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El Risco de la Nava: El Risco de la Nava Nº - 535
Wednesday, 10 November a las 18:41:28

El Risco de la Nava

GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 535 –  2 de noviembre de 2010

SUMARIO

  1. El mito de la Tercera España, Pío Moa
  2. Apuntaciones sobre capitalismo, socialdemocracia y derecha, Antonio Castro Villacañas
  3. ¿Acoso y derribo?, Miguel Ángel Loma
  4. Los mismos perros, Jesús Flores Thíes
  5. Lo que no se ha recordado de Marcelino Camacho y los falangistas, Carlos León Roch
  6. ¡Vaya palo!, Eduardo López Pascual


 
EL MITO DE LA TERCERA ESPAÑA
Por Pío Moa
(Libertad Digital)


En todos los países se da este fenómeno de división interna y tendencias centrífugas, de «dos (y más) países». Es natural, dada la individuación y los particularismos presentes en toda sociedad humana. El problema surge cuando la división degenera en antagonismo. 

Como decía el diario El Sol en vísperas de la reanudación de la guerra civil, en 1936 no parecía haber nada común a las dos Españas. A su vez, ninguna de las dos era a su vez homogénea, pues las profundas diferencias entre católicos, falangistas y monárquicos eran susceptibles de agravarse, y lo mismo sucedía entre anarquistas, marxistas, republicanos de izquierda y separatistas. Franco supo impedir que las divisiones internas disgregasen su bando, pero en el Frente Popular crecieron hasta provocar dos pequeñas guerras civiles internas y asesinatos constantes, aunque el PCE consiguió mantener una unidad básica –y en buena medida terrorista–.

¿Cómo se llegó a aquella situación? Cabe explicar la segunda república como el apogeo de la crisis española abierta por el «desastre del 98». En Los personajes de la república vistos por ellos mismos creo haber expuesto cómo aquella crisis no fue económica (desde ese punto de vista fue incluso beneficiosa) ni siquiera política (pues las cosas siguieron más o menos igual, para desencanto de quienes esperaban una revolución), sino ideológica y psicológica, lo que se revela muy bien en las actitudes de los políticos e ideólogos que llegarían al poder 33 años después. Fue a partir del 98 cuando las ideologías mesiánicas (anarquista, socialista, republicana, regeneracionista y separatista) fueron ocupando la plaza pública con algaradas y algarabías que solo pudo contener provisionalmente la dictadura de Primo de Rivera.

La república podía haber sido viable si hubiera recogido con ánimo liberal la legitimidad que le entregaba la monarquía, pero no fue así. Azaña, que pasaba por ser, y era, uno de los republicanos más moderados e inteligentes, ya empezó proponiendo un «programa de demoliciones» bajo la alianza de los republicanos de izquierda y los socialistas, quizá también los anarquistas, aunque pronto vio la imposibilidad de contar con estos últimos. Se figuraba que él y los cuatro republicanos de izquierda ejercerían de cerebro de la nueva situación, utilizando como «brazos» a los potentes sindicatos. ¿Con qué objetivo? Con uno principal: destruir la influencia de la Iglesia católica, vista por toda la izquierda como un enemigo clave (sólo en eso estaban todos de acuerdo), lejano eco de la muy tolerante consigna de Voltaire: «Écrasez l'infâme».

El enfoque del problema religioso por parte de Azaña entrañaba una mezcla de frivolidad, dogmatismo y barbarie –se pondría muy pronto de relieve con la quema de conventos, bibliotecas y escuelas–. Y la idea de utilizar como «brazos» a los partidos y sindicatos obreristas revelaba una ignorancia y un irrealismo tan catastróficos como su ilusión sobre la «inteligencia» republicana: nadie fustigó más que Azaña en sus diarios la ínfima calidad intelectual y moral de los republicanos de izquierda. De hecho, la izquierda en España no ha producido un solo pensador relevante ni un solo libro para la posteridad. Únicamente ha destacado en el terreno de la agitación y la propaganda.

Una política semejante y en aquellas circunstancias solo podía polarizar a una sociedad no mal preparada para la democracia, por su tradición liberal. Y se formaron, o más bien se exacerbaron, las dos Españas, hasta que se desembocó en la guerra civil.

