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El Risco de la Nava Nº - 527
Wednesday, 15 September a las 15:26:47

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 527 –  6 de septiembre de 2010

SUMARIO

  1. La dictadura de guante blanco, Alberto García Reyes
  2. Traicionando a los héroes, J. Félix Machuca
  3. La decisión penitencial de la marca ZP, Pablo Molina
  4. Apuntaciones sobre el segundo centenario, Antonio Castro Villacañas
  5. Análisis de la tregua de ETA, José Pérez
  6. ¿Cuándo se tomará una decisión internacional en castellano?, Alberto Buela


LA DICTADURA DE GUANTE BLANCO
Alberto García Reyes

(ABC)
 

Cierro la contraportada del libro e inmediatamente abro las ventanas a la reflexión. «Nosotros», de Yevgeni Zamyatin, es una profecía muy anterior al Gran Hermano que Orwell aventuraba para el año 1984. La novela que el ruso escribió en 1921 desde las entrañas mismas de la Revolución es trágicamente premonitoria. Con ella se inició la literatura de las distopías del siglo XX, una palabra árida pero tristemente actual. La distopía es el antónimo de la utopía. El sueño presuntamente imposible de una sociedad idílica frente a la pesadilla supuestamente inalcanzable de una sociedad deplorable. La quimera o el fin del mundo. El trostkysta Zamyatin vaticinó que el sometimiento a lo colectivo desde la corrupción de las ideas produciría el efecto contrario del deseado por el comunismo. Y acertó más allá incluso de los límites del totalitarismo tal y como lo seguimos entendiendo académicamente. Porque lo que hemos descubierto es que el absolutismo también se puede practicar bajo el manto de la democracia. Esa sociedad que imaginaba Zamyatin con casas de cristal para que «El Benefactor», omnipotente amo socialista, pudiera ver la intimidad de la gente a través de los ojos de su guardia y castigar no ya al disidente, sino al que tal vez pudiera llegar a serlo, no es tan distópica como parece. El yo prohibido y el nosotros impuesto por el poder tiene hoy plena vigencia por mor de la corrupción del lenguaje. La comunicación del poder, esto es, la propaganda, se ha convertido en la principal herramienta de represión de los estados. Como escribe Vázquez Montalbán, esta corrupción lingüística de la que hablo se puede llevar a cabo por dos vías: a través del terror –fascismo o estalinismo–, o a través de la persuasión de masas –laborismo o socialdemocracia–. Más allá del lado del que procedan las ideas, el político del siglo XXI tiende a controlar al pueblo con absoluto desprecio a su libertad. Hitler o Stalin son los paradigmas más descarados. Pero otros líderes instalados en la altivez intelectual de la democracia practican medidas de control muy parecidas mientras abominan de estos regímenes del terror. Nos empaquetan sus consignas y maniqueísmos. Dominan la Educación y la gestionan para dirigir el pensamiento. Prohíben en nombre de la libertad y bajo el aval del sufragio. Justifican cualquier barbarie escudándose en que han sido elegidos por el pueblo.

Pero las personas a las que se prohíbe el yo han descubierto que esta nueva dictadura también asegura la llegada de las desigualdades. La dictadura de guante blanco. La del eufemismo. La del nosotros. Esa dictadura que ha logrado convencernos de que se pueden prohibir los toros en el parlamento y que sigue alentando la paradoja de vitorear a la minoría en nombre de todos. Concluyo, por tanto: como presumía Yevgeni Zamyatin, no anhelamos la utopía. Luchamos por la distopía. Hacemos lo imposible por alcanzar el modelo ideal del fracaso.




