterando el sosiego que todos los años estas celebraciones trae a los venezolanos, los sectores oficialistas, con Chávez a la cabeza, no vacilan en señalar que los treinta días de campaña se iniciarán con el año nuevo, de manera que en la segunda decena de marzo se lleve a cabo la consulta. «Ahora estamos –dicen desde el Partido Socialista Unido de Venezuela– en una etapa de movilización y no tenemos problemas con las Navidades y el año nuevo. La gente del PSUV sabe que la revolución está primero».

En esta mezcla de euforia y nerviosismo no hay vacilaciones. «Yo ya me autopostulo para las elecciones de 2012», proclama Chávez.

¿Por qué esta precipitación, esta urgencia por aprobar el mandato indefinido? Todo parece indicar que desde el poder se prevén futuras medidas de orden económico que será obligado tomar para paliar el cambio sustancial que empezará a asomar su rostro amargo en los próximos meses. Algunas de estas medidas serán el incremento del IVA, la reposición de un impuesto al débito bancario consistente en gravar todas las transaciones efectuadas mediante la emisión de cheques, una reforma tributaria, todo ello agravado con una devaluación de la moneda.

Pudiera ser que triunfara la consulta, siempre que, además de contar para su defensa con todos los recursos del poder, se presentara antes de que descargue la tormenta que se avecina. Sin embargo, la abusiva sobrecarga de retórica, cadenas de radio y televisión en continua repetición de consignas destinadas a rendir culto a la personalidad del gran timonel, también pueden producir un efecto opuesto al deseado.

Diferencias entre el régimen de Castro y el de Chávez
Los excesos verbales han surtido efecto al comprobarse las sustanciales diferencias entre el régimen de Fidel Castro y el imperante en Venezuela tras diez años de paso por el poder.

Si comparamos estos diez años con el mismo período en que Castro gobernó Cuba, tenemos que Fidel y el Partido Comunista habían revertido la situación encontrada tras la caída de Batista, y Cuba se había convertido en una República Socialista de corte soviético. De la propiedad privada no quedaba ya el menor vestigio, el paredón había funcionado inflexiblemente, y las cárceles o el exilio eran la solución que el régimen castrista ofrecía a la disidencia. Y sobre todo, a escasas millas de los Estados Unidos, los misiles soviéticos apuntaban a la consagración de un mito revolucionario cuyo eco aún perdura. Nadie puede sostener que, a pesar del proclamado socialismo del siglo XXI, se haya realizado en Venezuela algo similar a lo de Cuba. Con tiempo suficiente para hacer balance, la conclusión es que al margen de la disponibilidad de los ingentes recursos petroleros obtenidos por Venezuela en estos últimos años, ni se ha consolidado revolución alguna ni se ha producido el auge económico que era de esperar.

A lo que han abocado estos diez años es a un régimen descafeinado tan lejano de un capitalismo emprendedor como del socialismo igualitario que es pregonado estentóreamente. Ni siquiera se ha esbozado un régimen como el del PRI mexicano, calificado por Vargas Llosa como la «dictadura perfecta», de igual forma que tampoco se ha logrado algo parecido a los prósperos países del norte de Europa.
Para definir la situación a la que ha llegado Venezuela, Tulio Hernández, desde las páginas de El Nacional, sostenía el pasado domingo que «la pulsión de gobernar hasta la muerte se muestra en su desnudez impúdica no como la concreción de un proyecto colectivo, sino como una vocación personal a la que solamente se puede aspirar sincerándose, es decir, ejerciendo el poder por la fuerza».

Parodiando el título del libro en el que García Márquez fabulaba acerca de los últimos días de Simón Bolívar, El general en su laberinto, se puede proponer otro título para describir el auténtico laberinto por el que transita el comandante-presidente, líder máximo del PSUV y de la revolución bolivariana que pregona ¡Patria, Socialismo o muerte. Venceremos!

En una muestra de que a Chávez no le gana nadie en humildad, y ante el temor del efecto contrarrevolucionario que produciría la pugna entre sus partidarios para escoger un candidato que no fuera él, se decidió el pasado domingo a proponer tajantemente: «Si aprobamos la enmiendita se librarán ustedes de la preocupación de tener que escoger mi sucesor. Ya sabríamos de una vez que yo seré el candidato el 2012 y ustedes quedan libres de esa angustia». Pocas veces la capacidad de sacrificio ha alcanzado cotas tan altas.