Pero es preciso bajar de esta exposición general a la forma concreta que revistió. Fue la España izquierdista la que tomó la iniciativa, multiplicando las tensiones sociales con una política provocadora e imponiendo una Constitución muy defectuosa, que no dudó en pisotear cuando dejó de servir a sus objetivos extremistas. Con el Frente Popular, la legalidad dejó de existir, la propia integridad de la nación se puso en riesgo y la otra España no tuvo otra opción que rebelarse –con muy pocas posibilidades de triunfo– o dejarse aplastar.

Dicho en otras palabras: la izquierda impulsó un proceso revolucionario en cuyo curso la democracia, es decir, la posibilidad de una convivencia con libertades políticas, quedó desacreditada en los dos bandos, máxime cuando el resto de Europa parecía seguir la misma vía. Dejó prácticamente de haber demócratas en el país. Otra cosa es que algunos, pocos e impotentes, mantuviesen la idea de las libertades: a ellos se les ha llamado «la Tercera España». Pero no fueron impotentes solo porque fueran pocos, sino porque su lucidez política había sido escasa, habían caído en la palabrería fácil y con sus ilusiones habían contribuido al derrumbe social. Esa llamada Tercera España puede personalizarse en los tres padres espirituales de la república: Ortega, Marañón y Pérez de Ayala (había otros, claro, de menor enjundia). La responsabilidad de esa Tercera España la expresa Marañón de forma alusiva cuando, al maldecir la vesania de las izquierdas como causante de la guerra, añade: «Y aún es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos y por haber creído en ellos».

Y ya no había nada que hacer. Ellos no estaban en condiciones de frenar el proceso revolucionario, prioridad histórica absoluta en aquel tiempo, sino que fueron otros quienes asumieron los riesgos y sacrificios del reto. Por eso concluye el mismo Marañón: «Cómo poner peros, aunque los haya», a los de Franco... Pues eran estos, con todos sus defectos, quienes estaban derrotando a la revolución. El coste del derrumbe de la república sería una dictadura autoritaria –no totalitaria– y evolutiva, que no tuvo oposición democrática real, y de cuyo seno partiría la transición democratizadora.


APUNTACIONES SOBRE CAPITALISMO, SOCIALDEMOCRACIA Y DERECHA 
Antonio Castro Villacañas
 
El mundo entero vive y sufre una grave crisis económica y social desde hace seis o siete años, que se originó en Estados Unidos por obra y gracia de muy determinadas especulaciones financieras. Sin embargo, en casi todas partes, y muy concretamente en España, las culpas del fracaso de las ambiciones capitalistas se atribuyen en muchos ambientes políticos y sociales a las diferentes versiones de la socialdemocracia y a los más o menos logrados intentos de construir y mantener un «Estado de bienestar». Por eso en tales ambientes se pretende salir de la crisis recortando los gastos sociales y reduciendo al mínimo las revisiones y responsabilidades del capitalismo. Los Estados alegan que tienen poco dinero y que por eso no pueden gastárselo en ayudar a los pobres, que son muchos y crecen día tras día, por lo que han de dar preferencia a los bancos y entidades financieras para que estas y aquellos puedan normalizar cuanto antes sus negocios y de esta manera acaben con la crisis que ellos mismos han provocado.

Como yo sé poco de economía y finanzas, hay dos cosas que me llaman mucho la atención: una es que el capital, el dinero, haya desaparecido o se haya volatilizado en un gran volumen y en muy concretos espacios; la otra es que para recuperarlo se utilice el procedimiento de reducir lo más posible el importe de los sueldos y salarios de los trabajadores junto al de incrementar cuanto se pueda las retribuciones de los altos dirigentes de las empresas y entidades afectadas. ¿Cómo es posible que ningún Estado investigue dónde pueden estar los dólares, euros, libras, francos, etc., y no le pidan cuentas a quienes lo manejaban? ¿Cómo es posible que alguien crea encontrar la solución a la crisis en el aumento de la distancia económica y social que separa a los trabajadores –no digamos parados– de los potentados?

