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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 529
Wednesday, 10 November a las 18:15:08

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 529 –  20 de septiembre de 2010

SUMARIO

  1. Patriotismo tardío y efímero, Manuel Ramírez
  2. Por la prohibición de la mafia de los piquetes, Libertad Digital
  3. El colapso de Occidente: culpables, Damián Ruiz
  4. Frases de un gran estadista, José Luis Rodríguez Zapatero
  5. Al pueblo le preocupa la clase política, Luis María Anson


 
PATRIOTISMO TARDÍO Y EFÍMERO
Manuel Ramírez
(catedrático de derecho político – ABC)


Cuando uno se lanza a exponer, con mayor o menor acierto, alguno de esos temas no habituales y que casi inevitablemente conducen al conflicto o a la discrepancia, tengo para mí que lo más idóneo es buscar antecedentes en quienes con reconocida sabiduría han sentado afirmaciones generalmente dadas por válidas. Por referirnos únicamente a un ejemplo, cuando en estas últimas semanas ha vuelto a la palestra el convencionalmente denominado «problema catalán», resulta de gran osadía decir algo sobre el mismo sin mirar atrás, como si se tratara de asunto de hoy día, fruto de una sentencia y alguna que otra manifestación. Y, naturalmente, ese mirar hacia ya bastantes décadas anteriores requiere la premisa de la objetividad. Me ha llenado de asombro, en este punto, la declaración de un célebre político de Cataluña condenando a Ortega por su afirmación, durante el primer bienio de la Segunda República y en plenas Cortes Constituyentes, de que se estaba ante un problema sin solución que únicamente se podía «conllevar», mientras, acto seguido, se alababa la postura de Azaña por haber logrado la aprobación del primer Estatuto para aquella «Región autónoma» (la Constitución de 1931 no pasó de tal denominación y con no escasas cautelas). Y es que, si así ocurrió al comienzo, no así fue al final: las mayores descalificaciones para el uso de dicha autonomía una vez comenzada la guerra civil las hace el mismo Azaña, llegando a la penosa afirmación, similar a la de Ortega, de que el problema no tendría solución, fuera cual fuese la forma de régimen político que en nuestro país existiera. Hace falta leer un poco más, incluso cuando a uno no le interese lo que otros afirman.

En estas semanas atrás han acaecido dos acontecimientos (lo siento, pero lo de «eventos» no me gusta) que abiertamente me han sorprendido. Dos ocasiones en las que, de pronto, ha salido a flote con fuerza una constante y ruidosa apelación al patriotismo. Al patriotismo español, me refiero. Aunque a mí me apetecería llamarle mejor «españolidad», ya que no me agradan los «ismos» que para todo suelen valer, para lo bueno y para lo menos bueno.

En primer lugar, «el servicio a la patria» como argumento para que todos se implicaran, con esfuerzo y sacrificio, en la tarea de superar la crisis económica que padecemos. En la llamada se omitía la realidad de que esta situación es, por una parte, un claro reflejo de la condenable globalización capitalista venida de lejos y como consecuencia de excesos anteriores. Y, por otra, que es al actual Gobierno, por la propia naturaleza de serlo, a quien corresponde fundamentalmente la dirección adecuada para salir del caos. Pero, en vez de ello, vino la acusación a los partidos de la oposición de no embarcarse en una empresa «patriótica», sin pensar en más. ¡Y salió la Patria! Este refugio político y de conveniencia viene de muy atrás en nuestra historia política. Cuantas veces han aparecido en nuestro hemiciclo discusiones sobre puntos tales como la religión del Estado o la aceptación del sufragio, la Patria se desempolva. Nada menos que allá en 1868, cuando se elabora la gran Constitución del año siguiente, ya sorprende una intervención eclesiástica que afirma aquello de «me temo que quienes hoy se opongan a la religión, se estén oponiendo también a la Patria». Y viniendo más acá, es la misma CEDA de Gil Robles la que, al aparecer durante nuestra Segunda República, afirma venir a la defensa de la «Patria, la religión católica y… la propiedad privada»: ¡extraño matrimonio difícil de entender! Quizá ahora lo único original es que esa supuesta apropiación de la Patria era algo que se achacaba siempre a la derecha y, en este caso, es la izquierda o semi-izquierda la que la utiliza como reclamo. ¡La Patria como solución económica! Cuando la realidad viene dando muestras hace decenios de que lo patriótico anda por los suelos y con bastante olvido. Cuando lo de las Autonomías ha dañado, en distintos lugares, a ese sentimiento de unidad nacional que está en la base de lo español. Cuando unos quieren ser nación y ello no espanta. Otros se manifiestan para pregonar la independencia del todo que es la Patria. Cuando se quema la bandera nacional y nadie lo impide. Cuando ya se confiesa en las encuestas que el llamado Estado de las Autonomías se ha desbordado. ¡Cuánto envidio de nuevo a Francia, cuyo presidente se atreve, sin complejo alguno, a declarar delito la quema o destrozo de la bandera de aquel país! Por aquí, graves insultos al Tribunal Constitucional y abucheos a quien es símbolo constitucional de esa unidad patria. Y no pasa nada, claro. ¡Los votos son los votos y en esto ha quedado el espíritu de una Transición, dañado por demás por una llamada Ley de Memoria Histórica que ha venido, con grosería, a todo lo contario!

