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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 518
Monday, 26 July a las 14:00:31

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 518 –  5 de JULIO de 2010

SUMARIO

  1. Ojo a este personal, José Manuel Cansino
  2. René Guénon, ¿profeta de nuestro tiempo?, Antonio Martínez
  3. Distancia de Saramago, Miguel Ángel Loma
  4. El cabreo de la izquierda, José Mª Carrascal
  5. Carod Rovira despilfarra mientras el pueblo catalán se empobrece, Luis Mª Anson
  6. Zapatero regala tres millones de euros a sindicatos y fundaciones afines, Segundo Sanz
  7. ¿Qué es la Patria?, Romualdo Maestre


 
OJO A ESTE PERSONAL
José Manuel Cansino

Es posible que la actitud generalizadamente silenciosa del cristiano español obedezca al modelo bien aprendido de la «diplomacia Vaticana».

Es por ello que chirría la demanda de la Curia de una presencia explícita del cristiano en la vida pública cuando la misma se ha echado en falta demasiadas veces en los ministros y príncipes de la Iglesia Católica.

Sólo ha sido después de romper con el silencio institucional, cuando las voces del laicado católico han comenzado a oírse y leerse aunque para ello hayan debido amontonarse centenares de millares de abortos y dispuesto una robusta legislación anticatólica y cristofóbica.

De entre la intelectualidad cristiana en lengua española ha emergido la figura del profesor Francisco Contreras –Catedrático de Filosofía del Derecho– con una prolija obra científica y divulgativa con la que se muscula la literatura disponible de la corriente liberal católica. Una corriente en la que le precedió la figura de Dalmacio Negro y en la que podemos encontrar algunas aportaciones de un joven Moisés Simancas.

La lectura liberal católica no es la única que se ha alzado contra el «wishful thinking» o pensamiento único que es el resultado último de la ingeniería social anticatólica. La corriente social cristiana encuentra en las aportaciones del profesor José Luis Orella una generosa fuente en la que encontrar ideas más refinadas que las de los propios Jaime Balmes y Donoso Cortés.

Por último no debe pasarse por alto la obra más prolija si cabe, de otros contestatarios del pensamiento único como Aquilino Duque, Alberto Buela, Manuel Parra Celaya o Gustavo Morales y que bien pudieran resultar inclasificables entre la lectura liberal o social del cristianismo o mejor acomodo en el pensamiento social patriota.

El primero de todos los citados, Francisco Contreras, ha publicado recientemente en semanarioatlantico.org una imprescindible reseña de la menos prescindible obra de Miguel Ángel García Olmo, Las razones de la Inquisición española (Editorial Almuzara). Una obra ésta, de mayor ambición que la conocida de Vittorio Messori, que se debería leer con otra de formato y pretensiones diferentes, pero que sirve de excelente orla a la primera. Se trata de Crónicas negras de la Sevilla Barroca por Maese Farfán (Editorial Jirones de Azul) compendiada por Carlos Noguero y Juan Antonio Bertomeu.

Ahora parece volver el tiempo de los lectores de un solo libro si bien cambiando la «Holy Bible» por el Corán. De manera que para no desandar siglos de vuelta al Teocentrismo, bien merece la pena seguir a estos y otros autores que contribuyen eficazmente a desperezar las conciencias de quienes contándose por millones, han emulado una mala lectura del arte de la diplomacia.



RENÉ GUENÓN, ¿PROFETA DE NUESTRO TIEMPO?
Antonio Martínez

En El Cairo de 1951, convertido desde hacía décadas al islam, moría una de las figuras intelectuales más significativas del siglo XX: René Guénon, brillante defensor de la gnosis eterna y uno de los críticos más lúcidos de la moderna civilización occidental. La tesis central del pensamiento de Guénon es bien conocida: Occidente ha abandonado el sendero de la Tradición y se ha transformado en la civilización del poder y de la materia. Ha olvidado la dimensión vertical y transcendente del ser, y ha optado por una visión horizontalista del mundo.

Ahora bien: este alejamiento del Centro Polar, del eje metafísico inconmovible de la realidad, producirá necesariamente en las sociedades occidentales una situación de desquiciamiento que, llegada a su paroxismo, provocará una crisis definitiva, un «fin de ciclo» que dará paso a una nueva fase ascendente en la historia circular del mundo. Entonces retornaremos a los principios en los que se basaron todas las civilizaciones tradicionales y asistiremos a una restauración universal del espíritu que hoy nos parece inconcebible.

