Altar Mayor - Nº 81 (10)
Fecha Jueves, 25 julio a las 19:11:22
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 81 – julio-agosto de 2002

UNA VIEJA POLÉMICA
Por Manuel Parra Celaya

Se apresuraron a decirnos que después del 11 de septiembre el mundo no volvería a ser como antes. La frase periodística era ambigua y, tanto podía referirse a una inmediata conflagración, al modo de las hecatombes bíblicas, que al impacto urbanístico que representaría volver a las formas horizontales de vivienda, poniendo coto a delirios verticales.

Lo que nadie suponía es que la cabalística frase podía hacer alusión a la muerte del liberalismo, fruto de sus propias contradicciones: en el interior de las Naciones, con el resurgimiento de formas de «Estado policiaco», y en lo internacional, con la anulación de las más elementales normas de Derecho Internacional, en cuanto a guerras de facto, maltrato de prisioneros, intervencionismo salvaje o secuestro de la soberanía de un territorio. Todo ello unido a la propaganda mediática más manipuladora.

Además, la nueva mentalidad ahonda, si cabe, el abismo entre sociedad política y sociedad civil, aquélla «globalizada» y unánime en la nueva dirección a seguir, y ésta atónita ante las medidas, al estar aferrada a viejos esquemas liberales: los tópicos habían calado en el subconsciente de los individuos y de los pueblos, y el resultante es, ahora, la protesta sin alternativa y sin remisión. Las urnas electorales del neoliberalismo, aliadas a los atentados de un «presunto» Bin Laden, han derivado en urnas funerarias de la libertad.

En realidad, estamos asistiendo a un viejo pleito, quizás tan antiguo como el hombre o, por lo menos, con datación en los albores de la Edad Contemporánea: libertad-seguridad o, si se prefiere, libertad-autoridad.

No formulemos juicios de valor sobre lo que ocurre. La reivindicación de las libertades ha sido constante en la historia de la Humanidad, de forma consecuente con la condición humana de ser libre por naturaleza; esto es, no atado sin remedio al imperio del instinto. A la vez, el ansia de vivir «seguro», es decir no sujeto al azar de la Naturaleza ni al capricho de otros hombres, también ha sido una búsqueda permanente.

Quizás haya que revisar las utopías que han creado nuestro mundo y nuestra mentalidad y volver a buscar la armonía entre los conceptos en lucha. Desde aquel «el hombre nace libre y por doquier se encuentra encadenado», de Rousseau, hasta el «Libertad, ¿para qué?», que Lenin le espetó a Fernando de los Ríos. Desde el mito de la libertad individualista hasta el mito del poder redentor; desde la falacia de las libertades formales -con derechos que nunca pueden ejercerse en casa de los famélicos- hasta la mentira del mesianismo del Estado.

Posiblemente el siglo XXI ofrezca la oportunidad de construir nuevos planteamientos, que deberán arrancar, otra vez, del ser humano, observado en su condición real, trascendente, sin apriorismos y sin clisés deformadores. A lo mejor, en este camino hacia un nuevo equilibrio, se reencuentra «la profunda manera de ser libre que consiste en renunciar a parte de la libertad», a la «resolución fuerte y firme de imponerse una disciplina, a reconciliar destino personal y destino colectivo en línea de servicio a la dignidad humana.

Entretanto, sepamos soportar la zozobra de «estar siempre a disposición de una cruzada», como dijo el poeta, en nombre de los viejos principios, de la libertad de los egoísmos o del despotismo de los poderosos.







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