El Risco de la Nava - Nº 124
Fecha Martes, 09 julio a las 20:30:11
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 124– 9 de julio de 2002

SUMARIO

  1. El lobby feroz
  2. Dios en las cárceles cubanas
  3. Galería de pendejos: A propósito de las estatuas de Franco


EL LOBBY FEROZ
Por Miguel Ángel Loma

Con motivo de las recientes y alegres celebraciones del día del orgullo gay, don Pedro Zerolo, presidente de la Federación Estatal de Lesbianas y Gays, ha lanzado el dato de que en España existen cuatro millones de homosexuales, cifra que no procede de ningún estudio estadístico mínimamente serio sino de las mientes calientes del señor Zerolo, que con la misma gratuidad ha proclamado que entre el 8 y el 13 por ciento de la población española es homosexual.

La estrategia de inflar datos, supuestamente estadísticos, siempre ha resultado eficaz cuando se utiliza para crear un estado de opinión favorable respecto a cuestiones de difícil digestión ética o moral, como sucedió en su momento con el lobby de la cultura de la muerte para legalizar el aborto, y está ocurriendo actualmente con el poderosísimo e influyente lobby gay y su pretensión de legalizar el matrimonio entre homosexuales y su derecho a la adopción.

De indudable ayuda para conseguirlo, son los editoriales y comentarios vertidos estos días en los medios de comunicación, afirmando que existe una discriminación hacia los homosexuales y que no concederles los supuestos derechos que reclaman, significa poco menos que un delito de lesa constitucionalidad y una vulneración del artículo 14, por aquello de que los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de sexo...

Observando la enorme influencia del lobby rosa, el silencio cómplice de quienes miran para otro lado y el desarme moral de una sociedad donde lo bueno y lo malo es lo que dicta como tal la televisión, no me cabe duda de que a la vuelta de la esquina veremos matrimoniarse a los homosexuales, y que para ello ni siquiera hará falta reformar la Constitución, porque ésta dice en su artículo 32 que «El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica», pero como no añade «entre sí» (porque lo obvio no se suele añadir en las Constituciones), la puerta hacia el himeneo queda abierta. Si además sumamos que al calor de la generosa contabilidad de Zerolo, los partidos políticos comienzan a considerar que el voto rosa puede ser determinante electoralmente hablando; que el señor Zapatero, Secretario General del PSOE, ya se ha apuntado a ser el oficiante de estas bodas en cuanto llegue al poder, y que el PP no le está yendo a la zaga en progresismo y tolerancia cuando se trata de rebañar votos, sólo nos queda esperar al gran momento histórico que se nos avecina. Por fin, después de tantos siglos de civilización, nos descubrirán que todas las diferentes culturas que han existido en la larga historia de la humanidad estaban contaminadas de una homofobia irredenta al rechazar, o ni siquiera detenerse a considerar, el matrimonio entre personas del mismo sexo. Menos mal que como no hay ignorancia que cinco mil años dure ni parlamento ni televisión que lo consientan, el siglo XXI será testigo de cómo nos liberan de un nuevo lastre intolerante, y avanzamos otro pasito más hacia la indignidad del género humano.

Si hay algo claro en este viscoso asunto, es que al menos y en lo que respecta a España, el colectivo homosexual hace gala de un victimismo gratuito que choca frontalmente con la realidad social desde hace lustros. Es más, si existe alguna discriminación es a su favor más que en su contra; sólo hay que ver el peso de su influjo en los medios de comunicación, las subvenciones públicas que tan generosamente reciben sus asociaciones y su omnipresencia en los programas de televisión donde homosexualidad es sinónimo de simpatía, buen rollito y bondad natural. Por el contrario, el lado oscuro y los efectos negativos individuales y sociales de la «opción homosexual» es tema tabú y reo sea de anatema quien ose siquiera plantearlo. Pero si la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero; la anormalidad es la anormalidad, contabilícela Zerolo o legalícela Zapatero.
 

