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Valle de los Caídos

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Wednesday, 10 November a las 10:09:05

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Notas sobre el Valle de los Caídos
Nº 4 –  8 de noviembre de 2010







LOS MONJES DEL VALLE HAN DE OFICIAR LA SANTA MISA A PIE DE CARRETERA

 
Ya lo ha dicho la prensa, las emisoras de radio y quizá alguna televisión más o menos libre: el pasado domingo, ayer día 7 de noviembre, ante la negativa al acceso al Valle de las personas que acudían para asistir a la Santa Mira, los monjes de la abadía optaron por celebrar la Eucaristía donde les resultó posible: al pie de la carretera de El Escorial, fuera del recinto del Valle de Cuelgamuros. Hecho insólito que esto tenga lugar en un país europeo.

Mientras, en Barcelona, tenía lugar la consagración, por Benedicto XVI, de la Sagrada Familia como basílica menor, con la asistencia del Vicepresidente primero del Gobierno (el presidente no quiso asistir en un hecho sin precedentes en España hasta el momento), los Reyes de España y un considerable número de españoles que se manifiestan católicos.
Repetimos lo que ayer decíamos: en el Valle de los Caídos no se está realizando ninguna obra de ningún tipo ni existen los riesgos que presuponen las declaraciones de los estamentos subordinados al Gobierno.

Y echamos un cuarto a favor de la Guardia Civil, pues estas medida no ha sido tomada por la benemérita institución, sino que, con mayor o menos agrado, cumple las órdenes recibidas.

Entre las voces que se levantan en uno u otro sentido respecto a los avatares por los que está pasando el Valle de los Caídos desde hace un año, y directamente la comunidad benedictina, no hemos escuchado la de los miembros de la Conferencia Episcopal Española ni la de ningún prelado (y nos gustaría equivocarnos), como tampoco la de ningún dirigente de los partidos de la  oposición, todos ellos tan dados a hablan de libertad y democracia tan continuadamente y con tanto énfasis, extrañándonos mucho el silencio de los miembros del PP, que, al parecer, olvidan que la mayoría de sus votantes salen, precisamente, de quienes se sienten agredidos por esta medida injustificada del Gobierno.

Pues sí, los monjes del Valle han salido a la calle a celebrar la Santa Misa pues se sienten responsable de las almas de cuantos cada semana acuden a la Basílica a encontrarse con su Dios y a recibirlo en su seno.

Habrá que ir pensando si los españoles hemos de salir a la calle, como los monjes del Valle han hecho en cumplimiento de su magisterio, a denunciar lo que hacen los políticos sectarios o a pedir a los políticos cobardes que cumplan aquello para lo que en las urnas se les otorgó la representación.


 
LA INFORMACIÓN
 
Los monjes del Valle de los Caídos salen fuera para decir Misa
La Delegación del Gobierno impide por tercera vez en una semana la entrada de los fieles al templo  
Carlota Fominaya / San Lorenzo del Escorial
ABC.es 08/11/2010 - 07.24h
 
Con un altar portátil, la escolanía del Valle al completo y la megafonía prestada por el párroco de la iglesia de San Lorenzo del Escorial, la comunidad benedictina del Valle de los Caídos tuvo que salir ayer al exterior del recinto monumental para celebrar su misa diaria. Allí le esperaban más de un centenar de fieles a los que, por tercera vez en una semana, se les negaba el paso. Sólo están autorizados para entrar el personal que trabaja en el lugar y los usuarios de la hospedería.

Monjes benedictinos participaron en la Misa

Trece monjes participaron en una misa que se celebró en el acceso al recinto, en un pinar situado junto a la carretera que sirve de acceso. El padre abad no estuvo presente, al haber acudido a Santiago de Compostela a la visita del Papa Benedicto XVI. El oficio duró una hora y no se produjo ningún incidente.

Agentes de la Guardia Civil custodian los accesos, por orden de la Delegación del Gobierno, con el fin de impedir la entrada a los actos litúrgicos que allí se celebran. En la fría mañana de ayer alegaban «motivos de seguridad» y reconocían tener «orden de no dejar pasar a nadie que no esté autorizado o que no trabaje allí».

Fuentes de la Delegación del Gobierno corroboraron a ABC que la decisión de no permitir la entrada de fieles obedece a razones de «seguridad» pero insistieron en que no es de ahora sino del 6 de abril, «momento en el que el Consejo de Administración de Patrimonio Nacional decidió que quedaran restringidas las visitas al Valle de los Caídos por el grave deterioro del conjunto monumental». «Todos los informes de seguridad coinciden en la necesidad de reforzar el control del acceso para preservar la seguridad y la integridad física de las personas», añadieron. Pero sí se permitía el acceso a las misas diarias.