TRAICIONANDO A LOS HÉROES
J. Félix Machuca

(ABC Sevilla)

¿Recuerdan ustedes a Ortega Lara? ¿Guardan aún en su memoria su rostro espectral cuando fue liberado del zulo etarra por la Guardia Civil? Imborrable aquella cara asustada donde el miedo dibujaba todas sus facciones, la voz extinta, la mirada perdida, abrumado por la propia vulnerabilidad que acababa de descubrir tras su cruel secuestro. Bueno, pues dos guardias civiles que lograron rescatarlo, dos héroes de esa lucha desigual contra el terror independentista vasco, han sido expedientados por la dirección general del cuerpo. Han osado denunciar las condiciones laborales en las que trabajan.

No son dos guardias civiles cualquiera. Son auténticos veteranos en la lucha contra los malos, soldados que vivieron en directo los años de plomo del terrorismo etarra, gente bragada en un clímax de alerta permanente. Para usted es parte de la rutina salir de casa, cerrar la puerta y montarse en el coche para dirigirse al trabajo. Para ellos, la rutina, era entonces la detonación inesperada, el olor a la carne quemada de los bimbazos y soportar la desafección de los vascos tribales, siempre tan valientes cuando te tienen de espaldas. Antonio Varela y Javier Sureda son dos soldados de esas legiones comprometidas con España, la Constitución y la Guardia Civil que, por un puñado de malpagados euros, jamás dudaron en defender arriba lo que el resto de los españoles llevan en su corazón. Son muy buenos soldados. Con expedientes intachables y donde el periodista más penco podría encontrar historias para no dormir, tan intensas como una pesadilla con Freddy Krugger.

España tiene una inalcanzable experiencia en traicionar a sus héroes. Llenos están el cielo y la gloria de estas puñaladas traperas. ¿Merece la pena recordarlas? Hacerlo sería soportar, una vez más, la náusea que provocan estas historias de héroes sacrificados en nombre de intereses más o menos bastardos. Gente limpia y por derecho que fueron utilizadas por los brujos del teatro político. No. No es necesario recordar historias tan valerosas como traicionadas. ¿Para qué soportar una arcada tan temprano? Baste con dirigir el foco de la luz pública contra estos dos soldados, auténticos héroes de la España contemporánea que, tras jugarse la vida por unos ideales con una paga que cualquier mentecato de la política municipal triplica por tocarse el escroto, han sido expedientados por denunciar la precariedad laboral del Cuerpo. En esta España donde hablan, incluso, los que la odian y se pacta con ellos presupuestos políticos para desbaratarla con el dinero de los españoles, los héroes que la defienden están condenados al silencio. Parece que nos gobiernan los que traicionan a los héroes…


LA DIMENSIÓN PENITENCIAL DE LA MARCA ZP 
Pablo Molina

(Libertad Digital)

En función de los merecimientos acreditados por Zapatero desde que llegó al poder, y especialmente en la presente legislatura, sorprende que el PSOE no esté situado en las encuestas en la zona residual donde campan agrupaciones pintorescas como el Partido Contra el Maltrato Animal, los Socialistas Cristianos Internacionalistas o el CDS.

Su resistencia al desplome sólo se explica por la tendencia natural de una parte del electorado a votar al partido que está en el poder, aunque su decisión agrave todavía más la situación personal del afectado. El simpatizante del PSOE es, a estos efectos, el único que vota con rigor estajanovista en contra de sus propios intereses, especialmente si pertenece a la llamada «clase obrera», que es la que más sufre los rigores del socialismo cuando llega al poder, de ahí que Zapatero todavía mantenga alguna esperanza de que el batacazo previsto para mayo del año próximo no sea definitivo.

El continuo baile de ministros en torno a las listas electorales autonómicas en las regiones donde el PSOE puede sellar su destino de cara a las nacionales del año siguiente parece ser la única estrategia con que cuenta Zapatero para detener la sangría de votos que todas las encuestas le auguran. El todavía presidente se empecina en no ver que es él la principal razón de que las perspectivas electorales de su partido sean tan desastrosas incluso en los comicios municipales, donde lo que se ventila tiene muy poco que ver con los grandes asuntos nacionales.