DIOS EN LAS CÁRCELES CUBANAS
Por Ángel Palomino

Unas reclusas cubanas cuentan sus prisiones. En Cuba hay obispos y sacerdotes, medio tolerados, descaradamente perseguidos como los ha habido años y años en la URSS y su imperio. A Cuba fue el Papa de Roma, Juan Pablo II, el evangelista infatigable que tanta compasión inspira a quienes desean verlo piadosamente desentronizado por los hombres a ver si hay suerte y le sucede otro más aceptable: que elija el Espíritu Santo -o quien sea- un progresista que no dé la tabarra con la defensa de vidas que no lo son, o libertades que no importan tanto, según en donde.
El comandante Castro se dio el lujazo de retratarse junto al Santo Padre y hasta de escuchar sin llamar a los antidisturbios sus reconvenciones; y aguanta otras; mientras sean de gente que invierte no importa, él lo trasforma en propaganda y ante la progresía internacional se apunta un éxito de reconocimiento hasta por el Espíritu Santo que lo ha guiado hasta allí, si no, no iría; con lo que resulta que su presencia condena, implícitamente, a los Estados Unidos que hostigan brutalmente a Cuba y al presidente Castro.

De la Cuba del Presidente aclamado dentro y no mal visto -o bien, o muy bien visto- en el exterior, nos llegan testimonios de fe. Dios en las cárceles cubanas (María Elena Cruz Varela, ediciones Martínez Roca, S.A. Planeta. Barcelona. 2002), es la voz angustiada, patética, de unas mujeres torturadas en conocidas prisiones cubanas. Viven en el horror acusadas de contrarrevolucionarias. Sometidas a un régimen carcelario durísimo, durísimo es el testimonio; duele cada línea de este libro. Dentro de la prisión Dios existe, pero está prohibido. Las confidentes informan: «rezan el rosario»; las carceleras registran hasta las costuras de la ropa, ¿dónde está el rosario?, desnudan a las presas y exploran en público todos los rincones de su cuerpo buscando el rosario, y la presa aporreada, humillada, manchada de los vómitos y deyecciones provocadas por el registro, aún tiene la satisfacción de saber lo mortificadas que se sienten: no encuentran el rosario, no lo encontrarán, lo lleva ella a la vista y no lo ven: son los diez dedos de sus manos.

Hay una épica de lucha sin esperanza, de vocación por algo que no es exactamente el martirio; no buscan morir y ganar la gloria; buscan la vida en gracia, la libertad de orar, de creer. Porque está prohibido creer.
Y no es un libro piadoso, no es una hagiografía. En la Iglesia a estos mártires se les llama «confesores»; sólo manifiestan su fe. Aunque les cueste la libertad y la vida.

Está sucediendo ahora. La diferencia con los primeros cristianos de catacumba es que a estos no les acusan de actividades religiosas; cuando alguno se doblega y -como en los juicios estalinianos- reconoce «su traición», lo que debe aceptar, firmar y confesar en el juicio público, ante las cámaras de TV, la prensa y su propia familia, es que trabajaba para la CIA y saboteaba la gloriosa Revolución.

María Elena Cruz Varela trae las voces de muchas reclusas conocidas, lo narra con toda la crudeza que su propia experiencia le exige.

Estuvo propuesta (eso que otros dicen «nominada») para el premio Nobel de la Paz. Pero se lo dieron a Rigoberta Menchú. A doña Rigoberta la apoyaba mucha gente: entre otros un adalid de la paz, el presidente de la República de Cuba.
 

GALERÍA DE PENDEJOS
Por Alvarfrías

¡Por fin un aguerrido «alcalde del Bloque» tomó la decisión de desmontar la estatua ecuestre de Franco! ¡«Un alcalde del Bloque fixo ó fin o que non se atreveron a facer os anteriores»! No crean nuestros lectores que no hacen falta perendengues para tamaña proeza. ¡Por fin lo hicieron! ¡Se acabó el lugar de culto para los nostálgicos! Veamos lo que nos dice

