Bienvenido a la Hermandad del Valle
    Búsqueda


    Menú
· Inicio
· Presentación
· Estatutos
· Conversaciones
  en el Valle

· Convocatorias
· Recomendar
· Contacto
    Publicaciones
· Altar Mayor
· El Risco de la Nava
· El Brocal
El Brocal: El Brocal Nº - 86
Tuesday, 10 February a las 16:36:24

El Brocal

REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 86 – 05 de febrero de 2009

SUMARIO



DERECHOS HUMANOS  VS. DERECHOS CIUDADANOS
Alberto Buela
 
Hace ya muchos años el pensador croata Tomilslav Sunic realizaba la distinción entre derechos humanos y derechos de los pueblos tomando partido por estos últimos.
No es para menos, los derechos humanos tienen un anclaje filosófico en la ideología de la ilustración de corte político liberal mientras que los derechos de los pueblos fundan su razón de ser en el historicismo romántico de corte popular.
Hoy ya es un lugar común –luego de la afirmación de Proudhon (1809-1965), el padre del anarquismo, «cada vez que escucho humanidad sé que quieren engañar»– cuestionar la incoherencia de la Ilustración en materia política, así como la exaltación de la razón humana como «diosa razón».
Este pensamiento ilustrado sufre una metamorfosis clara que va desde sus inicios con el laicismo libertario de la Enciclopedia y el racionalismo, pasa por el socialismo democrático y desemboca en nuestros días en el llamado «progresismo» que se expresa en la ideología de la cancelación como bien lo hace notar el muy buen pensador español Javier Esparza: «que consiste en aquella convicción según la cual la felicidad de las gentes y el progreso de las naciones exige cancelar todos los viejos obstáculos nacidos del orden tradicional [1]. La gran bandera del pensamiento «progre» es y han sido los derechos humanos donde ya se habla de derechos de segunda y tercera generación. Esta multiplicación de derechos humanos por doquier ha logrado un entramado, una red política e ideológica que va ahogando la capacidad de pensar fuera de su marco de referencia. Así el pensamiento políticamente correcto se referencia necesariamente en los derechos humanos y éstos en aquél cerrando un círculo hermenéutico que forma una ideología incuestionable.
Esta alimentación mutua se da en todas las formulaciones ideológicas que se justifican a sí mismas, como sucedió con la ideología de la tecnología en los años sesenta donde la tecnología apoyada en la ciencia le otorgaba a la ciencia un peso moral que ésta no tenía, hasta que la tecnología llevaba a la práctica o ponía en ejecución los principios especulativos de aquélla.
Se necesita entonces un gran quiebre, una gran eclosión, el surgimiento de una gran contradicción para poder quebrar esta mutua alimentación. Mutatis mutandi, Thomas Khun hablaba de quiebre de los paradigmas, claro que no para hablar de este tema, sino para explicar la estructura de las revoluciones científicas.
Los derechos humanos tal como están planteados hoy por los gobiernos progresistas están mostrando de manera elocuente que comienzan a «hacer agua», a entrar en contradicciones serias.
En primer lugar estos derechos humanos de segunda o tercera generación han dejado o han perdido su fundamento en la inherencia a la persona humana para ser establecidos por consenso. Consenso de los lobbies o grupos de poder que son los únicos que consensúan, pues los pueblos eligen y se manifiestan por sí o por no. Aut-Aut, Liberación o dependencia, Patria o colonia, etc. Es por eso que hoy se multiplican por cientos: derecho al aborto, al matrimonio gay, a la eutanasia, derecho a la memoria por sobre la historia, a la protección a las jaurías de perros que por los campos matan las ovejas a diestra y siniestra (en la ciudad de La Paz- Bolivia hay 60.000 perros sueltos)[2]. Ese amasijo de derechos multiplicados ha hecho que todo el discurso político «progre» sea inagotable. Durante horas pueden hablar Zapatero y cualquiera de su familia de ideas sin entrar en contradicciones manifiestas y, por supuesto, sin dejar de estar ubicado siempre en la vanguardia. La vanguardia es su método.