El Guénon que moría como musulmán en su casa de El Cairo pronunciando el sagrado nombre de Alá estaba muy lejos de tener prisa. En Europa hacía furor el existencialismo sartreano y la Rusia de Stalin era considerada por muchos intelectuales como la plasmación del paraíso sobre la tierra, mientras millones de deportados trabajaban como esclavos y morían en el Gulag. Se imponía en Occidente el american way of life, la botella de Coca-Cola se convertía en un mito planetario y se aproximaba una época de extraordinario progreso económico que culminaría en la gesta del viaje a la Luna. Y, sin embargo, Guénon miraba más lejos: fueran cuales fueran los avatares concretos del espíritu occidental, y también sus aparentes éxitos, la suerte final de Occidente ya estaba echada: una civilización basada en el culto idolátrico a Mammón y en la hybris de Prometeo sólo puede acabar en el desastre. Consumiéndose a sí misma, canibalizándose, ha de terminar en una gigantesca implosión. El castillo de naipes no puede sostener indefinidamente su engañoso equilibrio. Por uno u otro camino, la inconsistencia de los fundamentos sobre los que se cimienta nuestra orgullosa Torre de Babel provocará una crisis global del sistema. Y entonces el cataclismo final, por mucho que intentemos evitarlo o, al menos, retrasarlo, ya sólo será cuestión de tiempo.

¿Qué diría Guénon si viviese en nuestros días, si contemplara la crisis financiera planetaria que hoy nos asola? A buen seguro, habría pensado que sus vaticinios se estaban empezando a cumplir: Occidente llega al fin de su ciclo, nos aproximamos a nuestro nadir, al punto de máximo descenso y oscuridad, al clímax del kali yuga. Tras la caída del comunismo –ese hijo espurio, bastardo, del espíritu occidental, pero completamente occidental en sus fundamentos–, deberá llegar necesariamente una simétrica caída del capitalismo. Y ello porque Occidente, en sí mismo considerado, desde Copérnico, Galileo y Newton, desde Descartes, Kant y Adam Smith, ha sido todo él un inmenso error. Un error que, al alejarse de la sabiduría eterna de la Tradición, ha terminado creando un mundo de locos cuyos desvaríos y excesos –por ejemplo, la orgía del crédito y de la deuda– ahora debemos disponernos a pagar.

Evidentemente, y ante la convulsa situación mundial a la que hoy asistimos, no resulta difícil coincidir en muchos sentidos con el análisis de Guénon. Y, sin embargo, ¿es René Guénon el verdadero profeta de nuestro tiempo? ¿Ha sido él quien mejor ha sabido describir los términos del gran problema espiritual en el que nos hallamos inmersos? Y, sobre todo, ¿es cierto que la civilización occidental es toda ella un gigantesco error, un disforme aborto de la Historia, y que, por tanto, está condenada a desaparecer?

Es aquí donde al autor de estas líneas le resulta imposible continuar siguiendo a Guénon. Y ello porque, pese a sus múltiples aspectos criticables, la moderna civilización occidental contiene una extraña fuerza, una capacidad de seducción que constituye un inequívoco signo de su paradójica legitimidad. Ciertamente, puede sostenerse que nuestra cultura se ha construido de espaldas al espíritu, y que en consecuencia debía desembocar en un pernicioso nihilismo terminal. Ahora bien: pese a todo, Occidente parece constituir el destino fatal del mundo. Culturalmente, el espíritu de Occidente se extiende hoy en día por toda la Tierra: sus símbolos, su manera de vivir, su concepto de libertad. La juventud china, la juventud iraní, la juventud hindú, quieren ser occidentales. Seguramente no sin importantes matices, y también sin romper por completo con su propia tradición; pero, en lo esencial, quieren vivir como los hombres de Occidente: quieren ver Los Simpson, quieren llevar vaqueros y poder leer tanto a Rumi como a Nietzsche. La actual celebración del Mundial de Fútbol en Sudáfrica constituye un buen ejemplo de lo que decimos. Gracias a las parabólicas –ese instrumento de Satán odiado por los ayatollahs–, hasta los yemeníes, los sudaneses, los saudíes y los indonesios siguen con pasión a sus grandes ídolos: Cristiano Ronaldo, Messi, La Roja. Algo que, a buen seguro, habría disgustado al gnóstico y musulmán René Guénon.