En segundo lugar, de nuevo la Patria, España, como auténtica tormenta de emociones, al producirse la victoria mundial de la llamada «roja» (la verdad, hubiera preferido la tradicional denominación de «selección nacional», pero ya se sabe) en un campeonato de la mayor importancia. Va de suyo que mi contento estuvo también presente. Sin duda. Pero lo que ha motivado mi nueva extrañeza ha sido la exaltación españolista que adquirió el acontecimiento. ¡Había «ganado España»! La hemorragia de loas a «lo español» no ha tenido límites. Incluso con gritos y exclamaciones que, si uno hubiera hecho en cualquier otro lugar habría, sin duda, recibido el calificativo de «facha» o «franquista». Y los cánticos no han tenido reparo: «la bendita locura de ser español», «el milagro y orgullo de España», «soy español, español, español», «hemos ganado nosotros, España». En verdad ha faltado bien poco para llegar a lo de «unidad de destino en lo universal» de cuna joseantoniana. Poco menos. Y delirios, homenajes con un país que parecía así resolver todos sus problemas. Y si alguien se atrevía a exponer, con timidez, algún reparo a tanta algarabía, la respuesta estaba preparada: ¡es que esto da mucho dinero! La pregunta: ¿para quién? ¿Para los pobres negros que también viven en Sudáfrica? No, claro. ¿Para nuestros pensionistas? Tampoco, claro. ¿Para nuestros interminables parados? Aún menos. ¿Para nuestros «recortados» y silenciosos funcionarios? Qué cosas tiene uno. Dinero sí y mucho. Para las muchas empresas que anunciaban bebidas y que bien pagarían a los jugadores que a tales anuncios se han prestado. De esto, ni pío. ¡España, España! Y a uno le surgen mil dudas, naturalmente. ¿Cuántos de los que a la sazón así gritaban estarían dispuestos, llegado el caso, de sacrificar algo de ese patriotismo para defender, por ejemplo, la auténtica e indudable hispanidad de mi querida ciudad natal hasta ahora llamada Ceuta? Otra vez, ni pío. ¡Soy español, español!

Habría sido mucho mejor y, sobre todo, menos falaz, dejar a la Patria tranquila (?) en ambos supuestos. Si es que en lo que se ha caído no es en algo bien distinto: patrioterismo, que no es patriotismo, ni mucho menos. La Patria, con mayúsculas, nada tiene que ver con altibajos de la Bolsa o con goles que se obtienen. No me atrevería a concebirla como ya rota. Pero sí creo que, al menos, está agrietada, llena de grietas y graves heridas. Y es sabido que al final de lo que así anda, no puede tener buen fin. Hay que cerrar grietas y, sobre todo, precisar lo que patriotismo comporta. Su definición objetiva no tiene nada de fácil. Diríamos que conjunto de sentimientos (¡aquí el sentimiento ocupa el primer lugar!), tradiciones, vivencias no manipuladas de pasados con éxitos o fracasos, formas de concebir el mundo y de actuar conforme a ellas. Sin duda lo que nos hace diferentes, ni mejores ni peores, de los británicos o los islámicos. Lo que nos gusta o no de la realidad española que en cada momento vivimos. Lo que nos motiva, sin regateo alguno (sí: algo que todos tenían claro al jurar una bandera durante el absurdamente suprimido servicio militar y es que seguimos sin saber reformar, en vez de ello abolimos o destrozamos). El patriotismo se nos transmite por nuestros antepasados, por nuestras familias y, por supuesto, debiera serlo siempre por nuestras escuelas y, en fin, por todos aquellos medios que nos socializan y educan. Una gran empresa común a la que recientemente nuestro Rey ha llamado a todos: políticos, partidos y comunidades autónomas. Sin eso, sin la prioridad de lo común, lo que queda es mero particularismo. ¡Cómo lo sufrió el mismo Unamuno al describir su propia experiencia del difícil vivir que siempre le acompañó! Lo otro nos parece tardío y, por supuesto, efímero, pasajero. Por no utilizar adjetivos peores, naturalmente.