LA VOZ DE GALICIA
Una gran expectación marcó el nocturno viaje de un monumento que es aún referente de culto entre los nostálgicos de la dictadura.
Por fin sucedió, tras muchas dudas, y polémicas no menores. Después de treinta y cinco años y tres meses ocupando la notable presidencia de la plaza de España -fachada principal de la ciudad-, el Ayuntamiento de Ferrol confina la estatua de Franco entre los muros del Arsenal Militar. Muy pronto el coloso de bronce, discutido emblema y aún máximo referente de culto entre los nostálgicos de la dictadura en Galicia, pasará a ser una más de las piezas del catálogo del Centro Cultural de la Armada. Precedido de una jornada de muchas cámaras fotográficas -¡oh, ya impagable souvenir!-, el nocturno último viaje del general y su montura generó gran expectación, alguna anécdota, disimuladas lágrimas y mucho jaleo.
Fueron muchos los que quisieron contemplar la última estampa del ecuestre dictador «en libertad», cuyo gesto triste parecía ayer más acentuado, y hasta el coordinador nacional del BNG, Anxo Quintana, aprovechó una tarde -en inicio orgánica- para visitar el otrora santuario franquista. La escena culminaba extrañamente unas semanas de ajetreado mutismo y reserva total de información -se ocultó la fecha elegida hasta el mismo día señalado- por parte del Concello, que en la última jornada afloraron como descoordinación: unos decían que el traslado era a las once, otros que a las doce.
Pese a todo, muchos gestos de celebración en el gobierno local -BNG-PSOE- certificaban la hurtada satisfacción habida porque «un alcalde do Bloque fixo ó fin o que non se atreveron a facer os anteriores». Y es que ni coaliciones de socialistas y comunistas ni, por supuesto, el PP lograron eliminar el broncíneo homenaje que saludaba la entrada en la ciudad natal del caudillo. Tampoco pudieron con ella los sucesivos atentados cometidos por grupos independentistas radicales en los años ochenta.
Hoy, caballo y jinete ya lucen en el Patio de Poniente del recinto militar de Herrerías. Para tal viaje -apenas unas horas de camión- fue necesario argumentar la necesidad de un aparcamiento subterráneo en la plaza de España, cuya construcción ya ha comenzado la firma Dragados.
Sólo cabe preguntarse dónde festejarán sus ruidosas conquistas los aficionados al balompié.
H. J. PORTO / R. SANTAMARTA (FERROL)

Desconocemos, por supuesto, quienes son los cretinos que han redactado esta gacetilla. Y no nos extraña que encuentren triste el gesto en bronce de Francisco Franco. Desde allá mirará con conmiseración a sus paisanos, sean del «bloque» que sean. Ya sabemos: «los pueblos que olvidan su historia…».

Pero vamos a contestar a unos y otros, gacetilleros, rencorosos, olvidadizos, miserables, cobardes y demás fauna con unas palabras de alguien que no nos cae demasiado bien, como es sobradamente sabido: Felipe González

«Soy capaz de asumir la Historia de España, incluso en la fase que uno ha tenido más rechazo. Franco ha sido bastante protagonista de una parte muy dura de nuestra historia. Pero está ahí. Nunca se me ocurriría tumbar una estatua de Franco. Nunca. Me parece una estupidez eso de ir tumbando estatuas de Franco. No significan nada. Franco es ya Historia de España. No podemos borrar la historia».

«Algunos han cometido el error de derribar una estatua de Franco; yo siempre he pensado que si alguien hubiera creído que era un mérito tirar a Franco del caballo, tenia que haberlo hecho cuando estaba vivo».

Estos textos corresponden a declaraciones de Felipe Gonzalez, publicadas en Diario 16 y en El País, en 1984 y 1985, siendo Presidente del Gobierno, y nos han sido facilitados por el periodista y académico Enrique de Aguinaga.

Para rematar traemos el artículo aparecido en El Mundo el pasado 6 de julio de la mano de un tal Luis Ángel Sanz. Ya sabemos que el director de El Mundo hocica en todos los estercoleros que puede, es su debilidad. No iba a perder esta ocasión

¿QUIÉN DESCABALGARÁ A FRANCO?
Polémica. La retirada de la estatua de la plaza de España de El Ferrol hizo ayer renacer la discusión sobre la conveniencia de mantener al dictador en un lateral de Nuevos Ministerios

Francisco Franco Bahamonde murió hace casi 27 años. Pero el Caudillo, el dictador sanguinario, el Generalísimo salvador de la patria o el general golpista que se levantó contra la República democrática -según quien lo vea- sigue presente en Madrid. La plaza de San Juan de la Cruz es sede de la única estatua ecuestre que existe del anterior jefe de Estado en la Comunidad de Madrid, y una de las últimas que quedan en España tras la retirada el jueves del monumento de El Ferrol.