Sin embargo, según ha podido saber este periódico, la orden de la Delegación no es tan antigua. El primer día que la Guardia Civil recibió la orden de negar el acceso fue el pasado miércoles. Hasta entonces, estaba permitido el paso al recinto para aquellos que estuvieran alojados en la hospedería o que quisieran acudir a los oficios que la comunidad benedictina realiza cada día a las 11 de la mañana. Ese día varios miembros de la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos denunciaron que se les había impedido el acceso a la Basílica para asistir al funeral en recuerdo de todos los caídos de la Guerra Civil, en lo que consideraron un posible delito de coacciones y una vulneración de la libertad de culto.

Sí a los turistas chinos

La segunda vez fue este sábado, cuando la Guardia Civil solo dejó entrar a autobuses de turistas chinos y franceses. Esa misma noche, según varios de los ayer congregados, Patrimonio Nacional cambió su web, en la que desde entonces reza que «a partir del día 6 de abril de 2010, permanecerán cerrados los accesos al Valle de los Caídos hasta tanto no se concluyan las obras de mantenimiento y de seguridad que se llevan a cabo en el citado monumento» y que «sólo se permite el acceso al Valle y a sus instalaciones al personal expresamente autorizado para ello, así como a las personas que se dirijan a la hospedería».

La tercera vez que se negó el paso fue ayer. Mientras los monjes preparaban la «misa de campaña», una notaria levantaba acta de lo sucedido y las quejas de los asistentes se sucedían. «Es como si la Guardia Civil se mete en la Almudena y dice que no hay misa. Según el artículo 16 de la Ley de Memoria Histórica, el Valle de los Caídos se rige por las normas que regulan los lugares de culto y los cementerios públicos, por lo que la autoridad es la religiosa», indicaron.

Durante la homilía, el padre Santiago aprovechó para recordar las palabras de Benedicto XVI a su llegada a nuestro país, advirtiendo de la «ofensiva laicista equiparable a la de la España de los años treinta». «Ayer (por el día anterior) también prohibieron la misa que celebrábamos por todos los mártires españoles del siglo XX (...). Sin duda, hoy vivimos tiempos difíciles para la fe en España», dijo.

Tras la misa, los congregados se lamentaban de que las cosas tuvieran que llegar tan lejos. «No sabemos qué pretenden. En la misa no ha habido ninguna mención política. Esto es una auténtica persecución». «Esto es un ataque en toda regla contra la libertad de culto en la Europa de las libertades y los derechos humanos. Se ha cerrado un lugar de culto que depende directamente de la Santa Sede, y se ha hecho justo durante la visita del Papa», afirmaban. «Es esperpéntico, inaudito, ridículo y patético; no hay calificativo», decían otros. «Imagina la que se hubiera montado si cierran la mezquita de la M-30. La prohibición de acceso a la Abadía no es más que un ataque contra la libertad religiosa en toda regla», se quejaron.



LA INFORMACIÓN
Primera Misa protesta contra el bloqueo en el Valle de los Caídos 
Carlos Castro
Larazon.es / 7 Noviembre 10
 
A la intemperie, en un terreno irregular, humedecido y con apenas diez grados de temperatura, unas 300 personas asistieron ayer a la misa improvisada, en un clima de absoluto respeto y silencio, sólo alterado en el tramo final de la ceremonia por los gritos de «¡Viva el Papa!». Sin la presencia del abad Fray Anselmo, que acompañó al Santo Padre en su visita a Barcelona, fue el padre Santiago quien ofició la misa. En su homilía recordó las palabras de Benedicto XVI sobre el laicismo agresivo imperante en España, así como su deseo de que el Valle de los Caídos siga siendo reconocido como pleno lugar de culto para cristianos. Sin embargo, ni las palabras el Papa en España ni el hecho de que se trate de un templo sometido al derecho pontificio hicieron posible una celebración normal.

Provistos de un altar portátil, la mayor parte de los monjes y el medio centenar de niños que componen el coro de la escolanía bajaron hasta la puerta de acceso del recinto, custodiada por agentes de la Guardia Civil, para oficiar la misa. La megafonía, imprescindible para el acto por la cercanía de la calzada y el ruido de los vehículos, corrió a cargo del párroco de San Lorenzo de El Escorial.

El presidente de la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos, Pablo Linares, explicó que «no ha habido diferencias con otros días. No se podía pasar por órdenes superiores a pesar de que existe el derecho de libertad de culto». Hacía referencia a lo ocurrido el pasado miércoles cuando un grupo aproximado de 250 personas se disponía a asistir a la misa funeral en recuerdo a todos los caídos de la Guerra Civil española. Fue la primera vez que la Guardia Civil, cumpliendo órdenes de la Delegación del Gobierno en Madrid, impidió el acceso al templo. La escena volvió a repetirse este sábado. Unos 30 coches y varios autobuses tuvieron que regresar casa por donde habían venido.