POR LA PROHIBICIÓN DE LA MAFIA DE LOS PIQUETES
Libertad Digital



Los preparativos para la huelga general del miércoles 29 de septiembre demuestran hasta qué punto son responsables UGT y CCOO de la desastrosa situación económica que nos asola y, especialmente, de lo mucho que ésta se refleja en el paro. Los llamados «sindicatos de clase» han dedicado sus mejores esfuerzos a mantener inalterable el mercado laboral, que no sólo condena a una buena parte de la población activa a no tener empleo, sino que divide a quienes sí trabajan en dos grandes grupos: una aristocracia laboral que disfruta de todo tipo de privilegios y prebendas, a los que resulta casi imposible despedir hagan lo que hagan, y un enorme conjunto de personas que viven entre el paro y el empleo temporal, sin estabilidad y con muy escasos ingresos.

Esta situación es, en buena parte, herencia del franquismo, bajo el cual se instauró una mentalidad que equiparaba la empresa con una gran familia de la que, claro está, no era cuestión echar a nadie. Naturalmente, y dado que los bastiones del sindicalismo están entre los aristócratas del empleo, UGT y CCOO se han mostrado siempre contrarios a desmontar esta estructura dual. La reforma laboral iba en esa dirección, pero se ha quedado a medio camino. Ideológica y electoralmente, el PSOE de Zapatero sigue creyendo en esa herencia de la dictadura, por más vehemente que sea su promoción de la histeria histórica.

Entre los muchos asuntos que no se han tocado en todos estos años está el funcionamiento de los sindicatos y, sobre todo, de las huelgas. Nos hemos acostumbrado, pero resulta de todo punto ridículo que se considere imprescindible el derecho a organizar una huelga «general», es decir, que se emplee una herramienta diseñada para defender al trabajador de los posibles abusos de su patrón para que los sindicatos metan la nariz en algo que no les compete: la política. La democracia dispone de mecanismos, aun imperfectos, para que cualquier voz se haga oír. Que los sindicatos dispongan de esta arma y que consideremos normal su empleo demuestra hasta qué punto nos hemos distanciado de la racionalidad.

Durante estos últimos días, los sindicatos se han mostrado dispuestos a emplear todos los privilegios que les concede la ley para mostrar su oposición de pitiminí a un Gobierno que se ha mostrado de acuerdo con ellos en todo. Ha empleado el dinero de las subvenciones para movilizar a miles de sus liberados, personas que cobran no por trabajar para quienes les pagan sino para los sindicatos, si es que hacen algo, claro. Y ayer hemos sabido que pretende emplearse a fondo impidiendo mediante piquetes que funcione el transporte público, servicio en el que además tienen toda la intención de incumplir los servicios mínimos.

Ningún partido ha hecho en estos más de treinta años ni el más mínimo ademán de reformar la Ley de Huelgas. La primera medida, y la más urgente, es la prohibición de los mal llamados «piquetes informativos». La excusa bajo la que operan es la de informar a los trabajadores de la existencia de una huelga, para que éstos decidan si se suman o no. En la práctica funcionan exclusivamente como grupos mafiosos decididos a imponer por la fuerza o el chantaje su santa voluntad. Y la razón original de su existencia, en el mundo de los móviles e internet, está más que desfasada.