Pero cuando bajamos a la realidad, a la dura realidad de la vida cotidiana de los ciudadanos de a pié de las grandes ciudades nos encontramos con la primera gran contradicción: Estos derechos humanos, proclamados hasta el hartazgo, no llegan al ciudadano. No los puede disfrutar, no nos puede ejercer.
El ciudadano medio hoy en Buenos Aires no puede viajar en colectivo (bus) porque no tiene monedas, es esclavizado a largas colas para conseguirlas. Es sometido al robo diario y constante. Viaja en trenes desde los suburbios al centro como res, amontonado como bosta de cojudo. Las mujeres son vejadas en su dignidad por el manoseo que reciben. Los pibes de la calle y los peatones sometidos al mal humor de los automovilistas (hay 8.000 muertes por año). Llevamos el record de asesinatos, alrededor de 12.000 al año. Los pobres se la rebuscan como gato entre la leña juntando cartón y viviendo en casas ocupadas en donde todo es destrucción. Quebrado el sistema sanitario la automedicación se compra, no ya en las farmacias, sino en los kioscos de cigarrillos. El paco y la droga al orden del día se lleva nuestros mejores hijos, mientras que la educación brilla por su ausencia con la falta de clases (los pibes tienen menos de 150 días al año).
Siguiendo estos pocos ejemplos que pusimos nos preguntamos y preguntamos ¿Dónde están los derechos humanos a la libre circulación, a la seguridad, a la dignidad, a la vida, al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la moralidad pública, a los 180 días de clases que fija la ley? No están ni realizados ni plasmados y no tienen ninguna funcionalidad político social como deberían tener. Así los derechos humanos en los gobiernos progresistas son derechos «declamados» no realizados. Es que este tipo de gobiernos no gobiernan sino que simplemente administran los conflictos, no los resuelven.
En este caso específico que tratamos aquí los derechos ciudadanos mínimos han sido lisa y llanamente conculcados. La dura realidad de la vida así nos lo muestra, y el que no lo quiera ver es porque simplemente mira pero no ve.
La gran contradicción de lo políticamente correcto en su anclaje con los derechos humanos en su versión ideológica es que estos por su imposibilidad de aplicación han quedado reducidos a nivel de simulacro. Hoy gobernar es simular.
Y acá surge la paradoja que en nombre de una multiplicidad infinita de derechos humanos, estos mismos derechos de segunda o tercera generación han tornado irrealizables los sanos y loables derechos humanos del 48 que tenían su fundamento en las necesidades prioritarias de la naturaleza humana. Han venido a ser como el perro del hortelano que no come ni deja comer. Todo esto tiene solo una víctima, los pueblos, las masas populares que padecen el ideologísmo de los ilustrados «progres» que los gobiernan.
Un ejemplo final lo dice todo: año1826, primer presidente argentino González Rivadavia, un afrancesado en todo menos en la jeta de mulato resentido, alumbró 14 cuadras de la aldea que era Buenos Aires, en la cuadra 15 los perros cimarrones se comían a los viandantes. Siempre el carro delante del caballo.. Cientos de derechos que se sumaron a los de primera generación: a la vida, al trabajo, a la libertad de expresión, a la vivienda, al retiro digno, a la niñez inocente y feliz, etc.
.
 
ISRAEL Y PALESTINA: UN CONFLICTO SEMBRADO HACE 2.000 AÑOS POR UN GENERAL ROMANO
Carlos Salas
ElManifiesto.com
 
 
El Arco de Tito situado en las ruinas del Foro de Roma es un monumento construido aproximadamente en el año 80 después de Cristo para conmemorar las victorias de Tito Vespasiano. Este joven militar fue enviado a Judea para sofocar un levantamiento en el año 66 después de Cristo, lo cual logró destruyendo entre otras cosas el Templo de Jerusalén, del que sólo queda una pared que hoy se llama el Muro de las Lamentaciones. Luego, obligó al pueblo judío a dispersarse. Les expulsó de aquellas tierras.

Según una leyenda, ningún judío se digna a pasar por debajo del Arco de Tito, ese monumento que representa para ellos el principio de la Diáspora, la fecha en la que fueron expulsados de su tierra, vendidos como esclavos, y condenados a vagar errantes durante siglos.

Aquella Diáspora acabó en 1948 cuando se fundó el Estado de Israel. Pero la herida no se ha cerrado. Para muchos, Tito es el causante de todas las desgracias de Oriente Medio, a pesar de que murió en el 81 después de Cristo. Si no hubiera destruido Israel, el pueblo judío seguiría viviendo en su tierra prometida, y conviviría quizá pacíficamente con los palestinos, que tienen tanto derecho a esas tierras porque las habitan desde antes que los judíos.