Votar al PSOE de Zapatero es un acto de mal gusto, una excentricidad que sólo pueden permitirse hacer pública a día de hoy los directivos de las ONGs «progresistas» y algunos profesores universitarios, siempre que pertenezcan a un centro público en la rama de humanidades.

ZP es un activo tóxico al que no quieren ver ni en póster los distintos candidatos autonómicos y municipales, lo que viene a recordarnos la etapa final del felipismo. En los estertores del felipato, en efecto, había candidatos a alcalde del PSOE que hacían figurar en el merchandising electoral únicamente su nombre junto al puño y la rosa. «Vota a Juan Pérez» al lado de un puño encapullado era la propaganda electoral en muchos lugares de España, sin la menor referencia a las siglas del partido en cuyas listas se presentaba el candidato, no sea que al elector le vinieran a la mente Roldán, Filesa o Juan Guerra.

No sabemos todavía cómo van a reaccionar las agrupaciones socialistas para quitarse de encima el baldón de la marca ZP, pero penitencias como esa son siempre algo digno de verse. Y en lo que a mí respecta, también de disfrutarse. Quedan todos invitados.




APUNTACIONES SOBRE EL SEGUNDO CENTENARIO
Antonio Castro Villacañas

El partido de fútbol que recientemente ha jugado en México la selección española, campeona del mundo, contra el equipo representativo de aquella república federal, ha servido para que muchísimos de nuestros forofos se hayan enterado de que los mejicanos celebran este año el segundo centenario de su independencia; es decir, los doscientos años de haber dejado de ser parte integral de España, tras los trescientos que fueron dándole personalidad y esencia en un complejo proceso de madurez social y política. La repercusión deportiva del encuentro no ha permitido que los seguidores del mismo se hayan dado cuenta de su trascendencia: en España, los medios de información popular no han dicho nada de que, con ligeras variaciones de fechas, este segundo centenario recuerda también la independencia de las diferentes partes españolas de la América que hoy oficiosamente se llama Latina en vez de Hispánica o Ibérica.

Nos conviene a todos recordar que a partir de los distintos procesos de independencia proliferó a ambos lados del Atlántico, pero sobre todo en aquellos territorios recién separados, la idea de que Iberoamérica era el porvenir político y económico. Ajenos a la realidad histórica del ayer y del presente, los intereses propios de cada nacionalismo y de ciertas personalidades y familias ideológicas pronto motivaron el fracaso de sus sociedades y Estados, que cada vez se alejaban más de la virtuosa, unificada, progresiva y ordenada Norteamérica. Doscientos años de guerras civiles y dictaduras personales han entorpecido y retrasado la lógica evolución y madurez de cuantos países constituyen el tronco de la gran familia hispánica.

No tengo ni personalidad ni tiempo para presentar a mis lectores las ambigüedades y los complejos sucesos de los procesos emancipadores iberoamericanos, que necesitan a mi juicio una aguda crítica tanto por su determinismo como por su negatividad en cuanto algo rozaba su corta visión nacionalista. Las diferentes élites criollas decimonónicas y sus descendientes y sucesoras han elaborado una visión atópica de América, mítica, heroica y por muchos motivos maniquea. Un análisis adecuado de lo allí sucedido a partir del año 1810 revelaría la interacción de varios procesos convergentes, entre los cuales merecen especial atención las contradicciones del sistema borbónico –reformismo-conservadurismo–, el influjo de los distintos modelos revolucionarios externos (Estados Unidos, Francia, España y Haití), la influencia de los respectivos poderes locales, y la fuerte y extendida fragmentación de lealtades sociales, políticas, raciales o intelectuales.