El derecho de huelga no es, desde luego, un derecho básico como puedan ser la vida, la libertad o la propiedad. Tampoco lo es coger el autobús para ir a trabajar. Cuando colisionan ambos intereses corresponde a la administración, en cumplimiento de la ley, marcar unos servicios mínimos que reduzcan al mínimo ese conflicto. Los sindicatos quieren parar el transporte público para que haya más trabajadores que no puedan ir a sus puestos, quieran o no hacer huelga. Es un chantaje inaceptable, que ninguna sociedad libre debería permitir.
 



EL COLAPSO DE OCCIDENTE: CULPABLES
Damián Ruiz
(ElManifiesto)



Estamos llegando a un punto de colapso social y político difícilmente superable para las naciones occidentales. El futuro es incierto y los gobernantes excesivamente temerosos, pueriles e incapaces de tomar las decisiones adecuadas para poner freno a ese cercano crack del sistema.

No quiero entrar en cuestiones ideológicas, no pretendo escribir desde una posición que desee un futuro idílico «a la carta», y si alguien sigue mis artículos sabrá que me preocupa la condición humana más allá de su origen o raza, algo que para mí no debería entrar en el debate político.

Dicho esto, ¿por qué hemos llegado a esta situación y quien nos ha llevado hasta aquí?
Fundamentalmente por la pérdida de identidad cultural, por la aniquilación de nuestros símbolos, por la destrucción del principio de autoridad y por el auge de los anti-sistema, algunos de los cuales paso a enumerar:

Feministas exaltadas que más que luchar por la igualdad social, familiar y profesional de la mujer, han fomentado el aborto libre y la destrucción de la familia, laicos beligerantes que, en su odio hacia la tradición religiosa y espiritual judeocristiana, han derrumbado las creencias que sostenían y amparaban a una buena parte de la población, dejando a esta huérfana de principio básicos orientadores de la vida, y permitiendo el apogeo de nuevas tradiciones ajenas a la nuestra, gays radicales que, en lugar de luchar por el respeto y la dignidad de las personas homosexuales y su derecho a establecer legalmente relaciones de pareja vinculantes, han fomentado la promiscuidad, el hiper-sexualismo y la frivolización de la vida sentimental en todos los terrenos, educadores progresistas que han convertido la escuela y por extensión la familia y la sociedad en el lugar donde se enseña que no existe autoridad, ni límites, ni capacidad de esfuerzo, ni respeto, además de manipular la mente de niños y jóvenes con la intención de debilitarla y desestructurarla suficientemente para que queden paralizados en el futuro ante situaciones graves de índole personal o social, políticos frívolos, gobernantes incapaces que juegan caprichosamente con el tejido social, con sus naciones, con el dinero de todos, miserables que utilizan la ingeniería social como método perverso de acercarse a su pobre visión del mundo, probablemente proyectando complejos personales o familiares y desestructurando todo valor sólido a su paso, sindicatos decimonónicos, clientelistas, arcaicos, incapacitados para ver la realidad de la competencia internacional y la necesidad de aligerar las cargas de los que producen, anclados en una confrontación trabajador-empresa que les genera réditos y subvenciones golosas, y especuladores financieros, gente sin escrúpulos, capaces de hundir un país en su afán ansioso, compulsivo, enfermizo, de ganar ingentes cantidades de dinero rápido.

El colapso social, económico y ético al que estamos abocados y en el que todos estos grupos han participado activamente para llevarnos hasta él, producirá probablemente graves altercados entre la población, Y ¿quiénes pagarán las consecuencias? Los más débiles, como siempre: los trabajadores sin formación y los inmigrantes. Y, en el fondo, será muy injusto.
Sería similar, por poner un ejemplo, a cuando el hijo veleidoso y derrochador de un empresario ha producido un desfalco en las cuentas familiares, y el padre para poder reponerse económicamente tiene que echar a una parte de sus empleados.

Eso es lo que nos pasará, toda esta gente, que ya empezó a «joder la marrana» hace mucho tiempo, y que erre que erre no han parado hasta aniquilar las columnas que sostenían la sociedad, seguirá de rositas, con sus subvenciones, sus eternos y estúpidos debates, sus rayitas y sus contactos y otros serán los que, en sus propias carnes, paguen la rabia de una sociedad enferma, y contenida, a punto de estallar.