Gobiernos de izquierda y derecha, junto a los altos y calificados dirigentes económicos, nos dicen que podemos y debemos salir de la crisis si ponemos en práctica un sencillo método: trabajar más y ganar menos. Como los pensionistas no están, por regla general, en condiciones de trabajar, sólo tienen que hacer una cosa: aguantar como puedan la reducción de su limitado nivel de vida. Quienes no tengan pensión, quienes la tengan sólo por un tiempo reducido, que se busquen la vida como puedan. Y los parados y quienes pueden serlo, que se salven sin pedir socorro y por sus propias fuerzas y métodos.

Ni izquierda ni derecha, ni capitalismo ni socialdemocracia, saben cómo salir del lío que nos han armado. 



¿ACOSO Y DERRIBO?
Miguel Ángel Loma

Con motivo de las protestas contra el Congreso internacional abortista celebrado en el Hotel Meliá Sol de Sevilla, la Asociación de Hoteles de esta provincia hizo pública una nota de prensa en defensa del citado hotel y de sus intereses, denunciando «una campaña de acoso y derribo desmesurada y desproporcionada».

Conviene aclarar que dicho «acoso y derribo» ha consistido en una campaña de correos dirigidos a los directivos del Hotel, vía internet, comunicándoles la oposición a que se celebrase dicho Congreso, y a no utilizar en adelante los hoteles de la citada cadena. Es obvio que los directivos del hotel Meliá ni son responsables de la legalidad del aborto (motivo que se alegaba como justificación en la citada nota), ni están obligados a indagar sobre la fuente de ingresos de cada cliente; pese a que en este caso les bastaba con leer la naturaleza y fines del Congreso para conocerlo sobradamente.

Como también es obvio que, al acoger dicho Congreso, los responsables del hotel han ejercitado su libertad conforme al interés de su negocio... Pero ¿por qué se califica de «desmesurado y desproporcionado» que esa misma libertad la ejercitemos los clientes al comunicarles que ya no nos gastaremos nuestro dinero en sus hoteles, sino en donde mejor nos plazca?

Y por cierto: utilizar los términos de «acoso y derribo» en este asunto no resulta muy afortunado... Si existe hoy un acoso y derribo, donde el cobro de la pieza está garantizado desde el principio, ese es el negocio de los eximios personajes a los que se ha alojado en Sevilla estos tristes días. Un auténtico acoso y derribo que planifican técnica y fríamente en sus Congresos y cuya actividad consiste, precisamente, en la antítesis del espíritu de la hostelería: rechazar, desalojar y expulsar a los huéspedes más débiles e indefensos hacia una muerte segura. Aunque sólo hubiera sido por mera coherencia profesional, el hotel Meliá tenía una buena razón para negarse a acoger un Congreso tan radicalmente contrario con los principios de su actividad. 



LOS MISMOS PERROS
Jesús Flores Thies
(Coronel de Artillería-retirado)

En España conviene cambiar de vez en cuando las cosas para que todo siga igual. Ha cambiado parte del llamado gobierno pero, modificando sustancialmente el conocido refrán castellano, diremos que los nuevos ministros son los mismos perros con los mismoscollares. Y aquí nos escapamos de las nuevas normas impuestas por el ministerio de Igualdad (ministerio que, aunque algunos duden de que pueda existir tal cosa, existe), y no decimos ministros y ministras, para no tener que decir, además de perros, perras, que sonaría mal.

Lógicamente toda la prensa se ha lanzado a valorar la nueva situación con esas lumbreras en el machito, pero la verdad es que hay poco que rascar, todo está bien claro, y al olmo, árbol que tiene una enfermedad, al menos en Europa, que puede acabar con esta especie, no se le pueden pedir peras.

Está bien claro que se trata de apuntalar al pelmazo de Zapatero en la jefatura del gobierno y conseguir, no sólo que aguante hasta el final de ésta legislatura, sino de que siga engarfiado como una garrapata en el poder al ganar las próximas elecciones.

Y para ello tratan, a toda costa, de acabar con eso que llaman graciosamente «el problema de ETA».

Los españoles y sus asimilados nacionalistas periféricos, estamos hartos de tantos años de soportar a esa banda, a la que apoyaban en otros tiempos, al menos con su simpatía, los que ahora nos gobiernan. Todo empezó con el asesinato de una niña de 16 meses por causa de una bomba en una estación de autobuses. Casi medio siglo de sangre, y a partir de la muerte de Franco, de cobardía, indignas cesiones, tratos, cambalaches… Se pasó en 1977 por el «Día de la Vergüenza», uno más, en el Congreso de Diputados, al amnistiar a los asesinos de ETA, a los que se les calificó de «luchadores por la democracia». Luego vinieron estos lodos.