Especial atención merecen los impulsos nacionalistas –al principio, simplemente particularistas– suscitados por el reformismo borbónico llegado a América una vez que Felipe V consolidó su poder en Madrid. En los diferentes territorios de Ultramar se entendió que la nueva política significaba por un lado la restauración del pactismo inicial de raíz austracista (Reyes Católicos, Carlos I, etc.) entre los poderes locales, tribales o estatales y el poder regio, central o imperial, pero con la variedad impuesta por la «nueva planta» borbónica, que aspiraba a variar las leyes locales y las jurisdicciones específicas, sometiendo los diferentes estamentos mediante una forzosa «provincialización» a través de la creación de intendencias. Añadamos a tan singular trastorno el que significaron la libertad de comercio y la reforma de los ingresos y los gastos de la Hacienda Pública. El modelo ilustrado de imperio central, territorial y burocrático que impuso Carlos III hubo de afrontar la dura prueba que supuso la crisis política y militar suscitada por la invasión francesa de la España peninsular y su repercusión en la América Hispana, sobre todo mediante la defensa de sus territorios sin ayuda de la lejana y dolorida metrópoli.

Los diferentes avatares de la Guerra de Independencia Española tuvieron una decisiva influencia en el proceso emancipador de la América Hispana. El derrumbe militar de 1810, de modo especial, aceleró la escalada de los diversos movimientos nacionalistas americanos y su ruptura con el régimen monárquico refugiado en Cádiz. Inviable resultó pronto el proceso juntero merced al conflicto inmediatamente suscitado entre la soberanía popular de las juntas y cabildos convocados en ausencia del Monarca (refugiado en Francia bajo el protectorado de Napoleón) y el residual poder colonial de las Audiencias americanas.

Buena parte de las élites criollas abandonaron pronto el régimen pactita creado en los primeros momentos de la forzada ruptura entre la España europea y la americana, y ello se explica tanto por la dificultad de hacer concordar soberanía y representación en las Cortes Constituyentes de Cádiz como por la inviabilidad de las soluciones neoabsolutistas implementadas desde y en la metrópoli a partir de 1814. Lo malo de estas políticas es que no suponían un retorno al reformismo carolino, sino la imposición de un despotismo de nuevo cuño, inspirado en la Europa restaurada tras la derrota napoleónica; un despotismo de corte y tipo militarista, intransigente y ultramontano que la América Hispana ni conocía ni soportaba, y que precipitó el final del sueño de un Reino de consenso compartido implícito en el proyecto gaditano de igualación constitucional de los diferentes territorios integrantes de la Monarquía española.

El ejército de Morillo destruyó el ejército constitucional, enconó el conflicto y transformó unas querellas civiles de fuerte impronta local en auténticas guerras de liberación nacional, donde los distintos bandos en liza (realistas, republicanos y liberales moderados) desplegaron actitudes de extrema lealtad o de extrema rebeldía, en un proceso político enormemente fluido y violento que estuvo marcado por el rápido relevo generacional en un sentido radicalizador tanto de las elites autonomistas (de ilustrados a jacobinos) como de los realistas (desde burócratas reformistas a absolutistas intransigentes).

Tampoco tuvieron éxito las soluciones liberales a escala imperial, ya que durante el conocido Trienio se erosionó la base de poder y lealtad de los realistas convencidos, sin que por ello avanzase el proyecto reformista de igualación constitucional a través de la implantación de Diputaciones Provinciales y el establecimiento de tres regencias, idea que fue abandonada en 1822 mientras que en Brasil se consolidaba el proyecto de Monarquía global representado por la dinastía Braganza.

La independencia de la América Hispana se obtuvo a costa de la unidad de los antiguos territorios virreinales. Los Borbones de España no se dieron nunca cuenta de lo que allí pasaba, y si alguna vez calcularon lo que debían hacer siempre lo pospusieron a sus europeos beneficios inmediatos. La fragmentación política de la España Americana fue a partir de entonces una pesada carga que hasta nuestros días ha alimentado tanto la utopía bolivariana como la realidad de una América ingobernable y sumergida en una especie de «segunda división» política y económica muy alejada de las potencias que en ambos ámbitos representan Canadá y los Estados Unidos.

