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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 522
Wednesday, 08 September a las 14:59:55

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 522 –  2 de agosto de 2010

SUMARIO

  1. De la revolución al separatismo, Pío Moa
  2. Muerte al niño, vida al toro, María Lilia Genta
  3. Contra la homogeización de la cultura, Tristán Garel-Jones
  4. La culpa la tiene Franco, Juan Manuel de Prada
  5. Una vuelta más a la noria, José María García de Tuñón
  6. La metedura de pata de Medrano, Alberto García Reyes
  7. Tras los toros, nuevos retos. Miguel Ángel Loma


DE LA REVOLUCIÓN AL SEPARATISMO
Pío Moa
(LD)
 

O, más justamente, de la revolución obrerista a la revolución separatista, pues se trata en los dos casos de auténticas revoluciones, ya que se proponen cambios históricos radicales. España se enfrenta a una larga serie de problemas, ligados entre sí, pero tal como en los años 30 el problema más decisivo era el revolucionario, que abocó a una guerra civil, en la actualidad es el separatista. Quiere esto decir que resolver ese problema contribuiría a la solución de muchos otros. Por lo tanto es preciso dedicar las energías principales a afrontarlo, y tal debe ser el punto clave de un programa político.

Es precisa una visión clara del asunto: no basta señalar la evidencia de que el separatismo es cosa de minorías y de políticos corruptos, etc., ajenos a la masa de cada región, porque la masa siempre es dirigida por alguna minoría (todo partido lo es), y frente a esas minorías más o menos separatistas no existe hoy ninguna minoría organizada opuesta. No lo son, desde luego, el PP ni el PSOE, pues ambos contribuyen al proceso de descomposición de España. Y contribuyen no sólo por pasiva, al aceptar la iniciativa separatista con más o menos restricciones, sino también por activa, impulsándola como ha hecho el PSOE con el estatuto catalán, o imitando ese estatuto en Valencia o Andalucía, como ha hecho el PP. Todo ello deslegitima a esos políticos. Paralelamente, la información de la inmensa mayoría de la gente sobre esta cuestión crucial es rudimentaria y falseada por mil prejuicios.

Vidal-Quadras lo ha explicado así: los separatistas de diversas regiones tienen un plan, consistente en disgregar España, concebida como un mal histórico. Un plan que llevan más de un siglo persiguiendo tenazmente, adaptándolo a las circunstancias de cada época, y que en varias ocasiones, pero principalmente hoy, han parecido próximos a realizar. Y frente a ese plan no existe hoy un plan contrario capaz de reconducir el proceso, pues hasta ahora no se ha pasado de las críticas y las denuncias dispersas, a menudo en plan francotirador. Y quien tiene un plan termina por ganar la partida a quienes actúan de forma divagante, sin un objetivo preciso.

La gravedad de la situación radica precisamente ahí. Frente a los proyectos revolucionarios de los años 30 (que incluían el separatismo, aunque en segundo término), existían proyectos opuestos, sobre todo el de la CEDA, si bien estuvieron a punto de ser anegados por la marea revolucionaria e izquierdista. En la actualidad, el empuje separatista es incomparablemente menor que el revolucionario de aquellos años, pero extrae su fuerza y audacia precisamente de la ausencia de una oposición estructurada. No obstante, en España es tradición que cuando las clases dirigentes fallan, como en el caso de la invasión francesa, el pueblo tome los asuntos en sus manos. Y ahora es la ocasión. Todos los partidarios de la unidad de España deben plantearse seriamente cómo invertir la presente deriva balcanizadora.




MUERTE AL NIÑO, VIDA AL TORO 
María Lilia Genta

(desde Argentina)


Ayer, Cataluña. «La Catedral de Lérida es mi gloria, / y campañas de César mi breviario» (Gerardo Diego).

Hoy, Cataluña. No quiere ser España. Tampoco es ella misma separada. Sólo es esclava del poder globalizado.

Primer corredor de la droga, sus playas. Capital del aborto, Barcelona. Y el último dislate: primera «autonosuya» que prohíbe los toros.

Muerte al niño, vida al toro. Hipocresía.