Un cielo encapotado
Nos preguntábamos líneas arriba por qué Chávez fuerza la situación para que la consulta acerca de la enmienda se produzca con la máxima urgencia. Los días apacibles propiciados por la era petrolera de mayor bonanza en la historia de Venezuela están dando paso a un cielo encapotado que anuncia tempestad. Se trata de lo que sin alusiones personales podría describirse con frase que ha alcanzado notoriedad: «Es la economía, imbécil».

Ante el deterioro de la situación económica venezolana prevista para 2009, el Gobierno estudia la posibilidad de efectuar un adelanto de la consulta electoral.

Según el análisis efectuado por uno de los grupos económicos más importantes de Venezuela, se prevén dos escenarios macroeconómicos para el período 2008-2012. En ambos, el desarrollo del gasto público en particular y de la política económica en general vienen determinados por continuas convocatorias electorales, y por las decisiones políticas adecuadas para optimizar el capital político del oficialismo.

La situación, además, se agrava porque todo esfuerzo para rebajar las tensiones entre el Gobierno y el sector privado surte escaso efecto por mejorar las condiciones económicas, debido a la angustiosa situación en que se encuentra el sector privado y la precaria credibilidad del régimen. Todo ello sin contar que, en el mejor de los casos, una posible recuperación de los precios petroleros no se producirá sino a partir de 2010.


EL INTERVENCIONISMO DE LOS KIRCHNER NO TIENE LÍMITES
El DiarioExterior.com



Néstor y Cristina están siendo los grandes protagonistas de la realidad política, social y económica de Argentina durante el 2008 y no precisamente por haber mejorado la situación de sus compatriotas, sino todo lo contrario. Siguen cercenando las libertades de los suyos en un proceso que no conoce fin. Su demagogia verbal también es ilimitada.

Vayamos por partes. Los K, como se les conoce en Argentina, llevan practicando desde la Casa Rosada un despotismo que traspasa lo éticamente decente. Lo mismo que su victimismo. Tampoco queda a la zaga su lenguaje incendiario y manipulador.

Primero fue el problema con los productores de soja. El gobierno fue el gran derrotado. Tres meses que paralizaron al país. El recurso gubernamental por aquél entonces consistió en acusar de golpistas a los productores y a quienes les apoyaban, ya fueran medios de comunicación, intelectuales…

Tras el receso veraniego, y con el valija-gate de por medio, procedieron a nacionalizar el sistema de pensiones. Medida sorprendente y que dejaba bien claro que los ahorros privados no están a salvo de la mano nada invisible del Estado. En el G20, Cristina trató de explicar la cuestión… oídos sordos es lo que encontró.

Mientras tanto su marido, antónimo de diplomacia, se expresaba con lenguaje incendiario en Chile. De fondo un tema sobre el que ambos poco han incidido pues no les interesa: que él ha sido vetado para presidir la UNASUR. Eso sí, siempre les quedará Chávez, que como se está viendo, es «generoso» con ellos.

Su última «gesta» es que quieren nacionalizar la empresa española Aerolíneas Argentinas perteneciente al grupo Marsans. Si así sucede, dinamitarán la legalidad (el pacto establecido el verano pasado). No se trata de una simple nacionalización (ni creemos que sea la última). De todos es sabido la simbología nacionalista que tiene esta compañía de transportes.

Si se consuma el atraco, el populismo kirchneriano añadirá un trofeo a sus vitrinas y sus discursos abandonarán (sólo por unos instantes) el victimismo para centrarse en algo tan peligroso como es el nacionalismo.

Queremos ver la reacción del gobierno español. Estamos ante un problema tan complejo como grave. No sirven los conceptos vacuos a los que tan acostumbrados nos tiene. La diplomacia española debe, como diría un castizo, coger el toro por los cuernos. Repetimos: apaciguar no es ni será nunca la postura correcta. El relativismo y el buenismo con que la dupla Zapatero-Moratinos afronta las relaciones internacionales, debería ser obviado. Esperemos acontecimientos


LOS GRANDES HISTORIADORES DE LA MONARQUÍA CATÓLICA EN EL SIGLO XVII
Gonzalo Fernández

Universidad de Valencia.