Tantos años de ignominia han quebrado la espina dorsal, ya bastante desmedulada, de la sociedad española, que en muchos sectores clama por el fin de la llamada «violencia de ETA», cediendo en lo que se tenga que ceder para conseguirlo.

Los etarras saben hoy que el gobierno Zapatero busca ese final que le sirva para poder mantenerse en el poder en futuras elecciones, y su «oferta etarra de un posible fin de la violencia», que nadie desvela pero que podemos imaginar, es dura y terminante. Y las Vascongadas, que hoy tienen un sistema autonómico y de autogobierno que sin parangón en ningún país europeo, conseguirán una situación en la que ETA, esta vez sin armas ni bombas, dueña de las calles y de las instituciones vascas, vaya con pasos contados a la independencia definitiva de eso que llaman Euskadi, por agotamiento del contrario, que dado el sistema político actual español, su voluntad de aguante es irrelevante. Y como guinda, se apoderarán de Navarra. Pero Zapatero y su banda se habrán perpetuado en el poder.

El lingüista Noam Chomsky, en su libro Armas silenciosas para guerras tranquilas, elaboró hace tiempo la lista de las «10 Estrategias de la Manipulación» a través de los medios.

La primera decía que

el elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones sin importancia.

La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales […]). Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar.

En España, muchos son lo problemas creados por la crisis, aumentados por la ineptitud y estupidez del gobierno socialista. Alguien comparó nuestra situación como la de aquel equipo que tiene un mal portero de fútbol, al que le meten goles hasta de canto. Ya sabemos que la misión del equipo contrario (la crisis) es tirar balones a la portería que defiende el portero (ZP y su gobierno), pero esta miseria de cancerbero que nos ha tocado en mala suerte, no sólo no para los balones, sino que ayuda a meterlos dentro.

Y siguiendo el criterio de la lingüista, disimula con ejercicios de distracción los problemas, o lo que se nos avecina con este «nuevo» (entre comillas) gobierno. Y ha venido a echarles una mano el alcalde de Valladolid, que ha hecho unos comentarios denominados machistas sobre uno de los personajes (¿deberíamos decir personajas?) más chocantes del «nuevo equipo»: Leire Pajín.

Lo que ha dicho el alcalde carece de importancia, porque también algunos prohombres y «promujeres» del PSOE han utilizado símiles ridículos sobre el físico de sus adversarios. Es indudable que la personalidad femenina o masculina de un político forma parte de eso que llaman su «perfil». Y los socialistas han utilizado el «perfil femenino» de sus ministras, y no el masculino (presunto) de sus ministros, en aquella increíble foto de la revista de modas Vogue en al que, frente a la entrada del Palacio de la Moncloa, sede del Gobierno, se fotografiaban en elegantes y atractivas posturas, con caros modelos de firma. Y la portavoz (¿portavoza?) del PP, Soraya Sáez de Santa María, se fotografía descalza, con vaporoso vestido, en glamorosa postura, sentada en el suelo de una habitación con todas las trazas de cuarto de hotel caro. Y no son los únicos ejemplos, que la Vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, hace uso de su condición de mujer exhibiendo un modelo distinto de vestido en cada aparición televisiva, en las Cortes, en ruedas de prensa o donde la lleve su agotador y bien remunerado trabajo de echar, inútilmente, balones fuera.

Pero es que Alfonso Guerra, aquella sombra, es decir, aquella la mala sombra de Felipe González, popularizó dos comentarios de los llamados hoy machistas, uno dedicado a Soledad Becerril: Carlos II vestido de Mariquita Pérez; otro a la excepcional Loyola de Palacios: la Monja Alférez.

Pero es que el caso de la nueva ministra Pajín es especial. Se dice que la noticia de su encumbramiento a ese ministerio de Sanidad va a provocar la fuga masiva de los hospitales, para acudir a centros de curanderos, chamanes, brujos, etc. Protegida del irrepetible Moratinos, ministro hoy cesado de asuntos Exteriores, y en un cargo de esos denominados «de dulce» para asuntos de Hispanoamérica, allá viajaba con frecuencia, que las dietas son golosas. La personalidad de esta mujer se puso en evidencia en el regreso de uno de sus viajes oficiales. Organizó en la clase preferente del avión, una agradable y bien regada juerga con sus amiguetes de misión oficial. Un verso sobre esta juerga corrió por Internet, pero ya sabemos que la piel de esta gente es de rinoceronte.