Si las cosas se hubieran hecho con sensatez y moderación, la convivencia entre todos, fuera cada uno como fuera, hubiera sido posible, pero quizás ya es tarde y, como casi siempre pasa históricamente, pagarán justos por pecadores. 




FRASES DE UN GRAN ESTADISTA
José Luis Rodríguez Zapatero



«España está a salvo de la crisis financiera».
«Tenemos la tasa de paro más baja de la historia. El modelo económico español es un modelo internacional de solvencia y eficiencia».
«Haciendo uso de un símil futbolístico, se podría decir que España ha entrado en la Champions League de la economía mundial».
«No hay atisbo de recesión económica. La economía española tiene muy buenos fundamentos».

«Prometo crear 2 millones de nuevos empleos».

«Crear un alarmismo injustificado en torno a la economía de un país puede dañar las expectativas. Permítanme que diga que es lo menos patriótico que conozco».

Las cuentas públicas han tenido superávit todos los años, 70.000 millones de euros de superávit, que nos permiten tener una garantía, una fortaleza para atender cualquier necesidad. La desaceleración no va a ser ni profunda ni prolongada. Va a ser una desaceleración para la cual nuestro país está más preparado que nadie. Debería haber tomado nota del debate entre el señor Solbes y el señor Pizarro, para darse cuenta de que no vale la demagogia en la economía».

«La crisis es una falacia, puro catastrofismo. Estamos creciendo por encima del 3%. Aunque mañana crezcamos al 3% o al 2,8%, que es un crecimiento bueno, vamos a seguir creando empleo y teniendo superávit».

«España está en condiciones para llegar al pleno empleo».

«La peor previsión de paro que podamos tener por delante será siempre una previsión de paro mejor que la que mejor tuvo el PP».

«La actitud de quienes exageran sobre el alcance de la actual situación económica es antipatriótica, inaceptable y demagógica».

Como todo, es opinable y depende de lo que entendamos por crisis. [...] Por un concepto como el de crisis habría que preguntar a los economistas, y seguramente no se pondrían de acuerdo».

«Ser optimistas es algo más que un acto de racionalidad, es una exigencia moral. […] A trabajar, y también conviene que consumáis».
«En esta crisis, como ustedes quieren que diga, hay gente que no va a pasar ninguna dificultad».
«Sería absurdo pensar que la crisis originada en EEUU no afecte a la economía internacional en general y a la española en particular».

«Yo creo que el segundo semestre del año que viene estaremos ya con una actividad económica de crecimiento intertrimestra»
«No; nadie lo sabía. En cuanto hemos entrado en una situación objetiva de crisis, he sido el primero en hablar de una crisis del sistema financiero internacional y de una crisis económica.
En marzo comenzará a crearse empleo de manera intensa».

«Es probable que lo peor de la crisis económica haya pasado ya».

«La igualdad entre sexos es más efectiva contra el terrorismo que la fuerza militar».

«No pretendo ser un gran líder, prefiero ser un buen demócrata».

«Estoy muy a gusto y muy tranquilo porque tenemos un Rey bastante republicano».

«Disuadir del consumo del alcohol y el tabaco es de izquierdas».

«Somos la envidia de Europa y en pocos años vamos a ser un país de primera división en el mundo».

«Y dado que hace muy pocos días hemos tenido un trágico accidente, un trágico atentado terrorista en Barajas, en la Comunidad de Madrid, quería proponeros que mostráramos nuestra enérgica condena, nuestra repulsa más intensa, y que mostremos nuestra profunda solidaridad con las víctimas».

«Estados Unidos no entiende a Latinoamérica»

«La próxima legislatura lograremos el pleno empleo en España».

«Yo creo que nos conviene que haya tensión [...]. Yo voy a empezar, a partir de este fin de semana, a dramatizar un poco.

«Mientras yo sea presidente, no habrá Trasvase del Ebro».

«Por tanto, hemos hecho un acuerdo para estimular, para favorecer, para follar… para apoyar ese turismo».

«Aunque la crisis es fuerte y aún nos quedan momentos duros en los próximos tres o cuatro meses, España saldrá de ella en la segunda parte del 2009».