Dejando de lado la fiesta, popular si las hay como ninguna, pensemos en estos legisladores que en el exacto momento en el que la desocupación trepa por encima del 22 por ciento dejan sin trabajo a miles de catalanes. Desde las bordadoras de los soberbios trajes a los chavales que cepillan el pelaje de los toros. Detrás de cada desocupado, una familia. Aunque sean familias mayormente integradas por viejos –el índice de natalidad es muy bajo en Cataluña– son familias al fin.

Los legisladores van contra toda lógica y defensa del bien común del pueblo que representan porque deben obedecer. Obedecer ¿a quién? Al Gobierno Mundial, Global y Único que integran «verdes», ecologistas y todas las malas yerbas conjugadas en un solo poder.

Cuando nuestros mayores alertaban contra el Poder Mundial, los vituperaban por alarmistas, locos y, por supuesto, «nazis» ya que advirtieron que en Nüremberg morían el Derecho y la Justicia soberana de las naciones. Comenzaba a regir el Poder Mundial.

Ahora, Nüremberg es esta justicia «marcha atrás» globalizada, que se aplica a los militares y afines que intentaron defender la identidad de sus patrias. En nombre de los Derechos Humanos se vulneran los más elementales derechos humanos. Hipocresía.

Sé que lo que voy a decir es políticamente incorrecto, culturalmente incorrecto y hasta religiosamente incorrecto porque, al parecer, la única «verdad revelada» es la «verdad ecológica».

«Corresponde, me atrevo…» y lo digo: si hay algo que gocé en España es la corrida de toros. La Plaza «plena de leyendas», la gente, los sonidos, el olor, el calor y ¡hasta las moscas! «Plaza de toros te vi llena / en ti gocé sabor y fantasía. / Te vi colmada, muchedumbre insigne / conocedora de los lances hondos» (Gerardo Diego).

Fui a los toros en Toledo, en Corpus, la Fiesta de Toledo. La corrida cierra los festejos durante la siesta caliente. La noche anterior, lo profano: «vamos subiendo la cuesta / que arriba mi calle /se vistió de fiesta». Por la mañana, la Misa, la Procesión de las Cofradías, la Custodia bajo los palios que cubren las callecitas con fragancia de romero, el desfile militar y, terminada la Fiesta religiosa, vuelve el pueblo a lo profano y colma la Plaza de toros.

En la arena, el hombre quieto: «mírale al toro quieto, quieto, quieto». En las gradas señores y plebeyos con talante de señores. Fui a los toros en Toledo, con un señor toledano, Don Blas Piñar. ¡Envidia de mis amigos! En esa tarde de toros, sentí que estaba en España, en «la Piel de Toro» como la llamó Ximénez de Sandoval.

¿Será posible que la «ola verde» logre invadir también Castilla y se quede, sola y sin lidia, la Plaza de Toledo?





CONTRA LA HOMOGENEIZACIÓN DE LA CULTURA
Tristán Garel-Jones
fue ministro de estado en el Foreign Office (ABC)


Quizá lo más importante de la vida sea la muerte. Lo que diferencia al ser humano del resto de la creación es que sabemos que vamos caminando hacia ella.

«Avive el seso y despierte, / contemplando / cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando...». Así canta el poeta español Jorge Manrique y así también cantaba el poeta inglés Andrew Marvell: «But at my back I always hear / Time's wingéd chariot hurrying near» (Pero a mi espalda siempre estoy oyendo / el carro alado del tiempo que se acerca corriendo»).

El ser humano, dada su sensibilidad (su alma, dirían los cristianos) intenta caminar hacia la muerte con la mayor dignidad posible. Una muerte digna honra a cualquiera. El intelectual francés Robert Brasillach, condenado a muerte por «crímenes intelectuales» (apoyo al fascismo) en 1945, ante el pelotón de fusilamiento, después de rehusar vendarse los ojos, grita «Vive la France! - Quant même». Personalmente, ante tal muerte, yo –junto con Mauriac, Claudel, Camus y muchos intelectuales que nada tuvieron que ver con el fascismo– le perdono.

La Fiesta de los Toros nos obliga a pensar en la muerte y en la humanidad.