Pero también Tito hizo que el pueblo judío desarrollara como ningún otro una fuerza extraordinaria para sobrevivir a las dificultades en medio de otros pueblos. ¿Cómo es posible que 2.000 años después de su expulsión, este pueblo minúsculo que no llega a 15 millones de personas en todo el mundo, tenga una presencia tan importante en la política, en la cultura, en la ciencia y por supuesto, en la economía?
 
El 39% de los premios Nobel en economía han ido a parar a manos de judíos como Paul Samuelson, Milton Friedman, Gary Becker, Lawrence Klein, Marco Modigliani, Robert Merton, Joseph Stiglitz, Daniel Kahneman, y el último, Paul Krugman. Sin hablar de científicos como Einstein, investigadores, biólogos, artistas o filósofos como Husserl.

¿Dónde radica su fuerza? Se puede aventurar que se ha debido a una especie de selección natural gracias a la cual, para sobrevivir en medio de expulsiones y cautiverios desde Babilonia hasta Judea pasando por Egipto, desarrollaron algunas capacidades más que otras: instinto para los negocios y para el dinero (eran los cobradores de impuestos en la Edad Media), penetración psicológica (Freud, como José, hijo de Jacob, se ganaba la vida interpretando sueños), facilidad con los números...

En su gesta, los judíos se mezclaron levemente con otros pueblos y ese cóctel concedió más cualidades a sus portadores. Según la ley mosaica, cualquier persona de madre judía sigue siendo judía, sin importar el padre. La proximidad y en algún caso la mezcla de judíos con alemanes o europeos eslavos, dio al judío askenazi, los mejor situados y más prósperos, según su propia escala social, aunque también es verdad que son los mayoritarios.
 
Los askenazis desarrollaron un dialecto, el yidish, que es una mezcla de hebreo antiguo con alemán. Muchos judíos askenazis tienden a tener rasgos caucásicos como ojos claros, piel clara y hasta pelo rubio, como se ha visto en muchos actores de Hollywood como Paul Newman. Eso significaría que los judíos unieron las cualidades de los germanos, pueblo perseverante, trabajador, creador y filosófico, con las destrezas judías en muchos órdenes.

En cambio el judío falasha, mezclado con etiópicos, es hoy día marginado como clase social y ocupa la escala más baja en la misma Israel.
 
Las aportaciones de los judíos a la cultura o a la ciencia son antiguas: el filósofo Filón de Alejandría, los 70 sabios que compusieron y tradujeron la Biblia para la exuberante biblioteca de Alejandría, el historiador y militar Flavio Josefo, el filósofo Maimónides, y por supuesto, Jesús.

Pero es a partir sobre todo del siglo XIX cuando irrumpen poderosamente en la historia a medida que obtienen más libertad, y es entonces cuando se plantean seriamente crear un Estado para ellos solos. La prosperidad de los judíos gracias a su fama de hábiles mercaderes permitió a esta comunidad financiar en el siglo XX el regreso a la tierra prometida a millones de judíos.

Si hubieran intentado acometer esta singular aventura hace tres o cuatro siglos, cuando las fronteras del mundo eran desconocidas, hoy no estarían peleando con los árabes. Sólo es una hipótesis.

Pero desde hace cincuenta años ya no hay sitio en el planeta para ensayos de esa envergadura, lo cual ha abierto una herida en esa zona que no se va a cerrar a corto plazo, y que está impactando profundamente en las economías mundiales desde entonces.

El cierre en 1956 del canal de Suez por el presidente egipcio Nasser fue respuesta al nacimiento del Estado de Israel, y dio lugar a una crisis económica y política de gran magnitud.

La crisis del petróleo de 1972, que se produjo después de la campaña exitosa de los generales judíos contra sus enemigos árabes, fue debida a la venganza de los países productores de petróleo que subieron el precio del barril de petróleo al mundo entero de 4 a 12 dólares.