¿René Guénon, profeta de nuestro tiempo? Pese a todo, creo que sólo a medias. Y ello porque, aunque la sociedad occidental tal como hoy la conocemos efectivamente esté destinada a desaparecer –el gran edificio de la economía mundial es insostenible en sus actuales términos–, el espíritu mismo de Occidente es el Zeitgeist de nuestro tiempo, el espíritu de nuestra época. Ni China, ni La India, ni Rusia, ni Irán o Turquía, tienen nada que proponer como gran alternativa espiritual, como nueva imagen del mundo, como piedra angular de una nueva civilización planetaria. Los sueños de una futura restauración del Califato son sólo eso: sueños. Por mucho que desagrade a los occidentales que tanto denuestan a Occidente, el futuro sólo está en nosotros. Extra Occidentem nulla vita, podríamos decir. El mundo del futuro, aunque será muy distinto del que hoy conocemos, seguirá siendo, pese a todo, espiritualmente occidental.

Lo que hoy se aproxima no es el final de Occidente, sino la metamorfosis de Occidente: una metamorfosis tras la que seguiremos siendo occidentales, y después de la cual el mundo será incluso más occidental de lo que hoy ya lo es, pero a la vez seremos profundamente diferentes de como hoy somos. Descubriremos otra manera de ser occidentales. Y no porque nos adhiramos a ninguna de las ya demasiado gastadas religiones seculares de nuestro tiempo –de las que el ecologismo y la mística de Gaia constituyen hoy el más claro paradigma–, sino porque caeremos en la cuenta de que hemos vivido hasta ahora sólo en uno de los hemisferios de nuestra propia identidad. Y es que, si Oriente es el espíritu sin materia, y el Occidente que conocemos se ha construido en muchos sentidos como la materia sin espíritu, el Occidente del futuro deberá ser precisamente materia y espíritu. Tradición y libertad. Pasado y futuro. Disciplina e imaginación. Inmanencia y transcendencia. Ascesis y fiesta.

En cierto sentido, la civilización del futuro deberá pasar por una inteligente recuperación de la metafísica tradicional, como tanto le habría gustado al viejo Guénon; pero, en realidad, será mucho más que eso: se constituirá como una sorprendente unión de contrarios que acogerá múltiples elementos hasta ahora considerados como incompatibles. Y por esta razón será mucho más apasionante de lo que hoy podemos imaginar.




DISTANCIA DE SARAMAGO
Miguel Ángel Loma


Tras la muerte de José Saramago hemos podido leer toda clase de panegíricos sobre el escritor portugués que pasó los últimos años de su vida en nuestra patria. Es algo muy común que, cuando alguien muere, arrojemos flores sobre su tumba; y tratándose de un premio Nobel de Literatura no faltarán motivos literarios para el florilegio. El problema, como en tantas otras cosas, son los excesos... Porque cuando el panegírico funerario alcanza la categoría de desorbitado ditirambo, cabe la maliciosa sospecha de que en realidad oculten una mordaz puñalada postrera sobre el cadáver.

Y como botón de muestra, me basta con recuperar dos escritos publicados en el diario ABC de Sevilla. El primero pertenece a Ignacio Camacho, que dedicaba a Saramago su columna del pasado 19 de junio («El pesimista utópico») ofreciendo una semblanza del fallecido, con expresiones como las siguientes: dignidad decente y orgullosa de su sólida estructura moral, idealista, honesto, referente de otra época, árbol solitario en el horizonte de la banalidad contemporánea, constructor de un itinerario de compromiso ético, que nunca dejó de llamar a las cosas por su nombre, buscador de un mundo mejor... Y al día siguiente, Emilio Aragón (de familia de exiliados cubanos, creo recordar) firmaba una breve nota necrológica bajo el título «El compromiso», donde situaba al finado escritor como un ejemplo de compromiso en hacer de la vida «una militancia activa por el amor y la justicia», así como «del pensamiento al servicio de la conciencia».

Está bien lo de las flores..., pero decir que nunca dejó de llamar a las cosas por su nombre, y presentar como buscador de un mundo mejor y un referente de militancia activa por el amor y la justicia, a quien se jactaba de justificar la exterminadora ideología comunista y sus regímenes, hay un gran trecho. Un trecho similar al que va desde la isla de Lanzarote, donde plácidamente vivía Saramago, a la carcelaria Cuba de Fidel, tan amada en sus visitas de ida y vuelta por el Nobel portugués.