En estos tiempos modernos en que parece que el ser humano es capaz de todo –poner un hombre en la Luna, inventar internet, curar la polio, y quién sabe qué otras maravillas nos esperan–, la Fiesta nos recuerda que el «carro alado» de Marvell se nos acerca inevitablemente. Lo malo es que el poema de Marvell se escribió en el siglo XVII. Desde entonces el mundo anglo-sajón/norteamericano va caminando inexorablemente hacia un mundo de fantasía e incluso, en algunos casos, inmoral.

Para nada renuncio a mi sajonismo. Pero tampoco deseo vivir en un mundo con una cultura global homogénea impuesta por los anglo/americanos. Okay? La Fiesta Nacional es un elemento clave que posee el mundo hispano (poseedor ya del segundo idioma más hablado del mundo libre, después del inglés) para hacer un contrapeso a esta amenaza.

Me explico. Pasé mi infancia en el barrio de Chamberí. Mi adolescencia, en el barrio de Salamanca. O sea, buena combinación, creo. Ya mayor, volví a mi tierra –el Reino Unido– y me hice diputado. En Gran Bretaña existe la buena costumbre de que, más o menos cada semana, los diputados regresan a su distrito y reciben uno a uno a aquellos de sus electores que acuden con problemas personales, sugerencias e incluso solo para quejarse. Pues bien, una de las primeras personas a las que recibió este diputado de Chamberí y aficionado taurino era una señora con la que la conversación fue más o menos así:

«Señora, ¿en qué puedo ayudarle?»
«Es que es mi abuela».
«¿Qué le pasa?»
«No, es que se ha ido».
«¿Adónde?»
«No, es que ya no vuelve».
«Ah, entiendo, se ha mudado».
«No. No. Se la han llevado».
«¡Cómo!» (Yo ya preocupado, pensando que estaría en la cárcel o algo así). «No. Se la han llevado al otro lado. Ya no vuelve nunca más».
«Ah. Se ha muerto».
«Pues... Pues sí, sí, si quiere usted decirlo así».

En España, cualquier persona normal diría «mi abuela ha muerto». En el Reino Unido la gente emplea cualquier eufemismo con tal de no pronunciar esa palabra tan contundente. Los humoristas ingleses (ya saben que los ingleses se ríen hasta de su propia sombra, otra razón por la que no renuncio a mi sajonismo) ya se han percatado de esto. Hay un célebre sketchde John Cleese y Michael Palin –los Monty Python– que se llama «El Loro Muerto». Uno de ellos no quiere utilizar la palabra «muerto». Así que el loro «se ha incorporado al coro celestial», «se ha caído de la rama», «es un ex loro», «ya no es», «descansa en paz», «se ha ido al encuentro de quien lo creó», etcétera. Hasta que al final el otro grita: «¡Está muerto!».

A esa incapacidad de contemplar la muerte se le une un antropomorfismo (la atribución de sentimientos humanos a los animales) que bordea en lo delirante. Todos los niños ingleses leímos libros infantiles donde a algún animalito se le atribuyen sentimientos humanos. El osito Paddington. Peter el conejito. Mr. Toad (Señor Sapo) y Ferdinand el toro (al que, por supuesto, no le gustaba nada luchar, sino pasear por el campo oliendo las flores). Estos cuentos forman parte del ADN de todo británico. De ahí que casi todos los días en la prensa británica y norteamericana salga alguna historia de animalitos.

A veces estas historias son meramente risibles (la entidad benéfica que provee un santuario para burros viejos). A veces, chocantes (la madre que hizo comentarios nada halagadores sobre un zorro que entró en su casa mordiendo a sus dos hijas, y tuvo que recibir protección policial por menospreciar al pobre zorrito). Y a veces, francamente inmorales (una mujer en Miami que lega siete millones de libras a su chihuahua, Conchita. Conchita ya posee un collar de diamantes de Cartier, y los criados que la cuidan reciben veinte millones de libras para ocuparse de Conchita y asegurar que sea llevada cada semana a su spa favorito).

No es broma. Historias así aparecen diariamente en la prensa de lengua inglesa. No sorprende, pues, que una cultura que es incapaz de asumir la muerte y antropomorfiza los animales rechace totalmente la corrida.

Luego el mundo hispano, o bien acepta una evolución hacia una cultura global homogénea de valores sajones/americanos, donde de la muerte ni se habla y donde a los animales se les concede categoría casi humana, o bien puede defender la Fiesta sin complejos y sin disculpas.