De todo lo expuesto, y de una sincera valoración de las diferentes vidas de los distintos pueblos independientes hispánicos, bien puede sacarse la conclusión que el Libertador Simón Bolívar expuso poco antes de morir: que los trabajos y desvelos gastados en las respectivas luchas por la independencia respecto de los pueblos vecinos y de la lejana España ibérica no habían servido para hacerlos felices y prósperos, sino desgraciados e incompletos.

La independencia de la América Hispana, ahora que se celebra el segundo centenario de su comienzo, ha sido y sigue siendo un arar en el mar. Y sin embargo cada vez se hace más necesaria la presencia de su voz y su hacer en el escenario universal. 




ANÁLISIS DE LA TREGUA DE ETA
José Pérez

(Clases Medias)

Hoy 5 de Septiembre de 2010 los Telediarios tenían previsto abrir con la ausencia de José Luís Rodríguez Zapatero en el mitin sindicalista de Rodiezmo (León), pero casualmente la banda mafiosa, terrorista, socialista ETA ha declarado una nueva tregua.

Como Don Jaime Mayor Oreja venía advirtiendo desde hace muchos meses ETA y gobierno nunca han suspendido las negociaciones y ahora viene la segunda parte de las mismas.

La organización mafiosa y socialista sabe que como llegue el PP al poder tienen que cerrar el quiosco y por eso hay una comunión de intereses entre el PSOE zapateril y ETA.

ETA aspira a sustituir al PNV como fuerza separatista hegemónica en Vascongadas y ello lo pretende conseguir por dos vías:

1. Acuerdo ARALAR-EA-BATASUNA, para lo cual el gobierno no debería ilegalizar las listas llenas de proetarras en las próximas municipales.

2. Negociación política para conseguir avanzar en sus objetivos, para lo cual es básico que continúe Rodríguez Zapatero de Presidente. El Estatuto de Cataluña fue un ejemplo del nivel de entreguismo de Rodríguez Zapatero, con Marruecos o con los españoles secuestrados Rodríguez Zapatero ha dado muestras de su levedad y con el acercamiento de presos de ETA ha comprobado que cumplirá lo que le pidan.

Con una gran lista abertzale blanqueada y legalizada el PNV podría perder en la próxima primavera la Diputación de Guipúzcoa, el Ayuntamiento de Bilbao, alguna Caja y multitud de Ayuntamientos, quedándose el PNV sin casi todo su poder y gran parte de la tarta política vasca partida a pachas entre PSOE y Abertzales. O hay un pacto oculto con el PNV para que PSE-EE y PP rompan en el gobierno vasco o al PNV lo están engañando y bien.

El PSOE con la negociación con ETA consigue varios objetivos, que se hable menos de la crisis, recuperar votos desencantados y absorber votos de partidos como IU, BNG, ERC o el propio PNV, como adalid de la Paz y concentrando votos de nacionalistas y comunistas en torno al PSOE. Ya en las últimas generales el PSOE vampirizó parte del voto de IU, ERC, CC, CiU o PNV.

Zapatero una vez más gana tiempo y ETA dinero, oxígeno y presencia política.

Si todo le sale bien a Zapatero habrá incluso una entrega de alguna furgoneta con armas para darle más realismo a la obra de teatro, lo cual propiciará en el mejor caso para Zapatero otra victoria del PSOE y en el peor evitará una mayoría absoluta del PP lo cual propiciará un gobierno de perdedores entre el PSOE y los partidos separatistas para evitar la llegada del PP al poder.
Las únicas preocupaciones para Zapatero y su gente estarán en si Patxi López se entrega al PNV y si no es así si el PNV y CiU se atreverán a tumbar los presupuestos generales del Estado y que haya un adelanto electoral.

Si fuera Rajoy me aseguraría de que el pacto PSE-PP no se rompiera en Vascongadas e iba advirtiendo a los amiguitos de ZParo, PNV, CiU, IU, BNG o CC de la trampa, para obligarles a tumbar al gobierno ya, porque si los planes de ZParo y ETA salen bien no es que acaben de hundir España económica, social y jurídicamente, antes se hundirán la propia IU y los nacionalistas. Yo que el PNV y CiU estaría ya tumbando a ZParo con una moción de censura.