Y además, el nacimiento del Estado de Israel en 1948 no sólo es la causa de una prodigiosa inestabilidad geopolítica en Oriente Medio, y podemos decir que en el mundo, sino que también es la causa del terrorismo mundial de origen islámico, pues muchos árabes no perdonan a Israel haber desplazado a los palestinos, y no perdonan a los occidentales por haber mirado a otro lado. Por cierto, que no se habla mucho del terrorismo israelí de los grupos llamados Irgun, la Haganah y Stern, que desataron una ola de atentados y asesinatos en los años cuarenta para obligar a los ingleses a reconocer su estado. Con el mismo estilo que ahora usan los terroristas palestinos contra Israel.

Pero hasta entonces, Palestina existía en los mapas del mundo entero aunque fuera como Protectorado Británico, y los palestinos, según reza la misma Biblia, vivían allí antes que los judíos. La llegada de los judíos a esa Tierra Prometida se produjo hace miles de años con Moisés, quien tenía la misión de llevarlos allí desde Egipto. Y en las Sagradas Escrituras se deja bien claro que los judíos tuvieron que combatir con los pueblos que habitaban esas tierras para asentarse allí y fundar su nuevo hogar. Pero ya estaban ocupadas por cananeos, moabitas y gabaonitas, a los que intentaron exterminar. Dice el Éxodo: «Yo sembraré el terror delante de ti, llenaré de confusión a los pueblos que encuentres a tu paso, y haré que todos tus enemigos te vuelvan las espaldas. Haré cundir el pánico delante de ti, y él pondrá en fuga delante de ti al jivita, al cananeo y al hitita. Pero no los expulsaré en un solo año, no sea que el país se convierta en un desierto y las bestias salvajes se multipliquen en perjuicio tuyo. Los iré expulsando de tu vista poco a poco, hasta que crezcas en número y puedas tomar posesión del país. Extenderé tus dominios desde el Mar Rojo hasta el mar de los filisteos, y desde el desierto hasta el Éufrates, porque yo pondré en tus manos a los habitantes del país para que los expulses delante de ti» (Éxodo 23, 27).

La historia de los árabes desde la antigüedad es también prolífica en todos los órdenes del conocimiento, mucho más que la judía. Junto con Bizancio y los monasterios medievales cristianos, los árabes conservaron parte de la sabiduría greco-latina gracias a la Casa de la Sabiduría de Bagdad, que guardó los textos perdidos de los filósofos y hombres de ciencia griegos y romanos.

Como sabemos, fue una civilización poderosa cuya expansión llegó hasta los Pirineos, y hasta Viena. Pero una vez el imperio otomano se desmoronó a principios del siglo XX, los árabes sólo se han mantenido como países con un grado de desarrollo discutible, o levantados con ayuda del petróleo.

Los judíos han logrado convertir su joven país en una seria potencia económica gracias a las ayudas de los judíos de todo el mundo, especialmente de Estados Unidos, y gracias a las indemnizaciones alemanas desde la Segunda Guerra Mundial. Pero también han puesto mucho de su parte: Israel es hoy un país que ha desarrollado novedosas técnicas agrícolas, y que sobre todo ha destacado por su industria de alta tecnología y espacial.

Más de 70 empresas israelíes cotizan en el Nasdaq, el índice norteamericano de empresas de tecnología. La renta per capita en 2006 era de 17.380 dólares, la más alta después de Kuwait. Tiene la esperanza de vida más alta de la zona (80 años), y el mayor consumo de energía. ¿Y los árabes? A pesar de que muchos de esos países están asentados sobre cuernos de la abundancia llenos de petróleo, no se puede decir que hayan descollado por sus productos de alto valor añadido.

El día que se les acabe el petróleo a los árabes, ¿sólo les quedarán camellos? Durante años, Arabia Saudí, Irán e Irak han destinado siderales sumas de dinero a ayudar a sus hermanos musulmanes (financiando incluso el terrorismo), especialmente a los palestinos, pero los resultados han sido muy tristes, y la prueba es que muchos palestinos sobreviven gracias a sus empleos en Israel.

Pero tienen el derecho legítimo a recuperar unas tierras que hasta hace 60 años se llamaban Palestina. Y la opinión pública mundial desconoce que ellos, según el derecho Internacional, tenían más derecho a esas tierras que los judíos porque las habitaban antes que los israelitas.

De modo que aquí tenemos un problema causado por Tito, y que no tiene visos de resolverse en los próximos decenios.