Por esas casualidades (o no) de la vida, justo en la página siguiente donde leíamos las emotivas loas de Emilio Aragón, aparecía una entrevista a Luiza Iordache, joven historiadora rumana que acaba de publicar «Republicanos españoles en el Gulag», documentando la tragedia de más de 300 españoles «rojos» muertos en los campos de concentración soviéticos. Españoles traicionados por sus propios jefes comunistas españoles, españoles torturados, españoles olvidados en aquellos paraísos en la tierra que constituyeron la URSS y sus angelicales democracias populares, tan añorados por los militantes activos del amor y la justicia.

Tan añorados desde la comodidad que imponen la distancia y la libertad.



EL CABREO DE LA IZQUIERDA
José María Carrascal
(ABC)


SI ustedes creen que los madrileños están cabreados, no saben cómo está el resto de los españoles. Me he tragado mil y pico de kilómetros hasta uno de los extremos de la Península y por todas partes no he encontrado más que indisimulada indignación, solo suspendida durante los partidos del Mundial. Lo más curioso es que se trata de una cólera que no distingue de sexos, de edades, de estatus económico, de niveles culturales, de regiones ni, esto es lo más gordo, de filiaciones políticas. No he visto ni oído a nadie alabar al gobierno, e incluso los socialistas de toda la vida, aquellos amigos que ya en la adolescencia eran de izquierda, no se atreven a defenderle, notándose en ellos una furia sorda, una rabia contenida, una desazón personal, que nada tiene que envidiar a la de los conservadores declarados, mucho menos imaginativos, que se limitan a llamar a Zapatero «marxista-leninista» y algún otro adjetivo personal impublicable.

Esto es nuevo. El presidente del Gobierno ha conseguido no ya desilusionar, sino irritar a la izquierda más genuina, que nunca votaría derecha e incluso es posible vuelva a votarle, pero será tapándose las narices y no mirándose al espejo en unos cuantos días. He tenido ocasión de charlar con algunos de ellos, aunque prefieren obviar el tema y si bien manejan los argumentos más simples como escudo –la nula colaboración del PP en una emergencia nacional, las culpas del neoliberalismo desbordado en la crisis–, en cuanto uno escarba, se da cuenta de que al fondo hay un cabreo enorme por haber sido estafados. Zapatero les ha traicionado, les ha embaucado, les ha hecho hacer el ridículo, que es lo que menos aguanta un español de izquierdas, derechas o de centro, si hay alguno de centro.

Zapatero ha demostrado de la forma más palpable que lo del socialismo-social es un cuento, que la izquierda no tiene fórmulas para cuando vienen mal dadas, que lo único que sabe hacer es derrochar el dinero acumulado por la derecha, hacer nuevos ricos al amparo del gobierno, convertir la cultura en un pesebre, crear una generación de ignorantes y despreocuparse de los trabajadores que verdaderamente lo necesitan: aquellos con empleo temporal o en paro. Esas son las vergüenzas de Zapatero que la crisis ha dejado al descubierto, eso es lo que pone roja de ira a la izquierda, que aprieta los dientes y arroja venablos envenenados contra todo y contra todos en tertulias de café y de la radio, en periódicos de la capital y de provincias, conteniéndose, eso sí, en el último segundo para no pedir su dimisión. Y es que la izquierda de hoy es todavía más hipócrita que la derecha de ayer. 



CAROD ROVIRA DESPILFARRA  MIENTRAS EL PUEBLO CATALÁN SE EMPOBRECE
Luis María Anson

María Cupeiro ha publicado en La Gaceta, el diario que dirige Carlos Dávila, un reportaje revelador. Resulta que el PIB de Cataluña ha decrecido en un 4’69, mientras la media española se ha quedado en el 3’83. Resulta que la región catalana ya no es la más rica de España y que ha sido sustituida, para mayor inri, por Madrid. Resulta que las provincias catalanas se han alzado con el récord de endeudamiento: un 26´5% del total. Resulta que cada catalán debe cerca de los 4.000 euros. Resulta que entre 2006 y 2009, la deuda pública catalana creció un 34´4%. Resulta que el pueblo catalán vive una orgía de eres autorizados, de quiebras presentadas, de embargos solicitados.