En cada grupo ministerial suele haber uno que se convierte, por propios méritos, en la diana de los comentarios jocosos. Cuando Javier Solana, en sus tiempos de OTAN NO, que precedieron a los de OTAN SI, era ministro de un gobierno del PSOE, se le ocurrió decir que él era el «catorceavo ministro de Cultura», es decir, que en un abrir y cerrar de ojos se hizo un trocito de ministro. Las chuflas duraron meses. Otra víctima del humor popular fue Fernando Morán, en sus tiempos Ministro de Exteriores. También hubo una ministra de Cultura del PSOE, cuyo nombre hemos olvidado, que llamaba «anglicanismos» a lo que sólo eran «anglicismos», entre otras muchas perlas de su asombrosa incultura. Así que es muy posible que esta Leire Pajín sea la nueva sufridora oficial del equipo ministerial. Se lo ha ganado a pulso después de decir aquella gloriosa frase sobre el «encuentro galáctico que se iba a producir entre las rutilantes estrellas Obama y Zapatero».

No podrá escapar ninguno de los ministros y ministras de su «perfil» en el que entra de forma irresistible eso que llaman «género», es decir, sexo. Nadie puede escapar de esta circunstancia «orteguiana». Recomendamos a esta Leire Pajin que, para no mostrar su indudable perfil femenino y evitar «agresiones machistas», que se deje barba.

Pero de lo que se trata es de hacer funcionar a tumba abierta la «estrategia de la distracción» citada por la lingüista Noam Chomsky. Ya llevamos seis días detrás del alcalde de Valladolid por aquel comentario sobre los «morritos» de la Pajín, cuando un correligionario de la ministra hizo en cierta ocasión un comentario sobre «los duros glúteos» de las concejalas, que ya sabemos que es zona muy necesaria en el cuerpo femenino, pero quizá con algo menos de nobleza que sus labios, incluso en su versión «morritos».

Habrá que vigilar los comentarios machistas, pero mientras tanto, a nosotros, con o sin barba, que Dios nos coja confesados.


LO QUE NO SE HA RECORDADO DE MARCELINO CAMACHO Y LOS FALANGISTAS
Carlos León Roch
 
Ya en su vejez, alejado de la actividad, Marcelino (q.e.p.d.) le hizo esa afirmación a su amigo y viejo cofundador de Comisiones Obreras, el falangista Ceferino Maeztú, juzgando a los sindicatos de partido… aunque él continuó siendo comunista.

Y es que la historia es, casi siempre, compleja, llena de matices.

A Marcelino Camacho se le podrán discutir ideas, creencias y militancia, pero nadie puede negarle una vida entregada a la defensa de los trabajadores. Una vida vivida con austeridad y desinterés. Una vida compartida entre los talleres, la cárcel y la agitación; sin cruceros ni grandes restaurantes; sin subvenciones ni dependencia de las empresas ni de los gobiernos. Una vida austeramente sostenida por los propios trabajadores a los que sirvió.

Junto a Marcelino Camacho, el falangista Ceferino Maeztú, fundó, en 1964, la revista Sindicalismo, que acabó prohibida pero que supuso una concepción nueva, utópica, de una empresa en la que solo los trabajadores en sus distintos niveles fueran dueños… y que se concretaba en la cooperativa Ulgor (FAGOR) fundada por su promotor, el cura Arizmendi Arrieta… desgraciadamente sumida posteriormente en el separatismo.

Aquellos sindicalistas variopintos nos reuníamos en un local mítico, el Café Lyón, de la calle de Alcalá, de Madrid, en una inolvidable tertulia: «la Bellena Alegre», adonde acudieron Marcelino Camacho, Julián Ariza y los hermanos Reboul, conviviendo y debatiendo amigablemente con Narciso Perales, González de Canales, Cantarero, Castro Villacañas y otros insignes falangistas revolucionarios o reformistas. También «la Ballena Alegre» fue cerrada.