Porque nadie puede pensar que la solución consista en pedir a los judíos que salgan de allí, como tampoco es la solución dejar que los palestinos sobrevivan en campos de refugiados en sus propias tierras, y en unas pequeñas parcelas llamadas Gaza y Cisjordania donde ni siquiera tienen un Estado serio (aunque parezca increíble, Palestina aún no existe como nación), sino un conato de país, y donde el agua es controlada por los judíos. Basta darse una vuelta por los territorios palestinos para comprobar que viven en un nivel de subsistencia o de pobreza.

Gran parte de esa situación se debe a que el gran aliado de Israel es Estados Unidos, que siempre que le toca votar en el Consejo de Seguridad de la ONU, impide cualquier medida contra el gobierno israelí, y su política antipalestina.

De todos modos, es curioso que los judíos, de los que sabemos que tienen en sus manos los medios de comunicación de masas más influyentes del planeta como The New York Times y la industria del cine de Hollywood, no han podido convencer a la opinión pública de que su causa es la más justa. Basta echar un vistazo a los medios europeos en estos días para comprobar que, sean de derechas o de izquierdas, la mayoría está contra la invasión de los territorios palestinos. La mayoría opina que Israel está abusando de su fuerza y que está actuando con terror, usando bombas de fósforo, castigando inicuamente a la población civil, atentando contra edificios de la ONU y hasta contra los periodistas. Quizá gane esta guerra, pero por ahora ha perdido la batalla de la opinión. Al menos en Europa.

En las guerras anteriores, la eficacia y rapidez de sus ejércitos dejaron boquiabierto al mundo entero. Ahora no combaten contra otros ejércitos regulares sino contra guerrilleros que se esconden en casas de civiles, quizá porque no tienen otro sitio donde hacerlo, y cuando las tropas israelíes bombardean esas casas y aparecen niños muertos (como está pasando ahora que un tercio de los fallecidos son niños), la opinión pública se enfurece contra Israel, incluso buena parte de los judíos norteamericanos.

¿Cómo arreglar esto? Nadie tiene la solución, pero las consecuencias del conflicto entre judíos y árabes han ido mucho más lejos que el Mar Muerto: los atentados contra las Torres Gemelas, los de Madrid y los de Londres son los escombros de un frente de batalla a uno de cuyos lados están los árabes, y al otro, occidentales y judíos.

Y he aquí la paradoja, porque los judíos y los árabes proceden del mismo tronco semita y deberían estar en el mismo bando, según la teoría del Choque de Civilizaciones de Huntington.

El Antiguo Testamento explica que los árabes descienden de Ismael, quien era hijo del judío Abraham y de su esclava egipcia. El Islam es «una herejía del judaísmo», como dice el profesor Jesús Mosterín. Los nombres árabes son derivados de un gentilicio compartido con los judíos, como Ibrahim (de Abraham), Harum (de Aarón), Ishaq (de Isaac), Isa (de Jesús)… Y si alguien tiene dudas, que consulte El Corán. Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús de Nazaret y Juan Bautista son nada menos que profetas islámicos.

Desde el punto de vista genealógico, judíos y musulmanes tienen más similitudes entre ellos que las que pueden existir con los europeos, pues estos últimos crearon una tradición grecolatina de dioses y creencias politeístas que, aunque fue sustituida por el cristianismo, no tiene un origen semita.

Y encima, para encontrar más similitudes entre árabes y judíos, Jerusalén es una ciudad sagrada para los dos pueblos.

A lo mejor habría que empezar por ahí para resolver el conflicto, es decir, poner en la mesa todas las cosas que tienen ambos pueblos en común y que les deberían llevar a la concordia.

CARTA ABIERTA DE UN ISRAELÍ A UN MUNDO CIEGO, SORDO Y ATEMORIZADO
Yehuda (Edmundo ) Hochmann, PhD.
 
Arad, desierto del Neguev, Estado de Israel, 24 de diciembre de 2008
(Escrita antes del ataque Israeli a Gaza)

Hace ya casi dos años que Hamas, movimiento islámico terrorista apoyado y armado por El Qaida, Irán y Siria, ha tomado el poder en Gaza, a través de un golpe armado en el que no faltaron escenas sangrientas y brutalidad sin límites contra sus propios hermanos Palestinos.