Y en medio del desmoronamiento económico, Carod Rovira despilfarra a manos llenas, con la desmesura de embajadas sin ton ni son para colocar en ellas a parientes y amiguetes, mientras él se dedica al turismo internacional gratis total, lo que le ha permitido atesorar una gran colección de lanzas. Se ha dado, además, el gusto de dedicar una parte sustanciosa del dinero que saca a los catalanes, con impuestos desmedidos, en financiar a los más insólitos idiomas del mundo.

Y todo ello en medio de la alocada carrera de muchos políticos catalanes –«maricón, el último»– para demostrar que son más secesionistas que nadie. El pueblo se empobrece, la deuda agobia, el PIB decrece, la crisis lo fractura todo, los políticos se pelean y nadie parece tener la capacidad de reaccionar y contener la hemorragia que desangra a una de las regiones más ricas de Europa.




ZAPATERO REGALA TRES MILLONES DE EUROS A SINDICATOS Y FUNDACIONES AFINES
Segundo Sanz
(Periodista Digital)


El Gobierno sufraga con dinero público un homenaje al fundador del PSOE, Pablo Iglesias, organizado por la UGT. Los ‘titiriteros’ y grupos pro memoria histórica también se ven ‘premiados’ con ayudas

Las administraciones, y no sólo la del Estado, han seguido incorporando nuevos funcionarios El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero prosigue otorgando subvenciones a sus acólitos, pese a haber lanzado recientemente el mayor recorte social de la Democracia.

En esta ocasión, las concesiones se han producido vía Ministerio, el de Cultura, departamento gestionado por la guionista Ángeles González-Sinde. Aunque la supresión de esta cartera como medida ejemplarizante de austeridad ha sido reclamada por varios mandatos del Congreso de los Diputados, así como su ensamblaje en el de Educación, opción planteada por el PP, continúa permaneciendo activa, sirviendo para canalizar dinero público a entidades alienadas con los postulados socialistas.

Según consta en la edición del Boletín Oficial del Estado (BOE) publicada ayer, la ministra González-Sinde firmó hace semanas una resolución según la cual el Ejecutivo otorga ayudas por un valor total de 3,1 millones de euros a sindicatos y fundaciones afines bajo el concepto «acción y promoción»de la cultura en 2010.

Sólo la Unión General de Trabajadores (UGT) obtiene 48.000 euros en cuatro partidas diferentes. El ente que dirige Cándido Méndez en su delegación madrileña consigue 5.000 euros que van destinados al proyecto «Primer centenario de la elección de Pablo Iglesias como primer diputado socialista». Un homenaje al fundador del PSOE que, por tanto, será costeado con el bolsillo de todos los contribuyentes.

Asimismo, la central sindical percibe 13.000 euros para organizar unas «Jornadas sobre la incidencia socioeconómica de la cultura e industrias culturales en las comunidades autónomas» y 24.000 para la «especialización profesional en las industrias culturales: sector de la moda (alta costura) y la creación de videojuegos». A ello, se suman otros 6.000 euros que UGT Andalucía invertirá en cursos orientados a «jóvenes poetas andaluces».

Doble rasero

El pasado mayo, el líder del principal partido de la oposición, Mariano Rajoy, denunció que el tijeretazo ideado por el Gobierno fuese asumido por los pensionistas y empleados públicos. Entonces, señaló que el PP no iba a apoyar en la votación parlamentaria –y así fue– «la congelación de las pensiones de nuestros jubilados mientras no se modifiquen los gastos que está haciendo la administración, incluidos los gastos de partidos, fundaciones políticas, sindicatos y organizaciones empresariales», aseveró.

Los tardomarxistas laboratorios de ideas también proliferan por el listado de beneficiarios de las subvenciones. La Fundación Ideas para el Progreso, que controla el ex ministro de Trabajo, Jesús Caldera y cuyo patronato preside el propio Rodríguez Zapatero, se ve agraciada con 30.000 euros a gastar en el proyecto «Cine español e inmigración» y 15.000, en otro denominado «La influencia cultural de España en Estados Unidos».

Inconcreción

Por su parte, la Fundación Sistema, think tank del guerrismo, logra 25.000 euros que empleará en los preparativos del «IX Encuentro Salamanca. Hacia un nuevo modelo de economía sostenible». Una iniciativa que encaja difícilmente en la promoción de la cultura, objeto primero de las subvenciones. Además, otros 30.000 euros acaban en manos de la Fundación Socialismo sin Fronteras, ligada a Izquierda Unida.