ZParo será un pésimo gobernante, un amoral, un inconsciente, será mendaz y ruin, pero tiene la habilidad de traicionar y vampirizar los votos de los partidos separatistas y de IU y que encima le regalen sus votos en el parlamento y no le importa nada ni Dios, ni la Patria, ni la Ley con tal de mantenerse en el poder y con tantas teles y radios riéndole las gracias lo veo capaz de gobernar otros 4 años y hundirnos del todo en la más pura miseria.




¿CUÁNDO SE TOMARÁ UNA DECISIÓN INTERNACIONAL EN CASTELLANO?
Alberto Buela

En estos días, con motivo de la edición de las obras de José Luís Torres (1901-1965), el fiscal de la década infame, la misma editorial me regaló los escritos políticos de Manuel Ugarte (1875-1951), que editó hace unos meses. Dos pensadores nacionales, de dos generaciones distintas, que estuvieron en los albores de la primera guerra por la independencia económica de la Argentina. Aquella que llevaron a cabo miembros de generación de 1910 y que siguieron hombres de la generación del 25.

De su relectura más allá de las agudas observaciones, Ugarte fue el gran viajero político del centenario por todos los países hispanoamericanos exhortando a la unión continental, nos surgió una pregunta: ¿hace cuántos años que no se toma una decisión política en el orden internacional en castellano?, ¿hace cuanto tiempo que una decisión política tomada en castellano no afecta al orden internacional?

Ugarte se desgañita en 1912 cuando realiza su primer viaje a Nueva York. Se exalta cuando recorriendo los países hispanoamericanos observa que: «Mientras las colonias inglesas afianzan su vida y se aprestan a ejercer una acción mundial, las colonias españolas se agotan en luchas estériles y olvidan todo anhelo internacional» (Ugarte, Manuel: El destino de un continente, Bs.As., ed. docencia, 2008, p. 191).

Así, desde 1810 a 1824 (batalla de Ayacucho, última de la guerra de la independencia) nos desangramos para caer en manos de los ingleses y su comercio. Desde 1825 a 1850 nos matamos en las guerras civiles fratricidas, para consolidar el poder anglo-francés sobre Nuestra América. Desde 1850 a 1910 llevamos a cabo un modelo de explotación de nuestros pueblos que sólo sirvió para la creación de oligarquías locales. Desde 1910 a 2010 entregamos, salvo breves períodos excepcionales, todas nuestras decisiones y con ellas todo el manejo de nuestros recursos al Tío Sam.

El problema es que toda la política hispanoamericana se limitó y se limita a la política interna de nuestras republiquetas, la de las luchas estériles de que habla Ugarte. Nuestras guerras son siempre guerras civiles que nos desangran y licuan nuestros mejores esfuerzos. No pudimos superar la política de cabotaje, la política parroquial, la política pueblerina.

Nunca nos hemos dado, ni como países aislados y menos en conjunto, una política internacional. Lo que más hemos hecho han sido negocios internacionales, sobre todo a partir de la venta de artículos primarios y commodities.

Esta política menuda que es la única que hemos practicado los pueblos hispanoamericanos en estos últimos doscientos años nos llevó a la inmovilidad internacional y a aceptar lo decidido de antemano por los grupos o lobbies del poder mundial.

Ugarte da a ello una razón poderosa que no hemos leído en ningún otro autor: «Frente al imperialismo, hemos representado la inmovilidad, y la inmovilidad en política internacional como en la guerra, equivale a la derrota» (Op. cit. p.173).