Acciones legales

La Asociación en Defensa del Valle de los Caídos mostró, una vez más, su apoyo a los monjes benedictinos y anunció que ya ha interpuesto diferentes acciones legales contra el cierre del Valle, incluida «casi con total seguridad» la presentación de una querella contra el Gobierno ante la nueva situación. «Antes se prohibió el turismo y el culto, pero se dejaba pasar a la misa de las once. Ahora ya ni eso», afirmó Linares, quien añadió que también han recurrido ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid la decisión de mantener cerrado al público el recinto.

Según la Delegación del Gobierno, «en absoluto» se ha dado orden específica a la Guardia Civil para restringir la entrada a las misas. Sin embargo, ya han sido tres las ocasiones en que ha sucedido. La prohibición, según la Delegación, viene motivada por «los informes de seguridad» que «coinciden en la necesidad de reforzar el control de acceso para garantizar la seguridad de las personas». Linares, por su parte, ve de fondo la Ley de Memoria Histórica. «Protestaremos aunque caigan chuzos de punta», concluyó.
 
 
LA MANIPULACIÓN

Los monjes del Valle de los Caídos desafían el cierre del templo. 
Celebran misa en la puerta del recinto porque la Guardia Civil veta el acceso 
Elpais.com
 
El Valle de los Caídos está en obras. La Guardia Civil impide el acceso a los fieles desde principios de este año por los trabajos de rehabilitación del monumento y el mal estado del ascensor que conecta la abadía con la histórica basílica.

Para eludir esta prohibición, los monjes benedictinos que administran la iglesia desafiaron a la autoridad y sacaron ayer un altar portátil que instalaron a la intemperie en la puerta del recinto, en la carretera de El Escorial. Los monjes reunieron al medio centenar de niños que conforma el coro de la escolanía y con la megafonía, aportada por el párroco de San Lorenzo de El Escorial, improvisaron una ceremonia para 200 fieles. Los monjes acusaron a la Guardia Civil de faltar a su libertad religiosa por impedir el acceso a la abadía.

«No se podía pasar por órdenes superiores a pesar de que existe el derecho de libertad de culto», explicaba a Europa Press el presidente de la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos, Pablo Linares. «Antes se prohibió el turismo y el culto, pero se dejaba pasar a la misa de 11.00, pero ahora ya ni eso», se quejaba Linares que mantiene que su asociación ha emprendido ya varias acciones legales contra el cierre del recinto.

La iniciativa de sustituir el sagrario y la calidez de la iglesia por una misa en sillas plegables es la respuesta de los monjes a la negativa de la Guardia Civil que, según dicen, el pasado miércoles prohibió la entrada al recinto donde se ofició una misa funeral en honor de todos los caídos de la Guerra Civil. Ese día, los monjes benedictinos celebraron la misa junto a las tumbas de Franco y del fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera.

Fuentes del instituto armado informaron a principios de este año, cuando empezaron los trabajos de rehabilitación, que el acceso al lugar estaba restringido porque el ascensor que permite el acceso a la basílica no reúne las medidas de seguridad para que lo usara el centenar de personas que pretendía asistir a la ceremonia.

La decisión se tomó, según las mismas fuentes, «porque todos los informes de seguridad coinciden en la necesidad de reforzar el control de acceso para preservar la integridad de las personas».


 
HOMILÍA PRONUNCIADA POR EL P. SANTIAGO CANTERA MONTENEGRO, OSB
 
 «La vida podéis quitarme, pero no más»
 
Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Las lecturas de hoy resultan sugerentes sobre todo para dos aspectos de nuestra vida actual. Por un lado, nos encontramos en el mes de noviembre, dedicado a la intercesión por las almas de los difuntos: se abre con la solemnidad de Todos los Santos, que nos recuerda que todos estamos llamados a la santidad ante Dios y a la salvación eterna; y al día siguiente prosigue con la conmemoración de los Fieles Difuntos, que instituyó el abad cluniacense San Odilón a inicios del siglo XI.

Es precisamente en el segundo libro de los Macabeos donde se encuentran algunos de los textos en los que la Iglesia Católica fundamenta la creencia en el Purgatorio o unas penas purgatorias, que es un dogma de fe definido por el II Concilio de Lyon en 1274. Para pasar a contemplar la belleza infinita de Dios, las almas deben estar limpias de toda mancha dejada por sus pecados. Nosotros podemos ofrecer nuestras oraciones, penitencias, limosnas y sobre todo el Santo Sacrificio de la Misa para que las almas que se encuentran en ese estado puedan pasar a disfrutar de Dios.