Finalmente, leo con tristeza los acontecimientos en Cataluña respecto a la Fiesta. Como galés galoparlante, comparto los sentimientos de orgullo por nuestras patrias chicas. Pero no puedo menos que observar que el rechazo de la Fiesta Nacional está promovido en gran parte por elementos separatistas. Parece que lo que les molesta es lo «nacional». Todo parece un montaje para negar, no la corrida en sí, sino la españolidad. No es un rechazo de tipo británico a la llamada crueldad hacia el pobre toro Ferdinand; entiendo que piensan continuar con sus llamados correbous, que convierten a este noble animal en una especie de payaso circense.

El separatismo hay que rechazarlo por muchas razones políticas, entre ellas porque supondría la salida de nuestras patrias chicas de la Unión Europea. En mi país nuestros separatistas han querido adueñarse, sin éxito, de nuestras tradiciones culturales. La Fiesta Nacional es mucho más que una tradición cultural. Es punta de lanza contra la dominación de mi cultura sajona sobre el resto del universo, cosa que no conviene ni al mundo, ni a España, ni a Inglaterra ni a Estados Unidos. ¡Ni a Cataluña!




LA CULPA LA TIENE FRANCO
Juan Manuel de Prada

(ABC)
 

Publicaba ABC una entrevista de Mariano Calleja a Ana Pastor y Teresa Cunillera, vicepresidentas del Congreso, que constituye una pieza maestra de comicidad. Al buen entrevistador se le distingue por la capacidad para radiografiar al entrevistado, despojándolo de los aderezos y afeites con que trata de escamotear su verdadera personalidad; y Calleja se revela aquí un entrevistador superdotado, logrando que Teresa Cunillera se nos muestre en su espléndida ridiculez, sin añadir ni un solo subrayado a sus declaraciones mentecatas. Hay un pasaje especialmente gozoso en el que Calleja pregunta: «Para Teresa Cunillera, ¿Cataluña es una nación?». A lo que la interpelada responde afirmativamente; y, puesta a enhebrar sandeces, añade: «Nosotros estamos cómodos en una Constitución que define España como nación de naciones». Aquí Calleja, con muy caritativa delicadeza, la corrige: «No, perdone, la Constitución no dice eso en ningún lado…». Pero Cunillera, en una pirueta conceptual abracadabrante, remacha: «Bueno, lo llamó nacionalidad para que cupiera».

¡Con un par! Toda la entrevista está regada de parecidos dislates, ensartados con una suerte de complacencia orgullosa que en el lector provoca una mezcla de risa floja y alipori. La buena de Cunillera se ve a sí misma como una campeona en «lucha permanente contra el machismo»; y es natural que una mujer que emplea tantas energías en combatir tamaña plaga no encuentre hueco para adiestrar sus neuronas. Para Cunillera, el machismo consiste en que los diputados «imiten con recochineo» a las diputadas. A esto antes se le llamaba tener dotes para el histrionismo; pero en esta nueva era en que señoras como la buena de Cunillera alcanzan magistraturas tan encumbradas se le llama machismo (lo que, en buena lógica, da la razón a quienes piensan que el feminismo consiste en que las mujeres imiten histriónicamente a los hombres). Pero la buena de Cunillera sabe que, para que señoras de sus prendas luzcan como vicepresidentas del Congreso, hace falta que las gónadas triunfen sobre los méritos; por eso, cuando Ana Pastor, que es una desfasada que aún pretende hacer valer sus méritos, declara que a ella le «ofendería ser cuota», la buena de Cunillera la rebata con ardor (¡y con un par!): «¡A mí no!». Y en ese «¡a mí no!», que es el equivalente feminista al «¿qué hay de lo mío?», se resume el pensamiento político de tan garrida moza, que cada vez que Pastor trata de explicarse, la retruca: «¡Qué aburrido es el argumentario!» o (nótese la variedad dialéctica) «Siempre con el argumentario, ¡que aburrido!».