El alcalde de Madrid lo tiene claro. Ayer no pudo ser más contundente ante las preguntas de este diario: «El Ayuntamiento no va a trasladar ninguna estatua. La Historia es la Historia».

No todos en el Gobierno local opinan así. En la campaña electoral de 1999, la primera teniente de alcalde, Mercedes de la Merced, llegó a decir en un debate radiofónico que no le importaría trasladar el polémico monumento.

Como relata la portavoz municipal de Izquierda Unida, Inés Sabanés, también era Historia el escudo del anterior régimen y se cambió como símbolo de los nuevos valores democráticos: «La Historia es la Historia, pero lo que dice ésta es que Franco fue un dictador y el alcalde debe hacer una valoración de lo que la Historia refleja objetivamente, no de la que él interpreta».

IU lleva años pidiendo el traslado, que no destrucción, del monumento que construyó en 1959 José Capuz para mayor gloria del entonces jefe del Estado. La ubicación inicial iba a ser en el Arco de la Victoria de Ciudad Universitaria. Las crónicas de la época cuentan que el mismo Franco decidió que no se instalara allí «porque no sabían si colocarla entrando o saliendo de Madrid».

El PSOE también lo ha pedido, aunque ayer el alcalde se defendió atacando a los gobiernos socialistas anteriores: «Lo que no hicieron mis antecesores, no sé por qué lo tengo que hacer yo, cuando han estado gobernando este Ayuntamiento muchos años».

El portavoz municipal del PSOE y candidato a la Comunidad, Rafael Simancas, anunció ayer que «una de las primeras medidas que tomará el Gobierno local que presidirá Trinidad Jiménez en 2003 será mandar la grúa a Nuevos Ministerios».

IU mantiene ese mismo compromiso desde la campaña electoral de 1999. Para Sabanés y Simancas, la presencia de la estatua «es un insulto a las víctimas del franquismo» y la portavoz de izquierdas va más lejos: «Es un insulto a la Historia en general porque rememora impunemente una dictadura». «Es como si frente al Bundestag alemán hubiera una estatua de Adolf Hitler», añadió Simancas.

El también secretario general de la FSM lanzó una carga de profundidad contra la postura del regidor: «Esa negativa define el talante y el poso ideológico de Alvarez del Manzano y de quien lo secunda, el PP de Madrid».

La estatua franquista no se ha movido nunca de sitio, pero la polémica sobre su privilegiada ubicación ha recorrido los pasillos de la Casa de la Villa, de la Asamblea de Madrid y del Congreso de los Diputados. En 1999, el Consistorio reclinó toda responsabilidad: «El monumento pertenece al Ministerio de Fomento y el Gobierno local no puede retirarlo». Inés Sabanés, entonces diputada, preguntó al Ejecutivo central: Y la pelota volvió a Álvarez del Manzano.«La retirada de la estatua ecuestre del general Franco es competencia de la Administración local al estar situada en suelo público», puntualizó por escrito el entonces secretario de Estado de Relaciones con las Cortes.

También se llegó a decir que el monumento era propiedad de la Ciudad Universitaria, ya que se planificó para erigirla allí. Este hecho fue también desmentido por la Junta de Gobierno de la Universidad Complutense.

De hecho, la estatua figura en el catálogo de elementos urbanos singulares de la Concejalía de Urbanismo, y en el espacio en el que se definen los «Criterios de ubicación» se señala claramente: «Traslado permitido». Desde un punto de vista urbanístico, claro.

El lunes, en la Comisión de Estética Urbana del Ayuntamiento, PSOE e IU volverán a pedir la retirada de la estatua. Sin embargo, la mayoría absoluta del Partido Popular y la firme decisión del alcalde harán imposible que ese deseo de miles de madrileños se haga realidad.

¡Qué tristes deben sentirse los que empeñaron su vida por una España mejor, unida, libre de miserias y miserables!







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