Cuando aparece la primera Comisión, la del Metal de Madrid, los miembros de la Unión de Trabajadores Sindicalistas (los falangistas disidentes) estaban allí, participando en las reuniones de la Casa de Campo, y reclamando una revisión de lo que ahora se llama el IPC, previamente escandalosamente manipulado por el Instituto de Estadística.

Ahí nació con verdadera fuerza Comisiones Obreras, con curas, falangistas, católicos… y comunistas, mano con mano, aunque estos últimos aún no confesaban que lo eran.

Si decíamos al principio que la historia fue compleja, la actitud de Marcelino Camacho, empeñado en la defensa de los obreros, fue siempre insobornable, y nadie puede regateársela ahora. Salió triunfante en la orientación de Comisiones, frente a los falangistas, a los procedentes de la HOAC y a otros muchos colaboradores iniciales.

Desde muy jovencito y hasta su último suspiro fue comunista.

Pero esa ya es otra historia.


¡VAYA PALO!
Eduardo López Pascual

La semana pasada tuve ocasión de escuchar en televisión un discurso, entendiendo esto del discurso como una forma de expresar una opinión, que ponía al príncipe Felipe literalmente a parir. Lo curioso de esa descalificación a un miembro de la casa real, tan importante como es el posible heredero del rey –ya veis que los pongo a ambos en minúscula, a propósito–, ha sido expuesta por destacados periodistas y analistas políticos claramente identificados en la derecha sociológica de esta nación, con lo que tal vez se caiga otro de los mitos que caminan por España, y es ese de que sólo la gente de izquierda son capaces de criticar a la casa real.

Pero por lo que se puede ver, esto no siempre resulta así; claro que esta mala opinión con que esta vez se han referido al príncipe, puede que haya nacido de las torpes palabras que don Felipe ha pronunciado en Oviedo, en el trascurso de la entrega de los Premios que llevan su título, en el que sin venir a cuento se refería a la cruel situación de cerca de cinco millones de parados, como un estado «tan sólo transitorio», dicho esto como si tal situación fuera algo leve y poco duradero, desconociendo o desvalorizando la gravedad de quienes sufren no solamente el desempleo, sino también la presión psicológica, la angustia familiar, la desesperanza y, lógicamente, la disminución palpable en sus recursos económicos que permiten una vida mínimamente digna, una referencia que él y su mujer nunca padecerán por razón de nacimiento.

Por una vez, y quizás esto se repita, algunas personas de nítidas creencias derechistas, se atreve a hacer una crítica tan extensa y completa como la que oímos en un programa de televisión que para no hacer propaganda no diré su nombre, pero que se distingue por su filosofía conservadora. Fue un verdadero palo, que jamás escuché desde esa parte de la opinión política. Habría que decir, que tal discurso se apoyaba también en las desafortunadas declaraciones del mismo rey de España, cuando unos meses antes se descargó con aquellas amabilísimas frases de apoyo y confraternización sobre el presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero, calificándolo de «hombre de principios profundos, que sabe lo que hace, que es poco menos que estupendo», eso en esta misma legislatura, la de la crisis y el engaño abertzale; y no es que no se pueda decir frases como estas, que no debería, lo que ocurre es que jamás ha dicho nada parecido de los otros presidentes, Suárez, Sotelo, González o el mismo Aznar.

Puede ser que fuera esta «afinidad» socialista que presuntamente manifiestan los miembros de la casa real, a lo peor, para ganarse la seguridad de que nunca regresarán a Cartagena (Alfonso XIII), pero que invalida, o a mi me lo parece, ese espíritu de equilibrio que la Constitución del 78 le otorga. Y qué quieren que les diga, que como republicano – aunque desde luego no de la del 31–, me siento absolutamente identificado con las críticas dadas a estos altos representantes de la realeza, y pienso que está bien que haya quienes a pesar de ser conservador, de derechas, es capaz de señalar tanto al príncipe como al rey de culpables de amiguismo escorado, salvavidas del socialismo, o de imprudente en sus apreciaciones sobre el drama de nuestros parados: Lo asombroso, lo único, es que sean los socialistas de ahora, los que con más ardor los defienden a capa y espada. Oír a al diputado del psoe Lorenzo Dávila, por ejemplo, hacer un canto floral de la monarquía es, sencillamente, sobrenatural.

 
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