Leyendo las paparruchas de la buena de Cunillera uno podría caer en la tentación de pensar que el descrédito que padecen los políticos se debe, simplemente, a que son personas carentes de crédito alguno. Pero esta es una conclusión precipitada y facilona; la buena de Cunillera nos propone otra hipótesis mucho más sugerente y sesuda:

–La razón de fondo es que somos muy hijos de la dictadura. Franco ha marcado la sociedad de manera muy profunda.

¡Con un par! Enhorabuena a Mariano Calleja por esta pieza de periodismo desnudo y revelador. Somos tan hijos de la dictadura que, mientras la leía, pensaba que la buena de Cunillera era una caricatura grotesca salida de las páginas de La Codorniz; pero no, resulta que la buena de Cunillera es vicepresidenta del Congreso.




UNA VUELTA MÁS A LA NORIA
José María García de Tuñón


Hace ahora unos tres meses publicaba en este mismo medio un artículo titulado La vueltas que da la noria donde reivindicaba lo que algunas camisas azules había hecho por la democracia que ahora, unos más y otros menos, disfrutamos en España. Ello venía a cuento porque en un programa de televisión titulado La Noriay dirigido por el obcecado Jordi González, se llegó a decir, por parte de unas mentes retorcidas, que había que ilegalizar a Falange Española de las JONS.

Como para nada estaba de acuerdo con esas mentes enroscadas, léase María Antonia iglesias, Pilar Rahola y Enric Sopena, escribí aquel artículo donde hacía ver que quien de verdad trajo el cambio hacia la democracia que tenemos hoy fueron las Cortes franquistas que estaban llenas de camisas azules. Citaba, en primer lugar, a Miguel Primo de Rivera, sobrino de José Antonio quien ante esas Cortes defendió el Proyecto de Ley para la Reforma Política presentada por el Gobierno de Adolfo Suárez, otro camisa azul. Cité también, «de la ley a la ley», a Torcuato Fernández-Miranda, que también vistió la camisa azul, y que constituyó uno de los más importantes apoyos a quien ya era Rey de España. para que una vez consagrada la Constitución de 1978 fuera posible que en este cambio democrático no hubiera vencedores ni vencidos, algo que al parecer ha olvidado el intransigente Rodríguez Zapatero que está empeñado en que los perdedores de ayer sean, desde los despachos y desde los medios que él controla, los vencedores de hoy, olvidando que la Constitución dejó muy claro que no había ni vencedores ni vencidos, pero esto a toda la izquierda le da lo mismo, ellos quieren vencer cueste lo que cueste y a costa de la que sea.

La cita que hice de las personas que vistieron la camisa azul no gustó a muchos porque los veían, más bien, como traidores a un régimen que, presumiblemente, estaban obligados a defender, pero la historia es la que fue y no lo que a otros les hubiera gustado que fuera. Algunos conocidos míos del bando opuesto, criticaron esas citas con las que, por otros motivos, tampoco estaban de acuerdo; pero hace escasas fechas en el diario La Nueva España, que un día fue propiedad de Falange Española de las JONS, el que fue presidente del Principado de Asturias, el socialista Pedro de Silva, acaba de pronunciar una conferencia sobre el que fue jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, del que era muy amigo pues ambos fueron miembros durante varios años del jurado del premio «Jovellanos» y, entre otras cosas, preguntó refiriéndose a Sabino: «¿Era un sabio monárquico?». Después de dejar en el aire la pregunta, añadió: «Sabino fue, con Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez, otro falangista más de los que se rodeó el Rey». Y de Silva vuelve a preguntar: «¿Y qué hizo el conde de Latores durante dieciséis años que trabajó en el palacio de la Zarzuela?». Contestando el conferenciante: «La institución monárquica era buena para el Estado y Sabino Fernández Campos fue, ante todo, un servidor del Estado».

Yo que conocí y traté a Sabino Fernández Campos, incluso en cierta ocasión me recibió en la Zarzuela y estando con él llamó por teléfono Adolfo Suárez. Presidente del Gobierno, estoy seguro que Pedro de Silva ha acertado de pleno. Y como la vida da muchas vueltas lo mismo que la noria, debo decir que me dio clase de Derecho Político en la Universidad de Oviedo, Torcuato Fernández-Miranda y, muchos años después, en compañía de Gustavo Morales y Miguel Hedilla, compartí mesa y mantel con Miguel Primo de Rivera. Entonces no podía imaginarme que andando el tiempo iba a nombrar a estos personajes como artífices de la Reforma Política que hoy tenemos en España. Ya lo dicho, la vida da muchas vueltas, lo mismo que la noria.