En el texto que hoy se ha leído, contemplamos la firme esperanza de los hermanos Macabeos en el premio eterno por su muerte martirial en defensa de la fe. «Dios quiere que todos los hombres se salven», dice San Pablo. Y Jesús nos habla de la inmortalidad, pues Dios «no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos están vivos». Dios desea que todos podamos llegar a gozar de la visión de Él en el Cielo. La secta de los saduceos, que trataron de poner a prueba a Jesús, tuvo su origen precisamente en la época de los Macabeos: fueron los judíos helenizantes que colaboraron con las autoridades impías y aceptaron elementos provenientes del paganismo y del racionalismo. Serían unos de los responsables en llevar a Jesús al Calvario. Aquí entra la segunda consideración.

Los Macabeos son un ejemplo de martirio en tiempos de persecución religiosa. No tenían miedo a la muerte, porque creían en el premio eterno. Jesucristo ha culminado lo que ellos anticiparon y se ha convertido en el Gran Mártir de la verdad y del amor de Dios, la Víctima que se ha ofrecido al Padre para redimirnos del pecado y abrirnos las puertas del Cielo. Por eso todos los mártires han dado desde entonces su vida por Él y con Él.

Hoy vivimos tiempos difíciles para la fe en España y el testimonio de los mártires debe servirnos de estímulo frente a la adversidad. Ayer mismo celebrábamos la memoria de los mártires españoles del siglo XX. En el avión de venida, el Santo Padre Benedicto XVI dijo ayer que España está sufriendo una ofensiva laicista muy semejante a la de los años 30. Vosotros mismos lo podéis contemplar hoy en esta celebración, que a mí me recuerda a las misas del Beato mártir Jerzy Popieluszko en la Polonia de los años 80.

Por ello, debemos mirar el valor de los mártires para llenarnos nosotros mismos de valor. Traigamos a la memoria los cerca de 50 católicos asesinados esta semana en Irak por elementos islamistas. Ojalá los católicos españoles seamos capaces de decir con convicción lo que ha dicho el cardenal arzobispo de Bagdad: «No tememos la muerte».

Es preferible una Iglesia mártir −y recordemos que la palabra mártir significa «testigo»− que una Iglesia connivente con el mal por temor a perder un bienestar temporal. A medio y largo plazo, la Iglesia que realmente pervivirá será la primera. Hoy no honramos a ciertos eclesiásticos que en los años de la persecución en México pactaron los denominados «arreglos» con el gobierno masónico, sino que veneramos como santos y beatos a los mártires cristeros, procedentes sobre todo del pueblo sencillo.

No tengamos miedo a defender la verdad de Cristo. San Juan Crisóstomo fue desterrado dos veces por denunciar públicamente la corrupción de la corte de Constantinopla, pero ante la persecución afirmaba: «Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? “Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir”. ¿El destierro? “Del Señor es la tierra y cuanto la llena”. ¿La confiscación de los bienes? “Sin nada vinimos al mundo y sin nada nos iremos de él”. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. Yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo: […] “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”».

Evitemos el odio que pueda surgir en nuestro corazón hacia quienes persiguen la fe. Oremos por ellos y que el amor de Cristo venza el muro del odio. Pero, sin dejar de amarles, sepamos también mostrar nuestra firmeza, porque el Señor está con nosotros y tenemos que defender su heredad, de la que forman parte las iglesias y los lugares de culto. Que podamos decir con convencimiento las mismas palabras que el abad benedictino Santo Domingo de Silos dijera a un rey de Navarra en el siglo XI: «La vida podéis quitarme, pero no más».

Quiero terminar extractando algunos preciosos versos de una canción que entonaban los cristeros mexicanos y que revelan el valor y el anhelo de eternidad que debemos tener. Dicen así: «El martes me fusilan / a las seis de la mañana / por creer en Dios eterno / y en la Gran Guadalupana. […] Matarán mi cuerpo, pero nunca mi alma. / Yo les digo a mis verdugos / que quiero me crucifiquen, / y una vez crucificado / entonces usen sus rifles. […] No tengo más Dios que Cristo, / porque me dio la existencia. / Con matarme no se acaba / la creencia en Dios eterno: / muchos quedan en la lucha / y otros que vienen naciendo. […] ¡Viva Cristo Rey!».

Que la Santísima Virgen nos alcance del Espíritu Santo el don de fortaleza y haga que la visita del Santo Padre traiga sobre nuestra querida y atribulada España frutos copiosos de una fe recia y de un espíritu ardiente.

 
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