No faltará alguno que nos reclame: ¿pero cómo, San Martín y Bolivar no lucharon por la unidad continental? ¿No hicieron lo mismo, aunque en menor medida, Morazán en Centroamérica y Rosas en Suramérica? ¿y los intelectuales del centenario como García Calderón, Ugarte o Bunge no propusieron uniones aduaneras y políticas? ¿Y Perón no creó el ABC allá por los años cincuenta y el proyecto sindical Atlas para la unidad de nuestra América? ¿Alfonsín y Sarney no crearon el Mercosur en 1991? ¿No se creó en 2004 la Comunidad suramericana de naciones? ¿no se creó también en ese año el Banco del Sur? ¿No ha sido la última creación la Unasur en el 2008?

Pero ¿porqué no han prosperado ni prosperan ninguna de estas iniciativas? ¿Existe acaso una capitis diminutio de los pueblos hispanoamericanos respecto de los ingleses? ¿O acaso la falla se encuentra en nuestros dirigentes y en su incapacidad de previsión?

Vamos a intentar una respuesta breve en homenaje al largor de un artículo de divulgación.

En nuestra opinión toda decisión de peso en política internacional tiene que contar con un «arcano». Es imposible hacer o incidir en política internacional sin contar con un núcleo duro que sostenga la decisión, pues toda gran decisión en política internacional afecta intereses contrapuestos. No existe en ninguna de estas últimas creaciones suramericanas una voluntad política expresa de consolidar un poder autónomo respecto de los lobbies internacionales. Y lo más grave es que no existe el arcano, como secreto profundo. Se comente la estulticia de avisar previamente a aquellos que van a ser afectados por nuestras medidas, de las medias que vamos a tomar. Por ejemplo, se invita en la constitución más íntima de la Comunidad suramericana de naciones, del Banco del sur y de la Unasur a participar a Inglaterra y Holanda a través de Guyana y Surinam.

Los agentes del imperialismo, que no descansa, insisten y propugnan por todos los medios apoyados en la nueva teoría de la dominación «la de los derechos humanos por consenso», que la Comunidad suramericana y la Unasur no se entiendan sólo en castellano sino que además, por respeto a las minorías, utilicen el quichua, el aymara, el guaraní, el inglés, el holandés, el portugués, el mapuche. Un mecanismo pensado para esterilizar lo poco que se pueda hacer.

Si nosotros no asumimos el castellano como lengua antiimperialista en Suramérica estamos listos, estamos fritos. De ello se da cuenta la dirigencia del Brasil para quien ya no es una lengua extranjera sino de uso diario, sobre todo en los centros de decisión política, así como en las universidades y centros de estudio e investigación.

Como será el peso de nuestra lengua que los ingleses y norteamericanos siguen sosteniendo el mito que el inglés es el idioma más hablado del mundo cuando hace ya, un cuarto de siglo, que el castellano lo ha superado en hablantes. (Hoy existen 450 millones de angloparlantes contra 550 millones de castellano parlantes, a los que si sumamos los luso parlantes se hace una masa de 790 millones de hispano parlantes).
Estos son los datos brutos e incontrastables, su interpretación aviesa e intencionada es ideología de dominación.

Si resumimos vemos que existen tres elementos que van en contra de cualquier tipo de integración regional de los países hispanoamericanos: a) los dos señalados por Ugarte: la luchas intestinas estériles y la inmovilidad internacional; b) la carencia de un arcano en el núcleo de la decisión política y c) la anulación de medio común de comunicación como es una sola lengua.

Estos tres elementos hacen que se tienda a la construcción de un espacio de poder como «una región abierta», lo que se presenta como una contradicción en sí misma, pues estamos introduciendo la penetración imperialista en su propio seno.

Así estamos logrando lo contrario de lo propuesto pues en nombre de la integración regional los negocios que se hacen benefician a las multinacionales y las medidas bancarias y financieras al imperialismo internacional de dinero. Un verdadero hierro de madera al decir de Heidegger. 

Regresando a la respuesta del título podemos afirmar que la última vez que se tomó una decisión en castellano con cierta incidencia en el orden internacional fue la invasión a Malvinas en 1982 pero claro, le faltó lo esencial para conmover el orden internacional: el arcano. Los ingleses sabían de antemano lo que se venía.

 
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