LA METEDURA DE PATA DE MEDRANO
Alberto García Reyes

(ABC, Sevilla)

Metió la pata hasta el corvejón por fiarse de los cuatro exaltados que mandan en su partido. Y ahora ya sabe que se equivocó de amigos. Josefa Medrano prohibió un homenaje literario porque los radicales que la han llevado en andas hasta el número dos de la lista de IU la convencieron de que Agustín de Foxá era un leviatán facha que iba pegando tiros a los obreros por las esquinas durante el franquismo. Incluso alentaron en ella la idea de que un homenaje a tal patán podría calentar la sangre de los jóvenes demócratas de la ultraizquierda, autoproclamados herederos de los mártires del régimen, y provocar un altercado indeseable. Pero la realidad nunca es tan retorcida. Ella impidió que el acto se celebrara dentro de un centro cívico con guardas de seguridad para evitar bulla y resulta que el acto se llevó a cabo en la calle, debajo de un árbol, y no pasó nada. El enfrentamiento sólo se produjo en el fondo oscuro de unas cuantas mentes calenturientas. Los cuatro extremistas que veían en Foxá a un cacique franquista cuya exaltación podía provocar la sublevación de las masas trabajadoras arrastraron en su paranoia a esta honesta sindicalista de la tabacalera sevillana que ahora está empezando a descubrir en qué pocilga se ha metido. Medrano, que comparte su intimidad con un eximio comunista profesor de Literatura, ha tenido que declarar que no sabía que Foxá era novelista para salir de este atolladero poniendo en el asador incluso su capacitación intelectual. Ha pagado cara su peligrosa relación con los cachorros del partido. Una concejal admitiendo su ignorancia supina con tal de salvar el culo. Capaz de declarar que no tenía ni idea de que Agustín de Foxá tuviera obra literaria.

Tururú. Los pretextos de Josefa Medrano no se los cree ni ella. Y eso que no se sabe qué es peor: si publicar a los cuatro vientos tu profunda incultura o mentir ante un juez. Verdad es que una gran preparación no tiene. Me estoy acordando ahora de cuando presentó un escrito en la Junta de Gobierno solicitando la retirada de «los jazmines caídos de los naranjos» (sic). Pero me niego a creer que una concejal de un Ayuntamiento democrático decida prohibir un acto de homenaje a cualquier persona sin comprobar previamente quién es exactamente el vetado. Eso no cuela. Habría colado que dijera que no se ha leído nada de Foxá. Eso no sólo es verosímil. Es seguro. Pero la cantinela ésa de que ella sólo sabía que era un facha y que por eso dio la orden es un ardid de muy baja ralea. Un suicidio político con todos sus avíos. Excusa que conduce a algo que ella aprendió, aunque de otra manera, en su etapa en Altadis: el empuramiento.

Medrano ha metido la pata, como Torrijos, no por haber cometido este tipo de tropelías, sino por haber empeñado su poder al puñado de pseudo revolucionarios que controlan actualmente el partido. Sinceramente, no creo que ella ni su portavoz sean tan taimados como para maquinar estas atrocidades. Pero ambos han cometido un pecado capital que los va a arrastrar hasta los más sucios sumideros políticos: haberse apoyado en las muletas equivocadas. Tiempo. El tiempo es salomónico. Y aquí no tenemos ninguna prisa. Vamos a estar sentados en la primera fila de la sala de prensa el día de los lamentos.




TRAS LOS TOROS, NUEVOS RETOS
Miguel Ángel Loma


El presidente de la afamada y subvencionada Fundación nacionalista catalana Cacareo, cuyo objeto principal es proteger la plácida vida de los animales avícolas de granjas de Cataluña, ha hecho público los resultados de un sorprendente estudio sobre la distinta sensibilidad que muestran las gallinas de esta comunidad, según el diferente uso gastronómico a que se destinen sus huevos.