Desde entonces, ese movimiento islámico fundamentalista, que no reconoce el estado de Israel y apoyado por una organización terrorista internacional y por dos países miembros de las naciones unidas, ha bombardeado constantemente, un día más, un día menos, las poblaciones de Israel que tiene al alcance de sus armas –misiles y morteros–. El alcance de esos misiles ha ido aumentando a medida que los países que apoyan y arman el Hamas le proveen con material bélico, y llega hoy a 40 kilómetros, lo que coloca como posibles blancos las ciudades de Sderot, Netivot, Ofakim, Ashkelon, Ashdod, Kiriat Gat, Kiriat Malachi, Gedera, Nes Tziona y Beer Sheba (capital del Neguev y cuarta ciudad en tamaño en Israel). Eso, además de decenas de colonias agrícolas y pequeñas aldeas.

O sea, en otras palabras –centenas de miles de ciudadanos de Israel están hoy en día bajo la amenaza de misiles o bombas de mortero, proyectiles que caen diariamente en territorio de Israel– y en el mundo entero nadie hace nada ni a nadie le importa.

¿Cuál sería la actitud de Francia, España –o Rusia– si eso ocurriera durante meses y meses en alguna de sus fronteras?

Hamas juega con ventaja, la misma ventaja que tiene el Hizballah en el Libano –un escudo humano formado por civiles inocentes, y sabe muy bien que toda acción militar que Israel decida llevar a cabo tendrá como consecuencia la muerte de muchos de esos inocentes.

La vida humana, lo han demostrado claramente ya por decenas de años, no tiene ningún valor para un Islam fanático que ha dejado de lado hace mucho todos los valores morales, un Islam cuya ceguera fanática es una amenaza real al mundo civilizado en su totalidad.

Ese mismo mundo, atemorizado, calla y mira hacia otro lado, dejando que Israel se las arregle, y siempre dispuesto a censurar a Israel, pero nunca, nunca, al Islam fanático.

Europa ya ha sido conquistada –esa es la amarga y triste realidad–. Es innecesario detallar lo que pasa en los países de Europa Occidental y hacia donde ellos se dirigen, inexorablemente...

Toda acción que Israel se ve obligada a realizar –aun sin ser militar– para tratar de reducir los ataques de Hamas, es inmediatamente blanco de críticas y censuras.

La patética «izquierda progresista» ataca a Israel, profesores británicos boicotean a Israel (¿cuándo se ha de comentar, finalmente, el triste y vergonzoso papel de Inglaterra en el conflicto árabe–judío?), y un sinfín de organizaciones siguen la senda de «justicia para el pueblo palestino».

De los millones y millones de dólares que los «lideres» de ese pueblo han robado descaradamente, nadie habla… y de los derechos de los ciudadanos de Israel tampoco.

Esta carta, que sin muchas esperanzas, envío hoy a algunos amigos, es simplemente un aviso más que, casi seguro, pasará desapercibido.
Sin embargo, en Israel somos muchos los «alguien sin importancia» y juntos hemos conseguido construir un país del cual podemos estar orgullosos, conscientes de nuestros defectos pero aun así seguros de representar en esta parte del mundo algo mejor, mucho mejor, de lo que pueden presentar nuestros vecinos.
Y no pensamos dejar que destruyan 60 años de construcción y realización aquellos que representan el fanatismo, la intolerancia y el retroceso de la civilización.
Una civilización imperfecta, sin duda alguna, pero superior, con mucho, a las tinieblas hacia donde el Islam desea que retrocedamos.
La democracia es muy importante, pero también es necesario defender nuestra integridad nacional.
Muchos países no se atreven a enfrentar la realidad, y esa realidad los está destruyendo paso a paso, desde dentro.
Si creen que tengo aunque sea un poco de razón, pasen esta carta a sus amigos.

Si creen que estoy equivocado, no me queda más que tener piedad y compasión de ustedes...

«La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido». Rabindranath Tagore.

[1] Esparza, Javier: «Para entender al zapaterismo: entre el mesianismo y la ideología de la cancelación», Razón Española Nº 153, Madrid, enero-febrero 2009, p.10.
[2] Hay quienes hablan hoy de «derechos humanos de los animales» un verdadero hierro de madera.
Hace ya más de tres años que Israel ha abandonado, debido a presiones externas e internas, la Faja de Gaza.
 
    Opciones

 Versión Imprimible Versión Imprimible

 Enviar a un Amigo Enviar a un Amigo

Disculpa, los comentarios no están activados para esta noticia.