La historiografía que se hace en la Monarquía Católica durante el siglo XVII presenta las siguientes características:

- Abandono casi absoluto de los intentos de redactar historias universales.
- Interés creciente por escribir historias particulares sin menoscabo del afán erudito hacia la Historia de España. Las antedichas historias particulares atañen a sucesos concretos, regiones e incluso poblaciones.
- Mayor concreción histórica a consecuencia de los dos rasgos anteriores.
- Continuidad de la idea ciceroniana de la Historia como maestra de la vida.
- Principios de la crítica histórica.
- Defensa de la cultura y las tradiciones españolas frente a los primeros ataques exteriores de la leyenda negra y las novedades internas por el inmortal Quevedo.

La Historia de España
En ese campo la aportación más importante se debe al Padre Juan de Mariana de la Compañía de Jesús quien publica en latín la Historia de rebus Hispaniae, libri XXX en 1601. El mismo jesuita la traduce al castellano cinco años después. En su célebre Historia de España el P. Mariana recoge la Historia Patria desde los orígenes a la muerte de Fernando el Católico. Apunta un espíritu crítico al denostar los falsos cronicones. El P. Mariana emplea aportaciones de primera mano junto a noticias de historiadores anteriores que le infunden confianza entre los que destaca Jerónimo de Zurita. Por último el P. Mariana utiliza formas literarias que hereda de la tradición clásica visibles en los relatos de batallas y los discursos que pone en boca de sus personajes.

La historia particular
El representante fundamental es Francisco Manuel de Melo al que se debe la Historia de la separación, guerra y conquista de Cataluña aparecida en 1645.

La idea ciceroniana de la Historia como maestra de la vida
Su presencia se advierte en Luis Cabrera de Córdoba y el diplomático murciano Diego Saavedra Fajardo quien encabeza la delegación de la Monarquía Católica en la Paz de Münster de 1647 por la que los Habsburgos alemanes y españoles reconocen las independencias de los Países Bajos y la Confederación Helvética.

En De Historia para comprenderla y escribirla (Madrid, 1611) Luis Cabrera de Córdoba recoge la tradición ciceroniana continuada en la corriente humanista del siglo XVI según la cual la Historia es maestra de la vida y ejemplificadora de lo por venir. Cabrera de Córdoba centra el objetivo último de la Historia en la búsqueda de la verdad metafísica y eterna. Sin embargo añade el elemento novedoso de que esa búsqueda sólo puede realizarse por medio de una crítica exhaustiva de las fuentes.

Diego Saavedra Fajardo proyecta la Corona gótica, castellana y austriaca. De Saavedra sólo aparece la Corona gótica en 1648 de suerte que la obra completa es finalizada por Alonso Núñez de Castro en 1681. En el contenido de la Corona gótica Diego Saavedra plantea el estudio de las situaciones históricas de lo pasado a fin de resolver los problemas presentes. Es lástima que su ampulosísimo estilo haga difícil la lectura de obra provista de tamaño interés.

Principios de la crítica histórica

Se observan en el carmelita Fray Jerónimo de San José. Ese escritor edita el Genio de la Historia (Zaragoza, 1651) dividido en tres partes que se dedican al concepto de la Historia, el método histórico y los requisitos del historiador. En el Genio de la Historia Fray Jerónimo de San José aporta tres novedades a la historiografía española:

- La necesidad del empleo de la crítica historiográfica.
- El reconocimiento en los historiadores del subjetivismo que no debe entorpecer su búsqueda de la verdad.
- La tendencia a un estilo sencillo y sobrio.

Don Francisco de Quevedo y Villegas y la Historia

Existen dos obras de Quevedo estrictamente históricas: España defendida y Memorial por el patronato de Santiago. En España defendida Quevedo defiende la herencia cultural de nuestra Patria contra los primeros embates externos. En Memorial por el patronato de Santiago Quevedo aprovecha su crítica a los intentos de declarar patrona de España a Santa Teresa de Jesús para defender el tradicionalismo hispánico.


 
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