A través de agotadoras investigaciones de campo se ha comprobado que las gallinas ponedoras alcanzaban insufribles espasmos de padecimiento cuando en sus jaulas se introducía una clásica tortilla de patatas o tortilla española, mientras que el sufrimiento se transformaba en exultante alborozo cercano al paroxismo gallináceo, cuando la tortilla era sustituida por un par de huevos fritos acompañados de una buena butifarra, o por una fuente de postre rebosante de exquisita crema catalana.

«Se me puso la carne de gallina con tal intensidad, que hasta temí que yo mismo fuera a poner un huevo», declaraba emocionado el presidente de Cacareo tras conocer las conclusiones del citado estudio, anunciando que lo utilizará para exigir una ley que prohíba cuanto antes el consumo de tortillas de patatas en el ámbito territorial de la querida tierra catalana. Pero es tanta la satisfacción producida que, como muestra de solidaridad con los familiares más directos de las gallinas, también ha anunciado una campaña de sensibilización social contra el bochornoso espectáculo público de las tiendas de pollos asados. «No es ético que se les haga dar tantas vueltas después de muertos; y menos aún, a la vista de todos. ¡O regulamos las vueltas o preservamos de algún modo la intimidad post mórtem de estas criaturas!», añadió muy campanudamente entre vítores y sollozos de sus seguidores.




IDENTIDAD TAURINA
Carlos Abella

(La Razón)
 
A principios de los ochenta, el nacionalismo catalán como movimiento sentimental y político, decidió ir paulatinamente alejándose de algunos puentes culturales con España. Y eligieron los toros como ejemplo de su lucha identitaria. Para disimular su verdadera y remota intención de siempre –la independencia–, colaboraron en la gobernabilidad –es cierto– pero es también su coartada favorita, pero de vez en cuando, sobre todo en vísperas electorales, seguían manifestando sentirse incomprendidos, incómodos en España.

Por ello, primero regularon la prohibición de que los niños asistieran a las corridas. Luego, que se celebraran toros en plazas que no fueran fijas. Años después, ya con las plazas de Gerona, Figueras, Olot, Sant Feliu de Guixols, Lloret y Tossa de Mar cerradas por falta de actividad o por haber caído en la voracidad urbanística, se «divirtieron» organizando que muchas ciudades y pueblos de Cataluña se declararan «antitaurinos», entre ellas Barcelona, y votaron una ley de protección de los animales para que las corridas fueran prohibidas en la única plaza que quedaba operativa: La Monumental de Barcelona, la ciudad de mi infancia y primera juventud, la plaza donde se forjó mi afición, heredada de mi abuelo y mi padre, ambos catalanes.

Finalmente, hace dos o tres años, un grupo de meritorios «excursionistas» recorrió Cataluña para recabar la firma de unos cientos de miles de firmas bendiciendo así una iniciativa popular, que llegó al Parlamento de Cataluña para que los diputados «no tuvieran más remedio» que votarla. Fueron los mismos que hace unos años derribaron al amanecer los toros de Osborne de las carreteras catalanas o quienes han organizado referéndum en miles de ayuntamientos, a favor de la independencia.

La reaparición de José Tomás el 17 de junio de 2007 y su ejemplo, galvanizaron algo las conciencias de otros catalanes que decidieron dar la cara. Durante tres años, la plaza de Barcelona ha sido lugar de peregrinaje y de escenificación del concepto de libertad. Pero poco ha importado que voces claves de la Cataluña política o cultural se manifestaran en contra de la prohibición. Poco que el debate se llevara inteligentemente por «nuestra» parte de la tortura –como razón aparente– en contra de la libertad. Ha sido en vano.

Y como el TC no les ha reconocido que son una nación, ¡Qué mejor ejemplo y respuesta que prohibir los toros para no parecer España! Ahora ya podrán decir a los extranjeros que visiten Cataluña que ésta no es como España, donde se tortura a los animales. ¡Qué importan los gustos de los «catalanes» de adopción de Jaén, Sevilla, Soria, Murcia, Teruel, Ecuador o Colombia! El 29 de julio los promotores de esta aberración dirán: «Pero si son sólo mano de obra, pobres emigrantes. ¡Qué vayan a Ceret, Zaragoza o Castellón a ver toros!». Y exclamarán: «Ara si som una nació». Pero habrán destruido algo más importante que la identidad propia: la libertad de unos ciudadanos.

 
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