No falta, siendo el Ministerio de Cultura el otorgante de las ayudas, la aparición en escena de los titiriteros. El sindicato de la zeja, tanto por medio de la Academia de Cine como de su vertiente catalana, alcanza 33.000 euros del reparto. Por otro lado, tampoco se olvida el Ejecutivo de impulsar el revisionismo histórico a base de talonario.

Por ejemplo, la Asociación Memoria Viva para el Estudio de la Deportación y el Exilio español recibe 5.000 euros, el doble que el Foro de la Memoria de Bélgica, interesado en el proyecto «Españoles en la Segunda Guerra Mundial: historia y memoria». Con estas prácticas, la contención del gasto público no acaba de instalarse en el Gobierno.

Puestos de libre designación

Tras el drástico recorte de sueldos en la Función Pública, que ha empobrecido a todos los funcionarios, incluidos los de niveles inferiores, el Gobierno no ha tomado nuevas medidas que sirvan para recortar el gasto en el sector público. Las administraciones, y no sólo la del Estado, han seguido incorporando nuevos funcionarios y, en la mayoría de los casos, se trata de puestos de confianza y altos cargos elegidos a dedo.

Además de las subvenciones a los sindicatos que protagonizaron los días siguientes a la rebaja de sueldos en el sector público y las adquisiciones totalmente prescindibles, en los últimos días las provisiones de puestos de libre designación han copado el Boletín Oficial del Estado (BOE). Ayer mismo, 12 de los 14 ministerios y tres vicepresidencias convocaban este tipo de plazas.




¿QUÉ ES LA PATRIA?
Romualdo Maestre
ABC de Sevilla


Nunca la diversidad sin solidaridad, la diferencia sin justicia, han servido para sacar adelante una nación

¿Es acaso once tíos en calzoncillos corriendo detrás de una pelota o es el grito desgarrador y sordo de un vasco de once apellidos vascos que anteayer se desgañitó en Azkoaga celebrando el gol de la Selección porque se siente tan español como usted o como yo, o como el común de los españoles?

¿Es poder hablar desde el Cabo de Hornos hasta casi Nueva York una misma lengua en progreso o es el pinganillo que usa Chaves en el Senado para entenderse con su paisano andaluz y socialista Montilla en un dialecto latino en recesión?

¿Son las banderitas de una panda de rapados descerebrados sin más futuro que la violencia o es el presente compartido de mi hija que juega en el parque con el hijo de un inmigrante –nosotros volveremos a serlo dentro de poco– marroquí?

¿Es pedir que se arranque el lema del frontispicio de los cuarteles de la Guardia Civil a la vez que se reivindica el trabajo a reglamento de las ocho horas o son esas 36 horas seguidas que pasaron esa pareja de números emboscados entre la maleza para detener en Francia a uno de los comandos más sanguinarios de ETA ante el estupor de sus colegas galos?

¿Es el trabajo ordinario y ordenado de cientos de miles de catalanes que creen en su tierra, en su familia, en su porvenir, o es el victimismo de sus representantes políticos que viven de venderles el cuento de que el resto nos levantamos todos los días con la sola idea de a ver cómo les podemos hacer más daño?

¿Está la patria en esas fuerzas centrífugas que amparándose en la autonomía y el regionalismo ombliguero malgastan el dinero en crear identidades falsas, pervertir la Historia, adoctrinar conciencias, inventarse enemigos o por el contrario habita en los centrípetos de un pasado en común con infinitas más igualdades que diferencias?

¿Es creer que bajo la marca España hemos creado a lo largo de los siglos una cultura casi global o es avergonzarse hasta renegar de ella por el uso partidista que el régimen anterior hizo de ella?

¿Estará entre los que, pase lo que pase, con la crisis mantendrán aquí su capital y su patrimonio o entre los que a la primera de cambio desharán sus posiciones y sacarán su dinero para no ver comprometidas sus inversiones?

Parece que la patria no fuera solamente una unidad de destino –gracias, Ortega– en lo universal sino también a veces en lo cotidiano. Nunca la diversidad sin solidaridad, la diferencia sin justicia, el individualismo nihilista, el restar y no sumar fuerzas y esfuerzos, han servido para sacar adelante una nación en apuros, como lo estamos nosotros ahora.

 
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