«Es probable que lo peor de la crisis económica haya quedado atrás».
«La economía española va a volver a crecer con carácter inminente».

«La Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento».

«Apoyaré la reforma del estatuto de Cataluña que apruebe el Parlamento de Cataluña».

«¿Cuanto vale un café en la calle? – Ochenta céntimos aproximadamente».

«Lo enunciaré de forma sencilla pero ambiciosa: la próxima legislatura lograremos el pleno empleo en España. No lo quiero con carácter coyuntural, lo quiero definitivo».

«Los efectos de la crisis hipotecaria estadounidense tendrán un impacto relativamente pequeño en la economía española».




AL PUEBLO LE PREOCUPA LA CLASE POLÍTICA
Luis María Anson

(de la Real Academia Española, en La Razón)



Varios artículos y declaraciones han recordado, en esta semana del estiaje perezoso, la preocupación del pueblo español por los excesos de los partidos políticos, por la mediocridad de nuestra clase política. He dedicado numerosos artículos a este asunto y reproduzco a continuación el publicado en el diario El Mundo hace seis meses.

Las grandes inteligencias españolas están en la Universidad, en la empresa, en el periodismo, en la investigación científica, en los bufetes de abogados, en los hospitales, en las profesiones liberales… No en la política. Las gentes que valen se quedan en su propio medio. La cosa pública les importa una higa, aunque a veces digan lo contrario. A la política, salvo excepciones, se dedican las segundas y terceras filas de la vida española. Aquí no ocurre como en Inglaterra o Estados Unidos, que las familias se esfuerzan por encaminar hacia la cosa pública a individuos capaces.

Me decía hace poco un gran periodista español: «A la mitad al menos de los ministros y las ministras de Zapatero no les tendría yo ni como auxiliares de Redacción». Como mi compañero es hombre de ánimo piadoso no me dijo si el presidente circunflejo correría la misma suerte.

La mediocridad personal de los políticos españoles es insondable. Da vergüenza hablar con muchos de ellos. Resulta penoso cómo se expresan, de risa las cosas que dicen. Nos gobiernan gentes sin categoría personal. Padecemos, salvo excepciones, las segundas y terceras divisiones del mundo profesional. Aunque la mayoría de nuestros políticos actúan de forma honrada, no son pocos los que aprovechan sus cargos para forrarse. Es la corrupción de la mediocridad. Los políticos sin oficio ni beneficio, que no tienen dónde caerse vivos cuando termine la mamandurria pública, ceden a la tentación corrupta, no todos, claro, ni siquiera los más. Pero alarma lo que está ocurriendo sobre todo en los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas. Es un saqueo incesante de los caudales públicos en beneficio de los bolsillos particulares.

El ciudadano español está al cabo de la calle de lo que está pasando y que no es nada nuevo. Nihil novum sub sole. Durante la República se cantaba este estribillo: «Democracia cristiana, bonito mote, nuevo grupo que intenta chupar del bote».

La mediocre clase política española es en general honrada pero, sí, cada vez son más los que se dedican a chupar del bote, los que se cuelgan de la teta del Estado, los que se embadurnan de mordidas y comisiones, los que trapichean hasta la náusea, los que contagian el tifus de la corrupción a los que les rodean, porque, como decía Miguel Ángel Aguilar, el fruto sano se zocatea enseguida si no se le separa a tiempo del que está cedizo.

Y claro, el ciudadano medio que no se chupa el dedo considera ya como uno de los grandes problemas que tiene España el de su clase política, el de los partidos políticos. Tan sólo después del paro y la crisis económica, y por delante de la inmigración, el terrorismo, la inseguridad ciudadana, la vivienda, la sanidad y la educación figura ya, según las encuestas solventes, como motivo de máxima preocupación ciudadana, la actividad de nuestros políticos que siguen enchufando a sus amiguetes y parientes en unas Administraciones elefantiásicas, mientras derrochan el dinero de todos en mítines circenses y en dispendios desmesurados. Los partidos que deberían resolver los problemas de todos se han convertido, en lugar de en una solución, en uno de los principales problemas que preocupan y zarandean a los ciudadanos españoles, ¡Qué vergüenza! O sea, que diría el columnista célebre.

 
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